Aquí, una pequeña información para que no se desorienten con los aprendices y algunos de sus datos que se corresponden a esta línea de tiempo del fic:
Kiki – Aries – 10 años.
Galatea – Tauro – 11 años.
Pólux & Cástor – Géminis – 12 años.
Diavolo – Cáncer – 13 años.
Sinéad – Leo – 8 años.
Hiresh – Virgo – 10 años.
Huo – Dragón (Libra) – 10 años.
Zander – Escorpio – 12 años.
Ginebra – Sagitario – 11 años.
Santiago – Capricornio – 13 años.
Nikolai – Cisne (Acuario) – 12 años.
Astarté – Piscis – 9 años.
¡Hola!, pues aquí les traigo una actualización de Crisis Gemini, un preámbulo de lo que será el desenlace del fic. La verdad es que mientras lo escribía surgían demasiadas ideas y situaciones con los dorados como con los aprendices, y viéndolo de esta forma, comienzo a pensar que tendrá un par de capítulos más antes de terminar. Espero no sean demasiados, pero si la musa insiste como lo viene haciendo, a su servidora le tocará obedecer.
Sobra decirlo, ¡adoré sus comentarios!, para que sepan, lo del agua anda "más o menos" y sigue en veremos. A saber cuando se dignarán a hacer las cosas bien... ¡en fin!.
Kumikoson4: te tomaré la palabra respecto a Saga, y de dark... quizás si quedó un poco oscuro, pero así demuestro como un simple problema cotidiano puede acabar en algo más serio. Eli Castillo: espero que el chap te haga pensar en las situaciones de los distintos estereotipos de gemelos(?). Pushis: haha, Sinéad es un amor, la hice especialmente para resaltar esa parte del país, la mas bella a mi parecer ¡bendita seas, naturaleza!, pues sobre marginar, tal vez, y sí, Saga no es ningún santo; no te preocupes, cada uno tendrá lo que se merece u.ú y Kanon, si creo que sea el gemelo malvado, pero con todo y eso siempre fue el mismo, no como Saga que se perdió a sí mismo en su "crisis de doble personalidad" o "posesión por Ares", como lo llamen. Es por eso que Kanon es mi favorito de los gemelos y los dorados (L). Luna-sj: Aunque ya te respondí el review, te digo: espero que esta entrega sea de tu agrado.
Saint Seiya y sus personajes no me pertenecen, los OC son de mi propiedad.
Que lo disfruten.
Pescado en descomposición
Esta noche los dioses conspiraban para que el sueño le fuera imposible de digerir.
Pólux fue el primero en retirarse de la mesa, alegando haber comido suficiente y que el sueño comenzaba a pesarle, atañendo también el sentido de responsabilidad por levantarse temprano para cumplir con los horarios de entrenamiento, uno al que había faltado ese día por los problemas con las tuberías de Géminis. Saga no hizo el mayor esfuerzo por comprobar que el chico no quería estar en la misma mesa que él, que estaba molesto, profundamente molesto, pero sobretodo, estaba abatido. De la mañana a la noche le habían negado el contacto con su hermano y eso era más de lo que podía soportar en un día, para colmo, era por una razón en la que ellos no tenían culpa.
No tenían nada de culpa ¡joder!
Ahora le era imposible dormir, por más fresca que fuera la noche, con la temperatura que a él le gustaba; en una cama cómoda y bastante a gusto con su torso descubierto, las emociones no le permitían desconectarse del mundo. Sentía tanta impotencia, él que acostumbraba solucionar sus problemas de forma eficaz y sin depender de nadie, a veces, ni siquiera de su hermano, se encontraba con algo que se escapaba de su control. Estar o no estar con Cástor ya no era cosa que corriera por su cuenta, y eso solo hacía mas agrio el sentimiento, le dejaba un amargo sabor en el paladar. El sabor del odio. Un sabor que ya había experimentado antes, del que creía haber olvidado, pero que siempre regresaba para hacerle saber que sería parte de su vida más veces de las que creía.
¡Ah! ¡Largo, fuera, ya!
—¿Pólux?
La voz en el umbral sonaba lejana pero reconocible, ese tono conciliador y cuidadoso pertenecía solo a una persona que conocía.
—¿Qué quieres, Ginebra? —preguntó sin mucha amabilidad, tampoco ocultaba la irritación que venía sintiendo desde antes de pisar Sagitario.
Pólux se incorporó dejándose ver, las líneas todavía inmaduras de su pecho y los brazos trabajados por el entrenamiento y la vida forzosa de su pasado llegaron a intimidar un poco a la aprendiza del arquero, quien sintió de inmediato el peso del bochorno, rehuyendo la mirada de él. Según sus costumbres, no era correcto ver al sexo opuesto desnudo, o semi-desnudo; si en el Santuario evitar situaciones así, donde mas de medio mundo va enseñando el pecho orgullosamente, eso no disminuía ni un poco el pudor de la inglesa. El gemelo lo deducía, y para ahorrarle la incomodidad se volvió a colocar la playera sin mangas. Ginebra lo agradeció en silencio.
—Siento molestarte tan tarde —dijo, sentándose en un lado de la cama, a varios centímetros de distancia de Pólux.
—Si me molestas a todas horas creo que esto vendría a ser lo mismo —esa respuesta cortante no intimidó ni extrañó a Ginebra, después de todo, a pesar de que Pólux estuviera molesto, ella no era la mejor persona para desahogarse. La chica lo sabía, tanto como sabía que el discípulo de Saga no la tenía en alta estima precisamente. No se debía a la competencia de quien era el mas prometedor, sino a que Pólux renegaba de la existencia de alguien que pudiera ponerse a la par de muchas cosas en las que él era bueno, mas si esta persona era una niña de carácter casi aristócrata que antes de venir al Santuario era una damita de sociedad. No había vivido ni la mitad de las penurias de él y su hermano.
Y a pesar de eso, era tan fuerte como él.
Ginebra sonrió con aire comprensivo, sin dejarse abatir por la barrera que le separaba del gemelo.
—Estás así por Cástor, ¿verdad? —intuyó, el sobresalto en la mirada de Pólux le confirmó que era cierto, enseguida se recuperó esquivando los ojos verdes de ella.
—Si estás esperando alguna clase de desahogo de mi parte puedes regresar a tu habitación, dudo que a tu maestro le haga gracia que estés en el mismo cuarto que un hombre —lo último fue agregado como una nota de burla a las puritanas costumbres de los Sagitario.
—Mi maestro me conoce, no tiene porqué pensar cosas que no son, y quien no la debe no la teme —se encogió de hombros con sencillez—además, yo sé que no te gusto.
—Tienes toda la razón.
