Cap. 02
Me preocupas
Los ojos de Hermione se abrieron por mera inercia y costumbre a las seis de la mañana, su primera clase era a las ocho. Le ardían fuertemente debido a que había dormido poco, pero el estudio era el estudio y ella no iba a quedarse dormida.
Al encontrarse en una habitación desconocida, todos los recuerdos de la noche anterior le llegaron de repente, se giró en la cama para ver a su acompañante, pero en lugar de ello, se encontró con un espacio vacío.
La joven castaña se apresuró a ponerse de pié, no era correcto que se levantara habiendo dormido tan poco, él aún estaba herido y tenía que guardar tanto reposo como fuera posible, así fueran unos cuantos minutos.
Se puso de pié y se apresuró a salir de la habitación, sintiendo un miedo latente en su corazón, como si Voldemort hubiera decidido seguir con sus asquerosos juegos y hubiera llamado de nuevo a su fiel vasallo.
El alma le volvió al cuerpo cuando vio un cuerpo tendido en unos de los sillones.
No era correcto, que él, estando herido durmiera en un sillón, y ella en la cama. Se reprochó mentalmente, tal vez y él se había molestado por ello y por eso se había marchado, después de todo, para él ella no era mas que una mandona sabelotodo.
Se acercó y lo miró fijamente. No traía almohada, ni cobija, simplemente se había derrumbado en el sillón. Hizo que sus ideas se ordenaran para encontrar alguna respuesta coherente. No era por que ella le desagradara, o al menos no era solo por eso.
Tal vez había sido la vergüenza lo que lo hizo alejarse de ella. Meditó… no, no podía ser eso, por que Severus Snape no se intimidaría por algo como la vergüenza, ni siquiera una como la de la noche anterior.
De repente, una imagen de si misma y Ginny golpeó su mente.
No importaba cuanta gente estuviera en la Madriguera, los hombres iban apiñados unos sobre otros de ser necesario en un cuarto, pero Ginny y Hermione jamás tenían que compartir su habitación. En alguna ocasión, Ron dijo algo como "Pero mamá! Estamos todos apretados en mi habitación! Podemos dormir Harry y yo con Ginny y Hermione, por Merlín, no es como si fuera a pasar nada!!" y la respuesta de la señora Weasley había sido "Ron, ya no discutas. Se perfectamente que no ocurriría nada, pero tengo la esperanza de que tu y Harry sean unos perfectos caballeros, y un caballero jamás duerme en la misma habitación que una dama que no es su esposa, o por lo menos su pareja. Es una falta de respeto"
Un caballero…
Snape… un caballero?
Hubo un ligero crack y Winky apareció en ese instante con la cesta en las manos, pero apenas y hubo aparecido, Severus despertó, sacó su varita de golpe y apuntó con ella a la pequeña elfina, la cual brincó asustada, y Hermione se apresuró a colocarse en medio.
- Tranquilo, espere!
Snape la miró fijamente y luego a la elfina, la cual había dejado caer la cesta del susto. Bajó la varita y se cubrió el rostro con las manos.
- Winky se siente apenada por haberlo despertado, profesor... señor, Winky lo siente.
- No es tu culpa. Tranquilízate.
Dijo el maestro poniéndose de pié y caminando a su habitación, bajo la atenta mirada de Hermione.
Miró a Winky, la cual levantaba la cesta del suelo.
- Winky?
- Si señorita?
- El profesor Snape siempre te trata así?
- Así? Winky no comprende, señorita.
- Así, bien… sin gritarte ni nada.
Winky sonrió.
- El profesor Snape siempre trata bien a los elfos domésticos, señorita, por eso los elfos le guardamos sus secretos.
- Secretos?
La elfina movió su cabeza negativamente.
- Winky no puede revelar los secretos del profesor Snape, señorita. No, no, Winky es una elfina buena y le guarda sus secretos al profesor.
Al mirarla, no pudo evitar recordar a Barty crouch y su hijo.
- Ya veo… tal vez y debería ser más amable con nosotros también.
- Lo sería, señorita Granger, si sus compañeros no fueran un montón de pelmazos que solo saben hacer estallar calderos.
