La nuestra es una tonta y ridícula comedia romántica
Capitulo 2
"No es como parece, es mucho peor"

Cuando Emil abrió los ojos y una luz liviana encogió sus pupilas, se quejó por la brusquedad del nuevo día, pero dentro de todo, agradecía haber despertado. – Horrible pesadilla – dijo cuando decidió tener otros cinco minutos de sueño.

– ¡Cariño! – la voz de su madre sonó afuera de su habitación – baja, Tino y Berwald ya llegaron.

–Oh, genial – que quejó en voz baja, ya no iba a poder disfrutar de ese momento en la cama después de despertar, en que uno se ocupa de sentir las sabanas y la pesadez de las cobijas, suaves y cálidas. – ¡Ya voy! – aseguró antes de levantarse para ducharse y bajar.

Realmente, no era extraño que Tino visitase la casa los fines de semana, era el mayor de sus primos después de todo y era bien sabido que vivía en un Matrimonio Bostoniano con el tío mas joven de Mikkel, Berwald. Pareciese como si todo quedase entre familia. De hecho todos decían que Tino y Berwald eran pareja, sin embargo, a vista de Emil, a nadie le constaba.

Sólo había un detalle que Emil revisó en cuanto terminó de cepillar su cabello: No era fin de semana.

– ¡Emil! – La alegre voz de tino sonó desde la escalera – ¡Ya nos enteramos!

¿Enterarse de que? Pensó, pero no se atrevió a hacer comentario alguno, simplemente se limitó a bajar los escalones y sonreír levemente al ver a Tino. –Hola. – Saludó como de costumbre a los dos visitantes y se dirigió al comedor. Como cualquier otro día.

– ¿Y? – Tino preguntó con curiosidad, pero una vez más Emil, no captó a que se refería. Y justo cuando estaba a punto de preguntarle a qué se refería, la puerta sonó de nuevo y estando cerca, la abrió.

– ¡Es aquí! – Dijo un hombre y acto seguido silbó a otros hombres que llegaron cargando cajas. – Debe ser aquí, por que en ninguna otra casa abrieron en esta calle, y bueno ¿Quién no esta en casa cuando sus cosas llegarán? – le dijo a Emil mientras sus hombres colocaban las cajas en el patio. – Bueno, ¡eso es todo! – Dijo el hombre dejando a un estupefacto adolescente en la puerta de su casa.

–… ¡¿Eh?! – El chico miro estupefacto todo lo que ahora reposaba sobre el pasto del patio y jardín de su madre. ¿Qué clase de trabajadores son esos? Pensó. Por seguridad, unos muy irresponsables. Emil suspiró y comenzó a ver el embalaje de las cosas en el patio. Un extraño escalofrío le recorrió la espalda. No es cierto, dime que no es cierto, imploró a cierta manera. Quizás aquella pesadilla…había sido realidad y él seguía negándola.

Cuando Emil pudo acercarse a las cajas que ocupaban el patio, se fijó en lo nombres de los destinatarios y de nuevo una amarga sensación le inundó. "Wang Fu", "Wang Yao"

"Wang Jia Lóng"

–Eso es mío – Una voz atrás de Emil, logró que el chico diera un pequeño brinco. – Como que, ¿Qué haces tú con esto?

Emil se giró para encarar al dueño de aquella voz, lo sabía a esas alturas del momento, ya sabía perfectamente quien era, ya sabía que su pesadilla era real, y que aquel idiota frente a él era aquél que sus padres habían decidido llamar…gulp: Su prometido. Emil dirigió una vista cansina al asiático. – Lo dejaron aquí, porque alguien no estaba en su casa para recibir sus cosas. – Emil acariciaba con cierto dejo de victoria cada palabra.