—Y a decir verdad, tú tampoco me gustas mucho.
Eso último lo tomó por sorpresa, Pólux clavó la mirada en la condescendiente sonrisa de Ginebra. Odiaba ese aire diplomático que la hacía ver tan superior, la famosa flema de los ingleses, que así estuvieran insultándote de las mil maneras siempre parecían educados. Ginebra estaba siendo educada, incluso a la hora de hablar con sinceridad aplastante. Esa analogía le arrancó una corta carcajada al turco.
—Vaya, ¡hasta que al fin coincidimos en algo! —rió, al tranquilizarse volvió a ser el mismo—, si eso es cierto, no comprendo porqué estás aquí o que diablos intentas, ¿quieres reírte de mi aparente desgracia?
—No Pólux, quiero ayudarte.
Eso último logró descolocarlo, la escrutó con la mirada sin encontrar ningún rastro de intenciones ocultas ni de burla. Hablaba enserio.
—¿Ayudarme?, ¿cómo se supone que puedes ayudarme?
—Lo que quieres es hablar con Cástor, ¿no? —Pólux se tomó unos segundos antes de asentir afirmativamente—, bien, entonces mañana nos ocuparemos de eso.
—No comprendo, ¿por qué querrías ayudarme?, ¿y cómo pretendes que vea mañana a Cástor si estaremos entrenando en lugares diferentes?, dudo que el señor Kanon y el maestro Saga quieran pisar el mismo terreno.
—Es mas sencillo de lo que crees, tú solo déjamelo a mí —le guiñó un ojo cómplice, algo que creyó jamás pasaría. Ginebra ayudándolo. Ellos trabajando juntos. Bueno, a fin de cuentas eso les esperaba en el futuro si iban a heredar las armaduras de oro, mejor se acostumbraba desde ahora. —Y sobre porqué querría ayudarte, hay un proverbio que dice: has el bien y no mires a quien.
—No me jodas, Ginebra, tú no eres Santiago y mucho menos pretendes serlo, tampoco la Madre Teresa de Calcuta.
—Hago esto sin pensar en que estoy ayudando a alguien que particularmente no me agrada mucho, sí —expresa, y su tono se aseria—pero a través de eso, estoy ayudando a alguien que si estimo mucho.
—¿A quién? —la respuesta no le vino inmediatamente, segundos después la deduciría por su cuenta.
—Buenas noches, Pólux, que descanses —se despidió ella, con la misma cortesía de siempre, y con el mismo andar altivo y resuelto dejó la habitación. A Ginebra no le importaba aclarar lo que ella pensaba que era obvio, ya que a final de cuentas, Pólux no le agradaba, eso significaba que solo podía otorgarle el mínimo de consideración, y en eso no incluía participarle que lo hacía por Cástor, quien debía sentirse igual o peor.
Fuera de la habitación, a unos pasos de la suya, estaba Aioros de brazos cruzados, aguardándola en la penumbra. Ginebra se sobresaltó ante la presencia de su maestro temiendo lo evidente, que quizás lo hubiera escuchado todo. Las orejas se le enrojecieron al instante.
—M-maestro, yo... —intentaba decir algo que no sonara a excusa barata, siendo eso imposible en el caso.
—Descuida Ginebra, no pienso regañarte —la pequeña y afable sonrisa de Aioros la liberó del peso que sentía al ser descubierta—, ve a dormir, mañana hay que levantarse temprano.
Le acarició la cabecita afectuosamente, como solía hacerlo con Aioria a esa edad, y la niña agradeció con una sonrisa limpia ese gesto de familiaridad que tanta falta le hacía a los niños como ella, los que perdieron su hogar y sus padres. Ginebra se despidió deseándole buenas noches y se encerró en su cuarto. Aioros se permitió un suspiro profundo, cansado, por lo que debía hacer frente en su cotidianidad. Porque como lo había sospechado, habían terceros que salían lastimados en la separación de Géminis.
Volvió a la sala, donde con la ayuda de Saga limpió los restos de la cena y dejó la cocina en orden. Después le enseñó la tercera habitación de huéspedes que estaba lista para usarse. Antes de irse, se volvió a hacer una última pregunta de la noche a Saga:
—¿Mañana continuarás supervisando la reparación en Géminis?
—Sí Aioros, descuida, no pienso quedarme en Sagitario toda la vida —le respondió en tono de broma, ocultando la sutil ofensa de lo que creía, el arquero sugería con la pregunta.
—Me refería más a la parte en que si todo se soluciona en Géminis, entonces, volverías a convivir con Kanon.
La aclaratoria de Aioros hizo que Saga enmudeciera varios segundos, técnicamente lo que decía era cierto, después ocuparía Géminis y todo sería como antes, pero ese solo era el aspecto técnico que no iba más allá de lo que Aioros pudiera ver acerca de sus problemas con Kanon, o eso creía en su manera de ver a su viejo amigo. Era más serio. Él como regente oficial de la casa podría regresar allí sin problemas, y con todo el derecho, pero de Kanon no podía decirse lo mismo. Quizás en ese momento su gemelo lo estaba pensando y decidiendo que hacer, a lo que concluyó una sola cosa: Kanon no era tan emocional como para permitir que esa pelea afectara su estabilidad, regresaría a Géminis y todo sería como antes, solo tendría que disimular las ganas de asesinarlo con sus propias manos.
Saga sonrió tranquilamente para sorpresa de Aioros.
—Tú no te preocupes por él, sabe lo que le conviene.
O eso creía, y se esforzaba en creer. Hace mucho tiempo que no advertía en Kanon tan abiertamente el resentimiento que le guardaba, por todo, por absolutamente todo.
Aioros asintió y le deseó un sueño grato al despedirse.
Así Sagitario se quedó en silencio hasta el amanecer.
LOL
Los dioses tampoco eran tan benevolentes con el menor de los gemelos aprendices. Cástor daba vueltas en la cama que el discípulo de Escorpio preparó para él en la misma alcoba, trataba de no molestar a este que aparentemente dormía de espaldas a él, en la cama de al lado, no deseaba hacer su situación mas estorbosa de lo que ya creía que era. Pero resultaba imposible, las mismas emociones que sentía su gemelo, las que también él tenía atoradas en el pecho, se lo impedían, y al no tener manera de sacarlas que no fuera arrancándose el corazón de cuajo solo podía dar vueltas, y más vueltas. Al final, sin quererlo, soltó un gemido de exasperación casi dándole un espacio a las lágrimas, lo cual no llegó a suceder, porque la vida y su entrenamiento le habían enseñado que llorar no solucionaba las cosas, y en cambio te debilitaba, ganando una pequeña jaqueca como premio de consolación.
