Los Mastines de la Reina

Harry estaba confundido, los Dursley tenían una rutina impecable e invariable. A menos que él haga alguna de sus anormalidades, siempre si había visitas llamaban con una semana de anticipación y cuando ellos salían lo planificaban dos semanas antes. A Harry le parecía bastante ridículo todas esas costumbres tan estructuradas, y todas las demás que se repetían con precisión día tras días. A veces le daba la impresión que estaba atrapado en una especie de limbo. Que él no pertenecía ahí.

Bueno, eso siempre lo supo por los Dursley; pero Harry creía que tenía un significado mucho más profundo y complejo.

Pero no era momento para sus introspecciones, estaba ocupado escuchando con la oreja pegada a la puerta de su armario la conversación que tenían sus tíos con el desconocido que había tocado su puerta.

Primeramente, su tía había tratado de rechazarlo, suponiendo que era algún tipo de vendedor, Harry no escucho mucho de lo que decían estando en la cocina estando el volumen de la televisión ridículamente alto, pero cuando Petunia le grito que se metería supo que era algo raro. Él se escabulló al armario sin que el hombre en el umbral de la puerta lo viera y luego se dedicó a escuchar.

Primero Petunia había enviado a Dudley arriba, el niño obeso subió los escalones pisando innecesariamente fuerte haciendo un berrinche –lo que siempre hacía si es que no estaba molestándolo o comiendo. Luego de eso no falto mucho para que su tío llegara y Harry casi pudo sentir el enojo del hombre filtrándose por debajo de la puerta al ver al desconocido en su casa. Cuando pidió explicaciones el desconocido habló por primera vez desde que Harry estaba escuchando.

— Vengo a proponerles un arreglo que les favorecerá mucho. — Harry podía sentir una molestia bien escondida en la voz del hombre, era profunda y culta, un barítono agradable pero que sonaba con bastante soberbia.

— ¿Qué? — exigió Vernon.

— Quiero llevarme al señor Potter. — dijo lentamente el invitado no deseado y el silencio se hizo. La atmosfera se había espesado instantáneamente y Harry podía sentir su corazón latir en su pecho.

¿Le dejarían con desconocido o luego de que se fuera lo molerían a golpes y lo dejarían sin comida por días? Realmente no estaba muy seguro de cual opción prefería. Él siempre había deseado que alguien llegara y lo rescatara de los Dursley, pero sin duda no confiaba en ese desconocido. No por ahora.

— ¿Por qué quieres al fenómeno? — dijo al fin Vernon, Harry no podía definir qué sentimientos estaban detrás de su voz, molestia en parte, también desconfianza y algo de sorpresa.

—Vera, él me sería muy útil. Tiene el potencial de convertirse en un excelente mago. — Harry se tensó cuando escucho la última palabra. ¿Mago? ¿Realmente podía ser algo así o ese sujeto estaba delirando?

—No diga esa palabra en mi casa. — gritó Vernon, y las sospechas de Harry saltaron un más. Parecía que se estaba perdiendo una gran parte de la información.

—Bien, un excelente fenómeno entonces. — dijo el hombre con tono lacónico y una pisca de burla.

—Hay otros también que lo quieren, los que lo dejaron aquí. — masculló Vernon, y Harry se pegó aún más en la puerta tratando de escuchar. — Ellos lo dejaron aquí para su protección o algo así. — dijo susurrando un más bajo y Harry se sorprendió de poder entender el balbuceo.

— ¿Y si lo encuentran? Ellos no van a estar muy contentos y su familia no se salvará, y su único vigilante es una completa incompetente. Realmente, dejar a un squib a cargo… Sin mencionar que tal vez arrasen con todo el barrio.

La atmosfera se hizo aún más pesada y Harry casi no podía contener las ganas de salir de su agujero y exigir explicaciones, ellos estaban hablando de su vida después de todo y él realmente no entendía nada. ¿Quién era el vigilante? ¿Por qué si alguien lo buscaba estaba con los Dursley de todas las personas? ¿Y quién diablos lo había dejado ahí para empezar?

— El viejo dijo que no lo harían. Que las protecciones son infalibles.

— Aja, ¿Y usted confía en él la seguridad de su familia? ¿En un mago?

Harry entrecerró los ojos, la verdad esa no era la más sutil de las manipulaciones, pero conociendo el intelecto porcino de Vernon, su tío caería completamente en él.

— ¿Y usted quiere llevárselo? — dijo seriamente Vernon, había bastante enojo detrás de su voz.

El niño en el armario solo pegó la cabeza contra la madera de la puerta sintiendo un vacío en el estómago. Sus parientes al fin estaban deshaciéndose de él, con un completo extraño. Hubiera preferido haber sido abandonado en Londres sin una libra en los bolsillos.