Jia Lóng lo miro con el gesto aburrido, cual si Emil hubiera dicho una obviedad, como su hubiese señalado que el cielo era azul y era un nuevo día. Hechos aburridos, en palabras aburridas. No, no había estado en casa, había salido a correr, como cada mañana en su rutina física diaria, Jia Lóng podría ser un adolescente, pero desde luego que cuidaba mucho su entrenamiento personal. Se encogió de hombros y se dirigió a sus cosas y sintió alivio. Sus tan preciadas cosas que había dejado atrás en Hong Kong estaban finalmente con él. Bendito servicio exprés. El chico dirigió un última mirada antes de desentenderse de él y tomar una de las cajas y llevarla a la casa de a lado, su casa, para irlas acomodando y después meterlas. Emil le miró exasperado y tomó una de las cajas, siguiéndolo y acomodándola en el césped del patio de la casa de sus nuevos vecinos y regresando por otra. Ayudándolo.

–No tienes que hacerlo, puedo yo solo, ya sabes – El otro chico comentó a secas y de manera vaga.

–Encima de todo mal agradecido, además ya no quedan muchas.

–No esperes ganarte el cielo.

–Idiota

–Arrogante.

–Trágate tus cosas

–Con gusto. – respondió con gesto victorioso, lo sabía, cuando se usan esa clase de respuestas, los demás no pueden responder fácilmente. Emil no sería la excepción a la regla.

Ambos se quedaron en silencio mirándose fijamente, Emil con el ceño fruncido, sin poder esconder la ira, con los puños agarrados de las mangas de su suéter mientras Jia Lóng, permanecía impávido, con el gesto sereno, aburrido. El simple hecho de no poderlo cabrear exasperó más a Emil quien bufó dándose la vuelta para regresar a su casa a grandes zancadas.

Idiota, es un idiota, un completo imbécil, refunfuño mentalmente mientras entraba de regreso a casa para continuar con el desayuno. Olvidándose de un pequeño detalle: Tino.

–Justo ayer en la noche, tu mami nos comentó lo sucedido – Tino sonreía mientras agitaba la cuchara en su café matutino. –Un compromiso siempre ayuda a las personas a madurar –aseveró –aunque Emil, tu eres bastante maduro para tu edad.

¿Aquello era un cumplido o un insulto?

–Uhm – asintió levemente – Él es un idiota – dijo tranquilamente mientras tomaba asiento. Un silencio sepulcral se formó en el comedor, Tino no profirió respuesta inmediata, ni Berwald aunque él tampoco hablaba mucho. Sus padres suspiraron después de mirarse el uno al otro. – ¿Dónde está Luke? – preguntó cambiando el tema.

– Fue con Mikkel, han ido al lago – respondió Aurora suavemente.

–Ya veo…– Emil entonces empezó a desayunar tranquilamente.

–Dale una oportunidad –comentó Tino después de un tiempo – ¿Cómo sabes que es así, si no lo has conocido?

–…Jia Lóng es un idiota malagradecido, no quiero conocerlo. – atestó y terminó su desayuno y se puso de pie ante la mirada atónita de los demás y regresó a su habitación.

–Son chicos, terminaran llevándose bien – aseguró Berwald para contento de los demás.


Hacia la tarde, alrededor de las cinco, ocurrió que una súbita idea cruzó la mente de Emil, ¿Por qué no? Salir de casa, quitarse el estrés, al menos un poco y salir a caminar, después de todo, lo que más necesitaba era eso.

– ¿Qué demonios?... – resopló frustrado cuando uno de los audífonos de su reproductor de música no sonaba adecuadamente. Era incómodo, así que decidió que el paseo al menos tendría un propósito. Comprar audífonos nuevos, así que se apresuró a salir y a perderse por las calles de la zona para ir al centro comercial más cercano.

Cerca del centro comercial había un gran parque repleto de árboles, algunos juegos montables algo extravagantes, y bancas. Era el lugar favorito para Berwald y Tino para pasear a su pequeña perrita hanatamago, llamada así, porque su dueña anterior había sido japonesa. Así pues, hanatamago paseaba entre los arboles corriendo de un lado a otro mientras la pareja bostoniana caminaba por el empedrado del parque tranquilamente viéndola corretear bichos y niños de un lado a otro. Como cualquier tarde para ellos. Pronto pudieron notar como ella empezaba a forcejear con algo.

