NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK YO SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO HISTORIAS.
¡Hola a todos! Pues lo prometido es deuda y aquí les traigo el capítulo 1 que les prometí, que ocurro unos días después del Prefacio, no les adelantaré nada porque ustedes mismos irán sacando sus conclusiones. Muchísimas gracias por el gran recibimiento que tuvo esta historia, pensaba que nada se acordaba de mí que lindo es saber que aún me recuerdan ^^ ¡Gracias!
Comentarios:
lupita leal: ¡Muchas gracias! me alegra que te gustara mucho =D
Valeria Grayson:¡Hola! =D Bueno decir que no escribo es mentira, escribo demasiado, pero los ensayos y tareas que me encargan en la escuela lo cual me deja cansada o exprimida como para escribir fanfics. ¡Suerte con tus estudios!
alwayswlove: Me halaga muchísimo que te consideres una fanática significa muchísimo para mí ^^ ¡Que bueno que te guste! ojalá este capítulo te guste mucho más.
Importante.-No actualizaré rápido, pero tampoco dejaré la historia.
Capitulo 1
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"Sólo cierra tus ojos…"
Era una melodía demasiado tranquilizadora, la voz que la entonaba acariciaba cada palabra casi con reverencia. Le daba un sentimiento de libertad y armonía demasiado consolador.
Adam no recordaba la letra de esa canción, solamente podía recordar la melodía. Melancólica y a la vez hermosa. Cada vez que escuchaba esa canción en su mente veía la imagen borrosa de un hombre cubierto de túnicas. No estaba en absoluto seguro de quién era ese hombre, Ni tampoco la mujer que se aparecía cada vez más en sus sueños.
Se llevó una mano a la cabeza que comenzaba a palpitarle. Pensar en esas cosas siempre le causaban dolor e incertidumbre. Era por eso que prefería vivir día a día sin pensamientos de un pasado lejano. Un pasado que ni siquiera sabía si fue una vida, o fue un sueño.
Después de visitar el Templo Aire del Sur un sentimiento de extrema nostalgia azotó su corazón y no estaba dispuesto a rendirse. Sentía la enorme necesidad de encontrar a una persona, más concretamente, a un Nómada del Aire.
La Revolución se estaba cobrando día con día más vidas. Los Dragones, como se hacían llamar, eran una banda delictiva que atacaban a las Cuatro Naciones. Estaban conformados por maestros procedentes de todas las edades y todas las regiones. En sus barcos de metal lo mismo podía haber un Maestro Agua como un Maestro Tierra. Tenían tecnología muy desarrollada por lo que se imaginaban que tenían ayuda de poderosos y adinerados.
Había muchos tipos de Dragones. Los dragones del agua, del fuego, de la tierra y en mínima porción los del aire. Los pocos Maestros Aire que estaban en sus filas apenas y peleaban, solamente les apoyaban enseñándoles maniobras de lucha. Los Nómadas Aire eran tan espirituales que eran casi inmunes a los chantajes de los dragones. De ahí que los Dragones de Aire fueran una inmensa anomalía, no obstante, posible.
Después del Genocidio de Diciembre donde casi todos los líderes mundiales fallecieron, las Cuatro Naciones debieron implementar planes de emergencia para protegerse. Los Dragones estaban tan bien preparados que la ilusión de repelerlos se volvió imposible a los pocos meses.
El Pacto de la Unión era un tratado que firmaron todas las Naciones. En él se comprometían a ayudarse mutuamente tanto de forma militar, como económica y políticamente, de manera que sus fuerzas unidas consiguieran enfrentarse a la impresionante milicia de los Dragones. Lo peor era que los Dragones aparecían en sus barcos y se iban. Nadie sabía dónde estaba su base, ni tampoco de su líder. Menos de la forma en que operaba.