— Así es. Además, puedo recompensar su colaboración, y asegurar que nadie más sepa de este arreglo. Seria problemático para ustedes que el Dumbledore sepa de nuestro trato ¿cierto?

— Explíquese. — exigió Vernon sacando a Harry del sopor de saber que sus tíos lo venderían nada menos que al primer sujeto que se lo preguntaba. Él sabía que nadie considerado una buena persona podía jugar esas tretas, pero de nuevo ¿qué tan buenos eras los Dursley en comparación si ellos se prestaban?

Además, si el hombre iba a pasar por tales molestias para conseguirlo, no creía que solo iba a matarlo y dejar que su cuerpo se pudra en el Támesis.

¿O sí?

— Ellos sabrán que el señor Potter no está aquí luego de unos días, y vendrán a investigar. Tienen métodos muy efectivos de asegurar que ustedes estén diciendo la verdad, pero yo puedo contrarrestarlos, ellos nunca sabrán de este arreglo y pensaran que el niño nunca volvió de la escuela.

Hubo unos minutos en los que Vernon seguramente estaba meditando sus posibilidades. Harry solo podía esperar con la cabeza casi en blanco. Aun no podía amoldar su cerebro a la situación. Al fin alguien lo rescataba de los Dursley y él no podía dejar de temblar de ansiedad, y no por motivos positivos.

—¿Cuánto nos darán? — pidió Vernon, y Harry ahogó un sollozo mordiéndose su mano.

No entendía porque estaba tan dolido, él entendida que ellos lo detestaban… pero eso era demasiado. El realmente era odiado, él jamás tendría un lugar en esa casa, ni importan que tan bien cocinara o que tanto limpiara, él era un fenómeno y ellos solo se librarían de él a la primera oportunidad, y la oportunidad perfecta al fin llegó. Dejó de escuchar después de eso, no porque se lo propusiese, tenía que prepararse para lo que seguiría y aunque había unas agujas pinchándole internamente exigiendo que llorara como un niño desahuciado, Harry no lo haría. Él tampoco quería a los Dursley y mientras donde sea que lo llevaran sea un poco mejor estaría bien.

Una buena comida al día, un baño y algo de luz para leer era todo lo que necesitaba.

En algún momento entre sus soliloquios la puerta fue abierta desde afuera y casi cayó de cara al piso la perder el apoyo. Al mirar hacia arriba Vernon nunca se había visto tan grande para él. El hombre obeso parecía poder acabar con su vida con un pie, como si él fuera una cucaracha.

—Alguien vino a buscarte. — dijo su tío y Harry no le prestó demasiada atención a favor de encontrarse con el desconocido.

Parado unos pasos delante de Petunia estaba un hombre que aparentaba unos cuarenta años, bastante algo y de porte regio a pesar de su anodino rostro de cabello y ojos marrones. No parecía encajar su personalidad o si quiera el tono de su voz con ese cuerpo tan ordinario. Tampoco llamaba atención con sus ropas sobrias y clásicas, parecía un profesor pasado de moda.

Harry se incorporó sin apartar su mirada de los ojos cafés que lo escrutaban de pies a cabeza. Era bastante incomodo sentirse tan observado cuando sus parientes ni siquiera le miraban la mayor parte del tiempo. El sujeto se acercó y con una mano fría le alzo la barbilla para tener una vista de un moretón reciente que apenas se percibía bajo su remera a un poco por debajo de la clavícula.

— Se ve muy pequeño para tener ocho años. — dijo aquel hombre y Vernon solo mascullo unas tonterías de que él no gastaría comida en un fenómeno.

Por otro lado, Harry no estaba seguro de que sentir en ese momento. No creía que se equivocase al pensar que el desconocido ocultaba algo, además de saber cosas de él que ni siquiera sospechaba había mucho más detrás de aquel hombre que había notado los velados moretones que escondían sus holgadas ropas.

— Es mejor si nos vamos ahora señor Potter ¿Necesita tomar algo? Sus ropas entre otras cosas serán completamente remplazadas. — Harry no necesito darle una mirada más al armario para negar quedamente. — Perfecto, entonces vámonos ahora. — el hombre lo guió con una mano en el hombro, bastante incómodo, hasta la puerta. Harry no miró atrás cuando atravesaron el umbral de la puerta, pero si se tensó cuando escuchó el portazo inmediatamente después de que ambos pasaron por el umbral.

—No te preocupes, chico. — dijo en un tono más bajo e informal el hombre. —Estarás mejor sin ellos. — y Harry espero que no le estuvieran mintiendo, pero se trataba de un adulto, sus posibilidades eran pocas.


La idea era que Harry sea tomado por un grupo semi militar para entrenarlo. Tenía ganas de que Neville también haya sido enviado con los Mastines por su abuela cuando pensó que era un squib. Al final terminé usando un poco de esto en "El Mensaje del Cuervo".