Nota de la autora: Muchas gracias a quienes hayan leído/comentado/alertado y hayan puesto de favorito el primer capítulo de esta historia. Es placentero saber que lo que uno hace es gustado por otras personas. Espero y este capítulo también sea del gusto de ustedes.
Abdicación/Disclaimer: Tampoco soy dueña de la canción Secrets de OneRepublic. Obviamente.
Capítulo 2: Secretos Que Guardamos
I need another story, something to get off my chest
My life gets kind of boring, need something that I can confess…
And, I'm gonna give all my secrets away…
Secrets (OneRepublic)
Natsuki contemplaba, con sus ojos verdes esmeralda el paisaje con el aire sombrío y determinante de una persona que sabe que está a punto de embarcarse en una nueva etapa. Una etapa que sería muy importante en lo que ella consideraba como el propósito de su vida, el obtener venganza.
Pero, antes que saliera rugiendo por su venganza, tendría que cumplir con la prueba que sus tíos le habían exigido y la cual debía ser superada si se creía lo suficientemente capaz de poder llamarse una Krüger.
Estaba sentada enfrente de un lago que estaba muy cerca de la casa donde ella había pasado el último año y medio viviendo; la casa de sus tíos. Sus tíos vivían en el bosque que está en la frontera entre Finlandia y Rusia, por lo que incluso a mitad del verano ya se lograba sentir un poco del frío cortante que caracterizaba los inviernos de aquel perdido lugar.
Para Natsuki esto no importaba mucho, hubiera frío o calor, ella ya no sentía temperatura alguna; en especial cuando se había pasado las últimas cuatro horas mirando al mismo lugar y pensando lo mismo una y otra vez. Para ser una chica de do… bueno, trece años a partir de ese día, era definitivamente una con demasiadas preocupaciones para su corta edad.
Tales preocupaciones estaban centradas en la jugarreta que su tío se había entretenido poniéndole. Con el sólo pensar en que tenía que postergar la investigación sobre lo ocurrido a sus padres tiempo atrás, ya empezaba a sentir el malestar de una úlcera formándose en su estómago.
No sólo eso, sino que también la escuela a la que iba resultó ser una escuela totalmente ordinaria, a donde atendían jóvenes aburridamente ordinarios, sin conocimiento alguno de su mundo; por lo que no nada más tendría que lidiar con un montón de chicos sin ideas de las verdades del mundo y a la vez intentando pasar el año, sino que además tendría que ser súper cuidadosa para no incurrir en el castigo dado a los magos cuyas identidades eran descubiertas.
Este círculo de pensamientos errantes terminaba con el recordatorio de su última preocupación: Dhuran.
Desde que había regresado a Finlandia, a casa de sus tíos, para vivir sus últimos días en tranquilidad antes de ir a su nueva escuela, Dhuran había desaparecido sin ni siquiera darle aviso. Ni porque ése día era el 15 de agosto, en el cual cumplía maravillosamente sus trece años, su mejor y único amigo no había sido capaz ni de aparecer a darle una felicitación o mínimo una relamida en el cachete. Ni hablar de un regalo.
Natsuki estaba molesta. No podía creer que su fiel amigo le estuviera reprochando con su silencio el que le fuera a dejar; y es que sus tíos le habían dicho que Dhuran no sería muy bien recibido a donde ella iba y que el trato con el director de la escuela para recibir a Natsuki, pues, había sido exclusivamente para ella. Así que no era como si ella pudiera evitar dejarlo, un trato era un trato. Ella nunca se retractaba en su palabra, y no le iba a dar la satisfacción a su tío de retractarse de la promesa que le había hecho.
Es por culpa de esa promesa hecha con su tío que Natsuki había pasado en un estupor depresivo los últimos días antes de convertirse en una estudiante por última vez. 'Porque mi vida está desesperadamente en busca de más drama. Maldito seas Dhur… Ah, bueno ya lo…' Natsuki exhaló cansadamente. Ni siquiera había podido concentrarse lo suficiente como para estudiar algunos de sus escritos mágicos que había tomado "prestados" a la biblioteca mágica de Finlandia.
Lo único por lo que estaba esperando con un poco de ansiedad llegar a Suiza, era porque su tío le había prometido que el director de esa escuela era también un mago. Uno muy fuerte y muy estudioso, quien de seguro tenía muchos libros mágicos a los cuales ya había dado su autorización para que Natsuki los revisara.
"Natsuki," Ella entornó su cuerpo hacia donde provenía la voz de su tía llamándola; su melena larga, lacia y negra se movía con el viento. "Ahí estás, te he estado buscando como loca querida." Dijo su tía, la mujer que a sus 33 años y sin hijos había estado cuidando de ella durante los últimos dos años, y la que le había atestado un golpe noqueador a su adorada sobrina no un mes previo.
"¿Para qué me necesitas tía?" Contestó Natsuki, en una voz muy diferente a aquella con la que le había gritado y llamado mentirosa a la persona que ya se encontraba frente a la ella, mientras Natsuki estaba sentada a la base de la laguna.
"Pues, para que vayamos a cenar hija, además, te espera tu pastel. Debemos apurarnos que mañana vas a ir con tu tío a comprar lo necesario para tu viaje, por lo que te debes de acostar temprano." Le recordó su tía. Era simplemente una de esas mujeres que trataban a todo mundo con una sonrisa. Siempre le había parecido a Natsuki una persona totalmente inocente e indefensa, ahora sabía que eso era totalmente falso. La mujer sabía cómo asestar un golpe.
"Sí tía, dentro de poco te alcanzo." Lhuna Gorvic se dio la vuelta para regresar a preparar la cena cuando su sobrina la detuvo. "Amm, Dhuran, ¿él aún no…?" Natsuki no pudo terminar, sabía que su tía entendería.
"No Natsuki, pero no te debes preocupar, Dhuran es un ser muy fuerte, el va a estar bien. De seguro se aparecerá mañana para desearte un buen viaje." Le reconfortó su tía y continuó con su camino.
Natsuki se levantó y, con una última mirada a la hermosa y relajante vista, emprendió el camino a la pequeña celebración con motivo de su cumpleaños. Se forzó a no desear cosas innecesarias como la compañía de sus desaparecidos padres y mejor se preguntó cómo serían las personas a las que estaba a punto de conocer.
Bueno, esa era otra de las cosas que no importaban mucho en el mundo ya vacío de emociones de Natsuki. Mientras la dejaran en paz y no se trataran de pasar de listos con ella, ellos estarían bien. Además, así iba a ser más fácil para ella mantener ocultos todos sus secretos.
El Gymnasium Gärderobe resaltaba de entre todos los que había en el Cantón de Zürich, y en toda Suiza; por su alumnado. Al ser una escuela privada estilo internado, se caracterizaba por tener puros estudiantes que provenían de familias adineradas y muy bien posicionadas en el mundo empresarial y académico.
Otra característica de Gärderobe es que era un Gymnasium Internacional; pero eso no sorprendía, en Suiza se encuentran cientos de esos; por lo que se podía ver alumnos de diferentes nacionalidades y diversas lenguas recorrer los enormes terrenos del campus.
Para terminar, era una de las pocas escuelas de Suiza que usaban uniformes escolares. Según los directivos, eso le daba al alumnado un sentimiento de pertenencia a tan prestigiosa escuela. Tendencia que ya varias escuelas en Suiza empezaban a utilizar.
Lo que realmente sorprendía era que, en sus profundidades administrativas y estructurales, guardaba secretos de los cuales ninguna otra escuela de Suiza, aunque sí otras en el mundo, tenían conocimientos. Pero eso lo dejaremos para más adelante.
El campus se encontraba situado en un terreno de la municipalidad de Küsnacht, dentro del cantón de Zürich, a 20 minutos de la ciudad que lleva este último nombre.
