Aquí otro capi, y tal vez se den cuenta que este es uno de esos fic en los que adapto otras historias y así… no sé si me explico… pero seguro que se darán cuenta. Estoy parodiando un poquito.


Capítulo 2: Escondiendo a Una Catarina.

No estaba seguro de si se debía al traje de Ladybug o el rayo de Nightmare, pero la pelinegra estaba especialmente pesada ese día. Chat Noir corrió sigilosamente por la ciudad, buscando un mejor escondite que la habitación en un último piso lleno de ventanas, pero el peso de su novia inconsciente no se lo hacía fácil.

Ni loco se lo comentaría cuando ella despertara, ella creería que él pensaba que estaba gorda. Y Marinette era muy dulce, pero a ninguna mujer le gustaba que le dijeran que estaba gorda; él era un gato, pero no tenía las nueve vidas.

-Vamos, mi lady, necesito tu ayuda- dijo, jadeando un poco luego de correr- no me dejes solo.

Él era de esos gatos que preferían los mimos en lugar de una vida solitaria, como otros mininos. Pero fuera de lo que el prefería y le gustaba, el de verdad no podía enfrentar solo a Nightmare. No tenía oportunidad. Y aunque así fuera, y lograra quitarle el anillo ¿Qué haría con el akuma? Solo Ladybug podía purificarlos ¿Qué podía hacer él? ¿Destruirlo con su Cataclismo? No estaba seguro de que eso fuera lo mejor y no estaba dispuesto a arriesgarse.

Pero tampoco podía permitir que esa mujer siguiera aterrorizando Paris a diestra y muy siniestra. Para algo le dieron su miraculous ¿no? Pero antes tenía que hallar un lugar seguro para Marinette, no podía permitir que la encontraran y le quitaran sus aretes.

No pudo protegerla cuando estaba despierta, no la abandonaría mientras estaba dormida.

Al fin se decidió por un lugar cuando sus brazos se estaban acalambrando. Para acortar en paseo decidió ir de tejado en tejado, consciente del riesgo que tomaba ya que esa mujer podría verlo, y en pocos minutos estuvo frente a la puerta de la casa de Alya, la cual estaba abierta como el la había dejado.

Entro en silencio, todo estaba en orden. Dejo a Ladybug sobre un sofá e indago en el resto de la casa, buscando al resto de sus compañeros de clase. Los encontró, todos en el sótano viendo las noticias en una televisión bastante vieja.

-Chat Noir- Nino se puso de pie en un salto y sonrió al verlo, se acercó y los demás lo siguieron.

-¿Dónde está Ladybug?- exigió Chloe, a diferencia Adrien, a Chat no parecía tenerlo en muy alta estima. Lo cual era relajante si lo analizabas detenidamente.

El explico lo poco que sabía sobre la nueva villana y lo que sucedió durante el enfrentamiento. Siempre con una expresión estoica, indispuesto a mostrar sus verdaderos sentimientos. Luego subió, tomo a Ladybug y volvió al sótano. La coloco cobre el sofá y miro a Nino.

-Tengo que salir. Encontrar alguna forma de despertarla y vencer a Nightmare, necesito que la cuides.

-Cuenta con eso, hermano- respondió el moreno, solemnemente. Chat Noir sonrió un poco.

-No salgan de aquí, no dejen que los descubra esa mujer- entonces dirigio su vista a la chica dormida, se inclinó y beso su frente, importándole verdaderamente poco lo que los demás pensaran. Susurro- vendré pronto, mi lady. Todo estará bien.

Se enderezo, y por un segundo creyó ver una sonrisa en el rostro de la muchacha. Esto lo extraño. Si el poder de Nightmare era hacer que la gente soñara sus peores pesadillas ¿Por qué su novia sonreía? No entendía, pero le alegraba saber que no todo lo que ella veía era malo y esperaba estar en alguno de esos sueños. Si en todos, mejor.

¿Arrogante? Quizás un poco, pero a veces los gatitos así son.


Marinette tenía una sensación extraña, pero la ignoro y siguió fregando la escalinata del castillo. Lo mejor era que terminara pronto para que su madrastra no se molestara, luego tendría que desempolvar las alfombras y limpiar las letrinas. Pero, bueno ¿ya qué?