Hermione giró y observó al profesor, el cual le miraba desde la puerta de la habitación, con algunas ropas bajo el brazo.
- Use la regadera, señorita Granger, vístase y márchese, antes de que alguien se entere de que ha estado aquí y quieran acusarme de pedrastra.
- Si profesor.
La joven castaña tomó sus ropas y se despidió de Winky, para luego pasar corriendo junto al profesor, repentinamente avergonzada de sus piernas al aire en aquella bata masculina.
Snape ni siquiera la miró cuando escuchó cerrarse la puerta del baño. Miró a la elfina, la cual acomodaba sus ropas de mortífago en un baúl debajo de la cama.
- Limpiaron la sangre anoche?
- Si profesor, señor. Dobby dijo que nadie sabrá de la sangre, señor.
- Bien. Las paredes quedaron limpias?
- Si señor, la sangre no estaba seca y Dobby dijo…
- De acuerdo. Gracias por la ropa, puedes retirarte.
La elfina hizo una profunda reverencia.
- Y otra cosa.
Winky le miró con sus ojos castaños.
- Ni una palabra de que viste a Hermione Granger a medio vestir en mi habitación, ni de que durmió aquí.
- Si profesor, señor…
Una vez que se hubo marchado, Severus suspiró y comenzó a cambiarse de ropa, ya para nada le daba el tiempo de darse un baño, por que tenía que ir a poner en orden su laboratorio antes de que iniciaran las clases, incluso antes del desayuno, pues la noche anterior, el llamado de Voldemort lo había interrumpido, y con la señorita Granger usando la ducha, el tiempo le daba menos todavía.
Terminándose de vestir, tomó sus pijamas y entró a su habitación, dispuesto a retirarse lo antes posible, palpó su bolsillo y maldijo entre dientes. Donde diablos había dejado la varita??
Cerró los ojos. Se despertó, apuntó con ella a Winky, se relajó, se levantó y se fue al baño, dejó la varita sobre el lavabo mientras se lavaba el rostro, salió del baño y…
Mierda…
Se acercó en silencio y abrió la puerta lentamente, el sonido del agua dentro le hizo sentirse tranquilo, mientras hubiera agua, ella estaría dentro de la ducha, alargó la mano desde el marco de la puerta y sus dedos rozaron la varita, miró para ver que ella siguiera en lo suyo, y no pudo despegar su mirada.
La cortina dibujaba un cuerpo desnudo, juvenil y hermoso. Severus movió su cabeza rápidamente, alcanzó su varita y se marchó, cerrando la puerta tras de si.
Minutos mas tarde, Hermione salió de la habitación y no encontró al profesor por ningún lado, así que prefirió salir lo antes posible, corriendo a la torre de Gryffindor antes de que cualquier pudiera verla.
Cuando entró en la sala común, se sorprendió de ver a Harry y Ron profundamente dormidos en los sillones, aún con las tareas extendidas en la mesilla.
Ella sonrió y se arregló un poco el cabello. Luego sacudió brevemente el hombro de Harry.
- Ah, eh, que?
- Buenos días.
- Ah… Hermione?
La jovencita sonrió y le tendió sus gafas a Harry, las cuales le habían caído al regazo. El pelinegro se las colocó y se frotó los ojos.
- Que horas son?
- Cerca de las siete.
- Ah… donde andabas? Te estuvimos esperando.
- Me perdí, lo siento.
- No te atraparon, cierto?
Ella negó con la cabeza, Harry se frotó los ojos por debajo de los lentes.
- Que suerte…
- Si, suerte.
Harry la miró fijamente unos segundos. Conocía demasiado a Hermione y había algo que le estaba ocultando, sin embargo, si ella no quería decírselo, él no era nadie para presionarla, así que procedió a darle una rápida palmada a Ron.
- Eh! Levanta!
- ¡EMPANADAS DE QUESO!!
Chilló el otro enderezándose en el sillón, a lo que Hermione y Harry tiraron una carcajada.
- Aggg… para que me despiertas Harry? Estaba soñando con…
- Con empanadas de queso.
