Autor: nellie12
N/T: Este capítulo va con agradecimientos para 07DaniDC, Darren's Loveeer, Adriana11, Gabriela Cruz, DomiCrissColfer, Amyxs41, PameCrissColferette, Cleofis, AlexaColfer, Nina Castle, CereceresDany, Darrinia, Candy Criss, olga moreno y a todos los que se toman el tiempo para leer.
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Capítulo 2.
Dos semanas habían pasado desde que Kurt tomó el trabajo como niñera para la familia Anderson. Hasta el momento, las cosas habían ido sobre ruedas para el adolescente en su nuevo lugar de trabajo. Las cosas, en realidad, iban mucho mejor de lo que esperaba. Probablemente era un insulto para los Anderson que Kurt esperara que su período como niñera fuera horriblemente, principalmente debido a sus diferencias de estatus socioeconómico, pero estaba agradecido de que al final del día aún no había sido menospreciado por tener menos y saber menos sobre su estilo de vida. Algunos días, se sentía casi como si Kurt Hummel perteneciera.
Algunos días.
La mejor cosa sobre ser empleado por los Anderson tenía que ser Madison. Madison era la niñita más dulce sobre la tierra; Kurt estaba seguro. Por supuesto, como cualquier niña de seis años, tenía sus momentos en donde se ponía un poco irritable, alrededor de la hora de acostarse, en torno a despiértate-y-prepárate-para-estar-a-tiempo-en-la-escuela, alrededor de tus-padres-están-ahora-en-casa-así-que-Kurt-tiene-que-irse-en-este-momento. Eso era de esperar. Algunos días, se negaba rotundamente a cenar con la esperanza de que su mamá traería a su casa algunos de los pastelitos de la panadería en el centro de Manhattan que ella tanto amaba, y le tomaba algo de trabajo convencer a la estudiante de primer grado. Por lo menos come la mitad de tus raviolis. El Chef Boyardee trabajó duro en eso. A pesar de todas estas cosas, Kurt adoraba cómo esta pequeña persona podía tener tan enorme personalidad. Amaba hacer preguntas y aprender más acerca de todo y cualquier cosa. Amaba mantenerse ocupada, y nunca había un momento de aburrimiento. A Kurt le gustaba la forma en que Madison no lo juzgaba como otras personas lo hacían, principalmente sus compañeros. Sentía como que podía ser él mismo a su alrededor -un cuatro ojos con grandes marcos color borgoña y sin ropa de moda, con toneladas de episodios del Doctor Who en su computadora portátil, con su obsesión con la cuenta de Twitter de Neil Gaiman- a ella no le importaba. Madison era básicamente la nueva amiga más genial que pudiera pedir.
Kurt tuvo que admitir que estaba bastante sorprendido cuando las dos semanas hubieron terminado y Sarah y Blaine no se le aproximaron para hablarle acerca de haber encontrado a una nueva niñera en la agencia. El adolescente estaba seguro de que Sarah habría cumplido con su plan inicial para conseguirle un trabajo de escritorio con alguna compañía de revistas y encontrar por sí misma a una niñera que fuera más experimentada, una con la que tal vez se sentiría más segura para dejar a Madison. Sorprendentemente, sin embargo, eso no sucedió. El viernes pasado, el señor Anderson llegó a casa mientras Kurt estaba haciendo sándwiches de mantequilla de maní y mermelada para sí mismo y para Madison. Antes de que incluso pudiera saludar al hombre con un hola o preguntar cómo iba su caso actual, Blaine le había entregado su cheque de pago y le preguntó a Kurt cuándo se estaría mudando.
No era como que no tuviera una opción. Kurt podría haberle dicho a la familia que no si así lo quería. Sabían dónde estaba parado en todo el asunto de vivir en la casa desde un principio. Pero, la perspectiva de Kurt sobre la situación había cambiado. Disfrutaba de pasar el tiempo con la pequeña Anderson, y Blaine y Sarah eran jefes realmente agradables. Bueno, Sarah era agradable la mayor parte del tiempo. Algunas veces. Podía lidiar con ello. El salario subiría si se mudaba, conseguiría alojamiento y comida gratis, y tendría libres los fines de semana. No era un trabajo temporal en el Museo de Ciencias, pero no iba a quejarse.
Mudó sus pertenencias en la tarde del domingo. No fue mucho -más libros que cualquier otra cosa- y su colección de camisas de botón alto y de tela escocesa, y los tirantes que sumó a lo largo de sus primeros dos años en la universidad. Además de eso, fue una mudanza ligera. Uno de los conductores de los Anderson lo recogió en su dormitorio y lo condujo hasta el 1212 de la zona alta en los condominios de la Quinta Avenida, y cuando llegó, los Anderson le dieron la bienvenida con una pequeña fiesta de helados. Era lo más en casa que Kurt se había sentido desde que dejó a su padre en Ohio y empezó de nuevo en la gran ciudad.
