Disclaimer | Nope, Shingeki no Kyojin no es mío. Es total propiedad de Isayama Hajime.
Advertencias | Universo alterno al canon original, emparejamientos crack y OOC. Puede incluir contenido que resulte ofensivo, menciones de incesto, indirectas o chistes de adultos y constante uso de lenguaje vulgar y coloquial. Continuas referencias a la cultura popular, frases o palabras extranjeras. Ligero crossover con el anime Hetalia.
Emparejamientos | Male!Ymir x Sasha, Armin x Historia, Bertholdt x Fem!Eren, Reiner x Annie, Levi x Hanji, Auruo x Petra, Jean x Sasha, Jean x Fem!Eren, Levi x Petra… entre otras menciones menores.
Si no estás a gusto con ello, mejor no leas y todos felices. Ya estás avisado :3.
Ecuación de la Suerte
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Capítulo 2 • Máximo común divisor
Para MakiMinnion, mi gemela perdida, en sus dulces dieciséis.
¡Feliz cumple, twin :3!
Algo golpeó su brazo. Levi no tuvo que voltearse para saber qué era y quién lo provocaba. Su —por desgracia— mejor amiga de toda la vida, Hanji Zoë, había estado fastidiándolo toda la última hora de clases de física como si no tuviera mejores cosas qué hacer, como prestar atención, por ejemplo.
La risita grave de Hanji llegó a sus oídos tal cual mosquito. Levi se alejó por la cercanía que ella había interpuesto solo para fastidiarlo, frunciendo el ceño a más no poder.
—¿Quieres quedarte quieta un minuto? —masculló exasperado, dirigiéndole una frívola mirada.
Hanji sonrió de oreja a oreja para luego taparse la boca con las manos en señal de no hablar más. Parecía una niña pequeña, lo que lo irritaba de sobremanera.
—No arrugues tanto el ceño o te pondrás más viejo, enano —susurró ella.
Levi puso los ojos en blanco, maldiciendo porque la tediosa hora de física no terminaba todavía.
—Muchachos —habló el profesor—, si observamos el plan de evaluación del trimestre, recordamos que hay un trabajo en parejas pendiente para dentro de dos semanas.
La multitud estudiantil estalló entre voces que difícilmente decodificaban un mensaje concreto. Pero todos tenían un mismo objetivo, llamar a un compañero para formalizar las parejas del trabajo.
Ante el alboroto de todos, Hanji aprovechó para enrollar sus brazos en Levi, el cual le propinó un fuerte empujón para que se hiciera hacia atrás.
—¡No tan rápido! —continuó el profesor alzando la voz entre las de sus alumnos—. Las parejas las elijo yo.
Las quejas no tardaron en llegar, incluso Hanji estaba gruñendo al igual que el resto de sus compañeros. Levi no entendía por qué tanto drama, si la física y Hanji eran como hermanas gemelas que se llevaban de maravilla. Él en cambio podía tolerarla y entenderla, pero no era su materia favorita.
El profesor comenzó a nombrar a cada uno de sus compañeros, asignándoles un compañero. Hanji soltó un suspiro a su lado.
—Espero que me toque uno que al menos colabore.
—¿Qué dices? Si terminarás haciendo todo el trabajo tú por temor a que el otro se equivoque en un cálculo.
Hanji sonrió arrugando la nariz.
—Tienes razón.
—¿Hanji Zoë?
—Presente.
—Con Mike Zacarius.
Hanji miró a la lejanía al muchacho más alto del último año. Éste le hizo una seña de saludo con los dedos mientras ella le guiñó un ojo.
—Levi Ackerman.
El moreno ni siquiera se molestó en hacerse notar. El profesor lo ubicó con la mirada, de todas maneras, ahora dirigiéndola a su lista de asignados.
—Con Petra Ral.
Levi monótonamente desvió sus ojos oscuros hacia la jovencita de cabello rubio rojizo en las filas traseras. Ésta sonrió tímidamente mientras que Levi apenas parpadeó como una señal no verbal de que la reconocía.
Por suerte la clase no tardó en acabar.
Él fue uno de los primeros que salió del aula, desesperado por reunirse con Erwin, su segundo mejor amigo —pero hombre esta vez— desde la primaria. Hanji lo siguió desde atrás, dando pasos largos para alcanzarlo.
