[Un mundo de magia]

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Marinette miró los rostros de Chloe y Sabrina sin acabar de creer lo que escuchaba.

— Entonces, ¿nos perdonas? — preguntó nuevamente Sabrina al ver que Marinette seguía sin responder.

Aquella mañana, Marinette se levantó completamente adolorida, se sentía cansada y con una fuerte migraña, por lo que Adrien le sugirió que se quedara en cama, y tomara el desayuno allí. Ella obedeció sin pensarlo dos veces, se sentía completamente exhausta, y enferma. Sin embargo, un par de horas después, aparecieron Chloe y Sabrina quienes decían querer disculparse por lo que le hicieron el día anterior. Chloe no parecía convencida, ya que tan solo cruzó los brazos y se balanceó sobre uno de sus pies mientras escuchaba el discurso de Sabrina con los labios fruncidos.

— No hay problema, yo acepto sus disculpas — dijo Marinette suavemente dedicándole una sonrisa a Sabrina. Ella sabía a la perfección que Adrien era el artífice de todo aquello, se notaba que él era una persona que no apreciaba las discusiones y prefería mantener la paz ante todo, y aunque Chloe no fuera sincera, Marinette quería zanjar ese asunto de una vez por todas.

— Perfecto, si es así, nos vamos — dijo Chloe rápidamente mientras tomaba el codo de Sabrina — muévete Sabrina, quiero salir de aquí. — dijo la chica mientras empujaba a su amiga fuera de la habitación. Unos pocos minutos después, alguien volvió a tocar la puerta, por lo que Marinette supuso que debía tratarse de ellas nuevamente.

— Hola Marinette — la saludó Adrien mientras entraba tímidamente a la habitación. Marinette se sonrojó, ella aún se hallaba en pijama, y ni siquiera había tenido tiempo para ponerse una bata.

— Hola, pensé que eran Chloe y Sabrina — respondió Marinette quien luchaba por no tartamudear. Desde su encuentro del día anterior en el bosque, se sentía bastante intimidada por la presencia del muchacho, no entendía por qué, pero creía que estaba desarrollando una especie de enamoramiento hacía él.

— Quería traerte esto— dijo Adrien mientras levantaba un par de vestidos que tenía colgados en su brazo. Marinette los tomó y le dedicó una tímida sonrisa, la que él le respondió con una igual.

— Escribí a las tiendas que papá tiene en París, y le pedí que mandaran algo de ropa indicada para este clima, no puedes seguir usando los vestidos que trajiste de Egipto, pronto llegará el invierno y morirías de frio. Sabes que no es común encontrar producto terminado, así que tan solo pude encontrar estos. Les envié tus medidas, pronto te llegarán otros nuevos y un par de abrigos de invierno — le explicó el muchacho.

Marinette los tomó y los inspeccionó atentamente mientras que notaba que los tejidos eran mucho más gruesos de lo que ella nunca hubiera utilizado en África, y tenían colores tan oscuros que casi llegaban al negro.

— Sé que quieres guardar luto como dicta la tradición, pero papá no lo permitirá, así que traté de buscar un punto intermedio — dijo el muchacho. Marinette asintió.

— Gracias, son perfectos, Tu sabes que no puedo utilizar mi dinero libremente, o por lo menos no sin consentimiento de un tutor, por favor, dile a Natalie que mande la cuenta a mi administrador, él pagará…

— Eso no es necesario — la interrumpió Adrien — son un regalo — dijo.

— No tenías que hacer eso— negó Marinette.

— Sí debía, el agua arruinó un par de tus vestidos, me siento tan avergonzado, tenía que recompensarte, todo ha salido mal desde que llegaste y siento que es mi culpa — dijo Adrien mientras se sentaba al borde de la cama de Marinette.

— No lo es, solo fueron mal entendidos — contestó ella mientras ocupaba el lugar junto a Adrien. Marinette sabía que si hubiera vivido en la colonia, sus padres la habrían castigado sin pesarlo por estar sola con un muchacho en su cama, ya que la escena era escandalosa para muchos, pero aquí no importaba nada, los dos estaban prácticamente solos en la mitad de una casa en el bosque, en donde Adrien era como un pequeño reyecito encargado, mientras su padre estaba lejos. Marinette sonrió al pensar en él como en uno de esos jóvenes sultanes y califas que asumían el trono siendo demasiado jóvenes para reinar.

