Este fanfic participa en el Reto del forum de FanFiction Draco Dormiens Nunquam Titillandus.
Podemos juzgar el corazón de una persona por la forma en que trata a los animales.
Immanuel Kant
Una carta de Hermione a Rose:
Nos has decepcionado profundamente. No sólo nos has avergonzado a tu padre y a mí sino a la familia entera. ¿Es que no tienes vergüenza? ¡Tú padre y yo somos personajes públicos! ¿Pensaste ni siquiera un segundo en cómo nos afectaría esto? ¡Por no hablar de Hugo! El pobre debe de odiarte profundamente porque hayas mostrado tal cobardía y necedad.
No entiendo cómo has podido ser tan egoísta e inconsciente. Está claro que no piensas en tu familia ni en cómo le afectará tus infames actos. Más te vale no volver a intentarlo y aprender a ser más altruista. Deja de causar problemas y hacer que otra gente se preocupe innecesariamente por ti. No todo gira en torno a ti.
Hagrid te acompañará a comprar el animal el próximo día que salgáis a Hogsmeade. No pierdas el tiempo y elije cualquier lechuza, no quiero sapos asquerosos en mi casa y el único gato que quiero es Crookshanks. No te preocupes por el dinero, no escatimes en gastos, no creo que te lo merezcas pero si la psicóloga dice que te ayudará entonces adelante.
No nos avergüences más.
Hermione Jane Weasley.
Scorpius levantó la vista de su pergamino y se encontró con una vista que poco a poco le estaba resultando familiar: Rose. Esbozó una media sonrisa e intentó volver a centrar su atención en sus apuntes de Transformaciones pero no lo consiguió. Desde hacía unas semanas sólo tenía ojos y mente para la pelirroja, ella le representaba un gran misterio e inexplicablemente quería resolverlo. Sin embargo había una cuestión que no conseguía sacarse de la cabeza.
Él se había preguntado durante años porqué Rose de repente dejó de ser su amiga y de juntarse con Albus. Eso le había molestado mucho en su época y aún hoy en día sentía una cierta y diminuta rabia ¿Por qué se alejó sin dar explicaciones? Y sumando eso al hecho de que no le molestara que siempre que iba a la biblioteca, y coincidían, se sentara con ella lo desconcertaba enormemente. No es que se quejara, Rose era muy guapa, al menos eso creía, y le encantaba su sentido ácido del humor. Era diferente a las chicas que conocía y eso le atraía enormemente. Pero la pregunta seguía estando ahí ¿Por qué lo alejó y ahora no le importaba pasar tiempo con él?
— Si me miras tanto vas a gastarme —la suave y calmada voz de Rose lo sacó de sus pensamientos, pero no se disculpó ni apartó la vista, al contrario, la miró con más intensidad y sin perder su sonrisa—. Si te gusto tanto te daré una foto mía para que la mires.
— ¿Por qué iba a conformarme con una foto cuando puedo ver a la original siempre que vengo a la biblioteca? —Su sonrisa se ensanchó al ver que la adolescente se sonrojaba casi imperceptiblemente al escuchar su piropo—. Además, Albus está muy contento con que me siente siempre contigo. Dice que así puedo detenerte si decides estampar tu cabeza contra algún tomo muy grueso. Como ese que estás leyendo ahora —dijo señalando el libro que Rose llevaba ojeando durante toda la hora que él llevaba ahí—. ¿De qué va? —Preguntó curioso.
— Es una guía ilustrada sobre lechuzas —explicó ella mientras le acercaba el libro para que le echara un ojo—. Hay fotos y te explican detalladamente cada especie y qué beneficios e inconvenientes tiene para el mago de a pie.
— Sigo sin entender para qué o porqué lees este libro —contestó él mientras estudiaba con atención una foto de lechuza bataraz austral—. Tenía entendido que ya tenías una lechuza.
— En realidad las lechuzas son de mi padre y de mi madre —la pelirroja se encogió de hombros y se rascó la cabeza como si no fuera nada pero Scorpius, quién empezaba a conocerla, sabía que ese gesto denotaba nerviosismo.
— Weasley ¿Por qué estás leyendo este libro?
Rose bajó la mirada y empezó a rascar las líneas de la mesa con sus uñas. Frunció el ceño y se mordió el labio inferior meditando su respuesta. Suspiró y contestó sin levantar la vista.
