II. Ese mayordomo, investiga


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— ¿Podemos ir de compras? Shieru—pregunto la rubia mientras le daba un bocado a su pudin. Sebastián y Amadeo estuvieron preparando el desayuno para sus amos, vieron de reojo las actitudes que tuvieron ambos jóvenes, donde ella rompió el ambiente silencioso.

—Lizzy tenemos un invitado—contesto en seco, el muchacho bebió su té verde, miro disimuladamente al invitado, quien seguía mostrando su sonrisa simpática ante su prometida. — Elizabeth, ¿cierto?

—Sí, Lizzy me puede llamar mi prometido. —aclaraba estando de brazos cruzados, ni siquiera quería mirar al otro joven, porque seguía molesta de que su cita no está yendo del todo bien.

—De acuerdo, no tengo problema en que se vayan a comprar cosas—hablo el castaño, estando sereno, se sentía importante al captar la atención de la prometida. —De todas formas no me quedare mucho tiempo.

—L-Lo siento por ser descortés con usted—se disculpaba ella al sentir la mirada pesada de su prometido, —Si quieres puedes venir con nosotros.

—No se preocupen por mí, igual tiene sus razones para comportarse así. —decía este al darle un bocado a su pastel de chocolate. Ciel los había ignorado completamente a los dos para concentrarse en leer el periódico, el castaño se paralizo al ver la portada del diario. —No hay pistas de las once chicas desaparecidas…—se atraganto un poco, por lo que Lizzy volteo ligeramente para ver la portada.

— ¿Qué sucede? —interrogo confundida. — ¿Conoces a esas chicas?

—N-No es eso—agarro una taza de café y después lo bebió de un sorbo, necesitaba aclarar su garganta, —N-No puedo creer que los policías de este país no hallaron nada —hablo molesto.

—…Mi fiel sirvienta desapareció—agrego Elizabeth con voz quebrada, —Nadie sabe nada de ella.

—Discúlpeme, pero ¿cómo se llama su sirvienta?

—Paula.

Un ambiente incomodo se generó en la mesa del desayuno, el duque estaba paralizado al oír ese nombre, porque la conocía es más, está en su mansión ahora y esto hizo que se ponga más nervioso de lo que estaba.

—Debo ir a ver algo—decía el duque al levantarse de la silla, hizo una reverencia para disculparse, —Que tenga buen provecho.

—Bocchan, le llego una carta—interrumpió Sebastián, dejando a Anthony ahí parado. — ¿Ya termino de desayunar? Que rápido. —hablaba mostrándole su encantadora sonrisa, que le hacía retroceder. Al duque le caía una gotita de sudor por su rostro.

—…No pero ya estoy lleno. —respondió suspirando pesadamente. —Voy a continuar desayunando.

—Me parece bien.

Maylene se encontraba caminando por los pasillos de la planta alta, como le ordenaron limpiar las habitaciones, ella se llevaba consigo las sabanas que estaban sucias, para después ponerlas a lavar. Suspira al ver el jabón de polvo. —No uses mucho jabón, mi doncella—le susurraba en el oído el rubio, que la sorprendió al notar su presencia.

—A-Amadeo -san—tartamudeo la muchacha estando sonrojada, —No debería estar aquí.

—Lo sé, pero quiero ayudar—decía Amadeo agarrando el jabón en polvo para colocar en la máquina. —Creo que eso es suficiente.

—M-Muchas gracias, A-Amadeo -san—agradecía tartamudeando, estando nerviosa. — Sebastián –san, es el que me ayuda.

—Deberías acostumbrarte conmigo—musito con voz seductora, acercándose lentamente para no espantarla. —Me recuerdas mucho a una doncella.

— ¿Doncella? —repitió estando colorada.

—Maylene, ¿Qué haces aquí? —interrumpió Bard cargando una canasta de frutas junto con Finnian, Tanaka solo pasaba por ahí llevando una taza, -Ho-ho-ho-, ella no sabía que decirles a sus amigos pero justamente llego alguien más. —Sebastián.