—Oye, si te sientes mal solo dilo.
Zander estaba acostado de lado, con vista a la cama de Cástor. El gemelo se quedó boca arriba, cerró los ojos intentando fingir que no había escuchado nada, y que procuraba dormir, cosa que hasta a él le resultaba estúpido sabiendo que el peliverde lo sabía despierto, pero a su juicio, no debía ni tenía permitido relacionarse con nadie que no fuera Géminis. Así que mejor evitaba la conversación.
Lo que él no conocía del discípulo de Milo, era que compartía la misma terquedad de su maestro a la hora de conseguir lo que se proponían. Sintió el peso de Zander en la cama, abrió los ojos y lo encontró sentado a su lado, con las piernas recogidas y una simpática sonrisa que desconocía el motivo de su aparición. A la luz de la luna entrando en el cuarto a través de la ventana, adquiría un aire de duende, de esos que te visitan en las noches para jalarte los pies mientras duermes, solo que este duende tenía una melena verde radioactivo claro y lucía amigable, a pesar del reclamante brillo de sus dorados ojos. Cástor lucía un poco inseguro ante ese brillo.
—No puedes dormir porque tu maestro te trajo aquí a la fuerza, ¿verdad?
El gemelo se incorporó quedando sentado, de frente a Zander, viendo que resultaba imposible rehuir la conversación, y en parte, era la segunda vez que hablaba a gusto con alguien de su rango. No podía negarse el privilegio de compartir un poco con otros, aunque las reglas y la discriminación se lo prohibieran, su humanidad lo exigía.
—Sí... —admitió, bajando un poco la mirada—, era eso, o me olvidaba del entrenamiento de caballero, y eso definitivamente me alejaría de Pólux para siempre.
Entonces, el pequeño escorpión comprendió porqué forzosamente existía ese oscuro segundo lugar en la casa de Géminis, los lazos de sangre de Pólux y Cástor no eran lo único que los ataba, ahí había amor de hermanos, y por eso Cástor soportaba tantas humillaciones. Podía imaginar que se tenían de toda la vida, y que la separación era un golpe repentino y doloroso para ambos. Si eso perduraba, ¿serían como sus maestros?, ¿se odiarían o se tratarían con indiferencia?, ¿algún día todo ese dolor que Cástor soportaba en silencio serviría de odio contra Pólux?.
—No es justo.
—¿Eh?
Zander frunció el entrecejo, su voz llena de energía sorprendió a Cástor.
—¡¿Por qué se supone que debes aguantar esto tú solo?, ¡no me importa si Pólux lo sabe y se muerde los labios!, ¡no hace nada para cambiarlo!, ¡y tú tampoco haces nada!, ¡te dejas y aguantas toda esa mierda en silencio!
El gemelo quedó aturdido, y no supo que hacer cuando Zander le tomó de los hombros para sacudirlo mientras continuaba desquitando, sin darse cuenta, una parte de lo que Cástor se negaba a ver en su interior.
—No soporto a la gente que se deja golpear, y mucho menos que no se valora ¡y así aspiras a ser caballero de Athena...!
—Si sigues gritando así tu maestro vendrá y nos retará.
Esa suave advertencia hizo que Zander se sonrojara de vergüenza y lo soltara, Cástor igual no entendía a qué venía ese repentino arranque del chico, pero sus palabras, duras y toscas, le habían sentado bien.
—Lo siento, por alzar la voz, no me arrepiento de lo que he dicho —se disculpó, sosteniendo la mirada con resolución—, los hombres no se arrepienten de lo que dice su corazón, eso me dijo mi maestro.
—Tu maestro es orgulloso —Zander iba a replicar, considerando que Cástor lo decía como algo malo—, pero es lo que le hace admirable, eso pienso.
—¡P-pues claro que es admirable! —defendió el peliverde, repentinamente emocionado—¡el maestro Milo es uno de los caballeros dorados!, ¡de los más poderosos del mundo!
—Se nota que lo admiras mucho —sonrió Cástor, quizás conmovido por el brillo que aparecía en los ojos del pequeño escorpión al referirse a su maestro. Pensaba que la relación de ellos debía ser especial para que Zander sintiera esa devoción.
Cástor se rió con desenfado, fue algo suave, ligero, y sin mala intención. Zander al principio pensó en espetar, y desistió tras ver que la tensión en el gemelo había desaparecido y que, en resumen, había logrado su objetivo, hacerlo sentir mejor, aunque lo hubiese hecho sin planear la manera, había salido demasiado natural y por su cuenta. Se cruzó de brazos y apartó la vista fingiendo molestia.
—Jm, vaya, hasta que por fin te ríes. Que conste, lo dejo pasar por ahora, pero que no se haga costumbre ¿eh?, a mi nadie me toma por payaso —soltó muy orgulloso.
—Vale —sofocó las risas—, y gracias, Za... —trataba de acordarse del nombre del discípulo de la casa, pero lo había olvidado.
—Zander, me llamo Zander —reiteró, le extendió la mano para un apretón, y Cástor se la dio aceptando el gesto—, es un placer, pero para ti, claro —sonrió socarrón.
—Mi nombre es Cástor, aunque quizás ya lo sabes —dijo, suponiendo la obviedad de que si su hermano mayor era Pólux, él se llamaba Cástor, como en la mitología.
—Sí, era de suponer, como Pólux y Cástor, los Dioscuros —el gemelo menor asintió—, la verdad no te pareces tanto a tu hermano, aunque sean gemelos idénticos... creo que se distinguen.
—¿Enserio lo crees?
—Pólux es mas vanidoso, a veces me parece un poco arrogante, pero tú eres más flexible, creo, o debe ser porque eres más calmado.
—Más apagado, querrás decir...
—Como sea, son diferentes —retomó Zander, tratando de no caer en la cuestión de la luz y la sombra de Géminis—, no suelo tratar mucho con Pólux, la verdad es que a veces pienso que no le interesa hacer amistades aquí. Siempre está mas ocupado tratando de sobresalir en los entrenamientos.
Cástor asintió, para él tampoco eso era una novedad. Dejando de lado los horarios de entrenamiento tan estrictos, que daban muy poco espacio al tiempo de socializar con otros, Pólux ni siquiera se esforzaba por entablar una conversación amena, un saludo o despedida de sus conocidos. Simplemente iba y venía a hacer lo que le tocaba sin esperar más intervenciones. La única que conseguía quitarle algo mas de ese tiempo, era la discípula de Aioria, que estaba empeñada en medirse con él, siendo la aprendiz mas atrasada por su edad, y también por sus hábitos selváticos; aunque algunos dorados, y el mismo Pólux decían que gozaba de un gran potencial, solo que era difícil de modelar para que fuera aprovechable.
