¡Hola! Al fin he podido terminar este capítulo y subirlo :)

Antes que nada, me gustaría agradeceros por todos los follows, favs y por supuesto, por vuestras reviews

Espero que os guste el capítulo nuevo y sigáis comentando. Gracias por leer.


La isla

2

Día 1

¿Puede haber algo peor que permanecer consciente durante el accidente que estás viviendo? Eso se preguntaba Emma, quien había deseado con fuerza desmayarse en aquel momento, algo que nunca pasó. Lo vio. Vio cómo el avión se partía por la mitad y cada parte caía hacia un lado diferente. Fue consciente de llantos de hombres, mujeres e incluso niños, y supo que si sobrevivía, esa imagen la perseguiría hasta el fin de su vida. Era demasiado traumático. A medida que iba cayendo pudo ver su vida pasar ante sus ojos – algo que creía que solo sucedía en las películas -, e inconscientemente se agarró al brazo de uno de sus compañeros de asiento, sin importarle que hubiera sudado, o que el hombre estuviera completamente pálido y fuera de sí. Finalmente, tras golpear tierra, todo desapareció.

Cuando despertó, no sabía qué hora era. Estaba completamente desorientada, y su primer reflejo fue pasar las manos por su propio cuerpo, confirmando que era real, que seguía ahí. Estaba viva.

La rubia analizó todo a su alrededor, dándose cuenta de que se había salvado por los pelos, y gracias a su corpulento amigo. Él no había tenido tanta suerte, al igual que la mayoría de pasajeros a su alrededor. Le costaba moverse, pero con algo de esfuerzo logró levantarse y escapar de aquel ambiente tétrico y que la oprimía por completo. No podía ser la única superviviente, ¿verdad?

La vista de lo que en otro momento podría haber considerado como una hermosa playa se extendía ante sus ojos, ahora cubierta por numerosos cuerpos sin vida y restos del fuselaje. Un dolor constante de instaló en su cabeza, consecuencia del golpe que había sufrido, pero aún así continuó su búsqueda de alguna otra persona afortunada que siguiera viva. Ella se encargaba de salvar vidas normalmente, así que la frustración que sentía se incrementaba por momentos. No paraba de susurrarse palabras tranquilizadoras a sí misma, aunque sabía que no servirían de nada.

- So…co…rro…¡socorro!

Ante ese grito, Emma se giró y buscó de dónde provenía el sonido. No estaba lejos, pues lo había escuchado claramente. Después de unos segundos pudo detectar el leve movimiento de alguien intentando levantarse, hacia quien avanzó rápidamente, acudiendo en su ayuda.

- No te muevas, cuidado, te ayudaré… ¿te encuentras bien? - preguntó Emma a la mujer que había encontrado atrapada entre otros cuerpos, ayudándola a salir.

- Sí. Gracias. – respondió esta después de toser un poco e incorporarse. La chica era alta, morena y a pesar de que algunas heridas cubrían su cara, pudo sonreír ligeramente. – Soy Ruby.

- Yo Emma. – dijo la rubia asintiendo. - ¿sabes… sabes si hay algún superviviente más?

- Yo… no lo sé, oí varios gritos, pero… no sé de dónde venían y… ¿puedes ayudarme a buscar a mi novio? – preguntó nerviosa, era perfectamente perceptible pues las manos le temblaban. – Espero que no esté muerto.

- Le encontraremos. – aseguró Emma, para luego suspirar – Pero puedes ir rezando al dios que quieras.

Junto a Ruby, se puso en marcha en búsqueda de cualquier señal de vida por los alrededores de aquella playa, situada junto a un bosque que se extendía hacia el interior de la isla, haciéndose más y más espeso a cada paso.

-x-

La parte frontal del avión había quedado suspendida gracias a un enorme árbol que la sostenía entre algunas de sus ramas, pero aquello no aguantaría mucho. Bastaba con un ligero movimiento para que ese terrible ataúd de metal - así lo describió Regina en su mente – cayera e hiciera más daño del que ya había hecho. La morena había despertado lentamente, consciente de que lo que estaba viviendo no se trataba de ningún mal sueño sino de la realidad. Se habían escuchado llantos, lamentos, quejas, y finalmente… el silencio. La suave brisa que movía las ramas más débiles ligeramente era la única banda sonora para ese dramático momento de su vida.

