Peón aislado
El perro intentaba mantenerse consciente luego de los choques, pero sus parpados le pesaban, los cerro, paso el tiempo en ese instante, los abrió de nuevo y vio como Marceline lo arrastraba por un pasillo que él no había visto el cual estaba decorados con cuadros, y una mesita sobre la cual había un florero con sus respectivas plantas que contenían agua. De nuevo cerro sus ojos, pero cuando logro abrirlos sintió que era arrojado a un cuarto acolchonado. El ser amarillo sentía a alguien en su espalda, pero no podía ver quién era.
—Creo que está dormido—dijo la voz de Marceline.
En eso Bubblegum apareció detrás del perro con una llave inglesa con su mano izquierda y esta golpeaba la cabeza móvil en la palma de su otra mano.
— ¿Aun nos oyes? —pregunto Marceline de forma burlona.
—Hermano de los dragones y compañero de los búhos—comento el perro sin pensar por lo mareado que se hallaba por los choques
—Aun está consciente—dijo Bubblegum.
—Es hora de aplicar un sedante—el decir esto,Marceline que tomo la llave de Bubblegum y la descendió de forma certera, dándole un tremendo golpe al perro amarillo dejándole completamente inconsciente.
Mientras tanto, algo susurraba maldiciones, sin forma e iracundo esperaba el momento en las tinieblas, en esta forma blasfema, eso reptaba, pues aun se hallaba débil, pero pronto se haría poderoso. Aquello tenía varias voces en su cabeza, pero todas provenientes de sí mismo.
—Debemos darle desesperanza, no tiene a nadie esta vez, no tiene herramientas, y anda solo…
—No nos confiemos, el aun tiene su ingenio y voluntad, subestimarlo no debemos, pero hay que asegurarnos que no escape, necesitamos voz.
Y una voz fue a buscar, pero refugiándose la oscuridad de los pasillos del asilo. Para no ser vistos, fueron con aquel que se encontraba más débil, querían ir por el perro, pero aquella cosa aun no era lo suficientemente fuerte. Arrastrándose en las tinieblas ingresaron en los dulces sueños de la que fue una diva, aunque ahora ejercía de niñera. Esta soñaba de cuando era más joven, en donde bailaba y cantaba en un teatro en el dulce reino. Hacia movimientos majestuosos y su voz era harmoniosa, termino su canción y el elenco aplaudió su actuación, hizo un excelente trabajo, pese a que era un simple ensayo. Pero de pronto la criatura penetro en su sueño. Cuando menos se lo espero, el ensayo se transformo en la primera actuación del teatro y el tiempo comenzó a ir más a prisa, mientras ejecutaba sus pasos de baile esta tropezó y la gente comenzó burlarse. El productor de la obra estaba sentando en el frente del escenario y con gestos obscenos le pidió que se levantara, esta obedeció y continúo bailando y cantando, le pidió ir mas a prisa, hasta que esta realizo un movimiento en falso rompiéndose una pierna. El público comenzó a abuchearla y el productor le dijo que se levantara. Intento hacerlo y lo logro pero cojeando, hizo de nuevo su pasos y termino rompiéndose la otra pierna.
—Ya no puedo moverme—dijo llorando.
— ¡Canta maldita sea!—le ordeno el productor en medio de las burlas— ¡Canta!
Por un deseo irracional de quedar bien, se arrastro hasta ponerse en medio del escenario y comenzó a cantar con su dulce voz, pero la gente comenzó a gritar y arrojarle piedras a la cara, interrumpiendo su melodía.
— ¡Que cantes! —le grito el productor.
La Dulce Niñera estallo en lágrimas, pero el productor le pedía que cantara y esta intento cantar, pero una de las piedras le dio en la cabeza y la tiro al suelo. Pero el productor seguía insistiendo y gritándole.
— ¡No pedí que lloraras, pero sino cantas ahora te despediré y no volverás al teatro jamás en tu miserable vida!
Las palabra le hirieron en los más profundo de su ser y comenzó a perder el aliento debido a su llanto, pero adquirió aire y le suplico al productor desde el escenario.
— ¡Por favor, ya no me haga cantar!