Completó la castaña sonriendo, Ron se giró a mirarla y bufó, frunciendo el ceño.
- Donde te metiste toda la noche?
- Por que lo quieres saber? Te preocupaste por mi?
- Claro que no! Harry se preocupó, pero yo tuve que estar hasta muy tarde corrigiendo mi pergamino! Si hubieras estado aquí, hubiéramos terminado más temprano.
Hermione sintió una punzada de frustración que se encargó muy bien de disimular, se acomodó el cabello elegantemente y sacudió la cabeza.
- Creo que iré por mis libros, luego podemos bajar a desayunar, no les parece?
- Claro Hermy.
- Como sea, yo preferiría dormir.
La joven castaña bufó en desaprobación y subió las escaleras rumbo al dormitorio de chicas, donde recibió las miradas curiosas de sus compañeras.
Lavender fue la primera en acercarse.
- Hemiiione…. Donde te metiste?
Dijo con un rentintin en la voz y moviendo el dedo en la mejilla de la joven prefecta, Hermione no respondió, solamente hizo a un lado el rostro bruscamente.
- Amanecimos de mal humor, eh? Aunque la pregunta es, donde amanecimos?
Los colores se le subieron a la castaña mientras observaba a su compañera, la cual sonrió, lo mismo que las demás.
Poco mas tarde, cuando el comedor ya se encontraba lleno de estudiantes, Hermione trataba de ignorar a la figura vestida de negro que se encontraba en la mesa de profesores. Demasiados recuerdos se aglomeraban en su mente, especialmente el de su entera y lastimada desnudez.
No se dio cuenta de que Ron la miraba inquisidoramente y luego seguía la trayectoria de su mirada, para después mirarla de nuevo a ella. Carraspeó y tosió un par de veces, pero Hermione no volteó en ningún momento, pues seguía inmersa en sus pensamientos.
- Se puede saber que tanto le miras a Snape, Hermione?
La voz de su compañero pelirrojo pareció sacarla de sus razonamientos, y le miró fijamente, parpadeando confundida.
- Que?
- Que estás mirando mucho a Snape, y el tenedor ya hace rato que se le cayó la comida.
Hermione se puso roja al ver que, efectivamente, el tenedor estaba a medio camino hacia su boca, y la comida estaba caída en el mantel.
- Lo siento, es solo que… estaba pensando.
- En Snape? Y desde cuando?
El tono celoso de Ron fue tan evidente que Hermione tuvo que reprimir una sonrisa al saber que el chico de sus sueños estaba interesado en ella.
- No seas tonto, Ron. Estaba pensando en los deberes que nos puso sobre investigación para la poción azul, aún no investigo cuál es, hay demasiadas pociones azules y los acertijos que puso para conseguirlo aún no me quedan claros.
- Si, claro… tú tuviste la fácil, Harry y yo aún no sabemos que poción parece sangre.
- Creo que Snape nos puso una diferente para que no copiásemos de Hermione, Ron.
- Ah por favor, cuando le hemos copiado a Hermione?
Harry frunció el ceño, miró al techo y empezó a contar con los dedos de la mano derecha. Se rascó la nuca, se giró a verse la otra mano y siguió contando, luego observó a Hermione.
- Se me acabaron los dedos, me prestas los tuyos?
La castaña tiró una carcajada bien audible, lo mismo que Harry, mientras que Ron se rió de manera tonta, tratando de excusarse.
Sin embargo, a pesar de las risas no pudo evitar girarse a mirar de nuevo a su profesor, el cual se levantaba en ese instante para retirarse, y, sorprendiendo a Hermione, Dumbledore se levantó detrás de él y le tomó del brazo.
Snape y el director intercambiaron un par de palabras, tras lo cual, el maestro de pociones de soltó bruscamente y se retiró. Albus movió la cabeza negativamente, con una pesada preocupación grabada en el rostro, luego se fue detrás de él.
Hermione se preocupó igual, hasta que sintió un ligero codazo en el costado.
- Ya te vi picarona, no le quitas los ojos de encima.
- Ginny!
La pelirroja sonrió ampliamente mientras se llevaba una tostada a la boca y suspiraba soñadoramente.
