LA PASIÓN DEL BUEY

Sábado.

El edificio de departamentos estaba inusualmente silencioso, o eso le pareció a Eiji Kashii luego de terminar de leer el periódico y levantarse para servirse una taza de té, observó la hora, casi las siete de la noche, supuso que su vecina no tardaría mucho en regresar a casa, lo cual sería perfecto, hacía apenas un par de horas que le habían llegado varios mensajes de diferentes ejércitos solicitando que ambos se unieran a las diversas causas de cada país, ya había considerado las opciones en los folders sobre la barra de la cocina, había leído los informes que se mostraban en el periódico y tenía una decisión casi tomada, aun así no hizo ninguna llamada ni dejó aparte ninguna de las carpetas para hacer reservaciones de vuelo, muy por el contrario, decidió acercarse a la ventana del departamento para observar la ciudad por la noche.

Mucho tiempo atrás, ni siquiera se habría dado el lujo de elegir nada, simplemente habría recibido un folder ya preseleccionado por alguien más, habría empacado sus cosas y se habría ido luego de verificar los itinerarios y transportes que se habrían seleccionado para él.

Algunos años después las cosas habían cambiado, él habría tomado una decisión para estas alturas y ya estaría planeando el viaje y acomodando sus cosas para irse de nuevo, después de todo, él había nacido para ganar batallas difíciles y salvar a los inocentes que se le cruzaban durante el trabajo... claro, eso era antes de hacerse de una socia y compañera que buscara más información en la red y ocasionalmente lo convenciera de cambiar de idea.

Sonrió al pensarlo, el dinero que ganaba se había incrementado lo suficiente como para hacer donaciones cada año a instituciones de ayuda para refugiados de guerra a lo largo y ancho del planeta, si bien le gustaba la comodidad y localización de su departamento, solo debía ocuparse de pagar el coste de su vivienda, tener un departamento no significaba mucho si consideraba que vivía ahí muy poco tiempo, a lo mucho utilizaría aquel lugar dos meses al año, los gastos grandes no los había efectuado él por completo, alguien más le había conseguido aquel departamento y pagado el enganche, lo había amueblado por él y se había encargado de descontarle el dinero que debía pagar por el lugar cada vez que le llegaba un cheque o cualquier suma de dinero por trabajo.

Aun si la vida se había complicado ligeramente para él, podía considerarse en cierto modo feliz, podía vivir bajo su propia filosofía y ayudar a otros, tampoco es que diera saltos de alegría o se dedicara a presumir de lo que tenía o hacía, pero podía decir que se sentía en paz consigo mismo y con el cómodo lugar al cual podía volver para descansar entre una batalla y otra.

Si alguien le llegara a hacer ver que vivía solo, también podía recordar que ya no era del todo así, tener una compañera de batallas había vuelto las cosas más animadas.

Apenas Aira Kanae se mudara al departamento que él le había conseguido justo cruzando el pasillo todo había cambiado para mejor, tenía alguien a quien escuchar con frecuencia, ya fuera para decidir su próximo destino o para pasar el rato en santa paz, ocasionalmente incluso se permitía ver alguna película con la guerrera castaña, aun si la mayor parte de las películas que la chica llevaba a su departamento tenían tramas estúpidas y chistes demasiado clichés, él disfrutaba de escucharla reír a carcajadas.

Repentinamente el sonido del elevador deteniéndose en su piso lo sacó de sus cavilaciones, la risa de Kanae era un sonido que podía reconocer en cualquier lugar del mundo, sonrió de lado, la chica había tardado más de lo usual en la visita que solía hacerle a su familia pero sonaba de buen humor, planeaba esperar a que la ojiverde llegara a su departamento, se cambiara por algo más cómodo y se relajara antes de ir a verla con los documentos en la mano cuando un sonido inusual llamó su atención.

Aira había llegado acompañada de alguien.

Podía saberlo por el cambio en el ritmo de sus pasos, por el eco de otras pisadas junto a las de ella y por los susurros de dos voces diferentes entrando por debajo de su puerta.