Realmente el tiempo era agradable, lo que contrastaba con los sentimientos de Regina. Prefería que estuviese lloviendo o que hubiera tormenta, así todo iría de la mano y con suerte terminaría con ella. ¡Joder! Estaba deseando morir. Era deprimente, pero estaba sucediendo. No quería seguir allí, no con todo lo que había pasado. ¿Qué se supone que pasaría ahora? Nadie llegaría hasta allí solo para rescatarla…

Sus músculos estaban entumecidos, así que con cuidado y dificultad se movió despacio, pensando en alguna manera de salir de allí, pero en cuanto se giró no esperaba encontrarse de frente con lo que vio. El hombre al que no le había casi ni dirigido una mirada esa mañana, completamente ensangrentado y aún con los ojos abiertos. No respiraba, estaba muerto. Regina se acercó a él con la intención de cerrarle los ojos, pero el avión – o esa parte del avión – se balanceó y sintió miedo de caerse. Después de todo, no estaba preparada para que el fin de su vida sucediera ahora.

Henry. La morena sólo deseaba salir de esa maldita isla para regresar con él. No le importaba otra cosa, y sólo de pensar lo que iba a sufrir pensando que ella había muerto la hacía querer arrancarse su propio corazón para no sentir nada. Su familia, ¿qué pensarían ellos cuando en las noticias apareciera su vuelo como accidentado o desaparecido? Al haber sido un accidente tan grave no esperarían supervivientes y la investigación sería mínima… eso si al menos las coordenadas hubieran llegado a tiempo – o simplemente llegado – y supieran dónde estaban.

Otro movimiento, tan leve como involuntario, bastó para que la estructura que se había formado cediera y los restos del avión se desplazaran hacia delante, haciendo a Regina caer y recibir un fuerte golpe en la cabeza, que la mantuvo consciente solo unos minutos más, antes de ver en su pierna una herida que no paraba de emanar sangre, provocada por la rama que se le había clavado.

-x-

Una vez encontraron a August, el novio de Ruby, cerca de los primeros arbustos y a ningún otro superviviente más, se atrevieron a adentrarse un poco más, colándose entre los árboles y trazando una especie de sendero en la dirección hacia la que Emma había visto caer la parte frontal del avión.

Después de caminar unos cuarenta minutos aproximadamente iban a darlo por perdido, pues corrían el riesgo de no encontrar el camino de vuelta a la playa, pero entonces un gran estruendo no muy lejano llamó su atención, y la rubia se dirigió hacia allí sin consultar a sus acompañantes, quienes tuvieron que darse prisa para seguirle el paso.

Allí estaba. Se podía ver a simple vista cómo los cristales de la cabina del piloto se encontraban completamente destrozados, y el personal de dentro estaba muerto. Quizás alguien de primera clase habría sobrevivido, pensaba Emma, aunque no tenía muchas esperanzas.

Con la ayuda de los otros dos supervivientes logró entrar en la estancia reservada para los viajeros de mayor poder adquisitivo, la cual siempre se había imaginado luminosa, confortable y amplia. Ahora no era ni una sombra de lo que había sido. Todo era de color gris, llena de cuerpos sin vida – aunque menos que en la parte trasera, donde ella había despertado – y restos de… lo que fuera, pero roto.

Pudo distinguir el cuerpo de una mujer, tenía una herida en la cabeza y otra en la pierna, pero si se fijaba bien, aún respiraba. ¡Estaba viva! Pero si no la ayudaba ahora, podría correr el mismo destino que los demás, y no estaba dispuesta a ello, así que como pudo la cargó y se dirigió hacia Ruby y August.

- ¿Está muerta? – preguntó Ruby con miedo.

- No, solo inconsciente, pero necesitamos llevarla pronto a la playa para ocuparnos de sus heridas, o si no morirá. – respondió Emma, a lo que asintieron y August la ayudó a llevarla.

Una vez hubieron llegado, improvisaron una especie de camastro para que reposara hasta que estuviese despierta, y fueron en busca de agua y demás objetos necesarios para ello. Emma se quedó haciéndole compañía. La cara de la mujer estaba cubierta por su propio pelo, que la rubia colocó delicadamente hasta que pudo ver su rostro. No podía ser, era la del café. Con la que había tropezado esa mañana. Había comenzado a alarmarse, cuando la morena despertó.

- Usted…