¡Hola! Lamento mucho no haber actualizado antes, eso fue todo gracias a una serie de acontecimientos ocurridos, no precisamente a mi favor. Aquí está el segundo capítulo, espero les guste… Yo quería seguir escribiendo pero ya se alargó mucho. Está de más decir que el tercer ya está en proceso. Actualizaré pronto, les doy mi palabra.

DISCLAIMERS:

Los personajes de PPG no me pertenecen.

Esta historia está hecha sin fines de lucro.

ESPÍRITUS DEL BOSQUE

II

Nos vemos en tus sueños

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Me encuentro en la cocina pérdida en mis pensamientos. La noche anterior tuve un sueño. Aunque, más bien lo describiría como un recuerdo, un recuerdo muy confuso, pues… aquel extraño sueño se me hizo terriblemente realista, era como si en realidad me encontraba ahí. Podía recordar vagamente las sensaciones de aquel singular recuerdo. Puede que me haya acostado pensando inconscientemente en el lobo y como consecuencia soñé con él, trato de encontrar una solución y olvidarme de todo aquello. Pero me es realmente complicado y se me hace muy extraño que en el "sueño" pudiera observar con tal precisión los detalles de aquel lobo, si la última vez que lo vi —en la realidad— una larga distancia nos separaba, por no decir que se encontraba un poco oscuro, haciendo mi visión un poco difusa. Pero nada me confirmaba que esos datos fueran reales. Suspiro. Desde que me desperté no he podido parar de pensar en eso. ¿Qué quería decir el lobo en ese sueño? Será mejor dejar de pensar en ello sólo fue un sueño, diferente, pero sueño al fin… ¿Cierto?

Por fin termino de comer, agarro mi mochila y me dirijo hacia la salida. Hoy es mi primer día de clases y ya voy tarde, lo cual no da una buena impresión de mí, algo que no quiero.

— ¡Adiós! –grité ya cerca de la salida.

—Espera –escucho la voz de mi padre, desde la parte superior de la casa.

Me detengo para esperarlo ¡Qué lento es! Después de dos minutos, lo que para mí se siente una eternidad. Por fin llega y sin que lo viera venir me da un tierno beso en la frente, me siento otra vez como una niña de cinco años. ¿Acaso está preocupado por mí?

—Cuídate –hay ternura en su voz.

—Papá no te preocupes —alzo la mirada— ya tengo dieciséis, me sé cuidar sola.

Mi padre sonríe para después darme la razón. Camino hacia la puerta para salir, tendré que correr si quiero llegar a tiempo.

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¡Qué cansancio! Siento que en cualquier momento me desplomaré… Definitivamente no volveré a correr en toda mi vida. Descanso un poco y me dirijo a la Dirección para poder ubicarme, al parecer ya todos entraron a clase. Toco la puerta en donde se encuentra un letrero que dice "Dirección" en letras bien grandes y entro.

—Buenos días –le digo a un hombre obeso con traje, el director tal vez. El hombre se encuentra sentado en una silla de cuero y frente a él se halla un escritorio de madera. Todo es muy elegante.

—Buenos días, señorita –me dice en un tono amable— ¿En qué la puedo ayudar?

—Mi nombre es Bombón y soy nueva, acabo de llegar a la ciudad. Lamento llegar tar… —no me deja terminar.

— ¡Bombón!… Bombón… –repetía mi nombre una y otra vez— ¡Ah ya sé! –grita.

Me sobresalto ante aquello.

— ¡¿Cómo olvidarte?! –Exclama— tus calificaciones son excelentes.

—Bueno… pues, yo… —y de nuevo no me deja terminar, ¿cuál es su problema?

— ¡Ven!, te llevaré a tu salón de clases –dice empujándome hacia el pasillo con una increíble velocidad, como si en aquella habitación se encontrara una bomba que explotaría en cualquier momento.

—Está bien –me limito a decir, ya que estoy segura de que no me dejara terminar.

Me lleva hacia un pasillo, luego doblamos a la derecha y nos detenemos en frente de una puerta. El director la abre y observo que el lugar está lleno de estudiantes, este es mi nuevo salón de clases. ¡Me gusta, es bastante espacioso! El director se para en medio de la habitación, al parecer dará un anuncio.

