Disclaimer: Ningún personaje me pertenece, son propiedad de Tomo Takabayashi.
Esta Semana
Capitulo II
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Wolfram abrió con pesadez sus ojos. El insomnio pareció haberse instalado la noche entera tras los ruidos que había hecho el Maou en los pasillos. Suspiró y, malhumorado, se terminó por sentar en la cama. Lo había pensado en frio, los motivos de anular el matrimonio, después de todo siempre estaba su egoísmo punzante y el miedo que —al dejar de monopolizarlo— Yuuri encuentre a alguien más. Juzgando por el escándalo afuera él se estaba yendo otra vez de Shin Makoku. Apretó las sábanas entre sus dedos y mordió su labio. La nostalgia daba espacio a la ira, abarcándolo todo.
Sabía que había hecho de él un hombre libre y ahora que estaría lejos de dónde pudiera vigilarlo probablemente estaría con una muchacha pulposa, de amplias caderas y senos turgentes. Creyendo que en cualquier momento sus previas decisiones flaquearían y el impulso estúpido de agarrarlo de las mangas e impulsarlo del castillo para adentro. Por eso mismo el cesar de los murmullos lo relajaron considerablemente y un suspiro de alivio llenó sus pulmones para luego dejarlo. Estaba la duda de qué haría él si Yuuri nunca volvía a sus brazos; Wolfram no era tan hipócrita consigo mismo como para negar sus sentimientos.
Y tras esa pregunta la respuesta automática de lo quedaba era comportarse como un soldado: proteger al Maou y servirle como un verdadero amigo —como lo consideraba Yuuri— hasta el final de sus días. Wolfram nunca había estado interesado en tener romances con alguien. ¡Menos con alguien que tenía parte de su sangre humana! Así que la idea de sacar un clavo con otro ya estaba descartada desde el comienzo. Ahora que lo pensaba la idea de él mismo estar solo un tiempo no le desagradaba de todo. No era por el hecho de buscar otro hombre —o mujer—; sino porque en el castillo había otras personas para tener en cuenta.
Empezando por Greta que aún estaba en plena preparación, seguidos por sus hermanos que no sabía bien en que estaba la vida de cada uno. A excepción de Weller que aún le resultaba incómodo el hablar con él en un mismo espacio. Y su madre… bueno, no era que pudiera conversar mucho con Cheri.
La misma estaba flotando en alguna parte del mundo con paradero desconocido, más… de vez en cuando daba indicios de existencia. Wolfram frunció la nariz ante ello y, antes que terminara de acomodar su vestimenta, el sonido tímido de la puerta atrajo su atención.
—¿Quién?— Pregunto con voz tenue, estirando la camisa que usaba y ajustándola con un simple listón blanco. Hoy no tenía que hacer guardia, a pesar que el aire de las afueras le podría sentar bien para despejarse.
—Papa Wolf… ¿puedo pasar? Anissina me dio un libro nuevo hoy.
Wolfram sonrió de lado mientras caminaba hasta la puerta. Hoy podría ocupar sus pensamientos en un libro desquiciado, aunque increíblemente bien narrado, mientras pasaba la tarde con su hija adoptiva.
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—Shibuya, ¿Cuánto más te quedarás mirando tu bebida?— Yuuri parpadeó.
A continuación miró por encima de los papeles a Murata. Era el segundo día que estaba en la tierra, mirándolos, apretándolo en sus manos… tratando de entender el motivo de que ahora estén allí. Con él.
Hizo una mueca y guardó todo papel posible en el bolsillo de su campera. Era otoño en la tierra, ni el frio ni el calor parecía ser excesivo y por eso ahora mismo estaba en una confitería del barrio. Cerca, en la esquina, podía oírse claramente los gritos de los adolecentes en los videojuegos.