La curiosidad mató al gato... o en este caso, al buey, Eiji no pudo evitar caminar hasta su puerta y asomarse por la pequeña mirilla incrustada algo más abajo de su campo normal de visión, observando a su compañera de batallas riendo sin dejar de conversar y buscando sus llaves en la bolsa de mano que había llevado aquel día a casa de sus padres, junto a ella había un hombre de cabellos castaños muy cortos y ojos negros, posiblemente de la misma edad que ella.

Sabía que debía dejar de mirar, sabía que era irrespetuoso por su parte observar a Kanae mientras hablaba con aquel extraño sosteniendo las llaves de su puerta sin decidirse a abrir pero no lo lograba, finalmente el tipo que la había acompañado se acercó para darle un beso en la mejilla antes de dar media vuelta y marcharse.

En ese preciso momento dejó de mirar.

Sentía algo extraño en su cuerpo, algo frío y malévolo subiendo desde su estómago y apretujándole las entrañas en el proceso, su mandíbula estaba tan tensa que podía escuchar el rechinar de sus dientes, su respiración se había acelerado apenas un poco mientras notaba perfectamente los pasos del extraño caminando por el pasillo, la puerta de enfrente abrirse, los pasos de Kanae al ingresar a su departamento, el elevador acercándose de nuevo para abrirse mientras la puerta de Aira se cerraba, el extraño esfumándose en aquella caja de frío metal que lo sacaría del edificio y de su vista, quería cortarlo en pedazos, quería oírlo gritar por piedad y misericordia mientras la sangre abandonaba sus venas y la vida se iba apagando en esos desagradables ojos negros y rasgados.

El buey tomó aire mientras cerraba los ojos, olvidándose por completo de los documentos en la cocina y la taza de té que se había hecho añicos en su mano para derramar el líquido caliente por todo el suelo, necesitaba calmarse, no recordaba la última vez que había sido presa de una sed de sangre tan potente y casi incontrolable... casi, porque luego de unos pocos minutos había sido capaz de controlarla.

Con la cabeza más relajada y sus instintos asesinos bajo control, Kashii salió de su apartamento, cruzando el pasillo y tocando respetuosamente la puerta que daba al departamento de la guerrera del tigre, la escuchó gritar lo usual, los pasos de ella apresurándose a la puerta y luego el seguro soltándose para poder abrir sin más.

-Eiji, hola.

-Buenas noches, ¿puedo pasar?

-Sí, claro, adelante - Contestó la ojiverde luego de dar un rápido vistazo a las manos de su vecino, encontrándolas vacías provocando que su sonrisa se agrandara para recibirlo.

-Ponte cómodo Eiji kun, ¿te ofrezco algo?, ¿café, té, una cerveza?

-Té, por favor - Respondió el pelinegro caminando hacia el único sofá del lugar sin quitarle la vista de encima a su anfitriona, esperando de pie junto al sofá.

-¿Quieres té verde o prefieres de algún otro?, ¡OH, ESPERA, ESPERA! carajo, lo había olvidado, mi padre me dio una caja de té tradicional, tiene como cuatro variedades diferentes de té, supongo que te gustaría probar alguno, ¿cuál te gustaría tomar? tengo...

-Lo dejo a tu elección.

-¿EN SERIO? Bien, veamos, entonces... ¡yeagh!, este huele realmente extraño... hmmm... creo que este podría gustarte - Comentaba la anfitriona mientras no dejaba de hurgar en la caja de madera que había sacado de su recámara conforme se dirigía a la cocina, sacaba una taza de barro de los estantes para colocar luego una coladera pequeña, encima las hojas machacadas del té que había ofrecido y colocando todo debajo de una máquina para calentar el agua - menos mal que encendí esta cosa apenas llegar, no debería tardar mucho en estar listo.

Kashii no podía dejar de observarla danzar por todo el departamento yendo de un lado al otro, abriendo el refrigerador finalmente para sacar lo que parecía una lata de café y darle un trago justo antes de asomarse a la taza de barro que estaba por terminar de llenarse, la observó apagando la máquina y verificar el contenido un par de veces antes de acercarse a él llevando ambas bebidas en una charola redonda en la cual había colocado también algunos dulces tradicionales.

-Disculpa que no trajera un poco de daifuku, sé cómo te gustan pero estaban agotados en la tienda.

-Está bien.