- A mi también me parece muy agradable.
- Esperen, esperen, de que rayos hablan!!
- Por favor Ron! Hablamos del profesor Snape.
Harry, que estaba bebiendo jugo de calabaza lo escupió todo y le dio un baño gratis a Ron, el cual ni se movió.
- AGRADABLE?? SNAPE??
Casi la mitad de Gryffindor volteó a ver a Ron, al cual se le salían los ojos de sus órbitas. Ginny se acomodó el cabello detrás de la oreja.
- Agradable a la vista.
- Tienes que estar bromeando, escribiré a mamá para que te lleven al ala de psiquiatría de San Mungo.
- Bueno Ron, a decir verdad, Ginny no es la primera que escucho decir eso.
- Estás demente Harry?? Como pueden decir que Snape es agradable??
- Agradable a la vista, hermanito.
- A la queee??
- Es normal que tu no lo notes, por que si lo notaras, serías del otro bando.
- Oye!
Se defendió el pelirrojo prácticamente poniéndose de pié, Hermione sonrió.
- La verdad, a mi no me llama la atención el profesor Snape, pero si sé de muchas a las que no les importaría una… detención en la habitación del profesor.
Ron y Harry se miraron y luego hicieron un gesto de estar vomitando.
- Se nota que nunca han visto un chismógrafo, verdad?
- Ginny!
- Ay por favor, tampoco les voy a contar. Pero si les puedo decir que entre los más deseados de Hogwarts, está el profesor Snape.
Hermione se puso de pié.
- Creo que ya mejor nos vamos a clases, tenemos Encantamientos a primera hora.
Todos aceptaron y comenzaron a ponerse de pié, Ron alcanzó a Hermione.
- De veras les gusta Snape?
- A muchas? Si. A mi en lo personal, no.
- Pero es un idiota!
- Es muy inteligente.
- Tiene el cabello grasiento!
- Su cabello es demasiado delgado.
- Es un Slythering!
- Y Petter Pettigrew era de Gryffindor.
- Es un mortífago!
- Es un espía.
- Es un grasiento cobarde!
- Y tu que vas a saber, en realidad es muy valiente!
- Es feo.
- Es atractivo, tiene un cierto encanto salvaje.
- Estás loca.
- Y tú celoso.
- Yo??
- Por que no puedes creer que alguien como Snape atraiga a las chicas, mientras que tu…
- Yo soy guapo!
- No tanto como Snape.
Se hizo un tenso silencio. Hermione parpadeó.
- Que?
- Según tu, no soy tan guapo como Snape… y sin embargo… admites que soy guapo.
Harry se rió entre dientes cuando su amiga se puso completamente colorada.
- Bueno, ya llegamos.
- Oye, espera!
Pero Hermione no esperó nada y entró tan rápido como pudo al aula.
El profesor Flitwlik los saludó extendiendo sus brazos y comenzaron a hablar sobre los hechizos desilusionadores. Harry sonrió al recordarse a si mismo en Privet Drive convertido por Ojo Loco en algo así como un camaleón humano.
Hermione tomaba rápidamente notas y practicaba el movimiento de su muñeca con y sin varita, Ron trataba de imitarla, aunque desistió cuando accidentalmente se picó un ojo con su propio instrumento mágico.
- Ah, señorita Granger!
- Si, profesor?
El anciano profesor se acercó con una gran sonrisa y los ojos azules brillando.
- Esta mañana he olvidado un tema que tenía que hablar con el profesor Snape, y me gustaría que no pase de hoy, sería usted tan amable de pasar a sala de maestros a buscarlo y decirle de mi parte que cuando esté un poco desocupado pase a mi despacho?
El alma se le fue al suelo a la joven Gryffindor.
- Pero… los hechizos desi…
- Señorita Granger, confío plenamente en usted para que aprenda los hechizos, estoy seguro de que si lo intentara en este instante lo lograría, pero mi asunto con el profesor Snape es importante, y él es un hombre ocupado.
