Mi Vida Con Susana
Capítulo II: Todo El Mundo Lastima
Las notas se desvanecieron en el ambiente y poco a poco recuperé noción de la realidad en la que me encontraba.
Tras recibir el aplauso del público, Jen agradeció con una gran sonrisa para después tomar asiento en un banco junto a James para interpretar una canción acompañada solo por la guitarra.
Tan pronto como los versos llegaron a mis oídos, mi mente viajó al baúl de mis recuerdos justo en el momento en que todo en mi vida era solo humillación, y vergüenza.
Cuando tu día es largo
y la noche, la noche es solo para ti,
Cuando estás seguro de que has tenido suficiente
de esta vida, pues bien resiste
No te des por vencido,
todo el mundo llora y
todo el mundo lastima algunas veces.
Algunas veces todo está mal.
Ahora es tiempo de cantar
Cuando tu día es solamente noche, (resiste, resiste)
Si te sientes desmayar, (resiste)
Cuando piensas que ya has tenido demasiado
de esta vida, pues bien resiste.
Porque todo el mundo lastima,
Confórtate en tus amigos
Todo el mundo hiere.
No arrojes tu mano.
Oh, no. No arrojes tu mano
Si sientes que estás solo,
no, no, no, no estás solo.
Si estás por tu cuenta en esta vida,
los días y noches son largos,
Cuando pienses que ya has tenido demasiado
de esta vida para resistir
Sí, todo el mundo lastima
Algunas veces, todo el mundo llora.
Algunas veces, todo el mundo hiere,
algunas veces
Todo el mundo lastima algunas veces
Así que resiste, resiste
Resiste, resiste
Resiste, resiste
Resiste, resiste.
Para darte cuenta que no estás solo.
Regresé a Nueva York y fui a buscar a Su. La señora Marlowe me reprendió tan pronto como me vio pero no le permití llegar lejos.
-No es con usted con quien vengo a hablar. Si no me deja hablar con ella, encontraré otro medio.
Me di la vuelta para marcharme pero ella me detuvo y me hizo pasar a la salita donde solía verme con Su en otro tiempo.
El primer contacto fue difícil. No sabía qué pesaba más: mi vergüenza por lo que había hecho con mi vida o lo miserable que me sentía por estar ante ella sin llevar por delante un amor para ofrecerle.
Era obvio que mi ausencia había hecho mella en ella pues se veía demacrada, sin embargo al verme esbozó una gran sonrisa y su rostro se iluminó.
Hablamos de los términos en los que se llevaría a cabo la relación que buscaba fincar las bases de lo que en el futuro sería nuestro matrimonio y la formación de nuestra familia.
Le pedí que no me volviera a hablar de Candy y que tampoco pusiera sentimientos por ella en mis labios, que si deseaba que esto funcionara tendría que poner algo de su parte. Tan pacientemente como pude, le hice saber que sus recriminaciones lejos de ubicarme me hacían sentir muy mal, que yo trataba de poner todo de mi parte y ella en un segundo derribaba todo lo que construían mis actos para dar paso a mi dolor e ira.
-Deja de hacer las cosas pensando en mí y comienza a pensar un poco en ti misma y en la clase de persona en la que deseas convertirte. Seré tan duro contigo como tenga que serlo para que dejes esa actitud de abandono e inseguridad que vives desde el accidente. Está bien que llores porque lo que te ha ocurrido es devastador, pero creo que ya has llorado suficiente, ahora debes seguir con tu vida.
Mis sentencias tenían doble objetivo. Es verdad que las dirigí a ella pero también las dirigí a mí mismo pues ya estaba cansado de ser el tipo débil en el que me convertí por desesperación.
La relación continuó en términos muy cordiales, Su se esforzaba por evitar todo aquello que sabía bien que me molestaba y yo me enfoqué en atenderla tanto como lo permitía mi difícil vuelta al teatro.
Otras preocupaciones ocuparon mi mente que me hicieron desviar mi atención de lo que representaba estar al lado de una mujer que no despertaba emociones románticas en mí. El Alcohol había sido compañero durante mis días aciagos y temía por mi integridad al estar cerca de una botella de whisky pues no estaba dispuesto a permitir que otro factor externo gobernara mi vida.
Cumplí mis compromisos de trabajo y a ellos se le sumaron otros de tipo social que implicaban que yo volviera a beber. Volví a hacerlo después de estar semanas sobrio y sin probar una sola gota y con asombro descubrí que pude controlar la ingestión sin sentirme desesperado por sentir su presencia en mi garganta de forma ilimitada.
Algo que ayudó a cumplir mi objetivo sin duda fue mi deseo por limpiar mi nombre. Había visto en revistas y periódicos, que "almas caritativas" se habían encargado de hacer llegar a mis ojos, el ridículo que había hecho de mi mismo tras abandonar todo en mi huída de la realidad y fueron esas imágenes que se quedaron grabadas en mi mente las que evitaron que yo hiciera cualquier desfiguro en el futuro inmediato.
