II
Pasado siempre presente
A Danny le costó levantarse. Había tenido un día muy extraño —muy, muy extraño— con Steven y si bien era cierto que no tenía ninguna preocupación inminente —todos los casos de Five-0 estaban ejemplarmente cerrados—, podía recordar una vaga conversación con Steve durante el breve trayecto a la casa tras un momentáneo instante de pavor que no pudo esconder del todo. Danny no estaba orgulloso de eso, pero él no era una persona tan adaptable como era su compañero y en su defensa ver a una persona que se suponía que conocía pero que no debía estar allí le daba algo de margen.
En el puro estilo McGarrett, Steve había iniciado la pelea tan pronto como vio que Danny palidecía y lo convenció que debían moverse. A pesar que no solía negarse activamente a ello, no había podido dejar a Steven conducir el Camaro con todas las incoherencias que estaba diciendo y porque, al final de cuentas, ese no era su Steven.
Probablemente todo había sido un sueño.
No tenía sentido alguno pero Danny no se molestaría en tratar de darle sentido, tampoco. Generalmente traía más dolores de cabeza que otra cosa.
Se levantó con un dolor en el cuello que le recriminaba la elección de la postura y sintiéndose inquietantemente observado en la soledad de su apartamento.
No.
No había sido un sueño.
—Eso es espeluznante, ¿te das cuenta? —dijo, cerrando los ojos otra vez—. Verme dormir en silencio.
La silueta de Steve apenas se distinguía en la penumbra pero Danny no tenía dificultades en reconocerlo aún con la luz del alba. Incluso con la escasa claridad, sabía que no podía equivocarse de persona. Los rasgos se habían endurecido con el tiempo pero el pelo corto —excesivamente, en su opinión— era la diferencia más obvia. Podía ver sus brazos cruzados en una clara postura tensa, aunque Steve tenía la versión que usaba cuando estaba aparentando comodidad. La expresión horrorizada se había despegado de sus ojos pero algo en su postura todavía gritaba sobre ese dolor profundo en el que Danny no quería concentrarse.
—Estaba a punto de despertarte, Danno —dijo, con su mejor cara de estoy-mintiéndole-a-Danny. Sonaba bastante más creíble que el Steve con el que era familiar, para su crédito—. Hice el desayuno.
—¿Hiciste…? ¿Qué? —Danny parpadeó, sintiéndose súbitamente expuesto bajo la mirada atenta de Steven. Pequeños vestigios de su ataque de pánico lo forzaron a reír—. ¿Cuál es tu problema?
Steve se encogió de hombros.
—Pensé que tendrías hambre. Fue un día extraño ayer.
Danny se pasó una mano por el rostro. En qué momento había pensado que compartir su casa con el maniático había sido buena idea, él no estaba seguro. Pensó que desaparecería por la mañana y todo sería olvidado.
—Sí, estaba allí ayer. Apareciste de la nada.
—Estaba allí ayer también —respondió. Bajó el rostro en disculpa al ver que Danny daba un respingo en la sequedad del tono—. Lo siento. No ha sido una noche fácil.
Danny apostaría que Steven no había dormido.
A él le había costado conciliar el sueño. Imágenes de su niña en un choque de auto y miradas de crudo dolor en el rostro de su compañero crearon una visión amarga cada vez que cerraba los ojos.
—Ese es tu lugar favorito de la isla —señaló Steve, en voz suave. Danny mantuvo su expresión en blanco—. Sí, lo sé. También sé cómo te sientes cuando vas a allí. ¿Puedo preguntar qué te llevó ayer? Febrero 7 no suena como algo importante en mi memoria.
Danny frunció el ceño, pero no respondió. La expresión de Steve se cerró de inmediato. Por un breve segundo se sintió como la primera vez que se habían conocido. Dos extraños apuntándose el uno al otro en plena desconfianza.
—¿Cuántos años tienes? —preguntó Danny, cuando el silencio se hizo insoportable. Era por todos conocido que no podía mantener la quietud por mucho tiempo.
Steve pestañeó en confusión. No debía ser una expresión tan adorable, considerándolo todo, pero lo era.
—¿Disculpa?
—Dijiste que sólo había usado corbatas en el primer año —puntualizó—. Nuestro primer año. Y francamente, babe, te ves como una mierda. Debes tener diez años más que yo al menos.
