Capítulo 2
"Indio"
Como hombre, México nunca pensó dormir con otro sujeto. Las conciencias nacionales eran diferentes, ellas podían hacerlo con quien quisiesen sin remordimientos. Ellos no tenían hijos, no así, de repente. Un hijo para una conciencia nacional surgiría de la unión de los pueblos y raíces, la unión sexual de ellos no era tan importante. Así pues, podía seguir penetrando a Alfred sin temor alguno y escuchar los gemidos que emitía en todo el baño.
Juan se sentía mal, sabía que un hombre herido en su orgullo es capaz de bajarse más para caer más rápido. Se preguntaba mientras se lo hacía si 'América' le correría de la casa al terminar. Se sentía bien, así que decidió disfrutar eso lentamente. Calmó su desesperación al besarlo. Le besó y pensó en todos los miembros que habían pasado por esa boca. De alguna manera no sentía asco. Veía su rostro, veía como con un simple beso se había excitado de sobremanera. Entonces, le dio ternura, y siguió besándolo, su cuello y tórax también. Era suyo en ese momento y Alfred, nunca había sido besado por ninguno de sus amantes.
-OH, please Joan…I'm coming…!
El individuo rogaba más y no pensaba. América, como hombre poderoso tenía el derecho justo de tener un amante y disfrutarlo. Terminó todo y pensó en que la situación había sido favorable. Podía hacerlo por gusto y de ahí, seguir jodiendo con quien le mandasen. Juan le vio en el piso. Tomó la toalla que traía y lo secó. Le limpió lo sucio y lo cargó a su cama. Le vistió y arropó y, por último, se introdujo en ropa interior a la cama para dormir abrazados. Juan no podía dejarle ahí, estaría ya muy 'usado', pero no por él. Respeto.
Cuando Alfred notó lo que hacía solo se agachó. Un hombre le trataba bien y con respeto. Estaba muy rojo y apenado. Lloró un poco durante la noche, cada vez más cuando Juan le apretaba el cuerpo contra el suyo. Lo último que le dijo fue:
-Buenas noches güero, sueña bonito y descansa.
Un beso en la frente y todo fluyó como nunca.
'México' era hombre de orgullo y dignidad, pero también de pasión y deseo. Alfred no decía dos veces si quería hacerlo. Juan ya sabía y ya estaba ahí. Se volvió el amante del dueño de la casa. A veces se lo hacía cuando venía de dormir con otros hombres, y le tocaba remarcar sus moretes o rellenarlo de semen más. A Alfred le excitaba mucho y a Juan también. A veces le limpiaba antes o a veces iba a verle después de trabajar para que, como recompensa, Alfred le hiciera un oral y de ahí tuviese el control de la situación. Alfred cerraba más tratos. Juan juntaba más dinero. Mientras Alfred se sentía más poderoso, Juan más con fianza le tenía.
El pobre, el naco, el guarro, el malhablado, el sirviente, el ilegal, el mojado…el indio…se enamoró.
'un indio quiere llorar' dice una canción muy vieja. Este indio lloraba poco a poco cuando le veía venir muy ultrajado. Pero se aguantaba 'como los machos' y lo ayudaba y no se lo hacía aunque el quisiese.
'Lluvia de plata, que cae sin parar.
Casi me mata, de tanto esperar.
Un beso mojado de luz, sella nuestro amor'.
Juan sabía cantar y Alfred escuchar, y llorar. Entre más español sabía, mas sentía esas canciones que tanto despreció. Y en lugar de tener un momento de sexo intenso, era arropado y cuidado toda la noche y parte de la mañana. Tuvo a Juan de chofer las veces que no se sentía tan bien y más canciones 'bonitas' escuchaba. Su sirviente le cuidaba, y le quería.
Esa nación con más de trescientos años de libertad, estaba impresionada por un país pobre. Las conciencias de naciones, a veces olvidan todo lo que les rodea, cuando sus propios seres son maltratados por su gente. Una conciencia de nación va a estar bien si el pueblo está bien. Pero puede estar mal aunque el pueblo esté bien. Aunque el pueblo tenga dinero y aunque todos odien lo que a él, como individuo, le gusta. 'América', la conciencia rica y poderosa nacional, se enamoró.
Vergonzoso.