Blaine Anderson le dio un recorrido por el edificio y todas las comodidades que se ofrecían. Kurt hizo todo lo posible por ignorar cómo el hombre lo tocaba a medida que hablaba. El señor Anderson le hizo un montón de plática, lo cual estaba bien. Kurt no tenía mucho que decir muy a menudo, pero era un buen oyente. Funcionaba bien para su 'relación'. El señor Anderson también era un chico práctico. Cuando llegaron al sótano, Blaine bajó del ascensor en primer lugar; con su mano sobre la espalda de Kurt. Le mostró a Kurt el gimnasio y aunque Kurt dudaba que fuera a pasar algún momento allí, asintió y sonrió cuando su jefe lo miró y siguió hablando sobre lo increíbles que eran las caminadoras y las bicicletas elípticas, y cómo tenían Yoga y los instructores de Zumba venían algunas noches de la semana. Después, se fueron a la piscina interior en el tercer piso. Blaine le dijo que había una sobre el techo, la cual se abría durante el verano. Kurt asintió, ajustando sus anteojos sobre su rostro mientras caminaban lo suficientemente cerca a través de los pasillos como para que el brazo del señor Anderson rozara contra el de Kurt.
Ciertamente Kurt no estaba teniendo un enamoramiento con su heterosexual y casado jefe, Blaine Anderson con quien simplemente viviría ahora, si eso es lo que estás pensando. Ni un poquito.
El quinto piso tenía un Starbucks y uno de esos restaurantes Au Bon Pain que encontrarías en los aeropuertos o en las estaciones de Amtrak. Los residentes estaban sentados en los cafés, comiendo o trabajando en sus computadoras portátiles. Blaine le explicó que él no era muy de Starbucks, así que no frecuentaba aquí muy a menudo, pero que había un lugar sobre West 20th llamado Café Grumpy al que él y Maddie lo llevarían un día. Ella amaba sus galletas y él amaba el café. Kurt sonrió ante la idea y tartamudeó que le encantaría, pateándose internamente a sí mismo por tartamudear en primer lugar.
Su primera semana viviendo con los Anderson pasó decentemente. El primer par de noches había estado cayendo dormido con dificultad. Su dormitorio era grande, tenía una cama tamaño king con un edredón y un closet vestidor. Estaba increíblemente vacío porque apenas tenía algo de ropa -Kurt era un repetidor de atuendos en su mayor parte- y siendo este su nuevo santuario de lunes a viernes le tomó algún tiempo para acostumbrarse. Eventualmente, consiguió colgar algo en él, sin embargo.
Era muy conveniente el ser capaz de despertarse e ir por el pasillo para tener a Maddie lista para la escuela. Viajar a la zona alta de la residencia Anderson cada día lo hacía envejecer rápida y costosamente. Ahora, no tenía que preocuparse por eso.
Kurt también estaba agradecido de que no pudiera oír nada desde el dormitorio de Blaine y Sarah. Tenía un enorme temor antes de mudarse sobre que sería capaz de oír las cosas que hacían por la noche, pero todo era gratamente silencioso.
Una semana le había enseñado que probablemente no podría haber conseguido un mejor trabajo. Para empezar, tenía un chofer para ir y regresar de la escuela. Era un placer trabajar con Madison. Ella era inteligente y necesitaba muy poca orientación con su tarea. A veces lo dejaba probar nuevas recetas con ella a la hora de cenar. No siempre, pero su experimentación había sido divertida hasta el momento. No era desordenada, así que la limpieza del hogar que tenía que hacer no era terrible. La sirvienta se encargaba de la ropa, incluyendo la suya. La vida era bastante dulce.
La alarma de su reloj sonó a las siete en punto de la mañana del viernes y Kurt se encontró a sí mismo gimiendo. Esto no era tan dulce. Si tenía que haber un lado negativo en su nuevo trabajo temporal como Niñera de la Familia Anderson, definitivamente era esto. Antes de que tuviera un trabajo, Kurt tenía dos horas extra de sueño por la mañana de lunes a jueves, y los viernes podía dormir tan tarde como quisiera. No había clases los viernes en su horario, pero definitivamente había clases los viernes en el horario de Madison. Adiós a dormir hasta tarde. Aunque para ser justos, Kurt trató de recordarse a sí mismo que antes de tener un trabajo, también estaba tan gastado como una broma. Podría dormir cuando estuviera muerto.
