(Los personajes no me pertenecen son de Rumiko takahashi)

Capitulo 2

Nuevos Comienzos.

Por fin había llegado, tardo el triple de tiempo de lo que tardaría una persona normal, él sabía perfectamente que su problema no era de una persona que se diría normal y estaba bien, al fin y al cabo ya había aprendido a convivir con eso y tampoco es que quisiese ser alguien del montón, tan poco fuera de lo común.

Se encontraba en las afueras de Ithabashi uno de los veintitrés barrios de su Tokio natal. Al llegar no pudo evitar pensar en ella, recordar era algo que no solía hacer o por lo menos trataba de hacerlo lo menos posible, sabía que no se encontraba muy lejos de aquel lugar que en algún momento pudo haber considerado lo más cercano a un hogar; acompañado aquel recuerdo una pequeña brisa pego en su rostro y lo hizo estremecer, cerrando los ojos sintió como antaño su perfume aquel que lograba envolverlo y darle calor en las noches frías de Nerima, lo sintió, tan vivo, tan real, como si el viento quisiera guiarlo hacia el lugar que nunca debió haber abandonado. Se vio nuevamente en aquel cuarto, en aquella cama, junto a Akane que lo abrazaba y le daba las buenas noches a un cerdito.

Inmediatamente luego de esa imagen una ráfaga de viento lo aparto de su ensoñación.

Revisaba cada frasquito minuciosamente antes de acomodarlo dentro de su contenedor, era la milésima vez que lo hacía o a ella le parecía eso, pero no podía evitarlo, estaba nerviosa, transpiraba como nunca, mas de una vez algún que otro frasco estuvo casi a punto de escaparse de sus manos, gracias a dios tenía muy buenos reflejos para evitar que sucediese, lo último que le faltaba en aquella situación era que uno de sus preciados frascos, especialmente preparados por su padre que contenían las especies para sus otonomiyakis se rompiera. Quería irse lo antes posible, ya no quería demorar un día mas y si eso llegara a suceder tendría que esperar a que su padre le enviara uno nuevo y no solo era un lujo que en esa situación no podía darse sino que, entre su carta de pedido y envió de su padre, tardaría más de una semana en llegar, además que estaría sin especies hasta ese momento y cada uno de esos frascos era imprescindible para los famosos otonomiyakis de U'chan que tanto le gustaba a sus clientes, sin ellos no podía abrir su negocio ni en Nerima ni en ningún otro lado.

Termino, por fin, después de todos los inconvenientes, de poner casa frasco en su lugar sanos y salvos, cerro el contenedor y lo cargo junto con las maletas en su camioneta que había comprado con los ahorros de los últimos meses, cerró la puerta trasera y casi sin pensar miro al cielo, era un hermoso día de primavera, quien hubiera dicho cuando llego allí a esa pequeña ciudad que iba a tener que irse así, sin despedidas, sin lo que vino a buscar, pero con montones de recuerdos, risas, llantos, amigos, enemigos, amor, desamor, todo absolutamente todo lo encontró en Nerima, hasta la resignación. Entendió que nadie compra su destino por mas promesas de su niñez y locuras de su adolescencia, entendió que el amor no es algo que se prometa sino que se entrega y que sucede sin explicación alguna, por fin supo que era hora de comenzar con su vida, dejando el pasado atrás, y para eso debía marcharse, la vida estaba llena de sorpresas. Ukyo sonrió, un poco con tristeza pero mayormente con esperanza, algo bueno lo esperaba, ella lo presentía. No, lo sabía.

Regreso a la puerta de U'chan, cerro por última vez aquel local y lo miro suspirando tratando de alejar el cansancio y las dudas de los últimos minutos. Así sin más dio media vuelta, se subió y arranco su vehículo decidida a avanzar nunca a retroceder, nunca a estancarse, siempre hacia adelante. Mientras se perdía por las calles evito desviar la vista al espejo retrovisor