Vacío el agua de la cubeta completamente en el suelo y se dirigió al pozo a buscar más. Allí se encontró con unas simpáticas palomitas blancas, que la miraron con simpatía. No entendió porque, pero sintió la necesidad de hablar con esos animalitos, y para cuando se dio cuenta estaba cantando.

No recordaba poder cantar y menos que las palomas respondieran a eso como si en verdad entendieran, pero lo dejo pasar.

Unos cuantos versos después, a su canto se unió una grave y melodiosa voz masculina que la sorprendió. Pero no tanto como el poseedor de esta. El sujeto era hermoso, incluso con las mayas que llevaba puestas. Era innegablemente atractivo.

¡Y ella estaba usando harapos!

¡Qué vergüenza!

Tratando de salvar su dignidad, corrió inmediatamente al interior del castillo, dejando tirados todos sus utensilios de limpieza. Después se preocuparía por recogerlos cuando ese apuesto muchacho fuera desalojado el lugar que tan cantarinamente había invadido.

Cantaba estupendo, pero lo que la alentó a salir al balcón fue el poder verle el rostro. Era simplemente impresionante. Y movida por el instinto, aunque con una sensación desconocida en el pecho, le mando un beso a su caballero con una coqueta palomita posada cerca de ella.

Finalmente entro, sonriéndole de oreja a oreja al joven rubio y de brillante ojos verdes, que usaba un antifaz negro y lo que parecían orejitas sobre su cabeza. No estaba segura de cómo, pero podía jurar que el sujeto era el tipo más guapo que vería jamás en su vida, como ya había afirmado anteriormente.

El aún no se iba, buscándola con la mirada entre las ventanas. Ella se sintió alagada, hasta que recordó que había dejado todo afuera hecho un reguero y que esas cosas que no había recogido eran las que necesitaba para limpiar las letrinas en un rato.

¿Ahora como trabajaría con ese joven acosando su puerta?

No quería, pero rezo para que se fuera pronto y ella pudiera terminar de limpiar.


Ahora que sentía que la pelinegra estaba más segura, salió más tranquilo a la calle. Tenía que buscar a Alya. Había sido un mal amigo, hacia solo unos minutos recordó que había dejado a la morena tirada en medio de la calle, inconsciente. Aunque en parte se lo merecía, nadie la había mandado a perseguir a un akuma sabiendo cuan peligroso era.

Yendo en silencio entre callejones, llego junto a la muchacha. Alya parecía más inquieta que al principio y balbuceaba palabras entre dientes, moviendo sus manos y sus pies. Cuando el la levanto, casi lo había abofeteado, pero fue más rápido y la esquivo. Ya era pasado el mediodía, pero el día estaba siniestramente nublado y esa niebla se arremolinaba a sus pies como si quisiera atraparlo. Tenía que llevarla a un lugar seguro rápidamente.

A Alya si la dejo en la habitación de Marinette pues no le daba tiempo de ir hasta su casa. Todavía tenía mucho trabajo que hacer. Aunque prefería mantenerse sobre los techos, lejos de la niebla, salió a la calle y se des transformo.

-Sé que no es mi queja habitual, pero ¿Por qué te des transformas?- exigió Plagg- todavía hay una loca aterradora suelta.

-Lo sé, pero creo que lo mejor es que no esté transformado mientras encuentro una manera de despertar a Ladybug y derrotar a Nightmare- respondió Adrien, dándole un poco de queso que había tomado de la nevera de sus suegros.

-No entiendo- el kwami frunció su pequeño ceño.

-Si esa mujer me noquea como lo hizo con Ladybug no habrá nadie que evite que se lleve mi miraculous- ante esa explicación, el gatito lo miro con más atención- estare solo y ella podrá fácilmente quitarme el anillo. Como Adrien, aunque me duerma, ella no sabrá quien soy ni que tengo un miraculous. No habrá el mismo riesgo.

-Bien pensado- asintió Plagg- sabía que después de tanto tiempo, algo de mi inteligencia tuvo que habérsete contagiado.

Adrien rodo los ojos ante el comentario y se puso manos a la obra.


No entendía por qué su madrastra la quería muerta ¿en serio era tan hermosa? ¿desde cuándo? Hacía poco, no podía recordar cuando, se había conseguido una espinilla en la barbilla. Eso no era bonito. Lo extraño es que cuando lo busco ese día, no estaba. Su piel estaba impecable, sus pestañas separas y peinadas (si las pestañas pueden estarlo) y no tenía ni un poquito de ojeras. Lo cual también le parecía extraño, porque recordaba, aunque sin saber todavía cuándo, que ella no dormía muy bien y que siempre se despertaba tarde para ir a algún lugar, que tampoco recordaba.