Kurt se puso sus gafas y luego una camisa antes de salir de su recién estrenado dormitorio. Era su quinta vez despertando en el apartamento, pero todavía no se había acostumbrado al glamour de todo eso. Después de dormir en una cama gemela en un dormitorio que compartías con alguien más, despertar en una cama tamaño king y en una casa que era fácilmente valuada en 1,5 millones de dólares podía golpearte un poco. Kurt sacudió el pensamiento y se enfocó en lo que se suponía que debería estar haciendo. Sí, vivir en la casa Anderson era increíble, pero quedar atrapado en un estilo de vida sobre el que Kurt no sabía nada, fácilmente podría convertirse en algo perjudicial.
Kurt llamó dos veces a la puerta del dormitorio de Madison antes de entrar en la rosa sobre aún más rosada y decorada habitación. Naturalmente, era una lucha el conseguir levantarla, pero Kurt tuvo éxito cuando le prometió panqueques de tocino con huevos revueltos y jarabe de fresa. Manejando una dura negociación.
Frotando sus ojos bajo sus gafas, Kurt fue directamente hacia la cocina y después de bostezar, comenzó a preparar el desayuno. A medida que el agua corría y el adolescente buscaba una sartén apropiada, Sarah Anderson entró con su bolso en la mano y una gabardina arrojada sobre su brazo. "No olvides que tiene lecciones de ballet después de la escuela y asegúrate de que no olvide responder a sus lecturas cuando sea la hora de la tarea".
Kurt asintió. Aprendió muy rápidamente que ella no era del tipo de persona de '¡Buenos días!'.
"La sirvienta debería llegar mientras estás llevando a Maddie a la escuela y volverás aquí antes que Blaine y yo, así que asegúrate de que ella haga un trabajo decente. Juro que está robando. Debería de tener cámaras instaladas", murmuró Sarah al último mientras se ponía sus zapatos de Louboutin. "¿Cómo has dormido?".
Kurt encendió la estufa y la miró. "Bien", le respondió.
"Voy a estar en la oficina entrando y saliendo de reuniones todo el día, así que llegaré tarde. Te veré esta noche".
Kurt subió sus gafas sobre su rostro y forzó una sonrisa. No podía explicarlo, pero siempre sentía un poco de ansiedad cuando estaba alrededor de la señora Anderson. Era extraño cómo ella podía ser tan intimidante sin siquiera intentarlo. "Que tenga un gran día".
La mujer respondió una llamada telefónica y salió del apartamento sin decir otra palabra. Kurt tomó una respiración profunda y cerró sus ojos. Sarah era como un torbellino. Un torbellino muy poderoso.
Se soltó un poco. Las noticias de la mañana estaban encendidas en la sala de estar, Buenos Días América estaba en la pantalla de 96 pulgadas. Escuchó el boletín meteorológico mientras preparaba el desayuno y abrió la tapa del enjuague bucal de Maddie cuando ella salió del cuarto de baño incapaz de abrirlo. Blaine era mucho más fuerte de lo que él creía. Unos quince minutos más tarde, había preparado el desayuno y podía empezar a alistarse.
Blaine Anderson entró en la cocina vestido con un traje casual de negocios. Tenía un suéter gris sobre una camisa de cuello azul y jeans oscuros. Sonrió cuando vio a Kurt y después sonrió más ampliamente cuando vio el desayuno. "Pues, buenos días, señor Hummel. ¿Eso es comida?".
Kurt se sonrojó al verlo. Un montón de chicos causaban que Kurt se sonrojara de vez en cuando, pero ninguno de ellos tenía hijos a los que cuidaba o esposas con las que trabajaba. Lo conseguiste junto, Kurt. "En realidad estoy trabajando en un rompecabezas aquí en la cocina y sobre la estufa".
Blaine dejó lo que estaba haciendo -a medio camino de ponerse su reloj- y miró fijamente hacia Kurt. Las mejillas del chico estaban color escarlata y bajó la mirada hacia los platos que lavaba mientras trataba de idear un camino para salir de esto.
"L-lo siento, señor Anderson. Yo- sólo, lo siento-".
"Tu sarcasmo es refrescante". Blaine estaba sonriendo mientras lo decía; con su sonrisa lo suficientemente brillante como para iluminar toda la habitación. Kurt se arriesgó a mirarlo y medio le devolvió la sonrisa. Honestamente estaba temiendo que su jefe se enfadara con él por su ocurrencia. Sólo dios sabe lo que Sarah diría si sacaba eso con ella. Blaine tomó asiento en el taburete de la barra y observó a Kurt. "No sabía que tuvieras eso dentro de ti, pero me gusta".
Kurt hizo su mayor esfuerzo para colorearse de un tono más rojo del que ya sabía que estaba. "¿Así que no está enojado?".