— Mi psicóloga cree que un animal puede ayudarme en la terapia —su voz era suave y triste y sus labios se curvaron en una sonrisa irónica—. Cree que teniendo una mascota que sea sólo mía, que sólo la cuide yo, me ayudará a no querer volver a suicidarme. Porque si yo muero ella también.
Se quedaron callados durante unos minutos en los que Rose aprovechó para recuperar su libro y se quedó mirando la página con ojos ausentes. ¡¿Pero cómo carajo iba a cuidar de un animal si ni siquiera podía cuidarse a sí misma?! Suspiró frustada y notando como el frío invernal de la biblioteca empezaba a colarse en sus huesos se puso una bufanda, quiénes algunos habrían considerado demasiado larga, de Ravenclaw en el cuello.
— Ten cuidado —la adolescente lo miró descolocada por sus palabras, él esbozó una sonrisa y añadió en tono sarcástico—. He oído de estas nuevas terapias con animales, dependiendo de la dolencia recomiendan un animal u otro. Y teniendo en cuenta tu caso seguro que te compran las lechuzas de toda Inglaterra.
Ambos rieron ante el chiste y eso relajó al rubio. No es que no le gustara que le explicara cosas sobre su terapia, pero notaba que algo estaba terriblemente mal en que él, un completo desconocido en la vida de Rose, supiera más sobre éstas que su propia familia. Albus no le había comentado nada de todo eso.
— O quizás sea más conveniente comprarte ranas —siguió con su broma intentando alejar esos pensamientos de su mente—. Podrías montar una ciénaga y ser su reina.
Rose frunció la nariz y lo miró asqueada mientras él se reía.
— No gracias. No tengo nada en contra de los reptiles y esas cosas como las ranas, pero me dan un asco tremendo. Prefiero tener que masticar gusanos y que la lechuza coma de mi boca a tener una cosa de esas como mascota.
— ¿Y un gato?
— No —la chica negó con la cabeza enérgicamente—. Ya hay uno en casa y es muy territorial.
— Así que tu nueva razón para vivir será una lechuza ¿No?
Vio como la chica bufaba frustrada y no pudo evitar sonreír ante eso. Miró hacía los lados para ver si Madame Pince estaba por ahí y los miraba con una mirada reprobatoria por no estar estudiando y callados. Pero allí sólo estaban ellos dos y los polvorientos libros siendo testigos de su historia.
— Malfoy ¿Harás algo este sábado?
Scorpius la miró y arrugó extrañado por la pregunta el entrecejo.
— Este sábado es San Valentín y coincide con la visita a Hogsmeade —parpadeó un par de veces una pregunta acudió a su mente— ¿Me está usted proponiendo una cita señorita Weasley?
Rose se sonrojó hasta la raíz de su cabello y lo miró frunciendo el entrecejo.
— Más te gustaría a ti que yo te invitara —Rose se retiró el pelo de la cara y cuadró los hombros mientras miraba fijamente al mejor amigo de Albus. Cerró el libro que estaba leyendo y su sonrojo desapareció al ver como su compañero se reía—. Ojalá te regalen bombones envenenados.
— La verdad es que tengo que vigilar que no me echen amortentia. Vigilar que no me echen veneno será todo un reto —Esbozó una sonrisa ladina y ladeó la cabeza retándola con la mirada. Puede que la gente creyera que Rose era mansa y callada, pero nada más lejos de la realidad—. Aunque creo que debería limitarme a rechazar tus bombones y listos.
Rose bufó enfadada y se levantó dispuesta a irse.
— Y tú que Weasley ¿Tienes una cita?
— No.
Esa respuesta corta y seca lo sorprendió y molestó. Era como si le estuviera dejando fuera, y eso lo enfadó, no quería que lo dejara fuera otra vez.
— Pero al menos saldrás con tus primos. Albus, Dominique…
— No, ellos ya tienen planes igual que Lorcan y Lyssander.
— ¿Y tus amigas?
—No.
Scorpius parpadeó sorprendido y descolocado. Vale que la trataran como una leprosa por haberse intentado suicidar. Sin embargo no lograba entender cómo podían dejarla sola en un día así. No decía que su familia y amigos debieran detener su vida y centrarse en la de ella. Pero él no veía muy bien que dejaran a una chica suicida sola, en San Valentín y en una de las pocas y esperadas salidas a Hogsmeade. Podía pasar de todo ese día…
— Si ya has acabado con tu interrogatorio me retiro. Tengo cosas que hacer.
