Nunca me olvido de las madrinas originales del Fic: Sonomi, Arwencita y Seika Lerki. Conste. A ellas gracias eternas. Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon. Por favor, quienes dejan reviews anónimas, atentos que les responderé al final del capítulo.

Un especial agradecimiento a Seika Lerki (¡DE NUEVO!), Tsuyu Ryu y Eckléctica, madrinas y lectoras de prueba de este fic, que me instaron e incentivaron a escribir y reformar, y que incluso pudieron ver escenas del próximo fic.

"Saint Seiya", la trama y sus personajes pertenecen a Masami Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. El personaje de Selene Ishikawa pertenece a Fanny Shadow y cuento con su autorización para usarlo. No estoy sacando beneficio económico de este escrito: nada más hago esto para relajarme y entretener a mi imaginación, eso es todo.


ADVERTENCIA.

Manual del Villano Para la Malvada Conquista de la Galaxia, Artículo 99: Cualquier fichero de datos de importancia crucial para mi Imperio del Terror, será dividido en bloques de 1,45 mb.

Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.


SOUNDTRACK SUGERIDO: Ironic. Alanis Morisette.


"Lo que Los Ojos No ven."

Capítulo 1: ¡Todo Es Por Sibila!

Taller de Aries.

Poco más de dos meses antes.

15:13 p.m.

¡Qué dolor, qué dolor, qué pena! Kiki se tapó los oídos al igual que Mu. Shaka se pasó las manos por el rostro. Ninguno de los presentes tenía buen aspecto. El aprendiz de Aries se acercó a su maestro y lo miró con cara de pregunta. ¿Qué debía hacerse en una situación como ésta? Shaka se quedó mirando a Mu con cara de víctima.

"¿Ves A Lo Que Me Refiero?" Le preguntó con voz de mártir, tratando de hacerse oír por encima del escándalo.

"¡PASA QUE ME TRATAN MUY MAL! Sólo Soy Una Pobre Chica. NO PIDO MUCHO, Pero ¡NO ME HACEN CASO EN NADA!"

"¿Seguro No Dijiste Nada Que Pudiera Ofenderla?" Le preguntó Mu alzando la voz. "Sin Ofender, Pero No Eres Muy Bueno Tratando Chicas, Shaka."

"¿Qué Quieres Decir Con Eso?" Rezongó Shaka frunciendo el ceño. Mu levantó las manos en señal de paz.

"Que Sueles Hacerlas Enojar o Llorar Con Mucha Facilidad." Comentó Mu nervioso. Una gota resbaló por la cabeza de Shaka.

"Resiento eso."

"¡BUUUUUUUUUUUUUUUUU! Ninguno De Ustedes Me Entiende, Total, Soy Una Pobre Armadura Fría Y Sin Sentimientos Que No Sabe Nada De La Vida." Lloriqueó la armadura de Virgo, Sibila. "¡NO ES JUSTO! NADIE ME QUIERE, TODOS ME ODIAN. ¡BUUUUUUUUUUUU!"

"Vamos, Sibila, no llores y dime qué te…"

"NO QUIERO HABLAR CONTIGO, NI CON SHAKA NI CON NADIE. ¿ME OYES, MU?"

"¿Seguro no está borracha?"

Mu puso los ojos largos para el cielo y se tapó los oídos. Shaka se sobó las sienes, Kiki aguantó la risa y desapareció del taller. Como pueden ver, el motivo de tan amena reunión se debía a Sibila, la armadura de virgo. Shaka, su dueño y portador, era un buen amo. La llevaba todos los meses a mantención, la abrigaba cuando hacía frío y la ponía frente a un ventilador cuando hacía calor. Incluso, cuando se sentía inspirado, hasta le ponía sus programas favoritos en la televisión. Sin embargo el dorado no podía oírla hablar, pese a todo su poder espiritual: esto se debía en parte al desapego de Shaka de las cosas materiales, categoría en la que entraba su armadura… Aunque sí podía oír los agudos pitidos que emitía de tanto en tanto.

