Aquí traigo el segundo capítulo ^^

Ha quedado mucho más largo que el anterior, pero también ha quedado mejor.

Ojalá les guste!

...*...

En cuanto llegamos a casa te encerraste en tu habitación. Luego de lo que había ocurrido me dejaste plantado. No me hablaste durante la tarde. Estaba demasiado enojado contigo. Me habías dejado en ridículo frente a mis amigos y no te había importado nada.

Ya eran más de las ocho, y tú no habías aparecido. Estaba sentado en el sofá mirando la televisión cuando fuiste a la cocina para hablar con mamá.

—Itachi, hasta que sales de tu habitación, en unos minutos comeremos. Avísale a tu hermano —dijo mamá, mientras llevaba los platos a la mesa.

—oye, Sasuke saldrá conmigo hoy a la noche —¿qué cosa! ¿que yo saldría contigo!

—¿a dónde irán?

—lo llevaré a un bar, ya está grande —mamá jamás te lo permitiría.

—de acuerdo, pero cuídalo bien —¿cómo podía haber sucedido eso! Viniste y te sentaste a mi lado.

—cuando termines de comer báñate y ponte algo adecuado.

—no iré —bufé.

—¿no vendrás? invito yo.

—no es por el dinero, no sé bailar y no me gustan esos lugares.

—¿qué sabes si nunca has ido a uno?

—no iré y ya. —te ignoré.

—¿estás enojado por lo de esta mañana?

—desde luego.

—no estés enojado, tonto hermano —dijiste, abrazándome.

—¡ya basta! —me solté y me paré para ir a la mesa. Me tomaste de la mano y te paraste detrás de mí.

—yo sé que vendrás, Sasuke. Seremos sólo tú y yo —me susurraste al oído. Odiaba que hicieras eso, era obvio que iba a ir.

...*...

Cenamos, me bañé. No sabía qué ponerme, nunca había ido a ningún lugar parecido. Me puse la ropa interior y las medias. ¿Un jean? No ¿y si me llevabas a un lugar lujoso?

—¿qué tanto haces, Sasuke? —entraste sin tocar.

—¡vete! —te arrojé una remera.

—ni que fuera a ver algo que no conozca...

—¡Itachi! —y en ese momento di cuentas de cuán atractivo te veías. Traías puesto un pantalón negro, zapatos y una camisa blanca casi abierta.

—¿no te irás a poner un jean y una remera? —dijiste mirando toda la ropa desparramda en mi cama.

—¡n-no! ¡claro que no!

—ponte esto —me tiraste un jean negro y una camisa gris.

—pero tú estás de traje.

—sí, pero yo soy más grande, si tú te vistes de traje te verás ridículo.

—¿y tú no? —dije, vistiéndome.

—claro que no, yo me veo sexy —miré hacia otro lado, mi mirada me delataba.

Salimos de mi habitación y caminé a tu lado, tenías un perfume delicioso...

—¿ya se irán? —preguntó mamá desde el living.

—así es, no se preocupen, lo cuidaré —dijiste mientras cerrabas la puerta.

—¿me cuidarás?

—claro, yo soy el adulto responsable —nos subimos al auto.

—no es el resto de la gente la que me da miedo, sino tú —reí.

—lo bien que haces —me miraste y arrancaste el auto.

...*...

Nos sentamos en el bar. Estaba algo incómodo, no había ido muchas veces a lugares como esos. Muy por el contrario, tú parecías estar a gusto.

—pide lo que quieras, Sasuke, invito yo —dijiste, entregándome la carta.

—¿que pida algo...? —miré los tragos. En realidad no entendía muy bien de qué se trataba cada uno. Pero no podía demostrártelo.

—yo pediré vodka.

—¿vodka? —dejé escapar, en tono de pregunta.

—no sabes nada de tragos ¿verdad? —dijiste sonriendo, y dejaste tu silla para sentarte a mi lado en el sillón. —déjame que te explique —te acercaste peligrosamente a mí. Fuera por el ambiente con poca luz y mucho ruido, por el humo, por la aparente "cita" por primera vez tu cercanía me provocó. —mira, Sasuke —llamaste mi atención —este es un daikiri, tiene frutillas o duraznos. Si quieres tomar algo más fuerte podemos hacer rondas de tequilas ¿te apetece? —te miré confundido, reíste —el tequila es un pequeño vaso de una bebida muy fuerte. Te pones un poco de sal en la boca, tomas el trago y luego muerdes un limón.