— Si mañana te sientes mejor, podríamos ir al pueblo — sugirió Adrien con una sonrisa en su rostro.

— ¿Tu vas al pueblo muy seguido? — preguntó Marinette al recordar los rumores de las desapariciones.

— No, en realidad, normalmente tengo prohibido ir allí, pero como tenemos invitadas las reglas cambian, aunque debemos ir acompañados del gorila — dijo el muchacho.

— ¿Quién? — preguntó Marinette.

— El cochero — respondió

— Oh — fue lo único que logró responder Marinette. Adrien se levantó de la silla y caminó hacía la mesa de la diminuta salita junto a la cama de Marinette.

— ¿Cómo es vivir en el desierto, Marinette? — preguntó Adrien quien de repente pareció curioso y muy emocionado por el tema. — ¿viste a los Mamelucos? ¿realmente hay batallas allí? ¿viste las pirámides? ¿viviste en las colonias?— preguntó sin siquiera detenerse a tomar aire.

— Sí, vi a los descendientes de los Mamelucos, pero ellos no son el problema. Hay más posibilidades que el ejercito francés pelee con los británicos que con el sultán, Egipto es prácticamente su colonia. Sí, conocí las pirámides, y sí, también viví en otras colonias militares en Togo al occidente de África y otra en Marruecos — respondió Marinette tras soltar una ligera sonrisa.

— Tu y yo debemos hablar mucho, siéntate, mandaré a pedir café— dijo el muchacho mientras le indicaba a Marinette que se sentara en el sofá junto a la ventana.

Adrien le preguntó uno a uno sus pasos en África, y fue allí que Marinette se dio cuenta de que probablemente ella sí había conocido aquel continente más de lo que pensaba. Adrien hacía sonar todos aquellos viajes casi como si fueran aventuras extraídas de libros, pero Marinette no podía dejar de recordar cuanto miedo sentía cada vez que viajaban. Las personas de las colonias odiaban al ejercito, y ella no podía culparlos, incluso, muchas veces la misma chica se encontró cuestionándose los éxitos militares de su padre, ¿Acaso él era uno de esos oficiales sádicos que quemaba aldeas enteras en nombre de la colonización? Marinette prefería pensar que él no era así, que el hombre dulce y bueno que siempre la trataba como si fuera lo más precioso en el mundo, y que jamás sería capaz de herir a personas inocentes, pero aquella duda era un gran secreto que jamás sería capaz de revelarle a nadie.

La tarde pasó, y Adrien parecía más que entretenido con sus historias, no tenía la menor intención de marcharse, y ella tampoco quería que lo hiciera. Marinette nunca había encontrado una persona tan interesada en escucharla, que no la hiciera sentir menos, y que además fuera tan divertida. Para ese punto estaba completamente claro que tenía un enamoramiento, y uno especialmente fuerte.

— Ya es tarde, debo ir al comedor— se disculpó Adrien mientras se ponía de pie — mandaré a alguien que te traiga algo de comer — dijo el muchacho quien le dedicó una última sonrisa antes de irse.

Marinette comió y se metió nuevamente a la cama, quería dormir muy bien y para poder ir al pueblo con Adrien al día siguiente. Ni en sus más locas fantasías había planeado que iba a terminar completamente loca por la misma persona a la que Chloe perseguía, sin lugar a dudas, aquello le haría las cosas más difíciles.

Marinette…

Marinette se levantó sobresaltada. Ella necesitaba salir de allí, tenía que ir al bosque. La chica se apresuró a ponerse sus botas y una pesada bata, sobre la que colocó un chal más pesado que el rosa que había arruinado bajo la lluvia, y salió de su habitación.

Marinette …

"Al bosque, debo ir al bosque" pensó Marinette mientras que avanzaba por los oscuros pasillos de la casa. Ella no tenía la menor idea de lo que estaba haciendo, sólo sabía que debía volver a aquel sitio en el que Adrien la había encontrado un par de días atrás, y probablemente, debía internarse aún más en la floresta. "Es media noche" dijo una parte de su cerebro. "No importa, es allí donde debes estar" murmuró otra. La chica avanzó por el jardín sin ayuda de ningún tipo de lámpara, era como si conociera aquel lugar de memoria a pesar de que llevaba menos de una semana en aquella mansión.

