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CAPÍTULO 2
Brittany entró al auto tal y como le ordenaron. Se trataba de una limusina con cristales blindados, todo lo que ocurriese ahí se quedaba ahí, tanta exclusividad le daba miedo. En asiento trasero se encontraba una Santana que no dejaba de mirarla con una sonrisa seductora, casi depredadora.
Brittany entró y se sentó junto a la ventana, muy distante de donde se encontraba su dueña- No te he comprado para que te sientes tan lejos de mí.-Dijo Santana indicando su rodilla. La esclava quiso entender que significaba a su lado, pero cuando el chófer empezó a conducir Santana resopló por el rechazo de su esclava, la agarró de la cintura y la obligó a sentarse sobre ella.
Mmm hueles muy bien- dijo posando un dulce beso en su cuello y acariciando sus brillantes brazos- lástima que tengas un asqueroso color de piel. Tal vez si estuvieras más al sol...
Brittany que en un principio se había sentido nerviosa por aquél bonito comentario sobre su olor, un olor natural, un olor poco común, acabó sintiéndose dolida por lo último – No te acerques demasiado, puede ser contagioso.
Santana liberó una ligera risa traviesa, arrojó a su esclava sobre el asiento y se colocó encima de ella - ¿Sabes por qué me atraes tanto? - dijo mirando sus bien formados senos, aprovechándose de que su nueva adquisición no podía mover las manos debido a las esposas se permitió el lujo de explorar el cuerpo que tenía debajo. Sus manos tocaron el vientre con suavidad. Santana se mordía el labio por segunda vez en el día, esa esclava la excitaba, no se avergonzaba de decirlo, para eso la compró.
Brittany sentía un cosquilleo que iba de su estómago a su cabeza,no podía dejar de mirar a la morena y pensar sobre la belleza que la tenía acorralada contra el asiento.
Porque te gusta jugar -respondió contemplando sus bellos ojos. Tan azules como el mar abierto- Tu mirada te delata.
Brittany tragaba con dificultad. Un fuego dentro de ella estaba despertando – Estás...loca – dijo intentando mentirse para negar todo lo que estaba sintiendo.
Santana, una vez más, volvió a reír con aquella risa maligna que resultaba ser tan sexy. Tomó una fusta de cuero que tenía guardada debajo del asiento y la golpeó en el labio. Brittany protestó de dolor, no al instante, sino al ver su propia sangre. Iba a descontrolarse ya insultarla, pero con rapidez Santana pasó su lengua por donde estaba la herida -Mmm estás deliciosa – Tras eso la beso con ternura para saborear la poca sangre que saliese de ese labio.
La rubia no olvidaba de cómo le habían descrito a la familia Lopez ese mismo día. Esos monstruos sin alma. Luchaba para que su dueña no la tocase, aún estando esposada en ocasiones conseguía apartarla.
Vamos no seas así – suplicó Santana llena de deseo- No te voy a hacer nada MUY malo, sólo quiero jugar un poco, no es como si te fuera a quitar la virginidad en este auto.
Santana llegó a besar el cuello de la rubia que seguía sin dejarse tocar. Ambas muchachas forcejearon hasta que Brittany tiró a Santana del asiento. - Mira chica, podemos hacer esto por las buenas o por las malas. Me puedes dejar jugar un poco o le ordeno al chófer que detenga el auto y me ayude a violarte – dijo con una voz amenazadora.
Los ojos de Brittany se abrieron como platos llenos de pánico – No serías capaz.
¡Detén el auto!- ordenó en voz alta para que le escuchase el conductor. El carro se detuvo. Brittany supo que de un momento a otro su dueña podría llamar al chófer para que le ayudase.
-Puedo permitirte que me desafíes llamándome de tú, pero que me des ordenes o intentes detenerme como si fueras una igual... ¡ESO NUNCA!
La rubia recordó lo que le dijo Kitty hace unas semanas cuando le confesó que ella después de perder la memoria no había sido contratada por alguien por lo que no entendía qué tipo de esclava era ella. -Digamos que tú serás del tipo de esclavas que si ves a tu amo enfadado deberías acercarte a él, tomar su mano y guiarla por tus pechos. - Para Brittany el estado en el que estaba su ama podría clasificarse como enfado, así que tomó su mano y la guió de su cuello a su escote, ahí la liberó para que su dueña hiciera lo que quisiera.
¡Continua conduciendo!-ordenó Santana. Su cara había dejado esas sonrisas traviesas y estaba absolutamente concentrada en lo que hacía su mano, seguía el camino. Con su dedo índice rodeaba el pecho, hasta apretar con fuerza el pecho y pellizcar el pezón. Brittany contuvo el aliento,le había excitado lo último pero a la vez sentía mucha repulsión por aquella mujer. Retomaron las posiciones anteriores, ama sobre esclava.