La adolescente recogió sus cosas y se dirigió a la torre de Ravenclaw. Allí había quedado con la chica a la que tutorizaba. Eso era algo normal en Ravenclaw, no sólo tenían diversos grupos de estudio sino que también cada alumno ejercía el papel de tutor o de alumno. Rose al estar en quinto año ejercía de tutora a una alumna de segundo. El profesor Flitzwick había intentado relevarla de esa responsabilidad, pero a Rose le gustaba estar con Katherine y la chica se había negado a tener otra tutora que no fuera la pelirroja. Y Rose agradecía profundamente el gesto. Necesitaba algo de normalidad en su destrozada vida.
Ralentizó su paso al acercarse a la entrada a su torre pero una figura entre las sombras emergió y la hizo detenerse a unos pocos metros de su destino final.
— He hablado con McGonagall —habló apresurada Lily Luna Potter—. Y ha accedido a que yo también te acompañe a Hogsmeade.
Rose suspiró agotada, ¿Es que ni un casi suicidio iba a librarla de los problemas de sus primos?
— No sabes si Malfoy irá…
— Sí que irá —la cortó Lily muy seria—. Mi hermano va y él también irá. Que tenga o no una cita es irrelevante. Es de vital importancia que Scorpius y yo pasemos el San Valentín juntos.
Rose ya estaba cansada del enamoramiento que tenía su prima para con el mejor amigo de su hermano mayor y mediano de los hermanos Potter. Su tío George había comentado entre risas que eso la hacía muy parecida a Ginny cuando tenía su edad. Y quizás ese era el problema, que había algo que unía a Lily y a su madre, y no que estuviera platónicamente enamorada del heredero de los Malfoy.
— Haz lo que quieras Lily —por suerte la prefecta se sabía de memoria qué debía decir para quitarse a la gryffindor de segundo año rápido de encima—. He quedado con Hugo y con Hagrid a las 9 en la entrada del colegio.
— ¿¡A las nueve!? Es domingo Rosie…
— No, si quieres venir estarás a las nueve y cuando haya acabado volverás al castillo.
Lily la miró enfurruñada y murmuró un escueto de acuerdo. Sus pasos alejándose resonaron por el silencioso y frío pasillo. Cuando dejó de escucharlos la chica se acercó a la aldaba con forma de águila intentando ignorar que a pesar de que Lily se hubiera marchado una de las razones de su suicidio se había quedado con ella y la estiraba hacía el abismo.
— ¿Qué hay después de la muerte? —Preguntó la metálica y fría voz del áliga—. Elabora tu respuesta, por favor.
‡-‡
— Rosie. No es tan difícil elegir una mascota.
Rose miró a Hagrid y se fijó que incluso a alguien que amaba tanto los animales como él le exasperaba su indecisión.
— No la presiones Hagrid —su hermano Hugo salió el último de la tienda de mascotas mientras se ponía los guantes—. Rose antes de elegir reúne toda la información posible. Aún nos queda ir al refugio para animales.
Rose se subió un poco más la bufanda hasta que ésta le tapó la nariz. Empezaba a tener mucho frío, quizás lo mejor sería entrar en algún lugar a tomar algo antes de dirigirse a su último destino.
— Hagrid —lo llamó—. ¿Te importaría que entráramos en las Tres Escobas? Necesito beber algo caliente.
El medio gigante algo molesto por no poder acabar ya con la misión que se le había encargado asintió con lo cabeza y pusieron rumbo a la taberna. Lily debería estar con ellos, pero tan buen punto entraron al pueblo se fue a la caza del mejor amigo de su hermano sin que hubieran podido detenerla.
Ya se imaginaba que debería hacerle de niñera y no podría irse cuando quisiera. Pero eso no significaba que le gustara la idea y que no estuviera mosqueada. Ojalá no encontrara a nadie en la taberna y pudiera beberse un té bien caliente tranquila y en silencio.
Hagrid sujetó la puerta para que pasaran ella y su hermano. Rose bufó algo frustrada al ver que el local estaba bastante lleno y que sería difícil, no imposible, encontrar una mesa dónde sentarse. Buscó una libre con la vista y cuando la divisó se dirigió a ella con paso apresurado. Y justo cuando estaba a punto de alcanzar su destino una mano la cogió por el brazo haciendo que se volteara.