Según Murata Ken salir de su casa le iba a hacer cambiar de aires. Más Yuuri sólo podía tener en cuenta un cambio de ambiente si este involucraba una mañana con el sol en todo su resplandor, un guante y pelota de baseball; no salir a tomar algo cuando su humor le indicaba el volver a Shin Makoku y exigir una explicación coherente en vez de exprimirse el cerebro solo. No, descartó eso. Era un cobarde como para enfrentar la cólera de Wolfram en todo su esplendor. Suspiró y miró distraídamente su bebida.
Jugo de naranjas exprimido no era lo que necesitaba. Quizá un café —dado el desvelo de la noche anterior— era lo que lograría despegar sus párpados.
Sea lo que sea que necesitaba, Yuuri era consciente que no estaba en la Tierra. Tampoco era que tuviese planes de plantarse frente a Wolfram y exigirle. A pesar de no entender bien como llegaron a esa situación ya era el colmo. Pensaba que ya había encontrado cierto balance para calmar estos problemas de efusividad que tenía su supuesto, aún, prometido.
Eran en pequeñas cosas como esta que Yuuri caía en la cuenta lo poco que sabia de él. Nunca antes había premeditado un movimiento de Wolfram. Demonios, ni siquiera sabía como funcionaba su cabeza en sí.
El constante cambio de ánimos lo mareaban más que en un comienzo. Tal vez no estaba el hecho de no entenderlo, sino de no conocerlo como era realmente. Yuuri gruñó quedamente mientras hundía su rostro entre sus manos. Bien, reiterando sus otros veinte pensamientos, era consciente que era con lo que tanto había soñado. Su libertad en un trozo de papel, pero… por algún motivo —que no estaba seguro de querer saber— la tinta de la pluma nunca llegaba al papel.
Pareciendo un neurótico, Yuuri golpeó con sus dos manos la tabla de la mesa y se puso de pie alertando a Murata, quien —por reflejo tomo su bebida y la apartó de salvarse de un golpe.
—¡Es suficiente! No quiero pensar en esto.— Ganándose la mirada del entorno, Yuuri comenzó a caminar por su cuenta con el ceño fruncido y las manos estrujando dentro de los bolsillos. Por supuesto que ignoró a Murara quien lo seguía gritando su apellido. Estando tan ofuscado en sus pensamientos, que no registró su pequeño acto unos segundos antes. Y la factura a pagar. Era totalmente injusto que Wolfram ocupara sus pensamientos en estos momentos. Era injusto también saber que su contraparte ya se creía libre cuando él aún no había autorizado nada.
—¿Shibuya? ¡Shibuya!— Murata jadeó, apoyándose en sus rodillas y sonriendo un poco se ajusto los anteojos.—Pwe, creí no alcanzarte.— Sin dejar de sonreír, su amigo lo miró con escrutinio de arriba abajo.— ¿Algo va mal?— "Cretino" fue lo primero que pensó; el Gran Sabio sabía más de lo que decía y su sonrisa no era para nada reconfortante.
—¡No!— Chillo, dándose a entender que sentía lo contrario.— B-bueno…— Suspiró, necesitaba hablarlo con alguien, sino sabía claramente que moriría tarde o temprano. Había venido a la Tierra tan rápido que no había tenido oportunidad de hablarlo con nadie.—Esto… Wolfram quiere anular el compromiso.
—Oh.— El Gran Sabio se llevó una mano a la barbilla de manera pensativa. Sonrió de manera tranquila —Quizá Von Bielefeld encontró a alguien más, Shibuya.— El Gran Sabio parpadeó ante la expresión enfermiza que mostró Yuuri; podía verle los labios púrpura ante la falta de aire. Murata ensanchó su sonrisa.— ¿No era lo que querías?
Esa pregunta quedó haciendo eco en lo más profundo de su cabeza.
Wolfram le había dicho lo mismo, se lo había afirmado y ahora mismo la sonrisa estúpida que mostraba Murata sólo confirmaba su peor miedo: todos creían eso. Yuuri suspiró en la mitad de la calle mientras trataba de ganar aire en sus pulmones. Su mantra, que usó durante años para mantener las distancias con el demonio se había convertido para muchos es una realidad. Una verdad. Y… lo que había dicho Murata acerca de Wolfram encontrando alguien más le revolvió el estómago en nervios. Los sentimientos del Mazoku no podían ser tan volátiles.