El lunes 15 de agosto Gärderobe ofrecía una vista peculiar a aquellos acostumbrados al ambiente común de esa escuela. Era el día previo al inicio de clases, por lo que los estudiantes, quienes habían estado llegando a los dormitorios desde el viernes anterior, estaban disfrutando del último día de vacaciones.
El lugar estaba muy tranquilo con cada estudiante disfrutando de las amplias áreas verdes que rodeaban el campus, cada uno sumergido en sus preferidas ocupaciones: estar recostados en el pasto, leyendo en la enorme biblioteca escolar, disfrutando de picnics entre amigos o haciendo uso de las áreas deportivas.
Dos chicos justamente se encontraban haciendo uso de estas últimas. Uno de ellos era alto y de cabellera dorada con luces de un castaño claro y ojos ámbar; el otro era igual de alto, de cabellera negra y ojos del mismo color, con una tez bronceada y una muy peculiar cicatriz en su mejilla izquierda. Ambos jóvenes eran muy apuestos, con el cuerpo de aquellos jóvenes que se la pasaban jugando al futbol como locos y con movimientos ágiles ganados después de varios años en sus respectivas disciplinas marciales. Se andaban pasando un balón de futbol de manera informal entre ellos.
"Felicidades por ser el nuevo capitán del Club de Kendo Takeda, te lo mereces." Dijo el joven rubio con una mueca de aburrimiento en su cara, acababa de llegar a la escuela y ya tenía ansias de irse otra vez. Luego pareció recordar algo y antes de que su compañero pudiera agradecer le comentó con voz burlona, "Aunque ambos sabemos que, de no ser porque la pequeña demonio no tiene idea de cómo manejar un Club y sus finanzas, ella te hubiera robado el puesto sin siquiera intentarlo."
"Calla, digo, no es como si tú tuvieras alguna posición de importancia en tu club, Tate." Masashi Takeda le contestó a su mejor amigo en todo el campus. Desde que se convirtieron en compañeros del club de futbol cuando Sergey Tate entró a la escuela tres años antes, cuando Takeda iba en noveno grado y Tate en octavo, rápidamente se compaginaron y lograron formar un dueto muy poderoso a la hora de jugar al fut… y de volver locas a las chicas del lugar.
"Por favor Takeda, sabes que desde que te saliste del equipo para enfocarte en la dirección del Club de Kendo ya no he jugado como antes." Le dijo el aludido a su amigo golpeándole en su hombro. "Aparte, yo igual estoy más interesado en mi entrenamiento de arte marcial. Lástima que no hay un Club de Kempo en la escuela."
"Mmjá, lo que digas hermano, pero cuenta, que pasó con esa chica del Instituto Montana que te invitó a salir antes de las vacaciones." Cambió de tema de conversación el moreno con su voz ronca.
"Ah, pues nada, nunca me comuniqué con ella. La verdad es que no era lo suficiente bonita para mis gustos." Tate contestó de mala gana. Sabía que a su amigo le molestaban ese tipo de comentarios, pero no podía evitarlo. Además en ese momento estaba más enfocado en su entrenamiento como para, según él, perder el tiempo con una chica.
"Pfft, en serio Tate, el karma un día de estos te va a venir a morder el trasero. Ya lo verás cuando te enamores." Le aleccionó Takeda.
"Por favor, Takeda, tú que vas a saber de amor, no has salido con ninguna chica en los últimos dos años. La gente va a empezar a decir rumores de ti hermano, ya sabes lo que dicen de los solteros guapos."
"Pues qué quieres que haga, simplemente ninguna chica ha sido la indicada. Ninguna que he conocido es especial." Comentó Takeda desviando la vista de la de su amigo y dejando pasar la bola de largo.
Nadie creería que Masashi Takeda, uno de los chicos más solicitados y populares en toda la escuela, fuera tan romántico. Era un secreto que Takeda había mantenido oculto con su rudeza exterior y sus rechazos a tantas chicas en su tiempo en esa escuela.
"¿Indicada? Pues amigo, espero que a cómo eres de especial con las chicas sepas reconocer a la indicada. Y ahora vete a buscar esa bola menso, que tú la perdiste por andar proyectando al tipo Cullen ese." Y señalando con su mano hacia la bola, apresuró a su amigo a que la fuera a buscar.
Takeda nada más esgrimió una mueca al escuchar tal referencia de su amigo antes de ir por la pelota, ya luego utilizaría esa referencia para burlarse de su amigo. Mientras Takeda se alejaba a buscar la bola murmuró, lo suficientemente alto para que su amigo lo escuchara, la condición de idiota de éste.
"En serio Takeda, a quien el Karma vendrá a darle una lección va a ser a ti, por rompecorazones." Le gritó Tate a su amigo con una chispa de diversión en sus ojos. Empezaba a pensar qué hacer como siguiente actividad. Tenía que disfrutar con su mejor amigo del último día antes de las clases aburridas que les esperaban. No había manera de que quisiera pasar su tiempo libre con nadie más que su mejor amigo, pero eso era algo que nadie más tenía que saber.
"Oye, ¿y en serio crees que soy guapo?" Le gritó Takeda a su amigo desde el lugar a donde el balón había salido volando. Cuando vio el gesto horrorizado que su amigo puso se puso a reír como loco.
No todos en el Gymnasium de Gärderobe estaban disfrutando del último día de vacaciones. Dentro del auditorio había toda una revolución. Había estudiantes trabajando por todos lados, al parecer pertenecientes a varios grados, todos comandados por una muchacha rubia de estatura mediana, que parecía estar muy emocionada dando, gritando, órdenes a todos los presentes dentro del recinto.
"¡Arriba! He dicho que esa pancarta debe ir arriba" Gritó con una fuerza ensordecedora la chica rubia de ojos purpúreos, su voz amplificándose gracias a un megáfono que sostenía para desgracia de todos quienes la rodeaban. "Es ésta que tengo a mi lado la que va a ir en la entrada."
"Haruka, no te deberías estresar, todavía tenemos mucho tiempo para preparar las cosas." Una pequeña joven, de cabello castaño bien corto, le contestó acercándose a ella con varios papeles sobre sus brazos, sus ojos verdes aceitunados mostrando su extrema tranquila timidez.
De cara era muy bonita, pero nada especial. Uno podría decir que era de una de esas personas que uno no se tomaría la molestia de voltear a ver cuando pasan al lado de uno. Pero era una persona con una personalidad muy leal y cálida.
Muy grande la diferencia con su rubia mejor amiga, quien llamaba mucho la atención debido a dos grandes razones pero que con su personalidad solía alejar, o asustar, a cualquier chico que se le acercara a más de dos metros con asuntos que no tuvieran que ver con Gärderobe. Nadie le podía reclamar que Gärderobe no fuera su prioridad.
"Oh Yukino, al fin, alguien competente. Ya estoy cansada de trabajar con puro imbécil." Le comentó la rubia a su amiga mientras le aventaba una mirada feroz a todos los que las rodeaban.
"Haruka, no creo que insultar a los demás estudiantes sea propio de la Presidenta del Consejo Estudiantil." Reprimió a la rubia Yukino Chrysant, Vicepresidenta del Consejo Estudiantil, con una pequeña sonrisa en su boca. Estaba muy orgullosa de que su amiga hubiera podido lograr lo que se había propuesto desde que tenían doce años. Era la indicada para el cargo, según su opinión personal.
"Arghh, disculpa pero es que mi paciencia se está agotando. Ninguno de los estudiantes presentes me hacen el trabajo fácil, y para colmo todavía faltan alumnos por presentar sus informes sobre el arribo a los dormitorios." Gruñó Haruka Armitage, quien, si bien no había sido la favorita entre los estudiantes para ser Presidenta del Consejo Estudiantil, sí había sido la que había ganado el mayor número de votos de entre los competidores.