Entonces todas las luces del teatro comenzaron a apagarse una por una y en rápido sucesión, dejando encendida solo la iluminación en donde se hallaba la Dulce Niñera, esta se percato de que todo se había detenido, luego pensó que no había gente en primer lugar, algo estaba con ella en la obscuridad, y entonces la única luz que había se esfumo, y le siguió una sensación de algo húmedo y pegajoso subiendo a su pie izquierdo, luego sintió garras afiladas clavándose en pierna derecha, su mano derecha fue sujetada por otra mano gélida, y su izquierda tenía la sensación de que era mordida por la boca de una bestia. No podía figurar que clase de criatura quimérica la estaba atacando, y todas sus extremidades sentían un dolor distinto pasando de lo punzante hasta la aflicción, quiso gritar pero un tentáculo penetro furibundamente en una de las cuencas de sus ojos y luego sentía como bajaba y se movía hasta su garganta. Con su ojo humedecido miro a todos lados buscando aquello que lo atormentaba, pero no lo podía ver y luego noto dos grandes orbes esmeralda que se encontraban rodeados de humo blanco, estas esferas comenzaron a brotar un líquido de aspecto viscoso y verde.
—Este es el regalo Djahkah, nunca cantaras—impero un susurro en la obscuridad.
Fue lo último que escucho la niñera y los orbes soltaron un gran destello de luz esfumando todas las tinieblas y haciéndola despertar. La anciana despertó en la cama de su habitación obscura con sudor frio en todo su cuerpo y abriendo su boca para pedir auxilio, pero ya nadie escuchaba su voz, ni siquiera ella misma.
Pero esta misma voz era escuchado por el viento, pero en vez de gritar, esta comenzó a decir maldiciones y palabras tan antiguas como el tiempo mismo, haciendo que el clima cambiase y se desatara una terrible tormenta gélida, después de aquel encantamiento, esa cosa siguió reptando en el asilo, esperando en la obscuridad el momento para salir y mofándose del perro que tenia pesadilla sobre él en una de las habitaciones.
El perro sentía dolor y llego un momento en el que despertó en una habitación blanca y acolchonada, solo había una ventana y una puerta de hierro. Intento mover sus brazos, pero noto que tenía una camisa de fuerza, pero aun así contemplo salir por la ventana pero al mirar por fuera ese dio cuenta que era inútil, pues estaban en una montaña alta y para colmo había una fuerte ventisca que le impedía ver con claridad el fondo, incluso había congelado parte del cuarto donde estaba. Siguió mirando por fuera y vio su boleto de salida, había un teleférico a unos cuantos metros cuesta abajo, solo tendría que salir del cuarto, en su corazón broto cierta esperanza y estaba por tomar la opción de salir por la ventana, pero sin avisar cayo un rayo en lo que sería su ruta de escape, vio como los cables se rompían y la cabina caía en un vacio gélido
—Rayos—dijo desconsolado el perro.
Repentinamente una carcajada rasposa que parecía salir del viento furibundo irrumpió en los oídos del perro.
— ¿Quién anda ahí? —dijo el perro sorprendido.
Pero la carcajada continúo mofándose del infortunio del perro, después se detuvo luego surgió un susurro que le helo la sangre, el perro de repente vio como el vidrio de la ventana comenzaba a quebrarse lentamente y como una capa de hielo comenzaba a expandirse lentamente alrededor de la ventana hasta cubrir la habitación. El perro pensó que ese hielo no era natural y estaba seguro que la voz que escucho estaba realizando un conjuro arcaico. Se sorprendió del porque supo que ese era el caso, quizás sus recuerdos no estaban del todo idos.
Sin perder el tiempo, este comenzó a forcejar, intentándose quitar la camisa de fuerza intenta hacerse grande o pequeño y luego grito para pedir auxilio, pero ninguna de sus llamadas eran atendidas, luego empezó a empujar la puerta pero era todo en vano. Miro atrás por un instante y vio que el hielo ya había consumido la mitad de la habitación. No obstante, no se desespero y mantuvo la calma, se coloco boca abajo en un extremo de la pared y se disloco un hombro, luego se disloco el otro, flexiono sus patas para que sus dedos alcanzaran a sujetar la camisa por debajo y tiro fuertemente de esta, provocando que saliera disparada a la parte congelada de la habitación que en instantes se cubrió de hielo y se quebró.
—Lo sabia—dijo el perro adolorido intentando acomodarse sus hombros.
Se levanto rápido y se dirigió rápido a golpear la puerta y gritar ayuda, empujo fuerte, pero era en vano. No había salida alguna, pero no moriría rápido, el perro pelearía, así que sujeto ambas manos al pomo de la puerta y recargo sus pies en esta, quedando colgado del suelo mientras el hielo consumía lo poco de la habitación.
—Hasta aquí llegue y aun no recuerdo bien quien soy—se lamento el perro amarillo.
De mera suerte se oyó un sonido en la perilla de la puerta y se abrió, el perro recargo su cuerpo para empujar la puerta, vio el piso blanco del pasillo, bajo sus patas rápido y cerró la puerta de un golpe, y luego tirándose al piso dando un gran respiro, miro hacia arriba para ver quién era su salvador y vio a la Señora de Jengibre, el perro miro a la izquierda y vio que a su lado se encontraba su hijo Pen cargando un muñeco de madera en su brazo derecho.