— ¡Buenos días, chicos! –Saluda— les presentaré a una nueva alumna; es nueva en la ciudad, así que sean buenos compañeros y denle una muy cordial bienvenida.

Me parece muy amigable aquel hombre obeso. Es muy carismático, desde que llegué no lo he visto ni un segundo sin sonreír, no creí que una persona pudiera hacer eso, siendo bastante sincera… eso cansa.

El hombre de repente cambia su faceta a una totalmente seria y dice:

–Así que chicos espero que la traten muy bien.

Eso me extraña, pero al verles las caras a mis —ahora— compañeros de clase estoy segura que ninguno me molestará.

El director se retira sin más que decir. Miro la pizarra la pizarra, están en clases de historia. ¡Qué bien! No han empezado, esto es bueno.

—Toma asiento, por favor –dice la profesora.

¿Y ahora en dónde me siento? Busco con la mirada algún puesto libre y en los últimos de la primera fila puedo distinguir a Burbuja haciéndome señas para que me siente junto a ella. Al parecer mis suplicas fueron escuchadas, me tocó en la misma clase que Burbuja. La verdad es que no soy muy buena socializando, eso de congeniar con personas no es lo mío. Me ubico en el asiento posterior al de Burbuja, siento como si me hubiera estado esperando. Pero eso es ridículo.

— ¡Hola! –Saluda la rubia— me alegro de que estés en el mismo salón que yo.

—Yo igual.

— ¡Oye! Te presento a Bellota –dice señalando a una chica morena de ojos color esmeralda.

—Mucho gusto me llamo Bellota –dice la chica extendiendo su mano.

—Y yo Bombón –digo estrechando mi mano con la de ella.

Miro e nuevo a la pizarra y me sorprendo al encontrar tres párrafos escritos en ella. ¡¿En qué momento?!

— ¿Acaso la pizarra no estaba en blanco? –señalo todo lo que ha escrito la profesora.

— ¿De qué estás hablan…? –calla Burbuja al momento que ve la pizarra. Esa maestra sí que era rápida, hace segundos podría jurar que se encontraba en blanco.

—A eso se le llama inspiración –dice Bellota sorprendida.

Las tres guardamos silencio, era mejor copiar todo antes de que le regresara la inspiración a la dichosa mujer a quién llamábamos profesora y borrara todo; eso no sería nada bonito.

Saco mi cuaderno de apuntes y comienzo a escribir. Aunque no tengo ni el mínimo entusiasmo en hacerlo, por eso decido observar la gran habitación en donde me encuentro, las paredes poseían un color azul claro y… eso era todo, esa era la razón por la cual aquella habitación parecía inmensa, no tenía nada a excepción del escritorio de la profesora, la pizarra, el aire acondicionado y los asientos en donde se encuentran sentados cada uno de mis compañeros, incluyéndome. Todo era una farsa, producto de una percepción óptica. La verdad es que esta habitación es terriblemente monótona, aunque debo admitir que no es tan pequeña. Pero igual me siento engañada.

Centro mi mirada en un punto determinado o más bien en alguien determinado. No lo puedo creer. ¡El chico misterioso! Sólo puedo ver su bien definida espalda y su brillante cabello rojizo. Pero eso basta para mí, sé perfectamente que es él.

Un sollozo interrumpe mis pensamientos; suena desgarrador, por efecto el ambiente se tensa. Alzo la mirada para observar de donde proviene aquel desgarrador grito. ¡Es la maestra! ¿Pero qué le sucedió?

La maestra se levanta sollozando de su silla de trabajo y se para en medio del salón con la intención de decir algo, pero su boca no emite ningún sonido. Mira su teléfono, sus ojos reflejaban odio y dolor; y no pasan ni dos segundos cuando lanza el aparato con todas sus fuerzas contra el piso y rápidamente sale corriendo del lugar. Para los pocos segundos que pude observar a la mujer, se veía demacrada y muy, pero muy triste.

La cara de mis compañeros no es sorpresa para mí, en sus rostros se refleja asombro y confusión; estaban atónitos. ¿Qué fue todo aquello?

Minutos después entra el director, otro anuncio.