Como en esta ocasión.

Es que Sibila tenía que ser una de las armaduras más problemáticas de los 88 ropajes sagrados. Solo superada en maña por Aquiles, la armadura de Leo, pero la armadura de Aioria era por lo menos sobornable. Todos los usuarios de Virgo habían tenido problemas con Sibila en algún punto de sus carreras, ¡Qué Decir De Quienes La Reparaban! Sólo una persona podía decir que Sibila nunca le había dado problemas, pero, por desgracia, la susodicha estaba muerta: había sido Lümi de Aries. Hasta la fecha, la mamá de Mu era la única persona que había logrado apaciguar las rabietas de Sibila, y hasta convencerla de que cooperase, de entre todos los reparadores de armaduras, incluido Shion.

Bueno… hasta ahora Lümi era la única amazona que había ocupado el ropaje de aries.

"¿Y si traigo a Carmela o a Andrómeda?" Tentó Mu con voz conciliadora, sabiendo que las armaduras de Ikki y Shun eran buenas amigas de Sibila y que ya antes habían sido de ayuda. "¿Hablarías con ellas? Quizás te pueden ayudar."

Sí, leyeron bien, no están teniendo visiones. La armadura de Ikki se llama Carmela… No muchos lo sabían, pero el modelo de dicha armadura se había basado en una fénix, y no en un fénix. Sibila reprimió un sollozo y se movió de su sitio. Se arrastró a saltitos hasta la esquina más cercana, pasando a llevar algunos mesones y desde allí observó a los dorados a quienes les orbitaba una gota de sudor sobre sus cabezas.

"¡Ikki Ya Se Fue A Quizás Quién Sabe Dónde y Shun Está En Etiopía Con Junet!" Exclamó Sibila, al tiempo que giraba sobre su eje y se ponía de cara contra la pared. "¡NO TENGO A NADIE CON QUIÉN HABLAR! Me siento sola. BUUUUUUUUUUUUUUUU."

Sibila estalló en llanto desconsolado. Mu la observó meditabundo y Shaka, tras unos instantes, se acercó a su armadura. Se sentía algo extraño, en todo su tiempo junto a Sibila, jamás le había pasado esto. Pronto Mu le imitó y ambos dorados rodearon a la armadura y al menos Shaka se arrodilló junto a ella, para acariciarle la espaldita.

"Esto no es normal." Rezongó el rubio dorado. "Mu, mi armadura está así desde anoche: ¿Qué le pasa?" Quiso saber Shaka.

Era cierto. Desde la noche anterior que Sibila estaba llorona. Se la percibía muy extraña y alterada. No quiso que Shaka la usara, se había encerrado dentro de su caja y para colmo, no dejó dormir al rubio con sus gemidos de alma en pena. Aparentemente no había razones para este comportamiento y quizás nunca lo comprendamos: Sibila se sentía desdichada y la muy pobrecita no sabía por qué.

"Es lo que intento averiguar, Shaka." Le dijo Mu mientras la analizaba con detención. "Sibila, ¿Quieres que te saque brillo? Quizás eso te anime."

"¿Acaso estás en tu periodo?" Preguntó Shaka sin pensarlo mucho.

Mu miró espantado a Shaka: nunca, nunca había que preguntarle eso a una mujer. NUNCA. Menos cuando en efecto atravesaba por ese particular periodo del mes. Sibila cayó en un profundo e indignado silencio, antes de ponerse a vibrar de rabia.

"¡NO TENGO PERIODO! ¡¿VES QUE POR ESTO NADIE TE QUIERE, SHAKA?! ¿Lo ves, Mu, lo ves? ¡AAAAAARGH!" Exclamó la armadura. "Ustedes Dos, Par De Brutos, Nunca Entenderían A Una Armadura Delicada Como Yo." Continuó lloriqueando. "Los Odio a Todos." Shaka y Mu intercambiaron miradas.

