Val: Hola gente! Aca estoy de vuelta. Una semana después (aunque algunas no lo crean) y con cap nuevo. Me encanto saber que la mayoria de ustedes seguien ahí, al pie del cañon, esperando x esta segunda temporada. Ojala sigan ahí hasta el final, y nos tngan la paciencia suficiente, (lo cual es mucho decir). Le doy el pase a mi compañera que esta ansiosa x hablarles, Besossss.
HalliwellMB: ¿Quien no sabe que hoy no es martes, ah? Siento ataque directo hacia mi persona. Bueno queridos fic-lectores, los saco de ésta pelea que no les incumbe y les presento el primer cap oficial del fic. Espero que les guste, trabajamos mucho en ésto y bueno...a su criterio queda.
Capítulo uno
Ya no soy una niña...
En la habitación de Prue, ésta y Sam mantenían la misma conversación que llevaban teniendo desde hacia dos años atrás: irse a vivir con Andy.
― No tengo idea qué voy a responderle. ―dijo Prue tirándose el cabello, frustrada.
― Más te vale que lo sepas pronto porque no puedes seguir evitándolo, Prue. ―le aconsejó su amiga, mientras tomaba la última galleta del plato.
― Lo sé, ya le he inventado tres excusas para no salir con él, ―suspiró agotada― y te aseguro que el tema principal de conversación hubiese sido este.
― No entiendo que ganas con evitarlo. – Resopló Sam sinceramente.
― ¿Más tiempo? ―se preguntó a sí misma, no convencida de ello― No quiero decirle que no otra vez Sam... me da miedo que… me da miedo que piense que no quiero estar con él. –dejó caer su cabeza sobre sus rodillas, derrotada.
― El tiempo es relativo porque en algún momento tendrás que enfrentarlo, a menos que quieras terminar con él de verdad, y tu no quieres eso, ¿Cierto?... ¿Cierto?
― Cierto. ―bufó, llevando su mano al plato de galletas, solamente para encontrarlo vacío― ¡Oye!
― No intentes cambiar de tema Prudence Halliwell, te conozco demasiado bien como para que funcione. Ademas, no entiendo por qué tienes que decirle que no. -el tono de voz de Sam, siempre alegre, cambió a uno más profundo, más serio. Un cambio palpable en su personalidad en el último tiempo.
― Porque...―cerró sus libros, los tiró al piso y se levantó del suelo, solo para echarse de espaldas sobre su cama, mirando al techo― me da miedo aceptar, ¿Qué pasa si nada es como pensamos? ―susurró, afirmándose con fuerza a su almohada― ¿Y si no queremos seguir juntos después de esto? ¿Si terminamos enterrándolo todo por una mala decisión?
Se notaba que estaba profundamente insegura de ese paso, o mejor dicho muy asustada. Prue siempre necesitaba manejarse sobre terreno seguro, y esta no iba a ser la excepción. Sam meditó dos segundos, antes de responder.
― ¿Y qué pasa si todo es precisamente como lo soñaron?, ¿Si incluso los lleva a dar un paso más?, ¿Si es la mejor decisión que has podido tomar en tu vida? ―se acercó hacia su amiga, sentándose frente a ella. Tomó sus manos con fuerza y tiró de ellas para hacerla sentar y, de esa forma, mirarla a los ojos― Mira Prue, sé que es un paso muy grande, y que parece que no estás lista para darlo, pero...lamentablemente, nunca estarás cien por ciento lista, ni cien por ciento segura. Solo tienes que tomar la oportunidad que se te presenta y hacerla perfecta. Puede que las cosas salgan mal, o puede que no, no lo sabrás hasta que no lo intentes, y te aseguro que, es mil veces mejor intentar y fallar, a nunca haberlo intentado.
Sam le sonrió de forma sincera al terminar su discurso y Prue le devolvió otra completamente agradecida por su gesto. Sam siempre sabía que decir y nunca cambiaría.
― Tienes toda la razón y sí, también lo he pensando. ―asintió aún nerviosa, mordiéndose los labios. Su amiga le había dado otra perspectiva, pero eso no quitaría tan fácil sus preocupaciones― ¿Pero, qué va a pasar con las chicas?, ¿Los niños?, ¿Voy a dejarlos solos para irme con Andy? -comenzaba a desesperarse otra vez.
― No quiero sonar dura pero, en algún momento, será hora de vivir tu propia vida y, puede que ese momento ya haya llegado. Además, tampoco es como si te fueras a vivir a la otra punta del país, Prue. Seguirás viéndolas regularmente, solo que dormirás en otro lugar.
― Dormir en otro lugar. ―repitió Prue, tapándose la cara con las manos― ¿Dormir en otro lugar? Dormir con Andy, vivir con Andy...empezar algo con él, algo que... –dejó la frase a mitad de camino para sincerarse― Creo que siempre he creído que sin mí las chicas no pueden pero... parece que siempre he sido yo la que no ha podido separarse de ellas.
― Ni lo uno, ni lo otro. Creo que son como una sola unidad, dependen las unas de las otras. Pero eso no puede ser así siempre, en algún momento van a tener que realizar cada una su camino. No te digo que vaya a ser fácil, menos después de todo lo que han pasado juntas pero, ¿No te parece este un buen momento para empezar?
Sam sabía que ese era el punto que debía dejarle bien en claro a Prue: nunca encontraría mejor momento que este.
― La verdad no. ―resolvió complicada― Pero creo que nunca será un buen momento...tengo que intentarlo, a la larga, ellas también tienen derecho a valerse por si mismas y sé que lo harán bien. Siempre lo han hecho bien... ―suspiró pesadamente― Le diré que sí a Andy, pero no me pidas que no esté asustada. ―susurró con los ojos vidriosos, esperando por su abrazo.