Blaine sonrió y negó con su cabeza. "Sé que trabajas para mi esposa y para mí, Kurt, pero eso no significa que yo esté en contra de que tengas un poco de diversión. Puedes sentirte cómodo a nuestro alrededor, lo prometo".
Kurt colocó los platos en el lavavajillas y luego le sonrió a su jefe. "L-lo tendré en cuenta".
"Genial", le dijo Blaine, mirando hacia el plato de su hija. "¿Crees que le importaría si me comiera eso?".
Kurt se rió mientras se secaba sus manos. "A mí me importaría si se lo comiera. Le prometí sus panqueques de tocino y huevos si se despertaba y se despertó. Tengo que cumplir mi promesa".
"Ah". Blaine sonrió mientras se embolsaba su teléfono celular. "El soborno. Serás un gran papá un día".
Kurt sonrió, sintiendo que sus mejillas se calentaban una vez más.
"No puedo recordar la última vez que tuve un desayuno en casa. Usualmente recojo algo en mi camino a la oficina. He sido un fan de las cosas realmente grasosas en los últimos tiempos. Mi esposa amenazó con quitarme mi tarjeta de crédito si veía 'Remedy Diner' impreso en nuestros estados de cuenta bancarios en el futuro".
"Bueno, si está apurado puedo poner un poco de huevo y queso en un panecillo para usted. No me gustaría que fuera castigado, y de todos modos esas cosas no son buenas para usted".
Blaine miró a Kurt hasta que levantó la vista y le sonrió, asintiendo un poco. "Eso sería genial. Tal vez algún día lograré hacer mi camino hasta el estado de los panqueques de tocino".
El niñero rodó sus ojos juguetonamente, haciendo reír a su jefe. "Quizás".
Estuvieron en silencio mientras Kurt trabajaba. Blaine echó un vistazo hacia la sala de estar y escuchó las noticias de entretenimiento. A veces echaba un vistazo hacia Kurt, pero no por mucho tiempo, porque era evidente que el adolescente no se sentía a gusto con él observándolo. Entonces se dio cuenta de que él lo estaba mirando y rápidamente desvió la mirada. Después de un rato se quedó envuelto en la programación de la televisión. Podía oír a su hija cantando para sí misma mientras se preparaba para la escuela y sonrió volviéndose hacia Kurt quien también le sonrió. Tal vez un poco de ligera conversación estaría bien. "Así que, ¿qué hace un Kurt Hummel en su viernes libre de la NYU? Oh, gracias".
Kurt dejó la taza de café en frente de Blaine y asintió con un 'de nada'. "Él sale por ahí con su amigo Sebastian y espera no dejar que Sebastian lo meta en ningún problema".
Blaine tragó probando el café y luego añadió un par de cucharadas de azúcar. "Sebastian, ¿huh? ¿Es lindo?".
Kurt se rió un poco mientras se volvía hacia los huevos revueltos. "Um. La gente ciertamente lo piensa, pero él es mi amigo. Sebastian también tiene una gran cantidad de novios y yo no soy uno de ellos, ni tengo ninguna intención de serlo. No que él quisiera que yo lo fuera".
Blaine observó mientras el serio y tímido chico finalmente aflojaba un poco y parecía cómodo hablando con él. Se sentía como una clase de logro. Habían pasado tres semanas y hasta este momento, Kurt usualmente se reía educadamente y volvía a estar callado cuando Blaine apenas le había dicho algo. El hombre casi estaba celoso de su hija por ser capaz de tener una conversación decente con Kurt. Le gustaba este lado más atrevido de Kurt y esperaba ver más de él. "No hay nada de malo con estar soltero".
Kurt tostó el panecillo y levantó la vista hacia Blaine; sus ojos azules un poco más brillantes a través de los cristales de sus gafas de anchos marcos. "Eso es fácil de decir para el hombre felizmente casado".
Kurt encontró raro cuando la pequeña sonrisa que Blaine tenía, lentamente comenzó a desvanecerse. No empujó la conversación más lejos, en su lugar agarró un poco de papel aluminio para envolver el sándwich de huevo y queso de su jefe. Una vez que hubo terminado, se lo entregó y forzó una sonrisa. "Aquí tiene".
Blaine se reanimó y le devolvió la sonrisa, aceptándolo. "Esto se ve increíble, Kurt. Gracias".
"Ciertamente", le respondió Kurt, notando a Madison correr desde el recibidor con su largo y oscuro cabello balanceándose. Ella saltó a los brazos de su papá y le dio un beso de despedida.
"¡Oh, gracias, Princesa! Te amo".
Madison lo apretó con fuerza antes de saltar hacia abajo e ir hacia su desayuno. "Yo también te amo, papá. Ten un gran día".
"Tú también, cariño. Adiós, Kurt".