—¿y eso es rico?

—pues, luego del segundo o tercero... —me miraste a los ojos. Entonces entendí tus intenciones. Tú querías emborracharme.

—de acuerdo —acepté el desafío.

—¿seguro? —sonreíste. —bien —llamaste a la camarera. Nos vio muy detenidamente. Quizá no podía dar crédito de que fuésemos dos hombres y estuviésemos juntos. —hola —te acercaste más a mí, rodeándome con tu brazo —dos tequilas. —La muchacha se fue casi al instante, un poco espantada —la pasaremos de maravilla hoy, Sasuke.

—¿por qué estás tan seguro? —acercaste tus labios a mi oído; me estremecí.

—simplemente lo sé —el sentir de tu aliento tibio me hizo temblar, creo que lo notaste. Regresó la camarera con una bandeja. Pagaste y me miraste. —¿recuerdas lo que te expliqué? —asentí —bien, primero tú —te colocaste sal en dos dedos, no supe que eran para mí. Me acercaste el pequeño vaso y me ofreciste tus dedos. La situación me había sobrepasado; no entendía porqué estaba allí ni cómo era que estaba así contigo, mi hermano. Tomé el vaso con una mano y con la otra tus dedos; los introduje en mi boca y a pesar del sabor de la sal los mantuve tanto como pude. Inmediatamente tomé el tequila. En cuanto terminé colocaste el limón en mi boca. Estoy seguro que tenía los ojos rojos, me ardían la garganta y la boca. Sin pensarlo dos segundos tomaste el tuyo; me quitaste el limón para usar el mismo. —¿te ha gustado?

—no. —me miraste casi con ternura.

—ya te acostumbrarás —llamaste nuevamente a la camarera y le pediste dos más ¿dos más!

—Niisan... ¿dos más?

—¿es mucho para ti, Sasuke? —¿por qué debías manejarme así, a tu antojo?

—depende —te miré fijo.

—no intentes jugar conmigo, pequeño tonto hermano.

—no estoy jugando ¿o no es cierto que estás intentando emborracharme?

—¿emborracharte? ¿por qué haría algo así?

—no lo sé, estoy tratando de averiguarlo.

—de todas formas no parece que estés resistiéndote. Además, ni que fuera a conseguir algo de ti borracho que no pudiera conseguir sobrio —en ese instante me helé. Esos histeriqueos, esos malditos histeriqueos que nunca concretabas.

—de seguro hay cosas, hermano —burlé —aunque veo que tienes algo en mente ya.

—¿tú no? —fuimos interrumpidos por la camarera. Antes de que pudieras colocarte sal en los dedos nuevamente, lo hice yo mismo y tomé el tequila rápidamente.

—por supuesto que sí. —me imitaste.

—veo que vas comprendiendo cómo se hace, Sasuke.

...*...

Quizá fueron cinco, quizá seis. Luego un trago rojo, creo que tenía fuego. Las luces. Había humo. La música de pronto me gustaba.

—ven, vamos a bailar —te paraste. Te veías genial.

—¿bailar? —me paré a tu lado, torpe.

—no te vayas a caer —me sostuviste, estaba demasiado ebrio —ven, te ayudaré hasta la pista. —me gustaba que me ayudaras.

—espera ¿bailar? no sé bailar —chillé, tratando de resistirme.

—conmigo aprenderás.

—¿bailar contigo? ¡somos dos hombres, Itachi! —ya estábamos en medio de la pista.

—y por eso será tan divertido —te colocaste detrás de mí, cerca de una pared —¿o no te parece que somos los más atractivos de todo el lugar?

—sí... —respondí, entregado.

—¿y no te gustará que todos te miren, deseándote? —la idea empezó a agradarme.

—pues, sí... —me hiciste moverme. Estaba muy ebrio, muy ebrio. Sí, ya estaba bailando. Todos nos miraban, me sentía demasiado bien.

...*...