—Por razones personales, su maestra se tuvo que retirar urgentemente del plantel –dice el director, parecía preocupado por la pobre mujer— por ello debo decir… Hora libre –lo último lo dice sin mucho ánimo.

Todos se alegran ante lo dicho por el director, por lo que reciben una mirada de enfado de parte de éste. Guardan absoluto silencio ante aquello y el director sale del salón una vez más sin más que decir.

— ¿Qué le habrá pasado a la profesora? –dice Burbuja preocupada y con una pizca de curiosidad.

— ¿Qué importa? ¡Tenemos hora libre! – responde entusiasmada Bellota la pregunta de la rubia.

— ¿Acaso no tienes sentimientos? –Burbuja no creía lo insensible que estaba siendo su amiga.

—Bueno, no hay que pensar más en eso –digo para terminar la discusión de las dos chicas— Cambiando de tema –sigo— ¿Qué es exactamente la hora libre?

Las dos chicas se ríen ante mi ignorancia.

—Es como el receso – dice la rubia divertida.

—Así es, nada de clases –explica Bellota.

—Comprendo –digo guardando mi cuaderno de apuntes, al ver que mis compañeros se retiran del salón.

— ¡Tenemos que ir a la cafetería! –Dice Bellota— el pudin se termina rápido –le agarra el brazo a Burbuja arrastrándola hacia la salida.

— ¡Espera! –Burbuja para en seco, zafándose del agarre de la pelinegra— ¿y Bombón?

—No se preocupen por mí, después las alcanzo.

—Está bien, nos vemos en la cafetería.

Después de cinco minutos por fin termino de arreglar mis cosas. Me dirijo a la salida para encontrarme con Burbuja y Bellota, pero paro de golpe al darme cuenta de que… ¡No sé en dónde queda la cafetería! ¡Genial! Ahora recorreré todo el colegio sin encontrar la bendita cafetería y cuando la encuentre me daré cuenta del tiempo perdido durante el lapso que estuve buscándola y sólo me quedarían cinco minutos para comer, aunque sabría perfectamente que no terminaría en esos cinco minutos por lo que me limitaría a tomarme mi bebida. ¡¿Por qué tiene que ser tan grande este lugar?!... ¿En dónde se encuentra la cafetería? Me pregunto mentalmente.

—Yo te puedo llevar –escucho una voz masculina detrás de mí.

Me giro para saber de quién se trata y me asombro al encontrarme con el chico misterioso, podía jurar que me encontraba sola. ¿Tan despistada soy? No, no lo creo… ¡Ay, no importa! Tengo muchas cosas en la mente como para agregar más.

El chico se encuentra parado en frente de mí; es alto, tiene una camisa negra que deja ver sus músculos largos y definidos, sus ojos carmesí, profundos y atrayentes parecen un imán para los míos, me olvido de todo a mí alrededor y me pierdo en su mirada. Reacciono varios segundos después, el chico todavía espera una respuesta de mi parte.

— ¿Qué…?

—La cafetería, ¿quieres que te lleve?

— ¡Oh! Si… claro –digo un poco nerviosa por su cercanía.

—Me llamo Brick.

Brick. Así que ese es tu nombre. ¡Me encanta!

—Mi nombre es Bombón.

—Pues, Bombón… –en sus labios se dibuja una sonrisa— es un placer conocerte.

No pude evitar sonreír.

Brick comienza a guiarme hacia la cafetería. No sé qué decirle, me la paso pensando en él y ahora que lo tengo a mi lado… nada, ¿qué le podía decir?... ¿Qué escondía? No lo conozco lo suficiente como para siquiera estar segura de ello.

Llegamos a la cafetería. No se encuentra tan llena como esperaba, al parecer los únicos en el sitio son mis compañeros y algunas otras personas que no conozco, ni me interesa conocer. Entre tantas personas encuentro a Burbuja y a Bellota, por lo que veo la morena se encuentra muy satisfecha con su pudin.

—Gracias por… —no pude terminar la oración. Brick desapareció. ¿Acaso no estaba a mi lado hace un segundo? Miro a todas direcciones mientras camino hacia Burbuja y Bellota. Primero el director y luego él… ¿Aquí todos son tan raros?

—Por fin llegaste –me dice Burbuja.