Hermione suspiró y se puso de pié, pidió disculpas y salió del aula. Ron la siguió con la mirada apesadumbrada de que tuviera que ir a hablar con la bestia de cabellos grasientos.
La joven Gryffindor, por su parte, no sabía como debía de actuar, que debía decir, si él volvería a mencionar lo ocurrido la noche anterior.
Caminó tan rápido como pudo hasta la sala de maestros, mientras más pronto hiciera su encargo, mas pronto volvería a clases de Encantamientos.
Sin embargo, a medio corredor y a punto de llegar a su destino, un grito la detuvo, una voz que identificó inmediatamente como la de Albus Dumbledore.
-¡Tienes que decírmelo!
-¡YA BASTA! Estoy harto de que me acoses de esta forma!
- Severus, no comprendo por que…
-¡Soy tu espía, no tu elfo doméstico! ¡No te debo más respuestas de las que te puedo dar!
- Me preocupas.
- Eso no cambia nada. Todo lo que necesitas saber te lo he dicho, todo aquello que no tenga importancia, no tienes por que perder tu tiempo escuchándolo.
- Hay algo que no me estás diciendo. Hace tiempo que Voldemort ha reducido considerablemente sus ataques, y quiero saber por que, pues estoy muy seguro de que tú lo sabes.
- Ya te he dicho que no ocurre nada!
- Severus…
Hermione se acercó a la puerta, la cual estaba muy brevemente abierta. Probablemente Dumbledore había seguido tan abruptamente al profesor Snape que no se preocupó debidamente por la puerta.
Se asomó por la rendija y sus ojos se agrandaron al observar como Albus había tomado la cabeza del profesor de Pociones y la había acurrucado contra su hombro, a lo que Snape rebatía durante algunos segundos, para luego calmarse. Aquello fue utilizado para que el director se sentara, teniendo a Severus arrodillado a su lado, sus manos cerradas en las muñecas del director.
- Algo está pasando mi muchacho.
- Sea lo que sea, no puedes hacer nada.
- Cargas un peso demasiado grande en tu alma, y no es justo que lo lleves solo. Todo esto que haces… solo buscando la redención, buscando perdonarte a ti mismo. Cuando terminarás de torturarte?
- El día que mi corazón realmente sienta que he pagado por todos mis pecados.
Hubo un largo y tenso silencio, en el que el director se dedicó a acariciar los cabellos negros del profesor, el cual había cerrado los ojos.
- Que te ha hecho Voldemort?
- No quiero que lo sepas.
- Tan malo es?
Snape se quedó en silencio. Cerró los ojos y sintió sus ojos arder ante la tormenta de recuerdos que se desataba en su interior. Rogando no tener que responder.
Hermione se enderezó de golpe y tocó con falsa timidez a la puerta. Escuchó con claridad como el profesor de pociones se incorporaba de golpe, y ella abrió poco a poco la puerta, asomando la cabeza.
- Profesor Snape?
- Si, señorita Granger.
La chica sonrió alegremente al ver a Dumbledore.
- Director! Que gusto verlo, buenos días.
- Buenos días, señorita Granger.
- Vino a ver al director o a mi, señorita Granger, no debería estar en clases ahora?
- Lo siento, el profesor Flitwlik me ha enviado, dijo que cuando tuviera un momento libre, hiciera el favor de irlo a buscar a su despacho. Es importante.
- De acuerdo, puede marcharse, señorita Granger.
Hermione aceptó con la cabeza y se marchó rápidamente de ahí, doblando en un pasillo y quedándose atenta.
- Severus…
- Déjame en paz.
Cortó el otro, frío como una navaja, y poco después, se escuchó el sonido de un portazo. Hermione suspiró y comenzó a correr rumbo al aula de encantamientos, deseando poder tener tiempo de practicar, sin embargo, cuando dio vuelta en uno de los pasillos, una mano se cerró sobre su muñeca y fue violentamente jalada detrás de uno de los cortinajes, donde había lo que parecía un oscuro pasillo que nunca antes había visto, la luz era extremadamente tenue.
- Por que hizo eso, Granger.
La voz de Severus retumbó en aquél espacio oscuro y pequeño, donde ambos quedaban muy apretados uno contra el otro.