Primero tus manos en mi cintura. Las luces, intermitentes. Luego, en mi torso. Me tocabas como si fuera una niña. No sé porqué insistías en bailar. En mi pecho, haciendo pequeños círculos. Tus labios en mi oído, húmedos. Gimme gimme more, lograba escuchar de la canción. Volviste a bajar por mi torso, y cuando llegaste a mi cadera me empujaste más hacia ti. Dame más, Itachi. Tu boca en mi cuello. Cerré los ojos fuerte. Gimme gimme more. Los abrí, ahora estabas frente a mí. Caminaste hacia mí, obligándome a retroceder. Un paso. Dos. Tres. Gimme gimme more. Cuatro. La pared. De un golpe te acercaste y apoyaste tu codo en el muro, al lado de mi rostro. Tu boca, a centímetros de la mía. Gimme gimme more. Delicadamente colocaste un dedo en mi mejilla. Reíste, suave. Tomaste mi nuca, fuerte. Tus labios. Por Dios, tus labios. Tus labios en los míos, tu lengua en mi boca. Tu lengua, tu saliva. Tu saliva tibia recorriendo mi garganta. Mis ojos abiertos, mirando los tuyos cerrados. Rodeaste mi cintura con tu brazo, me acercaste. Me lo demostraste, me demostraste por fin que estabas caliente CONMIGO. Gimme gimme more. Y ya no pude evitarlo, te abracé violentamente. Te acerqué más. Te apreté contra mí. Tú también pudiste sentirlo. Calientes, TAN calientes. Era injusto que pudiera existir ese estado de inconsciencia. Es injusto que me des tanto placer. Quería pedirte más, que me hicieras el amor... ¿hacer el amor? No, no era eso lo que quería. Quería que me penetraras tan fuerte como pudieras, que me hicieras tuyo. Mi erección era tan dolorosa, y tan deliciosa al saber que tú sentías lo mismo. Ya no importaba la gente. Lo sabía, sabía que todos estaban mirándonos. Y me encantaba. No eras mi hermano, no, claro que no: eras mi amante. El hombre más hermoso de todo el lugar, y eras sólo mío. Podrías haber estado con cualquier mujer, pero estabas CONMIGO. El beso continuaba. Bajaste la mano con la que me sostenías, mi piel se erizó. Solamente la dejaste allí, casi por error. Lo hacías a propósito, para provocarme. Estabas intentando que yo te lo pida. En ese momento hubiese accedido a cualquier juego que tú propusieras. Tomé tu mano y comencé a apretarme el culo con ella. Te sentí respirar pesadamente, y creo que esbozaste una risa. Pronto lo hiciste solo, realmente fuerte. Al poco tiempo te aburriste, y te separaste brusco de mí. Decenas de miradas sobre nosotros. Aquella situación te encantaba. Me tomaste de la mano y me llevaste al baño. En el camino cada vez más personas nos miraban. Querías que entendieran qué iba a suceder. Querías que supieran que ibas a hacerme tuyo en el baño. Yo estaba fascinado. Otra vez noté las luces intermitentes. Estaba demasiado ebrio, demasiado ebrio. No había un alma en el baño. Me arrojaste dentro del primer gabinete. Cerraste la puerta detrás de ti. No me besaste, no me acariciaste. Reíste y tomaste mi erección.

—lo sabes, sabes que te haré mío —susurraste en mi oído mientras me tocabas.

—sí, lo sé... —jadeé —y me encanta.

—¿y sabes que soy tu hermano?

—sí, lo sé... —busqué tu mirada —y me encanta —tu satisfacción sobrepasaba los límites.

—qué ebrio estás —comenzaste a besar mi cuello.

—no, sólo estoy caliente contigo... —me mordiste.

—eres hermoso, Sasuke, hermoso... —me miraste fijo —y tan virgen —me puse rojo —sabes que hoy no te dejaré ni el recuerdo de tu virginidad ¿verdad?

—sí, lo sé.

—¿y te encanta? —me di la vuelta, apoyándome con las manos sobre la pared, dándote la espalda.

—¿debo responder? —me bajaste los pantalones. Ese sadismo.

—sí, debes responder.

—me encanta.

—¿qué te encanta? —te metiste dos dedos en la boca.

—que por fin vayas a hacerme tuyo.

—¿por fin? ¿hace cuánto me deseas? —metiste dos dedos. Por fin, por fin, por fin. Por fin me estabas haciendo tuyo.

—no lo recuerdo. Cada noche te deseaba con más fuerzas.

—¿cuántas veces te tocaste pensando en mí? —los movías muy violento, me dolía mucho.

—todas las noches, todas las mañanas. Cada vez que te veía con poca ropa.

—pídeme, Sasuke, pídemelo. —tomé tu mano y saqué los dedos, me di la vuelta para quedar cara a cara. Me acerqué esos dos dedos a la boca.

—hazme tuyo, Itachi... —los metí en mi boca, saboreándolos cuidadosamente. —por favor, házmelo hasta llorar, hermano.

