LOS PERSONAJES PERTENECEN A LA EXCELENTÍSIMA STEPHENIE MEYER -SALVO JAQUES-.

HAGO ESTO SIN FINES DE LUCRO.


CAMBIO DE RUTINA

Desperté súbitamente, bañada en sudor. Desde mi llegada a Forks, sufría una especie de insomnio constante por culpa de las pesadillas. Observé mi despertador, que estaba colocado sobre la mesa de luz, y suspiré frustrada al darme cuenta que aún eran las 04:00AM.

Fui hasta el baño, y me aseé un poco. Escuchaba los ronquidos de Charlie, que se había quedado dormido en la sala con el televisor encendido. Habría bajado a despertarle y apagar el televisor, de no ser que en el último mes me encontró caminando por la casa a esta misma hora y empezaba a preocuparse, a pesar de que le insistía que todo iba bien. Y así era, o al menos así lo creía.

Edward se había ido de caza con Emmett y Carlisle, y se quedarían todo el fin de semana 'divirtiéndose' mientras cazaban osos. Era la primera vez que Edward se iba un fin de semana completo, y me dejaba sola ¡Sin custodia!

Habíamos hablado de eso una y otra vez, pero él no quería entrar en razones. No desde la última visita de Victoria –temblé un poco al pensar en ella, a pesar de que ya no existe…- y de los neófitos… sin contar la vuelta de los Vulturis. Pero Carlisle, Emmett y Jasper me ayudaron a convencerlo de que ya no había peligro alguno. Y en caso de que repentinamente los Vulturis decidieran hacernos una visita, Alice lo sabría. Eso pareció calmarlo un poco, y luego de varias discusiones más, aceptó irse de caza tan lejos de mí, y dejarme sin los 'niñeros'. Ese era un punto clave. Estaba harta de que su familia debiera dejar de vivir su vida solo para custodiarme… eso quizás fue el punto más difícil de la discusión, pero finalmente accedió de todas formas.

Antes de despedirse de mí, me había dicho:

-Por favor, cuídate. No hagas nada imprudente.-

Había escuchado esa frase un sinfín de veces desde que le conocí. Y ahora no había razones para estar preocupándose por mí. Bueno, no había razones 'anormales'. Las piedras seguían encontrando una forma de hacerme tropezar, o los troncos de los árboles, o incluso la lluvia o la nieve. Pero no era algo de lo que realmente habría que inquietarse. Le animé a irse, deseando que realmente disfrutara el viaje y se divirtiera.

Suspiré observándome directamente en el espejo. Me devolvía una imagen extraña, ojerosa y pálida, producto de mis malas noches de sueño.

Edward se había preocupado bastante por ello, pero, a pesar de que no sabía mentir bien – y de que él sabía que estaba mintiendo - siempre le decía que no recordaba lo que había soñado.

Me aparté un mechón de pelo que caía sobre mi rostro con mi mano derecha, deteniéndome a observar el reflejo de mi dedo anular sobre el espejo.

Vacío.

Aunque no extrañaba en absoluto el anillo de compromiso –de solo pensarlo la carne se me ponía de gallina-, sentía la mano ligera y vacía. Habíamos decidido, luego de una exhaustiva charla, que le diríamos a mi padre – y a su familia- lo del casamiento el lunes de la semana próxima. Preferimos dejarle disfrutar nuestras últimas vacaciones como padre de una adolescente normal, y no una adolescente que se casa prematuramente con su novio por alguna urgencia… o como creen los adultos, algún embarazo o algo así. Sacudí la cabeza intentando olvidar la parte más engorrosa del asunto.

Recordaba a la perfección aquella noche. Había tomado la decisión de ir en busca de Alice a informarle que le dejaría hacerse cargo de los preparativos de la Boda, pero Edward me detuvo. Luego de una eterna conversación al respecto –y de algún que otro beso persuasivo que me hace sonrojar de solo recordarlo…- acepté aguardar a finales de este mes para que Charlie pudiera disfrutarme como su hija soltera, y 'humana', un poco más. Sobretodo desde que me había dicho que 'presentía que me perdería pronto' y me hizo prometerle que le avisaría con antelación si es que algo iba a ocurrir.

Volví a mi cuarto a hurtadillas, y me recosté nuevamente. Estaba agotada, pero el sueño no quería regresar, por miedo a las pesadillas. Solo recordaba los ojos del color de la sangre, intensamente brillantes, acercándose lentamente. Conocía esa mirada… pero no podía reconocer a quién le pertenecía.