-¡Oh, pero siéntate! - Insistió la chica luego de acomodar la pequeña charola sobre la mesa del café y guiar a su visitante a la comodidad del sofá para luego ponerle la taza de barro en las manos - ¿te molesta si voy a cambiarme a mi habitación? me siento un poco incómoda con esta ropa.

-Adelante - Respondió el hombre secamente sin dejar de mirar, tomando nota del traje sastre en negro que la mujer frente a él había portado, probablemente desde la mañana, dejándose hipnotizar por la forma descuidada en que movía las caderas y como la falda del traje se abrazaba a su cuerpo, sin perder ni un detalle cuando la castaña fue a recoger los tacones que con seguridad había pateado fuera de sus pies al entrar a su casa.

Eiji sonrió ante aquel pensamiento mientras Kanae se ocultaba tras la puerta de su habitación, la cual estaba al otro lado de la cocina, se sentía repentinamente relajado y a gusto, su ataque de rabia de hacía unos minutos casi había quedado en el olvido cuando unos tímidos toquidos en la puerta lo obligaron a levantarse para caminar tranquilamente a responder, asomándose un momento a la mirilla antes de quitar el seguro de la puerta y encarar al sujeto al otro lado, irguiéndose de paso en toda su estatura para poder ver a aquel intruso hacia abajo.

-Kanae chan, olvidé preguntarte si... etto... ¿Kanae... chan?

-Está dándose un baño en este momento.

-Oh... vaya... ya veo... ahm...

-¿Necesitaba usted algo? - Soltó el guerrero del buey de manera glacial mientras sentía la sed de sangre comenzar a circular lentamente por sus venas otra vez.

-No... bueno... yo... ¿Kanae estará libre el miércoles?

-No, nos vamos de viaje.

-Oh... de viaje... ¿los dos?

-Juntos, si, Kanae no puede aceptar cualquier invitación que estuviera usted planeando hacerle, ¿se le ofrece algo más?

-Sí, ¡NO!... no... ahm... yo, la llamo luego.

-No le recomiendo que lo haga, casi nunca estamos en casa.

-¿Usted vive aquí también?

-Así es, ahora, si no le importa, Kanae me está esperando, vuelva a su casa o al lugar del que sea que salió.

-Sí, lo haré... un momento... ¿esperando?, pensé que Kanae chan estaba tomando un baño.

-Lo está.

-¿Y usted va a tomar un baño con ella?

Una sonrisa retorcida y maliciosa no tardó en aparecer en el rostro del buey mientras le dedicaba una mirada tendenciosa a su interlocutor justo antes de cerrar la puerta y echarle llave de nuevo.

-¿Eiji kun?

-¿Si?

-¿Hablabas con alguien?

-Un tipo perdido, le estaba dando algunas indicaciones.

-Muy amable de tu parte.

El aludido simplemente volvió a sentarse en el sofá mientras hacia un lastimoso intento por suprimir la sonrisa de victoria en su rostro antes de tomar de nuevo su taza de té.

-¿Te pasó algo bueno hoy? - Pregunto su anfitriona con curiosidad mientras abría un gabinete para comenzar a sacar algunas bolsas de botanas secas.

-No precisamente - Contesto el pelinegro en su tono de voz habitual.

-¿En serio? - Se detuvo la ojiverde a observarlo antes de abrir un cajón para tomar una cuchara y luego abrir la nevera para sacar un bote de helado napolitano - Juraría que comenzaste a sonreír repentinamente sin poder contenerte.-Sentencio Aira conforme caminaba de regreso a la pequeña salita para comenzar a acomodar la comida.

-Debe ser tu imagi... ¡oh!

Eiji no pudo terminar la frase, apenas había dejado su taza de té, se había enderezado para negar aquella acusación notando de inmediato un par de cosas; la sonrisa gatuna que la castaña le estaba dedicando sin dejar de verlo en ningún momento y el atuendo de la joven.

La guerrera del tigre llevaba la misma gargantilla de cuero negro que usara durante la Juuni Taisen, no había ni rastro de la cadena con la pata de tigre que colgaba de aquel accesorio en esta ocasión, llevaba tambien una playera blanca con estampado de postal inglesa cuyo amplio cuello dejaba ver no solo un demasiado familiar sujetador de tigre sino también incluso el ombligo de su portadora, por no hablar sobre lo escandaloso que resultaba el listón negro que salía directamente del pequeño short de mezclilla, abrazándose descaradamente desde la cadera hasta la cintura de Aira.