Podía ponerse de rodillas frente a aquel moreno que le sonreía mientras lo lamía. Podía entonces, dejarse ver tal cual, como un niño mimado y engreído que no necesitaba tanto dinero, pero a la vez, si lo quería. Alfred arrancó el año nuevo como una de las potencias nacionales más poderosas y ricas del mundo. Tenía a muchos a su merced y, a la vez, ya no tenía que suplicar tratos con nadie. Dejó de dormir con otros hombres. El último que le tuvo fue su propio presidente
-Simplemente no puedo aguantarme las ganas Alfred, No te molesta, ¿Verdad?
-Claro que no, señor presidente, el honor es mio.
Cuando tuvo su último encuentro 'forzado' se dio cuenta de que la mayoría de marcas en su cuerpo habían sido hechas por Juan. El presidente lo notó. Las tocó y vio como éste se retorcía de placer.
-Ya no has dormido con ejecutivos, ¿De dónde salieron estas marcas, Alfred?
-De un amante que tengo por ahí.
-Ah.
Cuando regresó a su casa se metió de puntillas al sótano y a la cama de Juan. México le besó en los labios 'Bésame, bésame mucho, como si fuera esta noche la última vez' y le repetía y le tocaba con cuidado. Alfred ya era el hombre que se sentía indigno de esa voz. Lo hicieron entonces, y Lituania solo sonreía. Sabía que las cosas estaban bien.
Y las empresas crecieron y ahora todos le rogaban que pusiera sus trasnacionales en sus países. Comenzó a introducirlas en México, aunque él no supiera. No necesitaba saber, el vivía con él. Era su mayor tesoro, aunque le diese pena. Juan trabajaba más y más duro. Su moneda cayó y él enfermó. Las juntas internacionales se volvieron más frecuentes entre los países ricos. Ya se hablaba tanto que hasta temas sin interés económico se tocaban... ¡Sin interés económico! Debieron entonces, estar todos muy aburridos o desahogados. 'América' estaba a la cabeza, el héroe, el digno, el increíble capitalista absorbente. Ya había matado lo suficiente como para vengar las veces que había sido usado él mismo. Todo por el poder. El poder subió. Y la arrogancia también.
Juan conocía la verdad, lo frágil que era. Lo tierno y dulce, lo caprichoso de mocoso que tenía. Pero era su güero. Pero su güero le quería. Eran tan bonito el amor cuando se traspasaba la frontera, que él mismo se había saltado ya la barda para estar ahí. Pero medio enfermo, un día que salió a comprar, cuando vivía en un barrio lejos de su gente, todos le echaron de cabeza y la migra lo agarró.
-Esta junta será llevada a cabo por los países de más altos ingresos económicos a nivel actual con el fin de tranquilizar las angustias políticas que dentro de los países de clase media y baja se generan en contra de nuestro sector. Si tratamos con igualdad las cosas, todo puede resultar útil para todos. ¿Qué piensan ustedes?
Alemania, o mejor dicho, Ludwig, mediaba las cosas. Era una nación poderosa y no se sentía tan lejos de su pueblo. Pensaba por sí mismo, pero a la vez, la corriente del poder alemán le guiaba. Así son las conciencias nacionales, son un 'aborto' de todos. Así se crean por más que se nieguen. Son ególatras. Se aman a sí mismos.
-Si tuviésemos tantos recursos para gastarlos en la paz mundial, no tendríamos suficientes materiales para crear más cosas para nuestra propia gente. Todos tenemos problemas, no creo necesario un mediador o un punto igualitario. Todos salimos solos de nuestros problemas o nos apoyamos con intereses. Es la verdad.
Inglaterra, Arthur Kirkland, miraba pues, con seriedad hacia su antigua colonia. Hablaba directo a sus ojos azules. Las conciencias de países guardan sentimientos propios. Aunque ya no sea nada su gente con la otra, ellos son parecidos entre sí mismos. Entonces, por lógica, la gente también será parecida en el fondo a su ex conocido. América afirmaba. Todos estaban de acuerdo. La junta al parecer no duraría mucho. Seres que, con los años, perdieron la sensibilidad. Nada les haría recuperarla aunque viesen a tres de ellos morir ahí mismo. Después de todo, no sería la primera conciencia que verían morir. En el fondo lloraban todos.
Alfred, compuesto y en forma miraba hacia abajo a la mayoría. Era el rey en ese momento. Todos deseaban estar a su merced. Nada podía salir mal, necesitaba el dinero y el respeto. El respeto se tenía que calar en sus huesos y en los de su gente. Nadie pisa América sin que él lo permita. Nadie se mete con su país sin que reciba un castigo. De repente, se volvió un tirano. Y de repente, apareció uno de sus guardias.
