· Capítulo 2 ·

Haruka había arreglado todo.

No podía escapar ni siquiera de la persona que iba a buscarla, que tenía un cartel gigante, no sólo con su nombre, sino también con su foto. Definitivamente su cuñada se burlaba de ella, siempre que quería.

El chofer la llevó a Milenio, el hotel más lujoso de la zona, un edificio imponente, con playa privada. Una de las mejores habitaciones del hotel estaba reservada para ella, se dio cuenta al entrar que Haruka no había escatimado en gastos para sus vacaciones. No podía decidirse si lo mejor era la inmensa bañera o la gran ventana con vista al mar.

Se asomó y fue testigo de uno de los espectáculos más hermosos que había presenciado en su vida, el sol caía en el horizonte y bañaba de dorado todo su alrededor. Nunca se sintió tan relajada y plena, decidió que esa sería una de sus actividades diarias. Sólo deleitarse con la puesta del sol.

Algo en la playa le llamó la atención, sacudió la cabeza para liberarse de esos pensamientos, no quería que nada arruinara ese momento.

Abrió el agua de la bañera y la dejó llenándose, necesitaba un baño de inmersión después del largo vuelo. Mientras, desempacó la valija que ella había preparado. Estaba cansada, en algún otro momento se sumergiría en el "bolsito" que Haruka había preparado, conociéndola, era muy probable que tuviera un Manual de uso.

El ruido del mar acariciando la playa hizo que durmiera mejor de lo que recordaba en mucho tiempo.

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Nunca se había sentido tan asaltado por la soledad como ese día, nunca en los cuatro meses que habían pasado desde su llegada a Grecia. Afortunadamente era uno de sus días libres y podría escaparse del caos del hotel, a uno de sus lugares donde la soledad fuera una realidad y no sólo una sensación.

Seiya había arreglado todo por él. Le había dicho que el dueño del gran hotel Milenio, Diamante Black, andaba necesitando un fotógrafo.

Conocía bien a su primo, y estaba seguro que el hotel no necesitaba ningún fotógrafo antes de hablar con él, ahora era indispensable. Seiya era capaz de vender un buzón a un linyera si se lo proponía.

Pero al fin los contactos de su primo funcionaron y había conseguido trabajar sólo cuatro días a la semana. Le pagaban muy poco, pero lo alojaban en una habitación estándar del hotel y podía consumir del comedor de empleados cuanto quisiera, incluso pedir que le armaran una vianda.

Ese lugar era un sueño, usaba su sueldo para pagar sus gastos personales y darse todos los gustos que quería. El alquiler de la casa era todo ahorro y cada día que pasaba en aquel paradisíaco lugar se convencía más que lo invertiría ahí. Hasta ahora sólo había comprado una lancha y la consideraba su mejor decisión en mucho tiempo, luego de irse a Grecia.

Verificó que todo estuviera en su bolso: su cámara de fotos profesional, una cámara más pequeña digital, su cuaderno de notas y la indispensable birome.

Asher, alguna vez había escuchado el nombre y lo había fascinado, pero quedó encantado cuando descubrió su significado, felicidad. Fue cuando decidió nombrar así a su lancha, aquella que le permitía ir a lugares que sólo él conocía.

Hoy era el turno de Aure, había descubierto la isla en uno de sus paseos en Asher y volvía siempre que podía. Había pasado tardes investigando nombres griegos y no paró hasta encontrar el indicado para ponerle a esa isla, Aure significaba brisa, aire suave.

Allí iría, a tomar fotografías de lugares absolutamente hermosos y a escribir. Ya llevaba ocho cuadernos, estaba seguro que del rejunte de todos podría salir algo potable para publicar. Aunque de momento lo único que le interesaba era plasmar en palabras lo que su mente y corazón gritaban.

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Haruka la había amenazado por todos los medios posibles, pero el más vergonzoso de todos había sido por Facebook.