—¿qué has dicho? —metiste un tercer dedo en mi boca —lo siento, no te escuché. —traté de hablar pero no los quitabas.

—no puedo —dije, ahogado.

—no te entiendo, hermano —reíste, metiendo un cuarto dedo.

—hazme —tragué con fuerza, me cayeron unas lágrimas —hazme tuyo, hermano —los quitaste al fin. Me tomaste del brazo y me hiciste darte la espalda nuevamente. Dos dedos dentro. Tres. Chillé. Mientras tu mano derecha sacaba e introducía dedos la izquierda tomó mi erección. No podía ser que me tocaras incluso mejor que yo.

—no puedo esperar, Sasuke.

—no esperes... hazlo ya... —gemí, desesperado.

—no puedo, te lastimaría.

—¿y qué tiene de malo eso? —acercaste tu rostro al mío.

—no sabía que eras así, hermano ¿es que acaso te gusta fuerte? —mordiste mi lóbulo.

—no lo sé, es mi primera vez —recalqué.

—arrodíllate —ordenaste. Sin darme cuenta, eso me había enardecido aún más. Te obedecí. Me tomaste del cabello y refregaste mi rostro contra tu pantalón.—¿te gusta?

—mucho... —susurré. Te desabrochaste y bajaste el cierre. Fuera de mí, te bajé el pantalón y lamí tu ropa interior; estaba húmeda —me encantas, hermano —dejé escapar. Me diste una cachetada.

—¿qué estás esperando? —te bajé la ropa interior y casi inconscientemente cerré los ojos. Aún me costaba creer que todo aquello estuviese ocurriendo. El alcohol aún desgarraba mis sensaciones. Tomaste mi nariz, obligándome a abrir la boca —ahora —abrí boca y ojos. No podía ser tan grande, y no podía desearlo tanto. Mientras un denso escalofrío me recorría el cuerpo pasé la lengua suavemente por la punta. Estabas mojado, y me fascinaba. —no tenemos todo el día —me empujaste para que lo tragara todo. Era tan grande que a penas podía tener poco más de la mitad en mi boca. Ese sadismo tuyo me tenía loco. La música, estar en un baño. De repente me sentí menos, y no lo toleré.

—¿hasta cuándo esperarás para metérmela? —dije, refregándomela por las mejillas. Me tomaste del flequillo, me hiciste parar. Esta vez lo hacías con mucha más violencia.

—eres un insolente —me volteaste. Lo había logrado, había logrado sacarte de esa estúpida calma. Apoyaste tu miembro en mi entrada. Mis manos sobre los azulejos no encontraban lugar, estaba histérico. Jugabas, te era demasiado satisfactorio negarme lo que te había pedido. No importaba si tú morías de ganas. De un golpe, lo hiciste de un golpe. Grité. El dolor me sobrepasaba... —¿verdad que ahora ya no quieres burlarte?

—te equivocas, si me estás penetrando ahora es porque te lo permito —dije, tratando de ocultar el dolor. La quitaste. Volviste a meterla. Tuve que morderme los labios.

—¿tú crees? Resístete.

—¿que me resista? —traté de voltearme, pero agarraste mis manos con las tuyas, apoyándolas nuevamente sobre los azulejos. No podía moverme.

—¿qué decías, hermano? —comenzaste a penetrarme rápido, fuerte, sin piedad. —¿que te tengo aquí, así, porque me lo permites? —dejé escapar un gemido de dolor —que estés suficientemente enfermo como para disfrutar que te viole tu hermano es una coincidencia. —¿cómo podías hablar con tanta serenidad mientras me hacías sangrar? De pronto el dolor se transformó en un placer desgarrador. No pude evitarlo, comencé a gemir de placer. Traté de callarme. —no te calles —me dijiste, con un tono de voz seductor —di mi nombre.

—Itachi... —grité inmediatamente —¡dame más! —mientras me hacías tuyo oímos entrar a alguien al baño. No paraste en lo absoluto.

—sigue gritando —me dijiste suave al oído. ¿Cómo podías pedirme semejante cosa! —grita —dijiste, pellizcándome fuerte el muslo. Chillé un poco. Entró otra persona, y otra. Estaban charlando.

—basta —pedí —por favor, ya para.

—di mi nombre, Sasuke —la quitaste, escupiste y volviste a meterla —no pararé, y lo sabes —volviste a tocarme. El sentir de tu miembro dentro de mí, y sentir cómo me tocabas me enloquecía. En pocos segundos dejó de importarme la gente.