Kurt se movió un poco mientras observaba a Blaine caminar hacia su maletín, ya comiéndose el panecillo. "Que tenga un buen día".
"Lo intentaré". Miró hacia atrás y levantó su taza de café. "Mantente alejado de los problemas con Sebastian".
Kurt sonrió y asintió.
Madison roció jarabe de fresa sobre su comida después de que su padre cerrara la puerta tras él. "¿Así que cuando voy a conocer a este niño Sebastian?".
"Esperemos que nunca", le dijo el adolescente, cepillando su cabello hacia atrás con sus dedos. "Me gustas tal como eres, sin ser influenciada en modo alguno por Sebastian Smythe".
Ella sonrió un poco y agarró su tenedor. "¿Mi mami ya se fue?".
"Sí". Kurt la miró. "¿No se despidió de ti esta mañana?".
"No", le dijo Madison, un poco más de acuerdo con eso de lo que Kurt pensaba que debería estar. "A veces lo olvida".
Kurt frunció el ceño un poco antes de encogerse en sí mismo y mirar alrededor de la cocina. Comenzó a empacar su lonchera, tratando de no pensar en lo que ella acababa de decir.
"Deberías vestirte. Tengo como veinte minutos para estar en la escuela".
Kurt miró la hora y sus ojos se abrieron. "¡Oh, caramba! Volveré en seguida".
Madison se rió de su tonto niñero antes de enfocarse en sus panqueques de tocino.
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"¿Así que estás emocionado de escuchar sobre esta cita doble?".
Kurt se quedó mirando el menú del restaurante al que su amigo lo había llevado. Sebastian tenía esa gran sonrisa sobre su rostro la cual Kurt ignoró, y simplemente estudió los especiales del almuerzo.
Básicamente, Sebastián había estado tratando de conseguirle a Kurt una cita doble con él desde el primer año, sólo que habían sido infructuosas.
Hasta ahora.
Desde que Kurt perdió una apuesta en donde Sebastian tenía que convencer a una chica de que era heterosexual, tendría que estar de acuerdo en ir a una estúpida cita doble. Kurt no entendía el propósito de la misma. Como le dijo a su amigo, vez tras vez y de nuevo, él estaba perfectamente bien no saliendo. Sabía que no sería bueno en ello y para ser francos no quería intentarlo.
Sin embargo, Sebastian nunca escuchaba.
"¿Kurt?".
"No. No estoy emocionado. De hecho, estoy temiéndolo con cada fibra de mi ser".
Sebastian rodó sus ojos y se reclinó mientras esperaban a la camarera. "Él es lindo. ¡Es británico! Con un acento".
Kurt lo miró mientras tomaba un trago de su agua.
"Kurt", canturreó el chico con una sonrisa. "No vas a estar molesto conmigo por mucho tiempo. No cuando lo conozcas".
Kurt colocó la taza sobre la mesa y miró alrededor del tranquilo restaurante. La mayoría de la gente estaba en la escuela o en el trabajo en este momento. "Estás tan ocupado tratando de convencerme de que me gustará, pero, ¿quién lo está convenciendo a él de que le gustaré? ¿Tiene a su propio y personal Sebastian diciéndole, 'Oh, él es un poco friki y rara vez habla, ¡pero es una compañía aceptable!'? Porque si no, deberías de conseguirle uno".
Sebastian rodó sus ojos. Tenía al chico más difícil en toda la ciudad de Nueva York como mejor amigo. Él era tan difícil como él era obstinado. "Kurt. Eres sexy. Tienes toda esa cosa hipster y nerd que hace que la gente realmente caiga; simplemente no quieres hacerla funcionar a tu favor. Ese eres tú, Kurt. No estás tratando de ser ese chico, eres ese chico. Estos otros tipos aquí afuera son maniquíes".
Kurt lo ignoró.
"No me crees por cualquier razón, pero un montón de chicos me preguntan qué pasa contigo. Un montón de chicos están interesados, Kurt. Simplemente estás tan cómodo estando en tu cascarón que no puedes verlo".
Kurt seguía sin decir nada. Su amigo suspiró.
"Sólo quiero ayudarte a salir de allí, Kurt. Una cita. Te estás perdiendo un montón de cosas divertidas en el mundo. Estamos asistiendo a una universidad en la ciudad de Nueva York. Deberías relajarte y tomar ventaja de ello".
"Supongo".
Después de que la camarera tomó sus órdenes, Kurt jugueteó con su pajarita y trató lo más duro que pudo para evitar los ojos de Sebastian. Si no fuera por esa tonta apuesta, él no estaría haciendo esto.
"¿Qué te ayudaría a sentirte más confiado, Kurt?".