¿Acaso tenía que hacer que todos se enteraran que Serena era una work-holic? Nada de mensaje privado, o mail. ¡No! Una buena cagada a puteadas en el muro. Eso sí, en ningún momento mencionó su destino secreto.

Ya no le quedaban muchas opciones, tenía que abrir el bolsito que Haruka había preparado para ella. Como suponía, lo primero que encontró fue el cuadernito con las "instrucciones de uso".

Le costaba admitirlo. Es más, jamás lo había hecho en voz alta, pero su cuñada tenía razón… el noventa y nueve coma nueve por ciento de las veces.

Abrió el cuaderno y comenzó a leer.

Día 3:

Sí Sere, podés fijarte si hay hojas arrancadas mil veces buscando el día uno y dos y no las vas a encontrar nunca.

Tardé tres días en lograr que agarres esto, creeme que el siguiente paso era pedirle a Black en persona que bloquee el wi-fi y no te de el password.

Al día de hoy corresponde el paquete azul. Por hoy podés ir tal como estás, agarrá el paquete, marcá con el señalador esta hoja, cerrá el cuaderno y volvelo a abrir cuando llegues a la playa y estés bajo una sombrilla.

Serena siguió las instrucciones buscando el paquete en el bruto bolso que Haruka había preparado para sus quince días allí.

Miró nuevamente a Kaia, su notebook, le tentaba de sobremanera seguir mirando cómo iba su empresa en esa computadora que se había hecho armar pura y exclusivamente para ella.

Su vista se dirigió a su mano izquierda, que sostenía el paquete azul. Le enterneció el esfuerzo de Haru para ayudarla a seguir adelante, a hacer que su vida fuera mejor. Bajó la tapa de su laptop y salió de la habitación sin mirar atrás.

Una vez en la playa abrió el cuaderno donde indicaba el señalador.

¡Bien Sere! Lograste dejar a Kaia atrás y llegaste a la playa. ¿Verdad que la vista es hermosa?

Abrí el paquete y hacé buen uso de lo que está adentro.

¡Hasta mañana!

Serena siguió las instrucciones. El paquete era pequeño, ni bien lo abrió, lo dio vuelta sobre la mesa que tenía delante suyo y un par de cosas cayeron: un pareo, bronceador y un reproductor de mp3 con la memoria llena.

Se embadurnó con el bronceador todo su cuerpo. Con la vista buscó un lugar en la playa para acostarse y allí se dirigió.

•·•

Los primeros rayos del sol que entraban por la ventana le hicieron abrir los ojos. Miró a su alrededor y se descubrió envuelta en el pareo, acomodada en el sillón. Se había quedado dormida mirando por la ventana cómo las olas jugaban con el reflejo de la luna.

El día anterior había estado toda la tarde bajo el rayo del sol y eso la había dejado agotada. ¡Ni siquiera había tenido fuerzas para cenar! Había preferido disfrutar del paisaje y relajarse. Pero en ese momento se dio cuenta que sería capaz de cazar un búfalo para saciar el hambre que tenía.

Se dio una ducha veloz, se puso otra bikini y se ató el pareo en la cintura. Cuando estaba por atravesar la puerta recordó el cuadernito.

Abrió donde indicaba el señalador, y la agradable caligrafía de Haruka le dio la bienvenida. Ese día tocaba el paquete naranja, lo buscó en el bolso y se dirigió al comedor.

Serena se desperezó satisfecha. Nada mejor que cereales, frutas, tostadas con mermelada y un buen café con leche para el desayuno.

Su acompañante en la mesa era el paquete naranja, era bastante más grande que el azul del día anterior, lo abrió. Extrajo de él un bolso playero que tenía un sobre pegado, leyó con tranquilidad la nota que contenía.

Este bolso funciona también como mochila, me pasé una buena cantidad de horas diseñándolo y aún más encontrando a alguien que lo fabricara, así que aprovechalo.

Andá llenándolo con las cosas de los paquetes y otras cosas que quieras y consideras indicadas. Con el tiempo te vas a dar cuenta cuáles son los pocos objetos importantes en tu vida.