Steven sacudió la cabeza por un breve instante con algo muy parecido al afecto —con una pizca de indignación— sangrando en su cara y luego le sonrió.
—Siempre puedo contar con tu sinceridad, compañero —respondió, escueto. Danny levantó una ceja, notando la evasión y Steven se tomó otro momento—. Cumplí los cuarenta años en mi tiempo, Danny.
—¿Tu tiempo?
—Sí —Steve dejó que sus ojos vagaran por la habitación hasta fijarse en un punto detrás de él. No le gustó la expresión hueca que quedó en su mirada—. Seis años y diez meses a partir de hoy. Soy de diciembre del 2017.
—Eso es muy específico, babe —se encontró diciendo. Toda la conversación se sentía surrealista —¿Me estás diciendo que viajaste en el tiempo?
—Podrías decir eso —dijo, al final. Había algo filoso en el borde de las palabras—. O quizá uno de los dos lo está soñando... pero estoy bastante seguro que estamos despiertos.
—¿No dijiste que era el purgatorio? —preguntó, defensivo. Steven había dicho claramente la palabra en la tarde última y Danny no estaba agradecido en lo más mínimo. No era agradable ser comparado con un castigo divino para los pecadores—. ¿Soy tu tormento personal?
Algo en la cara de Steve cambió. Fue una emoción tan fugaz como una estrella rasgando el cielo y Danny no alcanzó a leerla con claridad.
—Siempre has sido mi tormento personal, Daniel. Desde que nos conocimos y empezaste a insistir con todo el protocolo policial y a quejarte de todo lo que existe bajo el sol —dijo con un tono sincero que era tan afilado como una cuchilla. Danny odiaba lo mucho que dolía—. Pero también has sido un gran compañero y un mejor amigo. Mi mejor amigo los últimos años.
No hubo más palabras durante unos minutos.
Danny quería lanzarse hacia adelante y atrapar a Steven en sus brazos con fuerza, porque esa declaración había golpeado algo muy profundo dentro de su alma, pero se contuvo a sí mismo.
Al parecer su sueño no había sido un sueño y algo muy, muy loco estaba sucediendo allí.
—Necesito un minuto —dijo, alejándose de la mirada de Steven y fijándose en la fotografía de Grace—. Esto es...
Era un caos.
Era demasiado.
Steven estaba allí, pero era un Steven que él no conocía. Y parecía tan desamparado que solo mirarlo le estaba rompiendo el corazón en pedazos. También estaba esa ridiculez del viaje en el tiempo y la necesidad de escuchar a su Steven para ver que no se trataba de una gran broma que Danny no podría perdonarle.
—Tu teléfono está en tu mesita de noche, Danno —apuntó Steve con una asertividad casi sobrenatural—. Puedes llamar a quien necesites pero no sé cuánta ayuda nos pueden dar.
Era cierto. ¿Cómo demonios Steve estaba allí? ¿Por qué? ¿Cómo harían para volver a su lugar?
Estaba empezando a sentir un terrible dolor de cabeza.
—¿Estuviste pensando en alguien? —preguntó Danny. Steve no era de quedarse estancado sin tener un plan.
—Mamo, tal vez. Él es nativo y conoce muchas historias. Pensaba que podíamos ir a verlo.
—¿Podíamos? ¿Como en tú y yo?
La sonrisa que le dio Steve se sentía más real que todas las anteriores. Había algo indefinible en él pero parecía desvanecerse bajo esa sonrisa.
—Como en tú y yo. Como en nosotros. Debe haber alguna razón por la que fuiste tú quien me encontró.
—Te ves muy tranquilo sobre esto —señaló Danny. Perturbadoramente tranquilo, la verdad.
—¿Me has visto asustado alguna vez?
«Sí», quiso decir Danny, «te he visto». Pero no encontró fuerzas para que esas palabras salieran.
—Pero es diferente. Solemos enfrentarnos a cosas... a cosas reales. Que vemos y tocamos y ahora...
Ahora Steve estaba solo en un tiempo que no era suyo. Debería estar… aterrado, preocupado, nervioso. Pero, ¿cuándo había hecho Steven McGarrett lo que esperaban de él?
