Capítulo 2

Salí casi de inmediato hacia los dormitorios y casi me choqué con un soldado pelirrojo que conocía muy bien.

- ¡G...Gilmore! Hacedor...perdona, casi que caigo encima vuestro...

El chico sonrió levemente y se frotó la nuca tras cogerme de los brazos para evitar que me cayese.

- Ya bueno...no me habría importado...-me sonrojé levemente sin dejar de mirarlo.

- Mi...mi madre...-comencé a decirle, pero él levantó una mano para que no siguiese con la explicación.

- Lo sé. Vuestra madre se enfadaría y me acabaría echando finalmente del castillo. Me lo dejó bastante claro el año pasado cuando nos encontró...bueno no importa. Sois una Cousland. Y yo el hijo de un soldado que trabajaba también de granjero. No es posible. Ya lo sé. Y vos también.

Bajé la cabeza desganada y suspiré bajando los hombros.

- No es justo...-casi murmuré.- Se supone que soy afortunada por haber nacido noble, ¿no es así? Entonces...¿por qué me siento tan desdichada? Apenas tengo decisiones para dirigir mi propia vida...

Roland suspiró y me hizo alzar el rostro.

- Vuestro hermano y vos tenéis responsabilidades. Éstos terrenos necesitan ser gobernados por vosotros. Llegará el día en que tu hermano sea arl de Pináculo, o vos arlesa, y debéis estar preparada para cuando eso ocurra. Y cuando eso ocurra, yo estaré encantado de trabajar bajo vuestras órdenes si así lo queréis.

Conseguí dibujar una leve sonrisa en mi rostro a pesar de que carecía de emoción alguna. Alcé la mano y le acaricié el rostro con suavidad, intentando memorizar sus rasgos; sin embargo, poco después él cubrió mi mano con la suya y la apartó lentamente tragando saliva. Yo la dejé caer con un suspiro.

- Por cierto...-dijo evitando mi mirada.- Nan te estaba buscando. Creo que tiene problemas con Grolten.- alegó cambiando de tema. Probablemente sería lo mejor...tenía un gran deber por mi posición social, y Gilmore era un gran amigo y un excelente soldado y compañero de entrenamiento. Pero no podía ser nada más.

- ¿Por qué?- pregunté frunciendo el ceño.- ¿Qué ha pasado con él ahora?

- Creo...creo que se ha colado en la despensa de la cocina. Y claro...hay destrozos...

Solté un gruñido de exasperación mientras me frotaba el puente de la nariz con el pulgar y el índice con los ojos cerrados.

- Tengo que ir a buscar a mi hermano. Mi padre me lo ha ordenado...

El pelirrojo se encogió de hombros

- No tardaremos mucho. Os acompaño a las cocinas y después volvéis a la búsqueda de vuestro hermano.-. Acepté a regañadientes y nos encaminamos hacia ahí. Noté que se revolvía algo nervioso.- Por cierto...me he enterado de que hay un guarda gris en el castillo...¿sabéis para qué ha venido?

- Quiere evaluarnos para saber si sois apto para convertiros en guarda también. Cuando vuelva mi padre de ésta salida...Quizás pueda convencerlo de que yo también tengo aptitudes que podrían ser aprovechadas...Hola Nan, ¿que ocurre?.- agregué al llegar a nuestro destino. La cocinera torció el gesto al vernos aparecer y señaló con la cabeza hacia la despensa.

- Tu perro. Sácale de ahí ahora mismo. No crea más que destrozos y ya no lo soporto más. Así que ¡saca ese chucho de aquí!

Puse los ojos en blanco abriendo la puerta junto a Gilmore y encontré a mi mabari moviéndome el rabo. Yo le sonreí.

- ¿Pero quién es el perro más guapo y más listo?- le dijo con cariño. Él ladró alegre, pero luego gruñó dándose la vuelta. Roland me puso una mano en el hombro.

- Esperad...¿oís eso...?

Me tensé al escuchar unos ruidos tras unas bolsas que había en un rincón y saqué la espada justo en el momento en el que unas ratas enormes salían del fondo de la habitación.

No fue fácil acabar con ellas, pero entre los tres (Gilmore, mi perro y yo) conseguimos deshacernos de todas. Cuando salí a contárselo a Nan, alegó que seguramente sería culpa de mi perro, que él las habría atraído al lugar; aun que sabíamos que las razones de que las ratas se encontrasen ahí podrían ser miles...

Finalmente, Gilmore se disculpó y volvió a retomar su trabajo de soldado; y me encaminé hacia la habitación de mi hermano acompañada ahora por Grolten. Sin embargo, de camino hacia ahí, encontré a mi madre charlando animadamente con su amiga Leandra., su hijo Dairren (el cual había tratado de seducirme contadas veces aun que sin éxito alguno), y su sirvienta Iona.

Me detuve apenas unos minutos, simplemente para saludar y hablar de la marcha de mi padre y mi hermano; y recordarle a mi madre que la quería, y que no estaba muy de acuerdo con que saliesen tantos guardias del castillo.

Finalmente (por fín) llegué hasta los aposentos de mi hermano, miré brevemente a Grolten, el cual me miró ladeando la cabeza y le acaricié la cabeza.-

- Bueno...Llegó la hora de "cumplir nuestra misión"- le dije al animal, el cual soltó un ladrido contento. Esa era mi vida. Encargo tras encargo dentro de aquel maldito castillo...habría pagado lo que fuese por un poco de aventura en mi vida.

Poco después me arrepentiría de haber pensado eso.