Recordá siempre que "Lo esencial es invisible a los ojos" lo material tiene poco valor.

Continuó leyendo donde había dejado antes de tomar el paquete.

Día 4:

Si te conozco tanto como creo, abriste el paquete antes de ver el cuaderno. Los paquetes grandes siempre te llamaron la atención. ¡Seguro que ni miraste lo que hay dentro del bolso!

Serena no pudo evitar sorprenderse… Miró con sospecha alrededor buscando a Haruka ¿No estaría escondida en algún lugar y escribiendo mágicamente en su cuaderno mientras ella lo tenía en la mano? Se rió de su propio delirio mientras hurgaba en el bolso.

Su mano tocó un artefacto pequeño y frío, lo extrajo junto con una bolsita ziploc. Ahí estaban todos los accesorios de la pequeña cámara digital de 10 Mega pixels y zoom de 20X. Definitivamente Haruka no había escatimado en gastos.

¡Claro! Si era plata de la empresa y no de ella. Siguió leyendo para apaciguar su asesina interna.

Esa peque tienen adentro una memoria con más capacidad de lo que te podés imaginar… y la batería aguanta todo el día con la cámara encendida.

Sacale foto a todo lo que veas que te guste y/o te llame la atención y disfrutá luego de los resultados.

¡A hacer tu vida ahora!… y nada de acercarte a Kaia hasta que la memoria esté llena (o quieras pispear más de cerca alguna foto)

Serena rió y se tapó la cara mirando alrededor. Nadie la miraba, pero si lo hicieran pensarían que estaba loca, riéndose sola.

Fue a su cuarto a ponerse bronceador. Dejó todo allí excepto una pequeña carterita donde guardó la cámara y se fue a caminar por la playa.

Por alguna extraña razón las palabras escritas de Haruka le habían llegado y caminaba mirando el paisaje y la gente a través del objetivo de la cámara y disfrutando de la blanca arena acariciando sus pies.

En el horizonte vio a un muchacho en una lancha. Desde lejos se podía apreciar en su espalda desnuda, que sus hombros eran anchos y su cintura angosta. Casi por instinto presionó el botón, guardando una copia de lo que sus ojos veían.

Se sintió satisfecha de momento y regresó al hotel. Sin darse cuenta habían pasado casi tres horas y el intenso sol y el calor mediterráneo le habían dado sed, y algo de hambre también, tenía que admitirlo.

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Los arreglos iban viento en popa. Seiya ayudaba desde Melbourne y Diamante Black aportaba sus contactos.

Había encontrado en Diamante un gran amigo, ahora sabía por qué Seiya lo había referido a él, quién mejor que el dueño del hotel Milenio para encontrar a las personas indicadas para lograr su reciente objetivo.

Sería el dueño de un terreno en Aure, en cuanto los papeles estuvieran terminados y él plasmara su firma en ellos. Claro que el dinero no era un asunto menor, hacerse dueño de una parcela en una isla del Mediterráneo no es una transacción de todos los días como comprar una botella de gaseosa. Pero Seiya se había encargado de eso.

Al parecer, los meses de alquiler de su casa amoblada y sus ahorros previos habían logrado crear un buen respaldo para el tipo de préstamo que debía solicitar. Eso y algún otro amigo de su primo, de eso no había dudas.

La cuenta regresiva había comenzado. Le quedaban menos de dos semanas ahí, para despedirse de todos sus lugares, aquellos que lo habían ayudado a salir de su tristeza mucho más que cualquier persona. Y a eso los dedicaría, ese ya no era tiempo de trabajar.

Había decidido que volvería para dedicarse full time a trabajar y juntar el dinero para pagar el préstamo cuanto antes y ganar algo extra para poder construir una cabaña en su nuevo lugar.

Ya tenía algunas fotografías para exponer en la muestra que Kakyuu, la mujer de Seiya, estaba organizando. Y se dedicaría los días que le quedara a conseguir las mejores tomas, de esas que él sabía que se venderían bien.