― Claro que no te lo diré, estás en todo tu derecho de estar asustada. El único derecho que no tienes, es a no intentar ser feliz.
― Gracias. ―dijo apretando los labios, sin sentirse capaz para decir nada más. Estaba aterrada, pero quería empezar una nueva vida con él, a pesar de todo lo que eso significaba.
En tanto, en el cuarto de al lado, Phoebe seguía llena de cartas y papeles sobre la cama, tratando de tomar la mejor decisión con respecto a su universidad. Durante la tarde había cambiado de "No iré" a "Si iré", al menos un millón de veces, y apenas podía concentrarse con todo el ruido que Sophia y Matthew estaban haciendo con el computador, pero no iba a mandarlos abajo, quitarles el juego o encargárselos a alguien más, eran su responsabilidad.
― Hija, por favor, bájale a eso. ―le pidió parándose para acomodar los parlantes, mientras la niña parecía haberse aburrido por el simple hecho de su intervención, e ido a jugar otra cosa.
Volvió a sentarse a mirar las cartas como si fueran a decirle algo, cuando vio a Sophia acercarse al borde de la cama y mirar los papeles con curiosidad.
― ¿Tarea? ―preguntó con un dedito sobre su boca, a sabiendas de que cada vez que su mamá decía "Tarea" o "Prueba" tenía que guardar silencio y dejarla en paz un rato.
Phoebe sonrió, ¿Cómo podía renunciar a todo el esfuerzo que hacía por esa carita? Claro que estudiaría, no tenía ninguna duda al respecto. Sabía que lo que la llamaba, era la psicología, pero no sabía dónde.
― No, ¿Pero quieres ayudarme?
La niña asintió emocionada, y Phoebe la subió a la cama junto a ella.
― Matt, ven un poco. ―le pidió de paso al niño, viéndolo correr para encaramarse a su lado― Quiero que tomen estas cartas y las tiren todas al aire, ¿Pueden hacer eso?
Los niños se miraron con curiosidad, pero la idea parecía divertida por lo que colaboraron. Tomaron los papeles y los tiraron al aire, mientras que Phoebe atrapaba los primeros tres que cayeron junto a ella.
― Excelente trabajo, equipo. ―les felicitó chocando sus manos― Ahora terminen este rompecabezas, y apenas esté listo, bajamos a comer algo, ¿De acuerdo?
Los chicos asintieron y fueron a hacer lo encargado, mientras que Phoebe tomaba las tres cartas en sus manos. Las primeras dos eran para universidades en San Francisco, mientras que la última, se trataba de una en Nueva York. Pensó en desecharla de inmediato. ¿Nueva York?, ¿Para qué ir tan lejos? Necesitaba quedarse en casa para tener seguridad, alguien que le ayudara con los pequeños, además del hecho de que no conocía la vieja ciudad de Nueva York. Era peligrosa, pero también excitante. Ahora recordaba que, cuando niñas, su sueño y el de Katrina había sido ir a recorrer la gran manzana juntas al terminar la escuela. Se preguntaba en qué momento se les había olvidado eso. Miró a los niños de reojo, y temiendo sonar soberbia, reconoció que había hecho un gran trabajo con ellos, haciendo de ambos niños felices y sanos. ¿No podía darse al fin, una pequeña libertad? Siempre se había dicho que no iba a dejar que su rol de madre la detuviera en nada. Siempre le habían dicho que tenía que seguir sueños. ¿Por qué no intentarlo?, ¿A qué le tenía miedo? A nada, ya no le temía a nada y se debía algo a sí misma: Nueva York sería el lugar, ya estaba decidido.
― Mamá, teno hame. ―le lloriqueó Sophia, tirándole de la mano.
― ¿Terminaste el rompecabezas? ―preguntó con una ceja alzada, solamente para molestarla.
― Sí, mira. ―le dijo tomándola de la mano y guiándola hasta la mesita entre la cama de dos plazas que ahora era de ellos, y la cama de una plaza que pertenecía a Phoebe.
Su madre se tapó la boca para no reírse al ver como Matt seguía tratando de hacer calzar piezas en donde no era. Los dos sabían armar rompecabezas, eran inteligentes, pero parecía que las ganas de comer dulces les había ganado, y habían terminado armando un cuadrado con las piezas puestas en cualquier parte.
― ¿Ves? ―le indicó el menor, y Phoebe les tomó las manitas a ambos.
― Sí veo.
En el cuarto de al lado, Paige escuchó sonidos de pasos y decidió que era el momento de bajar. Tenía hambre, pero ningún deseo de cocinar nada y prefería que alguien más lo hiciera por ella, y ese alguien sería la víctima que iba bajando.
― ¡Al fin reaccionó alguien! Muero de hambre. ―se quejó, avanzando rápidamente a la escalera, encontrándose con Phoebe abriendo la rejita que bloqueaba el acceso a esta, evitando así cualquier tipo de accidentes con los pequeños.
― ¡Hame! ―repitió Matthew, sonriéndole.
― ¿Puedes llamar a Prue y llevar a Matthew contigo? ―le pidió Phoebe― Sabes que no me gusta bajar con los dos, me pone nerviosa.
― Claro. ―asintió, Paige amaba a sus sobrinos con toda su alma― ¡Arriba campeón! ―le pidió abriéndole los brazos. Le gustaba cargarlo por mucho que éste supiera caminar― ¿Vamos por la tía Prue? ―preguntó, y él asintió emocionado.
― ¡Tía Pue! ―gritó Matt, llevando sus manitas a su boca para hacer un sonido mas fuerte― ¡Tía Pue!
― ¿Qué pasa? ―preguntó ésta divertida corriendo hacía la puerta, recibiéndolo en sus brazos― ¿La tía Paige te quiere comer otra vez?