—Pensamos que te habían secuestrado –bromeó Bellota mientras probaba un bocado de su tan atesorado pudin. Pero no les presto atención, mi mente está enfocada en encontrar al chico, a Brick. Esto no pasa desapercibido por las dos chicas.

— ¿Sucede algo? –pregunta Burbuja.

—Brick –digo mirando a todos lados.

— ¿Brick? –repite la morena.

— ¿Ese no es el chico que estudia con nosotras? –Burbuja no entendía nada— ¿lo conoces? –pregunta con curiosidad.

—Sí él me ayudó a encontrar la cafetería –digo dejando de buscar para prestar atención a la conversación— ¿lo han visto?

—Sí, está sentado allá junto con los nerds – dice Bellota señalando el lugar— ahora que me fijo, no sabía que él tenía el cabello tan largo, digo, ahora los chicos de hoy en día no les gusta amarrarse el cabello en dos trenzas; y tampoco sabía que usaba lentes.

—Bellota.

— ¿Qué? –respondió ésta.

—Esa es María, no Brick –dijo Burbuja como si fuera lo más lógico del mundo— y es una chica.

Bellota parece buscar una excusa, después de varios segundos sólo dice:

— ¿Estás segura?

Burbuja y yo nos reímos ante aquello.

Pasaron las horas y nos tocó entrar a clases de nuevo. Todo me parece aburrido, lo cual es extraño ya que me encanta estudiar, pero esta vez sólo quiero irme a casa, a mi verdadera casa lejos de los límites de esta ciudad.

Entre rumores nos enteramos de que a la profesora de historia se le murió un pariente muy cercano a ella, por ello aquel drama. Eso es una de las peores cosas que le puede suceder a alguien. Con la muerte de mamá nada volvió a ser igual. Realmente la extraño, si ella estuviera viva… ¿Cómo sería todo ahora? Trato de pensar en otra cosa, pensar en mi madre me deprime.

Mi mirada se posa en un puesto vacío. Ya el día acabaría y desde mi guía a la cafetería no he vuelto a ver a Brick, eso me extraña. ¿Qué le habrá pasado? ¿Estará bien? El timbre de la hora de salida suena. ¡Ya es hora de irnos!

— ¡Por fin! –grita Bellota, corriendo a la salida— nos vamos a casa.

—Pero, Bellota –digo mientras me acomodo a su lado junto con Burbuja— apenas es el primer día.

Le digo eso a Bellota pero realmente me lo digo a mí misma.

—No me lo recuerdes, por favor.

Burbuja se ríe— Bellota, nunca cambias.

Bellota sonríe ante su comentario.

Me quedo observando la calle a mi izquierda. Ese es el camino a casa.

—Bueno –suspiro— aquí me desvío.

—Entonces, nos vemos pronto –dice Burbuja despidiéndose.

—Por supuesto.

— ¡Oye! Cuidado por ahí, esta ciudad es muy peligrosa –murmura Bellota intentando asustarme y lo peor es que lo está logrando.

— ¿Enserio?

— ¡Claro que no! –exclama Burbuja un poco enfada— Bellota solo quiere asustarte, eso es todo. Esta es la ciudad más segura del mundo, yo diría que es perfecta.

—Por Dios, no exageres, Burbuja –dice Bellota y estoy de acuerdo con ella

—No exagero –dice ésta muy seria, pero en un tono suave.

—Lo siento Bellota –para mí Burbuja tiene razón, esta ciudad parece muy segura— Burbuja ha ganado, me ha convencido. Además, esta ciudad no parece para nada peligrosa.

—Las apariencias engañan –dice la morena muy segura de sus palabras.

—Ya olvídalo Bellota, gané – dice Burbuja con una sonrisa victoriosa.

Bellota pone los ojos en blanco ante su comentario. No puedo evitar reírme.

— ¡Adiós! –dicen las dos al unísono alejándose.

Sonrío. Ya tengo dos nuevas amigas. Eso es bueno. Bellota parece ser orgullosa y bueno, es imposible no notar la amabilidad y dulzura de Burbuja. ¿Sería tan inocente como parece? Su amabilidad me recuerda mucho a mi madre, no la conocí, sólo la he visto en fotos, pero las historias que me cuenta mi padre sobre ella me dan una idea de su personalidad, eso es todo. Suspiro. ¡Cómo me habría encantado conocerla! Ella murió cuando tenía tres años, de los cuales no tengo memoria de ninguno, en conclusión no la conocí. Tal vez un día esas dos chicas se volverán mis mejores amigas y llenarán el espacio que me ha dejado mi madre, seríamos algo así como unas hermanas. Mis labios formaron otra sonrisa ante aquel pensamiento.

