Disclarimer: Los personajes de SNK no me pertenecen

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Abaddon Dewitt


Griegos


Catreo se ruborizó. Durante el viaje se había enamorado de Laódice. Si alguien le hubiera dicho en Hieróptolis que iba a obsesionarse por una cría de ocho años, lo habría tildado de loco. Pero Laódice erahiperbórea, y eso significaba que en realidad no tenía ocho años, sino unos cuantos centenares más. Como don de los dioses, los habitantes de aquel pequeño paraíso apartado en los confines del mundo poseían una extraña forma de inmortalidad, envejecían hasta los setenta años y, entonces, cuando empezaban los peores achaques de ancianidad, rejuvenecían de nuevo y sus vidas transcurrían como una clepsidra que ganara agua en lugar de soltarla

Los señores del Olimpo – La expedición de la Ambrosia

Los relatos de Petra, siempre habían sido una de las cosas que más le agradaba antes de ir a dormir, la voz de la chiquilla narrándole fantásticas historias de viejos mitos sobre su tierra natal, era de esos escasos momentos en que dejaba llevarse por el misticismo de un mundo diferente al que tenía frente a sus cansados ojos. Suspiro ante el recuerdo lejano de su voz llamando a Hiperbórea, lugar donde los dioses asistían para rejuvenecer y recuperar la lozanía de los mejores años, puesto que a pesar de ser inmortales, también sufrían de la desgastante vejez. Se observo en un espejo, era irónico que su compañera le hubiera hablado precisamente de ese relato, puesto que él aparentaba mucha menos edad de la que verdaderamente tenia; fácilmente podía pasar como un mocoso de no más de veinte, cuando la realidad era que ya pasaba de los treinta.

¿Qué son los dioses?, ante los relatos de la griega -así recordaba en sus palabras aquel era su linaje- eran seres supremos con poderes más allá de lo comprensible por los simples humanos, pero continuaban teniendo su imagen y semejanza, cometían las mismas bajas pasiones, crueles y enfermos de vanagloria. ¿Titanes?, no, esos eran seres brutos -por lo menos unos cuantos-, entonces recordó una raza similar, Cronos era un titán que devoraba a sus hijos, cual bestia del Apocalipsis, temeroso de perder su yugo, hasta que el menor de sus hijos se levanto en su contra, Zeus armado del rayo y la protección de la tierra se enfrasco en una lucha bautizada como la Titanimaquia, en la que salio victorioso… ¿Acaso él era un dios?.

La metáfora resultaba tan irónica y paradójica, Zeus había sido oculto en las entrañas de la tierra para un día levantarse contra el titán Cronos, Rivaille había vivido en los barrios bajos de Sina, prácticamente en las entrañas de la tierra, Cronos devoraba a sus hijos, los titanes devoraban a los humanos, Zeus no envejecía, los años al parecer no cobraban tanta cuenta en él… Zeus derrocaba a su padre sin compasión alguna, Rivaille destazaba cuanta bestia asquerosa se cruzaba en su camino. ¿Rivaille era Zeus? Una sonrisa cínica se dibujo de manera apenas perceptible en sus labios.

Tomo del viejo librero uno de los tantos tomos que conservaba con melancolía, un pequeño libro sobre constelaciones, nuevamente la implicada en el asunto era Petra. Tenia que admitir que aun que a Mikasa le hiviera la sangre cada vez que la difunta muchacha salía en cada tema del que llegaran a conversar, la idea de plasmarle en la espalda un tatuaje, salía de esos libros. Ya lo había comentado con Ackerman, el asunto era simple, Rivaille no tenía tiempo para estar buscando en una joyería, alguna pieza para colocar en su dedo, eso era demasiado banal y mundano para ambos, necesitaba algo con verdadero significado, puesto que en las misiones, fácilmente ella podría perder la pieza que muy probablemente no le saldría nada barata.

Entre sus cavilaciones, llego a su mente de manera perspicaz una idea descabellada, horrorosa quizá, pero él no era justamente el ser más cuerdo en la humanidad, eso ya se lo había ganado con sudor y sangre -literalmente- 25 de diciembre, la fecha de su nacimiento, y según ese libro, él pertenecía a la constelación de Capricornio. El resto poco le importaba cuando la imagen llego a su cabeza, era excitante ver la blanca espalda de la insolente mocosa, marcada como su propiedad, después de todo, él era un bruto dominante, y hace un par de noches, ella era la que le pidió marcarla de una manera "especial" aun que quizá eso no era lo más correcto. Llevaban aproximadamente cinco meses de relación, por lo menos formal, ya que si tomaba en cuenta los deslices del pasado, ya implicaba aproximadamente un año.

La cito en su habitación en punto de las nueve, ya eran pocos los informes que debía entregar, miro de reojo los instrumentos a ocupar, quizá estaba siendo un poco salvaje, puesto que solo contaba con una muy bien afilada aguja, alcohol, algunos paños limpios, jabón y una tina con agua tibia, bastante rudimentario, pero higienizado, todo estaba perfectamente limpio.