—Pólux está casi tan solo como yo, y ahora con esto... lo estamos más.
—Entiendo —Zander se cruzó de brazos adoptando una posición pensativa—¿has pensado qué hacer al respecto?
—¿Hacer? —parpadeó—¿qué se puede hacer cuando nuestros maestros no quieren ni verse la cara?
—Vamos, Cástor, por más maestros que ellos sean de ustedes, no son sus amos, pueden verse cuando les de la gana.
—No es tan simple, recuerda los horarios, y te apuesto lo que quieras a que el maestro Kanon elegirá un lugar lo más alejado del señor Saga y de mi hermano.
—Pueden verse en los descansos —resolvió Zander—, pero antes deberían quedar de verse en algún lugar, y saber donde estará cada uno, mm... —comenzó a rascarse la cabeza, buscando la manera de encajar una buena idea, hasta que llegó una. —¡Lo tengo!, mañana averiguaremos donde se está quedando Pólux, seguro alguno de los chicos debe saberlo, y de ahí será fácil localizarlo.
—Suena bien —Cástor sonrió, contagiado del entusiasmo del escorpión que le comenzaba a caer bien.
—Y cuando lo encontremos mañana, veremos lo demás.
—¿Lo demás?
—Claro, ¿o crees que con verse así todos los días soluciona el problema? —eso lo sabía Cástor, pero en su desesperación había dado por perdida la oportunidad de que las cosas se arreglaran—, sus maestros no pueden estar peleados toda la vida, y dudo que el maestro Milo quiera a tu maestro como inquilino por tiempo indefinido.
—Cierto, pero...
—¡Pero nada!, ¡mañana encontraremos la forma de que se arreglen! —un amplio bostezo acompañó sus palabras. Zander regresó a su cama metiéndose en las sábanas—, que duermas bien, Cástor.
—Igual tú, Zander —le dijo haciendo lo mismo que el otro chico, volviendo a estar boca arriba—, y gracias...
—No hay de qué.
—¿Por qué lo haces? —preguntó, con curiosidad, la misma pregunta que meses atrás le había hecho a Ginebra.
—¿Y por qué no? —de espaldas, hablaba el peliverde—, ya te lo dije, me molesta ver a la gente triste, y si voy a tenerte como compañero de cuarto durante un tiempo, por lo menos espero que no parezcas un fantasma depresivo.
—Pensé que eras mas tolerante, me refiero —trató de recordar las pocas veces en que había visto al discípulo de Escorpio, sin conocerlo mas que de vista— como siempre estás con ese chico de Acuario...
—Nikolai tiene problemas para expresar sus emociones gesticulando —explicó sin ofenderse—, en realidad no sé que rara enfermedad tiene o que tiene metido en la cabeza, pero esa es su manera de ser. No quiere decir que no sienta alegrías o tristezas, es solo que no sabe, no quiere o no puede expresarlas la mayor parte del día.
—Ya.
—Además —suspiró hondo—, con esa cara soñolienta es fácil dejarse engañar, a veces ni sabes cuando está siendo sarcástico, o se está burlando de ti.
—Debe ser genial tener a alguien así, me refiero, se nota que son muy amigos—sonrió—ustedes están bien conectados.
—No siempre fue así, y antes de que digas lo de nuestros maestros, al inicio yo odiaba a Niko.
—¿Lo odiabas?
—Porque no lo entendía, fue después con el tiempo que pude ver mas allá de su inmutabilidad. Es un genio, detesto reconocerlo, pero he quedado como un imbécil muchas veces cuando hablo con él, y siempre se toma la molestia de explicarme las cosas sin reírse de mi ignorancia, de enseñarme lo que sabe, aunque la mayoría de las veces no me interesa o me aburren. —Zander cayó en la cuenta de lo mucho que extrañaba a su amigo, aunque se hubiera ido solo por un día; empezaría a creer eso de las maldiciones de los signos que siempre se relacionaban o chocaban. Como Sagitario y Géminis, Cáncer y Piscis, Escorpio y Acuario, Libra y Aries. Solo pensarlo le ilusionaba tanto como le aterraba. —Creo que podía ser algo parecido a lo tuyo con Pólux, ¿no?
—No lo sé... no sé si la amistad se parece a la hermandad, ya que nunca he tenido amigos —admitió, tratando de no sonar lastimero, no buscaba conmover a Zander. Ya había comprobado su naturaleza emotiva y lo último que quería era aprovecharse de ella para sentirse mejor.
—Entiendo —si Zander era consciente de eso, o era muy inocente para ignorarlo, no lo dio a demostrar, o no le interesaba a fin de cuentas. Actuaba según su sentir y lo que quería. —Pues, será con el tiempo que lo descubras. Yo al menos no sé lo que es tener un gemelo, pero si se algo de la diferencia entre amigos y hermanos.
—¿Eh? —Cástor no comprendió eso último, lo que si captó fue la indirecta que había en esa anécdota, algo del pasado de Zander.
Zander iba a decir "nada, buenas noches, Cástor", pero se le adelantó Milo apareciendo en el umbral de la puerta con cara de pocos amigos, y la aguja en su dedo amenazante.
—Al siguiente que grite y no deje dormir, le haré sentir el dolor mas fuerte que jamás sentirá en su miserable vida —habló con todo el enojo que puede tener una persona como Milo levantada por los escándalos de su pupilo y el constante cuchicheo que se escuchaba del otro lado de la habitación, la suya. —Así que a dormir. Mañana no la contarás, Zander.
El aludido tragó saliva ruidosamente, sabía lo que eso significaba.
—Lo siento, maestro Milo —murmuró arrepentido.
—Eso no disminuirá el entrenamiento de mañana, pero acepto tus disculpas —fue la única amabilidad que mostró tras eso—duerman, les espera un día duro.
Los pupilos obedecieron echándose las mantas hasta la cabeza, intimidados o resignados a lo que les tocaba dentro de unas horas, especialmente a Zander. Satisfecho con eso, Milo los dejó descansar, volviendo a la sala con intenciones de llegar a la cocina por un vaso de agua. No le sorprendió en lo absoluto encontrar a Kanon despierto, adelantándose a lo que él iba a hacer. Por su expresión debía saber que venía de reprender a los chicos, y que habría escuchado alguna parte de esa conversación, como él desde su pieza.
—¿Te sirvo? —invitó Kanon, aunque esa jarra fuera propiedad de Escorpio.
—Sí, gracias —pidió Milo viendo como el gemelo sacaba con total confianza uno de los vasos de vidrio de la despensa y vertía en el la misma cantidad de agua que en su vaso. Se lo extendió y Milo lo tomó, bebió un largo trago.