Esto le valió a Sebastian un bufido y luego una risa. Kurt miró por la cercana ventana en la que los dos se habían sentado y sacudió su cabeza. "Una personalidad totalmente nueva, para ser honesto. Me he acostumbrado al hecho de que no soy una persona sociable, y eso está bien para mí. Realmente no quiero serlo. Me gustan las cosas tal y como están".
Sebastian asintió. "Bien. Eso es justo. Y para ser honesto, también me gusta tu forma de ser. Pero, ¿qué tal si haces algo por mí?", el adolescente mayor rió suavemente mientras su amigo se quitaba sus anteojos, y Kurt le daba una mirada incierta mientras los limpiaba sobre su camisa polo blanca.
"Todo depende de lo que necesites que haga".
"Me parece justo". Sebastian aclaró su garganta. "Vamos de compras-".
"Absolutamente odio el ir de compras-".
"Lo sé", le dijo Sebastian. "Pero esto es cosa de una sola vez. Pagaré por todo".
Kurt tomó una respiración profunda. "Te escucho".
"Te llevaré a uno de mis lugares favoritos en el corazón del SoHo. Te conseguiremos algo de bonita ropa que realmente se ajuste a ti. No voy a cambiar tu estilo en general, sólo...", Sebastian hizo una mueca mientras inclinaba su cabeza hacia un lado, observando el actual atuendo de Kurt. La pajarita era linda. Los tirantes eran como su marca registrada. "Sólo te presentaré algunas cosas nuevas".
Kurt frotó la parte posterior de su cuello mientras consideraba todo esto. Lo hacía sentirse incómodo. "Creo que si quieres que cambie mi forma de vestir por un chico, entonces quieres que yo sea otra persona. Si tienes miedo de que vaya a avergonzarte, entonces tal vez no debería de asistir a esa cita doble. Quizás deberías de acompañar a tu chico por ti mismo".
"Kurt", comenzó Sebastian, sacudiendo su cabeza y frotando su sien. "Sólo te pedí que salieras de tu zona de confort y probaras algo nuevo, por una vez, porque me preocupo por ti. Has estado usando el mismo estilo de ropa desde antes de que pudieras vestirte por ti mismo. El cambio es raro para ti, Kurt, lo entiendo. Pero tal vez, si podemos presentarte algo nuevo, verás que hay tantas cosas por ahí para ofrecer. No quiero cambiarte. Sólo estoy esperando ayudar".
Kurt miró a su amigo por un momento antes de apartar la mirada. Creía en Sebastian. Había sido uno de los únicos amigos que tenía desde que se mudó a Nueva York, aunque había unos pocos que estaban de vuelta en Lima. Sebastian sólo quería ayudar, y si Kurt no estaba cómodo, al menos, sería sólo una vez.
"¿Kurt?", ahora Sebastian estaba sonriendo. "¿Por favor?".
"Bien".
Su amigo sonrió abiertamente de nuevo y colocó ambas manos sobre la mesa. "¿En serio? ¡Te prometo que no me vas a odiar después de esto!".
Kurt sonrió suavemente, bajando la mirada hacia sus manos. "Espero que seas bueno cumpliendo tus promesas".
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Kurt terminó tomando un taxi de regreso a la parte alta de la ciudad después de la pequeña juerga de compras con su amigo. Habían conseguido una tonelada de ropa nueva que a Kurt particularmente no le gustaba, pero que no era tan terrible. Normalmente no usaba pantalones de mezclilla, pero Sebastian le dijo que su trasero y sus piernas se veían increíbles en ellos.
"No sabía que tuvieras una silueta tan increíble. El chico británico va a comerte".
Kurt decidió que cuando recogiera a Maddie de la escuela, irían a conseguir sus mini bizcochos y luego se dirigirían de nuevo al condominio para que pudiera mostrarle sus nuevos atuendos. Todavía tenía un par de horas antes de que su día terminara, así que Kurt pensó que podría volver a 'casa' y empezar a trabajar en sus asignaciones y tal vez preparar la cena antes de que la recogiera en su escuela.
Pernell, el portero, en realidad era agradable con Kurt ahora que se había mudado. Se ofreció para conseguirle ayuda a Kurt para llevar sus bolsas hasta el piso quince, pero el chico le dijo que estaba bien, sin tener en cuenta el hecho de que se tropezó con sus propios pies mientras hacía malabarismos con toda la ropa nueva. Un hombre salía del ascensor mientras Kurt entraba y sonrió ante su torpeza.
"Ten cuidado, chico".
Cuando consiguió llegar a la puerta principal de los Anderson y la abrió, Kurt se sorprendió al ver a Sarah en la sala de estar. Estaba volviéndose a aplicar su lápiz labial y entrando en sus tacones de diseñador cuando se dio cuenta de que Kurt había entrado en el apartamento.