Tack Tack

La puerta se abrió de manera lenta haciendo rechinar las bisagras, no necesitaba levantar la vista para saber de quien se trataba. No solicito permiso ni dijo palabra alguna, cuando ya se encontraba dentro del lugar observándolo fijamente, le agradaba mirarlo, la tranquilidad con la que tomaba todo.

—¿Sigues ocupado? —preguntó con voz suave y calma pero firme —Puedo regresar cuando acabes

—No, está bien, ve a la habitación y quítate la camisa y el sostén

Indico con la mirada el camino que ella ya sabía de memoria, Ackerman no dijo nada, suspiro de manera apenas perceptible mientras se movía hasta el lugar, no sin antes dar una ojeada a los instrumentos que Rivaille tenía sobre una pequeña mesa, dejándola desconcertada sobre lo que le esperaba esa noche. Deslizo la tela por sus hombros mientras podía sentir la intensa mirada del Sargento sobre su cuerpo, el rubor subió a sus mejillas mientras fruncía el entrecejo y plisaba los labios, detestaba cuando Rivaille la miraba de esa manera tan descarada, pero no se quejo. Estuvo por zafarse de los pantalones y las botas pero fue detenida en el acto.

—Dije que solo la camisa y el sostén —la reprendió

—No entiendo ¿A qué quieres jugar? —se indigno, puesto que conociéndolo, pronto soltaría alguna de esas verdades tan directamente crudas

—Me pediste una marca para identificarte, casi como a las reces ¿no?

Ahogo un grito de frustración mientras se giraba de manera violenta para asestarle un puñetazo con todas sus fuerzas, odiaba su sonrisa agria y ese sentido del humor cínico y retorcido, sobre todo su maldito sarcasmo que estaba presente a cada instante, pero su furia era calmada cuando miro sus irises olivo clavarse en sus senos, causando que inmediatamente Mikasa se cubriera con ambos brazos, estaba roja sin saber si era del coraje o de la vergüenza, aun que optaba más por lo primero, puesto que Rivaille ya la había visto incontables veces desnuda, y no solamente del torso.

—Eres un bastardo pervertido —soltó con enojo

—No seas dramática, vamos, siéntate en el piso —ordeno más que pedir —Iré por los instrumentos

Bufo cansada, no le quedaba más que acceder a su solicitud, enseguida el sargento le entrego una bolsa llena de velas, ella enarco una ceja pero no dijo nada más, sabía que debía encenderlas, y con un gesto le indico además que las colocara en un circulo lo suficientemente grande para que ambos pudieran entrar, y así lo hizo, la luz de las velas agregada a la de la intensa luna era suficiente. Si de algo se caracterizaba Rivaille era de su vista de halcón, y aun en esa tenue oscuridad era capaz de ver y asestar una aguja como un cirujano.

—¿Y exactamente cómo me vas a marcar? —pregunto con incertidumbre

—Uhmm —se quedo en silencio un momento mientras se remangaba la camisa y se colocaba de rodillas detrás de ella —Te voy a tatuar

Estuvo por girarse nuevamente pero él la detuvo de manera ruda haciéndola caer de sentón y gruñéndole para advertir que un movimiento brusco más y no solo su espalda iba a quedar adolorida, Mikasa entendió claramente el mensaje.

—Al menos ¿sabes lo que estas por hacer? —suspiro resignada

—No —inquirió tan seco y directo que un escalofrío se apodero del menudo cuerpo de la mujer —Solo la teoría, tranquila, si mi pulso es capaz de hacer cortes perfectos en las nucas de esas bestias, no veo por qué no pueda tatuarte la espalda… confía en mi

Allí estaban las palabras mágicas, no necesitaba espetar algo más para que Ackerman se volviera dócil, y totalmente dispuesta a ser lo que Rivaille deseara en ese momento, guardo silencio y un largo suspiro fue lo que le siguió, mientras relajaba su cuerpo.

—¿Qué es? —interrogo aun que sabía que él no contestaría muy claramente su pregunta

—Ya lo veras —dicho y hecho —Si sientes demasiado dolor, solo dilo

—Bien, confío en ti —nuevamente la palabra hizo mella en ambos, dejándolos dispuestos a aventurarse a lo desconocido

Rivaille abrió el libro que hace horas había observado, encontrándose con la pagina que buscaba lo coloco a su costado, mirando con detenimiento los puntos que debía marcar, calculando la posición e ideando en su cabeza rápidamente un diseño muy espontáneo, hasta que le agrado uno en especial. Trago saliva disimuladamente ocultando perfectamente su nerviosismo, mientras tomaba la aguja entre sus dedos y se acercaba a la suave espalda de Ackerman, sintiendo la tersa piel que estaba por ser mancillada.