― ¡Siempre! ―respondió esta, haciendo voz grave y corriendo lentamente, mientras el niño se bajaba rápidamente de los brazos de su tía y se escondía pataleando entre sus piernas.
Sam se rió, siguiendo los pasos de Paige por la escalera, encontrándose con Sophia a los pies de ésta, poniendo cara de tigre salvaje para defender a su hermanito del monstruo.
― Si quieren que cocine, sean niñeras. ―les encargó Phoebe desde la cocina, tomando algunas cosas para preparar la cena.
― ¿Vas a cocinar otra vez? ―se quejó Sam, fingiendo que lo hacía mal― ¿Cuándo vuelve Piper?
― Buen punto. ―recordó Prue de repente― Mañana, llega mañana a la hora de mi examen. ―respondió esbozando una mueca de preocupación para luego decir― Phoebe, ¿Podrías...? ―pero ésta la interrumpió antes de terminar.
― Lo siento, pero tengo que hacer trámites mañana para la universidad, conversar con papá... Perderé todo el día en eso. ―le explicó con cara de complicación― Pero si quieres puedo posponerlo.
― No, no es necesario que lo hagas. ―desestimó Prue. No dejaría que su hermana se atrasara con todo el tema de la universidad― Puede ir Paige. ―reflexionó.
― Oye, espera. ―se quejó la aludida de inmediato, parando de jugar y cambiando su cara de alegre a molesta― ¿Me preguntaste si tenía algo que hacer mañana?
― No. ―negó Prue, notándo su cambio en el instante― ¿Tienes algo importante que hacer mañana que te impida ir a buscar a Piper al aeropuerto?
Paige la miró con cara de pocos amigos, sintiéndose chantajeada. Sí, tenía algo que hacer, y eso era salir con su novio y desaparecer de la casa durante un par de horas. Pero si le decía eso, descubrirían que estaba saliendo con alguien y eso era algo que evitaría a toda costa.
― No, ―murmuró de mala gana― nada.
Las chicas la vieron pasar a la cocina, sacar algo del refrigerador y subir dando fuertes y sonoros pasos de regreso a su habitación. Prue miró a las otras dos, como preguntándoles qué había hecho mal, y ambas negaron sin saber qué contestarle al respecto.
A la mañana siguiente muy temprano, Phoebe estaba junto a los mellizos, de pie en la puerta de la casa de su padre. Tenía que conversar con él acerca de mudarse, necesitaba su apoyo, sobretodo enconómico, además de un par de firmas que avalaran su inscripción. Sería una visita corta, no tendría más que entregarle los papeles y recibir uno o dos cheques.
― Hola. ―le saludó éste con una sonrisa en los labios al abrir la puerta― ¿Y ésta sorpresa?
― ¡Abuelo! ―gritaron los pequeños, tirándose a sus brazos, rogando por ser levantados.
― ¡Hola, hola! ―sonrió éste, afirmándolos sin ningún problema, con la fuerza que la madre de ambos desearía poder tener.
― Hola papá. ―le saludó ella, besándolo en la mejilla― Lamento venir tan temprano pero encontrarte fuera del hospital no es una misión tan simple.
― Nunca es temprano para que vengas, no seas tonta. ―le sonrió, invitándola a pasar con la mirada― Esta es tu casa, lo sabes.
― Lo sé. ―asintió, sentándose en el sofá más cercano― Vine a conversar contigo sobre algo importante. –explicó, yendo directo al grano.
― ¿Qué pasa? ―preguntó Victor sin ponerle mucha atención, más pendiente de lo que sus nietos balbuceaban.
― Es importante. ―dijo con seriedad.
Víctor asintió y entendió su mirada, por lo que llamó a Paola para que le ayudara, quien bajó de inmediato junto a Alex.
― Niños, ¿Por qué no van a jugar un rato con Paola? ―les sugirió, y para el alivio de Phoebe, quien siempre disfrutaba cuando la tomaban como fuente de autoridad suprema, ambos la miraron para confirmar la orden.
― El abuelo y yo vamos en un minuto, ¿De acuerdo?
― ¡Sí mamá!―dijeron corriendo hasta Paola, mientras ella miraba con orgullo al par de "parásitos" que tenía y hacia una seña de gracias a su madrastra.
― Pasan los años y todavía se me hace extraño escucharlos decirte mamá, nunca esperé conocer a mis nietos ¿Sabes? Pero los amo tanto, no sé qué sería de mi vida sin ellos ahora.
Phoebe asintió, más pendiente de su petición que de lo que estaba escuchando, y su padre se dio cuenta de que algo le preocupaba. Dejó de sonreír y se sentó en el sillón de al frente.
― ¿Qué pasa?
― Estuve barajando mis opciones anoche, y ya decidí qué estudiar. ―le dijo aún en reflexión.
― ¿De verdad? ―preguntó animado de nuevo― ¿Qué cosa?
― Psicología, quiero estudiar psicología.
― ¡Me parece excelente hija!, ¡Te felicito!, ¿Pero por qué esa cara?
― Me puse a mirar universidades, revisar opciones...―comentó mirando a cualquier parte antes de sentarse de golpe, estaba muy nerviosa. Sabía que la idea era una completa y total locura, pero también que su orgullo era grande y le pedía seguir adelante en su vida, sin dejar que nada ni nadie la detuviera en sus sueños. O ideas.
― ¿Y qué encontraste? ―preguntó su padre interesado en el asunto, carrera y educación superior eran temas importantes que discutir, los cuales merecían toda la atención del mundo.
― Deseché algunas que no me gustaban, otras que me van a quitar mucho tiempo...y bueno, hubo una en especial que me llamó la atención...―continuó, tomando un dulce de la mesa, abriendolo sin metérselo a la boca aún.
