Disclaimer:Los personajes fueron creados por la maravillosa Stephenie Meyer. Yo sólo juego con ellos. La historia es una locura de mi extraña imaginación. Prohíbo la reproducción parcial o total de mis historias sin mi consentimiento.
CAPÍTULO 1
—Bella, tu madre te llamó hace una hora. Deberías llamarla, se escucha un poco ansiosa —comentó Alice.
—Gracias, Alie.
Mi amiga me sonrió y se fue a su cuarto.
Dejé mi mochila a un lado de mí, tomé el teléfono de la mesita y marqué el número de la casa de mis padres.
"¿Bella?" respondió.
—Sí mamá, soy tu hija —pude escuchar su risita al otro lado.
"Me da gusto escucharte hija. Te llame hace una hora pero Alice me contestó" explicó.
—Sí, Alice me dijo. ¿Necesitas algo?
"Estoy perfectamente bien, sólo quiero hablar contigo".
—¿Ocurre algo con papá?
"No, es algo qué tengo que contarte y prefiero qué sea en persona. ¿Puedes venir mañana después de la universidad?"
Si me hubiera llamado una semana antes le hubiera dicho qué no, pero ahora, sin Jacob no salía a ningún lado. Alice siempre lo intentaba pero no lograba convencerme.
—Mañana pasó por la casa, te quiero.
"Yo también hija. Tu padre te manda saludos, nos vemos mañana" sin más, colgó.
No había visitado a mis padres desde Navidad y estábamos a inicios de Febrero. Para mí, el tiempo había pasado volando por la universidad, además de qué ayudaba a mi amiga Ángela en la librería de su madre cuando ella tenía alguna emergencia.
Mi amiga llegó dando saltitos y se sentó a mi lado. Era tan gracioso verla siempre tan feliz y con mucha energía, a veces me preguntaba si acaso era recargable.
—¿Qué te tiene tan feliz? ¿Acaba de salir la nueva temporada de Prada? —mi adorada amiga era una compradora compulsiva.
—No, saldrá hasta la próxima semana —puso cara triste qué de repente borró.
—¿Entonces?
—Pues nada, ¡Mañana se estrena Two Lovers! —gritó, eufórica.
Era típico de Alice Brandon ponerse cómo loca cuando su amor platónico, Jasper Hale, estrenaba una película. Claro qué cuando se trataba de un romance de su actor se ponía histérica, era una fan obsesionada.
—No pongas esa cara, Isabella. Que yo sepa a ti te encanta Orlando Bloom —protestó con su ceja levemente alzada.
—Me gusta cómo actúa y todo eso, pero tú estas obsesionada con Jasper Hale —me miró mal, era mejor no hacerla enojar.
—Déjame, así soy feliz —se quejó, encendiendo la Tv en el canal E!
Seguí con mi proyecto de Lengua Inglesa en silencio por parte de nosotras, aunque la televisión era la que no dejaba de hablar.
En la mañana del viernes, cómo era costumbre, me levanté desde las seis de la mañana. Alice se había ido a correr y cuando regresó le serví su desayuno.
—Y ¿Para qué te llamo tú mamá?
—Para ir a verla después de la universidad, ¿Me podrías llevar?
—Claro, te espero después de clases.
Me contó de lo emocionada qué estaba porque su maestra de diseño había elegido dos de sus bocetos para una exposición en la universidad. Por mi parte, le conté qué iría con Ángela y Mike al cine.
Me dijo qué estaba haciendo bien en despejar un poco mi cabeza, en mi idioma era: ¡Muy bien, así olvidaras a Jacob! Una verdadera tontería, no se olvida fácilmente a un amor de años.
Fuimos a la universidad, yo estaba en el ala norte y ella en el este ya qué llevábamos diferentes carreras pero eso no impedía que comiéramos juntas o con los chicos.
Cuando salí Alice me estaba esperando en su Porche. Manejó hasta la casa de mis padres, ella conocía el camino porque constantemente me llevaba, mis padres adoraban a Alice cómo a otra hija.
—Me avisas para qué te pase a buscar —pidió.
—No hace falta, pediré un taxi.
—Ni se te ocurra hacer eso, ¿Y si te secuestran? —abrió apresuradamente los ojos.
—Eso no pasara, además no quiero molestarte.
—No es molestia. Además, así podemos ir después al centro comercial.
Siempre tenía un as bajo la manga y no podía nunca huir de eso. No me quería aburrir tanto, era viernes y bueno vivíamos en Chicago.
—Te mando un mensaje —me despedí de ella.