Unos días antes la seguridad de ser amado por él lo habían arrollado; ahora mismo Yuuri no tenía la confianza en nada. Desde la actitud abrupta y sin sentido de su supuesto-prometido nada tenía de una lógica exacta. Es más. Ahora mismo estaba reconsiderando la posibilidad de que Wolfram en serio haya encontrado a alguien que pudiera corresponderle en sus sentimientos y le diera algo más que sexo.
Apretó su labio inferior dentro de su boca y siguió caminando sin certeza a donde se dirigía. En la tierra ya estaba comenzando a oscurecer, así como también el resentimiento que comenzaba a nacer hacia su supuesto prometido. En este momento, para Yuuri, era fácil tener en cuenta que el único de los dos que pensaba que iban progresando como pareja era él.
—¡Ack!— Se llevó las manos a la cabeza, revolviendo la mata de cabello negra y miró a su compañero con escrutinio.—Murata, ¿sabes de un lugar dónde pasar la noche?
—Uhm, claro, conozco algunos lugares.
Cuando la consciencia le quiso dar en el rostro; Yuuri se encontró en un lugar que nunca había imaginado frecuentar. Probablemente sería la primera y última vez. Tosió de manera exagerada cuando los lagrimales se le humedecieron y todo lo que respiraba era aire contaminado por tabaco. Eso sin tener en cuenta el olor rancio del alcohol en ciertas partes fundamentales que lo embargaban. Siendo el atleta que era no podía darse en lujo de consumir alcohol, mucho menos fumar un cigarrillo que terminara por dañar su salud. Ciertamente la imagen se le hacía denigrante. Siguiendo a Murata, quien le hizo una seña con la cabeza, Yuuri pasó de manera apretada por encima de otras personas.
El lugar plagado de gente, las personas bailando levemente y sin conocimiento del espacio personal, pudo notar. Las veces que había bailado con Wolfram —contadas, por cierto— habían sido a distancia, sólo un rozar de manos y el pecho de ambos sin tocarse mutuamente. Esa imagen comparada con la que estaban viendo sus ojos negros se le hizo rara. Y si no fuera por la música podía tratarse de un prostíbulo.
Haciendo apego a su poca visión —dado la falta de luces— Yuuri observó el lugar con horror. En sus años de vida se hubiera imaginado pisar esta… clase de lugares: adolescentes presionando a una mujer contra los recovecos más oscuros, pero visibles, subiendo sus manos tanteando el terreno y ¡por Shinou! No estaba seguro de seguir viendo a donde se dirigía la mano que subía por el muslo femenino.
Ahogando una exclamación, Yuuri terminó de buscar a Murata con los ojos y apuró su paso. El moreno frente suyo le sonrió con calma mientras ajustaba sus lentes.
—Tu primera noche fuera de casa, Shibuya, ¿qué tal se siente?— Yuuri lo miró fulminándolo. ¡No era a lo que se refería con un lugar donde pasar la noche! Vio que el chico terminó tomando asiento en una mesa para dos y terminó por sentarse.
—¡No puedo creer que-qué a estos lugares vengas cuando no estas en Shin Makoku!— Exclamó. Bueno, ya eran mayores de edad, apenas rozando ese hecho, pero Murata no había perdido el tiempo en averiguar la existencia de estos. El Gran Sabio carcajeó con suavidad y elegancia mientras movía su muñeca para llamar a alguien.
—Relájate, después de todo es tu primera noche como soltero, ¿no?
—¡Nunca me casé!— Repuso casi automáticamente, levantándose de la silla y con las mejillas sonrojadas. Unos mechones de cabellos cayeron en su sudada frente, pegándose a sus pestañas y molestándolo. Notó que, a pesar de su escándalo y exageración, nadie les prestaba atención. Cada quien estaba en su mundo.
Una muchacha de largo cabello negro recogido en una cinta, cayéndole al costado del hombro, apareció frente a ellos con una gran sonrisa en el rostro.