—Soy bastante real, Danny.
—Sabes lo que quiero decir —rebatió, irritado—. No es normal.
Steve asintió, pacientemente para ser él. Su calma estaba enloqueciendo a Danny.
—Lo sé —dijo—. Te espero en la cocina. Tal vez deberías llamar como enfermo hoy.
—¿Y arriesgarme a tener a tu versión joven aquí? ¿No crearía eso una paradoja, si ustedes dos se encuentran? ¡Siempre es malo cuando el pasado y el presente se encuentran en las películas! —Atisbó una sonrisa en la cara de Steven y vio el mundo en rojo— ¿Te parece gracioso? ¿Cómo puedes estar tan calmado con todo esto? No puedes, no puedes simplemente aparecer en otro tiempo, Steven. Ni siquiera tú eres tan anormal. Esto es... ¿cómo demonios puedes estar tan tranquilo? ¿Y si eso significa que algo va a ir mal? ¿Y si...?
Estaba a punto de perderlo, lo sabía.
Fue una sorpresa, pura y absoluta, ver el rostro de Steven tan cerca cuando abrió los ojos de nuevo. Sus manos estaban en los brazos de Danny, calmantes como una caricia, y su rostro tan intenso que no podía apartar la mirada aunque quisiera.
—Vas a provocarte un infarto. Cálmate. Si hay una razón por la que no estoy enloqueciendo, Danny, es porque estás aquí. En mi experiencia, hemos logrado todo lo que nos hemos propuesto —Los ojos de Steven fueron como relámpagos en su rostro y había tantas cosas escondidas en su mirada que Danny quedó embrujado—. Siempre fui el que más creyó en nosotros.
Danny lo miró. Eso no explicaba su calma en absoluto pero el toque era relajante y familiar y bienvenido. Steven dibujó círculos calmantes con sus pulgares.
—Además, no dormí. No pude. Tuve tiempo para pensar. Te dejaré hacer lo mismo ahora pero, ya sabes que soy real y que estoy aquí. Y me conoces, Danny. Resolveremos esto, de algún modo.
Había algo más hondo en esa declaración, algo sin dirección definida, pero las emociones estaban destrozadas y mezcladas en ese momento.
—¿Por qué estabas allí? —preguntó Danny al ver que se alejaba.
Fue tan repentino que los sorprendió a ambos. Necesitaba saber, de cualquier forma, qué estaba haciendo Steve en su lugar secreto. La respuesta no fue inmediata pero la mirada en los ojos de Steve era completamente sincera.
—Quería que me encontraras.
.
.
—McGarrett.
Danny sonrió. Era una confirmación necesaria pero era extraño, de cualquier forma, saber que realmente, realmente había dos Steven McGarrett en el mundo en ese momento.
—Solo tú contestas así cuando sabes quién está al otro lado.
—¿Todo está bien, Danno?
—Sí. No... no lo sé. Hay... escucha, tengo algo que hacer hoy. ¿Te molestaría si llego más tarde? Ayer me diste permiso pero no quiero abusar...
—¿Danny?
—No puedo explicártelo por teléfono. Es complicado. Ni siquiera sé si yo lo estoy entendiendo.
—¿Qué es? ¿Es Grace? ¿Quieres que vaya a buscarte?
—¡No!
Steve se quedó en silencio por un largo momento.
—¿Estás en problemas, Danny? —preguntó.
—Es... Ni siquiera sé cómo explicarlo.
Se encontró con una pausa incrédula.
—Empieza por el principio, Danno. Tengo todo el tiempo del mundo.
—No vas a creerme, Steven.
—Pruébame.
—No tiene nada que ver con el equipo —dijo Danny y estuvo a punto de rechinar los dientes. Steve estaba siendo intencionadamente obcecado como sólo él podía ser.
—Tiene que ver contigo. Eso quiere decir que tiene que ver con el equipo y que puede afectarnos.
—No lo hará.
—Si te digo que no puedes tomarte el día libre, lo tendrá.
Danny hizo una pausa.
Su madre le enseñó muy rápido cómo tenía que hacer para usar el silencio con un reproche. No funcionaba en persona —él era difícil de callar— pero era sorprendente y efectivo por medio de los teléfonos.