-¿Sucede algo Eiji kun? - Pregunto Kanae en un tono juguetón - ¿Acaso te comió la lengua el gato?

No contesto, estaba demasiado embobado observando lo que el escote de aquella playera dejaba ver como para alcanzar a comprender la insinuación y la pregunta misma.

-Mi padre te envía sus saludos por cierto, aun se pregunta cuando podrías, ¡HEY!

Aira se sentía repentinamente divertida mientras era súbitamente arrastrada a su habitación, imaginando que de haber estado la mesa vacía, el pelinegro la habría acorralado en la sala en lugar de tomarla de un brazo y darle un fuerte jalón para cambiar de ubicación.

-¡Dios mío Eiji! hoy tienes demasiada prisa.

Él no contesto, simplemente la lanzo a la cama mientras comenzaba a remover los tirantes negros y la corbata roja para luego desabotonarse la camisa blanca sin dejar de verla ni por un segundo.

-¿Puedo ayudarte con eso? - Dijo Kanae con tono seductor mientras se enderezaba un poco sobre ambos codos.

-No esta vez Kanae.

Ahora se sentía repentinamente sonrojada, su "amigable vecino" no solo se había deshecho de la camisa y de los zapatos, la estaba viendo como si ella fuera una presa y él un depredador dispuesto a devorarla, el solo pensar que rara vez la miraba de esa manera le dejaba la piel de gallina.

-Kanae, por favor, ¡brazos arriba!

La chica no se había dado cuenta de que había comenzado a tocarse mientras se perdía en aquella miraba negra y brillante, la orden, sin embargo, la había obedecido sin decir palabra alguna, era como ser hipnotizada.

El guerrero del buey sonrió de manera retorcida cuando ya solo portaba la ropa interior, no solo porque ahora podía unirse a su socia en el colchón acomodado sobre el suelo, también estaba complacido de notarla completamente sonrojada y obediente.

Una vez que Kashii se hubo acomodado cerca de su compañera, comenzó a tocarla, deslizando sus dedos por aquellas piernas fuertes y torneadas que sobresalían tanto por aquel short negro y corto que la joven llevaba, deteniéndose pensativo sobre uno de aquellos muslos apresado por lo que parecía un liguero poco común, carecía de decoraciones, en realidad parecían ser dos listones de satín negro cuidadosamente cosidos a un listón paralelo a la pierna de su portadora y saliendo directamente por debajo del short.

-Pensé que se me vería bien, ¿te gusta?

-Lo estoy considerando – Respondió Eiji en un murmullo ronco antes de continuar acariciando aquellas piernas a las que parecía haberse vuelto adicto, recordaba claramente que después de aquella primera vez en el Medio Oriente, se había aficionado a tocarlas de todas las formas posibles durante sus encuentros.

- Eiji.

- ¿Mh?

- ¿Con quién hablaste hace un momento?

- No lo sé y no me importa- Soltó el buey en un tono cortante mientras comenzaba a desabotonar el short de Aira para poder removerlo.

- Ok... mi padre, te envió saludos, habría vuelto antes pero me encontré con algunos ex compañeros del dojo.

- Mmh

Kanae sonrió al darse cuenta de lo concentrado que aquel hombre estaba, observando ahora la prenda de listón negro con la diminuta tela de estampado de tigre que había comprado aquella mañana, no era solo lo pequeño de la prenda o el estampado lo que habían llamado su atención, sino todos aquellos listones cruzándose entre sí sobre sus caderas y especialmente aquel que corría a lo largo de su muslo hasta dar la impresión de un liguero.

- ¿Entonces?, ¿te gusta?

- Mmh, podría, ¿serias tan gentil de darte vuelta?

- ¡Eres un estirado Eiji kun! - Sonrió Kanae mientras obedecía aquella petición, sintiendo al momento los dedos de su amante trazando el recorrido de aquellos lazos negros - Fui a comer con mis ex compañeros, estábamos por ir al karaoke pero, no soy buena cantando, así que Takeshi kun me acompañó a cas, ¡OUCH! ¡EIJI! ¿ME NALGUEASTE?

