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capítulo 2

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Then one night, as I closed my eyes

I saw a shadow flying high

-ruth.b.

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La taza de café que tenía delante, hacía horas que había dejado de estar humeante.

Enzo no podía parar de pensar en el rostro, borroso, de esa chica. Sus rizos rubios se enredaban una y otra vez en su memoria, hasta que todo se volvía una maraña indescifrable. Y entonces todo comenzaba de nuevo.

¿De verdad había estado en Augustine con él? Enzo podría haber apostado su propia vida a que nunca antes, hasta hacía unos meses, había visto a esa chica; y no hubiera tenido miedo de morir ni por un segundo. Sin embargo, desde que atravesó la frontera de Mystic Falls su cabeza no dejaba de repetir esa imagen en bucle.

Unos rizos rubios.

Los barrotes de su celda en Augustine.

Un escozor infernal en la garganta.

Mugre. Heridas. Dolor.

Y esa mujer acercándose a él desde el pasillo, con tremenda suavidad —la recordaba con una lentitud desmesurada, casi como una película antigua, ajada...—. Y cuando iba a ver su rostro, todo era borroso. Sin embargo... Sabía que era ella, la amiga de Stefan: Lexi.

No lo comprendía, ni siquiera conocía a esa chica, pero lo cierto es que en cuanto esas imágenes golpearon su mente la noche anterior por primera vez... Su cuerpo se relajó, como si pudiera confiar en ella; hicieron que un brote cálido naciera en su pecho, como si por un instante... se llenara el hueco que siempre había acarreado en su interior.

—Tú, capullo, si se te ha vuelto a apagar el cerebro avisa, eh. No sabía que el tifus fuera tan efectivo —ironizó Damon sacándole de sus pensamientos.

El pecho de Enzo tembló en un gruñido.

No. Déjate de sensiblería, Enzo. El agujero de tu pecho, ese gran desgarrón casi quirúrgico que te destroza a cada movimiento, lo abrió Damon el día que mató a Maggie.

Damon no sólo lo había abandonado en ese infierno de torturas, sino que le había quitado a la única persona que se había preocupado por él en toda su vida, la enfermera de Augustine, Maggie. Su única esperanza. Lo único que le mantuvo con vida.

Enzo se levantó de la silla.

Debía descubrir porqué había visto aquello y, sobre todo, qué tenía que ver Augustine en todo eso. Así es que, pasando por delante del café frío y un Damon con la palabra en la boca, abrió la puerta del apartamento de Alaric para salir de ahí.

—Oh, tranquilo, amigo. Ni siquiera quería acompañarte —musitó Damon sarcástico, con la vista clavada en la puerta de entrada.

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Tal vez… puede que Enzo se estuviera autosugestionando, pero estaba convencido de que al otro lado de la frontera de Mystic Falls se encontraba la respuesta a su pregunta.

—Estás loco —farfulló Luke, erguido junto a Enzo, ambos a un par de metros de la frontera. — ¿No puedes hacerlo tú solo?

—Voy a estar al borde de la muerte, así que no, no podré sacarme a mí mismo de ahí.

—¿Y por qué tengo que ser yo quien te ayude? Es porque nadie más quiere, ¿verdad? Juegas con los humanos y los vampiros que te conocen jamás se la jugarían por ti.

—Tú lo has dicho, mis amigos son vampiros, no pueden atravesar la frontera y vivir para contarlo.

—Por unos segundos podrían, ¿no fue así ayer?

Enzo giró la vista hacia Luke, y clavó una mirada depredadora en sus ojos.

—Eres brujo, este hechizo no te afecta, por eso estás aquí. Limítate a ayudarme. Gracias —murmuró casi en un gruñido.

Luke dio por zanjada la discusión. Con razón nadie se jugaba el pellejo por ese gilipollas.

—Oh. Y si tu plan es dejarme morir, te aconsejo que lo reconsideres —volvió a mirarle Enzo, esta vez con un esbozo de sonrisa, fingiendo que no mentía—. Sé que tanto a ti como a tu gemela os está buscando papi. Le he dejado órdenes a Damon de que os lleve ante él si no me salvas la vida.

Luke bufó.

—¿Damon? ¿El mismo que te abandonó en Augustine dejándote a manos de unos asesinos?

—Damon, el mismo que por tu culpa y la de tu gemela acabó encerrado en un mundo prisión, donde su mejor amiga sigue encerrada. Ese Damon. —Luke tragó saliva— Te aseguro que le encantará tener una excusa para matarte.

—Bien, ¿vas a cruzar o no? —murmuró Luke con fastidio. Quería acabar cuanto antes con esa locura.

Enzo le miró por última vez y volvió la vista al frente.

Avanzó un paso.

Otro.

Dio un último paso, y atravesó la frontera.

Luke vio que, en cuanto Enzo puso en pie dentro de Mystic Falls, un espasmo recorrió su cuerpo como si alguien le hubiera golpeado con fuerza en el pecho. Un sonido de ahogo le llegó a los oídos.

Enzo sintió una daga atravesándole los pulmones, y la boca se le llenó de una humedad espesa. Las rodillas le fallaron, y cayó al suelo. El dolor le desgarraba al pecho como abriéndole en canal desde dentro. No podía pensar en nada, y no recordaba dónde estaba. Apenas podía respirar, y los ojos se le cerraron.

Unas luces parpadeantes, algo borroso, y un murmullo tranquilizador, lejano pero constante. Enzo hablaba con una enfermera de Augustine, esa chica rubia. Enzo le dijo que llevaba allí quince años, y gruñó algo sobre Damon y su huída. Llevaba un año dándole su ración de sangre, y Enzo se moría.

Luke tragó saliva.

Enzo estaba tirado en su celda, cubierto de sangre. Estaba demasiado débil para incorporarse. Sentía un dolor atroz en el ojo, y sabía que se lo habían seccionado. Lexi le trataba con bastante cercanía y parecía que se conocían de antes.

Luke bufó a un sólo paso de entrar en la frontera. No sabía si Enzo había conseguido lo que necesitaba o no, pero iba a sacarlo de ahí en ese mismo instante. Estaba tirado en el suelo, y ya ni siquiera tosía sangre. Estaba sorprendido del mal estado en que se encontraba Enzo. ¿Los vampiros no eran invencibles?

Lexi se abrió una herida en un dedo y, desde el otro lado de los barrotes, le acarició con suavidad el rostro. Enzo sentía que el dolor se aliviaba, como si le estuviera curando las heridas de la tortura con su sangre. Ella le murmuraba algo ininteligible.

Luke arrastró el cuerpo inerte de Enzo, hasta sacarlo de Mystic Falls. Es cierto, ese vampiro no le caía bien, nada bien, pero estaba impresionado, casi horrorizado por el estado en que se encontraba. De un segundo a otro había caído al suelo y no había parado de toser sangre durante un minuto, hasta que dejó de emitir sonido alguno, como si estuviera…

Muerto.

Definitivamente.