— ¿Estas herido? —dijo de forma afable la señora Jengibre, mientras que Pen le daba su brazo izquierdo para ayudarlo a levantarse.
—Muchas gracias muchacho—dijo el perro incorporándose—y si señora, solo tengo las patas y los brazos cansados por andar colgada a la perilla, al parecer alguien lanzo un hechizo para matarme.
— ¡Un hechizo!—dijo la Señora con cierto espanto— ¿Qué fue lo que le paso?
—No me paso nada, pero alguien me intento congelar.
—Eso suena a obra del Rey Helado—dijo la señora poniéndose su mano en la mejilla.
—No creo—respondió el perro rascándose la barbilla—no parece su forma de atacar, ese viejo sociópata solo busca robar princesas, y aquí no hay ninguna, pero el uso del hielo me parece raro, y quizás no lo deba descartar, pero no veo el motivo del porque me quiera matar.
—Quizás le hiciste algo—dijo la señora.
—Puede ser, pero de ser así, no lo recuerdo, hoy y apenas incluso le pregunte por mi nombre.
El perro reflexiono por un momento, y le extrañaba que conociera el perfil de ese Rey. Quizás lidio con ese individuo anteriormente o lo leyó en algún sitio, no obstante había algo sobrenatural en el hielo, y solo un artilugio o ser mágico podrían manipular el hielo de esa forma. De repente, vio el cuarto donde fue capturado y noto que el hielo se empezaba filtrar por los bordes de la puerta, pero vio que esta ya no avanzaba tan rápido, quizás se había eso se había rendido en su intento de matarlo o quizás buscaba otra oportunidad.
—Cierto—irrumpió la señora con una sonrisa—no nos hemos presentado debidamente, yo soy la Señora de Jengibre y este mi hijo Pen.
Pen dibujo una sonrisa inocente en su rostro y le estrecho su extremidad al perro y este la recibió con ambas manos
—Por supuesto—dijo el perro mientras hacia un gesto de quitarse un sombrero que no tenia—lamento mi falta de modales, pero entenderá que no los puse en práctica porque no los recordaba en primer lugar.
—Descuide Señor Jake, bueno, eso al menos fue lo que grito en la silla.
—Cierto, creo que ese es mi nombre—dijo rascándose la cabeza—pero no me diga señor, con Jake el perro o Jake basta, aparentemente tuve cierta pérdida de recuerdos
— Amnesia
—No creo, la amnesia no es como en las ficciones, uno no recupera recuerdos golpeándose la cabeza, esta pérdida de recuerdos fue condicionada de alguna forma, quizás: una medicina, un hechizo, una operación en la cabeza o esa terapia de choques eléctricos.
—Quizás fue una operación—comento la señora jengibre con cierta sorpresa—mi hijo y yo nos sometimos a la terapia de choques y no sentimos perdida de recuerdos, al menos no siento que se me olvide algo, pero se lo digo porque tiene una gran cicatriz en la cabeza.
— ¡Que! —grito el perro que se tocaba desesperadamente la cabeza con ambas manos, y confirmando que la señora tenía razón— ¡No puede ser!
—Sí, yo igual desconfió bastante de ella, pero por alguna razón, se que debo obedecerla y sé que debo arriesgarme en poner a mi hijo y a mi misma en esa silla.
— ¿Qué le causa desconfianza?
—Bueno, no es que sea entrometida, o algo por el estilo, pero cierta noche vi sin querer por una puerta entreabierta, que Bubblegum portaba una especia de Tiara con una gema incrustada y que luego guardo en una caja fuerte, lo que me causo sospecha es que miro a ambos lados para guardarla, como asegurándose que nadie mirara, y se me hizo sospechoso, sin mencionar las cámaras que pone en todos los cuarto
— ¡Eso es!—grito el perro chocando su puño izquierdo con una cámara que vio en el pasillo—Eso no es una tiara, es una corona, y la única forma que consiguiera una es que la robara y la otra es que fuese una princesa.
—Y donde haya una princesa, el Rey Helado estará ahí para intentar robársela.
—Quizás esta princesa hizo un pacto con ese sujeto para encerrarnos en este sitio, lo que explicaría el clima, pero no creo que sea el culpable de ese congelamiento.
— Espere—dijo la anciana intentando tomar el ritmo del perro— ¿Dijo encerrarnos?
—Yo le responderé con otra pegunta—entonces se rasco la barbilla el perro y pregunto— ¿Cómo llego a este sitio?