—¡Cielos, tienes las piernas tan cortas y aun así caminas demasiado rápido!
—Tengo que encontrar la manera de huir de ti.
—Aw Levi, yo sé que en el fondo de ese corazón de cristal hay bondad.
Doblando una esquina del pasillo, Levi divisó su casillero. En la hilera de armarios Erwin los estaba esperando a la vez que conversaba cálidamente con una chica de anteojos y cabello platinado. Suspiró, Erwin era conocido como el casanova del último año y esa fama lo había vuelto un tanto… presumido.
A medida que se acercaban, la chica de lentes se despidió de Erwin y éste se giró hacia sus amigos. Levi lo ignoró completamente y se centró únicamente en sacar libros de su casillero.
—Hola a ti también, enano —espetó el rubio alto, recostándose de la hilera—. Parece que alguien se levantó hoy con el pie izquierdo.
—Je, eso es todos los días —se burló Hanji metiendo la clave en su propio armario—. ¿Quién era esa chica, Erwin? ¿Tu nueva cita?
—Algo así. Es de cuarto año, se llama Rico Brzenska.
—¡Oh, eso me recuerda que el baile se acerca! ¿La piensas llevar?
—Puede ser, aunque tengo muchas pretendientes. Ya sabes… hay que decidirse por una en especial.
Levi puso ojos de exasperación escuchando a esos dos hablar.
—Umm, ¿Levi?
Se giró ante su llamado, encontrándose con la mirada ambarina de su compañera de clases y ahora pareja del trabajo de física.
—Me preguntaba si podríamos reunirnos este fin de semana para empezar con el trabajo, si no te molesta.
—Claro, no hay problema.
La chica rubia sonrió y se alejó por el pasillo. Levi se volvió hacia su casillero para ahora cerrarlo, hasta darse cuenta de sus indiscretos amigos mirándolos como si ambos fueran espectadores de una patética escena de comedia romántica americana. Tenían unas sonrisas de mosquita muerta pintadas en sus enternecedores rostros.
—¿Y a ustedes qué les picó?
Hanji extendió la mueca de oreja a oreja, soltando una pequeña risita que se podía comparar con las de una hiena. Erwin se llevó la mano a la barbilla sin borrar la curva burlona en su estúpida cara, a su vez que subía y bajaba sus tupidas cejas pícaramente.
—¿Reunión el fin de semana? ¿En tu casa, en la suya?
—Ustedes, par de idiotas, no están invitados. Vamos a hacer el trabajo de física.
—Aja. —Hanji asintió como quien no se cree el cuento—. Ya verás, Erwin. A este paso, en nueve meses seremos tíos.
Levi frunció el ceño intentando descubrir qué tenían mal en la cabeza esos dos.
—¿Se les cayeron de cabeza al suelo de los brazos de sus madre o qué? —chistó el moreno.
—¡Tío Erwin! ¿A que estás tan emocionado como yo de que Levi tendrá su primera novia?
—¡Completamente, Tía Hanji!
Por suerte el timbre acababa de sonar y su próxima clase sería bastante tranquila sin la presencia de ese dúo de payasos. Sujetando mejor sus cosas, Levi se encaminó a través del pasillo ignorando completamente a sus amigos que lo llamaban para despedirse.
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—¡Oh por dios!
Sasha miró curiosa a Armin sujetar su teléfono frente a sus ojos. Hacía pocos segundos éste había emitido un sonido, muy parecido al de Mario Bros cuando agarraba una de sus características monedas de oro. Según él, de tantas veces que habían estado juntos, era su tono de notificación para correo electrónico.
—¿Qué? ¿Otra actualización de LoL? —inquirió Connie desinteresadamente a un lado de ella, sacando sus respectivas cosas del casillero.
—¡No! ¡Mejor!
Al instante, el rubio de pelo largo acercó la pantalla de su celular a la cara de Connie, quien al leer el contenido del correo terminó negando con la cabeza.
—¿Qué es? —curioseó Sasha, queriendo integrarse a la conversación.
—¡Mi encomienda de Amazon llegó a la oficina de correos! —chilló emocionado mostrándole el mensaje.