—Bard, Finnian terminen de llevar las frutas a la cocina. —les ordenaba el mayordomo negro, cuando los demás salieron, le dirigía la mirada a la parejita. Obviamente, estaba molesto con la presencia de otro demonio en la mansión y más que, ese demonio quería estar con la sirvienta. —Maylene, no quiero más distracciones. —estaba serio, noto que se sentía apenada.

—L-Lo siento Sebastián-san —se disculpaba, marchándose del lugar.

—No tienes que ser duro con ella, Sebastián. —insinuó Amadeo estando de brazos cruzados, el pelinegro se contenía de ahogarlo con sus propias manos, pero no desperdiciaría su aliento para hablar con un demonio acosador e vulgar. —Además esa doncella se parece mucho a una chica de mi pasado…—este vio como Michaelis voltea ligeramente para verlo con sus ojos brillosos.

— ¿Así? Interesante —hablo curioso, — ¿Cómo se llama tu mujer, Lust?

—No pienso decírtelo. —Se negaba a responder esa pregunta, —Seguiré investigando a mi doncella.

— ¿Tu doncella? —Repitió en tono irónico, — ¿Desde cuándo reclamas a una mujer como tuya? Quiero saberlo, porque tú te acostaste con tantas mujeres que, seguramente ya perdiste la cuenta.

—… ¡Cállate! —exclamo nervioso, mientras que una gota de sudor bajaba por su mejilla derecha. — ¿Quién te dijo eso?

—Los demonios somos así…—decía al hacer una mueca, —Es fácil.

—No quiero hablar de esto contigo. —dijo el rubio al avanzar sus pasos, chocándose con el hombro izquierdo del otro. —No te metas en mi territorio. —le susurraron en su oído. —Claro que si…lo hare—hablo en su mente.

Caminando por el centro de Londres, el conde había tomado de la mano a su prometida, porque se sentía obligado a hacerlo, el duque también los estaba acompañando, incluyendo a los mayordomos, quienes estaban atrás del pequeño grupito. Sin embargo, las noticias causaban furor en esta zona y eso se percibía en el ambiente, dos o tres padres preguntando a la policía por sus hijas desaparecidas por lo que, Anthony trataba de ignorar todo lo relacionado a su harem.

—"Mi duque, no se preocupe…Con el tiempo las van a olvidar"—le manipulaba en la mente del muchacho, este solo asintió en voz alta. —De acuerdo.

—Hay muchas chicas desaparecidas. —Hablo Ciel percatado, —Ya investigare el caso. —pensó, al seguir avanzando sus pasos para llegar a la funeraria.

— ¿Por qué estamos aquí, Shieru? —Pregunto Elizabeth estando confundida, — ¡Sabes que no me gusta esta clase de cosas!

—Entonces, ve con Anthony…—le decía el muchacho en tono burlón, por lo que Michaelis se preocupó por las decisiones que estaba tomando su bocchan.

—Sería un placer hacerle compañía, doncella —insinuó el duque al hacer una reverencia. —"Amadeo, ve a vigilar a las otras doncellas." —le hablo telepáticamente.

—"Yes, my duke"—contesto de igual manera, —"Creo que tenemos a una persona especial que, lo pueda defender aparte de su servidor"

—"Después hablamos de eso…Amadeo"

—Discúlpenme, debo retirarme—musito el rubio, inclinando un poco la cabeza, miro de reojo a Sebastián. —Tengo que encargarme de unos preparativos de la mansión del duque.

— ¿Eh? Que rápido, pero va regresar ¿no? —Intervino Michaelis frunciendo el ceño, —No dejara solo a su amo ¿no? Porque eso lo deja como un mal mayordomo de su familia.

—…Descuida, Sebastián, mi duque sabe lo que hace. —contradijo con voz frívola, la escena parecía como chibi, porque los tres se quedaban mirando las actitudes que tenían los dos mayordomos. —Además, aun no cumplo una orden.