― ¿Cuál?, ¿La misma que Prue y Piper?, Sería una buena idea, tenerlas cerca en caso de cualquier emergencia, además es un buen lugar.
― Es que... hay un pequeñísimo detalle con respecto a eso de la..."cercanía". ―comentó jugando con el dulce entre sus manos.
― ¿Y ese sería...?
― Es que...―suspiró, dejando el dulce re envuelto sobre la mesa otra vez― Es que quiero hacerlo en Nueva York. ―respondió casi atragandándose con sus propias palabras, tirándolas todas afuera como una ametralladora automática.
Su padre se quedó mirándola con cara de expectación. Como si no hubiese entendido el mensaje, o como si de golpe, su cerebro hubiese dejado de funcionar.
― Me voy a Nueva York… ―dijo esta vez, repitiendo lo mismo pero de manera distinta. Y él de nuevo, no dijo nada, simplemente la miró esperando que siguiera― Piper, Matthew y yo nos vamos a Nueva York. ―intentó otra vez, haciéndole ver que eso era todo y que mejor le dijera algo, lo que fuera. Prefería escucharlo gritarle a que siguiera así de silencioso. Era incómodo.
Su padre se restregó la cara, no quería bajarla de su nube y destruir sus ilusiones, pero si él no lo hacía, nadie lo haría por él. Debía velar, principalmente, por la seguridad de su hija y eso le importaba mucho más que ganarse su aprobación y un título al padre más "comprensivo y buena onda" de la tierra. En otras palabras, quería decirle que estaba completamente loca y fuera de juicio, pero de una manera suave.
― Lo siento Phoebe. Sabes que puedes confiar en mí, pedirme lo que sea y que nunca te he fallado, pero lamentablemente, esta vez no puedo apoyarte en esto.―determinó Víctor finalmente, sin dejar lugar a las dudas. Sabía que no era tan cierto, que había faltado en su vida durante mucho tiempo y no tenía cara para decirle que siempre había estado ahí si no era verdad, pero comprendía que ambos sabían que estaba hablando desde su reencuentro hasta ese instante.
― Es una decisión tomada. Es lo que quiero hacer y creo que tengo derecho a decidir cuando hablamos de mi futuro y mi vida.
― Eres una niña aún, no sabes manejarte sola y menos con dos niños a cuestas. Has dependido siempre de la ayuda de tus hermanas, no voy a dejar que vayas sola a Nueva York.
― Pero ya lo decidi. Solamente te lo estoy informando.
― Phoebe, dije que no y es mi última palabra ¿Sabes lo peligroso que puede ser Nueva York? No es un buen lugar para una adolescente y dos niños solos, ¿Dónde vas a dejar a Piper y Matt?
― En una guardería, ¿Dónde más? –explicó como si fuera obvio.
― ¿Puedes decirme con qué dinero? Yo no te voy a dar nada.
― Yo tengo unos ahorros, también puedo trabajar.
― Phoebe, la vida no es tan fácil, menos allá, todo es muy caro y, hija ―realizó una pausa prolongada para no equivocarse en lo que iba a decir―dos niños, estudios y trabajo no es algo manejable para un adulto. ¡Menos para una niña!
― ¡No soy una niña! ―se quejó, sin notar lo inmadura e infantil que estaba sonando― y tengo claras mis responsabilidades con mis hijos, ¡Y si no quieres que trabaje dame algo de dinero y ya!
― ¿No te escuchas? Oνrte hablar no hace mαs que comprobarme que eres una niña, ―dijo enojado, sabiendo que la estaba hiriendo pero sin poder evitarlo― ser madre, tener hijos, no es sinónimo de mujer Phoebe. Crees saber qué haces, piensas que ya creciste, pero no estás ni cerca de ser una mujer aún, hija. Te falta mucho que aprender, muchas cosas por las que pasar...
― ¿Por qué eres tan injusto?, ―gritó interrumpiéndolo en el acto. No podía creer lo que le estaba diciendo, ¿Cosas que pasar?, ¿Que le faltaban cosas que pasar?, ¿Que no había pasado por lo suficiente ya?― ¡Piper está en España, y Prue se ha ido de vacaciones más de una vez con Sam y Andy!, ¿Tan difícil es darme un poco de apoyo, aunque sea moral?, ¿Tanto te cuesta creer en mí?
Víctor se maldijo a sí mismo. Eso no había sido lo que quería decir. Por un momento, por un bendito momento se había olvidado de todo lo que había pasado hacia un par de años atrás. Pero no se refería a pasar por esas cosas cuando le decía que le faltaba experiencia, pero, ¿Cómo explicárselo? Estaba actuando como una adolescente hormonal, iracunda, quien no escuchaba razones y solamente luchaba por conseguir lo que quería con una pataleta digna de sus hijos más que de ella.
Phoebe se sentía estúpida, pero también discriminada. Todos sabían que lo que le había pasado no era justo, y que si no fuera por ello, en ese momento no estaría discutiendo con nadie sino que con ambos pies puestos en la gran manzana. Odiaba que nadie más pudiera ver eso, que nadie comprendiera lo mucho que había estado sacrificando, que nadie le diera el voto de confianza que creía que después de tanto tiempo se había ganado. Y por un instante, pensó en que quizás no era más que karma, ¿No era lo mismo que solían hacerle a Paige? Se despejó de ello, en ese momento, su hermana no era el tema.
― No compares. Tu hermana se fue con un chico que conozco hace dos años y ambos son responsables, mientras que Prue no se fue más lejos que dos horas de la ciudad. Tú quieres irte sola y con mis nietos, sin pensar en las consecuencias. Son situaciones distintas, Prue y Piper no tienen hijos Phoebe ¡Entiende!