La paranoia comenzó muy pronto a circular entre todas las personas. Dragones cayeron sobre las costas de la Nación del Fuego y del Reino Tierra casi al mismo tiempo. Si bien la milicia de maestros fuego pudieron hacerlos repeler, no así los maestros tierra. Casi todos los puertos comerciales del Reino cayeron en un lapso menor a un año. Una derrota aplastante. Con tantas limitaciones comerciales, el Reino construyó fuertes y amplió los tres únicos puertos que le quedaban disponibles, retirando cualquier apoyo militar a los pueblos del centro. Debido a esas acciones, casi todas las ciudades pequeñas fueron destruidas y el avance de los dragones hacia la capital de Ba Sing Se se veía marcado con sangre.
La Nación de Fuego había sido más estratégica. Tras repeler los ataques a los puertos dividió a su ejército en varias tropas. Una de ellas, la que después fue llamada marina, custodiaba los mares cercanos para mantener a salvo a los puertos. Un grupo de soldados que protegían las ciudades al mismo tiempo brindaban protección a los viajeros. Cuando los generales pudieron terminar de entrenar a más reclutas, mandaron ayudas al Reino Tierra. Éstas ayudas consiguieron que los dragones detuvieran su avance por el enorme continente, pero los territorios conquistaron no pudieron ser recuperados. La enorme mancha de carmín cubría todo el centro del Reino Tierra y se le llamaba Reino Prohibido.
Éste Reino Prohibido separaba las dos ciudades más importantes: Ba Sing Se y Omashu. La primera al norte y la segunda al sur. Los ejércitos de ambas ciudades vigilaban las fronteras de forma que los dragones no pudieran penetrar en las aldeas que estaban todavía soberanas. Mientras, se escuchaban las historias de horribles campos donde los maestros tierra eran torturados y de la forma en que los dragones esclavizaban a las ciudades caídas. Los caminos que cruzaban por el Reino Prohibido eran tan peligrosos, que solo se podía llegar de una ciudad a la otra por barco, un viaje que tardaba el doble de tiempo que los senderos. Ésta falta de comunicación estaba siendo el colapso del Reino.
La Nación de Fuego se estaba alzando casi intocable en la guerra, de la misma forma que ambas Tribus Agua. La del Norte y la del Sur estaban muy bien preparadas y elevaron muros de hielo tan altos que protegían sus ciudades contra cualquier invasión. Los soldados, que eran cada vez más apoyados por reclutas, tenían una patrulla de vigilancia que no dejaba a prácticamente nadie acercarse. Y así era como ambas Tribus habían podido mantenerse invictas y al mismo tiempo brindar apoyo de curanderos maestros agua a las dos Naciones.
En cambio los Nómadas del Aire eran pacíficos por naturaleza, ellos no creían en la guerra ni en las batallas, por lo cual eran el grupo más indefenso. Espiritualmente hablando estaban muy desarrollados, además de que sus jardines producían más medicamentos que ningún otro jardín del mundo. A cambio de diversas frutas y de la protección de soldados experimentados, los Maestros Aire entregaban medicinas de calidades altísimas a las naciones. Los Templos no habían perdido su hermosura y pacifismo, porque después de haber sido destruido el Templo del Sur, nunca más fueron atacados. No por eso estaban con la guardia baja. Los soldados patrullaban siempre cerca de ellos para mantenerlos a salvo, cumpliendo con el acuerdo.
Era hasta cierto punto muy reconfortante que las Cuatro Naciones se hubieran unido de esa forma para afrontar esa guerra. Pero no quitaba la desmoralización de la ausencia del Avatar. En el Genocidio de Diciembre había muerto el Avatar más reciente, un Nómada Aire cuyo nombre apenas iba a ser presentado a la sociedad. El muchacho apenas tenía dieciséis años ¡Poco mayor que un niño! La revolución llevaba ya cinco años de lucha desalmada y se iban perdiendo las esperanzas de que terminara.