"Mínimo muchos ya se reportaron para dar alguna justificación, todos excepto esa maldita mujer amante del té." No era posible para Haruka evitar su tono de desagrado al mencionar a su "enemiga" número uno. "Y te apuesto un helado a que lo está haciendo a propósito nada más para molestarme porque yo soy la Presidenta y no ella."
"Mmm, probablemente estés en lo cierto, pero la Srita. Viola es muy competente en su trabajo Haruka, sabes que te entregará el papeleo a tiempo." Yukino realmente no creía que fuera ésa la razón por la cual la Representante de la Clase a la que pertenecían le hiciera su trabajo difícil a Haruka, eso de que lo estuviera haciendo en venganza porque era Haruka quien era la Presidenta. No, Yukino sabía que era simplemente porque por alguna razón la chica, por mucho que era una mujer encantadora y con modales, le encantaba molestar a su querida amiga Haruka. Esto en cambio molestaba mucho a Yukino, pero sabía que no le podía decir nada a la otra mujer, en esa escuela, si había alguien inmune a todos los alumnos y el staff académico, era Shizuru Viola.
Si bien era cierto que Shizuru Viola parecía ante todo el mundo como la mujer perfecta en cuanto a apariencia y encanto, había algo en el aire que cargaba que no le agradaba del todo a Yukino, y eso que ella era de las personas que podían conversar, sin perder su timidez, a gusto con cualquier persona.
Yukino sentía que la Representante de la clase 12° A era por mucho una mujer de cuidado y totalmente artificiosa. A pesar de varios años estudiando juntas no creía conocer nada bien a Shizuru y de hecho no creía que hubiera una sola persona en toda Gärderobe que lo hiciera.
"Como sea Yukino, ahora vamos a demostrarle a esta escuela que yo desde un principio fui la indicada para ser la Presidenta Estudiantil." Haruka le dijo a su amiga volteándola a ver con una sonrisa en su boca. "Este será un gran año con muchas actividades en esta escuela. Nadie lo olvidará."
Yukino no pudo evitar devolverle la sonrisa a su amiga, como si hubiera sido contagiada por la presencia de la sonrisa. Ése era uno de sus secretos, cada uno involucrado con la persona que tenía enfrente; le era inevitable el ponerse feliz cuando su querida Haruka estaba feliz. "Sí Haruka, ahora en qué otra cosa te puedo apoyar."
Y así ambas continuaron con sus indicaciones para que el nuevo año escolar, el último para ellas en esa escuela, el último juntas, fuera uno inolvidable.
Mai Tokiha, una pelirroja de onceavo grado, muy atractiva de entre las de su grado, desmontó de la línea de metro del Zürich S-Bahn que conectaba al municipio de Küsnacht con la ciudad de Zürich.
La chica iba regresando a la escuela después de haber hecho las compras de los alimentos para su dormitorio que, con muucha suerte, les alcanzaría a ella y a su compañera de cuarto para dos semanas. Bueno, lo más probable que fuera sólo una.
Con todas las bolsas de las compras pesándole demasiado, se arrepintió de no haber esperado a que su compañera regresara de entrenar para que la acompañara.
Volteó a ver la hermosa vista que el lago Zürich ofrecía en esos tiempos de verano y decidió empezar a caminar hacia la escuela. Tenía que dejar todo listo para el comienzo de clases.
Después de caminar unos minutos y de que la circulación de sus manos se estuviera cortando debido al peso de las bolsas, al fin pudo vislumbrar la salida de la calle que la metería a la parte del bosque en donde Gärderobe se encontraba.
Al fin podía ver la escuela con sus magníficas construcciones, no de sorprender del edificio que albergaba a la escuela privada más importante de Zürich.
Mientras emitía un suspiro se preguntó qué estaría haciendo en esos momentos su hermanito. Intentaba no preocuparse ya que sabía que él sabía cuidarse y que además tenía en su compañero de cuarto a alguien confiable.
Acababa de pasar el portón del Gymnasium Gärderobe cuando sintió un peso colgársele de la espalda que por poco la tumba al suelo. Afortunadamente era una chica muy fuerte, aunque nadie se lo creyera debido a su cuerpo poco atlético.
"¡Maiiiiiiii!" Le gritó al oído con entusiasmo el peso a su espalda.
"Mi- Mik- suéltame mujer, me estás as- asfixiando." Dijo Mai entre jadeos a causa de su asfixia.
La muchacha que estaba colgada a la espada de la pelirroja, la cual tenía cabello negro y dividido en dos coletas trenzadas la soltó y pronto le arrebató varias de las bolsas que Mai estaba cargando, después de todo, esta era otra que, a pesar de su figura extremadamente delgada, era muy fuerte.
"Fuiste de compras Mai, que mala, me hubieras esperado. Tenía tantas cosas que comprar." La chica del cabello trenzado hablaba, al parecer sin respirar, a su amiga mientras la miraba con sus ojos ámbar que asemejaban de cierta manera aquellos a los de un gato.
"Lo siento Mika, me urgía terminar las compras temprano, ya ves que mi abuelo nos citó en su oficina dentro de un rato." Mai explicó a su mejor amiga y compañera de cuarto Mikaela Minagi.
"¿En serio? Perfecto, ya extraño los dulces de papa Michel. Siempre tiene varios guardados en su oficina si uno sabe cómo buscar." Mikaela prácticamente empezaba a babear de tan sólo pensar en los dulces que el abuelo de Mai, quien también era el director de Gärderobe, guardaba en la oficina que tenía en el edificio administrativo del campus.
"De veras Mikaela, en todo lo que tú piensas es en comida. Es más, a veces pienso que la única razón por la que todavía sigues siendo mi amiga es porque soy tu cocinera favorita." Mai sabía que eso era mentira, eso de que fuera la única razón no lo de que Mikaela pensara sólo en comida; hasta sabía que la chica soñaba con comida.
Mikaela y Mai, junto con el hermano gemelo de ésta última, Takumi, habían crecido como familia después de que su abuelo adoptara a Mikaela en la familia cuando ésta era todavía una pequeña salvaje. Y luego de que los padres de Mai y Takumi fallecieran en un accidente de auto, los tres habían crecido juntos como hermanos.
"Pfft, sabes que no es cierto, también pienso en mi Kendo, en Mai, en Takumi… ¿Por cierto, ya has sabido de Takumi? Escuché que fue el fin de semana al Festival del Lago en la ciudad." Preguntó Mikaela con su habilidad de saltar de una conversación a otra en cuestión de segundos.
Mai quiso guardar silencio, la verdad es que no tenía idea sobre las actividades de su hermano, y tampoco quería sonar como la hermana que no quiere dejar a su hermano menor -por minutos pero menor de todas maneras- divertirse un poco.
Últimamente su hermano había empezado a separarse de ella. De cierta manera lo entendía porque, a pesar de que tuvieran la misma edad, el genio de su hermano lo había llevado a estar un año adelantado a su hermana, por lo que Takumi ya se encontraba en doceavo grado, a punto de salir a estudiar la Universidad y dejarla atrás.
No se lo reprochaba, amaba a su hermano y siempre lo apoyó. Pero le dolía que su hermano ya no la estuviera buscando como antes lo hacía. No sabía el porqué su hermano la había estado evitando en ese último año, en especial después de la delicada condición en la que su hermano se encontraba. 'En serio, ¡que se cree!; sabe que me preocupo a muerte por él.'
"Oye, por cierto, ¿compraste lo necesario para hacerme un poco de tu ramen especial? Tiene tiempo que no me preparas un poco. Mai, quieeero ramen." Interrumpió Mikaela los pensamientos de la pelirroja y ésta se lo agradeció mentalmente.
Sabía que Mikaela se había dado cuenta que en esos últimos meses, el mencionar a Takumi era delicado para la pelirroja. Aunque no lo pareciera, la joven de personalidad inmadura podía llegar a ser muy perceptiva en ocasiones.