Tsk…—se molestó el pelinegro recordando otra cosa, —El Alma de mi bocchan no le pertenece, tampoco el de Maylene…—se dijo en su mente.

—Ahora, si me permiten necesito terminar con algunos trabajos.

—Nos vemos luego, Amadeo. —se despidió el duque, al sonreír por lo bajo. —Hmm ¿Vienes Ciel?

—Sí, no debo dejar sola a mi prometida. —respondió desviando la mirada para esconder su rubor.

— ¡S-Shieru! —reacciono Lizzy con un brillo especial en sus ojos, aparte que demostraba mucho su rubor.

Mierda…Ese bastardo, se terminó quedando—se hablaba en su mente, —Me alegro mucho que nos puedas acompañar, amigo Ciel. —fingió una sonrisa.

—Sebastián, quiero que hables con el Sepulturero. —le ordenaba este, con voz dominante. —Después infórmame de lo que te dice.

—Yes, my lord. —dijo el pelinegro inclinando su cuerpo para hacer una reverencia y sonrió de lado, para dar media vuelta y así poder entrar al lugar.

—Me sorprende tu mayordomo. —decía el castaño en tono burlón.

—No voy a estar presumiendo, esta vez. —contradijo el muchacho al tomarle de la mano a su novia.

—Maldito bastardo. —murmuro por lo bajo, —Cuando la tenga en mi poder, no habrá marcha atrás.

Cuando el demonio de la lujuria llego a la mansión, las doncellas del duque actuaban de manera tan serena, como si nada hubiera pasado. El estado de todas las chicas era normal, cada una actuaba tranquilamente, es decir, que todas las doncellas estaban haciendo los quehaceres de la mansión. Una joven de cabellos castaños se acercó hacia el mayordomo, quien después capto su atención.

— ¿Dónde está el duque? —pregunto Paula con una mirada perdida.

—Tardara en regresar. —contesto este al besarle en la frente. —Tranquila mi doncella, pronto las vamos a satisfacer.

—…—la joven solo asintió con la cabeza, se inclinó un poco para retirarse. —Disculpe, amo.

—Dos hombres con un harén…—murmuraba por lo bajo, —Maylene, o mejor dicho a mi Lilith (1)

Amadeo se quedó buscando algunos papeles para después quemarlos en la chimenea, uno que otro lo quemaba con sus propias manos, todo para que el otro demonio no se ponga a investigar sobre las desapariciones de estas mujeres tan hermosas. Lo que este planeaba era algo aparte, un posible llamado de atención para atraer a dos mujeres más a su harem y esto se debe a Maylene e Elizabeth… Su amo tanto como él, estaba decididos de que aquellas dos mujeres eran las indicadas para terminar de cierta forma este pacto. Quizás, Amadeo quería llevársela en cuerpo y Alma a la sirvienta, en cambio, Anthony quería seducirla y casarse con Elizabeth, evitando generar contacto con Ciel, si este estrato de plan A se cumplía: no habría necesidad de llevarse el Alma de un adolescente un tanto caprichoso para su edad. Pero el plan B dado a que los requisitos no se cumplía, Amadeo estaba en todo su derecho en llevarse el Alma de Anthony, para satisfacer su hambre por unos días…Todo dependía de la situación.

A Sebastián no le gustaba perder el tiempo con el sepulturero, detestaba oír sus risas chillonas pero tenía que hacer algo para robarle información, tal vez, esto podría sacarle algunas dudas sobre la supuesta aparición de un pariente demoniaco. Amadeo.

—Jajaj, ¡Ya es suficiente! —replico Undertaker, al retorcerse de la risa sobre el escritorio.

—Necesito saber sobre las desapariciones de estas mujeres. —hablo el mayordomo con seriedad, al ver como el sujeto iba deteniendo sus carcajadas, no le quedó otra que seguir insistiendo sobre el tema.