–Te digo que me lo des – Un chico asiático con ojos color miel y cabello desordenado un tanto largo literalmente mantenía una pelea con hanatamago por recuperar el cinto de su sudadera de panda. – ¡Que me la des te digo!

– ¡Ah! –Tino se apresuró a ir donde su mascota cargándola y quitándole del hocico el cinto entregándosela al chico. – ¡Lo lamento mucho!

Jia Lóng tomó el cinto húmedo y no pudo evitar hacer un gesto de desagrado al sentir el cinto mojado de saliva de perro, lo guardó y se limpió la mano en la sudadera –ya, no es problema.

–Uhm – Tino le observaba fijamente y el chico le miró en ligero shock. Era un poco alarmante el cómo aquella intensa mirada color lavanda podría ser tan penetrante. – ¿Eres el hijo del señor Wang? – preguntó asertivamente, no lo conocía y la población asiática en Oslo era contada.

–Mhm – El chico asintió levemente antes de darse cuenta de algo. Oh, deben ser parientes de ese chico.

– ¡Ah! Genial Jialog… ¿O cómo era?

–Jia Lóng.

–Eso. Si, perdón, bueno…ahm, yo soy el primo de Emil… un gusto, soy Tino – Extendió la mano y el otro chico la tomó ligeramente. – Él es Berwald, amigo de la familia, señaló en dirección a su acompañante. Y esta pequeña es Hanatamago.

El chico asintió a todas las palabras, por cortesía. – un gusto.

–Escucha, supe lo acontecido anoche… ¿Te importaría si te digo una cosa?

– ¿Sobre qué? –preguntó, aunque ya sabía a qué se refería. Sobre ese estúpido compromiso.

–Sobre Emil.

¡Ah!, cerca. Pensó.

–Mm ¿Qué pasa?

–Supe que no se llevaron particularmente bien y lo entiendo, después de todo de repente se enteran de la situación en la que están. Y sé que no es fácil pero véanlo como algo político… –Tino suspiró – Él también está en la misma situación, y no se tienen que andar paseando de la mano…

La sola imagen mental de eso último le dio escalofríos a Jia Lóng.

–Traten de llevarse bien…hacer más llevadera la situación, quien sabe… igual y hasta pueden llegar a ser buenos amigos.

–Eeh… – respondió con dudas.

–Emil… es buen chico, un poco seco, frio, serio, apático, un tanto grosero e hiriente, es también poco sociable, un tanto amargado, reservado y agresivo. Pero es buen chico.

¿Aquello se suponía que era una defensa hacia ese chico?

–Uhm…

–Y muy amable, tal vez deberías darle una oportunidad.

–….ah… supongo. – respondió vagamente. Para nada pensó.

–Bien – sonrió y Berwald asintió levemente. – Nos vamos. Pero por favor piensa en lo que te he dicho…

–Lo pensaré –Jia Lóng se despidió casualmente de ellos alzando una mano, y empezó a andar despreocupadamente por la acera del parque.

–Dime algo – dijo Berwald en cuanto el muchacho se hubiese alejado– ¿Qué piensas de mí? – Tino le miró sorprendido. Y sonrió.

–Pienso que eres un buen chico.

Berwald sintió un escalofrío a la posible definición de Buen Chico y ya no dijo más.


Cuando Emil pagó por su nuevo par de audífonos, se dispuso a regresar a casa. Había tardado más tiempo escogiéndolos del que debió hacerlo, y ahora se estaba oscureciendo. Y a Emil no le gustaba estar en la calle, a solas, cuando estaba oscureciendo. Tenía muchos motivos, y su mala suerte era el 99% de aquellos motivos.

No se podía arriesgar.