Me estremecí. Debía dejar de pensar en ello, como así también debía de dejar de pensar en tantas otras cosas… como en el licántropo que no me había vuelto a dirigir la palabra desde que habíamos descubierto que en cierta forma nos amábamos, pero que mi amor por Edward era mucho más intenso e iba más allá que cualquier otra cosa. Ambos lo sabíamos. Y agradecía inmensamente el hecho de que Edward seguía sin poder leer mis pensamientos, vaya a saber Dios porqué extraña razón divina.

Mi Jake… mi mecánico favorito… ¡Claro que lo extrañaba! Era horrible estar sin él, sin poder compartir con él lo que me quedaba de vida…

Prometió que estaría a mi lado… "Hasta que mi corazón deje de latir". Sin embargo no había vuelto a hablar con él desde que le vi por última vez, tumbado en la cama, reponiéndose de algunas fracturas producto de la lucha con los neófitos. Había dicho que sería bueno. Que intentaría ser mi amigo. Pero al parecer, su dolor era tan intenso que no podía cumplirme esa promesa. Y lo entendía.

Era muy egoísta querer que vuelva a hablarme, querer que esté a mi lado, o aunque sea que conteste mis llamados, aún sabiendo que sufre por mí. Pero no podía evitar sentir esto… y me atormentaba saber que hasta Edward lo notaba. Odiaba hacerles daño. Incluso llegué a odiarme a mí misma un montón de veces por ello, pero no podía hacer lo contrario.

Me levanté de sopetón, ya sin ganas de seguir pensando. Debía encontrar alguna manera de poder entretener mis pensamientos. Me coloqué mi pantalón de chándal favorito y una blusa blanca de mangas largas. No era una madrugada tan fría como para usar suéter. Quizás incluso podría llamar a Alice. Ella nunca duerme…

– ¿Bella? – susurró mi padre detrás de la puerta, algo confuso.

– Adelante papá – le contesté lo más animadamente posible. Lo que menos necesitaba ahora era un sermón por estar levantada un sábado a las 5 de la madrugada.

– ¿Otra vez no has podido dormir bien? – preguntó asomando su cabeza por la puerta, y observándome con ojos entrecerrados.

– Estoy bien – mentí. Torció los labios, incrédulo. – De veras papá, estoy bien – le enfaticé. Puso los ojos en blanco.

– Vale. ¿Desayunarás conmigo antes de que me vaya a pescar? –

– Claro, bajo en un segundo – sonreí levemente. Él asintió y se fue casi sin hacer ruido.

Pobre papá… claro que lo entendía. Su preocupación se debía a que temía que volviera a sufrir las horribles pesadillas que me hacían gritar enloquecedoramente a mitad de la noche, cuando Edward se había ido…

Me agité. Odiaba recordar eso. Sacudí la cabeza tratando de liberar mis pensamientos mientras bajé a la cocina. Charlie ya había cargado cereal en un cuenco, y se estaba preparando huevos fritos, como de costumbre.

– Esto… gracias – susurré mientras me entregaba mi cuenco. Él simplemente asintió.

– ¿Prefieres que cancele mi día de pesca? Ya sabes que puedo hacerlo si lo deseas…–

– Claro que no papá, ve y diviértete – le animé.

– ¿Y qué harás? – preguntó entrecerrando los ojos. – Sabes que Edward se fue de viaje con sus hermanos y…–

–Tengo una vida además de mi novio, papá – le corté su discurso.

Detestaba que me saque en cara que no tengo otra cosa más que hacer que estar con Edward. Eso ya lo habíamos superado, había cumplido con mi palabra luego de que me levantara el castigo por lo de las motocicletas, y había vuelto a hablar con Ángela y hasta incluso con Mike…

– No lo parece…– susurró, sin convencerse, mientras se tragaba de sopetón todo el desayuno.

– De verdad, ve y diviértete. Llamaré a Ángela, o a Alice…–

– De acuerdo…– contestó luego de sopesarlo un poco, aún sin convencerse, mirándome con ojos entrecerrados, mientras bebía un vaso de agua. Le sonreí.

Se acercó a la puerta de salida, aun con indecisión. Luego, suspirando, tomó su equipo de pesca y abrió la puerta. –Cuídate, Bella. Diviértete – se despidió.

– Adiós papá, tu también. – le animé con una sonrisa lo más intensa que pude fingir. Y le vi marcharse en el coche patrulla.

De pronto sonó el teléfono, y corrí a atenderlo. Quizás Jake…

– ¿Diga? – pregunté esperanzada

–Sabía que no habías podido dormir bien – contestó del otro lado una voz levemente aguda y musical, armoniosa.