— ¿Mujeres desaparecidas? —repitió al cubrirse su boca, conteniendo la risa. —Me suena a algo repetitivo.

— ¿Repetitivo? ¿Esto ya paso alguna vez? —interrogo este al fruncir entre cejas. —Tu pariente es el demonio de la lujuria, es obvio que se repite. —escuchaba la respuesta. — ¿Con quién hizo el trato?

—Hmm…Déjame hacer memoria. —replico de forma crédula. — ¡Ah! Ya sé, era de un tal Cherubim Venomania. Pero cuando uno hace un trato con este demonio, todo se cumple y las consecuencias llegan después. Jajaj—hablaba entre risas.

—Como todo pecado capital, cada uno recibe su castigo. —agrego el mayordomo al sonreír de lado.

—Pero…Cherubim se había hecho pasar por su hermano mayor, Sateriasis Venomania. —comento Undertaker cambiando el tono de su voz, en algo más serio. —Cuando falleció Cherubim, las victimas tuvieron hijos no deseados a causa del pecado. —Dijo — Fueron reconocidos como "los hijos del mal".

—Entonces, dices que puede repetirse atraves de Anthony Hawthome ¿no? —comento el mayordomo llegando a una conclusión. — ¿Alguna forma de detenerlo?

— ¿Anthony Hawthome? —repitió este al hacer una mueca. —Recuerdo que apareció en los diarios sobre la tragedia de sus padres y de los invitados. —cambiaba de tema.

Sebastián frunció el ceño, esos datos le servía. Necesitaba mucha información para completar lo que ya tiene.

— ¿Qué clase de accidente? —cuestionaba, tenía un mal presentimiento. — ¿Cómo lo detuvieron a Cherubim?

—Incendio, todos los invitados fueron quemados vivos. —Respondió —Incluyendo a su familia, Amadeo no cambia la vida, solo la complica para llevarse un Alma. —Comento —A menos…Que después de muchos años sienta afecto hacia un humano.

Sebastián frunció el ceño, ¿Amadeo sentir afecto por un humano? Podría ser que si, depende de quién sea la persona que logro conmoverlo. Sobre Anthony lo dudaba, solo podía cumplir los deseos repulsivos pero, no se iba a dejar domar tan fácilmente…

El peli plata sonrió por lo bajo, le sorprendía verlo fingir su "preocupación". Trataba de hacer memoria ya que, no recuerda quien fue el propietario de esa Alma que estaba llena de odio y rencor.

—Hmm…Cuando detuvieron a Cherubim, su Alma había desaparecido y fue llevado a la condena, por así decirlo. —se burló por lo bajo, escondía su risa lunática. —Solo sé que, Amadeo no logro apropiarse de esa Alma pecadora. —Comentaba con un semblante burlón e peligroso —Digamos que uno de los Shinigamis fue a buscarlo.

El demonio quedo perplejo, ¿Acaso Undertaker busco a Cherubim Venomania? No dejo de apartar la mirada.

— ¿Tú fuiste?

—Digamos que sí. —Admitía con voz chillona, contenía su risa. —Me suplicaba para que lo deje en otro camino.

—Entiendo…

—Lastima, si se negaba a ese trato su vida terminaría al lado de su amiga de la infancia. —Confesaba el verdadero camino del hijo menor de Venomania —Ella se iba a separar de Sateriasis para quedarse con el hijo menor del duque.

— ¿Qué quieres decir?

—Lo sé, lo sé…Es información confidencial pero tengo mi derecho. —contesto haciendo una mueca. —Es todo lo que se. Sebastián.

El pelinegro frunció entre cejas, no le agradaba para nada lo que se aproximaba, tenía un mal presentimiento acerca del nuevo duque.