"¿Oh? ¿Kurt...?", la mujer miró rápidamente a su alrededor y alcanzó su abrigo. "¿Qué estás haciendo aquí? ¿No se supone que estás en clases?".
Una de las bolsas de Kurt resbaló de su mano y se esforzó por aferrar las otras mientras empujaba la puerta para que se cerrara tras él. "Oh... n-no, este es mi día libre. No tengo clases en vi-viernes".
Sarah bajó la mirada hacia las bolsas en los brazos de Kurt mientras el adolescente intentaba empujar sus gafas con su tríceps. "Te recuerdo diciendo algo así. Hm. Haré nota de ello".
Kurt colocó todo abajo alrededor del perchero y se quitó su chaqueta. "¿Todo está bien? Sé que tenía que trabajar hasta tarde".
"Oh, todo está genial". Le sonrió Sarah, aunque no fue difícil ver cuán falsa era. "Volví para el almuerzo. Ahora mismo estoy en mi camino de salida".
Kurt asintió.
"Si puedes recoger el servicio de tintorería de Blaine después de llevar a Madison a su clase de ballet, sería genial".
"Seguro". Kurt observó a la mujer, encogiéndose en su abrigo y luego sacudiéndose de manera sexy mientras caminaba hacia la puerta. "No hay problema".
"Si sales para el fin de semana antes de que yo llegue a casa esta noche, ten un gran fin de semana y te veré el lunes".
"Usted también".
La puerta se cerró y Kurt soltó el aliento que ni siquiera era consciente que estaba encerrando dentro de su pecho. El adolescente se quedó allí por un momento tratando de mantener su cabeza recta, y una vez que se calmó, llevó las bolsas con las compras de ropa a su dormitorio y se acostó por un rato.
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El día pasó volando después del encuentro de Kurt con Sarah. Tuvo la clase de baile y la tarea (a Kurt le gustaba terminar la tarea de Maddie y darle a sus padres el fin de semana para relajarse), y fue a la tintorería y cocinó la cena. Kurt no tuvo la oportunidad de modelar sus ropas para Maddie porque ambos tuvieron un ocupado ritmo en el día, y calmarse y relajarse frente al televisor para ver una película de Disney era mucho más atractivo.
Blaine llegó un poco después de las seis y, literalmente, continuó hablando sobre lo bueno que estuvo el panecillo con huevo y queso durante cuatro minutos y medio. Después tuvieron una rápida charla acerca de cómo fue el día de Madison, Blaine le permitió al adolescente irse a casa para el fin de semana. Le dejó saber a Kurt que iba a hacer cualquier trabajo que tuviera desde su casa el lunes, así que lo vería hasta entonces.
El fin de semana pasó lentamente. Kurt lo pasó en Barnes & Nobles gastando el dinero que presupuestó para los nuevos libros de allí, y también en su dormitorio leyendo esos libros nuevos. El domingo, consiguió un escandaloso mensaje de texto de Blaine, quien descubrió que él recogió su servicio de tintorería por él. Kurt no se molestó en decirle a Blaine que Sarah le dio las instrucciones para hacerlo, estaba seguro de que Blaine lo sabía de todos modos. Además, fue una linda conversación en donde Kurt trató de convencer a su jefe de que no era gran cosa, pero el hombre le prometió que era capaz de recoger su servicio de tintorería por su cuenta. Mientras Kurt se sentaba en Central Park, disfrutando de la encantadora tarde de primavera en mayo, él y Blaine se enviaron mensajes de ida y vuelta sobre el libro que él estaba leyendo y el chico le dio un par de recomendaciones antes de tener que ir a cenar con sus suegros. Kurt pensó que Blaine era amable por charlar con él fuera del trabajo. Era casi como si fueran amigos, y en realidad era agradable gustarle a tu jefe.
Bueno, no de esa manera, pero el señor Anderson era un tipo genial.
A la mañana siguiente, cuando Kurt regresó al condominio de los Anderson para llevar a Maddie a la escuela, Sarah ya tenía a la niña en su uniforme y lista. Kurt las saludó a ambas, antes de que la mujer dejara el apartamento, en su camino hacia Boston para asistir a una reunión de negocios. Kurt estaba sorprendido de que Blaine no estuviera alrededor, ya que el hombre le dijo que no iría a la oficina ese día, pero era socio en el bufete de abogados. Cualquier cosa podría haber sucedido y pudo haber sido llamado para trabajar.
Kurt se revisó a sí mismo en el espejo y se aseguró de que tenía todo mientras Madison se acercaba por detrás de él. "¡Estoy lista!".
"Te ves súper bonita, Maddie. ¿Nos vamos?".
