La campanilla suena avisando al personal de que ha entrado un nuevo cliente. Desde la entrada, Richard Castle observa el local. No hay mucha gente en ese momento, le gusta. Las vistas desde los ventanales son inmejorables, le gusta. Y el olor que desprenden los pastelitos de la barra le llevan a otra dimensión. Sí. Definitivamente le gusta ese lugar.

El establecimiento es amplio, con una decena de mesas situadas la mayoría formando una hilera frente a los ventanales, y un par de ellas al otro lado de la puerta colocadas entre la barra y la ventana. Una muchacha rubia lleva un pedido a una de las mesas, una mujer de mediada edad y de pelo cobrizo se encarga de fregar la vajilla y la otra muchacha morena está rellenando la vitrina donde se encuentran los pasteles y resto de dulces.

Richard ya ha elegido su asiento, al lado de la cristalera desde donde ve la cafetería al completo y a la gente de la calle que pasea en ese momento. Echa un vistazo a la carta y a los pocos segundos, la última muchacha que había visto se dirige hacia él.

-Buenas tardes. ¿Ya sabe lo que desea tomar?-le dice la joven morena con una sonrisa.

Rick se fija en su sonrisa, pero lo que más le llama la atención de ella son sus ojos, esos ojos tristes que parecen haber sido testigos de una situación espantosa. Él es escritor, o al menos lo era, y por lo tanto, observador. Se solía fijar en esas cosas, sabía ver más allá de lo que se veía a simple vista. Al parecer aún no había perdido esa cualidad, no como su inspiración que se esfumó cuando Kira tomó ese avión dirección Londres.

-Sí, claro-contesta el chico.

Vuelve a echar un breve vistazo a la carta hasta decidir lo que va a tomar.

-Mmm, tomaré un café expresso-pide dubitativo Rick-y una ración de tarta de zanahoria, por favor.

-Ahora mismo-asiente la muchacha mientras anota el pedido antes de ir a por ello.

A pesar de la tristeza reflejada en su mirada, la joven sabe cómo atender a los clientes y se esfuerza por sonreír en su puesto de trabajo. Tan absorto está en sus pensamientos que no se da cuenta de que la chica ha vuelto a su lado con su taza de café expresso, su trozo de tarta y la cuenta.

-Espero que sea de su agrado. Muchas gracias por su visita.-se despide la joven dirigiéndose de vuelta a la barra.


Al cabo de cinco minutos, una joven rubia y risueña entra al local y se dirige con paso seguro hasta donde está Kate. Se sienta en un taburete y comienza a charlar como suele hacer la menos una vez por semana sobre esa hora. Se trata de Madison, su mejor amiga en el instituto. Al contrario que Kate, al acabar la escuela ella había decidido quedarse en Nueva York y estudiar en la universidad de Columbia y a pesar de la distancia cuando la morena vivía en California, siguieron manteniendo el contacto. Madison está en plenos exámenes en la universidad pero se ha tomado la libertad de visitarla y así poder charlar con ella mientras toma un café, antes de volver a la biblioteca para seguir estudiando. La rubia sabe que a esas horas no suele haber mucho trabajo en la cafetería y que Kate está disponible para ella.

A la rubia no le gusta hablar de la universidad con Kate, pues sabe lo que ésta siempre ha pensado de esa época en la vida. Cuando aún estaban en secundaria, ambas soñaban con ir a la universidad y experimentar todo aquello que los mayores les habían contado de esa época loca o lo que habían averiguado gracias a las películas. Kate tenía muy claro lo que quería estudiar y quería esforzarse para ser la mejor abogada, y aunque a Madison le costó decidirse, la morena siempre le apoyó en cada decisión que ha tomado. Por eso, desde que Kate dejó la universidad, Madison no le cuenta mucho sobre ello, solamente lo necesario para ponerla al día de su vida. Sabe lo mucho que le duele haber dejado de estudiar. Ahora su sueño estaba truncado, y aunque sabía que su amiga estaba dispuesta a ser policía, le seguía sin gustar hablar de la universidad y tocar su fibra sensible.