Sus ojos purpuras rodaron hacia una muchacha que estaba completamente desnuda, las sabanas solían marcarle su hermosa figura, el cabello negro y corto que estaba todo despeinado sobre la cama: la había dejado exhausta y sudada. Lust se fue vistiendo nuevamente, sintió un tacto suave como si fuera una suave caricia, volteo ligeramente su cuello para ver a una de sus otras doncellas:

—Paula ¿Qué sucede? —Indagaba extrañado, —Sabes que estoy ocupado con Lan Mao—la doncella había visto a una de sus "amigas" recostada en la cama.

—L-Lo lamento, mi amo. —Inclinaba la cabeza, —Es que…L-Lo necesito. —esa tierna voz suplicante, le tentaba a Lust. La joven se dirigió hacia él para abrazarlo con fuerza, suplicándole que este con ella.

— ¿Vendrá conmigo?

El no se podía negar a una petición como esa, porque sus chicas sabían que le gustaba mucho satisfacerlas de esa manera. Pero el rubio no podía continuar con ciertas tentaciones, quería llegar rápido a su objetivo.

—Por hoy no, pero cuando regrese te complaceré. —contesto entre dientes. —Debo traer a mi doncella, Lilith—se refería a cierta pelirroja que estaba en la otra mansión.

—Entiendo, mi amo. —hizo una reverencia para retirarse y dejarlo solo. —Espera…—escucho su voz masculina e seductora. La tomo bruscamente del brazo para depositar un apasionado beso que duro mucho, porque la muchacha quería disfrutar esos labios carnosos y tentadores que tenía su amo. —Q-Quédate conmigo—replico.

—Después…— contradecía al separar sus labios de ella. —Espérame.

Ella asintió con la cabeza y se retiro de la habitación. Se había ido a preparar algunos asuntos con la vestimenta de las chicas.

Al ver como sus amigos se encargaban de mantener la limpieza en la mansión, ella se controlaba para no causar problemas. Cada uno estaba haciendo sus quehaceres, Bard en la cocina tratando de preparar algo tranquilo para el conde, Finnian se abstenía de arruinar las hermosas rosas blancas que decoraban por fuera de la mansión Phantomhive. Tanaka, bueno, él estaba relajado como de costumbre. La pelirroja suspiro pesadamente, porque se estaba imaginando al mayordomo, Sebastián, esa imagen de alguien tan caballeroso como él; no podía quitarlo de su mente era como verlo por todos lados y eso causaba que los latidos de su corazón se aceleraran. Pues solía recordar cuando lo tiene muy de cerca… ¿Cuántas veces trato de llamarle su atención? Como quinientas veces, supongo. Ella estaba perdidamente enamorada de él y lo admite con todo su aliento, el tema era… ¿Puede ser correspondida? Dudaba y mucho, porque lo veía muy imposible que la viera, quizás la note pero solo en sus errores…Fue muy poco las felicitaciones que recibió por su parte. ¿Alguna vez, recibió algún premio por eso? O ¿Por las cosas que defiende? De ninguna manera y eso la desilusionaba y hacia que esconda sus sentimientos. Aunque, Sebastián la trata como una amiga y nada mas…

—Quisiera ser algo más que una amiga—hablo por lo bajo. —Por lo menos, estar a su lado.

Maylene estaba quebrada por dentro, aunque por fuera seguía de pie y por más que sea rechazada. Siempre iba seguir intentando. Cuando le quito de vista a sus amigos, se asusto un poco al ver como las luces tintineaban entre apagar e prender, como si, alguien estuviera jugando con los botones de la luz.

— ¿Qué esta sucediendo? —se auto cuestionaba, al sacarse sus anteojos redondos. Lentamente, fue sacando sus armas que estaban escondidas por su muslo, no se notaba porque su uniforme lo escondía.

Finnian estaba tan distraído con las flores que ni siquiera se cubrió la espalda; una sombra negra se estaba movilizando sigilosamente en la noche, una vez cerca, logro noquear a su objetivo pero le faltaba alguien más…

Maylene…Maylene—escuchaba una voz masculina, lo reconoció. Fue a buscar a sus amigos pero tanto como el cocinero y el jardinero estaban inconscientes en sus puestos de trabajo. Eso le erizo la piel. — ¿Sebastián? —pronuncio su nombre, estando confundida. — ¡Necesitamos ayuda! —exclamo al tocar el pulso de sus compañeros.