—Pues ya soy mayor de edad y…
— ¿Pero cómo y cuándo paso?—interrumpió inquisitivo el perro.
—Ahora que lo menciona—reflexiono la anciana y luego exclamo poniéndose sus manos en las mejillas— ¡No lo puedo recordar!
—Así es, la silla ya nos condiciono poco a poco, están borrando fragmentos de recuerdos,
—Pero antes hay que saber el porqué lo...
Pero antes de que terminaran de hablar la anciana, en el cuarto sonó una sirena de alerta estrepitosa, luego el perro quiso ver de donde provenía el ruido pero se encontró una desagradable sorpresa. El hielo comenzaba a emanar de la habitación de la que había salida previamente, y comenzaba a congelar y extenderse por el cuarto.
—Ya saben que descubrimos su plan—dijo el perro amarillo— y el hechizo sigue en efecto,hay que salir de aquí.
— ¿Pero a donde? —pregunto preocupada la anciana.
—Aun no lo tengo claro—dijo el perro rascándose la cabeza—pero hay que destruir la silla, convencer a los otros de que debemos escapar, salir de esta montaña o al menos combatir a los que manejan este sitio y correr de aquí ahora mismo
— ¿Estás seguro? —pregunto la anciana que empezó a dar carrera con su hijo Pen.
—No realmente—dijo el perro abriendo una puerta de un corredor para dar a otro.
El trió comenzó a correr más a prisa y salían de un pasillo para dar en otro, la construcción interna era de paredes de cuadros y de color monocromático, casi como un tablero del juego en el que realizaban sus partidas Pen y la Señora Jengibre, la cual hizo que ambos cruzaran miradas y comenzaran a crear sospechas entre ambos.
— ¿Como sabes en donde estamos yendo?—dijo con dificultad la Señora Jengibre mientras corría, intentando atrapar algo de aire.
—Tengo el rastro del olor de esa silla, ya casi llegamos a esta, lo siento en mi nariz.
El perro dio una gran patada a una de las puertas y entro al pasillo que vio cuando Marceline lo andaba arrastrando. En eso el par de seres de Jengibre entraban jadeando, luego se su intento de seguirle el paso al perro.
—Es por aquí—dijo confiado el perro.
—Sabe—dijo la señora Jengibre tomando aire—nosotros sabíamos dónde estaba esa silla.
— ¿Y por qué no dijo nada?
—Eso intentaba hacer pero usted corrió demasiado rápido para nosotros.
—Lo siento, pero al menos ubico este pasillo, vi ese florero cuando fui arrastrado por esa chica llamada Marceline.
— ¿Me llamaban?—irrumpió de forma burlona la voz.
Y la puerta que se hallaba al final del pasillo se abrió de pronto e ingreso flotando aquella chica que amarro al perro. El perro hizo un gesto en su cabeza como si se acomodara algo y se puso en posición de combate. Pero la chica comenzó a reírse de la postura del perro.
— ¿Quieres que te patee de nuevo perrito?—se mofo la chica haciendo un gesto con la mano para que se acercase.
El perro no reacciono a su provocación, y fue corriendo directamente hacia a ella, luego alzo su pata en el aire rápidamente y luego alzo la otra por inercia salió disparado rápidamente y preparada para darle una patada, pero la Marceline se movió rápido y atrapo ambas extremidades en un instante dejando al perro de cabeza. Pero el perro mantuvo la cabeza fría y sin sorprenderse de este hecho.
—Confirme mis sospechas, la forma rápida en la que te mueves, tu piel, el hecho que flotas—comento el perro señalándola— ¡Eres una vampira!
Pero ante tal afirmación la chica solo empezó a reírse.
—Eso es muy evidente perrito—dijo la vampira toqueteando con su índice derecho la nariz del animal, pero con la mano con la que aun sostenía la pierna, comenzó a hacer girar al perro en el aire —pero no soy tan rápida, tú eres el lento, y no soy cualquier vampira, soy la Reina Vampira.
Al decir esto, la vampiresa soltó al perro, arrojándolo directamente hacia la mesa donde estaba el florero, provocando que el mueble se destruyera por el impacto, y que la vasija floral se alzara en los aires, pero como acto reflejo el perro atrapo el florero con agua pues los engranajes en su cabeza comenzaban a moverse y estaba articulando un plan en su mente.
—Pen, sal de aquí—impero el perro—Señora Jengibre, tome distancia pero necesitare su ayuda para vencer a este inconveniente.
La vampira comenzó a reírse de tan absurda afirmación.
—No me subestimes pequeño perro—le ordeno la vampira que se transformo en una lobo y comenzaba acercarse rápidamente al trió que se hallaba en el pasillo.