- Profesor, yo no…
- No me mienta.
Siseó él con una voz muy peligrosa, Hermione tragó saliva. Tratando de averiguar como rayos había llegado ahí antes que ella, debía conocer algún pasadizo.
- Yo… yo se que usted tiene mucho orgullo… y… y si el profesor Dumbledore supiera la verdad, le miraría como a una víctima, tal vez y… a sus ojos, usted se convertiría en un mártir… y usted no puede soportar esa mirada, por que usted no se ve… a si mismo de esa manera.
Se hizo un largo silencio, y Hermione sintió la presión en su muñeca disminuir, hasta que finalmente la soltó.
- Gracias, señorita Granger.
Hermione aceptó con la cabeza sintiendo sus mejillas teñirse de carmín.
- De nada, profesor.
Snape salió rápidamente de aquél apretado espacio y Hermione le siguió, ambos se quedaron mirando fijamente.
- Un punto para Gryffindor, señorita Granger.
Hermione sonrió tanto como pudo, agradeció con una débil reverencia y salió corriendo, mas feliz de lo que hubiera podido estar en mucho tiempo, pues era la primera vez en seis años que ella estuviera en Hogwarts, que hubiera visto a Severus Snape concediéndole aunque fuera un punto a la casa de los leones.
Aquél día fue un tanto tranquilo, Ron siguió diciendo tonterías y Harry trataba de ignorarle. Hermione por su parte finalmente actuaba normal, tan atareada en sus deberes que ni siquiera se acordaba de lo que había ocurrido la noche anterior.
Al menos eso fue hasta última hora, cuando les tocaba la clase de pociones.
Bajaron todos a las mazmorras, donde los Slytherings ya esperaban entrar a clase, Malfoy observó al grupo que se acercaba y sonrió despectivamente.
-¡Por Merlín Crabbe?? Como apesta! Acaso pisaste excremento de dragón o algo?? Digo, esque huele como a… a… no se, como a fracasado combinado con pobretón y sangre sucia.
Los Slytherings tiraron una carcajada, los oídos de Ron se pusieron intensamente rojos, Harry frunció los labios y Hermione apretó los puños.
Iban a responder cuando la puerta del aula se abrió, y apareció Snape, congelando a todos con la mirada, a pesar de que la gran mayoría era casi de su altura.
- Adentro. AHORA.
Caminó al interior del salón con su capa ondeando detrás, seguido de sus alumnos. Hermione le observó fijamente, pues por un momento le había parecido que Snape cojeaba de una pierna. Seguramente aún sentía dolor.
Snape señaló con su varita a la pizarra y las instrucciones aparecieron. Los estudiantes le miraron fijamente, ya que él solía hablar antes de darles el trabajo. Los jóvenes se miraron los unos a los otros mientras Snape se sentaba pesadamente y trataba de calmar el dolor de una pierna sobándola con su mano, se detuvo y miró a los muchachos.
-¡QUE ESPERAN PARA PONERSE A TRABAJAR!!
Prácticamente todos saltaron del susto y al momento empezaron a trabajar en la poción, mientras el profesor maldecía entre dientes y buscaba entre sus gavetas. Hermione se apresuró a comenzar a hervir agua en su caldero, pero no pudo evitar desviar sus ojos a Snape, recordando que la pierna que tan incesantemente se sobaba, tenía una herida que ella no había podido curar totalmente, una especie de desgarre echo con un cuchillo que iba desde el muslo hasta prácticamente la rodilla.
Snape sintió la mirada y se giró a verla, sus ojos negros se mantuvieron fijos en los melados de Hermione, la cual sonrió brevemente, sus ojos brillando en algo que el profesor pudo reconocer como admiración.
Frunció los labios y negó con la cabeza de manera reprobatoria, para después sacar una poción de su gaveta y bebérsela entera. Por lo que Hermione vio, debía tratarse de algún calmante para el dolor.
Una hora mas tarde, la joven Gryffindor se puso de pié, orgullosa de si misma mientras sostenía en su mano una botella debidamente tapada y etiquetada con la poción que había elaborado, se acercó al escritorio de Snape, quien escribía en un trozo de pergamino.
