CAPÍTULO II
El señor Bennet fue uno de los primeros en presentar sus respetos al señor Bingley, lo hizo cuando el sol fue tapado por las nubes, no le gustaba andar con sombrilla cuando había sol, ese era un accesorio para mujeres cuando no llovía. Había una cosa realmente muy curiosa al usar el don del Glamour hace que los rayos del sol se sientan en la piel como un leve hormigueo que llega a ser muy molesto después de un rato (una incómoda privación sensorial), los semi vampiros tenían los mismos síntomas pero era porque simplemente su piel estaba cambiando. El Señor Bennet siempre tuvo la intención de visitar al Señor Bingley, aunque, al final, siempre le aseguraba a su esposa que no lo haría; y hasta la tarde después de su visita, su mujer no se enteró de nada. La cosa se llegó a saber de la siguiente manera:
Observando el señor Bennet cómo su hija se colocaba un sombrero y cogía su sombrilla dijo:
––Espero que al señor Bingley le guste, Lizzy
¿Así lo cree, papá? – comento ella algo divertida, estaba al tanto de la buenas nuevas, ya que leyó la noticia en los pensamiento de su padre.
–– ¿Cómo podemos saber qué le gusta al señor Bingley ––dijo su esposa resentida–– si todavía no hemos ido a visitarlo?
––Olvidas, mamá ––dijo Elizabeth–– que lo veremos en las fiestas, y que la señora Long ha prometido presentárnoslo – siguiéndole el juego a su padre
––No creo que la señora Long haga semejante cosa. Ella tiene dos sobrinas en quienes pensar; es egoísta e hipócrita y no merece mi confianza,
––Ni la mía tampoco ––dijo el señor Bennet–– y me alegro de saber que no dependes de sus servicios.
La Señora Long simplemente es humana – comento Marie – un ser algo egoísta, si se siente amenazada en algún aspecto de su vida, tratara de defenderse, de ahí viene su hipocresía para con usted madre.
Que malos, la señora Long si nos lo iba a presentar, claro está que simplemente nos iba a introducir levemente, no quiere desviar la atención del Señor Bingley hacia nosotras somos un peligro para sus sobrinas
La señora Bennet no se dignó contestar, dado que no encontró ningún fallo en lo dicho por su hija; pero incapaz de contenerse empezó a reprender a una de sus hijas.
–– ¡Por el amor de Dios, Kitty no sigas tosiendo así! Ten compasión de mis nervios. Me los estás destrozando.
––Kitty no es nada discreta tosiendo ––dijo su padre––. Siempre lo hace en momento inoportuno.
––A mí no me divierte toser ––replicó Kitty quejándose – simplemente necesitaba llamar su atención, la Señora Hill está a unos diez metros de la casa, dentro de nada podrá escuchar con claridad nuestras habladurías, además esta tos compulsiva en momentos inoportunos es parte de mi tapadera.
Querida familia, la Señora Hill esta tan al tanto de nuestro secreto desde hace tiempo – comento Lizzy seriamente ante la mirada asombrada de su familia – según lo que he leído en su mente, no ha llegado a una conclusión exacta de lo que somos, simplemente sabe que no somos totalmente humanos.
Pero eso es terrible – dijo su madre angustiada – Marie debes aplicar tu don en ella.
Marie asintió levemente
Debo comunicar que borrarle los recuerdos a la Señora Hill no nos beneficiaria mucho, es el Ama de Llaves de Longbourn desde hace unos treinta años, nos ha tomado cariño y según ella por más raros que seamos, su más firme deseo es permanecer con nosotros, es una señora mayor sin familia, ni allegados; es la persona más discreta y confiable que conozco.
Pero podría decírselo a alguien – le contradijo Lydia – mantener el secreto es nuestra mayor prioridad.
He leído su mente constantemente hermana, no sabe lo que somos ni desea saberlo, si eso significa que la alejemos de nuestro lado, además a cuidado de que ningún otro criado se entere de nuestras singularidades, por eso y más dejémosle tranquila.
Concuerdo con Lizzy – hablo finalmente el Señor Bennet – pero eso no significa que podamos hablar a nuestras anchas, es más quisiera que fueran un poco más discretas niñas y eso también va para usted Señora Bennet.
¡Señor Bennet! ¿Cuando – contesto su esposa algo abochornada – he pecado yo de indiscreción?
La Señora Hill entro a la casa. El Señor Bennet, continúo con el propósito que lo llevo a molestar a su esposa esa mañana, pregunto:
–– ¿Cuándo es tu próximo baile, Lizzy?
––De mañana en quince días.
––Sí, así es ––exclamó la madre––. Y la señora Long no volverá hasta un día antes; así que le será imposible presentarnos al señor Bingley, porque todavía no le conocerá.
––Entonces, señora Bennet, puedes tomarle la delantera a tu amiga y presentárselo tú a ella.
––Imposible, señor Bennet, imposible, cuando yo tampoco le conozco. ¿Por qué te burlas?