— ¿Rose? —los verdosos ojos de Lorcan Scamander la taladraban mientras la confusión y el enfado bailaban un peligroso tango entre ellos—. ¿Qué haces aquí? Hace demasiado frío para que salgas del castillo.
— ¡Lorcan! —La voz de Hugo impidió que contestara la pregunta pero no que se soltara del agarre—. Hemos venido a comprar la mascota.
La pelirroja frunció el ceño molesta por el tono que había empleado su hermano. Ya sabía que la vigilaban y eso. Se sentía agradecida de que la quisieran pero a la vez le ofendía que no pudiera ni respirar sin sentirse observada o preguntándose si lo aprobaban.
— ¿Y qué hacéis aquí? ¿Ya la habéis comprado? — El mayor de los Scamander no paraba de preguntar pero sin apartar la vista de Rose, observando y estudiando.
— Pues… No, Rose quería tomar algo caliente…
Hugo no pudo acabar su frase ya que el chico se empezó a llevar a rastras a Rose hasta una mesa algo apartada de la entrada mientras la sermoneaba sobre lo peligroso que era que con sus delicadas defensas se aventurara a salir a la calle en pleno febrero por muy abrigada que estuviera. Rose estaba acostumbrada a ese trato a lo que se refería a su salud, así que no protestó y se dejó guiar hasta una mesa dónde estaban sentados Albus, Malfoy, Lyssander y Lily.
— ¡Rose! —Exclamó su primo sorprendido de verla ahí y pegando un bote en su asiento—. ¿Qué haces aquí?
Ella movió la boca intentando contestar pero Lorcan no le dejó.
— Está buscando la mascota. Malfoy levántate y déjale tu asiento, es el que más cerca está del calentador. Rose, quítate ese abrigo, la bufanda y ese gorro mojados antes de que empieces a estornudar.
Hizo caso y se sentó obediente en el sitio que Scorpius había dejado libre. Algo sonrojada debido a la vergüenza se disculpó a media voz por haberle obligado a levantarse.
— No te preocupes —contestó él con una sonrisa a todas luces forzada.
— No te enfades Scor —dijo Lily que fulminaba con la mirada a la recién llegada—. Rose casi se muere de hipotermia cuando tenía cuatro años. Desde entonces es muy sensible al frío y en invierno no puede separarse mucho tiempo de la estufa.
La chica apartó la vista ya que no quería que él la viera. Lyssander se levantó y fue a buscar tres sillas más para que Hugo, Hagrid y Scorpius pudieran sentarse. Todos se quedaron en silencio observándola como si temieran que su piel se convirtiera en hielo en cualquier momento. Empezó a sentir cómo la garganta le raspaba y se acercó su guante, de piel de dragón, para que ésta entrara en calor.
Lorcan que era el que más la observaba le tendió su bufanda verde de slytherin y ella la cogió con alivio y se la enrolló al cuello. El té, con unas gotas de miel, no se hizo esperar y ella se lo bebió con ansia. El agua estaba hirviendo pero tenía tanto frío que no lo notó. Cuando hubo acabado y pudo sentir como sus músculos se relajaba y su cuerpo volvía a entrar en calor decidió que era hora de irse.
— Creo que es hora de irnos Hagrid —articuló esa frase de forma pausada y segura.
Debía comprarse ya la maldita mascota para poder volver al castillo y poder finalizar ese día de pesadilla.
— Sí chicos, debemos proseguir con nuestra búsqueda —el medio gigante se levantó algo torpe y empezó a ponerse la chaqueta de piel.
— Perfecto, os acompaño —Lorcan se levantó e imitó a Hagrid—. No me esperéis —les dijo a sus compañeros—. Nos vemos en el Gran Comedor a la hora de cenar.
— Yo también voy —Albus se levantó y obligó a Lily a levantarse con él—. Voy a llevarla de vuelta a Hogwarts. No me puedo creer que te separaras de Hagrid. Le diré a mamá lo que has hecho.
— Bueno, no tiene sentido que Scorpius y yo nos quedemos los dos aquí solos si habíamos decidido pasar un rato juntos. Yo os acompaño.
Scorpius se encogió de hombros dando a entender que tanto le daba quedarse como irse y siguió a sus amigos a la salida del local. La verdad es que no le importaba mucho cómo pasar el día de San Valentín. Ni acompañar a Rose a comprarse una mascota. Pero cualquier cosa le parecería bien con tal de escapar de Lily. No es que le cayera mal pero a veces se sentía como si lo estuviera cazando.