Por eso ahora estaba corriendo por el bosque, asustada de terminar con un cuchillo en el corazón. Su mente estaba confundida, habían imágenes en su cabeza que no recordaba que fueran pasado pero que se sentían reales; como la de una muchacha de piel morena y lentes, estaba segura de no haberla visto nunca en el reino, pero sentía que la conocía. Algo no estaba del todo bien… si no se contaba el hecho de que estaba huyendo para preservar su vida.

Los arboles llenos de brillantes hojas verdes y la calidad luz del sol fueron desapareciendo mientras se internaba más en el bosque. Toda la vegetación se veía más siniestra: los agujeros de los troncos parecían bocas hambrientas, las ramas tenía el aspecto de manos con garras tratando de atraparlas, incluso los animales más pequeños en esa oscuridad parecían a punto de atacarla. Con todo esto, termino perdida en medio del lugar y con un ataque de histeria por el terror que sentía.

Al final cayó al suelo, sollozando, cubriéndose la cara y sintiéndose muy sola. Sentía la esperanza abandonarla, y no precisamente por estar perdida y en peligro de muerte. Había algo más que la preocupaba, pero no sabía que era.

Tranquila, Marinette.

Paro de sollozar ante la repentina voz. Era aguda, y gentil. Como si viniera de alguien muy pequeño. Y en su interior, sabía que podía confiar en ella.

Todo estará bien, no te rindas ni pierdas la esperanza. No estás sola, yo estoy aquí ayudándote. Ahora tienes que abrir los ojos y levantarte. Continua adelante.

Sintió una caricia en el brazo. Se quitó las manos de la cara, pensando que se encontraría con la dueña de esa voz, pero en realidad se trataba de un pequeño siervo que se había acercado a ella y la olfateaba con curiosidad. Le acaricio gentilmente el hocico y este se acercó más, igual que otras creaturas del bosque.

Como le había indicado la voz, se puso de pie para continuar adelante. No sabía que hacer o adonde ir, pero tenía el presentimiento de que estos animalitos si lo sabrían. Y así fue, un par de palabras y ellos comenzaron a tirar de su vestido rojo con motitas negras, en dirección de un arroyuelo. Del otro lado del arroyuelo había una casita.


No había visto a Nightmare desde que Ladybug había caído dormida y se había pasado todo ese tiempo moviendo a las personas tiradas en la calle fuera del camino, poniéndolos bajo techo. La neblina a sus pies se volvía cada vez más espesa, comenzaba a creer que se trataba de alguna trampa para atrapar a las personas o algo así. Sus pasos cada vez eran más pesados.

No creyó encontrarse nunca con alguien así de fuerte, se preguntaba que motivaba a esa mujer a ser así. Cuál era la razón de su aspecto tan tenebroso. Hawk Moth había escogido bien esta vez.

Parecía que todos en Paris estaban dormidos. Todos menos sus amigos, en el sótano de Alya. Esperaba que se mantuvieran allí bajo resguardo, seguros y manteniendo a salvo a Marinette.

-Esto no me gusta Plagg- dijo Adrien, con la cabeza un poco hacia abajo, hablándole al kwami dentro de su chaqueta- no hay rastros de Nightmare aparte de todas estas personas dormidas.

-Ya debe haber dormido a todo Paris- por primera vez, la voz de Plagg estaba seria.

El rubio seguía moviéndose por los callejones solitarios, tropezando de vez en cuando con agujeros y rocas que la neblina ocultaba. Paro a tomar aire en una esquina, donde, si fuera sido un día normal, jamás se fuera detenido por miedo a que algún ladrón saliera a atacarlo. No era el lugar más recomendable normalmente, pero en ese momento se sentía más seguro allí.

-¿Qué hago ahora?

-Tomar una siesta no te vendría mal.

Velozmente se dio la vuelta, encontrándose con Nightmare. Su expresión estoica solo hacía más insoportable de ver a su rostro. Su voz sobrenatural, junto a su aspecto general y el escenario que proporcionaba el lugar y el clima hacia que todo fuera una película de terror. Y esta vez no estaba Marinette para abrazarlo y distraerlo de la parte que daba más miedo.

