Sailor Moon © Naoko Takeuchi
[Siempre fuiste tu]
Mi respiración se contuvo por varios minutos, mientras Seiya me daba los datos del hospital en el que se encontraba Yaten. Él se quedaría esa noche con él, ya que Taiki debía descansar después de pasar tres días en vigila.
– Entonces, ¿vendrás? Hoy no estará nadie más aquí. Solo yo –.
– No lo sé, Seiya. No sé si estoy lista para verlo. Además en ese estado…–
– Escucha, no estás sola Mina. Sé que no hemos tenido contacto en mucho tiempo, pero aun así no hemos dejado de ser amigos. Me tienes aquí. Además, ¿cómo crees que te sentirás si pasa lo peor y tú no viniste a verlo? ¿Si pasa lo peor y tú no lo perdonas? No cargues con eso Mina. Deja de pensarlo Aino y ven a saldar tus cuentas. Anímate. Y recuerda que pase lo que pase, estoy contigo. –
– Lo pensaré…–
– De acuerdo. De verdad espero verte Mina. –
La voz de Seiya. Siempre fue tan dulce conmigo, desde que fuimos novios en la adolescencia… Siempre me he imaginado lo que pudo haber sido mi vida de haber estado con Seiya para siempre. Nosotros lo herimos profundamente. Me parece que ahora lo estamos pagando.
Me dirigí hacia mi habitación para vestirme. Al final de cuentas decidí tomar el consejo de Seiya y ver a Yaten. En realidad no sabía en qué me estaba metiendo, pero mis impulsos me llevaron a apresurarme para ir al hospital. Tomé de mi closet unos pantalones de lana negros y un suéter verde. Me detuve frente al espejo y acomodé mi cabello húmedo hacia atrás. Calcé mis botas calientitas, me puse un poco de bálsamo labial, una boina negra y listo. Caminé hacia la sala, tomé mi bolso, mis llaves y salí del apartamento.
Afuera nevaba y soplaba el viento con fuerza. Subí al auto y conduje en silencio. Sólo yo y mis pensamientos. No podría explicar el porqué no me sentía tan ansiosa como hacía unas horas. ¿Había sido el baño de burbujas? Lo dudo. Tal vez deba admitir que la idea de ver a Seiya me tranquilizaba. Sabía que él se encontraba ahí y que, tal como él dijo, no estaría sola. Y eso era. Eso era lo que me tenía ¿emocionada? Saber que aunque fuera por una sola vez más, estaría acompañada. Tendría la oportunidad de sentir el apoyo y el cariño de alguien, de nuevo.
Me sentí mal por pensar eso. Me sentí egoísta. Yaten sufría y se debatía entre la vida y la muerte y yo pensando en mi soledad. Aunque, pensándolo bien, él nunca se preocupó por mí en los últimos tres años. Ni aun porque él fue la razón de mi desgracia y mi dolor. Jamás recibí de él una llamada, un mensaje. Una maldita señal de que por lo menos le preocupaba saber cómo estaba la persona que alguna vez amó. Tal vez ahí estaba la clave. Seguramente nunca me amó.
De cualquier manera no era el momento de pensar esas cosas. Si se suponía que iba a hacer las paces no debía tener esos pensamientos.
Llegué al hospital, estacioné el coche y bajé hacia la recepción. Una enfermera robusta y morena estaba de guardia.
– Buenas noches, habitación del Sr. Yaten Kou, por favor –
– Ya no es hora de visita señorita –
– ¡Oh! Yo sé, pero su hermano me aguarda en la sala de espera del piso de la habitación, y no sé cuál es… ¿me podría decir eso? –
– Piso 4 – Respondió rejega.
– Gracias –
Subí al elevador y esperé llegar al piso 4. Comencé a caminar despacio, en busca de Seiya. Mis pasos se volvieron inseguros a medida que me acercaba a la sala y el olor a hospital invadía mis pulmones. A mi mente concurrieron recuerdos dolorosos del pasado. Recuerdos que me había prometido no traer al presente. Mi respiración comenzó a agitarse y leves mareos aparecieron, trayendo consigo aquel sudor frio que había sentido esa misma tarde.
Me recliné sobre una pared para controlar todas esas sensaciones, cuando escuché su voz, clara y dulce, cerca de mí.
– Mina, ¿te encuentras bien? –
Dijo Seiya mientras se acercaba cuidadosamente a mí. Me tomó de la mano y me llevó hacia uno de los asientos de la sala. Se veía hermoso. Como un ángel de negros cabellos. Usaba pants y chamarra del mismo tono de azul zafiro, como sus ojos y camiseta negra. Su sonrisa era tal como la recordaba desde siempre, franca y tierna, y su mirada profunda y sincera. Sin embargo en su rostro pude notar el desgaste que traía consigo. Cargaba la pena de tener a su hermano al filo de la muerte, sus ojos cansados, tristes y su cabello enredado lo hacían evidente.
