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Capítulo 2. Recuerdos

Las chicas llegaron a Bulgar. Un lugar que era poco conocido por ambas, pero sabían que conocer nuevos lugares las llenaría de muchos conocimientos. Poco sabían de su camino, pero sabía bien formarse lentamente uno. La castaña se habría detenido frente a un puesto de joyas de oro. – Sin problemas, pregunte señorita. – El encargado le sonrió mientras la castaña sonreía y veía un par de pendientes que brillaban de una manera peculiar.

-Giselle, estaré cerca de aquí, procura no moverte. – Dijo la peliverde cual hermana mayor, sonriéndole ligeramente y yendo a buscar víveres. La castaña le asintió, tomando los aretes para probárselos. Sin embargo, una voz masculina la habría interrumpido.

-¿Esos aretes serán casi tan hermosos como la chica bajo la capa? – Dijo un castaño que se colocaba a su lado, "galantemente". Una sonrisa boba de oreja a oreja y lo que parecía una armadura de jinete encima. – Quitemos esa capucha y comprobémoslo. – Le susurró a la castaña mientras estiraba una mano.

Giselle esquivó rápidamente aquella acción, abriendo de par en par los ojos. - ¿D-Disculpa? – El rostro de la castaña no podría estar más rojo. Lyndis, sin embargo, estaría viendo aquella escena mientras caminaba rápidamente hacia a ellos.

- ¿Cuál es tu nombre, bella dama misteriosa? – El joven jinete se intentó acercar de nuevo. – No hay necesidad para tanta timidez, no muerdo.

Lyn lo tomó del cuello de aquella camisa que se asomaba de la armadura, haciéndolo a un lado. – Permiso… - Dijo sin más, tomando a la castaña del hombro.

Aquella acción no pareció intimidar al castaño que sólo sonrió aun más. – Pero qué suerte tengo hoy, dos bellas señoritas que quieren pasar un rato con un noble caballero como yo. – Dijo, acomodándose el cabello, sonriendo coqueto.

Giselle pareció retener una risita nerviosa mientras que Lyn simplemente lo fulminó con la mirada. - ¿Quién te crees para hablarnos así? – La furia de la chica parecía irradiar no sólo de sus pupilas.

-Ya, Lyn… d-déjalo… - La castaña movió las manos, sonriendo ligeramente. – T-Tan sólo es…

Sin embargo, el castaño parecía no entender cuándo cerrar la boca. Sonrió aun igual, con la misma altanería, viendo a la peliverde. – Aaah, pues soy de Lycia. Una pequeña y humilde morada en Caelin, de ahí sólo salen hombres honrados, milady. – Dijo intentando tomar la mano de la peliverde, sin mucho éxito.

-Uy, sí, se nota. – Lyndis vio de reojo a Giselle y movió la cabeza. – Vámonos, Giselle, no quiero seguir hablando con este sujeto. – Sin más, Lyn tomó la mano de la castaña y caminó a la salida de aquel pueblo. El castaño seguiría diciendo un par de cosas que simplemente decidió ignorar mientras Giselle pensaba en qué hacer. – Ah, los caballos están estorbando la entrada. – Murmuró, viendo de reojo a aquel castaño, aun más molesta. – Claro, él es el dueño, ¿no?

Giselle parecía divertida con aquella situación. No imaginaba que Lyndis podría molestarse tanto con un chico que coquetease e intentase ser "amable". Sin embargo, ella no era así. Y no es que no le molestase que le coqueteasen, simplemente era demasiado tímida y cohibida para corresponder dichas acciones. Habría estado a salvo con la peliverde, tal vez. Al llegar con aquel chico, esta vez habría un pelirrojo que habría visto a Lyn un tanto desconcertado.

-¿Podrían quitar sus caballos? – La chica de Sacae dijo aquello sin más, cruzando los brazos, vio de reojo a los caballos aun en la entrada.

El pelirrojo hizo una ligera reverencia, asintiendo. – Por supuesto, disculpe usted. – El castaño sólo habría bajado la mirada, sin más. Ambos caminaron hacia sus caballos, moviéndolos un poco, lo suficiente como para dejar libre la entrada.

