—Ya ta dije que no es lo mismo, tú eres de goma pero si lo haces así se me romperá y te juro que voy a matarte— se quejó gruñendo— Ten cuidado— exigió el rubio.

—Hago lo mejor que puedo

—Eso es, así, despacio y con mucho amor—suspiros, quejas —Ah dios que sufrimiento, te juro es la primera y la última vez que te permito hacer esto— por el tono de voz casi parecía que le dolía algo...

—No seas tan malo Sanji, sino me dejas hacerlo más seguido ¿cómo se supone que voy a aprender?

Escuchando esas palabras, Nami sintió miedo de entrar a la cocina y se quedó helada, parada a unos escasos pasos de la puerta.

Estaba considerando si debía o no ingresar, cuando cierto espadachín se metió con soltura, como es que uno debería poder entrar a la cocina de su barco...

Ella quiso advertirle, pero todo pasó muy rápido.

Y es que no se atrevía a entrar después del pequeño espectáculo de la semana pasada; Luffy en el piso debajo de Sanji, sus labios pegados y las piernas del chico aprisionando al cocinero.

No que le molestara, pero no, definitivamente NO quería volver a ver algo así.

La pelirroja se quedó allí, esperando que se desatara un desastre y que los tres que estaban dentro empezaran a gritar o algo. Pero nada pasó.

Para peor, escuchó la voz de Zoro que se sumó a la charla. Un escalofrío le recorrió la espina.

—No te metas, marimo idiota.

—Ustedes son los idiotas, déjenme a mí, esto se hace así.

El Oh de sorpresa de los otros dos, le hizo replantearse la situación: quizás estaba exagerando.

—Vaya Zoro, eres muy bueno en esto de rellenar pavos— comentó luffy riendo.

Aliviada, Nami suspiró y ya iba a entrar cuando oyó:

—Claro que sí, es muy parecido a rellenar otras cosas— acotó vulgar Roronoa acompañado por las risas de los otros dos.

La imagen mental del tipo de pelo verde meneando las caderas mientras decía esas palabras la decidió: nunca más volvería a poner un pie en esa maldita cocina mientras ellos estuvieran