—Es la primera vez que escucho a Cástor hablar tanto, con alguien de su edad me refiero. —Comentó Kanon, como no queriendo sacar el tema a colación, pero igualmente movido a hacerlo.
—Eso es bueno, que los chicos hagan amistades con sus camaradas les servirá bastante en el futuro, quizás por eso Athena y el Patriarca insisten en mantenerlos aquí por ahora —Milo dejó el vaso en un lado del fregadero, cerca del de Kanon, ligeramente separado para no confundirlo.
—Sabes que el caso de Cástor no es como el de los otros.
—¿Y por qué, Kanon?, ¿Por qué no puede ser como los otros?
—Porque es el menor, y las estúpidas reglas de aquí no lo dejarán avanzar.
Dijo esas palabras muy a pesar de que la persona que le escuchaba, era la misma que le estaba ofreciendo su hospitalidad, y la misma que también seguía casi ciegamente los lineamientos del Santuario. Aún así, Kanon no pensaba disculparse, ni retractarse, por primera vez quería ser sincero con la rabia que sentía sin pensar en su propia conveniencia.
—¿Qué tan seguro estás de eso? —la pregunta de Milo lo tomó desprevenido, el griego lo miraba escrutando, cruzado de brazos, haciendo oídos sordos al insulto—, escucha, tanto tú, como yo, como muchos de los que estamos cuidando las doce casas, tenemos nuestras opiniones respecto a las leyes de Athena y el Patriarca, pero si algo sé, Kanon, es que los seres humanos cometemos errores, incluso a la hora de escribir las leyes. Nada pierdes con intentar hacer valer tu opinión.
—¿Qué nada pierdo?, ¡joder, Milo!, ¡soy nadie aquí!, ¡apenas y me dirigen el saludo porque Athena me perdonó y me aceptó de vuelta!, ¡me tratan peor que a Aioria en su tiempo como paria!
—Y eso te lo tienes bien merecido —reafirmó indolente de la rabia que sentía Kanon.
—Ya se que nadie me mandó a manipular a un dios y confabular una guerra, eso lo tengo siempre presente, y es por ello que no puedo ni tengo moral de pedir un cambio de paradigma. Fue una suerte que Shion me permitiera tener a Cástor de discípulo, aunque ni idea de para qué si terminará igual que y-...
No terminó de decir "yo" porque el puño de Milo no se lo permitió, los nudillos hicieron un ruido seco contra la mejilla del gemelo dorado, y después vino el silencio. Kanon se colocó la mano en la zona herida sin entender a qué se debía ese golpe, algo de lo que significaba el puñetazo de Milo le impedía devolvérselo, era como si llevara consigo un mensaje. Y el mensaje venía escrito ahí, y en los ojos azules del escorpión dorado que lo observaban con severidad.
—No sé en qué demonios estarán pensando Saga y tú respecto a sus alumnos, tampoco quiero ni me interesa entrometerme, pero veo que cada uno quiere hacer una réplica de sí mismo en esos niños... —Milo frunció el entrecejo, y Kanon supo que estaba molesto, profundamente molesto. —Y lo siento, Kanon, con un traidor nos basta para que se nos sume en el futuro un segundo para este siglo, lo mismo digo de Saga, con un ambicioso manipulador tenemos en la historia del Santuario. Pólux y Cástor no tienen la culpa de que ustedes, un par de inadaptados, hayan hecho lo que hicieron. Así que comienza a pensar en qué hubieras querido que hicieran para evitar que te convirtieras en lo que eres, o lo que fuiste.
—Lo dices como si fuera sencillo.
—Se que no lo es, pero hasta tú con todos tus pecados estás aquí por una razón, esos niños también tienen sus razones —Milo hizo una pausa para beber todo el contenido de su vaso, lo lavó en el fregadero y acomodó de vuelta a su lugar. —Eres su maestro, debes entender a Cástor. No voy a darte lecciones de cómo llevar a tu alumno, pero opino que deberías poner de su parte, ya que su futuro como caballero cayó en tus manos, para bien o para mal.
Dio pasos con intenciones de volver a su dormitorio, se detuvo solo para añadir algo más:
—Cuando acabes, lava ese vaso y guárdalo donde estaba.
Kanon lo hizo, y también se fue a dormir. Esa noche soñó con Cabo Sunnion, pero no era él quien se ahogaba en la prisión submarina, Cástor tomaba ese papel ahí. La pesadilla no lo dejó pensar en otra cosa más que evitar ese destino, Milo tenía toda la razón, por primera vez, si quería hacer algo bien, tendría que dejar a un lado su egoísmo para impedir esa suerte en su pupilo. Si nunca había creído en el destino de los mortales, en que el futuro se graba en las estrellas y en esas tonterías, pues ahora debía hacerlo con mayor fervor, porque lo necesitaría para romper la maldición, la suya y la de Cástor.
La primera noche en Escorpio fue mala, pero también fue el comienzo de una silenciosa guerra contra el oscuro mundo de Géminis.
LOL
Aioros despertó con la sensación de haber dormido más de lo usual, se estrujó la cara con las dos manos tratando de espantar el sueño y de convencer a su cuerpo, y a su mente, que el día ya daba inicio, necesitando estar en plenas facultades para cumplir con la rutina. Antes de poner los pies fuera de la cama, se dio cuenta de dos cosas: la primera fue que Ginebra y Pólux no se encontraban en Sagitario, sus cosmos, todavía inmaduros, no se sentían; y la segunda fue de Saga entrando a la habitación, con una bandeja de desayuno en las manos. El arquero prefirió sonreír tras la sorpresa, y como siempre, ver la inusual situación por el lado amable.
—Oh, eso se ve suculento —elogió.
—¿Te parece? —sonrió el contrario con amabilidad poco vista en Saga, al menos no para ese tiempo y después de todo lo ocurrido con Arles. —Fue un poco complicado preparar algo decente, cuando miré el refrigerador me sentí bastante desorientado.
—Vaya, ¿y eso? —Aioros parpadeó sin comprender en absoluto la señal que Saga había mandado sin querer sobre sus provisiones. Le fue mas claro cuando en la bandeja, al colocarla sobre sus piernas, se encontró bastante desorientado. En lugar del pan con mermelada y las rebanadas de queso había un plato de atol de crema de maíz, un cuenco con frutas picadas y algunas galletas sin sal; el lugar del té con leche había un vaso de avena con leche. Aioros que se había acostumbrado a la elegancia y ligereza de los desayunos de Ginebra se encontró con un mar de platillos sin orden ni combinación de sabores; su estómago le advertía la pesadez de antemano. Sin embargo, delante de las buenas intenciones de Saga, no pretendía hacerle feo a su gesto, por lo que usó toda su simpatía para disfrazar la incomodidad. —Parece un festín, cielos, no tenías que esmerarte tanto, Saga...