Toqué el timbre y esperé a qué María me abriera la puerta.
—¡Señorita Bella! Qué sorpresa. Ha crecido tanto —me abrazó por un momento y luego se disculpó.
—No hay problema. Usted sigue tan joven.
María era la que ayudaba a mi mamá a hacer la limpieza y cocinar. Era una señora de aproximadamente 53 años o tal vez menos, yo la quería mucho, fue como una niñera para mí. O una abuela, ya que la mía y mi madre no tenían una buena relación.
—Muy bien María, yo también quiero saludar a mi hija —bromeó mi madre, observándonos con una sonrisa.
Entré a la casa y cerré la puerta, por dentro la casa se veía enorme.
María se despidió y fue a la cocina.
—Hola Mama —le di un beso en la mejilla y la abracé.
—Si no te llamo no te dignas a venir —parecía indignada pero en su voz había una pizca de humor.
—Lo siento tanto, pero tu hija es una universitaria.
Sonreímos y nos sentamos en la sala clásica.
Mi padre trabajaba en la estación de policías, no de policía, él los entrenaba y ganaba bien, por eso vivíamos de una buena manera.
Recuerdo que cuando quise trabajar para pagar mis estudios me dio un gran discurso qué en conclusión era un no trabajaras mientras no te gradúes. Según él me podría gustar el dinero más que los estudios, no tenía caso protestar por lo cual acepté no trabajar. No le había dicho que ayudaba a Ángela en la librería.
—A todo esto ¿De qué quieres hablar?
—¿Recuerdas a Esme Cullen? —divagué un poco por mi mente.
—Es con la qué estuviste en el curso de repostería —asintió.
—Y mi mejor amiga de la secundaria, bueno me la encontré el otro día y empezamos a conversar, ya sabes recordar los buenos tiempos…
—Al punto, mamá —dije entre risas.
No quería qué me contara todo con lujos de detalle.
—No me interrumpas. Bueno, tiene un hijo famoso —comenzó.
—¿Famoso?, es un cantante o algo así —negó.
—Es actor. Se llama Edward Cullen.
Sí, había escuchado de él. Al parecer estaba grabando una película con Jasper Hale, la más esperada; al igual que Jasper, Edward Cullen era uno de los actores más famosos de nuestros tiempos y uno de los rostros más expuestos, me daba poca importancia en realidad.
—Vaya, qué coincidencias —murmuré.
—Te contaré todo, desde el principio.
Pidió dos cafés y mientras los traían se mantuvo en silencio.
— Alfred, el padre de Esme siempre pretendió que su hija se casará con un hombre de una alta posición social. Pero Esme conoció a Carlisle en una fiesta, empezaron a conocerse, se enamoraron y se hicieron novios. Todo iba bien, hasta que Alfred se enteró —hizo una pequeña pausa para tomar de su taza café—, no aceptaba que su hija estuviera saliendo con un muchacho de clase media, entonces comprometió bajo palabra a Esme con Joseph Vulturi, un hijo de uno de sus socios. Esme huyó con Carlisle y se casó con Carlisle a los 18 años.
No pude evitar reír, era la misma edad qué tenía mi madre cuando se casó.
—Después de un año de búsqueda, Alfred dio con Esme y se puso colérico cuando se enteró de que su única hija se había casado con Carlisle. La desheredó y cuando se enteró que Esme estaba embarazada, enfureció todavía más. Sin embargo, en su lecho de muerte le pidió perdón a Esme y la hizo firmar unos papeles, en los que le dejaba algunos bienes. Al menos los necesarios para qué sus nietos vivieran bien.
—Al parecer todo acabo bien —murmuré.
—En el testamento que Esme firmo, exigía qué su primogénito varón se casará a los 20 años con alguna de las nietas de sus socios, a no ser que éste estuviera comprometido o casado durante los seis meses consecutivos. Cuándo Esme se enteró se puso muy mal creía que su padre había aceptado todo el pasado pero se equivocó. Emmett, su hijo mayor lo entendió y para él no hubo problema pues se tenía una relación con Rosalie Hale.
—¿Rosalie Hale? —cuestioné, sonándome el apellido, Hale.
—Sí, la hermana de Jasper Hale. Sus padres son amigos cercanos de Carlisle.
—Qué coincidencias —dije, sorprendida.
—Entonces, se casaron y seis meses después perdió validez esa cláusula. Todo regreso a la normalidad, Carlisle se convirtió en el Director del hospital, Emmett se graduó en ingeniería y poco después Edward decidió ser doctor, aunque, poco después se volvió actor.