"Si Mika, traje lo necesario, no es como si no me lo hubieras estado recordando prácticamente toda la semana antes de llegar a Gärderobe." Dijo Mai a su compañera para apaciguarle su berrinche mientras le daba un empujón con su cadera y provocaba una risita a la misma. "Pareces más una niña de doce años en vez de tus 16."
A Mai mínimo le quedaba la certeza de que Mikaela aún la necesitaba, la chica a duras penas sabía cómo bañarse sola; bueno, eso era una exageración, pero definitivamente necesitaba ayuda para la pedicura. Y es que, no era algo que le confiaría alguna vez a alguien pero para Mai, el saber que era alguien que era necesitada por sus seres queridos, la hacía sentirse muy bien y que su vida tenía sentido.
"Auuu, Mai, por qué dices eso si sabes que soy mayor que tú." Mikaela dijo mientras le sacaba la lengua a Mai, demostrando una vez más lo madura que era.
"Jajaja, apurémonos mensa para que vayamos rápido con el abuelo y puedas robar tu postre."
Y así las dos mejores amigas caminaron hacia el dormitorio que compartían, haciéndose bromas y riendo todo el camino. Olvidándose así de hermanos tercamente autosuficientes, parientes perdidos, y lo tedioso que sería levantarse al día siguiente e ir a clases.
"Hey Tokiha… como siempre se te puede encontrar leyendo." Llamó Kazuya Krau-xeku, un chico muy apuesto de ojos azules, pelo castaño oscuro y altura media mientras se acercaba a un muchacho recostado sobre un árbol enfrente de los dormitorios de los estudiantes hombres más grandes.
"Oh Krau, pues es que tengo algo de tiempo que matar" Sacudió su libro, el Nihonshoki, por los aires al chico; además de su pasión por la medicina, le encantaba la mitología. "Mi compañero se fue a la ciudad a hacer compras y pues me tranquiliza estar al aire libre."
Takumi Tokiha se parecía mucho a su hermana gemela si no fuera porque a diferencia de su vivaz hermana, este muchacho se veía muy delgado y un tanto enfermizo. Sus ojos violetas casi no brillaban.
"No sorpresa, ese hombre pareciera que pasa más tiempo en la ciudad que en esta escuela." Dijo Kazuya mientras formaba una de sus sonrisas que se habían vuelto legendarias entre las chicas de Gärderobe.
"Ahh, si…" Takumi no sabía que más comentar, si bien era conocido por ser uno de esos chicos agradables con aquel que le dirigiera la palabra, era muy tímido y, aparte de su compañero de habitación, no tenía muchos amigos. Con Kazuya ya había tenido conversaciones antes, pero todas relacionadas con la escuela.
Un silencio, de esos que se forman cuando dos personas no saben cómo continuar una conversación con la otra, se formó entre los dos jóvenes.
"Amm, mira Tokiha, tu hermana va en el 11°C, ¿verdad? ¿De casualidad sabes si ella se lleva bien con Akane Soir?" Kazuya le preguntó a el chico Tokiha después de que agarró el valor para hacer su pregunta.
Takumi apenas evitó que la sorpresa no reluciera en su cara. No había pensado en su hermana desde el viernes que llegaron a Gärderobe para que cada uno se instalara en sus respectivos dormitorios.
Debido a su naturaleza sensible, lo que no pudo lograr evitar fue que la culpa lo embargara. Intentó enfocarse una vez más en la plática con su compañero, hasta donde todo mundo sospechaba los gemelos tenían una relación muy unida, y así quedaría.
"Oh, ella va en ese salón, pero la verdad no tengo idea. ¿Por qué la pregunta Krau?" Takumi le dijo con sinceridad. Que él supiera su hermana se llevaba muy bien con todos los integrantes de su grupo de clases, así era el tipo de persona que ella era, pero conocía que su hermana casi nunca salía a reuniones con ellos. Siempre había pasado su vida intentando cuidar de otras personas, en especial de él, antes de cuidarse a ella misma.
Esto le molestaba mucho a Takumi: el que su hermana siempre quisiera hacerlo sentir un inútil.
Obviamente nunca le dijo esto y no pensaba dejar que su hermana se enterara de que ya no soportaba que lo siguiera tratando como el niño delicado que casi toda su vida había sido.
Más que nada porque sabía que su hermana no tenía la culpa. ¿Qué más iba a hacer su hermana cuando tenía un hermano gemelo, menor por pocos minutos, que sufría de problemas cardiacos? Añadiéndole a eso el que se hubieran quedado sin padres, no era de esperar que su hermana agarrara el papel de madre de un crío enfermo de su misma edad. O eso creía Takumi… y se odiaba un poco por pensar así.
Por esa razón el muchacho había recurrido a intentar alejarse un poco de su hermana. No quería ni que ella no lo dejara vivir su vida, ni que ella no tuviera una vida por culpa de él. Eran ese tipo de cosas que una persona hacía, a pesar de lastimarse a uno mismo y a la otra persona, pero siempre pensando en el bien último de la otra persona.
"¡Ah, no me digas que tú…!" En eso a Takumi se le ocurrió el porqué de la pregunta de Kazuya. Qué curioso, pensó él. "Eh bueno, no he visto a la chica por la que preguntas, pero ha de ser muy bonita." Dijo Takumi con buen humor.
"La más hermosa chico Tokiha." Sonrió Kazuya a la vez que sus mejillas se coloreaban un poco por la pena.
Takumi se sorprendió, 'Vaya, quien hubiera pensado que todavía quedaban chicos tan cursis en este lugar.'
El sabía que no tenía nada de qué burlarse, estaba seguro que cuando le llegara a gustar alguna chica, él sería tan romántico como Kazuya, o bueno, tanto como su timidez se lo permitiera.
'Bueno, no es como si mi enfermedad me dé la oportunidad de llegar a tener una relación en serio con alguien.' No pudo evitar pensar Takumi. Esa enfermedad ya lo tenía harto, y, empezaba a temer que un día la frustración y el miedo no le dejaran continuar siendo el chico tan amable que era. Ya empezaba a dejar de serlo con su hermana.
"Sé que esto es mucho preguntar pero, ¿sería mucho problema que pudieras averiguar con tu hermana sobre Akane?" Preguntó una vez más Kazuya, sabía que era ser una persona un poco latosa pero no podía evitarlo. ¿Quién mejor que Takumi Tokiha, quien tenía una hermana en la clase de Akane, para poder averiguarle sobre la chica de sus sueños?
Había conocido a Akane un día que la vio trabajando a medio tiempo en una de las cafeterías del centro de la municipalidad, eso quería decir que la joven era becada, por lo que debía ser muy inteligente. A él le gustaban y admiraba mucho a las chicas inteligentes. Además lo poco que habló con ella le hizo ver que era una de las chicas más dulces que hubiera conocido, y toda una hermosura. Era una mujer muy bajita, de cabello castaño como el suyo y con unos ojos chocolate bien profundos en los que el chico se imaginaba sumergiéndose eternamente.
No había podido dejar de pensar en ella durante todas las vacaciones y eso lo había llevado a decidir que tenía que conocer a esa chica. Aunque se convirtiera en una molestia para alguien como el chico Tokiha.
"Ahh, bueno, podría intentarlo… ya sabes, hablar con mi hermana y así…" Bueno, hasta ahí llegaban sus planes de evitar, como buen hermano, a su hermana Mai. 'A quien quieres engañar, no es como si no fueras a hablar nunca con ella y evitarla por siempre.'
Takumi Tokiha estaba nervioso, pero no iba rehusar una ayuda a un compañero de clase, no era ese tipo de persona; y tampoco dejaría que alguien se enterara de que intentaba evitar a su hermana. Ése era su pequeño secreto.
Shizuru Viola era el epítome de lo que era ser una muy buena e inteligente estudiante, una hermosa y refinada mujer, una considerada y educada hija, y, una popular y amable ídolo a seguir.