– ¡Seiya! –
Me abalancé sobre él, abrazándolo con todas las fuerzas que podía demostrar en ese instante. Besé su cara y seguí aferrada a su cuerpo cálido, dejando salir las lágrimas que venía conteniendo desde que lo vi, expresando corporalmente la alegría que me daba verlo, tocarlo, hablar con él y la pena que sentía por lo que estaba ocurriendo.
Seiya me enredó con sus fuertes brazos, acogiéndome en su calor, presionándome y dejando salir su dolor y frustración de ver a su hermano postrado en una cama. También así, su contento por verme y saber que me encontraba bien.
Yo comencé a llorar más fuerte aun, mi descontrol estaba tomando fuerzas sobre mi cuerpo y comencé a temblar mientras enterraba mi cara sobre su pecho. Él gentilmente tomó mi rostro entre sus manos y lo ubicó frente al suyo. Sonrió.
– Tranquila, preciosa. Todo estará bien, de una u otra manera, estará bien. –
– Quiero verlo –. Solté sin más. Ni siquiera estaba segura de querer hacerlo.
– Adelante. Habitación 426. Aprovecha que la enfermera no está –. Y guiñó simpático.
Miré hacia la habitación y caminé lentamente hasta tocar la fría puerta blanca que me separaba de él, con la palma de mi mano. Repentinamente la realidad se dejó caer sobre mí. Iba a verlo. Después de tres años y además estando al borde de la muerte. Mi pecho parecía moverse por los arrebatados latidos de mi corazón, respiración rápida y entre cortada. Y no podía moverme. Mis pies parecían anclados y el sudor frio reapareció. Volteé mi mirada hacia Seiya. Él sonreía tristemente hacia mí inspirándome confianza y seguridad. Asintió.
Y pude moverme. Tomé la perilla y la giré. Todo el cuarto permanecía a media luz. A un costado vislumbraba un sofá amarillento con cojines anaranjados. Al otro, un pequeño escritorio con globos, tarjetas de ánimo y osos de peluche. Y también flores. Al fondo de la habitación los aparatos médicos con sus singulares sonidos, y al centro de la misma, la camilla. Y sobre ella estaba él.
Yaten yacía en aquella camilla siento tan solo un guiñapo. Estaba mayormente vendado y su piel lucia pálida y seca. Sus largas hebras plateadas se escapaban del vendaje en su cabeza y caían sobre su frente y hombros. Su rostro lucia heridas del lado derecho y ojeras violáceas surcaban sus ojos.
Me acerqué a él, mirando atónita aquél cuadro. No podía creer que fuera él. Yaten siempre tan altivo, arrogante, seguro de sí mismo, siempre luciendo casi invencible, estaba ahora ahí, inconsciente y a merced del destino. En ese momento todo el rencor que guardé por tres años, se esfumó. Y sólo quedó el amor que alguna vez le profesé con tanta devoción. Tomé su mano y la acerqué a mi rostro.
– Hola, Yaten –. Susurré. – Estoy aquí, esperando que te recuperes pronto. Debes hacerlo, ¿entendido? Debes hacerlo por tus hermanos y por tu… por ella también. Lucha mucho, vive por favor…–
Las lágrimas ahogaban mis palabras y el temblor de mis labios se volvía insoportable a medida que seguía viendo su rostro herido. Ni siquiera sabía qué decirle.
– No sé que vaya a pasar Yaten y ni siquiera sé si me escuchas, pero, a pesar de lo ocurrido, no hay rencores, tú fuiste la persona más importante para mí, y nunca podré odiarte, nunca. Todo está perdonado y quiero que sepas además, que deseo con todo mi corazón que abras esos hermosos ojos verdes y vuelvas con todos los que te quieren… queremos. Te… quiero…–
Besé su frente y salí de ahí tan rápido como pude. Me sentía mareada y asfixiada. La intensidad de ese momento fue demasiada para mí. Yaten había sido el amor de mi vida, lo fue hasta que me dejó de la manera más cruel en que alguien puede ser abandonado y por si fuera poco, se llevó consigo a mi segundo gran tesoro. Seiya se aproximó a mí, justo en el momento en que mi cuerpo no pudo más y colapsó.