Marinette…

El bosque la sobrecogió, pero no le importó, ella comenzó a avanzar muy lentamente hasta que se encontró completamente rodeaba de arboles. Ella ya estaba en el medio del bosque, y ahora debía esperar.

— ¿Marinette? ¿Pero que se supone que estás haciendo aquí? — preguntó Adrien quien caminaba hacía ella. La chica notó que él no venía de la casa, más parecía que se habuera internado aún más en el bosque.

— Lo mismo puedo preguntarte ¿Qué estás haciendo aquí? — preguntó Marinette quien trataba de voltear el asunto para que ella no fuera quien tuviera que dar explicaciones — es casi media noche.

— Estaba esperando… — comenzó Adrien quien rápidamente negó con la cabeza — no intentes voltear esto hacía a mi. Se supone que tienes que recuperarte, no puedes caminar por el bosque a media noche y en pleno otoño, ni siquiera tienes un abrigo decente. — dijo el muchacho.

— Vámonos de aquí Marinette — dijo Adrien mientras la tomaba por el codo. Marinette no luchó, tan solo se dejó conducir dócilmente. Ella no tenía razones para discutir, pues ni siquiera sabía que hacía allí a semejante hora.

Adrien y Marinette entraron a la casa en silencio, ninguno quería pedir explicaciones, ya que ninguno se hallaba dispuesto a darlas, lo que cada uno hacia en la oscuridad del bosque era un misterio incluso para ellos mismos. De repente, una luz de una vela apareció al otro lado del pasillo. Se trataba d Natalie quien parecía hacer una especie de ronda nocturna.

—Buenas noches, señor— dijo Natalie inclinando levemente la cabeza — buenas noches señorita — la saludó.

—Buenas noches — respondieron los dos al unísono. Marinette se avergonzó al sentir la mirada inquisitiva de la ama de llaves sobre los dos, probablemente, la mujer pensaba que aquello era una especie de affaire, ya que no había otra razón para que se encontraran rondando por ahí a media noche y en pijama.

—Con permiso, Natalie — se disculpó Adrien antes de tomar nuevamente el codo de Marinette.

—En cuanto papá llegue a la mansión se enterara de esto — dijo Adrien con un gesto grave.

—¿Crees que debería buscar otro hogar? — le preguntó Marinette quien se sintió completamente desolada ante la posibilidad de tener que buscar un hogar nuevamente.

—No lo creo— contestó Adrien mientras se acercaban al pasillo en el que se encontraba su habitación. —papá no piensa volver antes de Navidad, además, he llegado a pensar que no se sorprenderá tanto— dijo Adrien. Marinette recostó su espalda en su puerta y lo observó un tanto confundida.

—¿A qué te refieres? —Preguntó Marinette. Adrien dio un paso hacia adelante y la tomó por los hombros. Marinette pudo sentir sus dedos presionando cada vez más su piel sobre la tela de su chal.

—Es imposible que seas tan Inocente. Papá no invitaría aquí a la hija de un hombre al que conoció hace años a menos que sea absolutamente necesario. Probablemente él está tratando de buscarme una especie de novia— dijo Adrien.

—Oh— fue lo único que atinó a contestar Marinette. Por su puesto, ella ya había contemplado aquella posibilidad, las mujeres en el barco lo habían insinuado. Gabriel Agreste quería su dinero, y tenía la manera justa para ponerle las manos encima, y ese parecía ser su hijo Adrien. Marinette se mordió el labio, ella hubiera querido dar un paso hacia atrás pero la puerta contra su espalda no se lo permitió, así que se limitó a quedarse allí mientras que lo miraba con ojos expectantes. La expresión de Adrien era casi gatuna, sus ojos verdes eran verdaderamente magnéticos, pero en aquel momento la llenaron de algo parecido al miedo.

Adrien se inclinó hacia ella, y Marinette se preparó para lo peor al sentir que los dedos del muchacho se hundían ligeramente en sus brazos. Ella contempló todas las posibilidades en un par de segundos, desde correr hasta patearlo, pero justo cuando pensaba que él no podía estar más cerca él le dio un suave beso en la frente.

—No importa lo que papá quiera de ti. Tú eres libre para tomar tus decisiones, Marinette. — dijo Adrien apartándose de ella y dedicándole una amable sonrisa.