Así pues, comenzó su camino habitual de regreso a casa, cruzando la avenida para caminar por la acera del parque mientras escuchaba y estrenaba sus oh tan buenos nuevos audífonos, y el sonido era tan bueno que no pudo evitar cantar en tono bajo la canción que en aquel momento se reproducía. Fue entonces que su horror se hizo mayor y el pánico y vergüenza más amplios que nunca al descubrir que no caminaba a solas por la acera del parque.

Pasos más atrás y de manera desgarbada caminaba la persona que menos quería ver en ese momento. Jia Lóng miraba despreocupado la pantalla de su celular.

Oh no, ¿porque tú? Emil maldijo a su suerte una vez más, al parecer si estaba volviendo una práctica común en su día a día.

– ¿Por qué me estas siguiendo?

El otro chico detuvo su andar y se le quedo mirando fijamente, con esos ojos color miel que penetraban en su nuca. – ¿Quién dice que te estoy siguiendo? Estoy caminando a casa.

–Pues camina por otro lado

–Vivo a un lado de tu casa.

–Busca otra ruta.

Jia Lóng suspiró exasperado maldito mocoso. – Tú eres quien ha vivido aquí, no conozco otras rutas, Tu si¸ así que, como que, ¿Por qué no te vas por otro lado?

–No quiero. Entonces camina por el otro lado de la acera.

–Inmaduro

–Idiota malagradecido

–Invéntate algo más, como que, ya cansas con ese.

Emil dio un golpe en el piso con su pie, frustrado de tener que lidiar con ese otro chico, de pronto sin que ninguno de los dos se diera cuenta, un hombre sacó una navaja y amenazó al más cercano de ellos. Emil.

–Saquen todas sus cosas, rápido – dijo amenazadoramente.

No era la primera vez que Emil se veía en esa situación, lo cual también se lo atribuía a su espectacular mala suerte, ya que el crimen en Oslo es bajo y aun así a él le tocaba repetir. Asintió nervioso a las palabras del asaltante y buscó entre sus cosas un pequeño aerosol de gas pimienta que usaba para su defensa personal, aunque más bien, esta sería la primera vez que lo pondría a prueba, quitó el botón de seguridad y lo sacó nerviosamente, cuando ante sus ojos, vio la escena más inesperada de todas.

Jia Lóng suspiró cansino de aquella situación y dando un certero golpe con una patada en la mano del asaltante, la navaja salió volando perdiéndose entre los arbustos que reposaban sobre la acera, acto seguido, Jía Lóng se encargó de patear directamente en la cara a aquel sujeto haciéndole caer. Desgraciadamente, los movimientos del chico y la situación, fueron muy rápidos para Emil quien antes de que Jia Lóng retrocediera a su punto inicial,apuntó el aerosol de gas pimienta que se disparó llegando directamente al chico que cerrando los ojos se llevó las manos a la cara.

– ¡Oh maldición! – Exclamó Emil.

– ¡Que demo….Ugh! – Se quejó el asiático. – Oh…– cerraba los ojos incapaz de contener el lagrimeo.

– ¡Lo siento, ha sido un accidente!

Mientras Emil se aproximaba a Jia Lóng para revisar el daño, aquel asaltante se volvía a poner de pie y retomaba la navaja.

–Dije que me dieran sus cosas – dijo dispuesto a aprovechar la situación. Y Emil lo volteó a ver quitando las manos de los hombros del otro chico.

– ¡Oh por favor! ¡Eso es un asunto serio! – Atestó y avanzó hasta el criminal que le miró sorprendido y retrocedió – ¡Piérdete y déjanos en paz! – acto seguido regresó con el otro chico. – Oh por dios, dime que no estas ciego.

–No… no lo estoy.

– ¡Les estoy diciendo que…! – Gritó de nuevo el hombre, silenciado por un golpe en la cara, cortesía de Jia Lóng, quien aún tenía los ojos cerrados.

