Empecé a informarme sobre los gatos. Descubrí muchas cosas (NdT, una vez más me he quedado con las ganas de poner "una jartá de cosas". ¿Que no me tomo esto en serio? A callar): cuando Cheshire se frota contra mí lo que hace es marcar su territorio, que no le gusta que le miren directamente a los ojos, sin pestañear (pero sí que apreciaba una mirada afectuosa), que introducir otro gato en el piso podría afectar al orden jerárquico y crear peleas y que el contacto físico no es natural entre los gatos. También que los gatos siguen una jerarquía dominativa (la ley del más fuerte, vamos), que hay varios tipos de maullidos (para pedir cosas, para saludar…) y que un gato puede ronronear por satisfacción pero también para asegurarse en situación de estrés.

Bueno. Información muy útil, sí, pero yo necesito saber más sobre el comportamiento de Sherlock, no el de Ches'. Nuestro gato se comporta como un gato normal, al fin y al cabo, no es agresivo, no muerde, ni siquiera se mea en los muebles…

"De verdad que no lo entiendo."

A ver, busquemos otro punto de vista… si Sherlock fuese un gato, esa "envidia" (a falta de un término mejor) sería una forma de prevenir a otros sujetos de que está en su territorio. Y entonces habría un combate entre ambos sujetos para determinar quién acabaría dominando al otro.

"¿Entonces en todo esto el territorio soy yo? Esto no tiene ni pies ni cabeza."

Estaba pensando en Sherlock como si fuese un gato. Y no lo es. No tiene sentido. Un montón (NdT: un porrón) de preguntas se acumulaban en mi cabeza. Me di un momento para ordenarlas:

-Soy alguien cómodo y conformista, así que cualquier gato que tenga sabe que puede ser dominante en lo que a mí respecta.

-Vivía con Sherlock primero, así que el intruso es Ches' (siempre siguiendo la línea de que Sherlock es hipotéticamente un gato, claro).

-Ches' me ha marcado como si formase parte de su territorio, duerme en mi cama, en mi sofá… allí donde huela a mí. Y se deja acariciar y dar mimos, lo que Sherlock parece asimilar como una traición definitiva. Así pues, Sherlock quiere mimos.

A ver, a ver, (NdT: quieto parao',) un segundo. Ahí estaba pensando directamente en un Sherlock con orejas de gato reclamándome caricias, repantingado en el sofá. Me puse rojo como un tomate; menos mal que estaba solo.

John Hamish Watson, vuelve a replanteártelo todo y empieza a pensar de forma objetiva y neutra ahora mismo.

Sherlock no es un gato. Pero está celoso de Ches'. Y eso que Ches' comparte su afición por el violín y no respetar mi espacio vital, pero Sherlock-no-es-un-gato.

¿Un humano con tendencias felinas? No es la primera vez que sucede. O sea, ya me he encontrado con chicas que inclinan la cabeza cuando están atentas, prácticamente ronronean cuando las acaricias o duermen se acurrucan para dormirse donde sea…

Me costaba asimilar comportamientos gatunos a alguien masculino. El gato para mí era definitivamente femenino, todo gracia, delicadeza, elegancia… (NdT a ver yo aquí no estoy de acuerdo zas toma clichés binarios miradme a mí, de gracia delicadeza y elegancia tengo poco, pero bueno, habrá que perdonárselo a la autora. Yo solo soy una mandá, vengo aquí a traducir, no a juzgar. ya me callo...)

Pero Sherlock es así, ¿no? Tiene elegancia, gracia… incluso ese lado altivo y de superioridad que tienen muchos gatos. Y su mirada es hipnótica (NdT: no homo. en serio, YA ME CALLO).

Y ya había vuelto otra vez la imagen mental de Sherlock con orejas de gato. Voy a tener un problema serio si pienso en eso cuando le tenga delante. Tengo un problema gordo. Porque no me desagrada la idea en absoluto. Es más, me apetecía probar si…

Verifiqué que el detective seguía ocupado con la rata del otro día antes de rebuscar entre las carpetas de mi ordenador hasta encontrar la única foto decente de Sherlock que había conseguido sacarle una tarde, sin que se diese cuenta, cuando estaba en su palacio mental. La abrí con el Photoshop y le añadí un par de orejas de gato que encontré por internet, fusionando ambas imágenes de forma fabulosa.

Observé la imagen que acababa de crear.

Una sola palabra se me vino a la mente: adorable. Simplemente a-do-ra-ble.

Imprimí la foto, deslizándola en mi bolsillo. Ya pensaría en ello más tarde. Ahora tenía que llevar a cabo una nueva experiencia…

Xxxxxx

La cena estaba lista y Sherlock comía (sorprendentemente) en silencio. Yo preparaba el plato de Ches' que se frotaba contra mis piernas.

-Que sí, Ches', ahora te doy de comer, no te preocupes.

Acompañé mis palabras con unas caricias encima detrás de las orejas del animal, quien me lo agradeció con un ronroneo antes de frotarse cariñosamente contras mi mano.

-John, se te va a enfriar la cena.

-Enseguida termino.

Dejé el plato de Ches' en una esquina y le acaricié una última vez antes de sentarme en la mesa.

-En serio, ¿el gato no puede esperar a que hayamos terminado de cenar?

-No me cuesta nada y a los gatos les gusta cenar en compañía de su amo.

-Ah.

Ahí estaba, esa inflexión de voz fría y seca de nuevo. Desde luego, Sherlock no le tenía ningún aprecio al pobre animal.

No hice ningún comentario más sobre el gato hasta terminar la cena. Fregué los platos y me senté a hacer la digestión antes de ponerme a trabajar en la nueva entrada de mi blog. Era un artículo para presentarle al mundo a Cheshire, que le había prometido a Mrs. Hudson que escribiría para que pudiese enseñárselo a sus amigas.

Ches' vino a instalarse sobre mis piernas, donde lo acaricié un poco antes de dejarlo tranquilo. Tampoco hay que atosigarle, según lo que había leído por internet.

En el canapé enfrente de mí, Sherlock ponía mala cara, enfurruñado. Como los niños pequeños. Incluso tenía los brazos cruzados, era adorable. Tenía una rabieta y miraba a Cheshire muy fijamente, mientras el gato recibía mis caricias.

Está celoso. Todo en él grita "estoy celoso".

Era hora de empezar con la primera etapa de mi experimento. Me estiré, dejando a Ches' de lado suavemente y levantándome. Rodeé el canapé, dirigiéndome a la mesa donde estaba mi ordenador y aproveché, mientras pasaba, para deslizar mis dedos brevemente por el pelo de Sherlock y acariciarle suavemente por detrás de las orejas.

El momento apenas duró unos segundos y me senté para escribir ese artículo. Seguramente no le interesaría a nadie salvo a Mrs. Hudson, pero tenía la impresión de que a Sherlock no le gustaría en absoluto esa nueva entrada en mi blog.

Ni os imagináis las ganas que tengo de ver su reacción cuando lo lea.

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EN SERIO perdón por todas las interrupciones tenía el día tonto no sé qué ha pasado. Este es prácticamente el último capítulo en el que pongo ndT estúpidas pinky promise intentaré sujetar mis ganas de hacer la gracia T^T