—Creí que era lo mínimo que podía hacer por ti, por dejar que Pólux y yo nos quedemos —se encogió de hombros, ajeno a los verdaderos sentimientos del arquero y concentrado en la adulación de la labor que lo tenía altivo—, de verdad, se me hizo difícil cuando miré lo que había... ese queso deshidratado estaba demasiado rígido, y todo lo que había era té y más té. Me sorprende lo mucho que te dejaste influenciar por la pequeña extranjera.
—Ginebra se siente cómoda manteniendo ciertas cosas de su país, nadie la puede juzgar mal por eso —respondió Aioros, quitando la vista de la bandeja para posarla en Saga—, y en parte, le agarré gusto a la comida inglesa, tampoco es tan distinta de la que estamos acostumbrados.
—Tienes razón —alegó Saga con un breve asentir y una sonrisa que a Aioros le pareció condescendiente, de las que a veces usaba Ginebra para encubrir lo que sentía bajo una máscara de diplomacia.
—¿Sabes a dónde fueron Ginebra y Pólux?
—Están en Rodorio, fueron por leche. La que había se terminó.
—Ah cielos, pero... nosotros esperamos a la provisión de Atenas.
—¿Enserio?, a mi siempre me ha gustado más la de Rodorio, la siento más natural.
—Sí pero... la de Atenas es descremada, Saga.
—Se me olvidaba que eres un poco quisquilloso con los lácteos —el gemelo negó con la cabeza—, vale, pero por ahora sobrevive un poco con la que traerán los chicos —sonrió—, tampoco es para tanto.
—Cierto.
—Disfruta el desayuno, en poco debemos movernos al coliseo —avisó antes de irse—, recuerda que hoy les toca a los nuestros.
Aioros asintió, y se quedó frente a la batalla campal que representaba su desayuno en cama. Esa cortesía de Saga le resultaba en cierta forma pesada, y no quería imaginarse si así eran los primeros días, cómo sería a las semanas, los meses...
Aioros no quería pensar, pero con cada bocado del atol, pensaba, y se convencía de que más pronto que tarde debería intervenir para solucionar los problemas de Géminis.
LOL
—Quien iba a pensarlo...
—¿Hm?
—¡Que tu maestro era un barril sin fondo!
Esa queja venía de Zander, caminaba al lado de Cástor por el recién abierto automercado de Rodorio, el gemelo aprendiz arrastraba un carrito lleno de vegetales, fiambre, enlatados, carnes varias, aderezos y algunas cajas de cereal azucarado. Llegaron a la parte de las frutas y el chico de Escorpio comenzó a meter tres kilos de manzana verde y otros tres kilos de las amarillas, Zander ya le había hablado antes a Cástor sobre su afición por las manzanas verdes, y que su maestro las prefería amarillas. Por su parte no tenía especial gusto entre las frutas, pero había insistido en llevar cereal de la marca Flips*.
La razón de que estuvieran haciendo mercado tan temprano y con el desayuno todavía bajándoles al estómago, era porque a Kanon de Géminis se le había ocurrido la flamante idea de halagar a sus hospedadores con un desayuno bastante completo... tan completo que agotó las reservas de Escorpio. Como Milo y Zander ya venían acostumbrados a comer pesado desde temprano se dieron el lujo de deleitarse con la variopinta gastronomía geminiana, y todo fue bien hasta que se dieron cuenta de lo pelado que había quedado el refrigerador y que las bolsas de basura estaban a reventar. A los mas jovencitos les tocó deshacerse de esos lotes bajando ocho templos, y como deberían subir en breve con las bolsas de mercado, sumando los antojos, se convertían en el perfecto calentamiento matador antes de ir al coliseo.
Zander no había parado de maldecir a Kanon en el trayecto, y Cástor, en silencio, lo acompañaba en su faena.
—Mejor no llevemos nada más, se nos hará mas difícil cuando crucemos los templos —sugirió el gemelo, empujando el carrito con miras a la caja registradora.
—Me parece bien, siempre podemos decir que no-...
Zander interrumpió el "siempre podemos decir que no encontramos lo demás" al avistar en una de las cajas de pago al gemelo de Cástor, en compañía de una chica castaña rojiza que llevaba el pelo recogido en una cola alta, cuyos ojos verdes se posaron en ellos al instante de sentirse observada. Cástor dijo su nombre en voz baja, y como si ella lo hubiese escuchado, se acercó casi corriendo al encuentro, Pólux hizo lo mismo después de ocuparse del pago de los víveres, apurado de ver a su hermano.
—¿Y qué es todo esto? —preguntó Ginebra, echando un vistazo al carrito de la compra de los chicos, casi a rebosar—, no me digan que pretenden...
—Nos toca —refunfuñó Zander—por culpa del bastardo del señor Kanon.
—¡Zander!, ¡está mal insultar a un caballero!, ¡y mas si este es de oro! —le riñó la chica, pellizcándole la mejilla en reprimenda—¿qué no vez que es el maestro de Cástor?
—Ni te preocupes por eso Ginebra, yo también pienso que es un bastardo —la contestación del gemelo menor la dejó con la boca abierta, Pólux rió por esa expresión y abrazó a su hermano de los hombros con complicidad. —Pero es un bastardo que no la ha pasado bien, y un bastardo al que respeto.
—Digo lo mismo sobre el maestro Saga —admitió Pólux—, no son santos aunque tengan el título, pero igual los aceptamos así, que nos queda. Además —rió entre dientes—también son divertidos, a su manera.
—¿Extrañas sus peleas en las mañanas?
—Sí, por un lado, era divertido ver como trataban de matarse. Aunque eso nos retrasaba el desayuno.
Ginebra parpadeó al principio atolondrada, por la manera en como los niños de Géminis pensaban y se referían a sus maestros, después de comprender que si existía un vínculo de "afecto" entre ellos sonrió. Quizás no lo entendía ahora, ni lo fuera a entender nunca, pero los gemelos guardaban un cariño particular hacia sus maestros, aún cuando ellos los estaban haciendo infelices, y tal vez, sin darse cuenta, les estuvieran provocando un daño que podría ser irreversible.
—Todo muy bonito y eso, pero no quita que ahora nos vamos a joder la espalda subiendo kilos y KILOS de comida de aquí al Santuario y de Aries a Escorpio. —La realidad que Zander exponía golpeó a Cástor e hizo torcer la sonrisa del gusto que le daba encontrarse con su hermano y Ginebra. —¡Y pensar que en una hora el maestro Milo me hará sentir en el infierno de Esparta! —se lamentó, para nada olvidaba la advertencia de anoche.