Pronto comencé a ganar grandes cantidades de dinero y me di gustos excesivos como adquirir una cuadra de caballos pura sangre, decenas de coches deportivos y de lujo y un apartamento que estuviera al nivel de un primer actor de Broadway, entre otras cosas.
Fue en ese momento en el que se despertó el "Don Juan" que todos parecían ver en mí menos yo. Mujeres se me ofrecían y yo no me negué a disfrutar de sus favores, no sin antes decirles que no esperaran nada de mí a cambio.
Tiempo después preparamos una puesta en escena especial. Robert arregló que un joven escritor venido de Europa que había escrito sus experiencias en el frente de guerra, nos permitiera utilizar su trabajo para exponerlo en un hospital donde se daba rehabilitación para aquellos que habían quedado discapacitados por causa de la guerra o cualquier otra razón.
El papel que tuve que interpretar fue el de un sargento que había perdido ambas piernas y que por esa razón estaba determinado en quitarse la vida pues ya no era honorable vivir de ese modo; ya no era un hombre, sólo un despojo humano.
Estudié el papel por mi cuenta como era mi costumbre. Me senté en una silla a mitad del apartamento para vivir en carne propia lo que el sargento Jason Ashford debió experimentar según el relato de su compañero de armas y responsable de salvarle la vida al no dejarlo tirado en la trinchera tras la explosión de una granada; pero mis movimientos no eran para nada cercanos a los de un hombre sin miembros inferiores.
Una noche, Su me preguntó con timidez la causa de mi preocupación y yo le conté las razones de mi inquietud.
-Te entiendo, cuando tienes todo para hacer tu vida de forma normal, no es fácil aparentar que algo te hace falta.
Fue entonces que una idea cruzó por mi mente, ¿quién mejor que ella para ayudarme a ver lo que significaba no tener la movilidad de antes?
Así se cumplió uno de los más grandes sueños de Susana Marlowe: ayudarme a estudiar un personaje.
En el proceso ella descubrió que su talento no se había perdido con su pierna izquierda. Recuerdo haberla visto arrojándose al suelo desesperada tratando de abandonar la cama sin ayuda para permitirme ver lo que pudo ser para el sargento Ashford hacer cosas tan simples para la mayoría como levantarse una mañana. Me hizo sentar y permanecer en la silla de ruedas por horas hasta que mi cuerpo experimentara el inevitable dolor, efecto de estar en esta postura por periodos prolongados.
¡Cuantas cosas habían cambiado en su vida y yo no me daba plena cuenta de ello!
Mientras más me sumergía dentro de la piel de Ashford, mejor comprendía la razón por la cual Su permanecía en constante estado de desolación a pesar de mis esfuerzos por animarla y hacerla dejar atrás la depresión.
Por primera vez le pregunté como se sentía y ella lo expresó abiertamente sin temor a hacerme sentir mal como muchas otras veces sucedió.
Cuando representamos nuestra pequeña temporada de una función por semana, Su asistió por primera vez a verme actuar desde el accidente. No lo había hecho antes porque se sentía devastada al ver a otra mujer interpretar aquello que ella sabía haría mucho mejor. Eso y que le parecía insoportable el peso de las miradas de lástima y malicia que caían sobre ella a donde quiera que salía.
Mi interpretación de Jason Ashford causó el impacto deseado en los discapacitados y sus familias al punto que enfrentaban la vida con nueva actitud positiva al ver el ejemplo de perseverancia con el que Ashford había logrado superar sus carencias para alcanzar una forma de vida digna para él y su familia. Su no escapó del impacto que causó mi interpretación y pronto comenzó a frecuentar el hospital y a aquellos que se cruzaban en su camino.
Enormemente satisfecho con mi trabajo y sintiéndome orgulloso del logro personal que consideraba había alcanzado con Su, pasé cada vez más tiempo al lado de la rubia con los ojos más expresivos que jamás antes había visto.
Ella sabía que provocar un roce de pieles que no fuera necesario me molestaba y aunque le dolía, lo evitaba, pero de un tiempo a la fecha nuestros cuerpos rozaron en varias ocasiones sin intención alguna y yo ya no me sentía molesto ante cosas como esta, lo que me llevó a estar tan cerca que en un momento dado la besé.
Hermosa como es y siendo yo un hombre con sangre corriendo por sus venas, los besos poco a poco se fueron haciendo más frecuentes y las caricias cada vez más íntimas.
Repentinamente encontré que no tenía inconveniente alguno en traspasar la línea que separaba nuestra cordial relación romántica para darle cabida a una cargada de sensualidad y erotismo.
Disfruté cada uno de nuestros encuentros, pero una vez pasado el remolino que me arrastraba hasta el centro de su ser, una urgencia por alejarme se apoderaba de mí como si acabara de cometer un crimen en contra de aquella jovencita.