Maylene, esta es nuestra noche…—decía esa voz seductora, claramente creía que se trataba del mayordomo. Ella se sonrojo. Vio que ciertas luces de la mansión se habían apagado de golpe. —Ven conmigo…Es una orden. —le ofrecía su mano.

—Pero… ¿Qué vamos a hacer con Bard y con Finnian? —pregunto con un semblante serio y confundida. —N-No podemos dejarlos así.

Unos ojos purpuras resaltaron en la oscuridad. Ella retrocedió, tenía miedo. Por más que estaba retrocediendo, más se estaba acercando.

No tengas miedo, my maid. —La tomo por sorpresa, si, era Sebastian Michaelis pero había algo diferente a él, — ¿Sus ojos estaban brillando? Pero…El nunca me dice 'My maid'—se decía en su mente.

El mayordomo la agarraba de la mano y apoyaba su mano izquierda en la cintura. Ambos estaban en el living de la mansión, eran el centro de todo, de apoco comenzaron a danzar de izquierda a derecha. Ni ella podía creer que estaba bailando con él. Pestañaba dos veces, pero si era él. Aunque en el punto de vista de otra persona, se podía saber otra apariencia del demonio… ¿Era Michaelis?

Cuando sus miradas se cruzaron, la joven tenía esa mirada perdida, sus ojos ya no brillaban. Sin embargo, el baile aun no terminaba hasta que ella dijera:

Mi amo…—sonreía al verlo a los ojos, —Quiero estar contigo... —lo abrazaba con fuerza.

—Lo sabía. —le correspondió el abrazo. Inclinaba un poco su cuerpo para quedar a la estatura de ella, asomando su rostro para robarle un tierno y apasionado beso, ninguno de los dos quería separarse.

¡Lust Amadeo! —exclamo otra voz, la puerta se había abierto bruscamente. Por lo que, interrumpió la escena de estos dos. El demonio lo estaba mirando con sus ojos brillosos de color purpura. —Mi amigo… Lo lamento. —Fingía tristeza, —Ahora ella me pertenece. —dijo al cubrirla entre sus brazos.

— ¡De ninguna manera! —exclamo Michaelis, acercándose bruscamente hacia su rival, sosteniendo en sus manos unos cubiertos que se trataban de cuchillos y tenedores de plata. Amadeo sonrió por lo bajo y se movilizo tan rápidamente para desaparecer delante de sus ojos. — ¡Maylene!

Ja-Ja-Ja-Ja, ahora ella pertenece a mi harem. —esa voz sonaba como un eco en toda la mansión. —Ahora es mi turno, Sebastián.

— ¡Bocchan! —reacciono al abrir sus ojos, se fue rápidamente a averiguar el estado del conde.

— ¡Shieru, Shieru. Quiero ese vestido! —gritaba al señalar un reluciente vestido de color rosado con detalles violetas, hasta el corset era hermoso con esos colores. Ciel estaba irritado por la voz chillona de su pareja, así que hizo un respingón de cansancio y asintió con la cabeza.

—Espérame aquí, junto con Anthony—le decía, —Iré a comprarte ese vestido.

— ¡Gracias Shieru! —le dio un beso en la mejilla para dejarlo ruborizado. —D-De nada.

En el pueblo se llevaba a cabo un pequeño festival de baile, postes de luz y las velas daban una linda escena entre las personas que bailaban al ritmo de la melodía instrumental, muchos se acercaban para danzar con sus parejas.

— ¿No es hermoso? —cuestionaba el castaño, acercándose al lado de Elizabeth, quien voltea hacia un lado.

—Sí que lo es. —sus ojos brillaban porque quería bailar, pero su prometido se fue a comprar su vestido. —M-Me gustaría participar.