Miró a su derecha y vio que Malfoy también se levantaba, botella en mano. Una rápida mirada a la botella y suspiró frustrada de que el niño mimado hubiera elaborado una mejor poción que la nata espesa que flotaba en el caldero de Ron.
- Aquí tiene profesor.
Snape alargó la mano sin voltear a verla, justo cuando Malfoy se giraba a sus amigos para hacerles una seña de que iba a meterle el pié a Hermione para que se cayera.
Pero cuando los dedos del profesor tomaron la botella, una desagradablemente conocida punzada lo atravesó como si fuera una daga ardiente, gimió de dolor sin poderlo evitar y se llevó una mano al antebrazo, la botella se cayó e hizo un fuerte estrépito cuando se rompió contra el escritorio, Malfoy se giró alarmado.
- Profesor que…
Miró como el maestro se sostenía el brazo y la botella rota, su cerebro sacó las conclusiones equivocadas mientras empujaba bruscamente a Hermione, haciéndola retroceder.
-¡Eres una estúpida! Profesor, se encuentra usted bien? No es una cortada profunda?
Hermione le miró incrédula, como podía ser que Draco Malfoy, hijo de Lucius Malfoy, mortífago de más de veinte años de antigüedad, no reconociera un llamado de Lord Voldemort??
Su mente se congeló de repente.
Voldemort estaba llamando a su profesor. Su brillante cerebro se movió a toda velocidad, se llevó las manos a la boca y se acercó con bien fingida preocupación.
- Lo siento tanto profesor! No quería cortarlo, esque la botella se me resbaló, y… y…
Snape la miró frunciendo el ceño, y al instante captó la idea. Hermione intentó tocar su brazo y él se hizo a un lado bruscamente.
- Es usted una torpe Granger! Diez puntos menos para Gryffindor.
El profesor abrió un gabinete y rebuscó dentro para sacar un pañuelo, Hermione observó que el pañuelo estaba empapado de rojo aún desde antes de que lo colocara sobre la marca, y sonrió ante la astucia del maestro, reconociendo la poción que Harry y Ron debían investigar que era.
- Maldición! Todos ustedes, quiero sus pociones en el escritorio y que se larguen de aquí.
- Profesor, quiere que…
-¡No Granger, no quiero nada! La próxima vez que quiera hacerme daño, mejor utilice la varita, da mejores resultados!
Y gruñendo se marchó sosteniendo su "herida" los Slytherings miraron de mala manera a Hermione, mientras los Gryffindors no sabían si reír o llorar, pues todos se habían imaginado en mas de una ocasión haciéndole daño a Snape, pero las represalias de que en realidad hubiese ocurrido no podían ser buenas.
Cuando la castaña llegó hasta sus compañeros, Harry la miraba bastante preocupado, mientras Ron vigilaba de cerca la mirada asesina que le dirigían a Hermione todos los protegidos de Snape.
- Tranquila Hermione, fue un accidente.
- Lo se.
- Que tienes? Ocurre algo malo?
Y fuere lo que fuera, Harry estaba seguro de que tenía que ver con aquello que ella no le había dicho en la mañana.
En la mente de Hermione, la imagen de su profesor tendido en el suelo, con el rostro sangrante y la ropa echa jirones, la hizo temblar.
Se cubrió el rostro cuando empezó a sollozar y Harry la abrazó bastante confundido.
TBC…
Espero les gustara. y a todos los que me hicieron favor de mandarme sus comentarios, les estoy mil veces agradecida. Espero hayan disfrutado este capìtulo al igual que el enterior, ¡Muchas gracias por leer!
Gracias a DulceySnape, Sindzero, Nimphadora30, Auraws, Eglantine, LatexoHPo, Hestia.Phoenix, Kagome-Black, Krysti, Kambrin Potter y Cleoru Misumi. Mil Gracias!
Y especialmente a Lady Fiorella, la primera que leyò mi historia en mi casa mientras yo la miraba comièndome las uñas de desesperaciòn.
Saludos!
Lady Grayson, la oscuridad