Mojo el punzón en una tinta vegetal que compro en el mercado, y con su ingenio, comenzaba a pinchar la piel a una profundidad que intuyo, era adecuada para dejar la marca de manera permanente. Percibio el cuerpo de Mikasa contraerse ante el dolor pero ella no se intimido, se mordió el labio inferior indicándole que prosiguiera, mirando con el rabillo del ojo el libro del sargento.

—¿Estrellas? —musito

—Ajá —fue lo único que él se atrevió a contestar puesto que estaba ensimismado en su labor

—¿Por qué?

Rivaille suspiro un tanto exasperado deteniéndose —Si continuas preguntando voy a desconcentrarme y no quiero lastimarte ni dejarte una mancha horrible, además no quiero que la tinta caiga al suelo, me costara quitarla después —la regaño

Siguió detallando y tiñendo la piel, un diseño simple, las estrellas que unían a toda la constelación de capricornio, repartidas por la espalda de Mikasa, y unidas por delgadas cadenas, un trabajo minucioso y largo. Aun a pesar del extenso silencio, era algo "cómodo", el dolor no era lo que esperaba, más bien le agradaba el ardor que la aguja provocaba en primera instancia y que luego se desvanecía con el frío de la tinta introduciéndose en su dermis. Ninguno de los dos supo cuanto tiempo paso, la última estrella estaba dibujándose en la zona lumbar de la espalda de Mikasa.

—Un poco más —mascullo Rivaille con frialdad

Finalmente su trabajo estaba terminado, observo su obra, aun que la piel estaba inflamada y rojiza no dudo en pasar sus dedos por la zona causando que Mikasa diera un respingo agregado a una mueca de dolor.

—¡Con cuidado bestia! —lo reprendió pero él hizo caso omiso, delineo con delicado tacto cada cadena, cada estrella colocada minuciosamente en la espalda femenina

—Es hermosa —susurro casi para él —Perfecta

—¿Qué cosa? ¿Tu horrible dibujo o mi espalda? —dijo sarcástica y él arrugo el ceño

—Mocosa idiota, no sabes valorar nada, más que esa mugrosa bufanda que cargas contigo a todas partes —Mikasa se mordió el labio ante las rudas palabras —Capricornio —ella levanto la mirada desconcertada mientras se giraba un poco para observar a Rivaille —Te dibuje a Capricornio

—Y… ¿Eso que es? —incrédula y curiosa, le gustaba esa faceta inocente de su mujer

—Es una constelación

—Ehmm —se sintió avergonzada de no saber nada sobre eso

—Un conjunto de estrellas que forman un objeto o criatura —trato de explicarle

—Y… ¿Qué representa lo que me dibujaste?

—Una cabra… Amaltea, alimento a un dios cuando este estaba siendo buscado por su padre para ser devorado—nuevamente las memorias de Petra le llenaron la cabeza enmarcándole una sonrisa amarga —Sabes que mi cumpleaños es el 25 de diciembre, corresponde a la fecha en que este conjunto de estrellas puede verse con mayor claridad —exhalo

—¿Cómo sabes tanto de esas cosas? —oh la pregunta debía caer tarde o temprano y él estaba obligado a responder

—Petra —Mikasa frunció los labios y antes de comenzar a molestarse más de lo que ya estaba él la callo —Sus orígenes se remontan a una civilización demasiado antigua, griegos… así se llamaban, estaban llenos de dioses y mitos

—Ósea que…

—Me pareció un gesto que solo podemos guardar tú y yo como un secreto —le susurro cerca de los labios estremeciéndola —Nadie sabrá que significan las estrellas en tu espalda

Finalmente comprendió, Mikasa le sonrío como solo ella podía hacerlo, finalmente Rivaille había tomado una idea interesante de las enseñanzas que su compañera alguna vez le había dado, Ackerman se sintió agradecida, puesto que gracias a Petra, ahora ambos podían disfrutar de un pacto entre ambos, algo que podían compartir en un intimo secreto.

Rivaille la beso mientras divago en su mente un dios alimentado por una cabra, su signo era una cabra. Las ironías de la vida, al final, los griegos, eran demasiado interesantes.


Notas:


La idea de comparar a Rivaille con Zeus, nació de varios mitos del dios, comenzando que Zeus vivió en las entrañas de Gea, Rivaille vivio en la ciudad subterranea. Los hermanos de Zeus fueron devorados por el titán Cronos, los amigos "hermanos" y escuadrón de Rivaille fueron devorados por titanes. Como mencione la hipérbola es una metáfora de que los dioses aun que envejeces son capaces de rejuvenecer gracias a los dones de esta, aquí, se hace énfasis a que Rivaille no aparenta la edad que realmente posee. Finalmente, él es Capricornio, que representa a la cabra Amaltea, la cual amamanto a Zeus durante su infancia.

La idea de tatuar a Mikasa viene de las tribu maori, en las que tatuar a un miembro, significa darle jerarquia, en este caso que es propiedad de Rivaille.

El nombre Petra es de origen Griego, me tome la libertad de colocare dicho origen.