— ¿Quieres bailar? Elizabeth—le preguntaba al ofrecer su mano, ella sonrojada y asintió con la cabeza. Esta vez, sería una buena oportunidad para el joven. —Solo para darnos tregua, ¿De acuerdo?

—C-Claro, Anthony.

Se fueron mezclando entre la multitud, danzando en el medio de la pista. De apoco todo daba vueltas para la muchacha, se dejaba llevar porque su acompañante danzaba tan bien que, lo disfrutaba y se había olvidado de sus peleas contra él o el motivo por la cual, no le caía bien. Con el tiempo, vio que sus ojos estaban brillando de color purpura, unos cuernos pequeños apenas estaban saliendo en su frente y en su espalda, unas alas enormes fueron apareciendo… ¿Acaso estaba delirando? Elizabeth no dejaba de mirarlo a los ojos, quizás se estaba enfermando y por eso veía todo.

—La danza del demonio. —murmuro por lo bajo, este sabía que su poder estaba funcionando. Así, era la apariencia de Hawthome, su pecado lo transformo en ese ser demoniaco. —Sigue mis pasos, mi doncella.

Lizzy estaba perdiendo el conocimiento, sus ojos estaban perdiendo el brillo y obedecía todo lo que su acompañante le decía. Las personas quedaron conmovidas por esa pareja, pero nadie sabía de la apariencia demoniaca del joven, algunos aplaudían y sonreían porque estaban "enamorados".

— ¿Lizzy? —Ciel la estaba buscando, hasta que se asomo donde estaba el publico. Puede que el resto no podía verlo pero, el conde si podía ver esa transformación. Obviamente, quedo shockeado por su invitado, además que estaba bailando con su novia. — ¡Anthony! —exclamo deteniendo la música de golpe, aunque este ya se aprovecho en arrebatarle un apasionado beso, perdiendo completamente a la señorita Elizabeth.

Del otro lado, había llegado Sebastián permaneció impactado por el escándalo que causo su bocchan. El también podía ver el pecado que consumía el duque. — ¡Bocchan, aléjese! —reacciono al cubrirlo.

El duque salió corriendo al lado de su pareja, quien seguía sus pasos. Buscaron un lugar seguro para desaparecer.

— ¡Sebastián, rescata a Lizzy! —ordenaba con voz furiosa. El se ofreció para cargar a su bocchan

Yes, My Lord—asintió, al inclinarse un poco. Obedeciendo las órdenes de su amo, corrió rápidamente para perseguir a la pareja, ellos iban por aire mientras que, el mayordomo iba corriendo por tierra, saltando en cada árbol, de cuando ellos estuvieron atravesando por arriba del bosque. Siguiendo el camino del enemigo, lograron llegar a la mansión Hawthome; el bosque que habían atravesado tenía un ambiente sombrío al igual que en el territorio del enemigo.

—Esto no me gusta para nada, Sebastián. —comentaba el conde, percibiendo el desierto del pueblo "Asmodean", pues ellos lo notaron por el cartel que decía: 'Bienvenido a Asmodean'. —Este pueblo decían que habitaban los demonios. —le hablaba a su mayordomo.

— ¿Por eso le apodaron así? —Cuestionaba el demonio frunciendo el ceño, — ¿Por qué fue?

—Sí, pero Madam Red me comento una leyenda… —respondió al tragar saliva. —Dicen que hace unos años atrás, este pueblo se mantenía gracias a un generoso duque con el apellido Venomania, porque era como un alcalde. Pero, cuando fallecieron algunos familiares, su hijo mayor Sateriasis…—tomo una pausa, para después continuar. —Genero un gran cambio en el pueblo y por alguna extraña razón, las mujeres de este lugar y la princesa de Belzenia desaparecieron…Y todos decían que era un demonio. —se quedo inmóvil.

—Interesante leyenda, bocchan.