— No te preocupes, Marinette. A veces tengo la impresión de que papá es un perro que ladra mucho, pero que muerde poco, él no te hará nada — agregó el muchacho antes de irse. Marinette le respondió el gesto y entró en la habitación.

Marinette tomó los extremos de su chal y se envolvió en él. Al principio, ella odió a Adrien Agreste, pero estaba comenzando a tomarle un gran cariño, la volvía loca todo en él, desde su sonrisa, hasta la forma suave en que la besó en la frente. Podía ser que su tutor fuera frío y calculador, pero su hijo era alguien ciertamente especial.

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Adrien recordaba el tacto de sus labios contra su piel. Él se preguntaba si ella le permitiría besarla algún día. Adrien se levantó de su cama y miró hacía el bosque que se extendía en la parte trasera de la casa, aún sentía su llamado, era como si una fuerza extraña pronunciara su nombre una y otra vez diciéndole que se adentrara en la floresta.

El muchacho negó con la cabeza y decidió olvidarse de aquellas tonterías al tiempo que volvía a la cama. El día siguiente sería muy agitado, tendría la oportunidad de ir al pueblo, algo que raramente le permitían, y aquello era suficiente para llenarlo de emoción.

Adrien acudió al desayunador en donde encontró a Chloe y Sabrina sentadas a un extremo de la mesa, mientras dejaban a Marinette lo más lejos posible. Marinette le dedicó una brillante sonrisa que lo llenó de emoción. Nuevamente, se veía hermosa con un vestido azul oscuro que estaba entre los que él le había entregado el día anterior. Adrien se sentó junto a ella sin dejar de sonreírle.

— ¿Están listas para ir al pueblo? — preguntó Adrien alegremente.

— Por su puesto, Adri- cho — asintió Chloe — ¿A donde vamos a ir?

— Pensé pasar por el restaurante de la señora Cesaire, cada vez que papá viene a la mansión come en aquel lugar, estoy seguro de que deben vender una comida muy buena — dijo Adrien — oh, lo olvidaba, también hay una feria en el pueblo, podemos pasar por allí — sugirió el muchacho. Chloe sonrió, no parecía muy convencida de querer pasar su tiempo en un pequeña feria de pueblo pero se notaba que aceptaría lo que el muchacho sugiriera.

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Los cuatro montaron en su carruaje hasta que llegaron a la entrada de un pequeño restaurante en las afueras del pueblo. Marinette miró extasiada la vegetación a su alrededor. Ella había visto paisajes muy hermosos, los desérticos Marruecos y Egipto y la selva espesa de Togo, pero aquello era completamente nuevo y emocionante.

— Hola ¿Puedo ayudarte? — preguntó una chica morena que se acercó a Marinette. Ella se emocionó ante la posibilidad de que viniera de África.

— Hola, mi nombre es Marinette Dupain, yo…

— Oh, ya veo. Tu eres la hija del capitán que regresó de Egipto — dijo Alya.

— ¿Tu también vienes de África— preguntó Marinette emocionada.

— No, las Antillas, lo siento — dijo la chica mientras veía la emoción de Marinette descender.

— ¿Cómo sabes quien soy yo? — preguntó Marinette.

— Este pueblo no es muy grande, y no hay nada interesante que hacer, los rumores viajan rápido — dijo la chica— Mi nombre es Alya Cesaire, mi mamá es la dueña de este lugar ¿Quieres acompañarme a regar las flores del invernadero? — preguntó la chica mientras que bajaba las escaleras hacía el patio en el que se encontraba Marinette.

— ¡Por su puesto ! — asintió Marinette. Ella pasó casi una hora con Alya apenas sin darse cuenta. La chica le contó que era oficinista, que trabajaba medio tiempo en un periódico local. Era la primera vez que Marinette escuchaba de alguna mujer que trabajara en una oficina, por lo que no pudo evitar sentirse atraída por esta nueva persona.

— Marinette — la llamó Adrien desde la puerta del restaurante — ¿No vas a comer con nosotros? — preguntó el muchacho.

— Oh, lo lamento, me estaba divirtiendo tanto que lo olvidé — dijo la chica — Adrien, te presento a Alya. Ella es la hija de la dueña del restaurante — explicó Marinette amablemente. Por un momento, ella supuso que ya debían conocerse, después de todo, eran prácticamente vecinos.

