Capítulo 2:
Me salva el pellejo un empleado de Starbucks.
Desclaimer: Rick Riordan es el creador de la saga de PJ y sus personajes. Solo me pertenece la trama de este fic.
Sabía que algo raro estaba ocurriendo. No necesitaba ser un genio para darme cuenta.
Siempre me la pasaba con Dani y me cuidaba de cualquier detalle que pudiera aparecer repentinamente. Recelaba de cada una de las personas en la escuela, o en la cuidad en general.
Un hecho muy interesante es que nunca puedes prevenir quien es o quien no un monstruo; se esconden entre los humanos esperando al acecho de un buen mestizo al cual zamparle el diente. Mi profesora, la Sra. Dodds, no era un monstruo cualquiera, sino una de las tres furias del inframundo. Por suerte la primera vez que supe lo que realmente era pude afanármelas solo e hice que desapareciera en una nube de humo. Ese es el modo en el cual los monstruos mueren. O al menos hasta que se regeneran…
Recuerdo que un día nos encontramos en una mala calle de New York, y por simple instinto desenfundé a contracorriente, y de una asesté un golpe a un cubo de basura cuando este crujió. Al final era solamente una rata. Por suerte Dani estaba observando un mural artístico, totalmente imperturbable.
Cada día le acompañaba hasta su casa. Vivía en un edificio en una zona decente muy lejos de mi apartamento, cerca de Broadway.
‒ ¿Alguna vez has ido a un musical junto a tus padres? ‒él se encogió de hombros.
‒No que yo sepa ‒respondió mientras enroscaba sus dedos en un lápiz.
‒Debe de ser bonito ir a uno. Tal vez deberías decirles de ir un día.
Pero pareció que ese comentario no le cayó bien. Se mordió el labio y su mirada se desenfocó durante unos minutos.
Y así transcurrieron los días. Bueno, una semana exactamente, lo que significaba: mi cita con Annabeth estaba muy cerca.
‒Percy, una chica te busca en el gimnasio ‒me dijo Dani, cuando estábamos en el descanso‒. Es Mary.
‒ ¿La gótica? ‒él asintió. Cogí mi mochila y salí al corredor. Justo al final estaban unas puertas dobles, donde se veía al equipo de animadoras que se dirigía a los vestidores. En los asientos estaba Mary.
Empuje las puertas y capté la atención de ella.
‒ ¿Qué hay, héroe?
Mi mano se escabulló hasta donde estaba mi bolígrafo. No tardé en darme cuenta de que seguro me atacarían en cualquier momento.
‒ ¿Por qué lo dices? ‒gruñí mientras Mary parecía sorprendida.
‒Fue muy bonito lo que hiciste por, eh, ¿Perry?
‒Dani ‒corregí. Era algo raro viniendo eso de una chica vestida de pies a cabeza con negro. Ella bajó desde su asiento y se me fue acercando, en el trayecto se llevó un mechón de cabello detrás de la oreja.
‒Solo sé que fue algo bonito ‒y sin más se me acercó hasta estar unas pulgadas de mi cara‒. ¿Puedo besarte, Percy?
Bueno, eso llego inadvertidamente. ¿Desde cuándo las mujeres se me acercaban y simplemente desean besarme?
Claro, a excepción de Annabeth. Y también Rachel.
‒Eh, yo… creo que eso no estaría nada bien ‒retrocedí unos pasos alejándome de ella justo cuando estaba a punto de hacerlo.
Mary era bonita, pero tampoco es que yo dejaría de ser novio de Annabeth solo por tener a Mary cerca.
Pensé que una lágrima le rodaría por la mejilla. Pero fue sorprendente de que lo primero que cayó fue una pluma al suelo.
‒Me rechazas, ¿Eh? ‒refunfuñó malhumorada mientras mantenía la cabeza gacha‒. ¿A que es divertido? Rechazar los sentimientos de las mujeres, de todo tipo de ser.
‒Tengo novia y no pien… ‒pero me detuve en seco al reconocer algo. Mis primeros pensamientos no estaban errados.
‒Annabeth Chase, bah ‒espetó ella. Su maquillaje negro se corrió y se combinaba con las lágrimas que caían al suelo. Un puñado de plumas ya estaba a sus pies.
‒ ¿Cómo la conoces? ‒estaba anonadado. Retrocedí hasta tener mi distancia. Pero sentí que me taclearon y quede en una pared del gimnasio, con un gran dolor en un costado.
Una arpía que parecía muy joven, que tenía la apariencia común de Mary, solo que con unas alas y garras extras. Se transformó a una velocidad sorprendente y me había dejado fuera de combate en poco tiempo.
Toqué mi bolígrafo y lo destapé revelando la verdadera forma de Contracorriente, una espada de bronce celestial bien equilibrada.