- ¡Lo lamento Kanae, no era mi intención!

- No estarás celoso, ¿o sí?

No hubo respuesta, al menos no una bocal, el pelinegro se había limitado a ignorar la pregunta mientras comenzaba a romper la playera de la castaña, desatando velozmente el nudo que mantenía el sostén de tigre en su lugar antes de darle vuelta a la mujer en la cama para quitar aquella tela de su camino y comenzar a pasear sus manos y su boca por aquel cuerpo a su disposición.

Pronto Kanae se dio cuenta de que aquellas caricias dejarían marcas muy evidentes en sus clavículas, senos y abdomen, sonrió divertida.

- ¡Estas celoso!, el genio de la masacre esta celoso de un tipo que a duras penas llego a ser cinta café.

- No estoy celoso Kanae - Aseguro el pelinegro a la par que se interrumpía para colocarse sobre su víctima y sujetarle las muñecas por encima de su cabeza - ¿porque debería estar celoso? solo tenemos sexo de vez en cuando.

- Cierto, es lo que llevamos diciendo desde hace dos años para no tener problemas en el ejercito... solo sexo.

- Fue tu idea.

- ¡Y a la mierda con eso!

- ¿Estás molesta?

- ¿Tú estás celoso?

Ambos se miraban a los ojos, desafiantes por completo como si estuvieran a punto de batirse en duelo a muerte el uno contra el otro, restándole importancia al hecho de estar semidesnudos y completamente solos en aquel departamento.

- No estoy celoso, si estuviera celoso, eso supondría que tengo algún tipo de sentimiento romántico hacia ti, algo completamente fuera de lugar dentro de la relación que sostenemos, por lo tanto, es incorrecto llegar a la conclusión de que estoy celoso.

- ¡Oh! así que no estabas esperándome porque me tarde un par de horas, simplemente te sentías caliente y decidiste venir y coger antes de ir a dormir.

- No

- ¿Soy solo un juguete tal vez? porque si esos no son celos, no entiendo tu reacción Eiji, ¡no creas que no me di cuenta de lo pronto que viniste a buscarme!, usualmente esperas al menos media hora luego de que llego antes de tocar a mi puerta, incluso cuando me buscas solo por sexo.

- ... no... estoy... celoso.

- Bien, entonces... hoy... no... coges, toma tu ropa y sal de aquí, ya no estoy de humor.

El guerrero del buey la observaba, el semblante completamente serio, sabía que había bastantes cosas sucediendo en la mente del pelinegro, pero no tenía ni idea de que cosas podían ser esas.

- Eiji, he dicho que te largues, - lo sintió aferrarla aun con más fuerza de las muñecas, como siguiera incrementando su agarre le dejaría marcas - ¡VETE!

- No

- ¡EIJI, FUERA DE AQUI!

- ¡NO!

- ¿PORQUÉ?, ¿por qué carajos no te largas?, soy solo un juguete para ti, entonces ve y busca otro lugar donde meter la verga, ¡NO ESTOY DE HUMOR AHORA!

- No me voy y no eres un juguete.

- ¿ENTONCES QUE CARAJOS SOY PARA TI?

Él había desviado la mirada sin soltarla ni un poco, cavilando su respuesta seguramente, ella sentía ganas de gritarle, de golpearlo, de lanzarle cosas y no parar hasta no ver la sangre de aquel guerrero en sus puños, pero aquello era imposible y lo sabía, no importaba cuan fuerte era ella, nunca había podido ganarle en los entrenamientos cuerpo a cuerpo una vez tocaba el suelo con la espalda, así que ni siquiera lo intento, se limito a observarlo fijamente, esperando por sus palabras.

- Kanae.

- ¿Qué?

- Para mí eres Kanae.

- ¿Y eso que chingados significa?

- Que no eres un juguete, no le confiaría mi vida a un juguete, no lucharía lado a lado con un juguete, ni pasaría tanto tiempo con un juguete, ni siquiera me molestaría si... yo...

- ¿Porque no puedes admitir que estabas celoso?, vamos, no puede ser tan difícil de admitir.