"¡No me digas que tengo que lidiar con otra mañosa!" Protestó Shaka de mal humor. "Lo único que falta es que las armaduras femeninas también tengan días raros del mes."

"No Seas Así, Shaka, Las Armaduras Son Seres Vivos Y También Tienen Sentimientos." Gruñó Mu, quien se volvió hacia Sibila. "¿En serio no quieres que te pula, Sibilita? Tengo polvo de estrellas recién traído de Jamir." Intentó sobornarla.

"¡NO ME SOBORNES! NO QUIERO, NO QUIERO QUE ME HABLEN. ¡NINGUNO DE LOS DOS!" Sibila, hecha una energúmena, volvió a desplazarse de sitio hacia otra esquina.

"¿No nos dirás qué pasa, pequeña?" Tentó Shaka con la voz más encantadora que pudo sacar, mientras caminaba hasta su armadura con paso lento. Mu le siguió de cerca.

"¡NO!"

"Dice que no." Aseguró Mu suspirando, preocupado por esta actitud, mientras se cruzaba de brazos. "Esto estará complicado, Quizás mi maestro…"

"¡NO QUIERO ESTAR CON HOMBRES!" Exclamó Sibila de improviso. "NO SON CAPACES DE ENTENDER LO QUE ME PASA. Nadie, Nadie Hace Siquiera Un Esfuercito Chiquito Por Quererme…"

"No digas eso, Sibila, todos te queremos mucho." Le aseguró Mu, quien miró a Shaka con ojos grandes, como animándole a que le apoyara.

"Mu tiene razón: no podrías tener mejor dueño que yo. ¡Eres la mejor armadura dorada de las doce! Te Adoro y lo sabes. Eres la única." Le animó Shaka, siguiéndole el juego a Mu, en un súbito y exagerado arranque de empatía.

"¡MENTIRA! NO QUIERO VERLOS, NADA."

"Pero en algo podemos ayudar…"

"¡NO PUEDEN!" La armadura de Virgo fue cubierta entonces por un halo dorado y ambos santos supieron de inmediato que Sibila estaba muy molesta.

"No te pongas así, Sibila." Le pidió Mu, con la misma indulgencia de quien regaña a un niño de 5 años.

"¡ME PONGO COMO SE ME DA LA GANA! ¡Es mi vida! ¿Ya?"

Antes que Mu o Shaka pudieran reaccionar Sibila se transformó en un orbe dorado que comenzó a levitar en el aire, segundos antes de salir disparada por la ventana, rompiendo de paso los cristales. Seguro Quirón, la armadura de Sagitario, le había enseñado a hacer eso. Ambos santos se agolparon contra el hueco y la siguieron con la mirada durante algunos instantes.

"¡Va Hacia Atenas!" Exclamó Mu, quien sin perder más tiempo, saltó por la ventana y se dispuso a seguir a la armadura, a donde fuera que esta iba. Shaka le siguió con presteza.

"Athena, ¿Por Qué Siempre Me Tocan Mañosas?" Se lamentó el rubiecito mientras corría.


Barrio Residencial en Atenas.

Media Hora después.

Ana María estaba muy concentrada en su tarea actual. Tenía que preparar un informe particularmente difícil que debía entregar en 2 días más para una de sus clases, labor que le había ocupado gran parte del día. Suspiró. Estudiaba Restauración y Conservación, carrera en la que ya iba por su segundo año. No era la alumna estrella de su clase, pero tampoco pertenecía al grupo mediocre: sus notas eran bastante aceptables, con los típicos altibajos que puede tener un alumno universitario normal que se preciara de tal.