Por fin llego a la casa. Miro la gran puerta principal, no tengo ganas de entrar. Entra a tu linda casita. Mi subconsciente hace presencia por primera vez desde que llego a Scofland pero decido ignorarlo y comienzo a caminar sin rumbo fijo. A mi cabeza llegan las imágenes de un parque. Pero cómo no se me ocurrió antes. Llegando a Scofland vi un hermoso parque a unas calles de aquí. El lugar perfecto para relajarse.

Llego al parque, está un poco más lejos de lo que recuerdo, pero vale la pena. ¡Es hermoso! Hay columpios, bancos para que los padres se sienten y contemplen una hermosa vista llena de árboles, plantas y el disfrute de sus hijos o también para aquellos que buscan paz y tranquilidad, como yo.

Me siento en un columpio, agradezco mucho las ganas que no tenía de entrar a la casa. Soy la única en el parque y así es mejor ¡Cómo me encanta la soledad! Es el momento en donde converso conmigo misma. Mi padre me dijo una vez: "aquel que nunca está solo ya no se conoce a sí mismo. Y quien no se conoce así mismo comienza a temer al vacío, el vacío no existe… Le temeríamos a algo inexistente" No tengo la menor idea de donde habrá sacado mi padre aquello, tal vez de un libro o ¿sería uno de sus momentos filosóficos? No puedo evitar reír. Esa es una de las grandes enseñanzas que me ha dado mi padre, entre muchas otras por supuesto.

Alzo la mirada. Cerca del parque se encuentran dos hombres. Uno me señala y luego el otro asiente. Recuerdo lo que dijo Bellota. Esto no es bueno. ¿Y si no estaba bromeando? ¿Si en realidad esta ciudad sí es peligrosa? Mi subconsciente juega conmigo imaginándome lo peor. Los hombres avanzan disimuladamente hacia mí. Tengo que actuar rápido.

Me levanto del columpio como una niña ingenua, supuestamente sin tener la menor idea de lo que sucede a mí alrededor, alejándome lo más posible del lugar. Los hombres se dan cuenta de mis intenciones y caminan más de prisa.

Confirmado, mi día está arruinado. Imito la acción de los desconocidos. ¿Y ahora a dónde voy? No puedo ir a casa, no llegaré a tiempo, aunque me cuesta admitirlo esos hombres son más rápidos que yo. Miro detrás de mí. Se están acercando mucho.

—Vamos piernas no me fallen ahora.

Corro como si mi vida dependiera de ello y así es, sea lo que sea que esos hombres tienen en su cabeza, definitivamente no es bueno, y eso se podía ver un sus miradas.

— ¡Oye no corras! –escucho decir a uno de los hombres.

— ¡Niña estúpida! –grita ahora el otro desconocido al no detenerme.

Ya no puedo más, mi garganta me arde y se me dificulta respirar. Veo a pocos metros de mí lo que sería mi salvación, nunca me imaginé que entraría ahí y mucho menos que esté agradeciendo que exista un lugar como aquel, definitivamente nunca me habría imaginado que entraría en el bosque. ¡Sí! Ese que me causa tanto temor, ese al que no me atrevo ni a poner un solo pie dentro. No tengo muchas opciones. Miro detrás de mí y al no ver a nadie me escondo rápidamente en aquel lugar sombrío y espero.

Una gran sensación de alivio recorre todo mi cuerpo al ver como aquellos hombres se alejan sin siquiera mirar hacia atrás, al parecer son más idiotas de lo que esperaba. Es hora de regresar a casa. Tengo que irme, pero siento que si saco un pie de este lugar los hombres regresarán. Eso me atemoriza. No quiero salir, dentro de este bosque me siento protegida y al salir todo aquello se esfumaría y estaría indefensa de nuevo ante las perversas mentes de esos desconocidos. Eso te pasa por no entrar a la casa. Mi subconsciente se burla de mí. Ahora te encuentras sola en este horrible lugar. Era mejor cuando no hablaba. ¿Qué harás Bombón? Mi subconsciente parece no cesar. Pero tiene razón tengo que salir, no puedo quedarme para siempre en este lugar. Seguro en este momento papá está preocupado por mí, él sabe a qué hora regreso, lo cual no ayuda mucho.