Pagaron y se armaron con los sacos a la espalda, Pólux decidió ayudarles y dejó a Ginebra a cargo de llevar la leche y otras cosas a Sagitario, la chica estuvo de acuerdo y en el camino se acompañaron, hablando del tema más reciente de los templos del zodiaco y que estaba en la boca de maestros y aprendices.
—Esta situación no puede continuar —concluyó Ginebra—, que Pólux y el señor Saga se queden en Sagitario, y que Cástor y el señor Kanon en Escorpio. A la larga alterarán las actividades y las vidas de sus residentes.
—Ni que lo digas, no quiero soportar otro mercado masivo antes de ir a entrenar —masculló Zander—, todavía saboreo el desayuno en la boca.
—Pero ellos están negados a hablar —Cástor recordó lo que le había dicho Kanon antes de salir de Escorpio—, y parece que el maestro Kanon piensa en buscar otro lugar para mi entrenamiento...
—Lo sospeché —Pólux chasqueó la lengua—, y el maestro Saga hablará con el Patriarca para las reparaciones de Géminis.
—No entiendo nada —Zander sacudió la cabeza—, los adultos se complican demasiado, ¿qué no basta con arreglar las tuberías para que regresen a Géminis?
—El problema, Zander, es que ellos están peleados —explicó Ginebra—, y pensando un poco, el dueño del templo, a modo oficial, es el señor Saga, la armadura le pertenece a él legítimamente. Solo que...
—La comparte con su hermano —completa Pólux—, así funciona Géminis.
—Un primero, y un segundo —añade Cástor, con aire resignado—la luz y la sombra.
—Al diablo con eso —escupió Zander, obstinado—, la cosa es que arreglen sus problemas y dejen de joder a las otras casas.
—Es al punto que voy —indica Ginebra haciéndole saber con la mirada al joven escorpión que le disgustaba su lenguaje vulgar—, el problema técnico son las tuberías, eso puede tardar hasta meses, pero puede demorar más si sus regentes no ponen empeño. Por ese lado dudo que haya menores problemas, pero lo difícil será que una vez se solucione eso vuelvan a convivir como antes.
—El señor Kanon es quien está molesto, y el maestro Saga no tiene la más mínima intención de arreglar las cosas —todos miraron a Pólux—, imagino que espera a que se le pase la molestia o que vuelva a pesar de todo, por no perder su puesto en Géminis.
—Yo dudo que eso suceda ahora —reflexionó su hermano—, el maestro Kanon parece decidido a olvidarse del señor Saga.
—¡Aaaaah!, ¡me duele la cabeza de tanto pensar!, ¡solamente estamos dando vueltas al problema!
—Tranquilo, Zander, yo ya tengo a las personas que nos pueden ayudar —ahora las miradas se enfocaron en Ginebra—, pero necesito tu ayuda.
—¿Mi ayuda?
—Después de tu entrenamiento —Zander hizo una mueca al recordarlo—, buscarás a Diavolo, y también le pedirás que contacte con Astarté.
—¿Ah?, ¡espera!, ¡¿por qué yo tengo que hablar con ese imbécil?
—Porque los dos se llevan de maravilla —la sonrisa angelical de Ginebra contradecía mucho lo que Zander pensaba al respecto. Si había una persona que deseaba con todo fervor hacerle morder el polvo era al discípulo de Cáncer. —Y eres el único que soporta hablar con él, aparte de Astarté y Nikolai.
—¡Claro que soporto hablar con él!, ¡lo odio!
—¡Exacto! —lo palmeó ella antes de despedirse en Escorpio, para continuar hasta Sagitario—por eso eres perfecto para el trabajo~
Zander no entendía ni mierdas la lógica de la pequeña arquera, y tampoco le importaba, pero quedar a cargo de dialogar con quien consideraba su archienemigo no era una labor que le hiciera gracia, y menos después de quedar apaleado por el entrenamiento que su maestro le prometía. Pólux se despidió de su hermano con la promesa en los ojos de volverse a ver apenas pudieran, ver a Cástor mas animado a conseguir una solución le servía de motivación para hacer aun lado su orgullo y pedirle al diabólico discípulo de Cáncer su colaboración para lo que fuera que estuviera pensando Ginebra.
Así que el pequeño escorpión inspiró hondo, y entró en el templo con el saco de comida a cuestas.
LOL
Mientras los niños iban a hacer la compra, Kanon aprovechó de subir los templos restantes con destino al recinto del Patriarca. Shion no esperaba a nadie tan temprano, y menos al gemelo menor de Géminis, sin embargo, él que todo lo sabía, y de todo lo que sucediera en el Santuario se enteraba, no se extrañó por completo de su visita. Hace días, su diosa prevenía interferencias en la constelación del tercer templo, cuando se enteró del problema con las tuberías de Géminis pensó que no se correspondía al mal augurio que ameritaba la advertencia de las estrellas, pero ahora que tenía a Kanon de frente a donde él acostumbraba sentarse, el trono papal, esperaba la confirmación del verdadero problema.
Kanon hincó una rodilla, como acostumbraban los caballeros al dirigirse a figuras importantes como Athena y su representante en la tierra. Shion le instó a que expusiera el motivo de su visita:
—¿A qué se debe tan temprana visita, Kanon?
Se tomó unos segundos antes de elevar el rostro y mirar directamente al Patriarca a los ojos, que habían vuelto a su color de antaño tras resucitar por la mano de los dioses. Resurrección cuyo precio debían pagar tarde o temprano. Kanon lo sabía, como todos los caballeros dorados, como Athena, y por eso estaba allí, apremiante contra el tiempo contado.
—Quiero averiguar la posibilidad de que mi alumno, Cástor, sea capaz de optar por una armadura ajena a la de Géminis. —Expresó, el silencio de Shion le invitaba a continuar con la explicación de sus motivos, y Kanon no la desaprovechó. —Como sabe, se tomó la decisión de que Pólux reunía las condiciones necesarias para ser un candidato a la armadura de Géminis, y se que Cástor solo cuenta como segunda opción, lo cual me parece... un desperdicio, tomando en cuenta nuestra situación actual.
—Continúa.
—Cástor tiene el mismo potencial de Pólux para convertirse en un caballero dorado, sin embargo, siempre en estos casos se ha designado al gemelo mayor para el puesto —Kanon tuvo que esforzarse por no sonar resentido, si Shion se percató procuró no demostrarlo o ignorarlo. —Por eso, me gustaría tantear la posibilidad de que pueda optar a una armadura distinta que compense sus capacidades.