Por esa razón, y para alejarla un poco de sus preocupaciones, Madison empieza a hablarle de Paul, el chico nuevo que ha conocido la semana anterior en la biblioteca de Columbia.

-Está buenísimo, Kate. Tendrías que verlo, con ese pelo castaño esos ojazos verdes y cómo le sientan los pantalones vaqueros-delira Madison-¡Es un Dios traído a la tierra!

La morena ríe con las ocurrencias de su amiga. Está segura de que le habla de un chico guapo, del montón pero su mejor amiga tiende a exagerar un poco las cosas.

-Lo mismo dijiste de Ben y resultó ser un gilipollas-la bajó a la tierra Kate.

-No seas aguafiestas, Katherine, ¿vale?. Ha pasado bastante tiempo desde lo de Ben y ha llegado Paul, mi ángel de la guarda-se defiende la rubia.

-Vale, tranquila. Entonces, además de ser un Dios griego-dramatiza Kate-¿hay algo que sepas de él? ¿Qué estudia, si tiene novia, si es buena persona, o algo de eso?

-Está estudiando Dirección de empresas según me comentó-comenta al terminar su trago de café-Y por supuesto que es buena persona, parece un buen chaval.

Kate sonríe ante las ocurrencias de su amiga, pero es tan enamoradiza como inocente y no quiere que le vuelvan a romper el corazón.

-Y...-comienza Madison dubitativa,-tiene un grupo de música con unos amigos y me ha invitado a su concierto del sábado en una de las azoteas del Upper East Side.

La morena conoce tan bien a su amiga que sabe qué es lo próximo que saldrá de su boca.

-Necesito que vengas conmigo Katherine, ¡por favor!

¡Y ahí va! La bomba que estaba esperando soltar desde que entró en la cafetería. Más que amigas parecen hermanas. No les hacen falta palabras para comunicarse, las miradas lo dicen todo.

-Madie, este fin de semana voy a estar ocupada. La próxima semana me examino de la fase práctica en las pruebas de acceso y necesito estar al 100% este semana para entrenar.

Siente tener que decirle que no a su amiga, y más cuando ésta parece tan entusiasmada, pero además del entrenamiento, debe ir de visita a un lugar el domingo, pero eso es un secreto que ni siquiera su mejor amiga sabe.

-De verdad tengo ganas de conocerle, pero este fin de semana va a ser imposible.

El gesto de decepción de Madison se hace patente en su rostro. Kate odia verla así, pero no puede hacer nada, no esta vez.

-Mira cielo, haremos una cosa.-un brillo de esperanza se refleja en la mirada de Madison.-Este sábado vas a ver su concierto, os conocéis un poquito más y si todo va bien, me cuentas qué tal ha ido y el próximo fin de semana me lo presentas, ¿qué opinas?

-¿Sabes que te quiero mucho, verdad?-y tras lanzar la pregunta, la rubia se inclina hacia la barra para abrazar fuertemente a su amiga.


El café esta en su punto. Pone su portátil sobre la mesa con la intención de hacer caso a su madre y buscar la inspiración, sin tener que esperar a que ésta venga a él. Rick echa un vistazo a su alrededor, observa lo que hacen los clientes más próximos a su mesa y abriendo un nuevo documento intenta empezar una tormenta de ideas. Durante unos minutos se mantiene concentrado en su tarea, intentando entrelazar palabras en común, ideas sueltas en la columna de la derecha del documento y cerrando los ojos para que esas ideas que se están formando en su cabeza fluyan. Mira el documento y se decepciona, no ha sacado nada en claro.