– ¡Alice!– Sonreí, a pesar de que no era quien esperaba que llamara. –Que bueno que me viste, no sabía si llamarte o no…–

– ¿Quieres que te pase a buscar? –

– No, está bien, yo iré hacia allí – No hacía falta que me siguiera tratando como una sobreprotegida.

– Sabes que quiero estrenar mi Porsche nuevo…– me insistió. Sonreí.

– No, Alice, de verdad, prefiero ir por mi cuenta –

– De acuerdo, te espero – contestó y me relajé. Me ponía frenética que la familia Cullen condujera igual que los locos.

Rápidamente lavé los cuencos del desayuno, y salí en busca de mi camioneta. Me costó ponerla en marcha, dado que siempre viajaba en el 'flamante Volvo' de Edward, pero finalmente arrancó y me dirigí hacia la mansión de los Cullen. Ya había amanecido por completo, y el cielo se encontraba encapotado y gris, pero no llovía. Al llegar a la curva de la carretera sentí una punzada en el pecho. Si no doblaba, podría seguir hasta la reserva…

¡No!. Jake nunca estaba allí… y si estaba, escapaba sin que me dé cuenta. Seth era el que más me acompañaba, por así decirlo. Siempre me decía que sentía que las cosas hayan salido así, sin embargo no podía intervenir ante la decisión de su amigo. Algunas veces hablábamos por teléfono, ya que había entablado una buena amistad conmigo y con los Cullen, o más bien con Edward, pese a lo que pensaba la manada. Otras veces, bueno, solo dos, le vi en La Push, cuando fui a buscar a Jacob, y éste se había ido en cuanto me vio llegar…

Sacudí mi cabeza, intentando no seguir enroscándome con ese tema, y seguí mi camino hasta la mansión, encontrándome con que Alice me esperaba en el porche.

– ¿Ha llamado Edward? – le pregunté mientras bajaba de la camioneta y me acercaba a ella.

– No, pero sé que se están divirtiendo a lo loco – sonrió levantándose con una gracia envidiable, como de costumbre.

– Bueno, mejor que sea así. Temía que él se arrepintiera de ir – añadí mientras la seguía al interior de la casa.

– No se arrepiente. Solo teme que algo malo te suceda… ya sabes, está totalmente convencido del imán que eres – su leve carcajada sonaba como campanillas. Enarqué una ceja.

– ¿Dónde están Jasper, Esme y Rosalie? – pregunté notando el silencio que reinaba en la casa.

– Jasper se fue con Edward, lo decidió a último momento. Esme y Rosalie han ido al centro a comprar algunos víveres, ya sabes, para mantener las apariencias –

– Oh… – fue todo lo que pude decir. Me preguntaba si, después de mi transformación en vampiro, y luego de mi fatídico año de neófita, podría volver a Forks algún día, y también fingir normalidad yendo de compras de esa manera.

Los minutos pasaban, y ambas nos encontrábamos en silencio. No me percaté de su presencia, dado que estaba concentrada en el aroma que me embriagaba, debido al nuevo arreglo floral que había realizado la menor de los Cullen por toda la casa. Miles de ramilletes de jazmines decoraban las escaleras, los cuadros, los floreros, y algunos incluso colgaban del techo sostenidos por una tanza invisible.

Entonces me percaté del repentino rostro ausente de Alice, y me asusté. Sus ojos estaban completamente vacíos, sin expresión alguna. Si ella pudiera sudar, estaría sudando de miedo sin ninguna duda, y el terror se instauraba cada vez más hondo en su rostro.

– ¿A... Alice? – pregunté entrecortadamente mientras le sacudía levemente los hombros. -¿Qué ocurre? ¿Qué es lo que ves? – insistí subiendo mi tono de voz dos octavas.

– Los Vulturis…– susurró con voz ausente. Un escalofrío me caló hondo el cuerpo. – ¡Edward…! Oh no… ¡Diablos, no! – cayó de rodillas sosteniéndose la cabeza con sus manos, con desesperación, susurrando lastimeros 'oh no', sin siquiera poder explicarse. Me arrodillé junto a ella, tomándola nuevamente de los hombros, mientras le exigía una explicación, y mi rostro se bañaba en lágrimas. ¿Qué pasaba? ¡Me estaba volviendo loca! Y entonces el celular de Alice comenzó a sonar.


¿Dudas? ¿Quejas? ¿Comentarios?

¡Pueden dejar un review!

¡Gracias!

LunaEscarlata87