-Bueno, por lo menos tu pareces respetable. – Lyn dijo aquello, sonriéndole al pelirrojo.

Sin embargo, esto sólo pudo sorprender un poco al pelirrojo que la vio arqueando una ceja. – Disculpa… ¿no nos conocemos? – Dijo, achicando los ojos, esperando la respuesta de la peliverde.

Aquello no parecía ser un buen inicio de conversación. Lyn frunció el ceño, bastante molesta. - ¿Cómo dices?

El castaño soltó una risita y le dio un golpecito al pelirrojo. – Oye, Kent, yo la vi primero. – Dijo, sonriendo de nuevo coqueto ante la situación.

- Vámonos, Giselle. Ya me quedó claro qué clase de hombres son los caballeros de Lycia. – Lyndis se dio la vuelta mientras la castaña veía fijamente a aquel chico llamado Kent. No parecía un mal chico, a decir verdad, ninguno de los dos. La castaña terminó dándose la vuelta, corriendo tras la peliverde. Ambas caminaron sin decir una palabra durante unos minutos, antes de escuchar a alguien caminando cerca de ellas. No dijeron nada, intercambiaron unas miradas y asintieron. ¿Quiénes las seguían? – No son los caballeros de la ciudad. – Lyn dijo seria mientras colocaba a la castaña tras ella. Eran bandidos.

-Buen día, señoritas. – Dijo uno de ellos, sonriendo burlón mientras se acercaba a la peliverde. – Tu te llamas Lyndis, ¿no es así?

Lyn parecía aturdida ante aquello. - ¿Cómo es que...? ¿Quién eres? – La peliverde tomaría la empuñadura de su espada, achicando los ojos mientras sentía cómo se acercaban más bandidos a ellas.

-Qué desperdicio. Lo que tenemos que hacer por oro. – El bandido sonrió, moviendo la mano. – Llegó la hora, ¡vamos, chicos!

Estaban rodeadas. Lyn sonrió de lado. – Son bastantes, pero no me voy a rendir, menos si vienes conmigo, Giselle. – Se veía decidida mientras se preparaba para atacar.

La castaña tomó el hombro de la peliverde. – Lyn, tal vez pueda…

- ¡Ahí están! – Alguien se acercaba a toda velocidad. Su caballo se detuvo, relinchando mientras el castaño sonreía.– Aah, por fin llegamos. ¡Hey, ustedes! ¿Qué quieren? Tantos contra un par de damas, ¡cobardes! – Aquel chico sonrió divertido, tomando su lanza.

Lyn estaba sorprendida. – Tu... – Dijo seria, viendo a ambos chicos en aquel lugar.

Kent desenvainó su espada, viendo a Lyn din más.- Podemos hablar al respecto más tarde. – Señaló a los bandidos, sonriendo de lado. – Si estos quieren luchar, que se midan conmigo.

El castaño soltó una risita, moviendo su lanza. – ¡Yo me haré cargo, señoritas!

Lyn negó mientras se colocaba entre ellos. – No, son míos. Yo me encargaré, ¡ahora, váyanse! – Dijo mientras movía la mano.

El castaño bufó, rodando los ojos. – Venga, son muchos, no pienso quedarme aquí de brazos cruzados mientras acaban con ustedes.

El pelirrojo se acercó a Giselle, asintiendo. – Tu no llevas armas.

-No, señor. – Susurró. – Soy… una estratega que acompaña a Lyndis. – Dijo mientras hacía una ligera reverencia. El pelirrojo le estiró una mano, invitándola a subir al caballo.

- Tu nos puedes dirigir. – Dijo mientras veía a Lyn. – Soy Kent, caballero de Lycia. Este es mi compañero Sain. No podemos dejar que estos aprovechados las ataquen y resulten heridas. – Reverenció ligeramente, viendo a la peliverde. – Milady, obedeceremos en esta batalla. ¿Está mejor así? – Giselle le dirigió una sonrisita a la peliverde que sólo suspiraba, asintiendo.