-¿Cómo me encostraste?- había procurado no ser visto, a pesar de que ella no había dado señales de seguir en la ciudad.

-Mi neblina me dice dónde están las personas despiertas- Adrien abrió mucho los ojos al saber eso, debió haberse quedado en los tejados- al parecer, tu eres el único en Paris que no está bajo mi hechizo.

Por alguna razón, eso no lo alegro en lo absoluto. Por un lado, ella no sabía que sus amigos estaban despiertos y escondidos, pero esto lo hacia el único objetivo. Cazador y presa, uno tenía mucha más venta que otro. Sin embargo, esto no detuvo al muchacho de tratar de escapar. Doblo la esquina y corrió con todas sus fuerzas.

Mientras tanto, hizo girar su anillo sobre su dedo, ocultando dentro de su puño la parte que al transformarse mostraba la huella de patita verde. Alzo un poco su chaqueta para hablar más claramente con Plagg, sin gritar.

-Pase lo que pase, quédate oculto- ordeno al gatito- ella no puede encontrarte ¿entendido?

-Adrien…

-¿Entendido?

-Está bien.

El Agreste continuo zigzagueando por los callejones, se había memorizado la mayoría mientras patrullaba como Chat Noir. Sin embargo, eso no evito que se perdiera y terminara en una calle sin salida. Nightmare no tardo en acorralarlo.

Sus últimos pensamientos antes de dormirse fueron Marinette, Plagg y lo cliché que era toda esta situación.


Marinette estaba haciendo un pastel de piña para los siete hombrecitos que la habían recibido tan amablemente en su casa, especialmente para Gruñón. Aunque al principio parecía que no le agradaba, el término por agarrarle cariño también. Aunque se sentía un poco mal por no haberles dicho su verdadero nombre. La voz le había indicado que usara el nombre de Ladybug, que ellos parecieron reconocer.

Ella sabía que no se llamaba así, pero era más conveniente que nadie supiera su propio nombre. No entendió porque y la voz no se lo había explicado.

-¡Aaah!

Una horrible anciana había parecido frente a ella, en la ventana. No estaba bien que le dijera horrible a una mujer mayor, pero esta era especialmente fea. Y su rostro se le hacía familiar, lo que no le gusto porque a nadie le gustaba haber visto un rostro así antes. Tenía la piel como la tiza, ojos negros y hundidos y labios cuarteados. Además de muchas arrugas y algunas verrugas. Nada lindo de ver.

-Hola, preciosa- dijo la anciana, sin ningún diente en la boca- ¿Cómo estás?

-B…Bien, señora- dijo, muy insegura.

-¿Estás haciendo una tarta?

-Sí.

-¿Para quién?- la señora era muy curiosa, la que hizo a Marinette desconfiar, pero las palabras salieron de su boca antes de darse cuenta.

-Es un agradecimiento para los hombres que me recibieron en su casa…

-Piña- la pelinegra asintió- sería mejor uno de manzana, esos les encantan a los hombres.

-¿De verdad?

-Por supuesto, pero tienes que usar manzanas como estas.

La mujer saco una manzana roja y brillante, perfecta. Increíblemente apetitosa a la vista, Marinette quiso tomarla y darle una mordida, pero se contuvo, aun desconfiada.

En un parpadeo, los animalitos del bosque se habían precipitado sobre la anciana, atacándola. Esta comenzó a gritar por ayuda, su instinto la hizo salir de la cocina y ayudarla. Luego de espantar a todos los animales, ayudo a la mujer a entrar a la casa.

-Oh, gracias, querida- dijo la mujer, jadeando.

-No fue nada, señora.

-Señorita- la corrigió.

Marinette sintió el deja vu, pero no pudo identificar de dónde.

-Quisiera agradecértelo- hablo la mujer, tomo la manzana roja y perfecta, intacta, y se la ofreció- para ti.

-No podría…

No es que no pudiera, si no que no quería. No se fiaba de esa anciana, todo en ella le daba una mala espina.

Tómala, Marinette.

Su mente se sintió confundida al escuchar la voz de nuevo, incitándola a aceptar la fruta, que obviamente era alguna trampa. Aunque la oji azul no estaba segura de como sabia eso.

Confía en mí, Marinette ¡Tómala rapido!

Por la urgencia que tenía la voz, Maarinette lanzo el brazo al frente y tomo la manzana.

Todo se desvaneció.