—Te pasaré a buscar a la hora de siempre. Esto puede esperar.
Y cortó la llamada.
.
.
No podía esperar.
Steven, el futuro Steven, tenía que volver a su casa y si bien Danny no estaba enojado con él sí que estaba molesto por todas las complicaciones que se sumaban en su vida. Lo fulminó con la mirada mientras entraba en la diminuta cocina pero fue recibido con una expresión en blanco que no hizo más que agravar su frustración.
—Veo que esa llamada no fue bien.
—Eres «tú» —argumentó, alborotado—. ¿Qué esperabas?
Steven levantó una ceja. Ese corte de pelo hacía parecer más afilados sus rasgos y Danny podía suponer que también iluminaba las huellas de años vividos.
—¿Vendrá aquí?
—¿Sinceramente? No estoy seguro. Aunque dije que iré a buscarte...
—A buscarlo. No somos la misma persona, Danny.
Lo miró con incredulidad. —¿No eres Steven McGarrett?
—Sí, lo soy, pero no soy la misma persona que conoces ni tú eres... mi Danny. Pero sí eres él y yo soy Steve. Es complicado.
—Háblame de eso —respondió. Nada en Hawái era simple. «Bienvenidos al paraíso»
El teléfono empezó a sonar y la melodía de una llamada de Rachel inundó la habitación. Steven alzó las cejas cuando Danny se quejó.
—Es Rachel —explicó.
—No reconozco el tono —fue la respuesta indefinible que recibió—. ¿Quieres que me vaya?
Vaciló.
¿Ser un buen ex esposo todavía estaba como opción?
—No —dijo, tratando de ignorar lo rápido que la tensión se desvanecía del cuerpo de Steve.
No era Rachel. La voz de Grace ayudó a mejorar su humor de manera notable y para cuando su hija se despidió, no podía borrar la sonrisa de su cara.
Para su pasmo, Steve lo estaba mirando con una expresión suave. Se preguntó si estaba pensando en la Grace de su tiempo y por un instante se encontró queriendo llenarlo a preguntas sobre ese futuro que no llegaba a comprender, sobre cómo estaba su hija y si era la jovencita que estaba esperando convertirse. Las ganas murieron tan pronto como los ojos atormentados de Steven llegaron a su memoria.
No quería ser la persona que pusiese esa expresión en el señor estoy-siempre-en-control-de-mis-emociones.
—¿Debo tomar tu viejo mal humor como que no tienes el día libre? —Si mantener una fachada cordial era difícil para su huésped, no estaba seguro. Había muchas cosas que no estaba leyendo en su visitante. Este Steve tenía más experiencia en tratar con Danny, además, por lo que podría cerrarse mejor.
Danny bufó.
—Sabes cómo arruinarme el estado de ánimo. Los dos tú.
Joder, qué extraño era decir eso en voz alta.
—Llevo años de práctica —Steve sonrió—. Podría dar clases avanzadas de «cómo hacer enojar a Daniel Williams»
Danny se encontró riendo en esa imagen ridícula.
Quizá debería sorprenderle lo fácil que era la conversación con Steven pero, contrario a la creencia popular, siempre había sido fácil.
—Eso te quitaría toda la diversión, babe —bromeó. No era un secreto que a Steven le gustaban las explosiones y si alguien en su grupo calificaba como explosivo, ese sería Danny mismo. La siguiente deducción era lógica— ¿Qué vamos a hacer, entonces?
—Mamo no va a ir a ninguna parte, Danny. Podremos ir cuando vuelvas. Te dará tiempo para inventar una excusa y acompañarme.
Quería preguntar «¿estás seguro que quieres que te acompañe?» pero, en cambio, preguntó: —¿No quieres involucrar al equipo?
La idea era desagradable en muchas formas, porque odiaba la mentira descarada.
Tendría que hallar algo qué decir.
Steven se mantuvo serio, aunque sus ojos reflejaban remordimiento. —No. Esto... El hecho que yo esté aquí, como tú mismo lo dijiste, no es natural. No sé si puedo encontrarme conmigo mismo y no creo que él tome bien un rechazo tuyo si tienes que ayudarme y no puede participar. Hay mucha gente en este tiempo que no debo encontrarme, tampoco. Cuando tengamos más información...