Eso era todo lo que la gente, ya sea los residentes de su ciudad natal, amigos de sus padres o sus compañeros de escuela en Gärderobe; admiraban de ella, además de algunos chicos locales; su belleza no alcanzaba límites.
Desde muy pequeña había sido criada para llegar a ser una pieza importante de su familia. Se sabía que sería la heredera de la compañía familiar, a pesar de no ser la mayor de tres hermanos. Sería el motor principal de una de las familias más influyentes de la gran Italia.
Es por eso que fue educada y tratada de la manera en que sus padres y abuela paterna vieron mejor conveniente, siempre pensando en convertirla en una mujer imponente. Sus padres y abuela lo habían conseguido.
Por todas esas características era por lo que casi todos los estudiantes de Gärderobe, quienes la adoraban profundamente, se sorprendieron cuando anunció, sí, tuvo que anunciar en una conferencia pública enfrente a su dormitorio y a todos sus compañeros, que no entraría en la competencia para ser Presidenta del Consejo Estudiantil.
Sólo para que dejaran de asediarla con la misma pregunta una y otra vez. Había un límite para su inculcada paciencia.
La mayoría de sus fans, entre los que se contaban tanto hombres como mujeres, inmediatamente creyeron en su ídola y asumieron que el papel era muy pequeño e insignificante para una mujer que no necesitaba más poder dentro de una escuela en la que prácticamente era la reina.
Otros pensaron que era entendible que una señorita, quien estaba en entrenamiento para ser la cabeza de una familia muy poderosa, no tenía tiempo que perder organizando fiestas estudiantiles y viendo las necesidades de una escuela muy grande.
La verdad era más sencilla. A Shizuru Viola simplemente no le apeteció tener ese puesto. Se sentía satisfecha con ser la representante de la clase, puesto que había tenido desde que había llegado a esa escuela en el 7° grado cuando tenía doce años de edad, porque nunca quiso negarle a sus compañeros el apoyo que ella les podía brindar.
Y es que otro de los secretos que Shizuru Viola tenía, sin contar los tantos que seguirían aumentando en el trascurso de ese año escolar que ya estaba en curso, era que Shizuru era una persona a la que le gustaba estar completamente relajada. ¡Vaya! Algunos dirían que era una un poco perezosa.
Si totalmente no una mentira, ya que era una mujer muy ordenada y cuidadosa, no le gustaba esforzarse en asuntos que no tuvieran que ver con su imagen y el honor a su familia. Su familia, que era todo para ella, a la que se había jurado nunca defraudar. En especial después de lo sucedido con su hermano mayor.
En ese día 15 de agosto del 2011, lo que Shizuru Viola se encontraba haciendo no era suspirar por ser una fecha muy importante y especial en su vida, corazón y alma; principalmente porque ella aún no lo sabía. Tampoco estaba ocupada preparando todo lo necesario para el día siguiente, inicio de clases; ni estaba estudiando arduamente para ser cada vez una persona más culta, a como sus fans creían que hacía cada vez que no salía a recorrer el campus y saludar a sus fans.
No. Shizuru Viola estaba sentada en el sillón de su dormitorio individual; gracias a Dios… y a las largas contribuciones de familias adineradas, todos los de último grado podían disfrutar de sus cuartos individuales. Estaba sorbiendo de su taza de té mientras veía en su pantalla plana una de esas series americanas de comedia que su hermano menor tanto disfrutaba… a escondidas de sus padres, por supuesto.
Se encontraba pensando en lo estúpido que se le hacía que alguien metiera la cabeza dentro de un pavo, asco; cuando un fuerte golpeteo en su puerta y unos gritos, que afortunadamente las puertas mantenían a un nivel bajo, interrumpieron con su tranquila tarde.
Sabiendo quién era, porque era imposible no oír a esa mujer a kilómetros de distancia; y sabiendo qué quería, se levantó elegantemente mientras apagaba su pantalla y abrió sobre su mesita de sala un libro en una página previamente marcada, por si las dudas; tenía una reputación que mantener después de todo.
Se dirigió a la puerta en donde los sonidos no habían hecho más que aumentar en ritmo y en volumen. Cuando al fin abrió, vio la expresión que esperaba ver en la cara que sabía que iba a estar detrás de su puerta. 'En serio Armitage, ¿qué tan predecible puedes ser?' Pensó Shizuru con aburrimiento, aunque sabía que intercambiar unas cuantas palabras con la mujer que tenía enfrente le podía dar algo que hacer por unos minutos.
Ya se estaba aburriendo otra vez antes de que Haruka Armitage intentara derribar su puerta, la televisión se le hacía tan sobreestimada en ocasiones.
"Vaya vaya, si no es más que la Presidenta Armitage en persona. Wow, me siento taaan alagada." Exclamó Shizuru con su voz dulce y encantadora que no dejaba de sonarle burlona a Haruka.
"Corta el rollo Viola, sabes muy bien por qué estoy aquí, así que deja de jugar a ser estúpida y dame esos papeles." Contestó tajantemente Haruka sin poder borrar de su cara la expresión de desagrado que se le ponía cada vez que veía a la mujer que tenía enfrente.
"Awww, Presidenta, no me insulte. La verdad no sé qué la podría haber traído hasta la puerta de mi acogedora habitación." Dijo Shizuru sin perder su sonrisa de dama mientras ladeaba un poco la cabeza. Sabía cómo manipular a Armitage, aunque la otra no lo quisiera admitir.
"¡LOS PAPELES SHIZURU!" Gritó perdiendo la compostura Haruka. "Quiero que me des los malditos papeles que te tocaban entregar a primera hora en la oficina del Consejo Estudiantil. Aquellos reportes que te tocaban manejar." Haruka no se había dado cuenta de que sus gritos ya habían atraído a muchas de las que compartían ese piso de los dormitorios.
"¡Ah! Los reportes presidenta, pero, no entiendo por qué me los pide, si yo misma se los dejé desde ayer en la noche en el buzón de su habitación. Si revisara muy bien antes de venir haciendo acusaciones a mi cuarto se lo agradecería mucho." Shizuru ya se había cansado, le gustaba molestar a Haruka, pero no dejaría que nadie le gritara en frente de las, ahora ya presentes, habitantes de ese piso.
"Y ¡¿por qué habrías de mandármelos a mi habitación Viola? Sabes mu…" Haruka no pudo terminar su exclamación de indignación cuando Viola levantó la mano en seco para pararla.
"Presidenta Armitage, usted ha de recordar que en el Consejo Estudiantil pasado, el Presidente o en todo caso el Vicepresidente, recibían papeles importantes en sus dormitorios. Esto con el fin de ahorrar tiempo y energía a los miembros del consejo, entre ellos los Representantes de las Clases." Dijo Shizuru mientras esbozaba una sonrisa un poco más cruel y burlona que las que había demostrado ese día. "No creo que usted quiera venir a cambiar un sistema tan práctico en su régimen de poder. ¿O me equivoco?"
"Arghh" Haruka no podía dejar de ver a Shizuru con odio contenido, en especial cuando todas las chicas de ese piso estaban siendo testigos de tal burla a su presidenta mientras se reían por lo bajo. 'Esta Viola siempre queriendo dejarme en ridículo, Doña Perfecta, un día me las pagará.' "Como sea Viola, iré a revisar y por tu bien espero que estén ahí." Y sin decir nada más se fue caminando a paso decidido hacia las escaleras del edificio.
Shizuru nada más volvió a entrar a su cuarto, no sin antes dar una sonrisita para tranquilizar a sus compañeras de piso; y se fue a sentar de nuevo al sofá. Encendió la pantalla y puso a reproducir nuevamente la serie que estaba viendo antes de ser tan groseramente interrumpida.
Su expresión estaba serena, como siempre que no tenía una sonrisa en ella se encontraba. Era como si no hubiera pasado nada. Que para ella era lo que había pasado, nada.