—¿Qué desean tomar?
—Ah, erh…— Trastabilló Yuuri, mirando la cartilla (de la cual recién se había enterado de la existencia) y nervioso. No estaba seguro de que pedir sin parecer un imbécil frente a todas esas personas. El alcohol estaba descartado. Pero si pedía simplemente agua fría temía que los demás lo mirarían raro. Miró con sus enormes y expresivos ojos negros a Murata en busca de ayuda.
El Gran Sabio sonrió con calma: —Podría ser un café negro y… un licuado de frutillas.— Eso último lo escuchó tan homosexual que Yuuri lo miró con una ceja desnivelada. Esperaba que el licuado no fuese para él. La muchacha anotó todo en una pequeña hoja blanca y sonriente dijo: "Anotado. Enseguida traerán sus bebidas".
—Yo no quiero el licuado.— Repuso con sus mejillas infladas y con el entrecejo fruncido.
—¿Quién dijo que lo era? Se me antojó desde esta tarde.— Podría asegurar que el impulso asesino de golpearlo casi ganaba territorio en él. Yuuri negó masajeándose las sienes mientras miraba a su alrededor.
Su imaginación había sido muy ingenua al creerlo un lugar más tranquilo. Realmente, ¿hasta donde llegaba su infantilidad? Eso después ahora mismo deseaba salir del lugar. Había muchas chicas de Japón —podría asegurar haber visto alguna que otra cara familiar— y la mayoría parecía del entorno.
Miró un poco más, entre aburrido y curioso (después de todo era la primera vez viniendo a un lugar nocturno), y notó un grupo de extrajeras sonriendo mientras la tomaban… licuados. Yuuri apretó sus labios. Era poco común ver extranjeras en su parte de Japón, con lo grande que era y habiendo otros centros más turísticos que este.
La mesera, la misma chica que había tomado el pedido de ellos, se apartó de esa mesa con la bandeja bajo un brazo permitiéndole ver todo el panorama y fue entonces cuando el Maou notó el cabello rizado, corto y rubio. Parpadeó y se refregó los ojos ante ese hecho. La chica que sonreía moviendo sus cortos rizos dorados era parecía a Wolfram: pestañas largas, labios finos y cabello dorado.
Bien, era muy parecía; aunque claro que las muchachas venían con busto y caderas amplias, redondeadas y cintura angosta. Se removió tanto en la silla tratando de captar esos detalles que no supo cuando sus rodillas terminaron balanceando la madera y su rostro diera con el piso sucio y pegajoso (quizá a alguien se le había caído su bebida). El estruendo fue tal que hasta la chica que estaba viendo clavó sus ojos —o azules, o verdes— en él.
Avergonzado, Yuuri se levanto del suelo, rascándose la cabeza y las mejillas tomaron un intenso rojo. ¡¿Cuantas estupideces podía hacer en un día?! Eso era si contaba el haberle pedido a Murata que le hiciera compañía hoy en la tarde. El Maou le dio la espalda a la muchacha y… miró a la mesera que estaba mirándolo con sus bebidas y de manera estúpida.
Murata salió a su rescate, despidiéndola rápido…
—Disculpe el inconveniente, lo acaba de dejar la novia.
… Y hablando de más.
Yuuri dio un respingo al escuchar las palabras. "Oh, pobrecito" y, además, cosas como "¿Qué crees que le haya hecho?" y una panda de feministas diciéndole a sus espaldas: "¡Seguro fue su culpa!" y para otra contestarle "Por supuesto, siempre la tienen ellos". Decir que Yuuri quería cavar un hoyo con sus manos y llegar a su casa tan rápido como un hámster era poco decir.
Murata sonrió más —si eso era posible— y su expresión angelical congeló su corazón.
—Gracias por tu ayuda, Murata.— Dijo con sarcasmo y entre-dientes.
—Cuando quieras, para eso están los amigos.