Me levanto. No puedo quedarme todo el día aquí, es ridículo. Esa y el hambre son dos grandes razones para marcharme.

— ¡Genial!, me ensucié –sacudo mi ropa.

Escucho un extraño ruido, todos mis sentidos se alertan.

— ¡¿Qué fue eso?!

De nuevo aquel sonido hace presencia. Mierda. Ahora sí estoy asustada, cómo se me olvidó que después de todo me encuentro en un bosque. El problema ya no son los desagradables hombres, ahora es… ni idea de lo que es. Seguro un animal, pero ¡¿qué animal?!

Ya es hora de irme, no me quedaré ni un segundo más en este sitio. Pero mis deseos no fueron cumplidos, justo cuando estoy a punto de salir, tropiezo, luego comienzo a rodar colina abajo. Después de unos segundos por fin dejo de rodar, algo que agradezco profundamente.

Todo mi cuerpo me duele. Me encuentro acostada boca abajo. No puedo moverme, ahora sí no saldré de este lugar. Aunque el dolor no es inmenso no me esforzaré por levantarme, igual descansar es bueno de vez en cuando.

Siento una respiración cerca, muy cerca de mí. Me levanto sobresaltada tan rápido como puedo, viendo ante mí una bestia de cuatro patas… el lobo. ¿No que no te levantarías? Mi subconsciente se burla una vez más de mí. Frunzo el ceño ante su comentario. Una sensación extraña recorre todo mi cuerpo al observar detenidamente al lobo. Esto es imposible. El lobo es exactamente como lo describí en mi sueño. Estoy asombrada ante los hechos, creo que me estoy volviendo vidente. No sea ridícula, seguro es otra cosa. Mi subconsciente me pone los pies sobre la tierra. Todo esto me está afectando.

—Bombón –pronuncia el lobo.

—Sí que bien. –mi tono es sarcástico. Estoy cansada de todo esto, me golpee tan duro cuando me caí que ahora estoy soñando. Que torpe soy por mi culpa estoy inconsciente.

Se escucha una risita proveniente del lobo.

— ¿Sueño? Esto no es un sueño.

—Genial, ahora un lobo se burla de mí.

—Esta es la realidad, Bombón. –Insiste— Anoche me comuniqué contigo, pero al parecer no entendiste nada.

— ¡Para!... Esto no puede ser real, tú no puedes hablar y yo sólo me di un duro golpe en la cabeza –el lobo se quedó en silencio, serio— ¿Verdad?

—Te estas mintiendo a ti misma, tú sabes muy bien que esto no es una fantasía.

Dio en el clavo, sé perfectamente que todo es real, sólo quiero convencerme de que nada de esto está pasando. Bajo mi cabeza rendida.

— ¿Qué hago en este lugar? –pregunto sin darle vueltas al asunto.

—La razón por la que estás aquí es muy fácil, porque así tiene que ser –responde el lobo.

Lo que dijo no me ayuda, estoy en las mismas.

— ¿A qué te refieres? –pregunto.

—Esta ciudad no es normal, tampoco tú lo eres. Por eso estoy aquí –se sienta— para aclarar tus dudas.

—Entonces… ¿Qué esperas? –digo sentándome.

El lobo sonríe. Al parecer no esperaba que fuera directo al asunto.

—Primero necesito contarte una historia –cerró sus ojos lobunos recordando— Hace aproximadamente ciento sesenta años atrás llegó la guerra a la Ciudad de Scofland, destruyendo todo a su paso, quitándole la vida a personas inocentes y manchando con su sangre las calles de la ciudad. Pero esta historia no se trata de una ciudad, sino de una chica.

—Una chica… —no me lo esperaba.