A una persona que no siente afecto por las personas, no le suelen interesar las pláticas con las personas que no sean de importancia a uno.
No es que Shizuru fuera apática, simplemente no veía caso relacionarse con personas que no fueran parte de su familia. Que no fueran a ser parte de su futuro. 'No es como si alguna persona fuera interesante para empezar.'
Aún no tenía idea de que pronto llegaría a percatarse que hay personas con quienes relacionarse valen la pena, y llegaría a conocer a la más interesante de todas, a aquella persona que le pondría en perspectiva toda su vida, educación y prioridades.
Ese verano conocería a quien le quitaría el gran aburrimiento que desde pequeña había marcado su vida cotidiana. Y por primera vez conocería el miedo.
Natsuki Krüger se encontraba leyendo la Eneida en el cuarto donde dormía en casa de sus tíos. Las aventuras de Eneas de seguro la sumergirían en el ánimo necesario para lo que se tendría que enfrentar en menos de dos días. Además, leer siempre la encantaba y era algo que podía hacer por horas.
Tenía que reconocer que su tía se había esmerado en la cena de su cumpleaños, todo había estado riquísimo. Hasta podía decir que esa noche se sentía tranquila.
Lo único que se la arruinaba era que Dhuran no se había aparecido en toda la noche. Desde que se conocieron Dhuran nunca había fallado en felicitarla muy a su manera. 'Vaya amigo leal.' Natsuki no podía dejar de pensar en su amigo lobo, pero tampoco lo culpaba, sabía que a él no le gustaba separarse de su cargo a proteger.
Le acababa de dar vuela a la hoja de su libro, cuando su tío entró, sin tocar, al cuarto.
"Natsuki, tengo algo para ti. Estoy seguro que lo vas a cuidar muy bien." Su tío se acercó a su cama y esperó que Natsuki se sentara en la orilla para que éste le tendiera una cajita negra.
Natsuki estaba incrédula, su tío le estaba dando algo. No es que el hombre fuera un tacaño pero nunca le había dado él mismo un regalo a Natsuki. De todo eso se encargaba su tía Lhuna.
Agarró la pequeña caja y la abrió. Adentro había un anillo espectacular, y uno extremadamente conocido. Natsuki soltó una bocanada de aire súbitamente, no podía creerlo.
Miró a su tío con incertidumbre en sus ojos y las preguntas silenciosas estaban reflejados en ellos. '¿Qué significa esto? ¿Por qué lo tienes tú?'
"Ese anillo me lo dio el señor Geert cuando tu tía y yo te fuimos a recoger la mañana siguiente del… del accidente en tu casa." Erik bajó la mirada intentando parafrasear bien lo que quería decir. No quería que su sobrina malentendiera las cosas y se hiciera falsas ilusiones.
"Él dijo que lo tenías sujeto fuertemente en tu mano cuando te encontró casi muerta. Le sorprendió lo fuerte que lo tenías sujeto para alguien que estaba totalmente inconsciente."
Natsuki no sabía qué decir ni qué pensar. La peligrosa pregunta '¿y qué tal si de casualidad?', que tanto se había prohibido pensar le daba vueltas en la cabeza una y otra vez. Era su confusión la que no le permitía llorar.
"No sé cómo haya llegado a tu poder princesa, pero no quiero que andes pensando en cosas absurdas. ¿Me entendiste?"
Natsuki se paró y tomó unos pasos alejándose de su tío. Necesitaba respirar, el cuarto se le hacía cada vez más pequeño. Al fin parecía haber agarrado la suficiente estabilidad mental para poder conversar con su tío.
"¿Qué puedo pensar tío? Me acabas de dar el anillo de mi padre. ¡Su anillo canalizador de magia!" Natsuki levantó la cajita como si su tío no fuera capaz de verla desde donde estaba. "¿Qué puedo pensar que signifique esto, en serio, tío?"
Las posibilidades eran varias. ¿Le había su padre dejado su anillo esa noche antes de que el señor Geert la encontrara? Eso sería bueno, significaría que su padre seguía vivo, igualmente significaba que su adorado padre la había dejado a su suerte estando prácticamente moribunda.
¿Quién la había atacado, y a sus padres, le había quitado el anillo al poderoso Alexander Krüger para dárselo a la pequeña agonizante? Eso también era probable, pero con qué objeto, ¿burla?... Esta opción la confundía demasiado.
O, ¿durante los eventos de esa noche había Natsuki, en algún momento de locura o increíble estupidez, quitado el anillo a su padre, el anillo que servía para canalizar la magia de aquél que la utilizara? Lo dudaba, Natsuki sabía que no era estúpida.
Y es que, todo mago, por muy fuerte que este fuera, depende de un artefacto canalizador de mana o magia. Éste puede venir en diferentes representaciones dependiendo de la fuerza y estilo del mago. Las varitas son la forma más simple de estos artefactos, únicamente lo utilizaban los aprendices de magia o estudiantes. Todos de corta edad.
Otra manera de presentación eran báculos, como el que sus padres le habían regalado. Poderosos pero un poco ostentosos e imprácticos en peleas físicas. Sin embargo era el más popular entre la población mágica. Natsuki creía que era porque hacía a uno sentirse salido de una leyenda fantástica.
Además venían en presentaciones como lentes, collares, pulseras, broches personalizados. Su madre había usado uno de estos últimos, blanco y pequeño en forma de rayo que utilizaba sobre su cabello. Según, era una herencia familiar, el único recuerdo que su madre se permitía tener de su familia, a la que Natsuki nunca había conocido y de la cual no sabía nada. Su madre cambiaba el tema si éste alguna vez salía.
O anillos, como el que tenía Natsuki dentro de la caja. El anillo de su padre. Sin él no es que su padre no pudiera utilizar magia, pero era muy difícil y casi imposible de controlar. Ni los magos más poderosos se libraban de necesitar un objeto canalizador de magia.
Es por eso que la idea se le hacía ridícula. Quitarle el anillo a su padre era prácticamente dejarlo indefenso ante cualquier ataque. Ni loca lo hubiera hecho.
Natsuki no hubiera tenido la mente en caos si simplemente pudiera recordar, pero no tenía recolección alguna de los eventos de esa noche. No recordaba nada más que la ansiedad que tuvo al encontrar su casa abierta, con las puertas forzadas, y sin sus padres adentro.
Su memoria comenzaba de nuevo en el momento en que despertó en la casa de sus tíos después de más de un año en estado de coma.
"Esto puede significar que mi padre está vivo, ¿verdad?" Natsuki preguntó a su tío. Esa probabilidad le dolía mucho pero tenía que enfrentar la situación.
"Natsuki, no podemos salirnos de los hechos, esa posibilidad es muy diminuta. Si bien no tenemos idea de cómo este anillo llegó a tu poder, no podemos fantasear que tu padre haya salido librado de ese infierno." Erik se acercó a su sobrina y le puso una mano sobre su hombro.
"Ese lugar estaba completamente destruido Naty, es un milagro el que tú hayas sobrevivido. No te ilusiones, porque ya has sufrido suficiente caídas como para sufrir una más pequeña." Su tío en ese momento la intentó abrazar, Natsuki simplemente tomó un paso atrás.
"Tío, si yo pude sobrevivir, mi padre, un poderoso mago pudo haber sobrevivido. ¡Diantres! Hasta mi madre puede estar viva en este momento, tenemos que buscarlos." Era posible que pudiera pasar. Era cierto que ella era hija de un mago muy poderoso, uno que llegó a ser parte del grupo más poderoso de magos, pero si ella fue capaz de sobrevivir esa noche, su padre mucho más.