Sasha leyó atentamente cada renglón lo mejor que pudo, puesto que el pulso de Armin se había disparado junto a su alegría y temblaba demasiado. No pudo por menor fruncir las cejas hacia el centro con preocupación.
—Felicidades por tu… Tracy.
—Tracer —corrigió Armin—. ¡No puedo creer que ya esté aquí! ¡Llegó muy rápido!
—¿Al menos tienes para pagarla? —cuestionó Sasha. Se había fijado claramente en el precio a pagar por el retiro de la encomienda, que no era para nada barato contando con todas las exigencias que Armin había pedido para que su figura de acción llegara en buen estado.
Armin parpadeó por un momento, como si no supiera de qué hablaba su amiga. Volvió el teléfono a su propia visión y Sasha vio cómo su mueca de emoción, que se había transformado en confusión, pasaba a terror.
—Bloody hell*.
150 €, ni más ni menos, al menos no ahora. Pero si Armin dejaba aplazar el pago de la encomienda ésta generaría intereses en un 10%. Ni siquiera ella ganaba eso en su mesada.
Connie soltó una risa afeminada recargándose del hombro de Sasha.
—Parece que alguien no podrá masturbarse con su preciada reliquia esta noche —intervino Annie quien acababa de aparecerse junto a Reiner y Bertholdt.
—No es gracioso, Annie. No sabes cuántas semanas estuve esperando para tenerla entre mis manos.
A su lado, Connie estaba rojo de las risas. Algo le decía a Sasha que después de que Annie mencionara «masturbación» el chico calvo no dejaba de imaginárselo, y menos si Armin usaba frases como «tenerla entre mis manos».
—Cariño, hay mejores cosas en la vida real que una muñequita cara —opinó la rubia, acercándose a su propio casillero.
—Exacto, rubiales —añadió Reiner—. Por eso yo tengo a Annie.
Sasha miró a Bertholdt soltar un suspiro detrás de Reiner. Separándose de Connie, se aproximó hacia su mejor amigo. El chico alto apenas podía aparentar que prestaba atención a la discusión entre sus amigos, pero Sasha lo conocía muy bien y notó que su mente no estaba precisamente en el planeta Tierra.
—Así que, ¿hoy me quedaré en tu casa?
—Ah, claro —contestó Berth, dándose cuenta que Sasha estaba frente a él.
—Más te vale o no iré.
—No te preocupes, lo tengo todo fríamente calculado. —Berth se llevó una mano a la cabeza, despeinando a su paso todo rastro de pelo negro sobre ella.
—¿Te pasa algo?
—Es Ellen, me preocupa.
—No me digas, de nuevo en problemas.
—Exacto —resopló.
—Relájate, tiene solo catorce años.
—Sí pero cuando nosotros teníamos catorce no nos llevaban a la oficina del director por amenazar a un compañero con un lápiz.
Sasha enarcó las cejas con horror.
—¿Ella hizo eso?
—No, pero es capaz.
La pelirroja se encogió de hombros sin saber qué más decir. Consideraba a Berth entre todos los demás como su mejor amigo, que venía siéndolo desde hacía pocos años. Cuando ella llegó nueva a la escuela en quinto grado, él fue el primero en hablarle y rápidamente la acogió en su grupo.´
Ellen era una historia muy distinta. Aunque era la hermana de Bertholdt y había compartido uno que otro rato junto a ella en casa del chico, no era precisamente una chica con la que tratara seguido. No como Armin, quien hasta la consideraba casi su hermana, o Annie que de tantos años de ser amiga de Berth ya había lidiado con la menor. Hasta Reiner, y qué decir de Connie.
Sasha apenas le hablaba a ésta, y resultaba ser que esa noche estaría durmiendo en su habitación luego de la fiesta. Sería algo raro siendo Ellen tan… salvaje.
—¿Seguro que Ellen no tiene problema en que me quede?
—Sash…
—Le dijiste que me quedaré, ¿verdad?
Él inspiró hondo.
—¡Bertholdt Roderich!
—Ayer iba a decirle pero se encerró en su cuarto porque mamá la castigó hace días.
—¿Qué es eso de «lo tengo todo fríamente calculado», una táctica para que vaya y así pierda mis diez años de mala suerte por la maldición de fiestas de Reiner?