Danny sacudió la cabeza, las posibilidades corriendo detrás de sus párpados aumentaban exponencialmente con cada segundo que pasaba.
—Sigo sin entender por qué estás tan tranquilo.
Alzó los hombros en réplica.
—Déjame adivinar. «Es clasificado.»
Steve se rio.
—No vas a ir a ver a Mamo sin mí, ¿verdad? —Danny preguntó, abrazando la resignación con algo de ira. Tan extraño y singular como era todo, continuaba siendo algo parecido a un enigma y quería saber—. Porque eso, mi amigo, suena como algo que harías. No tienes paciencia.
—Te prometo que no me moveré. Y puedo ser paciente —Steven le dio su mejor sonrisa arrogante. Danny parpadeó en la diferencia abismal con el hombre que había encontrado en la tarde anterior y ese que tenía delante—. Me ejercito teniéndote como mi compañero, ¿sabes?
.
.
Danny debió haber previsto que Steve —su Steven, el de su tiempo—estaría enojado.
No solo se había negado a recibir su ayuda bienintencionada sino que había terminado la llamada en medio de una discusión. Básicamente, había sido un idiota. Rachel tenía bastante razón cuando le decía que ese era un defecto profundo en su carácter. Danny era de reacciones. Supuso que podría disculparse y arreglar las cosas mientras trataba de convencer a su Steve que no tenía ningún problema y que todo estaba bien, para cumplir el deseo del otro Steven —el futurista— de no involucrar a ninguna otra persona.
Era una posición desgarradora pero Danny no quería arriesgarse.
No entendía cómo había podido pasar algo así pero, en lo más hondo, la idea que Steven pudiera doblegar las leyes fundamentales era más una sátira esperable que otra cosa.
Estacionó frente a la casa McGarrett y esperó.
Y esperó.
Y esperó.
Con un suspiro de frustración, apagó el motor y abrió la puerta. No estaba seguro qué estaría haciendo Steven —el otro Steven, el futurista— en su apartamento y no estaba seguro de querer saber. Le había prometido no ir a ver a Mamo pero, conociendo a McGarrett terminaría aburriéndose pronto. Quizá no debió haberlo dejado solo.
No, definitivamente no debió dejarlo solo.
—Llegas temprano, Danny.
Era tarde para cambiar de opinión y regresar sin crear un problema más profundo.
Su Steve sonaba enojado, desde luego. Pero había algo más que molestia en su expresión cuando se fijó en él, algo indefinible que él habría pensado como orgullo herido si no supiera mejor.
La mirada inflexible lo dejó inmóvil.
—Sí —respondió, un poco incómodo—. Salí temprano de mi apartamento. Quería pedirte-
—Puedo darte la tarde libre, Danny —lo escuchó decir, la voz un poco cautiva. Parecía que estaba hablándole a alguien más—. No tenemos ningún caso activo por ahora y como bien has dicho alguna vez, lo que hagas en tu tiempo libre no es asunto mío.
El estómago de Danny se hizo nudos cuando le dio la espalda deliberadamente.
—Steve.
—¿Qué?
—Fui un idiota, ¿está bien? Exageré. ¿Puedes dejar el modo pasivo-agresivo para cuándo no esté tratando de disculparme contigo? Es irritante.
Steve se dio la vuelta y lo miró, realmente lo miró. Se obligó a mantenerse quieto bajo la intensidad.
—¿Estás tratando de disculparte conmigo? —dudó. La incredulidad brillaba a través de sus palabras.
—Hasta que empezaste a hablar mi intención era disculparme, sí. —Danny se masajeó la nuca. Sus ojos cayeron al suelo porque no había considerado lo difícil que sería ocultarle a su Steve algo... algo tan serio como surrealista. No podía mentir por el hecho de hacerlo—. Mira, sé que estabas tratando de ayudar pero, Steve, estoy acostumbrado a lidiar con mis problemas solo.
—¿Crees que eso no lo sé? —preguntó con un chasquido, sus ojos súbitamente encendidos—. Te conozco, Danny. No somos muy distintos en eso. La diferencia es que sé donde están mis límites.
—¿Sabes donde están pero los ignoras? —preguntó Danny, una ráfaga de molestia tronando en su voz. Había cosas que nunca podrían hablar con calma, al parecer—. Y conozco mis límites, muchas gracias.