De pronto mira hacia la barra. Ve a la joven camarera que le ha atendido, sonriendo a una chica on la que parece tener confianza. Tal vez sea una amiga, o su novia, quién sabe. Esa sonrisa le produce un pinchazo en la boca del estómago y por un momento, la idea de que fuera él el motivo de esa sonrisa viene a su cabeza. Pero dura escasos segundos, pues la imagen de Kira aparece en su mente. Sabe que va a ser difícil olvidarla, lo suyo era perfecto. Pero como dice su madre, no es la primera mujer con la que ha tenido una relación seria, también tuvo una importante con Meredith, la madre de su hija, pero en este caso fue la infidelidad de esa mujer la que terminó con la pareja.

Vuelve a mirar a la chica, frunce el ceño y desafiando a su falta de inspiración comienza a teclear en su portátil. Empieza a escribir sobre esa joven, sobre sus ojos tristes, y la historia de una joven a la que la vida le ha tratado mal comienza a tener formar en el documento. Un golpe duro en plena adolescencia, la caída en las drogas intentando olvidar su vida real, la entrada en bandas de delincuentes, acciones insensatas, sentirse al borde de la muerte por culpa de una sobredosis y el ingreso en una clínica de desintoxicación.

Mira el documento satisfecho. Solamente es un conjunto de ideas sobre la que podría ser su nueva novela. Pero por ahora, le sirve.


El lunes está llegando a su fin y Richard Castle está abriendo la puerta del loft. Nada más entrar, la bella estampa que encuentra le hace sonreír. Su pequeña de cinco años está disfrazada con un vestido de la época medieval, mientras que su madre recita unas frases típicas de esos tiempos también disfrazada, pero de reina. Las dos se encuentran tan concentradas en el medio del salón que no se dan cuenta de que Rick ha entrado. Pero al cerrar la puerta, la pequeña le ve y sale corriendo a saludar a su padre.

-¡Papiiiii!-grita Alexis mientras corre hacia él.

-¿Qué tal el primer día de vacaciones, cariño?-pregunta cogiéndola en brazos.

-Genial papi. La abuela y yo hemos jugado a princesas y a dragones y ahora estábamos recitando poemas.-narra con ilusión la pequeña.

Rick dirige una mirada de gratitud hacia su madre al ver lo feliz que está su hija. Ver feliz a su pequeña es lo que más desea en el mundo.

La mujer se acerca hacia donde está su familia para besar a su hijo.

-Richard, ¿la idea ha funcionado?-pregunta curiosa.

-Sí, madre, la inspiración ha vuelto, aunque haya sido en pequeñas dosis-confiesa el joven.

-¡Perfecto!-celebra Martha. -Y ahora que has venido antes de lo que esperábamos aprovecho para cambiarme de ropa y unirme a la cena que han organizado mis amigas.

Su madre sube las escaleras con paso ligero. Siempre ha sido muy inquieta y lo de estar encerrada en casa nunca ha sido lo suyo. Le encanta pasear por el centro de la ciudad, salir de compras y por supuesto, acudir a cenas y a obras de teatro con sus amigas cuando tiene tiempo libre. Alexis también sube a su cuarto para ponerse el pijama y no ensuciarse el disfraz.

Cuando Martha baja para irse, Rick la estrecha fuertemente entre sus brazos y le agradece haberse quedado con Alexis.

-Mañana también volveré al lugar, madre. No solo he encontrado una idea, sino que también tengo claro cual será el perfil del protagonista.-le comenta Rick.

-Ya que estás generoso con los abrazos y gestos de cariño, aprovecho para decirte que he cogido tu tarjeta-confiesa Martha.

-Cara me vas a salir como niñera, madre-dice entre dientes el joven,

Y con un guiño de ojos, la mujer abandona el loft para reunirse con sus amigas.

Alexis baja las escaleras y se reúne con su padre en la cocina haciendo un gran esfuerzo para subirse al taburete, aunque finalmente es Rick el que tiene que ayudarla a sentarse.

-¿Te apetece que preparemos la cena, calabaza?-pregunta el escritor.

-¡Síiiiiiiiii!-el grito eufórico de Alexis resuena en todo el loft y su padre no puede estar más orgulloso de cómo está criando a su niña.