A continuación Yuuri se dedicó a ignorarlo, sin notar el revoloteo que había a su alrededor. Suspiró, imaginando que a estas horas estaría durmiendo con Wolfram, o teniendo relaciones con él —sonrojándose al instante ante el recuerdo—. Quizá si estuvieran durmiendo, Greta estaría a un costado suyo y el demonio de fuego del otro.
Más el pensamiento de que Wolfram esté con alguien más le arruinó la pacífica imagen tornándola incompleta. Yuuri tenía una imaginación magnífica y podía esfumar (en su imaginación) a Wolfram de su lado y ponerla en un largo camisón coral con alguno de los hombres que usualmente lo miraban.
Y es que no le encontraba razón al hecho. Cómo era posible.
—¿Están ocupadas estas sillas?
Yuuri alzó la vista para encontrarse con los mechones dorados que estaba viendo antes. La grácil muchacha, ahora de pie en todo su esplendor, era tal cual la había visto: bonita. Esta chica se parecía mucho a Wolfram a pesar de no tener el resplandor que siempre rodeaba a su prometido. Tras abrir su boca como un tonto, Murata nuevamente habló por él ante la pérdida de su lengua.
—¡Claro! Están desocupadas.— Por puro reflejo, podía ver a Murata más que complacido con la repentina aparición de las muchachas. La otra que acompañaba a la chica de rizos era una castaña de ojos claros (por la poca luz que los iluminó pasajeramente) Yuuri pudo distinguirlos como miel.
—Hehe, pensamos que estaban esperando a alguien.— Habló de manera energética la muchacha castaña, a continuación toda su atención se centro en él y lo miró con lástima.— Por cierto, lamento lo de tu novia.— Le palmeó el hombro y Yuuri realmente creyó la que posibilidad de esparcir las tripas de Murata en la mesa era un hecho.
—Yo soy Ámbar y ella Evelyn.— La voz tranquila de la muchacha, conocida como Ámbar ahora, tampoco se parecía a la de Wolf en ningún aspecto. Yuuri quiso golpearse a sí mismo por hacer comparaciones cada instante que podía.
—Murata Ken y Shibuya Yuuri. Encantado— Murata tomó la riendas de la situación una vez más, a lo que Yuuri asentía calmadamente.— Ahora que terminamos con las presentaciones, ¿quieren tomar algo?
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La noche se había pasado volando y pese a su poco desenvolvimiento frente a desconocidos, Yuuri mostró un poco más de confianza y conversación cuando la chica se mostró abierta ante él. En más de una ocasión los rizos dorados habían llegado a rozar su nariz ante en el mínimo acercamiento al compartir una sonrisa, o carcajada sonora.
Sin embargo Yuuri no podía dejar de recrear en su cabeza las cosas que le diría Wolfram si descubría que estaba pasándola bien con alguien más. Una mujer por sobre todo. Pero, para ser franco consigo mismo, estaba cómodo. La extranjera hablaba el japonés fluido sin trastabillar y era fácil determinar que no era una egocéntrica como cualquier la consideraría.
Contrario a ello le había preguntado su edad, sus aficiones, por su escolaridad —su vida cotidiana en general. Y Yuuri enseguida cedió a ella. No estaba besándola, no estaba tendiéndola sobre la mesa para acostarse con ella. Sus manos permanecían a los costados de su cuerpo inmóviles; después de tantos años sin intentar nada con nadie sería imposible que le fuera infiel a Wolfram. Aunque, claro, parecía ser que el Mazoku tenía otros planes para su persona.
Sin darse cuenta su expresión se ensombreció de pronto. No quería pensar en el tema pero este parecía instalado en su cabeza y no tenía intención de irse ahora mismo.
¿Cuándo Wolfram se volvió el centro de su vida? Bueno no tan así, pero una parte importante quizá. El resentimiento se volvió preocupación al tener consciencia que realmente no tenía intención alguna de firmar esos estúpidos papeles. Y no lo iba a hacer. Era el Maou después de todo y él tenía la última palabra. Cuando pudiera abrir algún portal en alguna regadera-fuente-lo que sea volvería, despertaría a Wolfram y aclararía todo esto.