Me levanté forzadamente y me preparé para el ataque.
‒ ¿Por qué me atacas? ‒le pregunté mientras intentaba ignorar el dolor que tenía en el tobillo.
Pero la respuesta nunca me fue dada. Ella dio un chillido, batió sus alas e intento darme un zarpazo. Le dio a mi espada, que salió fuera de mis manos.
La bendición de Aquiles parecía sufrir de cansancio. Puede que la haya agotado durante un buen tiempo por la batalla, pero aun así funcionaba; ya que pude ver a través de todos los ataques, solo que no me moví lo suficientemente rápido. Como si estuviera siendo retenido.
La arpía alzó sus zarpas y me apuntó al cuello donde tendría una muerte rápida y segura.
Pero noté como un escalofríos le recorría el cuerpo. Dio un traspié y olfateó el aire, como perro oliendo carne, y entonces chilló nerviosa.
‒Esto no es posible, no puede… el noreste… el poderoso…‒tartamudeó Mary. Se acobijó en sus propias alas y desapareció por las puertas, transformándose rápidamente en humana de nuevo.
Eso fue una rara experiencia.
Después de levantarme cogí de regreso a Contracorriente. Las animadoras salieron de los vestidores intentando de ver el porqué de tanto ruido. Yo no tarde en seguir el ejemplo de Mary.
…
Me arreglé para la ocasión, me encontré con Annabeth cerca del Empire State, y de ahí fuimos a tomarnos un café y tener una pequeña merienda.
‒ ¿Por qué esa cara, sesos de alga? ‒preguntó Annabeth. De seguro me veía preocupado.
La gente en la tienda hablaba cada uno en sus mesas. Un octavo de los clientes era un mismo patrón de personas, o "estilo". Como si fuera una fauna común en este tipo de tiendas. Un empleado nos atendió cuando nuestro turno llegó, Annabeth pidió por los dos y luego fuimos a una mesa en la esquina de la tienda.
‒Necesito preguntarte algo ‒y le conté todo. No pareció muy sorprendida acerca de lo que ocurrió en mi primer día de regreso a clases.
‒A eso se le llama bucle, Percy. Una cosa que se repite una vez detrás de otra. Pasó lo mismo en el Olimpo.
‒ ¿Los dioses se dieron cuenta? ‒pregunté asombrado. Ella rodó los ojos y se rió.
‒Claro que lo hicieron, sesos de alga. Son dioses, después de todo ellos rigen diferentes cosas en el mundo. Pero todos nosotros teníamos conciencia de lo que ocurría, solo que siempre estábamos obligados a actuar de la misma manera. Decíamos las mismas palabras, y hacíamos exactamente lo mismo. Intentamos de cambiar el rumbo de las cosas, pero… no salieron como queríamos ‒se retorció cuando recordó lo que me quería decir. Y las palabras huyeron de nuevo por su garganta‒. En cambio, tu sí pudiste salir de él, varias veces por lo que me cuentas.
‒Pero, ¿sabes qué es lo que ocurre? ‒pregunté. La tienda se llenaba cada vez más, el flujo de clientes era tal que me sorprendía.
‒Bueno, los dioses tienen sus dudas, claro, pero…
‒ ¡Annabeth Chase! ‒llamaron desde el lugar de servicio. Ella se levantó y fue hasta el mostrador, donde le daban nuestra orden. Justo al lado estaba la fila de gente por comprar, y uno de sus integrantes salió de esta blandiendo una cuchilla de hueso.
Rápidamente tomé mi bolígrafo y lo destapé. Un grupo de gritos se escucharon cuando lo hice, muchos clientes corrieron despavoridos de la tienda y otros se escondieron en sus mesas.
¿La niebla no estaría trabajando bien?
Corrí a pasos largos y rasgué el abrigo del tipo con la cuchilla. Este retrocedió al momento justo por lo que el golpe no le dio de lleno.
Annabeth reconoció la situación y sacó su chuchillo de bronce. Yo la tacleé cuando intentaron de darle una cuchillada; ya era más de uno.
Unas doce personas estaban portando armas. Había pasado del modo 'tomar un café con calma' al 'defiéndete por tu vida nuevamente'.
‒ ¿Quiénes demonios son?
Pero su apariencia hablaba por si sola. Cuando preguntamos ellos se quitaron sus vestimentas, revelando un tipo de figuras humanas. Digo tipo porque esas cosas no eran humanas. Su piel era agrietada y de madera. Les crecían ramas por aquí y por allá. Incluso uno tenía un principio de nido en una rama de la cabeza.
Eran como si fueran árboles muertos que cobraron vida y forma.