Terminó su relato con una suave sonrisa. La miré, sin entender del todo.
—¿Me llamaste para contarme esta linda historia familiar?
—No. Espera, todo iba bien hasta qué hace un mes cuando Edward cumpliría los veinte años, llegó el licenciado de Alfred con el testamento en el cual exigía lo mismo que el primero, sólo qué esta vez era para Edward —eso era sorprendente, que tu abuelo te obligué a casarte con alguien a quien no amas, es horrible e incomprensible.
—Eso es una tragedia, pero mamá, sigo sin entender a qué viene esto.
—Bella, déjame hablar para qué entiendas —exigió empezando a impacientarse.
—Está bien —guardé silencio pero ya estaba inquieta.
Mientras tanto le envié un mensaje a Alice para que pasase por mí.
—La cláusula del testamento estaba de tal manera que si no lograba cumplirse con el primero, lo haría con el segundo hijo o el tercero. La nueva clausula estaba más actualizada por órdenes de Alfred. En éste exige qué la prometida de Edward no sea de su círculo social, es decir, Famosa. El punto es qué Edward no quiere una relación formal y menos con alguien no famosa por miedo a que esté con él por su conocida fama.
Típico de famosos creen que la gente siempre estarán con ellos por su fama ¿Si eso les preocupa porque deciden ser famosos?
—Entonces pensé en ti —miré a mi madre qué empezaba a ponerse nerviosa.
—¿Qué hiciste? —dije recelosa.
—Yo le dije que, tal vez, tú podrías ser su prometida falsa.
—¿Qué? ¿Qué hiciste mamá? —empecé a cuestionarle —, ¡Mamá!
—Lo siento, pero supe qué terminaste con Jacob y se me ocurrió que así…
—¡No mamá! —la interrumpí—. Nada te justifica para comprometer a tu hija de esa manera a una locura —dije molesta.
—Lo siento, Bella. Pero sabes qué quiero lo mejor para ti, me pareció una excelente idea. Además todo quedaría entre familia, Esme es mi mejor amiga y yo la de ella. Además tú no estarías con las personas por dinero o fama.
—No, mama. El hecho de qué tu mejor amiga tengo un problema, no quiere decir que yo también debo apoyarla —siseé.
—¿Acaso no harías lo mismo por Alice?
¿Qué clase de pensamiento era ése?
—No, nunca comprometería a mi hija con el hijo de Alice o viceversa —me quejé, como si fuera cuestión de lógica.
—Sólo lo hago por tu bien.
—¡No puedes decir qué es por mi bien! Ni siquiera lo conozco.
—Por eso, haré una fiesta el domingo dónde vendrá él con su familia a conocerte —murmuró, tomando de su café, cómo si no estuviera diciendo locuras minutos antes.
—No cuentes conmigo —me levanté dispuesta a irme y zafarme de eso.
—Bella. Créeme, lo hago con una ilusión de verte feliz.
—Esto no me hace feliz —solté un suspiro.
—Si te presentas el domingo tomaré eso cómo una aceptación.
—Y si no vengo, será mejor qué Edward Cullen se busqué a otra cómo prometida —siseé de nuevo.
—Perdón hija. Sólo date ésta oportunidad, puede ser tu pase a muchas cosas.
—Si lo hago no será por su fama o dinero —dije indignada. Escuche el claxon del auto de Alice—. Nos vemos mamá.
—Adiós, hija.
Llegué al auto de Alice intentando no caerme, de momento no le iba a contar nada porque no había tomado ninguna decisión, y no pensaba hacerlo. No me iba a comprometer con un desconocido, menos con un actor que probablemente sobreactuaba.
—Te vez tensa.
—Estoy cansada, sabes cómo es mi madre —reímos un poco, lo qué relajo el ambiente.
Llegamos al centro comercial a las cinco de la tarde. Comimos en McDonald's y después compramos algunas ropas y unas que otras cosas. Cuando llegué al departamento me tiré enseguida en mi cama. Los pies me dolían y estaba muy cansada. Poco a poco los ojos se me empezaron a cerrar hasta qué dejé de pensar.
CORREGIDO 02/03/16
Muchas gracias por los Reviews
Si hay faltas de autografía díganme.
Les agradecería mucho si me dejaran un Review para saber si estoy haciendo bien la historia
Es la primera que hago asi y me gustaria que me dieran su POV.
Gracias a los que me agregan a sus favoritos y alertas me hacen Feliz :)
Ahora,¿me dejan un Review?
Lore Stewart.