El nuevo Avatar debía nacer entre las Tribus Aguas. Había un registro muy celoso de los niños pequeños en ambas Tribus para poder encontrar lo más pronto posible al Avatar más reciente. No obstante, se sabía que el nuevo Avatar era muy pequeño. No podía tener más de cinco años y seguro demostraría sus dones hasta una edad llegada a los diez. El mundo tenía tanta urgencia del Avatar…
Adam pensaba en eso y se lamentaba, pero más que los problemas del mundo estaban sus propios problemas. Él quería con todas sus fuerzas saber quién era y porqué había despertado en medio de un bosque tan mal herido cuando era un muchacho. Tenía veinte años y suponía que si no se enfocaba en descubrir su pasado jamás entendería su presente.
Nana había sido una mujer demasiado cariñosa y dulce, pero a la vez, muy preocupada por su integridad. La anciana había deseado con creces tener hijos, pero fue un anhelo que nunca pudo cumplir. Se consagró en cuerpo y alma al cuidado del joven que adoptó llena de gozo y nombró Adam. Y Adam la quiso como se quiere a una madre. Pero Nana había estado demasiado necia y renuente a dejarlo ir a ningún lado que no fuera su tranquila y olvidada aldea, en medio de un bosque. Tristemente, Nana ya era una persona mayor, pero murió muy feliz de haber tenido aunque sea por cinco años a un hijo tan agradecido y benevolente como lo fue Adam. Después de guardarle luto, Adam emprendió un viaje hacia el Templo Aire del Sur, que estaba más cercano, siguiendo sus instintos.
Como ya sabemos, no encontró ahí nada más que cenizas y ruinas. Pero Adam necesitaba por fuerzas mayores encontrar su destino. El Templo más cercano al Reino Tierra después del Templo del Sur, era el Templo del Este. Habitado en su mayoría por mujeres, estaba a tres días de la ciudad Ba Sing Se.
Adam sabía de la situación mundial y lo difícil que era llegar a Ba Sing Se si vivía en el sur del Reino Tierra. Pero no perdía las esperanzas de llegar. Era por eso que al dejar el Templo Aire del Sur se encaminó sin dudas a la ciudad Omashu.
Omashu era una ciudad legendaria. Había sido fundada por la primera Maestra Tierra de la humanidad: Oma. En cuyo nombre y amor la ciudad fue bautizada. Se construyó en su totalidad por maestros tierra y se alzaba por encima de una cadena montañosa, simulando la silueta de una montaña. Estaba hecha por completo de roca pulida y las murallas que la protegían dificultaban en demasía cualquier ataque de los Dragones.
La ciudad tenía además otra arma de doble filo, la montaña sobre la cual fue construida se aislaba de las demás por un precipicio muy profundo. Su contacto con los caminos era un puente ancho cuya altura provocaba vértigos a los débiles estomacales. Aún así, la belleza de aquella metrópoli era legendaria.
Adam se dio cuenta de eso al momento en que la contempló. Él llevaba un traje de ropas verdes con marrón y unas botas ligeras. Caminaba bajo un sol abrasador siguiendo las huellas de un sendero usualmente transitado por carretas. La muralla de Omashu tenía impreso el símbolo de la Tierra-Control como una señal de su poderío. El símbolo de su elemento.
El puente se le hizo demasiado largo mientras caminaba a través de él. Llegando a la puerta, dos soldados gallardamente vestidos le vieron de forma casi amenazadora.
—Tu nombre—le exigieron.
—Me llamo Adam—respondió, pero por alguna razón no le dieron miedo ni le intimidaron esos soldados.
No obstante, el soldado parecía no fiarse de él.
—¿Hay alguna razón para ocultarte la cabeza?—le señaló un pañuelo.
Adam se encogió de repente. Lo que más le caracterizaba era una banda que ocultaba su frente y se anudaba por detrás de su cabeza, despeinando ligeramente sus cabellos castaños.
—Tengo una cicatriz… muy fea—era la misma excusa siempre, y afortunadamente le funcionaba.
—Bueno.—el soldado no parecía fiarse del todo, pero al menos no preguntó más de ese tema—¿De dónde vienes?
—Vengo de la aldea Xian, en el bosque Hai-Bai.
—¿El bosque Hai-Bai?—se preguntó el soldado en voz alta—¿No es el hogar de un espíritu?