Pero aun sigue…—una tercera voz se escucho detrás de ellos, voltearon ligeramente hacia atrás. — ¿Grell? —frunció el ceño.

— ¡Sebastián, amor! —grito dirigiéndose hacia él, con los brazos abiertos. — ¡Dame un beso! —en ese momento, el demonio le sube entre sus brazos a su amo para dar un gran saldo y evitar al shinigami.

—Debes ser discreto, shinigami. —comentaba el pelinegro, al mirarlo fríamente.

— ¡Auch! La próxima no te vas a escapar de mí, Sebastian-chan. —advertía al frotarse la cabeza por el golpe.

— ¿Qué haces aquí?

—Me enviaron para buscar el Alma de un joven. —Respondió entre dientes, —No puedo dar más información.

El demonio sonrió por lo bajo e hizo una mueca de disgusto, se llevo su mano derecha hacia la frente para fingir que quería probar algo.

—Hmmm…Me pregunto qué sabor tiene tus labios, Grell. —Musito indignado, —Lastima, nunca lo sabré.

— ¡¿Qué dijiste?! —reacciono emocionado con desangre nasal. — ¡Dame un beso!

—Lo lamento, pero si no dices el resto de la información no podre hacerlo. —contradecía el pelinegro quedando de brazos cruzados, el conde estaba perplejo y a la vez, asqueado con toda esta escenita.

—Bien. Es cierto que hubo un nuevo duque y se trataba del hijo mayor de Venomania pero…Después, se dieron cuenta que era el hijo menor. —Hablo —Cuando el juicio final llego para él, fue apuñalado por una mujer.

— ¿Una mujer?

—Los rumores decían de esa manera, nosotros solo arrebatamos su Alma pero, esa mujer…Es el problema. —comento entre risitas. —Porque ninguna mujer se pudo resistir a los encantos de ese demonio.

—A menos que…—se quedo pensando Sebastián. Sintió la presencia de Grell, moviéndose ligeramente para evitarlo así no recibía sus besos.

— ¡Cumple tu trato, demonio! —exclamo desilusionado.

—No puedo, hasta liberar a las mujeres de las garras de Amadeo. —comento este al hacer una mueca.

— ¿Amadeo-chan? —los ojos del pelirrojo brillaron con corazones, estaba tan emocionado porque una de sus fantasías se iba a cumplir. — ¡Trió! —le causo un escalofrió a los dos hombres. — ¿Cómo piensan detener el pecado?

—Yo sé como…—hablo Sebastián le dirigirle la mirada a su bocchan. Quien hizo una mueca de mal gusto, no estaba de humor.

—N-No todo menos eso…—se negaba una y otra vez, —Que participe Grell.

— ¿Yo? —se señalaba de forma incrédula. — ¡Genial, quiero conocer a Amadeo-chan! ¡Death! —por ultimo hace su pose.


Continaura…


Lilith (1): Fue esposa de Adán, anterior de Eva. Ella al unirse con los demonios (que también fueron sus amantes) se transforma en un demonio, que se une a los hombres por las noches como un súcubo. Bueno, en mi historia ella fue la amante de Amadeo, por corto tiempo ya que fue asesinada por los Ángeles. Además, Lust ve a Maylene como "la reencarnación" de Lilith, aparte la siente diferente a ella por los sentimientos y sus emociones.

N/A: Este fanfic va a durar aproximadamente cinco o seis capítulos jajaj :D. Tanto como el prologo-primer capítulo y este ya lo tenía escrito, pero los que siguen no xD Porque dudaba de esta idea jajaj. Y también no sabía si subir el fanfic jajaj.

Sobre el motivo que involucro la canción de Gakupo es porque estuve investigando un poco jajaj pero en este fic será como una leyenda algo antigua para Londres que pocos recuerdan.


¿Qué les pareció?

¿Fui rápida para que todo pase tan apresurado?

Espero que les haya gustado :3

Muchísimas gracias por sus comentarios n.n

¡Saludos y cuídense!

Atte. J.H ©