***
FLASHBACK
- Estas marcando al celular de Yaten Kou, por el momento no podré contestar. Deja tu mensaje después del bip. ¡Adiós! –
El reloj anunciaba las 12:56 am mientras ella marcaba por milésima vez el número, escuchando, como las veces anteriores, el tono de marcado y enseguida la contestadora. Colgó y miró a su alrededor. La mesa vestida con un exquisito mantel blanco, los alimentos fríos, las velas consumidas, todo con aspecto abandonado. Incluso ella misma, con el cabello despeinado, el maquillaje deshecho y aquel vestido negro con el que horas antes se veía radiante, ahora la hacía lucir desaliñada, cansada. Se dispuso a recoger todo aquello.
– Excelente cena Mina, que gran noche has pasado…–. Se decía sarcásticamente la rubia mientras tomaba las copas dirigiéndose a la cocina. Habían sido casi cinco horas las que estuvo esperando sin perder la esperanza de que él apareciera. Apenas ayer él había prometido que vendría. Y no lo hizo. Ni si quiera porque era su tercer aniversario de bodas.
Mina sintió su corazón latiendo a mil, señal de que no tardaría en derrumbarse y llorar por el dolor tan grande que sentía; dolor, ira, enojo, resentimiento, decepción. No había forma de explicarlo. Sus ojos azules comenzaron a llenarse de lágrimas, mientras su cuerpo temblaba. Dejó salir un gemido de dolor y lanzó las copas contra la pared. Escondió el rostro entre sus manos heladas y descendió sobre su cuerpo hasta poder abrazar sus rodillas. Estaba dispuesta a llorar y dejar salir todo aquello que la ahogaba. Todo el lugar en silencio, solo sus sollozos se escuchaban. Y de repente el timbre de la puerta la hizo regresar a su realidad.
Mina era orgullosa. No dejaría que Yaten se diera cuenta de lo herida que estaba. Así que rápidamente se enjugó las lágrimas, se alisó el vestido y caminó segura hacia la puerta.
– Hola Mina – Dijo Yaten simpático y tranquilo, apoyado en el borde de la puerta. Mina no pudo hacer más que observarlo de pies a cabeza. Lucía terrible. Desarreglado, con la corbata deshecha y el cabello revuelto.
– ¿Por qué? –. Susurró Mina en un hilo de voz. Yaten siguió su camino hacia dentro de la casa sin siquiera detenerse a saludarla, mientras ella seguía inmóvil en el marco de la puerta.
– ¿Por que qué? –. Comentó despreocupado. – ¡Vaya! ¿Hubo invitados a cenar? ¿Tus padres? –. Dijo el platinado al ver tres platillos servidos en la mesa y mientras comía un poco del platillo frente a él.
– El invitado, Yaten, eras tú... –. Contestó Mina lentamente aun dándole la espalda mientras sus puños se cerraban con fuerza.
Él volteó a verla en un rápido movimiento, recordando al instante la cita que tenía con ella. – Mina…–.
– Feliz aniversario amor –. Dijo ella con sarcasmo y en seguida corrió hacia la habitación cerrando la puerta con tremendo estruendo.
Yaten permaneció parado ahí, inmóvil, sin parpadear. Es verdad, hoy era su aniversario y el no tuvo la atención siquiera de avisarle que no llegaría. Ella tenía toda la razón. No se merecía esto.
– ¡Mina! –. Exclamó mientras corría tras ella. – Escucha hermosa, perdóname lo olvidé ¿sí? Pero mañana te lo compensaré. Hoy tuve un día muy pesado, no me acordé y… –. Suspiró, dándose cuenta de que ninguna excusa lo justificaría. – Perdóname amor –.
Yaten se encontraba con la cabeza pegada a la puerta escuchando lo que adentro ocurría, mientras por el otro lado Mina lloraba en silencio.
– Mi amor, de verdad. Sé que no tengo derecho de pedírtelo pero perdóname. Estuve trabajando Mina, estoy cansado y… sabes que nunca me perdería un minuto de tu compañía por gusto…–
Aunque el enojo de Mina iba más allá de lo imaginable, ella lo amaba. Aunque ella siempre diese la imagen de mujer fuerte e independiente, Yaten era su punto débil. Desde que lo conoció supo que él era lo que siempre quiso. Vivía por y para él, tratando de ser la esposa perfecta para el marido perfecto. Por él se había atrevido a dejar a la persona que la amaba.
Yaten era su adoración y así, tras año y medio de relación, él le pidió matrimonio y se casaron a los 20 años. Si, Mina, la que planeaba casarse una vez que terminara sus estudios y tuviera un excelente trabajo, era ahora la señora Kou, dedicada por completo a atender a su marido y su casa. Yaten era su mundo.