Pero también tenía miedo de volver y no encontrarlo en su habitación y la cama acomodada como en la mañana. Probablemente el bastardo estaba jadeando con otro-otra (siendo él quien pesaba esto ya le daba lo mismo). Esto despertó la cólera dormida estas horas que pasaron.
Sin embargo la chica de rizados cabellos estaba a su lado viéndolo entretenida. Yuuri se puso pálido. Probablemente tendría algo raro.
—¿T-tengo algo en el rostro?— Se tanteó la cara empezando por los pómulos hasta llegar a la barbilla y estirar toda la piel del mismo.
—¡No! No, para nada.— Sonrió al tiempo que apoyaba su delicada barbilla en la palma de su mano.— Sólo estaba pensando que te veías lindo, he.— Yuuri se tensó de golpe al notar el exceso de labial en la boca de la chica cada vez más cerca de los suyos.—¿Puedo preguntarte algo?
—D-depende, digo, c-claro.— Esto no le estaba gustando, para nada. Se hecho para atrás mientras la imagen de Cheri se le hacía presente. ¡Sabía que la muchacha le recordaba a alguien más que a Wolfram! El mundo estaba en su contra, estaba seguro. Ya ni siquiera lo preguntaba…
—No tienes ningún compromiso ahora, ¿no? Yuuri.— "¡¡Muy cerca, muy cerca!!" La cabeza de Yuuri hecha un desastre y su poca labia le estaban dando la pauta para que siguiera.—Sabes, no creo que vengamos de nuevo a Japón y quería llevarme un recuerdo.
—¿Recuerdo?— Preguntó estúpidamente, sudando ante el atrevimiento de la chica de invadir su espacio personal. El cual parecía que muy pocos respetaban, o sabían que existía.
—¡Ajá! Y te ves seguro.— Sonrió ampliamente.—Siempre quise experimentar un affaire, algo de unos momentos… sin compromisos y seguir siendo libre.— La muchacha, completamente soñadora extendía brillos mientras lo miraba esperanzada.—Claro que sin intercambiar teléfonos, ni nada. Claro si quieres.
El cerebro de Yuuri hizo dos más dos y le dio cuatro. Lo que la chica quería era un amante de una noche sin compromisos. La verdad nunca le había planteado una situación tan clara como ahora mismo. Su propia persona había dado vueltas en indecisiones por años. El ejemplo claro era Wolfram siendo constante en sus sentimientos y con esa insistencia —parte capricho— había hecho que cediera.
Yuuri iba a negar, realmente iba a negarse, arriesgando su única posibilidad de conocer a una mujer en la cama. Pero… recordó que actualmente no estaba comprometido a nadie y probablemente Wolfram estaba con otra persona y casi por inercia asintió levemente.
Pudo sentir lo pasional que era la muchacha a la hora de besarlo con la boca totalmente dispuesta a recibir un beso húmedo.
Por un instante de segundo se sintió patético de no tener la misma determinación que ella, o al menos tener las cosas tan claras como esta chica que ahora estaba prácticamente sacándole la piel del cuello con sus largas uñas.
¿Y ahora qué?
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—Heika, no esperábamos su regreso tan rápido.— Conrart sonrió en plena noche, con Günter a su lado, mientras trataba de ponerle una toalla en los cabellos para que su ahijado no pescara un resfriado. Más no esperaba que este, completamente ausente, cacheteara su mano apartándola.—¿Paso algo en la Tierra?
—¿Wolfram está en su habitación, Conrad?— Habló apagadamente, dejando que el flequillo obnubilara toda su vista. Conrart lo miró parpadeando. Tras asentir, Yuuri ignoró todo llamado que le hizo Günter ante la idea de ir empapado dentro del castillo.
Los labios le temblaban del frio y su remera simple se pegaba a su cuerpo como una segunda piel; pero —ahora mismo— todo lo que quería era poner las piezas de su mundo en donde deberían estar. Sin tener la necesidad de pensar mucho en lo que ocurría.