—Una chica enamorada –hizo una pausa— La chica con su corazón en pedazos cayó en depresión al ver a su amado marcharse a la guerra. Acatando la norma de que todos los hombres mayores de dieciocho años debían luchar por su tierra, en este caso la ciudad de Scofland. El chico antes de marcharse le hizo prometer quedarse en su casa y no salir, pero ella no pudo cumplir con su promesa, se sentía sofocada en esa casa sin poder hacer algo. Al no poder soportarlo más salió y se asombró al ver todo los desastres que la guerra les había traído, las muertes, destrucción, todo… Todo su hogar se estaba cayendo en pedazos. La chica caminaba buscando una salida de esa pesadilla, una salida que posiblemente jamás encontraría. Pero lo que nadie se imaginaba que pasaría, pasó. La chica encontró la salida a todo aquello, encontró un bosque. Ese bosque era conocido por ser peligroso, por ello la guerra no lo había afectado, por el temor de los humanos hacia éste. Pero eso no la detuvo, a simple vista se veía terrorífico pero en lo más profundo ese bosque era un lugar hermoso, pasible, relajante, en su caso una salida. Al entrar ella pudo desahogarse sollozando en silencio, lamentaba no poder hacer nada en momentos tan importantes. Las lágrimas inocentes de la chica llamaron la atención de los ángeles de ese lugar, conocidos también como espíritus del bosque. Ese hecho inoportuno trajo como consecuencia la llegada de un arcángel, sí… un arcángel fue mandado desde los cielos al ver la angustia que sentían los espíritus. El arcángel se presentó con el nombre de Metratón, la chica estaba anonadada por su presencia. El arcángel para ayudarla le ofreció un acuerdo: él terminaría con la guerra, pero ella a cambio protegería el libro de Raziel que yacía escondido en las profundidades de ese bosque. No entendía como una chica como ella incapaz de detener una guerra podría cuidar un libro tan importante como ese, un libro que sólo hace un momento era una leyenda ya olvidada. Pero el arcángel había pensado en todo, él no solo terminaría con la guerra sino que le otorgaría un grandioso don con ayuda de los espíritus del bosque. Esos espíritus estaban manifestados en forma de animal, por lo que cada uno de ellos se veía como uno, pero entre ellos ningún animal se repetía y eran más grandes que uno normal. Eso sí al ella aceptar también lo estaban haciendo sus descendientes, eso era una responsabilidad que ella debía tomar. Ella aceptó con tal de terminar con ese infierno. Pero ella no fue la única, antes de ella cerrar el acuerdo con el arcángel tres de sus amigas la encontraron en las profundidades del bosque. Ellas no dejarían que su amiga pasara por eso ella sola y sabían que era en vano insistir que rechazara todo aquello, ella ya había tomado una decisión y sabían lo terca que podía llegar a ser. Por lo que no les quedó de otra que aceptar el trato junto a ella. Convirtiéndose en las cuatro guardianas del libro de Raziel –el lobo termina su historia observando cada una de mis acciones, esperando una reacción.

No sé qué decir, es una gran historia. ¿Sería yo capaz de hacer lo mismo que esa chica? No lo sé. Al igual que no sé qué tiene que ver esa historia conmigo… Espera. Veo a mi alrededor y me encuentro con un hermoso bosque, tal como lo describe el lobo en su historia: hermoso, pasible, relajante, en su caso una salida. Al igual que la chica yo lo encontré como una salida, estaba desesperada al igual que ella, desesperada por huir de esos hombres.

—Este es el bosque de la historia.

El lobo asiente en silencio. Que lenta eres, por supuesto que es el bosque. Dice mi subconsciente. Ya me extrañaba que estuviera en silencio.

— ¿Qué piensas de la protagonista de la historia? –me pregunta.

—Me parece una chica valiente.

—Por supuesto que lo es –el lobo me mira— ¿Sabes?, me recuerda a ti.

¿A mí? ¿Seré yo capaz de tomar una decisión parecida?

—Pero cómo no hacerlo siendo de tu familia.

¡¿Qué?! Después de unos segundos logro reaccionar.

— ¿De qué estás hablando?

—Lo que dije, Bombón. Eres descendiente de esa chica al igual que tu madre.

—Pero no entiendo cómo puede mi madre tener conexión alguna con esa chica –digo ya exasperada.

—Claro que tiene conexión. Tu madre nació en esta ciudad —murmura el lobo.