Estaba en su cuarto, que más que una habitación normal, asemejaba una suerte de taller de arte, en apariencia muy ordenado y organizado. Compartía aquella casa con su prima Matilda, que era mayor que ella, y estudiaba derecho. Al contrario de Ana María, su prima era una alumna excelente y tenía las mejores notas de su generación. Habían crecido juntas y se consideraban más bien hermanas que primas. La mamá de Matilda no pudo soportar un doloroso divorcio y cayó en una severa depresión, suicidándose cuando su hija no tenía más de dos años, momento en el que la niña fue adoptada por su tía materna y su marido, los papás de Ana María, quienes la criaron como si fuera su hija.

Sobra decir que el papá de Matilda se había desentendido por completo. Hasta el día de hoy.

En aquellos momentos estaba sola en casa. Ana María desperezó los brazos y se quedó mirando al techo, mordisqueando un lápiz, sólo por costumbre. En la pantalla del computador en el que trabajaba, el cursor parpadeaba a la espera de que los dedos de la muchacha bailasen por encima del teclado, añadiendo nueva información al informe, pero por desgracia, no tenía nuevas ideas que añadir. Sabía que le faltaban al menos unos tres o cuatro párrafos más, pero nada, no se le ocurría nada más, por más que intentaba forzar la cabeza.

Mejor dejaba el informe a un lado y se dedicaba a hacer otra cosa. Ana María no era de aquellas personas que forzaba las ideas, sino que esperaba el temple de ánimo adecuado para ponerse a trabajar, cosa que en estos momentos no tenía. A veces pecaba de perezosa, pero, ¿quién no ha caído en eso alguna vez? Su atención ya se había desviado a ámbitos más relacionados con el descanso que con trabajo. Después de todo, aún tenía dos días más para trabajar. Decidida, cerró los programas y apagó el PC. Se levantó de su silla y salió de su cuarto con dirección a la cocina. Una vez allí, sacó un vaso, abrió la nevera y sacó una botella de agua mineral, sirviéndose un poco. Comenzó a beber…

TLIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIING.

Un sonido metálico, como de campana aguda le llamó la atención, había sido prolongado y elástico. Ana María ladeó la cabeza y puso un gesto curioso en el rostro. ¡Qué raro! Alzó ambas cejas y se encogió de hombros. Quizás había sido su imaginación o, a lo mejor, el ruido había provenido de la calle. Sin ánimo de querer averiguar qué había sido eso, Ana María dejó el vaso en el lavaplatos y, arrastrando los pies, se regresó a su cuarto: tenía ganas de dormir siesta.

Estaba a unos metros de su habitación, cuando sintió un sollozo.

"… pobrecita de mí, nadie me quiere, todos me odian…"

Ana María alzó las cejas y se detuvo de golpe. Con cautela, comenzó a caminar en punta de pies y se acercó a su habitación.

"Solo quiero que me traten como a una chica, ¿eso es mucho pedir?"

¿Acaso alguien se había metido a su cuarto por la ventana? No sería la primera vez: Matilda siempre se metía a su cuarto cuando estaba sonámbula y en cierta ocasión, la hija adolescente de uno de sus vecinos, estando ebria, se había metido a su cuarto, confundiéndolo con el suyo propio. Pero esta voz no era la de su prima o de alguien conocido. Casi por inercia buscó un teléfono, que no encontró. Ana María aclaró la garganta.

"¿Hay alguien allí?"

Silencio. Los sollozos se detuvieron en ese segundo. La chica tragó saliva y comenzó a asomarse al interior de su cuarto.

"Traigo un bate y estoy por llamar a la policía." Advirtió con temor. Ambas cosas no podían ser más falsas, pero en caso que hubiera un extraño en su cuarto… no podía saber que no era cierto.

Nada. No pasó nada. Ana María entró con cuidado a su habitación, lista para salir corriendo o gritar pidiendo ayuda… Pero… No había nadie allí, o al menos eso parecía. La muchacha relajó los hombros y se apoyó en un mueble cercano en el que guardaba sus materiales de trabajo, sobre el cuál había algunas brochas, pegamentos y cinceles de distinto tipo que había usado no hacía mucho en una escultura de arcilla pequeña, que también reposaba entre aquellos útiles.