Con la mirada buscó a Rose y la encontró muy cerca de Lorcan. Él parecía hablarle de algo que le molestaba y ella asentía de vez en cuando distraídamente. Le había sorprendido saber que Rose había estado al borde de la muerte más de una vez. Pero al recordar su conversación con ella en la biblioteca una idea empezó a taladrarle la mente ¿Le preguntó si tenía planes para informar a Lily o para pedirle que la acompañara? Mientras más sabía de Rose menos entendía, sentía que había algo de vital importancia que se le escapaba, y que sin esa pieza no lograría descifrar el misterio.
Todos entraron en la protectora y dejaron a Hagrid hablar con el dependiente. Para pasar el tiempo se dispuso a mirar los diferentes animales que habían sido rescatados y estaban listos para ser dados en adopción. Había una gran variedad, serpientes, ardillas, perros, gatos... Había tantos que era difícil elegir.
— ¿Ya sabes qué lechuza vas a elegir Weasley? —Scorpius se acercó a la interpelada y la miró con una sonrisa burlona ya que sólo ella podría entender la broma—. ¿Cuál de todas estas es la más recomendada para los brujos de a pie?
Rose esbozó levemente una sonrisa divertida pero no respondió a la pregunta.
— Oye ¿no oyes cómo un llanto? Como... ¿Un lamento?
Él negó lentamente con la cabeza y frunció levemente el ceño ¿Ahora Weasley oía cosas extrañas? Lo que había que oír...
La pelirroja se apartó de él y empezó a vagar por la tienda. Él la siguió con disimulo y observó atónito cómo se arrodillaba en el suelo en el pasillo de los reptiles y acercaba su oído al suelo. Después de eso se puso a mirar y al parecer lo que vio la dejó muy sorprendida. Se levantó algo alterada y se acercó a Lyssander. Le murmuró algo en el oído, frunció el ceño y miró a la chica con escepticismo, pero éste fue al mismo sitio dónde Rose se había agachado y repitió el mismo proceso que había hecho ella y el pequeño de los Scamander acabó levantando la cabeza tan sorprendido como ella. Con paso rápido se dirigió a su gemelo y le murmuró unas palabras al oído. Éste asintió extrañado y se dirigió, con paso tranquilo pero seguro cerca de la barra. Scorpius extrañado se acercó a dónde estaban Albus y Lily pero ese fue un error.
— ¡Petrificus totalus!
La voz potente y clara de Rose los hechizó a los tres impidiéndoles la movilidad. Lorcan había hechizado al dependiente y lo había atado y Lyssander había hecho lo propio con Hagrid.
— Va Rosie date prisa —Lyssander habló mientras se aseguraba de que nadie entrara a la tienda.
La chica se dirigió al pasillo de los reptiles, se agachó y conjuró un par de hechizos para hacer saltar la madera del suelo, cuando lo consiguió se quitó la bufanda de Lorcan del cuello y la metió dentro del agujero, pocos segundos después Rose la sacó y se la sujetó protectoramente contra el pecho y esbozó una sonrisa de alivio. Se levantó despacio y se dirigió a Hagrid.
— Hagrid, al final esto no era una protectora —y de entre los pliegues de la bufanda se asomó la cabecita de un Ave Fénix.
La chica se sentó en el suelo y mantuvo el ave en todo momento envuelta por la bufanda, a veces le hablaba o la apretaba más fuerte contra su pecho. Pero no apartó la vista de ella. Lyssander deshizo el hechizo de Hagrid y el de los tres adolescentes y Lorcan se encargó de avisar al Ministerio mientras Hagrid avisaba al alcalde de Hogsmeade.
La policía de animales no se hizo esperar y empezó a llevarse todos los animales que encontraron. Los interrogaron a todos uno por uno pero la única que pudo aportar algo fue Rose, ya que ella había descubierto, accidentalmente, la tapadera.
— Bueno —dijo finalizando la inspección un oficial—. Creo que esto es todo. Sólo nos queda el Ave Fénix.
El oficial hizo el gesto de cogerlo más Rose se apartó y lo estrechó más contra su pecho.
— Es mío. Él me ha elegido. No pueden llevárselo. Él me ha elegido —sus ojos empezaron a aguarse y su voz salía temblorosa de sus labios.