—En realidad son siete, querida. Pero si faltas a esta serán diez —terció el susodicho, posando una de sus enormes manos sobre el cabello rojizo de Sasha.
La chica rodó los ojos y se cruzó de brazos mirando a Bertholdt en espera de una explicación.
—Oye, cálmate. Carla lo sabe y tengo su permiso, eso es lo que importa.
—Por cierto, que deberíamos irnos ya, ¿no crees? —dijo Reiner.
—¿Irse? —repitió Sasha—. ¿Ya? Pero si son apenas las tres, ¿no tenían práctica de fútbol?
—Sashita, como se nota que no sabes nada de estas cosas —se burló el rubio—. Berth debe ir organizando todo para la hora de fiesta, y yo me he ofrecido en ayudarle.
—¿Van a pedir permiso para irse a arreglar unas pocas sillas y bebidas? ¿En serio?
—Rayos Sasha, ¿no me conoces? Reiner Braun no necesita permisos.
—No, pero sí pueden imponerle abstinencia de fiestas en su casa, también conocido como «castigos» —arguyó Annie por detrás de la pelirroja, cerrando su casillero.
—¿Te refieres a por qué no lo dejan tener fiestas ahora? —preguntó Connie.
Annie lo miró ceñuda, como si se sorprendiera que conociera las razones por las cuales Reiner no podía dar fiestas en su propia casa. Razones en las que obviamente ella, un auto y ropa interior femenina estaban envueltos y de las que Sasha hubiese preferido nunca haber sabido.
—¿Y tú, pequeña lagartija rosa, cómo rayos sabes de eso?
Connie se encogió de hombros cruzando los brazos tras la cabeza en actitud relajada.
—Me lo contó un pajarito, darling.
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—¡Mamáaaa! —llamó desde la entrada Ellen, quien acababa de llegar del colegio caminando debido a que su increíble hermano mayor había tenido la grandiosa idea de irse temprano del colegio ese día.
Había tenido que tolerar el sol de la tarde quemarle en su cara, cruzar la avenida llena de hombres asquerosos que osaban de mirarle las piernas descubiertas por la falda del uniforme y de paso ser víctima del proyectil de un endemoniado pajarraco.
Ese día no podía ser peor, sobre todo porque la perra de química debido a su arrebate de hace días había decidido eliminarle los puntos de comportamiento del examen más reciente, el cual hubiera aprobado de no ser por esos puntos menos.
Fantástico.
Y pensar que su hermanito daría una fiesta en la noche y ella no estaba precisamente invitada a ésta.
—¡Carlaaa! —gritó más fuerte en vista de que era ignorada.
Unos pasos provenientes de la escalera la alertaron de que su madre se encaminaba para recibirla. Su madre sonrió al verla y se acercó para darle un abrazo. Ellen casi quiso gritar, estaba hecha un desastre y lo que menos quería era que su madre la estuviera achuchando como a un bebé.
—Por dios, Ellen. Luces terrible —observó la matriarca una vez la soltó.
La menor formó una sonrisa sarcástica en su rostro. Como si no lo hubiera notado antes.
—¿Dónde está el traidor? Digo, Bertholdt.
—En el patio, arreglando todo para su fiesta de la noche. Y por favor, no lo llames así.
—Sí, lo siento —mintió—. Se me salió.
—Cariño, acabo de estar en tu habitación y está un poco desordenada.
—Ah sí, es que se me hizo tarde esta mañana y no pude doblar las sábanas. Pero ya me encargo de eso.
—Sí, porque recuerda que hoy tendrás una inquilina.
Ellen miró a Carla con una ceja alzada.
—¿Ah sí? ¿Cómo lo sabes?
—Berth me dijo.
Ellen frunció el ceño.
—¿Berth?
—Sí, corazón. ¿No sabes que invitó a su amiga Sasha a quedarse a dormir después de la fiesta? Va a quedarse en tu cuarto.
Ellen se quedó callada como por cinco segundos analizando fríamente lo que Carla acababa de notificarle. Al cabo de ese tiempo, tomó el suficiente aire en sus pulmones y gritó el nombre de su hermano.
—¡BERTHOLDT RODERICH JAEGER HOOVER, VEN AQUÍ YA!
