Descargo de responsabilidad: Sherlock pertenece a Steven Moffat, Mark Gatniss y BBC. Los personajes originales le pertenecen al grandioso Sir Arthur Conan Doyle.
Vulnerable
John Watson observó en silencio el panorama a su alrededor.
Luces brillantes, azules y rojas, personal médico yendo de aquí para allá, Mycroft haciendo llamadas. Lo usual tras un evento como aquel.
La pesadilla por fin había terminado, y John no podía estar más agradecido por ello. Sin embargo, el pesar y una sensación amarga asentándose en su estómago impedían que la anhelada paz calmara su corazón.
Rosie estaba bien, y también la Sra. Hudson. John acababa de colgar la llamada, disculpándose con la niñera por las horas extras, pero sin entrar en detalles. Con la Sra. Hudson no habló, temeroso de que lo bombardeara con preguntas que no sabría cómo contestar, pero le aseguraron que estaba bien, dormida por el momento.
Por supuesto que lo estaría, era más de las doce de la noche.
Mycroft se acercó desde la distancia, y John despidió al médico que le atendía. Conocía ya muy bien esa expresión, Mycroft quería hablar. John hizo el amago de ponerse de pie, pero Mycroft le indicó con señas que se quedara sentado.
—Rosie y la Sra. Hudson se encuentran bien —comentó John.
—Bien —contestó el mayor de los Holmes dando un pequeño asentimiento con su cabeza.
—¿Qué hay de…? —dudó, no se sentía cómodo llamándola por su nombre.
—La llevaremos de vuelta a Sherrinford —concedió Mycroft, dejando que John ganara tiempo antes de preguntar por Sherlock—. Esta vez me aseguraré de que permanezca allí.
—No parece muy conversadora ahora —notó John.
—Sherlock dice que ya no hablará más.
John se puso nervioso, sin saber cómo abordar ese tema, pero decidió ir por la tangente y no darle más vueltas.
—¿Cómo… cómo está él?
—Devastado —respondió Mycroft sin rodeos—. Nunca lo había visto así.
John estaba de acuerdo. Tampoco le había visto así, ni siquiera cuando Irene Adler era dada por muerta. Ahora Sherlock ni se molestaba en negar su desconsuelo.
Ambos hombres se quedaron en silencio un momento, mirando cómo cerca de allí, sentado en una de las ambulancias, se hallaba Sherlock. Una sábana a punto de resbalarse cubría sus hombros, pero él no hizo nada para mantenerla a su sitio. Su mirada lucía perdida, vacía, como si intentara resolver un complicado rompecabezas, uno que sabía de antemano que no podría solucionar.
Una sola palabra vino a la mente de John en ese momento.
Vulnerable.
John juró ver una lágrima perderse en su mejilla, pero la distancia le hizo dudar.
Sin embargo, Mycroft sabía que su hermano sí era capaz de llorar. Él mismo había limpiado sus lágrimas, decenas de veces, cuando Sherlock era sólo un niñito asustado y devastado por la desaparición de su amigo. Eventualmente había dejado de llorar, cuando aprendió que las lágrimas poco y nada pueden hacer para mitigar el dolor y reparar lo que se ha roto, convirtiéndose en la persona que ahora conocían.
Mycroft no lo había visto llorar desde que tenía ocho años.
—No va a recuperarse de esto, ¿o sí? —reflexionó John no muy seguro de si aquello era una pregunta o una afirmación.
Mycroft se volvió hacia él, quitando su mirada de su melancólico hermano.
—Molly Hooper está viva.
Los ojos de John se abrieron como platos.
—¿Qué? ¿C-cómo? —John dio un salto de la ambulancia, sorprendido y enfadado por igual.
—Fue un montaje —respondió Mycroft—. Uno muy bueno.
John no podía dar crédito a lo que escuchaba.
—Y Sherlock no lo sabe todavía —el enojo era evidente en su voz.
—Lo sabrá muy pronto —contestó Mycroft sin perder la calma—. Por ahora es mejor esperar para darle la noticia.
John dejó salir un bufido de ironía. No lo comprendía, le molestaba. Sherlock seguía creyendo que Molly Hooper estaba muerta, muerta por SU culpa. ¿No era suficiente tortura ya? ¿Por qué no sacarlo de su dolor ahora y decirle la verdad? ¿Cuánto tiempo más pensaba Mycroft dejarlo sufrir así?
John conocía muy poco en lo personal a Mycroft Holmes, pero una cosa sí le había quedado clara: él haría lo que fuera, cualquier cosa, incluso dar su propia vida por su hermano. Parecía extraño considerando que se llevaban peor que el perro y el gato, pero Mycroft de verdad amaba a su hermano, siempre estaba allí, en las sombras, protegiéndolo con pasión infinita. Tanto así, que por años alimentó una mentira para evitarle sufrir. Y ahora parecía que estaba haciendo justamente lo contrario, ocultar la verdad para que… ¿siguiera sufriendo?
Era una lógica muy extraña, incomprensible para John, y no necesariamente cierta.
—¿Cuándo vas a decírselo? —demandó señalando con la cabeza en dirección a Sherlock—. Míralo cómo está ¡por todos los cielos, casi se suicida allí dentro! —alzó la voz con la última frase, llamando la atención de los que estaban cerca.
Mycroft no perdió la calma, y trató de transmitirle la misma tranquilidad a John, aunque él deseaba más que nadie acabar con aquella miseria y decirle la verdad.
—Conozco a mi hermano —dijo—, y sé que usted también le conoce bien. Creo que ha quedado más que claro lo mucho que me importa, así que le puedo asegurar que esto es por su bien. No me gusta ver a mi hermano sufrir, Dr. Watson —clavó su mirada en él, dejando explícito el significado completo de esa frase—. Por eso creo que lo mejor para él es esperar.
—¿Esperar a qué?
—A que llegue la Dra. Hooper, por supuesto.
John lució confundido por un momento.
—¿La llamó?
—Así es. Sherlock necesita pruebas indubitables de que ella está con vida y nunca hubo peligro alguno —John suavizó su expresión, comenzando a entender—. Traerla aquí dejará eso en claro, por supuesto. Si simplemente fuera hasta allí y se lo dijera, él no me escucharía.
John asintió, comprensivo. Por supuesto que Sherlock no lo haría, no en el estado en que se encontraba. Probablemente ni siquiera le escucharía hablar, sumido en sus propios pensamientos y auto-torturándose con la culpa. Frunció el ceño, preocupado, al verle no reaccionar cuando un médico se acercó a decirle algo.
—Apresúrate, Molly —murmuró está vez sí viendo como una lágrima se deslizaba por el rostro de su amigo, hasta perderse en su barbilla.
—Fanfiction, 25 de enero de 2017.