Curioso. Quizás había sido su imaginación. Suspiró aliviada y ya que estaba junto a este mueble, decidió guardar los implementos que antes dejara allí. Tomó un paño y tras repasar fugazmente la superficie de sus materiales, los guardó uno por uno en su lugar. Reparó entonces en la estatuilla de arcilla que había hecho: una réplica en miniatura de la Venus de Milo… Que por cierto, necesitaba unos pequeños arreglillos aquí y allá. La muchacha tomó un pequeño cincel y se dispuso a corregir las imperfecciones de…

"¿Puedes Oírme?" Dijo una voz a sus espaldas.

Ana María se llevó un buen susto. Pegó un brinco y casi tira al suelo sus materiales. Apenas alcanzó a sujetar su estatuilla para que no cayera al suelo, y pronto la relegó al olvido más profundo. Giró sobre sus talones hacia la fuente de aquella voz. Ante ella… en una esquina en la que no había reparado con mayor atención… Había una armadura… Parecía ser de oro y tenía la forma de un ángel arrodillado, que se puso a lloriquear. Llena de espanto, Ana María abrió los ojos de par en par. ¡Podía Oír Muy Claro Esos Sollozos! Provenían de esta cosa tan extraña.

"Nadie Me Entiende. ¡Ni Siquiera Se Esfuerzan!" Gimoteaba a lágrima viva.

Ana María abrió la boca de la sorpresa y se llevó la mano al corazón. ¿Acaso había escuchado hablar a esta cosa o había sido su imaginación? Retrocedió un paso, pálida del susto, apenas conteniendo las ganas de echarse a correr. La curiosidad la estaba ganando.

"¿Hablaste?" Preguntó estupefacta.

La armadura detuvo sus sollozos y se mantuvo en silencio algunos momentos. Ana María iba a abrir la boca para decir algo otra vez, pero se le adelantaron.

"Mi nombre es Sibila."

"¡Hablas!" Exclamó asustada. "Pero… ¿Cómo es eso posible?" Ana María se refregó el rostro con las manos. "¿Cómo es que te puedo escuchar?"

Sibila se lo pensó, pero la verdad no había muchas posibilidades para explicar tal milagro.

"Debes tener genes lemurianos." Le dijo meditabunda. "Aunque tú no pareces un homo sapiens lemuriae. Quizás tienes un pariente muy, muy lejano."

Con los ojos girándole de la confusión, mas no de la sorpresa, Ana María se llevó un pulgar a la boca y comenzó a mordisquearse la uña. Retrocedió otro paso.

"¿Genes de qué cosa dices?" Preguntó cómo a medio morir. Sibila entonces se puso a brillar de emoción.

"¡PUEDES REPARARME! Si Puedes Oírme, Entonces Puedes Sacarme Brillo." Explicó entusiasmada, como una niña pequeña. "¿Me harías ese favor? Es que estoy muy opaca…"

"¿Qué?"

"¡Mu Es Un Bruto Que No Entiende A Una Chica Sensible Como Yo!" Sibila entonces rompió en llanto. "Shaka No Es Mal Amo, Pero Me Trata Como Si Fuera Un Mueble Más. ¡No Soy Un Mueble! ¡También Tengo Sentimientos! No Solo Soy Una Vulgar Aleación De Metales Preciosos, pero no soy más que un vil mueble para él… ¡BUUUUUU!"

Ana María cayó sentada en el suelo. ¿Habría estado respirando mucho pegamento? No cabía en sí de la sorpresa, no entendía nada. Tragó saliva y se obligó a respirar, mientras observaba como Sibila lloraba a moco tendido. Se rascó la cabeza y se pasó una mano por el cuello.

"Disculpa, pero no te entiendo nada." Ana María se sentía como atrapada dentro de un cuadro de Dalí. No todos los días venía un trasto de estos a llorarte penas como si te conociera toda la vida. "¿Qué está pasando?"