"¡Nos vamos!". Ella tomó su mano y salieron por la puerta.
Aunque Madison era una niña de primer grado súper divertida para tener alrededor, sus amigos no lo eran. Tal vez era una generalización injusta hecha sobre los niños, pero no le importaba. No después de que uno de ellos había derramado la leche de chocolate sobre todos sus pantalones de color caqui y sus azules zapatillas deportivas de New Balance. Esa probablemente sería la primera y última vez que se quedaba con ella mientras la clase comía el desayuno.
Kurt checó la hora mientras el conductor lo dejaba de nuevo en el condominio. Definitivamente iba a llegar tarde a clase a este ritmo, porque no había manera de que fuera a la escuela sin ducharse y quitarse lo pegajoso de sus piernas.
Kurt eligió un nuevo atuendo y luego agarró su toalla y su gel de baño, apresurándose dentro del cuarto de baño al final del pasillo. El apartamento estaba tan silencioso como siempre y trató de ducharse rápidamente, simplemente preguntándose cuán mal lo harían sentirse los comentarios sarcásticos de su profesor cuando llegara tarde, así como los sentenciosos ojos de las otras personas en su salón de clases.
El adolescente suspiró suavemente mientras se obligaba a salir del baño. La presión del agua era fantástica y definitivamente quería quedarse por más tiempo. Mientras se dirigía de vuelta a su habitación -en pantuflas y con una toalla envuelta alrededor de su cintura, todavía mojado por la ducha caliente- su corazón casi se detuvo cuando vio a Blaine caminando por el pasillo. Blaine estaba vestido como si viniera del gimnasio, y el sudor cubriendo su cuerpo y empapando sus rizos aludían al hecho de que definitivamente había estado ejercitándose. Tenía sus auriculares y estaba cantando una canción con la que Kurt no estaba familiarizado cuando sus ojos lo atraparon.
Blaine sintió congelarse en su lugar.
Kurt, su niñero, estaba de pie en el extremo del pasillo por la puerta de su dormitorio. Los ojos de Blaine bajaron de la cara roja del muchacho, hasta su cuerpo sin camisa. Miró hacia su mojado torso y se enfocó específicamente sobre sus abdominales antes de pegar sus ojos a la línea V de sus caderas y a una delgada cintura envuelta firmemente en una toalla.
Blaine cerró sus ojos cuando se dio cuenta de que él lo miraba fijamente. Tragó con dificultad, y sacudió su cabeza. Después de recoger el reproductor de música que se le había caído y envolver sus auriculares a su alrededor, Blaine pasó la lengua por sus resecos labios y habló.
"Kurt. H-Hey. Buenos días".
Kurt no se había movido en absoluto. Blaine no estaba seguro de si aún estaba respirando. El hombre trató de sonreír mientras pensaba en lo extraño que era que él mirara fijamente a este chico durante tanto tiempo como lo había hecho, pero él mismo estaba extrañado probablemente apenas tanto como Kurt lo estaba. Sonreír era poco duro. Otras cosas también se estaban poniendo duras. Otras cosas que no conseguían ponerse duras cuando Blaine miraba a los hombres. Tragó con dificultad de nuevo y trató de hablar más claramente esta vez.
"Acabo de regresar del gimnasio... No esperaba que estuvieras aquí... Estoy, um, lo siento-".
Falló.
"Un amigo de Madison tiró leche de chocolate sobre mí", le espetó Kurt de una sola vez. Sus ojos se movieron de arriba a abajo sobre el cuerpo de Blaine antes de que los alejara, mirando fijamente hacia la puerta de su dormitorio. "Um... estoy... tuve que volver y tomar una ducha y puede que ahora llegue tarde a la escuela, así que necesito estar listo".
"Me ducharé realmente rápido y después te llevaré".
Kurt volvió a mirar a Blaine y ambas mejillas estaban rojas en este punto. Blaine le sonrió un poco y luego hizo un gesto hacia su habitación. "Te llevaré allá. ¿Genial, no?".
Kurt se dio cuenta de que todavía estaba en frente de su jefe -su increíblemente hermoso y musculoso jefe- y que estaría enteramente desnudo si esta toalla se cayera ahora mismo. Asintió con su cabeza antes de desaparecer en su dormitorio sin decir una palabra.
Blaine lamió sus labios y se quedó mirando al lugar en el que Kurt estuvo parado anteriormente. No se movió por bastante tiempo, pero finalmente se convenció a sí mismo de deshacerse de las imágenes que pasaban por su cabeza para que pudiera entrar en la ducha.
Fue una ducha muy, muy fría.
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N/T: ¡Que tengan una excelente mitad de semana!
Gracias por tomarte unos minutos para leer.