Tenía sus cuadernos también, de ellos podía sacar un buen libro. Tenía que contactar a Yaten, el hermano de Kakyuu. Él haría la compilación y luego, con el nombre de Yaten en la edición, lograría buenas ventas en su libro.

Pensó en aquella célebre frase acerca de lo que una persona debería hacer durante su vida.

"Plantar un árbol, escribir un libro, tener un hijo…"

Había plantado un cerezo en el jardín de la casa de su abuela, ahora suya, cuando tenía siete años.

Veinticinco años habían pasado y ahora ese árbol proveería la sombra para sus ratos de escritor. El primer objetivo: logrado. Segundo: en camino.

El tercero… era un tema demasiado delicado para él.

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Sin darse cuenta, había pasado más de una semana desde que llegara. Su bolso ya estaba lleno, día a día Haruka le había dejado objetos y actividades para hacer.

Nuevamente debía admitir que la había hecho reflexionar y llevar a palabras sus sentimientos, objetivos y sueños.

Ya conocía las playas de los alrededores como la palma de su mano, el pueblo era maravilloso y la gente, un encanto. Había conocido a una pareja festejando sus bodas de oro, se amaban tanto o más que el primer día, y no perdían oportunidad de demostrárselo. Deseó algún día tener algo así.

Había llegado a replantearse si realmente no estaba hecha para las relaciones de pareja o sólo no había encontrado a la persona indicada.

Ese día se había levantado muy temprano, sospechando que algo distinto se avecinaba, eran demasiados días de tranquilidad y, conociendo a Haruka, ese día daría el batacazo ya que le gustaban los números redondos.

Sus suposiciones no estaban lejos de la realidad.

Día 10

¡Día Movido! Desayuná bien y pedí tu vianda que ya está encargada para hoy. No vas a llegar a almorzar. Con suerte vas a llegar a cenar, pero eso depende de vos.

Fijate qué hay en el paquete verde ahora.

Serena obedeció como si de vida o muerte se tratase. Encontró el libro 'El principito' de Antoine de Saint-Exupéry y una tarjeta personal con el nombre Nicolás Stathopoulos y una dirección. Miró ambos objetos extrañada y regresó al cuaderno de indicaciones.

Seguro no entendés nada, tampoco debería darte muchas explicaciones, pero para no desanimarte te digo qué tenés que hacer.

La tarjeta, habrás visto, tiene una dirección. Tomate un taxi y pedí que te lleven ahí. Preguntá por esa persona y cuando la encuentres decí que sos Serena.

No te olvides de llevarte el bolsito con todas las cosas, agregándole esta nueva y buscá la vianda en el comedor.

Recomendación: shortcito y zapatillas de lona.

A esta altura de sus vacaciones, Serena tomaba las recomendaciones de su cuñada como órdenes. Si ella recomendaba short y zapatillas, así se vestiría.

Notó que había algo más escrito en el cuaderno.

Ps. Creo que ya te tuve paseando y haciendo cosas lo suficiente. A partir de ahora es tú decisión qué hacés cada día. Ya tenés todas las herramientas y conocimientos que necesitás para elegir cómo disfrutar de tus últimos días ahí.

Pps. Si no se te ocurre nada, yo te dejo una recomendación para cada día (y éstas no las tomes como órdenes). Te quiero y no quiero ver que tengas marcas de la bikini, eh!! ¡Bronceadito completito!

Serena emitió una sonora carcajada ante el último comentario de Haruka en su cuaderno.

Mientras desayunaba vio pasar por la puerta del comedor nuevamente a ese muchacho, se preguntaba por qué nunca lo había visto en la playa, tampoco lo había visto en el comedor.

Sólo lo veía pasar por la puerta a lo lejos y su silueta la atraía cual imán a un metal. Había intentado alcanzarlo, pero nunca lo lograba y tampoco sabía para dónde se iba, simplemente desaparecía.