La mano bravata tocaba lo que poseía, sin apartar la mirada de sus ojos, tocó su vientre con firmeza. - Sabes, eres diferente a todas las demás – susurró la dueña antes de sentarse en su vientre. La observó detenidamente, desde luego era poco común. Jaló a su esclava por el brazo y la medio incorporó hasta que sus caras quedasen casi a la misma altura – Alta, rubia, ojos claros, eres una esclava de pura raza. Dudo que tengas una pizca de inteligencia en esa cabeza, y sin embargo eres la que mas me ha cautivado- dijo a modo de virtud aunque para la otra persona era un auténtico insulto – Admito que tus ojos me gustan, no lo niego, es un fetiche que tengo. Me encanta el color, y adoro cómo me miran, hostiles son tus ojos niña, sé que querrías escupirme a la cara, las demás no se atreverían a mirarme así.- Se inclinó para volver a besar sus labios dulcemente. La cara de Brittany demostraba gran asco al tener que permitir que invadiera su boca, pero su lengua estaba cómoda en ese juego. - No me gusta que me pongan cara de asco cuando me besan – dijo alejándose con una dura pose como si fuese superior al resto.
No era cara de asco- negó Brittany sin ninguna emoción, había olvidado que debía temerla.
-Tampoco me gusta que me mientan a la cara.
Pues si no te gusto siempre me puedes devolver – respondió ofendida por todos los problemas que daba esta mujer.
Usó la fusta de nuevo para golpearle en la cara, esta vez muy cerca del ojo – Por eso te escogí, porque no me gustas en absoluto- La besó con más pasión que antes mientras su mano se metió por debajo de los pantalones de su esclava, le tocó ambas nalgas, y las apretó contra sí, para que la parte inferior de sus pantalones chocasen, se rozasen mutuamente. Santana ejercía toda la presión que podía en su cadera mientras Brittany gozaba de una nueva sensación que nunca antes había sentido. Un calor en sus adentros que la impedía pensar con claridad, se dejaba hacer por su dueña aunque eso la cubriese de vergüenza. Seguía el movimiento de caderas, lo único que separaban a sus palpitantes clítoris eran sus pantalones, se movían a la par y cada vez con más intensidad.
Ambas jadeaban de forma muy irregular. Santana que no sólo degustaba el placer del sexo, también el de la dominación consentida, sabía que por mucho que su esclava lo negase le estaba gustado tanto o más que a ella. -¿Te gusta verdad?
No- respondió Brittany que movía su cadera con más brusquedad para encontrarse cuanto antes con la de su ama, le embargaba algo indescriptible. Se movían sudorosas con más rapidez por momentos, los asientos de atrás se movían un poco, se oía sus pequeños golpes contra la puerta.
Tras varios minutos intensos, el chófer llamó a su jefa para avisarle de que habían llegado, a lo que Santana contestó - ¡VETE AL INFIERNO, ¿ACASO ES QUE NO VES QUE SNIXX ESTÁ OCUPADA?!- La mujer bravata decidió aligerar un poco, tomó una de las manos de su esclava para tocarse el clítoris y hacer lo mismo con una de sus manos dentro de la ropa de la rubia. Tocó su ser palpitante, notó la maravilla de cómo su esclava montaba su dedo, era ella quién marcaba el ritmo sin darse cuenta. Sin darse cuenta, Brittany, sin querer giró los dedos y Santana se vino encima de su mano ante la grata sorpresa de aquél accidente. Y como venganza más que como ayuda, ella hizo lo mismo con su esclava. Se dio cuenta de la bella cara de su esclava al venirse, estaba decidida a repetirlo e incluso a hacer cosas peores.
¿Qué diablos ha pasado? - preguntó la rubia sin darse cuenta de qué habían hecho exactamente. Santana decidió aprovechase de su ingenuidad para controlar ese tipo de comportamiento – Nada, esto lo hacen todas las amigas.
-Pero yo no soy tu amiga, soy tu esclava.
En cierto modo están para lo mismo que para las amigas, que es para aliviarme el dolor – sonrió su dueña- y te aseguró que me has ayudado mucho. ¿Qué edad tienes?
16 - dijo Brittany algo desconcertada.
Por un instante Santana se había sentido la peor persona del mundo, no se imagino que fuera tan joven. Cierto que era una esclava, pero era como si vieras a un mono pequeño y decidieras darle alcohol. No le hacía gracia jugar con gente tan joven , pero fue tal el disfrute, no podía negarse, intentó salir aprisa del auto, ella tenía 24 años y había hecho algo tan... suponía que esos esclavos serían de 20 años por lo menos, no aparentaban menos. Aunque por otro lado, eso le daría sentido a que fuera virgen. Una virginidad que le pertenecía solamente a ella.
Brittany por su lado, salió asqueada consigo misma, aunque no sabía qué había hecho exactamente. Aunque no supiera mucho de cómo funcionaba el mundo debido a su pérdida de memoria, intuía que eso a lo que su dueña reclamaba ser un acto entre amigas no estaba bien para gente como ella.
¿Rachel, hermana, cómo estás? - Preguntó a una chica también de pelo oscuro que bajaba de las escaleras – Mira ésta es una de las nuevas esclavas de la colección.