—Sí, lo es—respondió, recordando la enorme estatua del espíritu oso en medio del bosque, cercana a la aldea—Creo que nos ha protegido muy bien.
—Una amiga es de esa aldea, me dice que es pequeña—el soldado comenzaba a pensar—Supongo que puedes entrar ¿A qué vienes?
—Necesito encontrar a una persona en la ciudad, además quiero investigar sobre los pasajes hacia Ba Sing Se.
—Ah…—de repente al soldado se le fueron todos los aires de intimidación—Para eso sería mejor ir a los puertos, pero bueno, de cualquier forma cualquier hijo del Reino es bienvenido a la ciudad.
El soldado hizo la señal y la gruesa puerta de roca sólida se abrió por un grupo de siete maestros. Adam asintió agradeciéndole el gesto y caminando con paso lento hacia la ciudad.
Omashu era tan esplendorosa como decía la leyenda, pero algo no estaba bien. Apenas Adam caminó por la avenida principal la cabeza le comenzó a doler. Palpitaba la mente de la misma manera, aunque menos intensa, a como le palpitó en el interior del Templo Aire. Por los espíritus, quizá ya era hora de ir a un doctor a tratarse la migraña.
—Disculpe señorita—le preguntó a una elegante mujer que estaba de pie en la esquina—¿Usted sabe dónde puedo encontrar a un guía de viajes?
La mujer frunció el ceño pensativa.
—No lo sé—respondió al fin, con voz tranquila—Pero cualquier persona dispuesta a viajar la puede encontrar en el barrio antiguo.
—¿Y dónde queda eso?
—Siguiendo la avenida principal por cinco calles más, a la sexta da vuelta a la izquierda y desciende por las escaleras.
—Muchas gracias, señorita.
—No hay de qué.
Adam siguió sus indicaciones al pie de la letra. El barrio antiguo resultó ser un mercado colocado de forma que parecía improvisada, lleno de personas a simple vista oportunistas. El chico halagó la forma en que se podía referir de forma decente al lugar más corriente de la ciudad.
Mientras caminaba por la estrecha calle viendo a las personas y descartando a posibles ayudantes, una muchachita corría despavorida sosteniendo en sus brazos lo que sería una mochila, empujado gente sin consideración y gritando para que le hicieran lugar. Dos hombres musculosos y altos la perseguían lanzando maldiciones.
—¡Quítense de mi camino!—gritó la mujer de cabellos negros, a simple vista joven y de pálida tez.
Adam no había notado su presencia hasta que la tuvo enfrente de él. La chica le golpeó en el pecho y ambos cayeron al suelo, ella refunfuñando y sin soltar la bolsa en sus brazos.
—¡Idiota!—le gritó, aún en el suelo.
Adam se puso de pie rápidamente viendo a los gorilas que la perseguían. Inmediatamente y guiado por un instinto extraño levantó un muro de piedra que detuvo a los dos hombres. La chica se puso de pie sorprendida, pero sin mirarlo. Hasta ese momento Adam no había notado sus ojos blancos.
Los dos hombres rompieron el muro de piedra atravesándolo y Adam hundió sus cuerpos en el suelo hasta el cuello. Antes de que pudieran liberarse usando sus poderes, Adam los sacó y estrelló contra rocas enormes dejándolos inconscientes.
—Vaya—dijo la chica—Gracias… tu…—de repente la chica sonaba pensativa—¿Pies Ligeros?
¿Qué?
Una risa genuina de una niña pequeña con cabello negro y hermoso vestido blanco le llamó la atención. No le gustó en absoluto que se estuviera burlando de él, pero debió reconocer que su risa era demasiado contagiosa. Además, era la primera vez que la escuchaba desde hace una semana. Eso lo puso inmediatamente de buen humor.
—¡Pies Ligeros, eres un tonto!—lo señaló, usando ese apodo que tanto odiaba.
Se encogió de brazos, ella tenía razón. Y solo porque estaba escuchando al fin su risa no diría nada respecto al apodo.