Es por eso que no podía dejarlo afuera, no podía estar enojada con él, no podía dejar de abrazarlo en su tercer aniversario de bodas. Así que abrió la puerta, tras la cual Yaten la esperaba con la misma tierna mirada que más de una vez lo salvó de una pelea segura con su esposa.
– Gracias nena –. Susurró Yaten mientras se aproximaba hacia ella. La trajo hacia si hundiendo su rostro en los rubios y perfumados cabellos. Mina seguía llorando, pero en un momento dejó de pensar y se dejó llevar.
Yaten llevó sus manos al contorno de las pronunciadas curvas de la rubia, atrayéndola hacia si hasta que los dos pudieron sentir hasta el último centímetro del cuerpo del otro. Con pasos torpes la arrinconó contra la pared, besando suavemente su cuello y hombros, deslizando los tirantes del vestido para luego tirar de él hasta dejarlo en el piso.
La respiración de ambos comenzó a agitarse. Mina se deshizo en seguida del saco y desabotonó la camisa de él, dejando al descubierto su cuerpo perfectamente cincelado, lo cubrió de besos y caricias, dirigiendo sus manos sin escalas hacia su pantalón retirándolo del cuerpo de su amado. Yaten gemía a cada contacto de los labios de Mina con su cuerpo. Su piel se erizaba y sus sentidos se veían afectados. Mina sabía lo que a él le gustaba. Tres años de matrimonio la certificaban. Sobre su ropa interior pudo sentir la excitación de él. Los dos se unieron en un beso apasionado, sus lenguas demandantes se enredaban llenas de energía, sin indicios de parar alguna vez.
Yaten no podía mas, su cuerpo exigía tenerla. Mágicamente se deshizo del sostén y las bragas de Mina, mientras ella colocaba sus brazos alrededor de su cuello estremeciéndose y pegándose cada vez más al
cuerpo de él. Él tomo sus muslos y los situó alrededor de su cintura. Se acercó hacia el tocador y, tirando todo lo que sobre él había, acomodó a Mina encima. Y ahí sobre el tocador que fuera regalo de bodas de su madre, la hizo suya como jamás lo hizo antes. Lo que en un principio fueron gemidos, ahora eran gritos de placer. Los dos se movían sincronizados. Con cada embestida de él Mina elevaba sus sensaciones. Al igual Yaten. Hasta el momento en que los dos sintieron sus cuerpos ardiendo, a punto de explotar. Y así lo hicieron.
Bajo las blancas sábanas de la revuelta cama de la habitación, despertaba la señora Kou debido a las caricias de los primeros rayos del sol colados por la gran pared de cristal. Buscó con su mano a Yaten. Sinembargo no lo encontró.
– Seguramente ya se fue a trabajar –. Pensó la rubia, para después percatarse del sobre que reposaba sobre la mesa de noche. "Mina" decía con la cursiva revuelta que ya conocía tan bien.
La rubia sonrió ante el detalle romántico, raro en él. Lo tomó y lo leyó feliz.
Mina:
Siento lo de ayer. ¿Almorzamos hoy? Tenemos que hablar
FIN DE FLASHBACK
***
– ¿Mina? ¿Puedes oírme? –.
– Me desmayé, ¿cierto? –
– Si, así fue. Dormiste un buen rato, ¿cómo te sientes?–.
– Extrañamente bien. ¿Cómo está Yaten? –.
– Igual. Hotar… su… ella está con él –.
– Bien. Creo que debo ir a casa –.
Me levanté, sintiendo un pequeño mareo que rápidamente desapareció. Tomé mi bolso y mi boina situados en una mesita y me acerqué a Seiya para despedirme.
– Te llamaré –.
– Espero que lo hagas, Mina. De cualquier manera yo te mantendré informada, por si algo pasa –.
Abracé a mi amigo como muestra de mi apoyo incondicional y besé su mejilla. Tomé su rostro con mi mano libre.
– Sé que tú me lo dijiste ayer, pero, tranquilo, todo estará bien. Animo Sei –.
– Gracias Mina. Te acompaño a la entrada del hospital, ¿sí? –.
– Oh no es necesario, de verdad –.
– Por favor…–.
Sonreí. – Bien, vamos–.
Salimos juntos del cuarto de hospital rumbo al pasillo que nos llevaría al elevador. Al pasar por la sala de espera, un sentimiento de curiosidad invadió mi ser. Ella estaba ahí, sufriendo igual o peor que Taiki y Seiya. Nunca la conocí, pero la imaginé muchas veces. Siempre la imagine hermosa, alta y distinguida. Y la odiaba por serlo, al menos en mi mente.