— Es un gusto conocerte, Adrien — dijo Alya en tanto le daba la mano — he escuchado mucho sobre ti, pero nunca había tenido el placer de verte.

— ¿No se conocían? — preguntó Marinette algo sorprendida.

— No — contestó Adrien — papá es muy estricto en el tema de las salidas. Esta es una ocasión especial, solo ha permitido que salgamos porque tenemos invitados. — explicó.

— Oh — contestó Marinette con algo de tristeza. Si había algo que le agradara de dejar la colonia, era que ahora tendría más libertad para andar por donde quisiera, pero, al parecer se había equivocado, ya que una vez se marcharan Chloe y Sabrina, tendría que vivir nuevamente como una reclusa, tal y como lo hacía Adrien.

— Alya — empezó nuevamente Adrien — ¿Quieres acompañarnos a caminar por el pueblo? — preguntó el muchacho.

— Sí, claro.

Marinette y Alya se sentaron juntas a la mesa. Marinette no solo estaba encantada porque el pato estuviera delicioso, sino que todo era completamente nuevo para ella, nunca había tenido una amiga, ni conocía nadie con la personalidad de Alya. La chica la llenaba de coraje y seguridad con solo escucharla hablar. De repente, Sabrina y Chloe no le parecían tan intimidantes, ni la idea de vivir de vivir en aquella mansión era tan aterradora.

— La feria comenzará a las tres — anunció Alya.

Marinette estaba encantada. Puede que Chloe encontrara todo aquello bastante vulgar, pero ella nunca había tenido la oportunidad de divertirse tanto con otra chica. Alya les presentó a sus otros amigos, entre ellos a un muchacho llamado Nino, quien pareció conectarse de inmediato con Adrien. Él venía de África, desafortunadamente, no provenía de los mismos países que Marinette había visitado.

— ¿Has jugado esto alguna vez? — le preguntó Marinette a Adrien mientras que él se levantaba las mangas y se preparaba para lanzar una pelota hacía un tablero con diferentes agujeros.

—No, pero nada pierdo con intentar ¿verdad? — preguntó el muchacho. Adrien lanzó la pelota tres veces y solo logró que la tercera entrara en uno de los anillos exteriores del juego. Adrien solo ganó una manzana caramelizada como premio, pero no pareció importarle, ya que se veía radiante y feliz al tiempo que se la entregaba a Marinette.

— Toma — dijo el muchacho — podría jurar que no comías muchas de estas en la colonia.

— No — contestó Marinette quien la tomó y le dio un buen mordisco — los dulces no eran un producto esencial, y teníamos que reservar comida, nunca se sabía cuando los británicos atacarían. — le explicó la chica.

— Mira eso Marinette — señaló Adrien hacía una carpa en la mitad de la plaza — es un baile, termina tu manzana, tu yo vamos a bailar — dijo el muchacho mientras la halaba hacía allí.

Marinette no supo cómo terminó su manzana, ya que el solo pensar que Adrien bailara con ella, la llenaba de emoción. Ella se sonrojó al ver la forma en la que las otras parejas bailaban juntas, lo cerca que se encontraban el uno del otro, casi como si sus labios se pudieran encontrar en cualquier momento.

— ¡Marinette! — la llamó Adrien interrumpiendo sus pensamientos — ¿Lista para bailar? — preguntó.

— Realmente no — admitió Marinette nerviosa — pero sí quiero hacerlo.

Adrien tomó su cintura con su mano y los dos entrelazaron sus dedos en tanto comenzaban a girar por el salón. Marinette tenía la impresión de que eran la comidilla del pueblo, y no podía culparlos. Después de todo, eran la rareza local, ella recién llegada de África, y él era el hijo del hacendado a quien apenas habían visto un par de veces. Marinette se preguntó si se verían bien juntos, porque en aquel momento se sentía como en las nubes, y la sonrisa de Adrien le decía que también estaba muy contento.

— No puedo creer que estés aquí conmigo — murmuró Adrien.

— Yo tampoco puedo creer que esto esté pasando. — respondió Marinette.

De repente, la música cesó y las luces se apagaron, por lo que Marinette dejó de bailar y se juntó más a Adrien, quien la rodeó con su brazo para intentar protegerla. Marinette no sabía que esperar, pero el olor de la colonia de Adrien y el calor de su cuerpo la estaba comenzando a aturdir.