―¿Asi que se trata de lo buenas que son ellas y de lo puta que soy yo? ―rezongó, mientras una parte de su corazón le pedía dejar de quejarse por estupideces y la otra, creía fehacientemente en lo que estaba reclamando.
― Hija yo no he dicho eso, ―se alertó Víctor, viéndola al borde del llanto histérico y preocupado por el rumbo que la conversación estaba tomando.
― Pero es lo que pensaste, ―insistió apretando los puños, sin darse de cuenta, estaba de pie―No sé en qué estaba pensando cuando vine a pedirte ayuda, nunca vas a perdonarme ¿Verdad? Nunca vas a dejar de tirarme en cara lo que hice mal hace tres años. ―dijo especificando el tiempo con la intención de hacerle ver que el pasado estaba muy, muy atrás.
― Pheebs, hija. Eso no es verdad. Yo...
― Dejalo papá, ―pidió suspirando, no quería gritarle, solamente irse a casa lejos de ahí― No te esfuerces en inventar mentiras que ni tu mismo te crees, ¿Sabes cuánto tiempo gastaste haciéndome creer que no había sido culpa mía?, ¿Puedes creer que te creía?, Cuando me hablabas y me decías que...que no tenías nada que perdonarme. ―su voz estaba temblando, sentía que el ataque era personal. A veces le pasaba, que a pesar de creer todo el asunto superado, tenía uno o dos episodios en que volvía a ser la misma chica de quince años de antes.
― No estaba mintiendo. ―intentó hacerle ver, acercándose a ella para abrazarla y empezar la conversación de nuevo. Nunca sabía qué hacer cuando experimentaba esos retrocesos― No te lo tomes así Phoebe, por favor. ―insistió al verla rechazarlo, tomar su mochila y dirigirse a la escalera― Phoebe, hija, no es que no confie en ti, ¡No confio en el resto! Ya te hicieron daño una vez, te engañaron, a ti, a Prue, a mi, a todos, ¿Co...
― Gracias por nada, Víctor. ―le cortó sin querer escuchar otra palabra más, corriendo escalera arriba sin contener sus gritos― ¡Matthew, Piper, nos vamos!, ¡Ahora!
Paola no comprendió nada cuando la vio tomarlos a ambos juntos entre sus brazos como si de una bolsita de algo se trataran para bajar la escalera echa una furia y con los ojos llenos de lágrimas sin derramar.
Luego de pasar una noche horrible, en la que casi no durmió debido a que la cabeza no dejaba de darle vueltas, Paige decidió que lo mejor era levantarse de una buena vez, porque lo único que podría empeorar el panorama, era quedarse dormida y no llegar a tiempo al aeropuerto. Procesó esa idea y bufó con fuerza. Lindo regaño recibiría si eso llegara a pasar.
Cuando la noche anterior sus hermanas decidieron que ella sería la responsable de ir a buscar a Piper, creyó que las cosas no podrían ser peor. No era el hecho de ir por su hermana lo que le molestaba, sino, el que dieran las cosas por supuestas. Claro, como ella era la menor, sus asuntos eran menos importantes y por lo tanto prescindibles. En momentos como este, odiaba ser una Halliwell.
Además estaba el hecho de que no fue para nada agradable, tener que llamar a Phillip, su novio, para explicarle que no se podrían ver, y menos aún, tener que reconocer que la razón de su cancelación, era que sus hermanas decidían por ella como debía vivir su vida. No quería verse como una niña delante de nadie, y el decir aquello no le sumaba puntos. Definitivamente tendría que buscar una forma de demostrarle eso a Phillip la próxima vez que lo viera.
Como suponía, en la casa no había nadie. Prue se había ido temprano a la universidad, ansiosa por los benditos exámenes que tenía que presentar y, seguramente, en estado zombi, porque, por lo que pudo escuchar, tampoco había dormido en toda la noche. Y Phoebe, seguramente ya estaba de camino a la universidad, ansiosa por empezar de una vez con su nueva carrera.
Se preparó un desayuno rápido y salió en busca de su hermana. Mientras más rápido hiciera lo que debía, mas rápido se libraría de ello. Condujo hasta el aeropuerto escuchando las canciones de su grupo favorito Muse, mientras entonaba sus letras, se le daba muy bien eso de cantar.
Llegó a su destino a las 8.10 a.m., por lo que aún disponía de media hora de espera. El día definitivamente no mejoraba. Decidió permanecer en el auto ya que parecía que lo único bueno era la música que estaba sonando.
En el avión, Piper y Leo reían divertidos de nada en especial, el solo hecho de estar juntos los ponía de excelente humor, y el haber pasado las últimas horas uno al lado del otro, así fuera cruzando un océano entero encerrados en un espacio pequeño, no era la excepción.
Una voz de mujer los distrajo de su conversación unos instantes.
― Se les solicita a los pasajeros, que abrochen sus cinturones y suban las mesitas. En los próximos minutos aterrizaremos en la ciudad de San Francisco.
El viaje de ensueño llegaba a su fin, y con ella venía la vuelta a la realidad.
―Creo que se acabó nuestra pequeña luna de miel. ―dijo Piper algo apenada, y con una sonrisita lastimosa que hizo reír a su novio.
― Parece que volviéramos al infierno. –respondió éste aún sonriendo.
― Si… al infierno de esta ciudad que vive a mil por hora. Al infierno de las clases y las prácticas que no me dejan el tiempo suficiente para estar contigo todo lo que yo quisiera… ―se detuvo unos segundos en su discurso para incorporarse un poco y mirarlo a los ojos de forma seria.― ¿Y si nos volvemos ahora mismo?
Si Leo no conociera a su novia desde hace años, se hubiera preocupado por tal postura. Pero esa no era la situación.