Ya había comenzado a sospechar que su mente estaba jugándole una mala pasada y materializaba a su hombre ideal, haciéndolo inalcanzable. Y por supuesto, muy atractivo.

No se daría por vencida. Haruka había logrado maravillas de ella y ahora sabía que algún día llegaría aquella persona. De momento se conformaba con esa silueta, deleitándose con su ilusión.

•·•

El señor Stathopoulos resultó ser el dueño de algunas embarcaciones, un pequeño velero estaba reservado para ella ese día. Haruka sabía que el padre de Serena era fanático de los barcos y que había enseñado a sus hijos a navegar en todo tipo de naves.

Serena se dio cuenta que había estado trabajando mucho ya que no recordaba la última vez que había salido a recorrer las costas de New York.

El aire marino en su rostro y nada más que kilómetros de agua cristalina a su lado, le daban un sentimiento de tranquilidad tal que le hacía desear permanecer así siempre. Seguramente en otra vida, había sido una sirena.

Pero Haruka tenía un plan para ella, y Serena decidió seguir hacia las coordenadas que su cuñada le había indicado. Finalmente vislumbró la isla.

Había un muelle abandonado, pero le resultaba suficiente para amarrar y bajarse. Notó que había una lancha amarrada también, pero no veía a nadie en la extensa playa, al parecer, virgen. Desembarcó con su mochila y se dispuso a recorrer un poco la isla.

Sobre el final del día había descubierto que el agua era cristalina, la arena blanca, la vegetación exuberante y la vista inigualable. Definitivamente sabía dónde pasaría los días que le quedaban de vacaciones.

Si pudiera comprar al menos una pequeña porción de ese lugar, se tomaría vacaciones más seguido, era una promesa.

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Qué rápido se le habían pasado sus últimos días allí, le quedaban sólo tres. Unos días antes se había convertido en el dueño de su parte preferida de Aure.

Aún seguía sorprendido de lo fácil que le resultó. Le habían comentado que la isla estaba dividida entre cuatro propietarios, sus descubridores. La mayor parte se la había quedado Lisandro Tziolis, el dueño del barco. El resto de la isla fue dividido entre los tres acompañantes.

Ahora, dos generaciones después, el nieto de Tziolis estaba en apuros económicos y comenzaba a deshacerse de lo menos necesario, vendiendo la mitad del terreno que poseía.

Era claro que no sentía el mismo amor por la isla que su abuelo.

Darien aprovecharía ese día para tomar fotos y medidas estimativas de su nuevo terreno, de manera de tener toda la información necesaria para diseñar la cabaña cuando estuviera de regreso en Melbourne.

Le llevó un rato a pie hasta que encontró los límites de su terreno, no le resultó difícil ya que estaban cercados.

Dedicó el resto de la mañana a buscar algún claro entre la vegetación y cerca de la playa donde pudiera construir. Luego de algunas horas había encontrado algunos lugares, pero el último fue el que mejor le resultó, estaba a sólo ciento cincuenta metros de la playa.

Estaba saliendo de entre los arbustos cuando la vio.

En el momento que sus ojos la divisaron, un escalofrío le recorrió la espalda y su cuerpo no le respondió más. Se quedó allí oculto luchando contra la ilusión que su mente fabricaba, a esa altura ya tendría que haberlo superado.

No podía ser Mina, él sabía que no lo era, pero a esa distancia – que no era mucha- la semejanza era enorme. Mina realmente lo había dañado, necesitaba encontrar al menos un puñado de diferencias para no volverse loco. Tomó uno de sus cuadernos de notas y comenzó a escribir.

Esta mujer tiene el cabello dorado como oro puro, el de Mina era rubio mucho más claro, platinado y para nada natural.

Ella es delgada, pero con curvas bien marcadas. Mina también era flaca pero tenía poca cola y poco busto, ¡cuántas veces se lo escuché decir! Quizá llegó a convencerme…

Mina jamás había demostrado interés en navegar, y la vez que lo hizo ya que le insistí, se la pasó vomitando todo el viaje. Esta mujer vino sola en aquel velero…¡no cualquiera!