A pesar de lo inestable de mi estado emocional, nunca volvió a pasar por mi mente la posibilidad de abandonarla, aunque tampoco fui capaz de experimentar un amor avasallador que me obligara a formalizar y fijar la fecha de nuestro matrimonio.
Una noche llegué a su casa cansado y hastiado por un día en extremo complicado en el teatro. Robert había tenido que ausentarse y me había dejado a cargo de muchos asuntos relacionados no sólo con el aspecto actoral, sino también con el aspecto administrativo y financiero de la compañía.
-Te ves cansado – me dijo acariciando mis cabellos mientras yo descansaba recostado en el sofá de la sala con los ojos cerrados.
-Lo estoy- contesté ahogadamente – este ha sido un día infernal.
-Pero ya terminó.
Su toque me hizo sentir extremadamente bien. El paso de sus manos a través de mi cabello me relajó de inmediato y de pronto pude sentir sus dedos bajar a mi rostro hasta acariciar levemente mis labios. Me estremecí y ella se apartó súbitamente. Abrí los ojos y mi mano detuvo la suya antes de que la llevara a su lado.
-No te detengas – supliqué y ella sonrió.
Me incorporé para tomarla en brazos y llevarla hasta su habitación. Aquella noche estaríamos solos porque su madre se había ido a Boston a ver a una hermana y no volvería hasta el día siguiente.
Sin prisa, sin presión alguna, nuestros cuerpos se fundieron una vez más en un abrazo íntimo que duró toda la noche.
Desperté hasta la mañana siguiente, desubicado por breves momentos al no reconocer de inmediato la atmósfera que me rodeaba. De inmediato mi mirada buscó el cuerpo de Su pero para mi sorpresa ella no estaba a mi lado.
Me puse de pie y tomé mi ropa que descansaba cuidadosamente doblada sobre un sillón cercano. Salí de la habitación llamando a Su pero ella no respondió. Bajé las escaleras al escuchar ruidos en la cocina y mi sorpresa fue grande al ver que con ayuda de la sirvienta de la casa, ella preparaba el desayuno para ambos.
Saludé y me obsequió una gran sonrisa. Nos sentamos a desayunar dando por hecho que así serían muchas de nuestras mañanas en un futuro cercano.
Algunos meses después salí de gira, cosa que Su tomó con mucha tranquilidad.
Una parte de mí se sentía muy tranquilo pues mi novia ya no me celaba y no recriminaba mi proceder. Es cierto que no era el mismo que tiempo atrás, pero fuera de nuestros encuentros sexuales nunca fui muy afectuoso con ella y una vez más me sorprendía que tomara mi comportamiento de modo tan maduro.
Todos los días le llamaba aunque no siempre la encontraba en casa. Semanas atrás había sido entrevistada para un trabajo como guionista en una televisora local y había obtenido el empleo.
Tan pronto como regresé, fui a verla y al entrar a la sala la encontré de pie sin muletas junto a la ventana viéndose como un ángel.
Cuando se percató de mi silenciosa presencia, me miró y sonriente me dijo:
-¿Sorprendido?
-Demasiado. ¿Cómo es que…?
-Llevo meses yendo a terapia y finalmente he aprendido a caminar usando una prótesis.
Me sentí eufórico ante lo que presenciaban mis ojos y corrí a abrazarla. Ella no esperaba mi reacción y se estremeció al sentir mis brazos rodeando su cuerpo pero no me aparté y le dije quedo al oído:
-Estoy muy orgulloso de ti y tus logros – me aparté un poco tan solo para mirar de cerca sus bellos ojos azules -. ¡Vamos a celebrar!
-Si no te molesta, preferiría quedarme aquí para contemplar el cielo estrellado con la luna en un extremo- expresó con timidez.
-Entonces vamos a un lugar abierto donde puedas admirar mejor el cielo y su inmensidad.
Momentos más tarde nos encontrábamos junto al camino en una carretera en Jersey. La ayudé a bajar del coche y la llevé hasta un punto donde no corriera peligro y pudiera disfrutar la belleza de la noche que parecía hacerle un regalo en cada estrella, a cambio de cada una de las lágrimas que en el pasado había tenido que derramar.
-¿Te importaría dejarme sola por un momento?
No negaré que me sentí rechazado pero yo mejor que nadie sabía lo importante que era sentir el viento en el rostro en un momento como este sin compañía alguna.
Con paso sereno me dirigí al auto y me subí en él para darle a Su la privacidad que había pedido. ¿Cuándo la chica que vivía por la admiración del mundo se había transformado en la mujer frente a mis ojos que disfrutaba más de un momento de intimidad con ella misma a estar rodeada de gente para restregarle en la cara su logro? ¿Había cambiado yo también? ¿Habíamos madurado?
Continuará…
La canción que Jen cantó, se llama "Everybody Hurts" y la interpreta originalmente un grupo
llamado "REM". También existe un "cover" del grupo "The Corrs".