-¡Mr. Alfred! Encontramos a este hombre sin documentación viviendo en la ciudad. Estaba trabajando como ilegal y jura que usted le dejó quedarse.
-Tráelo aquí.
Las juntas se realizaban en EUA. Era la elite de la elite. O eso pensaban todos sus habitantes. Eran ricos, no importaba como ni a costa de qué. No importaba a quien mataron o si sus gustos eran o no buenos. Ellos eran poderosos, nada tiraría eso. Todos los presentes en la junta miraron como dos guardias traían a un sujeto medio golpeado, en harapos, moreno y sencillo. No correspondía con nadie, ni tenía el dinero que el más pobre del lugar alcanzaba a poseer. Él era del tercer mundo. Desagradable. Pero estaba desesperado e inquieto. Balbuceaba cosas y miraba el sitio con admiración. Pobre, nunca había visto una sala de juntas. España y Francia, jugando consigo mismos como siempre, sentados en un rincón del fondo, oyeron el ruido. Fue extraño, se levantaron, miraron que pasaba y callaron. Solo Antonio, España, se admiró ante el hombre atrapado.
-Juan…
Y Francia lo cayó.
Y todos miraron inertes a Alfred. Todos escucharon fuerte y claro lo que, en esa junta importante, hablando de los países pobres y sus conflictos, se dijo.
-¡Güero! Diles pues, diles que tú me dejaste trabajar contigo. Diles que no es cierto que soy ilegal, diles que tú me dijiste que me harías legal. Alfred, diles todo. Yo sé que no tengo derecho a pedirte nada, pero por Diosito santo, yo se que tú les vas a decir. Ándale….güerito chulo….por el amor de dios….diles.
Las miradas pues, se fijaron más. Solo Antonio miraba a aquel que fuese de su propiedad, y agachaba el rostro conociendo lo que sucedería. Tal vez la historia si se repite, se dijo para sí el antiguo imperio español. Y tomó a Francis del brazo, y lo apretó fuerte, fuerte.
El americano, promedio de belleza y triunfo miraba a todos, miraba al guardia, miraba los ojos de su presidente en la mente, miraba a su gente de la zona habitacional, miraba a Inglaterra en sus tiempos mozos, miraba a sus héroes con compasión. Miraba pues, a todos esos empresarios que le habían ultrajado, a Rusia violarle otra vez, miraba entonces, todos los contratos empacados en su escritorio. Miraba su caja fuerte repleta de billetes verdes. Miraba su moneda circular por el mundo. Miraba sus logros y anhelos hechos realidad. Miraba su nombre en toda marquesina y estantería, y su firma en cada trasnacional del mundo. Miraba sus victorias en la guerra y en tratados. Miraba así la sala que él mismo había dispuesto para esos países que le necesitaban por interés. Y, con una mirada fría y superior, con el alma congelada y destripada por un águila real, con su cuerpo envuelto en rayas blancas y rojas y su cielo cubierto de cincuenta estrellas, observó a Juan.
-No tengo la más mínima idea de lo que habla este Indio. Take it and get it out of my country (llévatelo y sácalo de mi país).
'Un indio quiere llorar' a las afueras del centro de reunión del G8. Un águila para sobre un nopal devorando una serpiente había levantado vuelo. Fue y se comió el corazón del Indio Juan y desapareció. Los presentes se sorprendieron pero aprobaron las acciones. Antonio agachó el rostro. Se pegó más a Francis. Quiso correr a verle, pero no era necesario. Juan Antonio García Muñoz solo se agachó y cerró los ojos. Solo los abrió cuando se iba para ver a Alfred darle la espalda y seguir con la junta. En ese momento, mientras a forcejeos le metían a la patrulla, un indio lloró.
El rey, el emperador del comercio respiró hondo al terminar la reunión. Llegó a su casa y de puntillas se metió al sótano. Se metió entre las sábanas y abrazó la almohada vieja que había en el catre. El rey lloró un gran rato. Al salir, encontró a Lituania y le pidió un café. Un americano, como él.
Un mes tardó en saber algo de 'México'. Justo al mes de la nueva junta. Dentro de esa sala. Justo cuanto cuando todos estaba ahí, llegó su guardia de nueva cuenta.