Mina jamás se hubiera animado a mostrar su cuerpo desnudo al sol, ni aunque fuera la única persona en una isla desierta. Esta mujer había visto su lancha, sabe que puede haber alguien más y así y todo ahí está, dejando que los rayos del sol acaricien su cuerpo, bañándolo en destellos dorados.

Ante esta imagen, el fotógrafo en él despertó y se dio cuenta que tenía frente a él una toma perfecta, sobre todo para la muestra. Sería una de las que más valor tendría.

Ahora tenía una excusa para hablar con ella, tenía que pedirle permiso. Aunque sabía que ella jamás se enteraría, él era demasiado correcto para aprovecharse, eso era algo que Mina siempre le recriminaba y él no entendía cuál era el lado malo.

Decidió que la dejaría tranquila por un buen rato pero sin quitarle los ojos de encima, que por más que lo quisiera no podía hacerlo.

Darien se acercó a ella lentamente, sin hacer ruido con sus pies descalzos sobre la arena. A cada paso que se acercaba, más hermosa la veía. Ya estaba a su lado y ella no se había enterado, tenía auriculares puestos y supuso que escuchaba música.

La imagen que tenía frente a sí era única, acarició suavemente los rizos dorados y desordenados de la mujer. Sin darse cuenta había le rozado el hombro y ella abrió los ojos sobresaltada.

Esos ojos lo dejaron deslumbrado, nada en el mundo podía prepararlo para ese momento, ella no reaccionaba, sólo lo miraba como él la miraba a ella.


Buenas buenas… qué tal les va??

Yo realmente con muy poco tiempo, cambié de trabajo, a uno que está muy bueno, relacionado con mis estudios pero entre eso y mis últimos meses de clases, no tengo ni un segundo para respirar. Imagínense que salgo de mi casa 7.30 am y vuelvo alrededor de las 8 pm.

Dentro de poco voy a tener que empezar a drogarme para llegar al final de la semana, entre el trabajo, las cirugías a las que tengo que asistir y los congresos más clases de lunes a viernes…. Pobre Jenny =P (aclaro, no estudio medicina… es Ingeniería Biomédica… sisi, loca loca estoy)

Antes de hablar un poco del fic, quería felicitar enormemente a mi gran editora, la Lic. Suyay por haberse recibido y librarse finalmente de eso que se llama universidad (ovación de todos a Suyi!!).

Ahora sí, como les contaba en el capítulo anterior, el primero, este es un fic que se me ocurrió un día de enero, garabatee el comienzo y una idea. Y cuando terminé mi fic anterior (El amor cura todas las heridas - .net/s/4291463/1/El_amor_cura_todas_las_heridas ) me dediqué a escribir. Es distinto a lo que estuve escribiendo hasta ahora, pero no por eso me gusta menos. Al contrario, me gusta más!!

Espero que lo disfruten tanto como yo… El tercer capítulo está a la mitad más o menos y seguramente termine habiendo un cuarto.

Espero que me dejen muchos reviews… es algo crucial para los que escribimos. Nos dan ganas, nos muestran que alguien lee y opina sobre lo que escribimos, sea a favor o en contra. No les cuesta nada, hacen click en el botoncito de abajo que dice "Review this story/chapter" y al menos dejen un "Lo leí y me gustó" o " La verdad no me cabe lo que escribís por tal o cual razón" y nosotros, los escritores, contentos!


Como siempre, nunca falta El rincón del chivo

Una historia que yo acabo de conocer, va por el sexto capítulo y es muy interesante. Muy bien escrita y con personajes muy bien logrados. Hehra nos presenta "Maestro y Aprendiz"

.net/s/4775478/1/Maestro_y_Aprendiz


Nos estamos leyendo pronto… si todo sale bien y puedo, en más o menos un mes sale el siguiente capítulo.

Muacks

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Disclaimer: Sailor Moon no me pertenece, sólo hago uso de sus personajes para entretenerme.