Tracé un arco con la espada que ninguno pudo esquivar. Dos de ellos cayeron en mitades y rápidamente le salían nuevas raíces. Se iban a regenerar en cualquier momento.
‒ ¿Alguna idea? ‒Le pregunté a Annabeth, poniéndonos espalda contra espalda.
‒Ni una. Nunca antes había visto estas criaturas.
Prevenimos un ataque y le di un tajo a uno mientras Annabeth iba a desgarrar a otro. Salté a una mesa y di una voltereta mientras esquivaba el ataque. Cada vez que sus armas nos rozaban podía sentir como todo se enfriaba a mí alrededor, como si todo se detuviera por los momentos.
Les asesté varios golpes a unos cuantos. De doce rápidamente pasaron a cuatro, pero muchos quedaban en el suelo mientras se arraigaban unos con otros.
‒Nico, esto se parecen a los muertos que invoca Nico ‒comenté a Annabeth, ella asintió y perforó a otro de ellos.
‒Creo que nunca tuve que dejar pasar las clases de jardinería.
Y nuevamente atacamos por turnos a los restantes. Rápidamente terminamos con dos en conjunto, y no mucho tiempo después di un mandoble que atravesó a dos de una vez.
Pero algo se enroscó con fuerza en mi pierna, me levantó como una muñeca de trapo, y me arrojó contra una pared de la tienda.
‒ ¡Percy! ‒chilló Annabeth, intentó de agacharse, pero un latigazo le hizo retroceder hasta caer sobre dos mesas.
Me levanté con mucho cuidado. Sujete a contracorriente y le di un mandoble una planta que crecía en el medio de toda la tienda.
Di uno, dos, tres, y no sé cuántos más tajos y el árbol quedo hecho abono. Pero esa no era la solución.
Las raíces crecieron y se ensancharon tomando refugio en lo más profundo del suelo. El árbol se fue regeneraron más rápido que nunca pero esta vez le creció un torso, brazos y una deforme cabeza, pero de gran tamaño, tal así que tocaba el techo.
El monstruo soltó una carcajada y extendió unas ramas hasta varias de las múltiples cuchillas de hueso. Pateé una mesa y me refugié cuando lo vi lanzarlas.
*Crack* *Crack* *Crack*
Y muchas cuchillas se clavaron en las superficies de madera. Incluso una quedo en el mostrador.
‒Percy ‒me llamó Annabeth detrás de una mesa, un pequeño hilo de sangre le salía desde el labio‒, intenta quemarlos. Son simple madera.
Bueno, siendo hijo de Poseidón, era algo estúpido creer que podría sacar fuego de la nada y provocar un incendio.
Tomé con fuerza mi espada y pateé mi mesa como distracción. Me escabullí entre las otras y me preparaba para un ataque sorpresa. Pero sentí el dolor de un corte y como todo se ralentizaba frente a mí.
Miré sobre mi hombro y una cuchilla quedó atascada la pared: me acababan de lanzar esa cuchilla. Pero aun así di un fuerte mandoble y el monstruo árbol se partió a la mitad, exponiendo las fibras de su núcleo.
Pero hasta ahí me daba el cuerpo, ya que cada vez me movía más y más lento. Mi habilidad de guerrero no me serviría mientras cada vez todo era muy rápido para mí.
Recuerdo que caí al suelo después de un latigazo. A partir de ahí me creía hombre muerto, y que sería parte de la regla de los semidioses; no pasar de los dieciséis años.
Pero no fue así como creí. Annabeth llegó a mi lado y me levantó del suelo. El monstruo se fijó en un nuevo contrincante. Era un empleado de Starbucks, ya que vestía su uniforme verde.
Él saltó desde el mostrador, cogió la cuchilla que tenía cerca, evadió un latigazo y apuñaló el centro del árbol, dejando una gran abertura. Luego regreso al mostrador, trajo consigo varios vasos de café y vertió una gran cantidad de líquidos en la abertura del árbol.
Tenían que estar casi hirviendo, ya que la criatura se retorció de dolor. Soltó un gran aullido y empezó a marchitarse. Luego las raíces fueron secándose y al final el único rastro que quedó del monstruo fue un montón de ramas marrones y aserrín.
‒Vaya, que dolor con esto ‒dijo el empleado‒. Y no pienso limpiarlo.
Suspiró y se quitó la gorra limpiándose el sudor con una manga. Un mortal me había salvado.
‒Espero que estés bien, Percy ‒y se giró.
Mi amigo Dani me había salvado.
Y aquí esta, mi no tan esperado segundo capitulo. Supongo que ya se han dejado varias pistas acerca de la historia, solo les toca a vosotros armarlas. No es lo mejor que he escrito hasta ahora, pero es aceptable. ¿Algún review?
Nuevamente gracias a mi beta :)