- Porque admitirlo me llevaría a confirmar cuan egoísta me he vuelto, cuan equivocado estaba cuando te ofrecí trabajar juntos.

- No entiendo que tiene que ver una cosa con otra.

- Kanae, yo... es que yo no...

- ¡SOLO DILO!

- ¡NO PUEDES SER MIA!

Silencio, no había habido tanto silencio entre ambos desde que Kanae dejara el hospital.

-¡Eres un idiota!, yo he sido tuya desde que me dejaste en esa tienda medica, he sido tuya todo este tiempo, y me vale madres si va o no contra las reglas, me importa un carajo si es ético o no... creí que me habías entendido cuando acordamos decir que solo era sexo, te dije que podía ser tu amante hasta que te hartaras de mi o me hicieras renunciar a la milicia, te lo dije pensando que entendías hasta que punto te pertenezco.

- No puedes luchar a mi lado y ser mía, o es una cosa o es la otra, las reglas son claras.

- ¡Que se jodan las reglas! mis sentimientos por ti solo se han incrementado, no veo que problema hay con eso, sigo haciendo mi trabajo sin ningún problema.

- El problema es si alguno de los dos es capturado por el enemigo.

- Eiji, yo estoy preparada para morir en cualquier momento, si es necesario, puedes tomar mi vida, prefiero morir por tu espada que morir por cualquier otra razón, y créeme, he tenido esa preferencia desde que supe que te volvería a ver en la Juuni Taisen; somos guerreros, pasamos más tiempo en el campo de batalla que aquí, técnicamente somos mercenarios, simplemente cambiamos nuestra contratación a una o a otra milicia, hemos peleado por demasiados países, y a decir verdad Eiji, aun si nunca hubiéramos empezado a acostarnos, yo peleo por ti, mi lealtad es contigo, no le debo nada a ningún gobierno ni a ninguna milicia, soy más tuya de lo que podría ser cualquier otra persona, así que explícame de nuevo, ¿qué tendría de malo que sintieras celos?

No supo que lo origino, pero repentinamente él había comenzado a besarla, era un beso demasiado intenso para ser solo un beso, había más información ahí de la que el buey habría podido darle con palabras.

El agarre en las manos del pelinegro finalmente cedió, la había soltado para poder tocar cada milímetro de aquella piel sin dejar de besarla en ningún momento, angustia, temor, posesión, deseo, culpa, amor, nostalgia, podía sentir tantas cosas al mismo tiempo mientras la besaba, mientras tocaba aquel cuerpo que parecía conocer de memoria, soltando aquellos labios carnosos para buscar los puntos sensibles en el cuello y los hombros de Kanae, necesitaba oírla gimiendo y suspirando de placer tanto como necesitaba respirar para seguir viviendo.

Ella por su parte no tardo en envolverlo con sus brazos y sus piernas, retorciendo aquellos largos cabellos negros antes de peinarlos lentamente, como si necesitara reconfortarlo de alguna forma, porque dijera lo que dijera, de sobra sabia todos los problemas que ambos tendrían que enfrentar si algo llegaba a pasarle a él, problemas en los que ninguno de ellos quería verse envuelto.

El tigre se dejo hacer mientras el buey le prodigaba caricias de manera incesante pasando por sus hombros, sus senos, su vientre, llegando hasta sus caderas donde se dedico a delinear con besos la estrafalaria prenda que la joven portaba, removiéndola apenas hacia un lado cuando había llegado a la zona más sensible de Aira, besando y succionando con total devoción mientras la guerrera del tigre no paraba de hacer todo tipo de sonidos placenteros.

- ¡Eijiiiii! ¡Ahhh! vas a... hacer que acabe... ¡nooo!

El guerrero se detuvo apenas lo suficiente para acomodarse sobre ella de nuevo y comenzarse a mover, Kanae se pregunto apenas un segundo en qué momento se había terminado de desnudar su acompañante cuando simplemente dejó de pensar, toda aquella estimulación y la repentina intrusión de su amante la habían conducido a ver estrellas.