Brittany distinguió ciertas cosas entre ambas. Rachel era mucho más baja que Santana, su color de piel era diferente, y su nariz era enorme – Ella es más clarita – dijo Brittany sin pensar.
Santana la agarró del cuello para que retirase tal infamia aunque Rachel no quería darle la mayor importancia, tampoco le gustó el comentario – Supongo que se referirá a que nos ve muy distintas- Brittany asintió con la cabeza- Es cierto, somos muy diferentes porque en realidad somos medio hermanas. Mi padre era un distinguido religioso que luchó hace mucho años en estas tierras para eliminar a los seguidores de la Luna, esos paganos que se niegan a abrazar la fe verdadera. Por lástima, mi padre perdió, y tuvo que irse a otra tierra, y mi madre quedó sola...
Al resto de la historia Brittany no le prestó tanta atención no le interesaba.
En fin, Rachel no te quiero molestar más – interrumpió Santana – Me gustaría llevar aaaa
-Dicen que me llamo Brittany.
Eso le pareció raro a Santana pero no quiso inquirir más en detalles delante de su hermana-a Brittany a esa habitación que hay al lado de la mía.
Ahh, sobre eso te quería hablar, hermana – dijo Rachel- verás tendrá que alojarse con el resto de los esclavos de momento, tuvimos que quitar el suelo de esa habitación porque pasó algo con las cañerías o algo y tuvo una gotera enorme.
La dejaron en una de las celdas de abajo a esperar a sus compañeros. Tenía cierto aire familiar al edificio en el que había estado todos esos años. Por suerte, Kitty volvió a ser compañera de celda con ella.
¿Por qué habéis tardado tanto?- preguntó Brittany abrazando a su amiga frente a la mirada de un guardia que no dejaba de mirarlas con desprecio
-Estaba asignando tareas para cada uno.
¿Y por qué a mí no?- preguntó con inocencia sin entender nada.
Acuérdate del tipo de esclava que te dije que eras, eso ya es una gran tarea en sí. No vas a tener otra- aunque Brittany no entendía del todo el mensaje, percibía gran parte del significado.
-¿Y tú?
Dice que al haber trabajado tanto y para tantos, le intereso como consejera los primeros meses – contestó Kitty- para decirle en qué tiene que invertir, a qué familia le va realmente mal o bien para poder aprovecharse de su desgracia.
Brittany llena de rencor por lo despreciable que es una persona que se aprovecha de las miserias de otras, le contó todo lo que pasó en el auto. - Brittany, no seas así con ella.
-La odio.
-Lo sé, pero sonríe , dile buenos días, cómo estás, esas cosas que se dicen para no morir a manos de los demás.
¿Vas a respetar a un ser así?-preguntó Brittany con ira y repugnancia.
¡Claro que la voy a respetar...!- afirmó su compañera- hasta que me escape
Antes de que Brittany pudiera pedir más información de cómo lo haría, vinieron dos esclavos más a su celda.
¿Estás seguro de que él también debe entrar con ella en esa celda?- preguntó el guardia extrañado.
Si, parece ser que no se preparó bien el espacio de estos seres, y tienen que ir aquí si quieren caber – afirmó el otro guardia.
-Pero...pero es un hombre, podría...
Es un insano- contestó el guardia refiriéndose a la homosexualidad de él. Y es que la homosexualidad entre esclavos era una aberración para los hombres libres. De hecho los esclavos no podían tener sexo alguno a no ser que fueran esclavos sexuales o en época de cría para controlar la natalidad.
Se presentaron entre ellos, ya que compartirían celda por mucho tiempo. Uno era Blaine, un hombre fuerte de pelo moreno indomable y tez blanca como un lagoniano, tan blanca como la de su compañera Quinn, cuyo pelo era rosa y su peinado salvajemente rosa.
¿Qué te pasó?- Preguntó Brittany sin recordar una de las normas que le dijo Blake -Norma número 16, nunca preguntes a otro esclavo qué le pasó en alguna parte del cuerpo.
Rachel...-dijo simplemente- quería experimentar productos químicos para el cabello de las mujeres y me hizo esto.
Debes de odiarla mucho – dijo Brittany saltándose otra regla de Blake – regla número 43, nunca expreses ningún sentimiento terriblemente malo hacia un dueño con otro esclavo.- Tienes razón Kitty, debemos escapar antes de que nos hagan eso en el pelo.
Los otros dos esclavos se alarmaron en cuanto escucharon la palabra escapar – No podéis escapar, es imposible.
Nadie dijo escapar, os lo habéis inventado – intervino Kitty.
-Lo hemos oído.
-Mentira
-Verdad
-Mentira
-Verdad
Mentira, pero si fuera así, nada es imposible- contestó pensando en cosas que no decía.
-Es imposible, olvídalo.
¿Lo intentaste otras veces?-preguntó Brittany.
Sí, y fracasaron porque lo enfoqué mal, sólo hay que saber enfocarlo- respondió Kitty- Si supiéramos más información de esta tal Santana...