— Vamos chica no seas obstinada, no puedes quedártelo... —El oficial volvió a hacer el amago de cogerlo pero Rose fue más rápida y alejó el ave de él.
Lorcan corrió a su ayuda y desenfundó la varita ante el oficial.
— ¡¿Es que no la ha escuchado pedazo de zoquete?! —La potente voz de Rubeus Hagrid retumbó por toda la habitación haciéndoles callar a todos—. ¡El ave la ha elegido como su dueña! ¡Si las separan morirá! ¿Es que no les enseñan nada a ustedes o qué?
— ¡Eso no es posible! —El oficial se cuadró y fulminó al guardabosques con la mirada—. Albus Dumbledore fue el último mago que fue elegido por un Ave Fénix. Además —añadió girando la cabeza hacía Rose—. Las Aves Fénix son muy raras y preciadas, se les ha de dedicar una atención y un cuidado muy especial. Y esta ave estará mejor en manos del Ministerio.
La determinación del oficial de llevarse al animal estaba clara. No parecía que nada lo fuera a detener hasta que el capitán a cargo de la investigación y detención del sospechoso entró y dio con la solución para resolver el problema.
— Makensie, hay una forma de comprobar si lo que dice la chica es verdad o no. Si de verdad la ha elegido llorará y su lágrima se convertirá en una piedra preciosa, y al hacerlo la chica llorará también repitiendo el mismo proceso. Es su ritual de unión —el oficial tomó aire y adoptó una expresión seria para dirigirse a la adolescente—. No vamos a herirte ni a ponerte en peligro para ver si estamos en lo cierto, con lo pequeña que es creo que separándola de ti será suficiente. Si llora y su lágrima se convierte en una piedra preciosa prometo que podrás quedártela, pero si no es así me la llevaré ¿Entendido?
Rose asintió con los ojos acuosos y besó al animal en la cabeza. Lorcan se apartó y guardó la varita, así que Rose pudo extender sus brazos para ofrecerle el pájaro al oficial. Y fue entonces cuando Scorpius fue testigo de uno de los momentos más sorprendentes y maravillosos entre la naturaleza y el ser humano. El pequeño pajarillo empezó a retorcerse y a chillar y una fina lágrima se deslizó por su ojo derecho que cayó y al entrar en contacto con la bufanda se convirtió en un diminuto y reluciente rubí. El sonido de un rubí repiqueteando contra el suelo fue lo que volvió a llenar de vida a Rose Weasley.
Carta de Rose a su madre:
Querida mamá:
Cómo ya sabrás la protectora de animales a la que me llevó Hagrid en realidad era una tapadera para traficar con animales mágicos, exóticos, peligrosos y protegidos por la ley mágica. Rescaté un Ave Fénix y me eligió como su ama así que es mi nueva "mascota". Me he instalado con él en la enfermería, es algo provisional hasta que crezca. Calculo que en abril ya volveré a estar en mi habitación en la torre de Ravenclaw.
Le he mandado una carta al tío Charlie, quizás él puede ayudarme con su cuidado.
Besos, Rosebud.
Carta de Rose a su tío Charlie:
Queridísimo y adorado tío Charlie:
¡Una Ave Fénix me ha elegido como su dueña! ¡Aaaaaah! ¡No me lo puedo creer! ¡Estoy tan ilusionada que quiero chillar y chillar! Te lo juro tío Charlie estoy muy, muy, muy feliz. Pero a la vez muy, muy, muy pero requete muy asustada. En su primer mes de vida son tan delicadas… ¿Y si hago algo mal y se muere? Dios tito… sabes que soy tan torpe y despistada… Me da miedo que le pase algo, es tan chiquitita y delicada…
Pero todo saldrá bien, estoy segura de que será así, debe ser así. Estoy deseando que llegue el verano para podértela, o podértelo, presentar. Aún no sé si es macho o hembra. ¡¿Cómo narices voy a llamarla hasta entonces?!
Te quiere mucho, mucho, muchísimo Rosie.
P.D.: Aún no le he puesto nombre, pero será algo simbólico, que nos represente a las dos. Las dos renacemos de nuestras cenizas.
Aquí está el final del capítulo. Esta vez no me he pasado del limite pero aún así espero que todo haya quedado bien explicado y redactado. Gracias por llegar hasta aquí y sobretodo gracias si habéis disfrutado leyéndolo. Cualquier duda, tomatazo y halago podéis dejármelo en un review :)