Kashii la observaba sin dejar de moverse, sus estocadas eran lentas y profundas, había tomado la decisión de matarla de placer sin importar cuánto tiempo le tomara, si esta era la única forma en que podía reclamarla, se aseguraría de que ella en verdad no quisiera pasar demasiado tiempo lejos de él, después de todo, no podía permitirse volver a sentir esa sed de sangre, estaba seguro de que la próxima vez dejaría algún cadáver tirado en el basurero del edificio.

Esa noche el encuentro fue en verdad el más largo que habrían tenido hasta el momento, el buey había seguido con el mismo ritmo mientras le dejaba marcas pequeñas por los hombros y el cuello a la guerrera del tigre, esperando pacientemente a que ella volviera en si para levantar y abrazar una de aquellas piernas largas lo suficiente para seguir ahí con su sesión de besos mientras una de sus manos se encargaba de estimularla donde sus cuerpos se unían, deleitándose con los gemidos de Kanae en el proceso.

Un poco después la habría vuelto a cambiar de postura, justo después de que ella se recuperara de un segundo orgasmo, volteándola por completo para abrazarla desde la espalda.

Cuando todo hubiera terminado ambos estaban bañados en sudor, abrazándose, acostados de lado en la cama, el cuerpo de Kanae se encontraba lleno de manchitas rosadas desde el cuello hasta los pies aunque en aquel momento no parecía importarle demasiado, en realidad, su preocupación era otra.

-Eiji

- ¿Mhh?

- ¿Podrías quedarte a dormir? aunque sea solo por esta vez.

- No, creo que recibiré algunas llamadas por la mañana, si no contesto, alguien seguro vendrá a buscarme.

- ¿Tenemos trabajo?

- Planeaba discutir eso contigo cuando llegaste con ese tipo.

- ¡Feh! Eiji, estabas celoso entonces.

- No pienso volver a discutir sobre lo mismo Kanae.

- Bien, bien, estabas preocupado porque un civil insignificante muriera tratando de abusar de mí entonces, ¡tú siempre pensando en la comunidad!

- ¡Kanae!

La aludida simplemente lo empujo un poco antes de recostarse sobre su pecho desnudo con los brazos cruzados bajo su barbilla sin dejar de verlo completamente seria.

- No diré que te amo porque eso sería problemático, pero puedo asegurarte de que eres la única persona con la que deseo pasar mi tiempo, el único con el que comparto mi cuerpo, así que por favor, confía un poco más en mí... y admite si te vuelves a sentir celoso de alguien, prometo sacarte esos sentimientos de la cabeza - afirmo Kanae con su sonrisa gatuna antes de besar a su amante en los labios y hacerse a un lado, dándole la espalda y preparándose para dormir.

Eiji la observaba sintiéndose avergonzado, deseaba volver a la tibieza de su cuerpo y quedarse ahí hasta la mañana pero sabía que no debía hacerlo.

- Kanae dono.

Ella volteo apenas, con el seño fruncido y pocas ganas de hablar de trabajo.

- Escoge tú esta vez, ya me darás los detalles mañana, y no pienso hacer el desayuno, en realidad no me importaría desayunar en uno de esos buffets que tanto te gustan.

Él sonrió, pensando repentinamente en lo evidente que ya era la enorme cantidad de tiempo que pasaban juntos cuando estaban en casa.

Eiji comenzó a vestirse entonces, completamente reticente ante la idea de salir de aquella alcoba y cruzar el pasillo que separaba sus respectivos departamentos, quizás si se esforzaba en pensar un buen plan lograría encontrar como justificar lo que tenían, tal vez hasta podrían vivir juntos si jugaba bien sus cartas.

Sonrió al pensarlo, no era correcto salir de casa de Kanae a media noche, o hacerla volver a su propio departamento cuando perdían el control en casa de él, tal vez lo correcto sería corregir el problema de ubicaciones, aun si no podían darle el nombre adecuado a aquella relación o formar una familia, las palabras con que se definieran era lo de menos mientras pudieran estar juntos.

NOTAS DE LA AUTORA

Me costó trabajo, pero no logro sacarme a estos dos de la cabeza.

Mil gracias a todos los que hayan llegado hasta aquí, de momento no tengo planes de continuar esta historia pero la dejare abierta, sospecho que pronto habrá más imágenes de ellos dos juntos circulando por la red y, quien sabe, tal vez me den ganas de escribir otro drabble.

SARABA