Aquella batalla no habría sido larga. Ambos caballeros lycianos tenían bastantes virtudes y debilidades. Al final, mientras Kent ayudaba a la castaña a bajar de su caballo, Lyndis se acercaría al pelirrojo. - ¿Y bien? ¿Me contarán su historia? – Lyndis cruzó los brazos, esperando la respuesta.

Kent asintió sin más, viendo a Lyn. – Salimos de Caelin, en Lycia, buscábamos a alguien. – Carraspeó, viendo de reojo a su compañero. – Llevamos un mensaje a Lady Madelyn, se fugó con un nómada hace casi 19 años.

- ¿Madelyn? – Lyndis parecía bastante sorprendida ante aquellas palabras.

- Así es, la única hija del marqués de Caelin. Siempre ha parecido arrepentido de que ella se haya ido. Hasta terminó negándola. – Kent bajó la mirada. Parecía bastante consternado, entendiendo el dolor de su Lord.

Las palabras iban y venían. Lyn abría cada vez más los ojos. "Lady Madelyn, Lady Madelyn, Lady Madelyn". Parecía que era lo único que pasaba por su mente

- Eres idéntica a tu madre. – Dijo Kent mientras sonreía, interrumpiendo aquellos pensamientos de la chica. Giselle parecía sorprendida por aquellas palabras.

Lyndis no dijo nada y sólo vio fijamente al pelirrojo. - ¿La conociste? – Dijo con la voz quebrada, era fuerte, ella ya no volvería a llorar.

-No, no tuve esa dicha. Sin embargo, vi sus retratos en el castillo. – Kent se encogió de hombros nada más, asintiendo, seguro de lo que decía. - Cuando te vi, supe que eras su hija, no me cupo la menor duda, Lady Lyndis. – Dijo reverenciando ligeramente, al igual que Sain.

La peliverde simplemente negó, moviendo la mano. – Para mi tribu siempre fui Lyn. Pero para mis padres era Lyndis. – Sonrió cálidamente, bajando la mirada. – Es tan extraño… creí que estaba sola en el mundo, ahora tengo un abuelo – El rostro de Lyn se estaba iluminando con cada palabra que decía.

Giselle sonrió con dulzura. Ella pensaba que esa chica era fuerte, pero en ese momento parecía realmente conmovida por la escena. La castaña sintió una ligera brisa mientras veía al caballo del jinete pelirrojo. Un recuerdo llegó a su mente. El de una chica que veía una casa en llamas, mientras intentaba evitar que esas lágrimas rodasen por sus mejillas. Parecía que le decía algo a unos hombres detrás de ella pero ellos no respondían. ¿Qué decía? Repetía las palabras pero no lograba comprender ni una sola de ellas, Giselle se quedó aturdida por aquello hasta que sintió la mano de alguien en su hombro. – Giselle… - Kent dijo sin más, notando que la castaña se sobresaltaba al interrumpir sus pensamientos. – Disculpame, no quise asustarte…

-Vaya, qué malo eres, Kent. Asustar así a una dama. – Sain sonrió burlón, notando cómo la castaña se sonrojaba lentamente.

-N-Nada de eso, sólo soñaba despierta. – La castaña le dirigió una sonrisita al pelirrojo. Lyndis parecía un tanto consternada por aquello, sólo vio a Kent y asintió.

-Sé que te he pedido demasiado, Giselle. – Dijo, acercándose a tomar las manos de la castaña. – Me iré a Caelin, con mi abuelo. Es lo mejor, y tienes derecho a decidir qué hacer ahora. No quiero obligarte a venir conmigo. – Susurró. – Aunque tu compañía nos serviría de mucho, realmente.

Giselle simplemente guardó silencio. La chica sabía que debía ir a aquel lugar, pero ¿por qué? Tal vez si seguían hacia aquel lugar lo podría recordar. – Claro que iré contigo, Lyn. Si… no les molesta.

Lyn sonrió, soltando una ligera risa. - ¡Claro que sí! Tu ayuda nos será muy útil… encima, no quisiera abandonar la amistad que recién estamos formando. Muchas gracias, Giselle.

La castaña sonrió, volviendo a desviar la mirada al sentir de nuevo aquella brisa. ¿Qué pasaba con aquellos recuerdos tan vagos?