"Sí Natsuki, créeme que ya lo pensamos nosotros y varios más que están buscándolos. Pero no hay rastros de que tus padres estén vivos, desaparecieron de la tierra Naty. Lo que tú imaginas nosotros ya lo imaginamos, y corroboramos que no significa nada." Erik le dijo a su sobrina tratando de que ésta comprendiera. Era muy difícil repetirle las verdades que tanto le dolían a ella. "Tus padres no dejaron rastro sobre la tierra."
Eso dolió mucho, Natsuki cerró con fuerza los ojos intentando bloquear las palabras de su tío. Acababa de obtener un poco de esperanza y en el mismo momento su tío se la había arrebatado.
"Lo siento Natsuki." Esta vez Natsuki se dejó abrazar, todo lo que su tío decía tenía mucha razón y estaba detestando cada vez que alguien tenía la razón por sobre de ella en cualquier asunto que concerniera a sus padres.
"No, yo lo siento tío, pero era inevitable, ya me conoces… creo que ha de ser por todas esas historias con las que me llenó mi padre la cabeza." Se separaron del abrazo y Natsuki intentó sonreír para mitigar la culpa de su tío pero se dio cuenta que no podía.
Su máscara no era una sonriente; era una fría e insensible. Qué difícil era quitarse una después de puesta.
"Quise darte el anillo, pues… porque es tuyo, y ahora llegó el momento en que lo utilices." Natsuki abrió nuevamente la caja y contempló el anillo de su padre al cual siempre le había parecido hermoso y único. Donde la mayoría de anillos mágicos eran de oro o plata, el de su padre era de piedra obsidiana, su padre decía que era porque le recordaba mucho al cabello de su madre, que era el cabello de la pequeña; y tenía inscripciones parecidas a la de su igualmente único báculo de azul cobalto.
"Sé que tus padres ya te regalaron tu propio báculo… Probablemente para que dejaras esa linda varita" Su tío no pudo dejar de reírse un poco lo que provocó en su sobrina un leve rubor en sus mejillas. Natsuki era probablemente la única maga de su edad en seguir usando varitas. Normalmente eran cambiadas por otros artefactos una vez que el mago se gradúa de la Academia. Natsuki se debió haber graduado a los once años pero… el destino no quiso que eso pasara. "Un anillo como estos es mucho más práctico Natsuki, te vendrá muy bien en tu nueva vida."
Natsuki al fin se armó del coraje necesario para agarrar el anillo y colocárselo. Mágicamente le quedaba perfecto, y la hacía sentirse mucho más segura, como tener un arma a la mano lista para usarse.
"Muchas gracias tío." Dijo con sinceridad Natsuki, ese era un recuerdo tangible sobre la importancia de su misión, uno que llevaría a toda hora y que le recordaría lo importante que era cumplir primero con la promesa de su tío.
"No me tienes nada que agradecer a mí. Ese anillo llegó de manera sorprendente a tu posesión. Y creo que tu padre ya tenía pensado en regalártelo. Escuché cómo tus padres discutían sobre quién iba a ser el que te regalara su artefacto… Tu madre también quería darte su broche, ¿sabes?"
"No… Eso hubiera sido fantástico, los hubiera usado los dos, apuesto que se habría visto muy espectacular." Natsuki se llevó su mano derecha a su pecho. El anillo de su padre era suyo.
"Tsk, tú y tu naturaleza petulante princesa… Eso sí no sé a quién se lo heredaste hehe."
Natsuki puso un gesto de indignación. Ella no era petulante... bueno, no con quien no la irritara... pero bueno, Natsuki sí era una persona fácil de irritar. 'Argh, mejor así, de esa forma alejaré más fácil a los chicos mundanos.'
"Lo cuidaré tío… y le sacaré todo el provecho que esta joya me pueda brindar. Lo juro por el recuerdo de mis padres."
Erik sabía lo fuerte que era su sobrina y la enorme determinación que tenía una vez que se decidía a cumplir las cosas que se idealizaba. Sin embargo, en ese momento, con la mirada que su sobrina le administró, no pudo evitar sentir que el joven inexperto en ese cuarto era él.
Esa mirada desolada pero inquebrantable hablaba mucho del crecimiento que su adorable, pequeña y cálida, hasta en ocasiones un poco densa, sobrina, había sufrido en tan poco tiempo. 'Tal vez sí deba dejar de llamarla pequeña.'
"Lo sé Natsuki, eres una Krüger después de todo… Créeme, he vivido más de 10 años con una como para no saberlo." Y dándole un guiño a su sobrina se excusó de su cuarto. La chica necesitaba tiempo para pensar.
"Uh… A ver… déjame ver si entiendo abuelo. ¿Quieres que esta chica se quede en nuestro, dúplex y ya lleno, dormitorio?" Mai tenía ambas manos puestas sobre el escritorio de su abuelo mirándolo incrédulamente. "Yayoooooo… Sabes que no soy una persona egoísta pero con Mikaela ya no nos queda espacio para nada más." Discretamente observó a la chica aludida para cerciorarse de que ésta no se hubiera ofendido. Mikaela estaba desapareciendo pastelitos sin tomarlos en cuenta.
Michel Zaycech estaba un poco desconcertado ante la negativa de su nieta, la chica raramente le negaba un favor a alguien. El viejo la miraba con sus ojos azules cristalinos que siempre resultaban amenazadores cuando tenía que tratar con engreídos estudiantes, pero que cada vez que tenía a alguno de sus nietos, Mikaela incluida, junto con el ejército de nietos que sus otros dos hijos habían formado, daban una sensación muy cálida.
"No me des ese tono señorita, he decidido que esta chica se quedará contigo y no habrá cambio de mentalidad en mí. Además, confío en que una persona como tú será de gran ayuda para ella."
"Dices que se trasladará a último año ¿no?, entonces por qué no le das su cuarto propio, no es como si en esta monstruosidad de escuela hicieran falta dormitorios." Mai no entendía por qué estaba negándose tan arduamente, eso era tan extraño en ella quien era una de las chicas más sencillas en esa escuela llena de alumnos con unos egos del tamaño del Monte Rosa. El que Takumi la estuviera ignorando estaba alborotando sus nervios.
"Confía en mí, simplemente no creo que sea prudente dejar a alguien como ella sola." 'En especial porque es lo que esa chica debe estar anhelando.' Pensó internamente Michel riéndose de cómo le iba a dificultar las cosas a la pequeña maga.
No es que Michel disfrutara de hacerles la vida imposible a sus estudiantes, y mucho menos a pequeñas niñas, en especial conociendo todo lo que la pequeña Natsuki ya había sufrido; pero estaba seguro de que no podía permitir a esa chica aislarse.
Tenía genes Kuga después de todo y era muy probable que eso fuera lo que quería. Había sido muy buen amigo de sus padres y él cuidaría de la chica… a través de su maternal nieta. El viejo era un pragmático hasta en los huesos.
"¿Por qué, está enferma o… es secretamente una criminal?" Pensándolo bien su abuelo no haría las cosas simplemente para molestarla, ella era inmune a las maquinaciones de su abuelo; lo más seguro es que tal vez la chica tuviera algún problema y su abuelo esperara que ella pudiera ayudar.
"Bueno, nada por el estilo… creo." No pudo evitar reír un poco ante la absurdidad de su nieta. La chica veía mucha televisión. "Pues prácticamente es porque, a pesar de que esta chica, Natsuki, va a estudiar en el último grado, ella no está calificada para tener su propio dormitorio según el reglamento."
"Y ¿por qué no, es mentalmente inestable?"
"¿Está todo bien Mai? Te vez cansada…" Michel conocía muy bien a su nieta, no nada más estaba resultando ser difícil de tratar en ese momento, sino que ni siquiera le había llevado algo para cenar, "y un poco perturbada."
"Ah… sí, digo, sí estoy bien Yayo." Mai suspiró, no le iba a decir a su abuelo que era codependiente de su hermano enfermo."Decías…" Mai lo apremió. Divergencia de atención en movimiento.