― ¿De verdad lo dices? Porque si es así, en seguida puedo arreglarlo todo. Eso si estás dispuesta a separarte de tus hermanas aunque sea por dos semanas mas. – Respondió este anticipando cual sería su respuesta, pero aún así tentándola con la propuesta. No es que no le gustaría revivir las dos últimas semanas de sus vidas.
Piper frunció el ceño y luego suspiró apenada. Eso era lo que mas deseaba, pero en algún momento debían volver. Mejor no tentarse.
― No podría… ―se lamentó.
― Lo sé… ―dijo besándola frente dulcemente. – No te preocupes, volveremos en poco tiempo.
― A veces quisiera poder ser más independiente de ellas pero, simplemente no puedo. –Reflexionó- Aún no estoy preparada para cortar ese lazo.
― Lo entiendo, son muy jóvenes todavía y han pasado por momentos muy difíciles que las volvieron demasiado dependientes las unas de las otras. Ya habrá tiempo para que cada cual haga su camino. No te preocupes de más.
En el aeropuerto, Paige había abandonado el auto y se dirigía a las mesas de información, en el momento que un altoparlante anunciaba:
― El vuelo 723 proveniente de la ciudad de Madrid, anuncia su llegada por la puerta 4. Vuelo 723, puerta 4. Muchas gracias.
Paige al oír la información agradeció mentalmente, y se dirigió hacia aquella terminal. Al llegar ya pudo divisar a algunas personas que estaban abandonando el avión y se reencontraban con sus familiares en tierra. La chica se vio obligada a estirarse un poco y ponerse de puntas pese a ser bastante alta, para tratar de divisar a su hermana y su cuñado, debido a la cantidad de gente que de pronto se instaló delante de ella.
― ¿Es que será que la gente no tiene otro lugar al que ir, que se les ocurren contarse toda su vida en una terminal de aeropuerto? –preguntó de forma retórica y sarcástica, en voz demasiado alta al parecer, ya que una mujer que estaba delante suyo se volteó a mirarla de forma despectiva. Paige le devolvió la mirada ofuscada y desafiante, y luego se acercó aún más hacia las puertas. Fue entonces cuando los vio.
―¡Piper! ―gritó, ocasionando que la gente alrededor la mirara por segunda vez.― ¡Piper! ¡Leo! ―volvió a hacerlo, pese a que ellos ya la habían visto, por el solo placer de molestar a los desconocidos.
Los susodichos se miraron consternados ante su actitud y se acercaron a ella con prisa al percatarse del escándalo que estaba armando.
― Paige ―dijo su hermana al tenerla enfrente suyo― ¿Podrías dejar de gritar? Ya te vimos. –la regañó Piper, un tanto molesta.
― ¡Que bueno! ―exclamó fingiendo alegría, para dar paso a una expresión de total hastío― ¿Ya podemos irnos? ―reguntó luciendo una sonrisita irónica que lograba sacar de quicio a cualquiera. Los cambios de humor de Paige lograban sacar de quicio a cualquiera.
― Antes salúdame como corresponde. Ven aquí. ―le dijo Piper conteniendo las ganas de matarla ahí mismo, y extendiendo sus brazos para darle un abrazo a su hermanita. Hermanita que ahora era unos centímetros más alta que ella, aunque lucía mucho más delgada.
Paige se acercó a ella y le dio un fugaz beso en la mejilla.
― ¿Ya? ¿Contenta? ¿Podemos irnos de una buena vez? ―no terminó de preguntar que ya estaba encaminándose al exterior del aeropuerto, obligando a los otros dos a seguirla con prisa.
Piper solo rodó sus ojos mientras trataba de mantenerse en calma ante la actitud de Paige.
Una vez que estuvieron en el auto emprendieron el viaje a su casa, el ambiente tenso unos minutos antes, comenzó a relajarse desde que Piper y Leo entablaron conversación recordando pequeños detalles de su estadía en España.
― El clima estuvo excelente. Disfrutamos de unos buenos días en la playa, pese a que no pudimos meternos al agua. ―contaba Piper entusiasmada rememorando tan buenos recuerdos.
― Si, y los días que no fuimos a la playa, los pasamos recorriendo la ciudad. Todo allá es hermoso, Paige. ―continuó Leo.
Paige los escuchaba con atención, sin quitar la vista del camino.
― Creí que irían a visitar a tus padres, Leo. No pensé que tuvieran tanto tiempo para divertirse. –la última palabra la dijo con una entonación distinta, mientras entornaba los ojos significativamente. Ninguno de sus interlocutores, en cambio, se dieron cuenta de ello.
― Claro que si. ―respondió Piper― Pero tampoco nos la pasamos pegados a ellos. Los padres de Leo trabajan y tienen responsabilidades, éramos nosotros quienes estábamos de vacaciones, por así decirlo. –explicaba, sonando extremadamente feliz.
― Veo… ―fue la simple respuesta de Paige.
― Por cierto, dentro de poco será tiempo de ir a Skylark. Imagino que debes estar ansiosa. –comentó Leo con una sonrisa cayendo en aquel detalle.
― Imaginas mal. No me interesa ir a Skylark este año.―repuso volviendo a lucir enfurruñada.
― ¿Por qué no? Siempre has ido, no veo porque tenga que ser distinto esta vez. ―dijo Piper.
― Porque sencillamente me cansé de hacer siempre lo mismo. Necesito un cambio.
― Ay, Paigey, no te precipites, los cambios llegaran, te lo aseguro. En dos años ya no podrás volver y lo lamentarás. –le explicó su hermana quien de repente adquirió una actitud soñadora y continúo diciendo– Yo muero de ganas de poder ir al lago otra vez. Estar rodeada de la naturaleza, ver los atardeceres al lado del agua…
Piper y Leo se miraban como embobados lo que a Paige la sacaba de quicio.