Su hermano accedió a obedecer al poco tiempo de ser convocado. Carla observaba confusa toda la situación, casi a punto de reprender a su hija por todo el escándalo que había formado, hasta notar la amargura en el rostro de ella.
Bertholdt no podía lucir menos confundido en ese momento. Había dejado a Reiner a cargo de los arreglos en el patio luego de que escuchara a Ellen llamarlo desde la sala. Miró a Carla notando que estaba mucho menos enterada que él de lo que estaba pasando.
—¿Me quieres explicar ya mismo, hermano mayor, como es eso de que tu amiguita va a venir a quedarse a dormir en MI habitación? —exigió molesta, mirándolo con agresividad.
Berth se llevó una mano a la nuca.
—Sasha no tiene como irse después de terminar la fiesta y le ofrecí que se quedara. Y como es una dama y no puede quedarse en mi habitación, le dije que contigo no había problema.
—Ah pues, te aviso que tengo un grandísimo problema ahora mismo.
"Ah no", Berth se quejó mentalmente viendo los felinos ojos esmeralda de su hermanita. "No ahora, por favor".
—Mikasa va a quedarse a dormir.
—¿Ah sí? —inquirió Carla, viendo a su hija con una ceja alzada.
—Sí, mamá. Iba a decírtelo.
—¿Y cuándo, si se puede saber?
—¡Lo mismo le pregunto al pequeño Bertholdt! —señaló la menor—. ¿Cuándo me ibas a decir que tu amiguita dormiría en MI habitación?
—Hace días, pero te encerraste a jugar tu jueguito y no me dejaste.
—¡Pero ya había quedado con Mikasa!
—Y yo con Sasha, no puede irse después.
—¡Tú tienes auto, cerebro de alcornoque! ¡Llévala!
—¿Te recuerdo que papá lo llevó anteayer al taller por una falla y que él está de viaje a Rose con el segundo auto de la casa?
—¡Entonces vete con ella caminando, tú eres hombre!
—Muy bien, ya basta —zanjó Carla, interponiéndose entre ambos hijos—. ¿Por qué Mikasa se va a quedar aquí a dormir?
—Sus padres se fueron de viaje y su hermano mayor no la puede venir a buscar más tarde. Además —persuadió con la barbilla bien en alto—, es el mínimo consuelo que tengo por haber sido vetada de la fiesta de Berth.
—¿Te recuerdo por qué fuiste vetada? —retó Bertholdt cruzándose de brazos.
—¡A nadie le importa la vieja fosiluda en este momento, Bertholdt! ¡Me moriré de aburrimiento sola e íngrima en mi habitación, por lo menos Mikasa debería acompañarme en la miseria!
—¡Ya está bien, pues! —reiteró Carla con autoridad—. Arréglenselas entre ustedes, pero solo una de las dos se puede quedar.
Y tras su sentencia, Carla desapareció por el pasillo que daba hacia la cocina.
Solos, Ellen miró ceñuda a Berth con los brazos cruzados.
—Que no se haga muchas ilusiones tu amiguita, que más allá de mi puerta no pasará.
Él suspiró. Realmente quería que Sasha viniera a la fiesta, pero si se ponía a discutir con Ellen a esas alturas no iban a llegar a un acuerdo, ella se pondría a gritar y patalear como una niña caprichosa y Carla terminaría por impedirle recibir visitas y hacer aún peor su castigo de la otra vez. A pesar de todo, Bertholdt quería ahorrarles problemas a todos.
—Está bien, Ellie. Tú ganas.
La chica sonrió con autosuficiencia, dando un giro a sus talones para dirigirse a la segunda planta de la casa, donde estaba su habitación.
—¡Oye, Berth! —escuchó a Reiner llamarlo desde el patio. Llevaba abrazadas unas botellas de ron que al parecer les acababan de traer—. ¡Ven aquí y ayúdame!
Berth se llevó una mano a la cabeza, despeinando a su paso sus cabellos negros. ¿Y ahora qué le diría a Sasha?
*Bloody hell: expresión común inglesa para demostrar sorpresa. No tiene una traducción exacta al español, por lo que puede apreciar como cualquier grosería.
Creo que si yo tuviera un montón de dinero también estaría gastándolo en estupideces como Armin xDDD.
¡Espero que te esté gustando, twin!
Los quiere, Ayu.