— No te preocupes, esto es normal, las líneas de electricidad son bastante recientes, hay cortes de luz todo el tiempo— dijo Adrien. Mientras que la guiaba hacía un extremo de la carpa. A pesar de sus palabras, Marinette pudo sentir la tensión en la voz de Adrien. Él estaba tan asustado como ella, pero aún así, hacía lo posible por protegerla, y aquello la conmovió. De repente, un fuerte y pesado golpe se escuchó. Un grito generalizado siguió a aquel sonido, y todos comenzaron a agolparse en la entrada de a carpa.

— Vamos, Marinette — le indicó Adrien mientras que levantaba el borde de la tela para que ella pasara. Marinette se agachó y esperó a que él saliera.

—Por aquí— gritó Marinette mientras tomaba la mano de Adrien y lo guiaba a través del pueblo. Ninguno de los dos sabía que hacer, por lo que se limitaron a avanzar hacía el bosque. Los golpes se escuchaban cada vez más fuerte, por lo que a Marinette no le quedó duda que debían internarse en él.

— Buscaré a los otros — gritó Adrien quien se separó de Marinette. — tu debes adentrarte en el bosque y esperarme allí — le indicó Adrien quien la tomó por los hombros.

— Si — dijo Marinette quien en realidad hubiera querido negarse y pedirle que escapara con ella.

Marinette entró en el bosque. Los gritos de la gente del pueblo se escuchaban más y más distantes mientras ella avanzaba, hasta que tuvo la impresión de que no podía escuchar nada más, ni siquiera, los pájaros ni los animales en las copas de los arboles emitían ruido alguno. De repente, la luz roja que vio el primer día de su llegada reapareció a la distancia. Marinette quiso acercarse, pero se sentía demasiado asustada como para hacerlo.

— Hola Marinette — la saludó una diminuta criatura roja que se acercó a ella — Había querido hablar contigo desde hacía días, pero no había logrado hacerlo — se quejó la criatura. Marinette se asustó tanto al ver aquel animal hablar que cayó de espaldas y dejó salir un grito. Después, tomó una rama y la levantó preparándose a atacar a la criatura en cualquier momento.

— ¿Quién eres? — preguntó Marinette — ¿qué eres? — volvió a decir la chica. Ella no era una experta en fauna y flora francesa, pero estaba cien por ciento segura de que los animales no debían entablar conversaciones con las personas.

— Mi nombre es Tikki, y soy un Kwami.

— ¿Un qué? — preguntó Marinette confundida.

— Un Kwami, un espíritu del bosque, necesito tu ayuda — dijo Tikki.

— Creo que te equivocas, yo no sé nada de espíritus del bosque, no puedo ser a quien tu buscas.

— Claro que lo eres— respondió la kwami — desde hace un par de meses hay alguien transformando a esos aldeanos en akumas, causan terribles destrozos y se adentran en el bosque, alguien tiene que detenerlos.

— ¿Qué? ¿acaso me estás diciendo que las desapariciones son por causas sobrenaturales, que hay alguien transformando a los aldeanos en monstruos? — preguntó Marinette quien solo esperaba despertar de aquel terrible sueño en su cama en la colonia militar, acompañada de sus padres y sus amigos de Póker, incluso ver a ese huraño soldado rubio sería una bendición en aquel momento.

— Marinette, Ayúdame, por favor, yo te diré lo que debes hacer, sígueme — le dijo Tikki mientras avanzaba hacía el pueblo. Marinette estaba lista para repetirle que se olvidara de ella, que no era buena idea que le confiara algo tan importante a alguien tan torpe como ella, pero un grito conocido la hizo pararse de repente.

Marinette fue hasta el extremo del bosque y se encontró con Alya, quien era arrinconada por una gigantesca criatura hecha completamente de piedra.

— Ayuda — gritó Alya. Marinette entendió que no podía acobardarse en un momento tan importante como aquel, así que miró a Tikki a los ojos y asintió.

— Dime lo que debo hacer, y lo haré,

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Adrien se sintió culpable por abandonar a Marinette en medio de la oscuridad del bosque, pero tenía que ayudar a los demás, o por lo menos saber en donde se encontraban. Él rodeó el pueblo por el borde del bosque. De repente, las mismas luces verdes que había visto en muchas ocasiones lo asaltaron. Adrien se quedó parado en donde se encontraba mientras veía el rayo de luz acercarse con más y más velocidad.