¿Nació en esta ciudad? ¡¿Cómo puede saber él de mi madre?!... Sólo es un lobo. Por un momento siento envidia, envidia por el hecho de que él sepa más sobre ella que yo. Pero se esfuma rápidamente al darme cuenta de que este lobo es, un Ángel. ¿Cómo no saberlo? Es un espíritu del bosque. Que tonta soy.

El lobo sonríe.

—Me alegro que lo entendieras por ti misma.

—Entonces… ¿puedo preguntarte lo que sea? –el lobo asiente.

— ¿Mi madre fue una guardiana?

—Sí, al igual que tú lo serás.

— ¿Cómo puedes estar tan seguro? –pregunto.

— ¿Eso es lo único que preguntarás?

¿Acaso lo estoy aburriendo? Tal vez tengo que preguntarle algo significativo.

— ¿Por qué desde que llegué a esta ciudad, siento un pequeño corrientoso en mi mano cada vez que me encuentro con alguien?

—Cuando una persona se vuelve guardián le es posible ver el aura de las persona. El aura de una persona normal tiene varios colores, cada uno dependiendo de su personalidad; mientras que el aura de un guardián es de un solo color, el color le es otorgado al igual que el don por el ángel y sólo él sabe su significado.

Wow. Sería genial poder ver el aura de las personas. Mi espíritu aventurero está saliendo a flote haciéndome recapacitar sobre qué tan malo puede ser todo esto. Pero…

— ¿Qué tiene que ver el cosquilleo con lo que me acabas de decir?

—A eso es lo que iba –el lobo me mira con cara de deja el fastidio y escucha, por lo que guardo silencio y escucho— al tú no ser aún un guardián, la única forma que sabes que estás cerca de uno es esa, un cosquilleo.

— ¿Me estás diciendo que cuando me acerque a un guardián sentiré el cosquilleo?

Me doy cuenta de que tengo que pensar bien las cosas. Sentí el cosquilleo cuando me acerqué a Brick, Burbuja, tal vez Bellota, pero no estoy segura. Vamos cerebro. ¡Trabaja!

—Sí, pero sólo cuando aún no eres un guardián. ¿Tienes algo más que preguntar?

Oh tengo que preguntarte tantas cosas, pero primero es lo esencial.

— ¿Qué es el libro de Raziel? ¿Quién es Metatrón? ¿Te cuesta mantenerte en forma de lobo? ¿Qué haces cuando te pica la nariz, siendo un lobo? Debe ser fastidioso –tenía que preguntar eso último, realmente me mata la curiosidad, ¿se rascará con sus patas o utiliza el piso o cualquier otra cosa?

El lobo suspira y comienza a responder mi pequeño cuestionario.

—El libro de Raziel es aquel que contiene las claves para resolver los misterios del Cielo y la Tierra. Ahora, ¿quién fue Metatrón? –Me sentía en clases de catecismo— Según la leyenda de Kabaláh, él fue Enoc, un patriarca. Enoc memorizó el libro de Raziel y por ello fue elevado a la divina presencia de Dios por el Arcángel Miguel.

—Espera… ¿Metatrón era un humano?

¿Es eso posible? Puede un humano transformarse en Arcángel con sólo memorizar un libro. Wow. Ya sé por qué hay que protegerlo, es peligro. Si cayera en manos indebidas…

—Todo sería un caos –termina de decir el lobo.

¿Me está leyendo el pensamiento?

—Me es fácil mantenerme en esta forma. Nunca me ha picado la nariz –dice de repente el lobo.

¿De qué…? ¡Ah! Me está respondiendo.

—Entonces es un alivio, pensé que pasabas tu gran hocico por todo el piso.

—Bombón, es hora de que seas un guardián –dice el lobo cambiando el tema.

Volvemos al comienzo. ¿Por qué todo tiene que ser ahora?

—Bombón, todo es más grave de lo que parece –el lobo se acerca a mí rápidamente. No me da tiempo de reaccionar, pega su frente lobuna de la mía e instantáneamente pierdo la consciencia.

Nos vemos en tus sueños... Bombón.

Espero la lectura les haya sido de su agrado. Para serles sincera quería poner más de Brick, pero eso lo dejaré para el próximo capítulo xD

¿Review? :D

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