Steve se alejó con un bufido.
Por un fugaz instante, Danny deseó tener al otro Steven —la extraña versión futurista— allí, para comparar las diferencias. Habría más líneas de angustia, eso era bastante obvio. El corte de pelo era distinto, también, pero más allá de la postura ligera que había en el más joven, el mayor tenía una mirada embrujada y sombras escritas en su piel. La idea de ver a este Steve —su Steve— con una pena semejante le cortaba la respiración.
—¿Qué? —exigió.
—Qué, ¿qué?
Steven levantó una ceja en respuesta.
—Tu cara mientras me mirabas, Danny. ¿Qué era esa cara?
Danny apartó la vista con tanta rapidez como pudo para borrar la expresión que sabía estaba haciendo. Frunció el ceño al volver a mirarlo.
—No soy el de las caras.
Su compañero hizo un sonido de disgusto y Danny pensó que no era el único que sentía que estaban hablando en círculos. —Eres el de los tonos. ¿Sabes lo que me está diciendo tu voz ahora?
Danny suspiró. Steve no apartó la mirada.
—Entre que tu llamada de ayer y la de hoy, algo te pasó. No tiene que ver con Grace pero es importante para ti, lo suficiente para que no quieras llamar a nadie más... pero me llamaste. Y creo que quieres decirme lo que está pasando pero algo no te deja. ¿Me estoy acercando?
Parpadeó. No sabía si sentirse agradecido o confundido con lo fácil que estaba leyéndolo Steve en ese momento.
—Estás bastante cerca.
Steve se tensó.
—Mira, no. Vayamos a trabajar, saldré una hora antes apenas y haré el papeleo si quieres. Me quedaré si tenemos un caso. Pero podemos, ya sabes, no hacer esto. ¿Podemos tener un día en calma?
—¿Es sobre Rachel? —preguntó en voz baja, ignorando cada palabra que Danny acababa de decir como era su costumbre—. ¿Alguien te metió en problemas?
—Podrías decir eso —la mente de Danny empezó a correr, porque era cierto—. Tengo un... visitante. Un viejo amigo llegó de repente y me pidió ayuda con algo importante. Él necesita que sea yo.
La expresión de Steve era claramente recelosa y sus ojos buscaron rastros de mentiras en la cara de Danny. Estaba bastante cerca de la verdad, no obstante, y quizá podía aferrarse eso.
No quería mentir. No quería...
Steve odiaba las mentiras. Danny esperaba que la culpa no estuviese brillando en su rostro como un cartel de neón.
—¿Por qué no me dijiste eso cuando llamaste más temprano?
—Me sorprendió, ¿de acuerdo? —Danny tuvo que luchar contra una sonrisa y no estaba seguro de haber tenido éxito—. Es... él es bastante complicado.
Steve ladeó la cabeza hacia un lado. Parecía que estaba examinando una obra de arte de un ángulo distinto para ver si podía comprenderla. Danny no pudo leer su expresión en absoluto.
Comenzaba a molestarle eso.
—¿Y puedo conocer a este amigo tuyo?
Sonaba curioso, lo que era malo.
Danny no pudo evitar una ráfaga de pánico ante la visión. ¿Pasaría algo si ellos dos se encontraban? No tenía idea. Pero, más allá de eso, todavía Danny no estaba seguro si era buena idea. Él no estaba seguro si podría encontrarse con su versión futurista y actuar con calma. Aún no entendía cómo podía estar tan tranquilo con todo lo que había pasado.
Steve... Steve era impredecible en el mejor de los casos.
—Ese silencio es ofensivamente largo, Danno.
Los ojos de su compañero no abandonaron su rostro.
—Estaba tratando de imaginarlos en la misma habitación y no pude —La imagen era más extraña que hilarante pero Steve se relajó. Danny hizo una pausa, mientras buscaba una respuesta más sensible—. No es un buen momento para él.
Steve asintió como si comprendiera. Danny le tendió las llaves del Camaro y todo estaba bien entre ellos.
(Excepto que Danny no le había dicho que se había encontrado con una extraña versión de su futuro, por supuesto.
¿Cómo es que esa era su vida?)