"Este…" Sibila se sintió un poco incómoda. "Es que necesitaba hablar con una chica… Yo… ¡Es que estoy rodeada de hombres! Y las pocas chicas que hay, ninguna puede oírme. Mu no es mala persona, y es muy hábil sacando brillo, pero… Extraño conversar con chicas basadas en carbono…"

"… Y… ¿Por qué viniste aquí?"

"Porque necesitaba un escondite."

"¿Escondite? Oye, esto cada vez se pone más raro." Ana María bufó enojada. Sibila hizo como que tragaba saliva.

"Es que Shaka y Mu me están buscando y casi me atrapan…" Dijo bajando la voz, como avergonzada. "Y no quiero hablar con ellos."

"¿Se puede saber por qué?"

"No…" Sibila dijo esto como avergonzada. "¿Podrías pulirme sí o no?"

Ana María se pasó la mano por el cuello. Lentamente comenzaba a procesar lo que le estaba pasando. Analizó con la mirada a la armadura… Sí, podía pulirla, no parecía ser nada del otro mundo. No perdía nada con intentarlo. ¿Tendría suficiente limpiador de metales en casa? La chica suspiró y se pasó las manos por el rostro. No era ésa la pregunta. Lo que en verdad importaba era…

"Puedo pulirte o eso creo. No parece ser difícil." Ana María se agachó junto a la armadura y le echó un vistazo más concienzudo. "¿Cómo es que puedes hablar? Se supone que eres una armadura. Disculpa mi rudeza, pero… Esta sensación me parece algo anómala." Le confesó, aguantando una risita… Que por fortuna Sibila se tomó con humor. "¿Por qué te puedo oír?"

"Es que no soy una simple armadura, también estoy viva." Sibila pareció sopesar las palabras de la chica. "Ya te lo dije: si me puedes oír… Quiere decir que o tienes genes lemurianos o eres psíquica."

"Te aseguro que no soy ni lo uno ni lo otro." Ana María pareció recordar algo de golpe y se llevó las manos al mentón muy meditabunda. "A menos que…" La chica no obstante no pudo continuar con su frase.

"¿Me repararías? No sabes lo feliz que me haría eso…" Interrumpió Sibila con entusiasmo.

Una vez más, la extrañada muchacha se vio forzada a pensar como profesional. Volvió a concentrarse en la armadura, esta vez con ojo más quirúrgico. La armadura de Virgo no parecía tener problemas, aunque Ana María no podía estar segura, pues era la primera vez que se enfrentaba a uno de estos, ahem, ejemplares.

"Yo te veo entera. No tienes bordes pelados o raspones. No hay nada que reparar." Sentenció la chica. "Nada más te veo algo… No sé… Estás como…"

"¡OPACA! No Tengo Nada De Brillo, Estoy Empañada, Llena De Polvo Y Tengo Un Raspón Horrible En Mi Rostro Que Parece Una Arruga." Gimió Sibila con desconsuelo. "¡Ese raspón me lo hice anoche! Me guardaron mal y me raspé contra un borde muy filoso." La armadura reprimió un quejido y Ana María tuvo la impresión que hacía un puchero. "Además es mi mantención mensual y no tengo a nadie que me saque brillo, o que me quite el raspón… "

"Pero… ¿No hay gente en el Santuario que se encarga de darles manutención periódica?" Preguntó Ana María curiosa.

DING, DONG.

La chica pegó otro brinco al oír el timbre. Soltó aire y se puso de pie. Le temblaban las manos. Apenas le dedicó una mirada a Sibila antes de salir cual zombi de su cuarto, en dirección a la puerta. El día no se podía poner más raro. ¿Quién sería? Ojalá que no fuera Matilda o su novio, Stefanos… Ni modo. Llegó hasta la puerta principal y se apoyó en el picaporte, pero no abrió ni respondió.

DING, DONG.