— Ouch — se quejó Adrien mientras se tomaba la frente con ambas manos. Fuera lo que fuera ese rayo, se había estrellado con él.

— Pero que torpe eres, debiste haber sabido que yo venía en esta dirección — se quejó una diminuta criatura que se parecía mucho a un gato.

— ¿Qué se supone que eres? — preguntó Adrien en tanto estiraba su índice para tocar al animal.

— Mi nombre es Plagg, y soy un Kwami — dijo el gato en un tono aburrido.

— ¿Eres una especie de espíritu del bosque? — preguntó Adrien quien estaba comenzando a creer que había leído demasiadas novelas de fantasía para su propio bien.

— Sí, algo así — respondió Plagg con aquel mismo tono desinteresado. Un grito volvió a inundar el ambiente.

— Lo lamento Plagg, quisiera quedarme aquí hablando contigo, pero tengo que hacer algo.

— Ah, si, si — asintió Plagg aburrido — se supone que estoy aquí por eso.

— ¿Puedes ayudarme? — preguntó Adrien.

— Puedo darte poder — contestó Plagg.

— Entonces hazlo — dijo Adrien muy resuelto.

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Marinette se trasformó tal y como Tikki le indicó. Su cuerpo se sentía mucho más ligero por arte de magia, porque esa debía ser la única explicación posible, magia.

— ¿Qué es esto? — se preguntó Marinette mientras miraba el circulo con un patrón de mariquita que tenía entre sus manos.

— Es un "yoyo" — explicó Tikki quien hablaba a través de su mente. Marinette se sorprendió. No le encantaba la idea de que aquel espíritu pudiera ver lo que estaba en su cerebro, pero le reconfortaba saber que ella iba a estar allí indicándole los pasos.

Marinette enrolló su yoyo en un árbol y se deslizó hasta el centro de la plaza en donde el gigante de piedra tenía a Alya arrinconada. En ese instante. Un extraña criatura emergió del bosque. Parecía ser un chico, disfrazado de gato, con un enorme bastón que cambiaba de extensión a voluntad. Marinette no tenía la menor idea de lo que estaba pasando, pero algo le decía que es así como debían ser las cosas, que aquel chico gato era su amigo.

— Señoritas — dijo el gato haciendo una exagerada reverencia — he venido a salvarlas — continuó de una forma caballeresca y casi teatral.

— Qué coincidencia, yo he venido a lo mismo — respondió Marinette.

El gigante pareció fastidiarse por su presencia, ya que levantó los brazos y se lanzó hacía ellos en una especie de grito de guerra. Marinette y el gato lo evitaron sin problemas, pero los dos estaban muy conscientes de que no podrían seguir así durante toda la noche.

—Tengo una idea— dijo la chica. — Tu — continuó mientras señalaba al chico gato.

— ¿Yo?

— Sí, tu, tu tienes poderes de destrucción ¿no es verdad? — preguntó de acuerdo con lo que le señalaba Tikki en su cabeza. El muchacho pareció meditarlo por un momento.

— Sí, creo que sí los tengo — asintió.

— Destruye eso — dijo señalando uno de los nuevos hidrantes que acababan de instalar.

— Bien — asintió el gato — ¿Y tú?

— Déjamelo a mi — dijo la chica mientras que avanzaba hacía el gigante. Marinette sabía que tenía que invocar algo llamado "lucky Charm" ¿cómo lo hacía? Era un completo misterio para ella, al igual que toda la locura que le había sucedido hasta aquel momento . Al usar su poder, una gran cadena surgió de él.

El gato reventó el hidrante, y el suelo húmedo hizo que el gigante perdiera el equilibrio. Marinette aprovechó la oportunidad para lanzarse en contra del gigante e inmovilizarlo con la cadena. Ella vio una hoja negra en la mano del gigante.

— Destrúyela y purifícala — le dijo la voz de Tikki en la parte de atrás de su mente. Marinette hizo lo que ella le indicó. De la hoja de papel emergió una mariposa negra, la que ella trasformó en blanca sin dudar.