― No me digas Paigey, ya no soy una niña, ¿Lo recuerdas? Y el hecho de que ustedes quieran volver allí, no significa que yo quiera volver allí. Ese lugar me deprime. –Sentenció.
Su hermana y su cuñado solo se rieron por la forma en la que la chica se enojaba por todo. Les resultaba una faceta adorable de ella.
- Para mí siempre serás mi hermanita bebé, aunque te duela. –Le pellizcó una mejilla haciendo que Paige se apartara instintivamente― Y si, quiero volver. ―miró a Leo más seria– Deberíamos ir a pasar un día allí, visitaríamos a Paige, y hasta podríamos llevar a los mellizos, les encanta ese lugar.
― Claro, me parece genial la idea. ―aceptó el chico con una sonrisa enorme.
― ¿Es que no me has escuchado? –bufó Paige indignada porque al parecer ni su hermana ni Leo parecían querer entender lo que decía― ¿Saben que? Da igual. –sentenció, y haciendo un gesto de claro enojo, se dedicó a llegar lo antes posible a su destino y terminar con aquel viaje torturante de una vez por todas.
Media hora mas tarde, arribaban a la Mansión. Apenas traspasaron la puerta principal sintieron los gritos de sus sobrinos que corrían hacia ellos con pasitos rápidos.
― ¡Tía!, ¡Tía! ―gritaron Matt y Sophia al verla entrar a Piper quien se agachó para quedar a la altura de sus sobrinos y poder atrapar a cada uno en un brazo.
― Hola mis amores, los extrañe demasiado. –dijo, y les plantó un beso a cada uno en la cabeza mientras los abrazaba con fuerza. Nunca había pasado demasiado tiempo separada de ellos y cuando lo hacía sentía que le faltaba una parte muy grande de su ser.
― ¿Me extrañaron? ―inquirió con ternura.
― ¡Si! ¡Muyo!
― ¿Qué nos tiajiste? –preguntó la pequeña Piper a su tía del mismo nombre, mientras desviaba sus ojitos hacia las maletas que Leo arrastraba en esos momentos.
― ¡Sophia! ¿Qué te dije sobre pedirle cosas a la gente? ―la regañó Phoebe llegando a su lado, y poniendo una mirada seria.
― Es tía Piper, mamá, no es gente. –explicó la niña tan convencida de lo que decía, que Piper no pudo contener la risa, y aunque no debía mostrarse blanda, Phoebe tampoco pudo hacerlo.
― ¿Y como quieren que sea estricta si salen con esas respuestas? ―preguntó Phoebe alzando una mano para taparse la cara.
― Mis sobrinos son extremadamente inteligentes. ―comentó Paige completamente orgullosa de ellos, cerrando la puerta tras de si, y revolviéndole el cabello a Matt con la mano.
― Si, lo son. ―concordó Piper. – La tía te trajo un regalo a ti princesa, y otro a ti campeón. –dijo, ésta vez, dirigiéndose a Matthew– Solo que ahora no sé donde están. Déjenme buscarlos luego y se los doy. Ahora saluden a su tío. –les pidió soltando a ambos niños después de besarlos nuevamente y, mientras ellos corrían hacia Leo, ella se acercó a Phoebe y la abrazó con fuerza.
― Hola hermana, veo que España te sentó muy bien. –dijo Phoebe devolviéndole el abrazo cálidamente.
― Así es, ha sido magnifico… Te extrañé mucho. –la estrechó con mas fuerza confirmándole que era así.
― No tanto como yo. Me alegra que hayas vuelto.
― Que bueno es escuchar eso, ―dijo Piper separándose de ella– Al menos alguien que me expresa un poco de cariño en esta casa. –comentó mirando a Paige y haciéndole una mueca divertida.
― Oh,...―comentó Phoebe, quien comprendió rápidamente a que se refería― no dirás que nuestra hermanita bebé está de pésimo humor hoy también ¿Verdad? –le siguió el juego tratando de picar a Paige quien las veía con mala cara, apoyada contra una pared.
― Si, aunque no lo creas. No me imagino porque será...
Mientras hablaban, cada una de ellas se iba acercando a la menor, por un flanco distinto. Paige se dio cuenta de la maniobra demasiado tarde y se vio acorralada.
– Y yo, que la extrañé tanto… ―agregó Piper, haciendo un puchero hacia Paige exagerando la situación.
― Yo creo que su mal humor empezó el día en que te fuiste Pip… ¿Será que te extrañó?
Tanto Piper como Phoebe usaban una voz melosa que ponía los pelos de punta a su hermana menor. Estaban usando recursos bajos que Paige sabía perfectamente, no les darían resultados.
― ¿Tu crees? Porque no me saludó de manera decente como para creerlo. ―siguió Piper, fingiendo tristeza.
― Oigan, déjenme en paz, ¿Quieren? –les advirtió Paige. La situación le resultaba patética.
Sintieron el ruido de la puerta abrirse y divisaron a Prue entrando por ella.
― ¡Piper! ―gritó con más fuerza de la necesaria y corrió a abrazar a su hermana.
― Hola Prue… ―dijo está casi sin voz, le estaba quitando el aire.
La mayor le besó la frente con ternura, sin caer en ese detalle.
― ¡Que bueno verte otra vez! Me hiciste mucha falta, me alegra que ya estés aquí. ―comentaba eufórica.
― Y a mi… y al parecer a Phoebe también.
Prue la miró extrañada por ese comentario tan crítico, pero rápidamente entendió a que se refería cuando Piper señaló a Paige con picardía. El comportamiento de la menor de las hermanas no pasaba desapercibido para nadie últimamente. Paige por su parte rodó los ojos al saber que ahora también Prue se uniría a su estúpido juego.