No pude evitar voltear y de reojo la vi. Permanecía sentada en uno de los asientos. Enredada con un cobertor azul y mirando perdidamente hacia el exterior a través de la ventana. Su piel era blanca y pálida, y su rostro de facciones finas y de grandes ojos violetas, y su cabello corto y negro como el azabache. Su mirada reflejaba todo el dolor que seguramente sentía, pero la esperanza se asomaba en ella, brindándole un poco de luz.
– Su nombre es Hotaru Tomoe –.
Seiya me sacaba de mis pensamientos siempre que era necesario. Siempre me asombró eso de él. Siempre sabía lo que necesitaba y cuando lo necesitaba, es por eso que cuando nuestra relación terminó de la peor manera, no pude resignarme a perderlo. Así que luché por su amistad, y aunque difícil, logré recuperarla.
– Es muy bonita–.
– Lo es –. Concluyó él.
Llegamos hasta la entrada del hospital, un nuevo día estaba a punto de comenzar, en el alba comenzaban a despuntar débiles rayos de sol que intentaban traspasar las gruesas nubes invernales. El frio se adueñó de mi cuerpo y comencé a temblar. Me despedí rápidamente de Seiya y me apresuré a mi coche.
Una vez en mi apartamento, tomé una ducha rápida y corrí a coger ropa del closet. Traje sastre color gris satinado, camisa blanca, tacones y el cabello recogido en una coleta alta que hacía ver mi cabellera como una larga cascada dorada. Me gustaba. No podía decir lo mismo de mi rostro. Mis ojos hinchados y rojizos, enmarcados por surcos violáceos y mi piel, mas pálida imposible.
Me dirigí hacia la cocina. No tenía tanto tiempo así que comí un cereal mientras recogía un poco el departamento.
Tomé mi portafolio, mi abrigo y mi bolso y me dirigí hacia el estacionamiento. Conduje hasta mi trabajo, pensando en el giro tan repentino de mi vida en solo un día. Jamás imaginé que un día, tan común y corriente, me llevara a experimentar la intensidad de las emociones vividas y también a reencontrarme con los Kou, con Seiya…
***
En una sala de hospital dos hombres platicaban tomando una humeante taza de café, mientras una bella atendía a su hermano en cama.
– Ella estuvo aquí –. Comentó Seiya nervioso.
– ¿Eh?–. Exclamó el castaño levantando una de sus cejas.
– Mina. Le avisé lo que ocurría–.
– ¿Y como está? –. Preguntó Taiki indiferente.
– Se impresionó mucho. Pero creo que ya se tranquilizó–.
– ¿Y tú?–.
– ¿Yo?–.
– No creerás que no sé qué te ocurre con ella…–.
– Ha pasado mucho tiempo –.
– Lo mismo digo…–.
Respondió Taiki tomando un sorbo del líquido caliente.
***
¡Hola chicas!
¡Segundo CHap arriba!
Uy... bueno me aventuré con un poco de lemmon, estoy nerviosa al respecto haha pero bueno espero no las decepcione y sigan interesadas en leer
Bueno yo adoro que me personalicen la respuesta de reviews así que aquí voy.
Katabrecteri: tenemos eso en común! Tmb adoro Yaten/Mina/Seiya. Espero esta historia no te quede corta y la disfrutes, me esforzaré. Y mil gracias por leerlo *.*
Srita. Rossy Kou: Bueno... en este chap aun no se sabe exactamente qué le hizo ese Yaten a NUESTRA sailor favorita, pero mas o menos te imaginas y eso si... ¡algo malo debió ser! Pero te prometo que en el próximo lo sabrás con detalles. ¡Gracias por leer!
LESVAL: Gracias, gracias, gracias. Y qué bueno que te agrada eso de mi descripción aunque a veces siento que exagero y aburro, así que cuando me pase eres la indicada para decirme :D. Ahora te dejo… voy a leer una excelente historia que se llama Rómpeme el corazón ¿la conoces? Haha (:
CHIBIUSA2009: Que bueno que haya sido de tu agrado y muchas gracias por leerlo.
Sol Kaory: ¡Bendito seas foro! Muchas gracias por tus comentarios y bueno si… yo tmb me entristecí por Mina, pero ¡la culpa la tiene un ojiverde que conocemos! Haha Gracias por leer y tmb por lo de la ortografía y narración trataré de mantenerla o mejorarla (:
Y bueno finalmente tmb gracias a el foro "El destino de una estrella" por la publicidad gratis que trajo a Sol. Kaory x aquí haha
Hasta el próximo capitulo chicas.
Cuidense
¡Saludos!
Tschuss