La primera vez que había sido infiel (dado que nunca firmó los papeles) y sentía un horrible miedo e inseguridad; claro que no iría a decirlo —o gritarlo a los cuatro vientos—, y también estaba la necesidad de saber que Wolfram estaba en la habitación. Durmiendo solo.
Después del roce que había tenido en el bar con la chica, esta lo había invitado a su departamento. No había sido nada del otro mundo pasar. Pese a su nerviosismo. Pero todo había sido tan frio que le asustó ver la realidad. A continuación la chica lo había tumbado en una cama de dos plazas y se había subido encima… y… los demás detalles eran lo de menos.
Lo que le asustó fue haber sido consciente que más de una vez había visualizado a Wolfram en el rostro de la chica y otras veces había comparado el tacto de uno y del otro. Era un idiota, un enclenque. Y lo peor de todo era que su peor miedo se estaba haciendo realidad.
Aún era muy pronto para determinar que estaba enamorado de Wolfram, necesitaba un poco más de tiempo. Él, por desgracia, no podía ser tan lazando y determinado como la chica, pero eran cosas que hacían a su persona y dudaba que pudiera cambiar ese aspecto suyo. Probablemente moriría siendo un enclenque. Su inseguridad palpitó de nueva cuenta en su pecho al darse cuenta que había amanecido con una extraña rodeándole la cintura; y miles de pensamientos acumulados en alguna parte de su cabeza que estallaban en el mismo espacio.
En una fracción de segundo se había dado cuenta que no importaba cuantas veces hiciera esto, sino que la costumbre de tener a Wolfram a su lado era lo que hacía la diferencia.
Todo lo desconocido no sabría como afrontarlo y lo que conocía era algo a lo que acoplaba y respondía magníficamente. Su cuerpo reaccionaba con Wolfram, así como con la chica. Ya se le estaban acabando las excusas para distanciar al Mazoku de sus sentimientos.
Lo peor de la noche era haber salido del departamento y haber visto una pareja de homosexuales pasear a un cachorro en el parque estaba frente. Aún podía recordar sus pensamientos mientras se quedaba estático mirándolos. ¿Podría mostrarse así al mundo? ¿Podría llevar de la mano a Wolfram en su parte del mundo? Seguro… esta pareja aprovechaba a mostrarse públicamente cuando todos dormían, pero eso no dejaba de ser una imagen.
Y lo peor de todo era que se veían felices.
Yuuri recuperó un poco de la respiración al llegar hasta al cuarto donde se quedaba Wolfram todas las noches. Primero junto aire en sus pulmones con la incertidumbre de que, probablemente, no estuviera durmiendo. Mierda, mismo podría no estar allí. Abrió la perilla con parsimonia y asomó primero sus ojos y luego su rostro, sin poder evitar el soltar el aire al notar el ovillo que era su prometido sin sábanas.
Según la ropa que usaba se había quedado dormido después del baño, dado que el pijama era inexistente y unos pantalones oscuros y una camisa abierta era todo lo que tenía. Sonrió un poco descalzándose y ahogando una maldición al haber rechazado la toalla que Conrart le brindaba.
Con paso tranquilo, Yuuri camino hasta la otra punta de la cama, gateando por el colchón sin dejar de mirar el perfil de su prometido en el proceso. Sabiendo del sueño profundo de su prometido aprovechó la ocasión para apartarle un mechón del rostro y mirarlo en su plenitud.
Los sentimientos comenzaron a aflorar con culpabilidad al saber que mientras él estaba acostándose con una desconocida Wolfram había estado dormido todo el tiempo. Más su egoísmo podía al sentirse satisfecho con el hecho. Se acomodó húmedo y todo y cruzó su brazo en la cintura casi inexistente de Wolfram, ocultando su rostro en su espalda, cerrando sus ojos, dejandose vencer al sueño.
Ahora mismo cada cosa de su mundo estaba en donde debería estar y Yuuri no podía estar más satisfecho con eso.
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tbc