-Mr. Alfred, lamento reportar un bochornoso incidente, pero es de alta gravedad y urgencia.
-Kevin, deja los rodeos y habla ya.
-Se descubrió en el desierto de Arizona un gran flujo de migrantes. Detuvimos a varios pero muchos trataron de escapar. Los guardias fronterizos tuvieron que verse en la necesidad de disparar señor, e hirieron a dos y mataron a tres. Normalmente no sería alarmante, si entre los heridos no se encontrase alguien como usted.
-Te dije que hablaras claro, Kevin. ¿A quién hirieron?
-A México. Le dispararon dos veces, una en una pierna y otra en el pecho hasta que se dejó de mover. Creo que le trasladaron a Cd. Juárez. No lo sé. El gobierno de los Estados Unidos Mexicanos no tiene derecho a reclamos señor, puesto que estaba cruzando un territorio ilegalmente. Los muertos eran dos hombres mexicanos y un guatemalteco. Todos ilegales, señor.
Y ahora, un indio ya no puede llorar. Y el águila que emprendió el vuelo alejándose de su nopal fue asesinada al cruzar la frontera. La arena se puso roja. Solo Antonio soltó una exclamación de sorpresa y dolor.
-¡JUAN!
Que él mismo calló con sus manos.
Las conciencias de nación sienten y sufren. Un hombre herido del corazón quiso pensar que todo era mentira, y que le recibirían con los brazos abiertos. Un emporio mandó a poner un muro para separar su territorio del pobre, podre Juan. México estaba en coma. No reaccionaba, no sonreía. Ya no cantaba y su gente moría de desesperación. Tenía dinero y comida pero nadie tenía para comer ni comprar. América respiró profundamente y cerró sus ojos. Esta vez solo le vio a él. Y esa sonrisa, esa sonrisa hermosa. Al terminar la junta, España se le acercó.
-¿Porque lo hicisteis? Él no lo merecía.
-I don't understand.
-Está bien. Como gustéis. Solo te diré que si le matas, te pesará para siempre. Y sé bien que entiendes español…él te enseñó después de todo.
Así, el emporio crecería sin obstáculos. Así, Los Estados Unidos de Norteamérica no se sobre poblarían de gente pobre que le roba el trabajo a su propia gente, o que realice los trabajos que ellos no quieren hacer…..espera, ¿Quién lavará el baño ahora? ¿Quién cosechará los vegetales transgénicos? Al parecer había cometido un error. Pero ya llegará más gente. Y su prestigio no se perderá.
Alfred llegó a su casa, de puntillas se metió al baño a vomitar. Tenía problemas con su alimentación y esta vez, no lavaba nada. Ya no dormía con hombres forzado…ni por gusto. Ya no lo hacía con nadie. Su cuerpo estaba limpio y pulcro al fin. Ni una marca, ni lesión. No tenía semen en su trasero o estómago. Inmaculado. Y su casa estaba sucia. Y su perro no se había bañado. Su auto tenía un letrero que decía 'lávame' y su corazón…ese fue violado. Y robado. Al día siguiente Alfred F. Jones no se presentó a trabajar. Estaba resfriado por toda el agua fría que le cayó de la regadera en la noche. Lituania lo llevó a acostar. Lo arropó. Le puso la calefacción y encendió el televisor. Todo era falso.
Herido y recostado pues, comenzó a cambiar el canal. Más de 300 canales disponibles gracias a su sudor y esfuerzo. Alfred pasaba el dedo en el botón una y otra vez, mientras comía papas y una hamburguesa. Mientras se tapaba más las arterias, recordó que Juan le dijo que eso le haría mal. Recordó también, que él le enseñó a comer basura. Así, recordó, que Juan estaba también recostado en una cama. En una pocilga. Que Juan no podía comer papas ni hamburguesas, que no podía cambiarle de canal al televisor. Recordó que Juan no se podía mover, ni despertar. Soltó un sollozo y no lloró. Las conciencias de naciones también sufren. Los países también se equivocan. Cuando un país comete un error no se lo dicen a la conciencia nacional, para que así, él solito también se equivoque. Y el dolor era tan grande que el rey, se desmayó. Una semana de impuntualidad mexicana tuvo Alfred en su trabajo. Una lección de frivolidad Americana, tuvo Juan en su herido corazón.
Y el coma, pasó.