― "¿Es que yo soy la única persona madura acá?" ―se preguntó mentalmente.
― Si… pero hay una persona que te extrañó mas que el resto. ¿Sabías? –comentó Prue, flanqueando el espacio central que conducía hacia Paige, y de esa manera, cerrándole todas sus vías de escape.
― ¿Ah, sí? –preguntó Piper con una gran sonrisa.
― Si. –respondió Phoebe.
― Una personita que tú conoces y que quieres mucho. –siguió Prue, también adquiriendo el tono meloso– Ella no dijo nada sobre eso pero, lo demostró. Ha estado enojada, no nos ha hablado casi nada… ―miraba a Paige sonriéndole maliciosamente. Tenía la certeza de que ahora que Piper había vuelto, Paige volvería a mostrarse alegre como siempre.
― Si, muy enojada. ―agregaba Phoebe. Ella también creía que Paige estaba de pésimo humor, porque la partida de Piper la había tomado por sorpresa, y todos sabían que Paige sentía cierta debilidad por esa hermana en particular.
― Tendré que hacerla reír entonces. –concluyó Piper, recibiendo el rápido asentimiento de las otras dos.
― Ni se les ocurra. ―les advirtió Paige, pero ninguna le prestó atención y se acercaron más a ella.― Estoy hablando en serio. ―les aclaró.
― Yo también. Quiero un abrazo y una bienvenida como la gente, y si no quieres hacerlo por las buenas… tendremos que obligarte. –determinó Piper. Y sin darle tiempo a responder, entre las tres la agarraron para poder besarla y abrazarla pese a su negativa.
― ¡Déjenme! ¡Suéltenme! –gritaba Paige, intentando soltarse, aunque tres contra una no era muy justo que digamos.
― Te extrañé mucho Paigey. ―le decía Piper riendo.
― ¡No me llames así! ―se quejaba Paige, que a diferencia de lo que sus hermanas creían, se enojaba mas a cada segundo que pasaba.
Siguió forcejeando hasta que finalmente sus hermanas decidieron soltarla, mientras reían a carcajadas.
― Si te pones así porque me fui dos semanas a España, no me imagino el estado que tendrás cuando vayas al campamento. Tendremos que visitarla todos los días. ―les dijo Piper a las otras dos con cierto aire pícaro.
Paige estaba realmente enojada por la emboscada de sus hermanas, pero aquella última frase fue un detonante en su ya inestable estado de ánimo.
― ¿Es que acaso nunca me escuchas? ―espetó con tanta frialdad que Piper, Phoebe y Prue se congelaron en su lugar en el instante― Te he dicho que no me llames Paigey. ¿Es tan difícil de entender? Además, para que lo sepas y vemos si esta vez les queda en claro a todas, no te extrañé, ni siquiera note que no estabas… no es que estés mucho en casa últimamente. ―esas palabras solo tenían como objetivo herir― También te dejé en claro que no quería abrazarte ni nada por el estilo. Les dije que me soltaran. ¿Qué clase de numerito es este? Parecen locas.
Dio dos pasos para irse, pero se paró de golpe para añadir algo más a todo aquello. Miró a Piper con rabia.
– Te he dicho que no pienso ir a Skylark. ¿Podrías por una vez, fingir al menos que me escuchas? ¿Podrían fingir que lo que digo importa? –añadió mirando a las demás – Sería un cambio interesante de ver. Ya no soy una niña, entiéndanlo de una vez.
Dicho esto, subió las escaleras indignada, dejando a sus hermanas completamente descolocadas ante su reacción.
HalliwellMB: Cof, cof...momento incómodo...más de uno, a decir verdad...*cof*
Val: Bueno mi gente, espero complacida y con ansias sus hermososo reviews, y m despido para seguir eculubrando planes macabros, Ciao!
Respuesta(s) de review(s) :
DyegoHalliwell:
Val: Tu apreciacion del titulo es super. Es una buena forma de verlo, aunque, aun es demasiado pronto para ver las verdaderas intenciones de Paige. Habra q esperar
HalliwellMB: Bueno, tratar de apegarse a la realidad lo más posible siempre ha sido mi meta xD (no siempre la alcanzo, pero se hace lo que se puede) Así que se agradece mucho la observación con respecto al rol de madre de Phoebe y los cambios de personalidad en Paige :D
Viiry:
Val: Claro q estamos locas, es qnunca lo notaste? muahaha mente macabra, Paige es mi proyecto d este año. Y no, no eres bestia. Lalalal, a mi no m odia!
HalliwellMB: Te nombramos primero pero no te acostumbres! La fama es directamente proporcional a los reviews. Lo de Paige, agradécelo a Val...mente maestra y macabra tras la pobre niña. Sobre Cole...espera y verás, dice la gente. Y sí, eres bestia :D
Daniie Armstrong:
Val: Paige! Podemos hacer q asesine a alguien? podemos, podemos?
HalliwellMB: Ok, creo que mi inflencia ha estado transformando a la pequeña y tierna Dani en una chica "muahahahha". Me gusta eso Muaahahahahhaa. y CLARO, pregunta, nos encanta responder :D
PsychoCandy:
Val: Paige, Paige... tngo grandes planes dementes para ella, y me encantara escribirlo, espero q t agrade a ti tmb y q lo disfrutes tanto como yo. Disfruta el cap!
HalliwellMB: Creo que en este fic las fans de Paige podrán verse compensadas, es ella la que mueve todos los hilos esta vez (mucho más poderosa que Hackett). Yo pienso lo mismo del prólogo, por eso me emociona subir el cap uno finalmente :D Nos seguimos leyendo, sí! espero tu comentario a ver qué te pareció tu tan ansiado primer cap.