––Celebro tu discreción. Una amistad de quince días es verdaderamente muy poco. En realidad, al cabo de sólo dos semanas no se puede saber muy bien qué clase de hombre es. Pero si no nos arriesgamos nosotros, lo harán otros. Al fin y al cabo, la señora Long y sus sobrinas pueden esperar a que se les presente su oportunidad; pero, no obstante, como creerá que es un acto de delicadeza por su parte el declinar la atención, seré yo el que os lo presente.
Las muchachas miraron a su padre fijamente. La señora Bennet se limitó a decir:
–– ¡Tonterías, tonterías!
–– ¿Qué significa esa enfática exclamación? ––preguntó el señor Bennet––. ¿Consideras las fórmulas de presentación como tonterías, con la importancia que tienen? No estoy de acuerdo contigo en eso. ¿Qué dices tú, Mary? Que yo sé que eres una joven muy reflexiva, y que lees grandes libros y los resumes.
Mary quiso decir algo sensato, pero no supo cómo – usted, me está tomando el pelo, papá – negó lentamente con la cabeza.
––Mientras Mary aclara sus ideas ––continuó él, sonriendo ––, volvamos al señor Bingley.
–– ¡Estoy harta del señor Bingley! ––gritó su esposa, pero su mirada contrastaba enormemente con lo dicho, ardían en curiosidad. Esto no le paso desapercibido a su esposo.
–– Siento mucho oír eso; ¿por qué no me lo dijiste antes? Si lo hubiese sabido esta mañana, no habría ido a su casa. ¡Mala suerte! Pero como ya le he visitado, no podemos renunciar a su amistad ahora.
El asombro de las señoras fue precisamente el que él deseaba; quizás el de la señora Bennet sobrepasara al resto; aunque una vez acabado el alboroto que produjo la alegría, declaró que en el fondo era lo que ella siempre había figurado.
–– ¡Mi querido señor Bennet, que bueno eres! Pero sabía que al final te convencería. Estaba segura de que quieres lo bastante a tus hijas como para no descuidar este asunto. ¡Qué contenta estoy! ¡Y qué broma tan graciosa, que hayas ido esta mañana y no nos hayas dicho nada hasta ahora!
Es mi deber informarle Señora que no iba a privar de a mis hijas ni a Usted de su entretenimiento, El Señor Bingley cuenta con siete criados nuevos por lo que he podido conversar con él.
Eso es estupendo Señor Bennett. ¡es la segunda mejor noticia que me ha dado, en este día!
¿Padre, enserio vais a tomar un bocadillo con mamá dentro de estas semanas? - comento en un susurro una Elizabeth completamente indignada.
¡Eso es horrible! ¿Enserio tenéis que hacerlo? – comento Jane angustiada, y agrego también en un susurro – esa pobre gente…
¿Por qué nos juzgáis? Su padre y yo hemos estado en esta dieta desde que ustedes vinieron al mundo, pero no siempre ha sido así – dijo ofendida la Señora Bennet
Lo que su madre quiere decir es que ustedes tomaron la decisión de seguir este modo de vida actual, nosotros en cambio somos débiles, en este asunto, nosotros hemos visto al mundo de ambas caras, y por más que nos inclinamos para este lado, no podemos dejar de ver lo que ahí del otro, ocasionalmente.
Ahora ya que todo está aclarado, y el mundo no se va a venir abajo, entiendo la preocupación de mis hijas y sus ideas, pero todo esto invalida el verdadero motivo por lo que estaba tan eufórica hace un momento, el que su padre haya hablado con el señor Bingley primero y la fiesta que se dará dentro de quince días ¡son grandes noticias!
–– Ahora, Kitty, ya puedes toser cuanto quieras ––dijo el señor Bennet; y salió del cuarto fatigado por el entusiasmo de su mujer.
–– ¡Qué padre más excelente tenéis, hijas! ––dijo ella una vez cerrada la puerta––. No sé cómo podréis agradecerle alguna vez su amabilidad, ni yo tampoco, en lo que a esto se refiere. A estas alturas, os aseguro que no es agradable hacer nuevas amistades todos los días. Pero por vosotras haríamos cualquier cosa.
¿Por alguna razón, querida hermana - dijo Elizabeth a Jane – no te sientes como un gran pedazo de carnada fresca?
¡Y qué gran pescado vamos a atrapar! – comento Jane tratando de aguantarse la risa.
Eso si es que ustedes muestran interés en la pesca, sino todo esto no serviría de nada, y si es así, pues el objetivo de todo esto no es más que nuestra diversión – comento encantada la Señora Bennet, haciendo que sus hijas riesen a más no poder y limpiándose una lagrima agrego – ahora hijas mías, compórtense a la altura, hagamos que la sociedad de Meryton algo más divertida, para eso debemos alistarnos para el baile. ¡ah! Y Lydia, cariño – dijo la Señora Bennet con ademan divertido - aunque eres la más joven, apostaría a que el señor Bingley bailará contigo en el próximo baile.
––Estoy tranquila ––dijo Lydia firmemente––, porque aunque soy la más joven, soy la más alta.
El resto de la tarde se lo pasaron haciendo conjeturas sobre si el señor Bingley devolvería pronto su visita al señor Bennet, tratando de que Jane fuerce su don para ver el futuro, y determinando cuándo podrían invitarle a cenar.