— Woow — dijo el chico gato mientras se acercaba a ella — eres increíble — comentó. Marinette le dedicó una sonrisa al tiempo que lanzaba la cadena por los aires. Lo que sucedió después fue simplemente milagroso. Una nube roja atravesó el pueblo mientras reparaba mágicamente los destrozos cometidos por el gigante. Después, la nube rodeó a la criatura, y se trasformó en un muchacho rubio de su edad. Tikki estaba en lo cierto. Los aldeanos no desaparecían por sí solos, se estaban trasformando en aquellos monstruos.

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— Marinette, Marinette — gritó Adrien mientras corría hacía el interior del bosque. Marinette se sentó en una piedra para lucir como si hubiera estado allí esperándolo por bastante tiempo.

— Oh, Marinette , aquí estás — suspiró Adrien quien se veía exhausto pero aliviado — te he buscado por todas partes — dijo. La chica se puso de pie y él la tomó fuertemente entre sus brazos. Marinette cerró los ojos y disfrutó el contacto de su piel con la de ella.

— Vamos, volvamos a casa — dijo el muchacho dirigiéndole una brillante sonrisa.


Hola a todos, tengo otro capitulo terminado, esta historia casi se está escribiendo sola, y eso me gusta, voy a adelantarla lo que más pueda para poder seguir con las otras, aún no he dejado de sentirme obsesionada con esta historia así que voy a aprovechar el impulso. Muchas gracias por todos los comentarios y por los favoritos y suscripciones, realmente es muy gratificante ver ese tipo de cosas. Nos leemos en la próxima.

RESPUESTA A LOS REVIEWS

Sofitkm: Hola, gracias por el review, realmente espero que te siga agradando el rumbo por donde va la historia.

Neko2101998(dime que escribí el numero bien por favor….) : hola, gracias por el review, me alegra que te parezca diferente, realmente trato, si hasta por eso dejé de leer fics cuando estoy en una etapa de escritura furiosa, para no copiarme de nadie, a veces uno lo hace sin intención, cuando leo mucho trato de tomar ideas o escenas o me inspiro en ciertos personajes, por eso prefiero apartarme un poco, y por eso me alegra que pensaras que es algo diferente.

Kagome Kudo: hola otra vez, me alegra verte nuevamente, gracias por el review, espero que te siga gustando la historia.

Ladybug Miau: gracias por el review, jajaja claro que lo voy a continuar ( como no, si con lo enfermizamente obsesionada que estoy por esto ¬–¬….)

Sonye-San: Hola, gracias por el review, si el comienzo era como para fijar contexto, (por más que me gustaría pasar directamente a "ese" tipo de escenas tengo que seguir con la historia) respecto a las luces… sabes que no te puedo decir, aunque si para cuando leas esto ya has pasado por el capitulo, entonces ya debe estar todo claro jeje

Khira Yaxley : hola, gracias por el comentario, y por aquellos que no he respondido porque no hay siguiente capitulo y ahora a mi me gusta responder en el siguiente capitulo. Antes, muuuuuuuuucho tiempo atrás a mi me gustaba mucho hacer caps cortos, pero he notado que a la gente le gustan mucho más largos. Por supuesto, requieren más trabajo y mucha más planeación aunque a veces me pasa que no puedo meter todo lo que quería en un solo capitulo. Jejeje, siempre meto mucho de los libros que leo en mis fics, referencias, etc, etc, como que tanta ficción me achucharra el cerebro, pero si te sientes interesada por el Jardín Secreto y no tienes el libro, la peli del 93 no está nada mal (la del 87 no, esa no me gustó para nada) el soldado…. Sabes que no te puedo hablar de eso.

Alba Sky: jojojojo si va a haber drama ¿que sería de los fics sin un buen drama? Me gustan los fics porque a veces nos dan ese tipo de cosas que la series nos dejan queriendo. Si está vivo o no el soldado eso no te lo puedo decir. Sabía que mis lectores iban a relacionarlo con Marius, pero tengo que confesarte que este personaje tiene un objetivo muy diferente en esta historia, aunque no te digo más. Sobre Tikki y Plagg… bueno, ahí está el capitulo. Sí! Estoy preparada para el estreno, realmente hay que insistirles a todos que la vean, que apoyen la serie para que no termine siendo todo un fracaso eso sería muy triste .

GwenMcbain: hola, gracias por el comentario, espero que te siga gustanto la historia, cualquier sugerencia es muy bien recibida.

Neko's baba: Hola, gracias por dejar review, me alegra mucho que te esté gustando la historia