En el presente la mujer tenía una mano sobre la boca, como si se hubiera horrorizado por lo que acababa de decir. Él sintió la melancolía de siempre cuando experimentaba esos Deja vú.
—De nada—repuso—Pero ¿Porqué me llamas pies ligeros?
—No pude verte hasta que estabas demasiado cerca para esquivarte—replicó, como si no quisiera hablar del tema. Así que se dio la vuelta.
Vaya, esa chica sonaba ruda.
—Me llamo Adam—intentó hacer una conversación.
—Bien por ti.
—De nada por salvarte—dijo con ironía.—¿Qué llevas en esa mochila?
—No te importa.
—Qué hosca.
Frunció el ceño con enojo.
—¿Eres ciega?
—No, en absoluto—pero sonaba llena de sarcasmo—¿Qué te hace creerlo?
—No tienes que estar siempre a la defensiva.
—¡Tú no tienes porqué meterte en mi vida!—gritó.
Uno de los malandros comenzó a despertarse en el suelo, pero la mujer lo notó rápidamente y le lanzó una roca con tanta furia que lo dejó inconsciente de forma rápida e instantánea.
—¿Eres maestra tierra?—Adam estaba asombrado.
—Sí, con mucha honra, como tú imagino.
—Pero… ¿Porqué escapaste de esos si podías enfrentarlos?—no era partidario de las peleas, pero no entendía la mente de esa chica.
—No te incumbe—abrazó con mayor fuerza la mochila—Gracias, otra vez. Adiós.
Pero Adam no estaba dispuesta a dejarla irse.
—Eh… ¡Eh, espera!—la detuvo por el brazo—Tú me debes la vida.
—Estás loco—gritó—No te debo nada, me salvaste porque tu quisiste. Además no te hagas el importante, pude haberme defendido por mí misma de haberlo querido.
—Pero no lo hiciste—continuó, con una enorme sonrisa de satisfacción—Así que me debes una.
—Yo no le debo nada a nadie.
—Por favor, solo quiero que me des una información y te liberarás de mí.
La chica parecía realmente frustrada.
—¡No!—gritó.
—No te vas a deshacer de mí, lo juro.
—Pruébalo.
La sonrisa coqueta hubiera asustado a la mujer de no ser porque era ciega. Comenzó a correr, pero Adam la seguí de cerca. Dio un salto hacia el techo de las casas y desde esa altura iba vigilando la distancia de la pálida mujer. Cuando ella pensó que lo había perdido, cayó frente a ella con gracia.
—¡Ah!
—Te lo dije.
—¿Qué demonios quieres?
—Solamente dime quién puede llevarme a Ba Sing Se y te dejo tranquila.
Rodó sus blancos ojos.
—¿Y yo qué sé? Aléjate de mí.
—Dime.
—¡Argh!—gritó—¡Nadie puede en esta ciudad!
—¿A qué te refieres?
—Nadie sale de Omashu a no ser que esté loco. Si quieres irte a Ba Sing Se vete a un puerto y toma el barco.
—Pero el barco tarda un mes.
—Si ya sabes ¿Por qué me andas molestando?
—La ruta por tierra dura solo dos semanas.
—La ruta por tierra está prohibida, loco suicida. Nadie se acerca ahí.
—Nadie salvo tú.
¡Maldición!
Adam jaló la mochila que sostenía la chica entre sus manos. Ésta tenía el sello de los dragones; un hermoso y estilizado dragón que enmarcaba los símbolos de los cuatro elementos.
—¿De dónde lo has sacado?
—No te incumbe.
—Por favor, si sabes cómo llegar a Ba Sing Se mucho te lo agradeceré.
—No.
—Mira, tu…
—¡Piérdete y déjame en paz!—le arrebató la mochila, caminando hacia la parte alta de la ciudad.
Esa chica era necia, pero Adam lo era aún más.
Y pues hasta aquí llega el capítulo 1, espero les haya gustado =)
¡Nos vemos hasta la próxima!
chao!