Insistió el timbre, sacando a Ana María de su sorpresivo trance. Sacudió levemente la cabeza y pegó la oreja a la madera, gesto que siempre hacía.

"¿Quién es?" Preguntó en voz alta.

"Err… Mi nombre es Mu." Dijo una voz masculina al otro lado de la puerta. "Disculpe la interrupción señorita, pero necesito hacerle una pregunta."

¿Mu? ¿Quién pepinos se llamaba Mu en esos días? Ana María frunció el ceño y echó un vistazo hacia su cuarto. Esa armadura había mencionado a un Mu. ¿Sería el mismo? Bah. Y creía que su día no se podía poner más raro.

"¡Pues haz tu pregunta!"

"¿Y no podría abrir la puerta al menos?"

"¿Cómo sé que no eres un ladrón que piensa asaltarme?" Preguntó de mal humor. Ana María se sintió orgullosa de sí misma: Matilda siempre le decía que hiciera esa pregunta antes de abrirle a extraños, pero lo olvidaba todo el tiempo.

"Tiene mi palabra de santo dorado que no pienso hacer tal cosa." Le aseguró Mu muy decidido.

Ana María se despegó instantáneamente de la puerta, estupefacta. ¿Un santo dorado, como los del Santuario? Se pellizcó a sí misma para asegurarse que no se había quedado dormida encima del teclado de su PC… Pero estaba bien despierta.

"Espera un cinco, que saco los seguros…" Anunció Ana María con calma, aunque no había ningún seguro que quitar.

… Entonces abrió la puerta.

Continuará…

Por
Misao–CG


Próximo capítulo:

"Estuve a punto." El dorado siguió caminando, sin notar la diferencia de los pasos. "¿En qué travesura estabas?" Le preguntó con una sonrisa involuntaria.

En el fondo le agradaba caminar junto a ella, sin que le colgara a la espalda como un koala.

"En ninguna. Tuve algunas rondas, y me tocó nivelar a algunos aprendices. ¡Llegan cada día más llorones!"


PS: Tengo entendido que las armaduras de Athena fueron diseñadas por antiguos lemurianos, antes de que el continente de Lemuria se hundiera, y que para su fabricación utilizaron polvo de estrellas, y una aleación de un metal llamado ganmanium con oro, oricalco, plata y bronce según correspondiese. Si me equivoco, por favor, ilumínenme. Faltas de ortografía, de gramática, tipeo y redacción (excepto en el caso de los diálogos de Niké) no son intencionales y si descubren alguna, por favor, sean buena leche y avísenme para poder corregirla, lo mismo si tienen quejas o críticas respecto de la historia, para poder ver como lo soluciono (en tanto sean educadas y civilizadas) ¡GRACIAS POR HABER LEÍDO EL CAPÍTULO!


Brújula Cultural

Venus de Milo: Es una escultura clásica antigua bastante famosa, de hecho la más conocida del mundo antiguo. Representa a Afrodita (Venus para los romanos). De autor anónimo, pertenece al periodo helenístico. La estatua se encontró en dos pedazos en 1820 en la isla egea de Melos, llamada también Milos, por un campesino llamado Yorgos. Cerca de la estatua se encontraron un fragmento de un antebrazo y una mano con una manzana, restos que son considerados parte de sus brazos. En un primer momento, Yorgos mantuvo su hallazgo oculto, pero fue descubierto posteriormente por funcionarios turcos, que se llevaron la estatua. Un oficial naval francés, Jules Dumont, reconoció su valor histórico e hizo los contactos para que el Marqués de Riviere, el embajador francés en Turquía, comprase la escultura. Fue ligeramente restaurada y presentada al Rey francés Luis XVIII en 1821, quien finalmente la entregó al Museo del Louvre en París, en donde aún se la puede admirar. Esta estatua no deberá ser confundida con el grupo de estatuillas prehistóricas conocidas como figurillas de Venus. Mide 2,05 m de alto.