"Bueno, verás, no se les tiene permitido a menores de quince años tener un cuarto propio," dejó que su nieta absorbiera la información, "Y pues… Natsuki Krüger tiene apenas trece años."
Michel Zaycech esperó, y a estaba punto de comentar en el silencio de su nieta cuando ésta pareció despertar de su estupefacción.
…"¡¿Qué?" Mai estaba totalmente incrédula.
Tiempo después, una vez que las dos jóvenes habían dejado al director en su oficina, para hacer aquello que los directores de escuelas hicieran; ambas chicas se encontraban de vuelta en el dormitorio que compartían.
Mai se encontraba removiendo las cosas en su cuarto con la ayuda de Mikaela, quien tenía demasiadas cosas, por lo que tenían que hacer espacio para las cosas de una nueva habitante que su cuarto tendría.
La única salvedad del asunto era que, si de por sí las habitaciones de esa escuela eran demasiado grandes para ser simples dormitorios de chicas adolescentes, la de ella y Mikaela era especialmente grande gracias a los beneficios de que un familiar dirigiera el lugar.
Aún así hicieron lugar en todos los lugares en los que se necesitaba hacer. En el baño, en la alacena, y se quedaron con la decisión de cómo dividir el espacio para dormir.
"No puedo creer que el anciano nos haya pedido tremendo favorcito." Mai le comentaba a Mikaela mientras preparaba la cena para esa noche. "Sólo tenemos dos habitaciones, es decir, qué quiere que hagamos con la niña, ambos cuartos están ocupados así que o se duerme en la sala o compartirá el cuarto con una de nosotras… argh"
"Mai, me estás asustando." Mikaela estaba asustada de que Mai no se concentrara y arruinara la cena. Se moría de hambre. "No veo cuál sea el problema, cuando la chica llegue lo arreglamos. Si papa Michel piensa que ella estará mejor contigo es porque así será."
"Mika, es que no vez lo que ese anciano hizo, simplemente nos convirtió en niñeras de una niña genio, pero niña al final de cuentas." Dijo Mai con un resoplido al final, ya estaba cansada de hacerla de niñera.
"Oye Ma-"
"Ya sé lo que vas a decir Mikaela, que estoy siendo injusta ya que aún no la conocemos, pero qué podemos esperar más que cuidar a una niña."
"Amm, iba a decir que algo se quema." Mikaela intentó contenerse las risas mientras veía a Mai correr hacia la estufa, y lo logró, cuando se acordó que ésa era su cena.
Era miércoles por la mañana cuando Natsuki se encontraba enfrente de la casa de sus tíos, con todas sus cosas listas y ya adentro del automóvil de sus tíos.
Lhuna Gorvic la abrazó fuertemente porque, un presentimiento inexplicable, acompañado por un dolor muy fuerte de pecho, le decía que sería la última vez que vería a su sobrina a como la tenía enfrente.
Ansiaba que nada le ocurriera a la pequeña que era la viva imagen de su mejor amiga, ya mucho había pasado Natsuki en su corta edad como para añadir puntos a la lista de desgracias de ella, quien había perdido su última etapa de su infancia ya sea en condición crítica de salud o en una neblina muy espesa de depresión.
Pero sabía que ya nunca más tendría a la pequeña inocente que se divertía corriendo con Dhuran por todas partes y leyendo todo libro que le callera en las manos. Aquella niña que durmiendo podía prenderle fuego a su cuarto si sus padres no tenían cuidado y se olvidaban de prender la calefacción. Aquella niña de dos colitas que siempre andaba sonriendo y comiendo sus pays de queso hechos por su padre.
Pero, aunque sabía que ya no la recuperaría, mínimo esperaba que la chica consiguiera un poco de paz interna y dejara sus destructoras ideas de venganza para dejar el pasado en el pasado.
"Prométeme que te vas a cuidar Natsuki, y que no vas a hacer nada estúpido por lo que tu madre te hubiera tirado del cabello." Esa Saeko podía ser toda una mujer de las cavernas cuando no cuidaba sus modales.
Natsuki, que sabía que no había manera de responderle a su tía sin perder el poco aire en los pulmones que le quedaba por el abrazo de ogro que su tía le estaba dando, se limitó a asentir con la cabeza.
Se separó de su tía y mirándola a los ojos le dijo firmemente. "Haré todo lo que esté a mi alcance para no meterme en problemas… muy serios." Lhuna le tenía que creer, no tenía de otra. Esos ojos verdes inquisidores no daban lugar a objeciones. Además, le acababa de recordar a su hermano y no quería hablar por miedo a que le saliera un sollozo.
Natsuki se subió al auto donde su impaciente tío ya la estaba esperando. Faltaba poco para que su avión partiera, pero no era culpa de nadie, era una habilidad innata de los Krüger el ser impuntuales.
Natsuki se abrochó el cinturón con un deje de dolor, se encontraba totalmente ofendida que a su amigo no le importara que se fuera todo un año y que probablemente saliendo de esa escuela se largaría a viajar por los mundos por lo que probablemente no volvería nunca a ese lugar. Mínimo hasta obtener su venganza.
'Estúpido Dhuran.' Fueron sus pensamientos mientras se alejaba el automóvil de la casa y salía al camino que los llevaría a la ciudad más cercana.
De repente de la nada alcanzó a ver un movimiento fugaz al lado de su ventanilla y, cuando volteó la mirada, vio al magnificente lobo plateado corriendo a velocidad del vehículo. Bajó deprisa la ventanilla y logró agarrar una Blaue Blume que Dhuran tenía cuidadosamente sujeta en su mandíbula.
Natsuki no pudo evitar soltar una pequeña risita de felicidad. No había manera de que se pudiera quedar molesta con Dhuran, no estaba dentro de su genética. Era el único que podía recibir ese tipo de cortesía. Además, el chico ya se estaba despidiendo, muy a su manera.
"Nos veremos pronto Dhuran." Alcanzó a llamarle antes de que Dhuran se detuviera para ya no ir al lado del vehículo que en segundos saldría a la carretera principal. Natsuki alcanzó a escuchar un aullido fuerte, firme y un poco triste como respuesta. Luego vio como una especie de proyectil salió disparado al aire para explotar iluminando por momentos el cielo azul.
Dhuran sí que la conocía, ese tipo de detalles pequeños pero sinceros eran los que prefería Natsuki. Ahora sabía que su amigo había estado sufriendo igual que ella y que también a él le dolería pasar un tiempo separados.
Se acomodó de nuevo sobre su asiento y evitó la mirada sospechosa de su tío mientras se entretenía observando la flor que tenía entre sus manos, una de sus dos favoritas. Sabía que volvería a ver a Dhuran, habían nacido para ser compañeros, eso lo sabía, y tarde o temprano se volverían a encontrar.
Ahora sí… Natsuki ya estaba lista para enfrentarse a los pesares de un nuevo año escolar. Oh, la diversióoon…
N/A: Espero les haya gustado. Las preguntas se van a ir contestando a cómo avance la historia, pero pueden preguntar o comentar lo que quieran, con gusto trataré de explicarles; y sí, pienso separarme del manga, del típico echii y de la trama de esa historia sin perder la esencia que caracteriza a MSN! Recomiendo totalmente leer esta historia. De varias historias en mangas que he leído o animes que he visto, es de las pocas que no me han decepcionado. Simplemente necesita un poco de paciencia al principio y después no se arrepentirán.
Y en serio, el que me digan que han leído el manga por mi historia me hace sentir "all tingling inside" hohoho. Me siento como una promotora del trabajo de Ken Akamatsu, pero el hombre se lo merece.
Una nota rápida, hice algunas correcciones en el primer capítulo pero nada grande, sólo errores de dedo. Me molestaban cada vez que los veía, imagino y quien lo haya leído también.
Una vez más gracias por todos los comentarios.
Hasta la próxima.