–Maldición, que te pierdas. –Dijo en un susurro mientras se cubría con la manga de su sudadera de panda. El hombre cayó inconsciente al suelo.

–Tenemos que ir a lavarte la cara – aseguró Emil– vamos, por aquí hay un lugar de comida rápida, esto urge. – Jia Lóng asintió y se dirigieron a ese lugar, Emil pisando al hombre en el suelo antes de llegar a su destino.


Sentados en la mesa de aquel restaurante de comida rápida, Jia Lóng finalmente pudo abrir los ojos después de mojarse la cara una muy cuestionable cantidad de veces. Pero al menos el ardor había desaparecido, y aunque aún tenía los ojos rojos podía ver donde se encontraba y con quien se encontraba. Ambos tenían un par de bebidas y un paquete de comida al frente. Jia Lóng miraba fijamente a Emil, quien estaba sentado al frente.

–Ya, dije que lo sentía…

–Casi me dejas ciego…

– ¡No es para tanto!...además… te compré una hamburguesa, ¿O no?

–… ¿Una hamburguesa después de que casi me dejas ciego?

–Tómalo o déjalo – dijo firmemente antes de levantarse por un refill de su soda. – Voy por más.

-Buen chico mis…. – Jia Lóng habló por lo bajo antes de ver al chico regresar y sentarse de nuevo frente a él, bebiendo plácidamente su bebida. – Yo que tú, no bebería tanta soda, y menos cuando se tiene un cuerpo propenso a engordar. – comentó con una sonrisa burlona.

¿Qué acabas de decir? pensó Emil. Era…un tema delicado para el joven. Emil siempre había tenido un complejo debido a lo curvilíneo de su cuerpo, lo redondo de sus hombros, caderas, rodillas, piernas, cara. Y Escuchar esas palabras, especialmente de un chico con un cuerpo esbelto, tonificado y contrario al suyo fue un acabose. Le miró con rabia, y estuvo a punto de arrojar el resto de su amada soda en la cara del chico. Pero desde luego… casi lo deja ciego y tuvo un poco de mesura.

– ¿A ti que te importa? – respondió y Jia Lóng se encogió de hombros.

–No es que me importe, pero a tu cuerpo de chica, no le queda muy bien la redondez.

Su-fi-cien-te.

El sonido de los hielos y la bebida salpicados llamó la atención de todos, Jia Lóng cerró los ojos al recibir el húmedo y azucarado impacto en el rostro, y abrió los ojos para mirar su ¿Interlocutor? Con la mirada encendida, los ojos brillantes, las mejillas enrojecidas y un gesto de inconformidad entre la rabia y el dolor.

– ¿Qué demonios te pasa? Agresivo

–Idiota

–Llorona

– ¡Estúpido!

Acto seguido Emil se puso de pie y salió del establecimiento. Y Un hombre se acercó a Jia Lóng que había alzado una ceja al verlo salir.

–Problemas con las chicas, ¿cierto? – Dijo el hombre dándole un par de servilletas de papel.

-No es lo que parece – aseguró limpiándose la cara –Es mucho peor…

Fin del capítulo 2


¡Gracias por tomarse la molestia de leer!

Jamás me esperé una respuesta tan positiva a este fic. ¡ESTOY FELIZ! Tanto que me puse a apurarme lo mas que pude Jajaja.

Por ahí me preguntaban, por qué Mikkel parece de la familia , básicamente lo es, Jajaja así que siempre esta de metiche Jajaja me gusta retratar la relación de Mikkel-Emil de una manera mas divertida y sana XD siento que se quieren mucho como hermanos.

Por cierto, un matrimonio bostoniano son aquellas parejas, que sin importar el género viven juntas sin ser necesariamente una pareja, pueden ser amigos. Emil cree que Tino y Berwald lo son porque ellos tratan de aparentarlo (ingenuos XD)Les agradezco de nuevo.

¡MUCHAS GRACIAS!