—¡Itachi! —dije, enloquecido.

—eso, más fuerte —seguías hablando en mi oído —eres hermoso, y eres todo mío. Te haré mío cada noche, cada mañana.

—¡mh, Itachi! —la gente se cayó.

—te despertarás y antes de abrir los ojos ya te estaré haciendo mío.

—¡Itachi, por favor, más fuerte! —nos estaban escuchando, y era tu culpa.

—acabaré dentro tuyo, te llenaré el culo de leche —soltaste mis manos y me tomaste de las caderas. Hiciste la penetración más precisa, más profunda. Estaba completamente loco. Dios ¿cómo podía ser más grande aún? Ahora estaba más mojado, era mejor.

—¡hermano! —grité, cuando por fin acabaste. Reíste ampliamente.

—¿hermano? —no parabas. Era hermoso, perfecto —sí, dime "hermano".

—mh, hermano, me encanta... por favor, no pares... —ahora había más gente, los escuchaba entrar. Seguiste unos segundos más, pero luego te detuviste y la retiraste. Sentía algo chorrear por mis piernas. Tomaste un poco de papel higiénico, te limpiaste. Dulcemente, me limpiaste a mí. Me giraste y volviste a tomar mi miembro para continuar el beso. Me tocabas con perfección, era increíble, no deseaba que pararas nunca. El beso, tus manos... todo era perfecto. No tardé en acabarte en la mano.

—mira todo el desastre que has hecho —sonreíste y te limpiaste la mano —afuera hay mucha gente —susurraste.

—sí, lo sé... —me sonrojé.

—ya no estás tan ebrio ¿verdad? —negué, frágil. Te vestiste, yo hice lo mismo. Me rodeaste el cuello con un brazo y abriste la puerta. Mi corazón se detuvo ¿y si era alguien que conocía? ¿y si ellos me reconocían? ¿y si luego algún día volvía a cruzarlos?

—¡pero qué espectáculo han dado! —dijo uno de ellos. Antes de que pudieran verme cubriste mi rostro con tu brazo.

—¿verdad que sí? —dijiste, riendo.

—¡déjanos conocer a la damita! —otro se acercó.

—quítate —nos alejaste unos pasos.

—pero qué celoso eres ¿ni siquiera un vistazo?

—de ninguna forma, es mía —me agarraste con más firmeza y salimos del baño. No podía creer lo que habías hecho por mí, había sido demasiado... ¿romántico?

—ya —varios metros lejos del baño me soltaste. Hubiese querido continuar así por siempre.

—gracias, hermano —solté tímidamente.

—no agradezcas, tonto hermano —caminaste a la barra —¿qué quieres tomar?

—¿otra vez?

—nada de eso, algo sin alcohol —te detuviste —no, tengo una mejor idea. Iremos por algún desayuno, ya son más de las seis.

—sí, gracias —repetí. Fuera por el shock de lo que había ocurrido me era imposible mantener la mirada en tus ojos. Caminamos juntos hasta tu auto —¿no has tomado mucho?

—no, Sasuke, tú has tomado mucho. Yo he tomado muy poco y ya ha pasado un rato largo de eso —asentí —¿qué te sucede? —no quería que llegara esa pregunta.

—nada.

—no me mientas ¿qué te ocurre?

—no lo sé... —admití.

—¿será que no te ha gustado? —no, no era eso... era que tú te lo habías tomado con demasiada normalidad ¿Era que hacías eso siempre que salías?

—no es eso.

—¿y entonces? —ya estábamos viajando en busca de algún bar abierto.

—no importa —no podía tolerar la idea de que hicieras eso con cualquier persona. Con alguna, podría tolerarlo. Pero no podía tolerar que fuera algo normal. Que yo fuera uno más. Detuviste el auto. Me miraste a los ojos. Me era difícil contener las lágrimas, odiaba que me miraras así, porque en ese momento no podía ocultarte mis sentimientos.

—tú eres el único para mí, Sasuke. Soy sólo tuyo —me besaste como creí que jamás lo harías. Me entregué a todos mis sentimientos y te abracé, para estar aún más cerca. El beso era... no puedo explicarlo. Aún hoy recuerdo cómo se sintió.

...*...

Ojalá les haya gustado! ^^

Déjenme reviews y cuéntenme cómo les gustaría que continúe!

Gracias por leerme!