Las palabras de Kanon antecedieron a un repentino silencio que lo pusieron en tensión, por primera vez en muchísimo tiempo estaba actuando por el bien de alguien más, y no pensando en sí mismo. Tal vez eso no fuera del todo cierto y estuviera usando inconscientemente esa oportunidad para redimir una parte de sí, sentir que todavía era capaz de vencer esa maldición aún cuando ya era tarde para remediar las cosas. Si lograba hacer que Cástor brillara, una parte de él brillaría a su lado, y aunque eso no le hiciera feliz, le llenaría de una gran satisfacción personal.
Shion tenía más de una razón para denegar esa propuesta, pero los años, la experiencia con Saga y Kanon por partes separadas, le enseñaron a que la vida siempre te da oportunidades para remediar los errores, no los del pasado, sino los que sabes que estás a punto de cometer, y solo personas que han tropezado con la misma piedra dos o más veces saben identificar esos instantes, como era el caso de Shion. El Patriarca buscó las intenciones de Kanon con sus pupilas terracota, y encontró al mismo hombre que engañó a su propio hermano y al dios enemigo de Athena. El mismo que sufrió, y todavía sufría, una redención turbulenta y continua. ¿Acaso le desearía el mismo futuro a un niño todavía inocente?
—Antes de darte una respuesta, quiero saber una cosa... ¿Cástor fue quien te pidió esto?
—No, soy yo queriendo encontrar una alternativa más para él.
—Ya veo.
—...
—No puedo darte una respuesta todavía, Kanon, por lo que te sugiero no hagas ningún plan —el tono inflexible de Shion adquirió de repente, cierto aire comprensivo, bastante inusual para emplearlo en una conversación con Kanon. Él era de los que todavía no perdonaban todas sus acciones, pero en ese caso quería ser justo, y concederse la posibilidad de que él mismo, como Patriarca, terminara de limpiar asperezas con el gemelo. —Tendré muy en cuenta esa propuesta que haces sobre tu discípulo, pero para tomar una decisión debes hablar con él, si accede, le haremos las pruebas necesarias y será él quien escoja su camino. —Kanon se inmutó ante la repentina sonrisa que florecía en el Patriarca, aunque no se la dedicaba a él, sino a un vago recuerdo—, la última vez que supe de un gemelo dorado, y uno de plata fue hace más de doscientos años, sería en parte muy grato que se diera el mismo caso en esta época...
Instantáneamente, pensó en Altair, en su maestro, y sin proponérselo tuvo una pequeña visión del futuro portador de quien sería el asistente del Patriarca. Nada de eso se lo participó a Kanon, y desvaneció el pensamiento antes de que pudiera leerle la mente.
—Cuando tengas la respuesta de tu discípulo, ven a verme —indicó—, puedes retirarte.
—Sí... —afirmó—muchas gracias, Patriarca —añadió en voz baja, Shion lo despidió con un cabeceo.
Kanon abandonó la sala papal, y en el camino a la salida se cruzó con su otra mitad, la que nunca había pedido y la que le devolvía un reflejo idéntico de sí mismo. O casi. De frente se miraban como si no se vieran, como si pasaran a través del otro sin ver más que el paisaje que les esperaba de frente. Saga no guardaba intenciones de hablar con él, y él no tenía ni la mas mínima necesidad de hablar.
Solo de informar.
—Hay posibilidades de que Cástor opte por una armadura distinta a la de Géminis.
Saga ya sabía lo que eso significaba, y aunque no le agradara muy en el fondo y fingiera que no le importaba, consiguió esbozar una sonrisa.
—Me alegro por eso.
El menor iba a pasar de lado, y solo se detuvo al escuchar que Saga decía algo de relativo interés para ambos.
—Iré a hablar con el Patriarca acerca del problema de Géminis —informó con cierta parquedad, tanteando si la noticia causaba algún efecto en su hermano.
Que equivocado estaba.
—Suerte con ello. Pronto no será mi problema —fue lo último que dijo antes de descender a Piscis.
Para Kanon, no solo Saga dejaría de existir, Géminis también marcharía por ese camino.
LOL
El coliseo de entrenamiento rugió con las últimas competencias entre aprendices en la primera parte de la mañana, ya de mediodía era la hora del descanso de algunos, que se entretenían viendo la pelea entre el discípulo de Aries versus el de Dragón, pasaban la fatiga para poder regresar a sus rutinas mas frescos, cosa que no ocurría con cierto escorpión verde que había recibido todo el peso de la estrictez de Milo de Escorpio a la hora de dar esos entrenamientos espartanos, y ahora, en su descanso, se encontraba por entero desplomado en las gradas. La mayoría de los músculos le dolían, sin contar la espalda que desde temprano la tenía en constante esfuerzo. Por si no fuera suficiente, traía consigo la mala suerte de compartir asiento con su rival número uno.
—Serás nena, Zander —se burló Diavolo, el siciliano de cabellos como el fuego y ojos carbonizados—¿estás así solo porque tu maestro incrementó un poco su entrenamiento?, me das pena.
—Hazle un favor al mundo y córtate la lengua, Diavolo —gruñó el mitad griego enseñando los dientes.
—¿Por qué no vienes y lo haces tú mismo? —lo retó, y sonriendo malvadamente, fingió el golpeaba su rodilla sin querer. Zander se mordió los labios y reprimió un gemido de dolor—¡ups!, lo siento, creo que estás demasiado tullido, incluso para moverte —se mofó el otro, regodeándose en su provocación.
El orgulloso discípulo de Milo se lanzó contra el de Máscara Mortal, y la velocidad jugó a favor del primero sorprendiendo al segundo. Las manos de Zander se cerraron contra el cuello de Diavolo buscando asfixiarlo contra el suelo, clavaba las uñas con ansias de desgarrarle la piel que protegía la garganta de su oponente. En lugar de alterarse, el pelirrojo siguió manteniendo esa sonrisa de villano empedernido, y alejó al escorpión de una patada en el estómago aprovechando la diferencia de edad y tamaños. La pelea había formado un círculo de espectadores alrededor, y a falta de un caballero de rango para frenar el espectáculo, el público encontraba un nuevo entretenimiento en la riña de dos aprendices. La atención se había dividido completamente hacia esa actuación en favor del desastre.
Acabaron golpeándose la cara, el pecho, el abdomen, y cuando iban a ir por el segundo round, recibieron dos pedradas certeras en la cabeza cada uno.
—Dejen ya eso, par de inmaduros.
La voz pertenecía a una chica de nueve años, menuda, pero con cierta gracia a la hora de moverse y hacerse su espacio frente a ese núcleo de gente. Se acomodó la cabellera corta, de color turquesa, de manera que el flequillo no le estorbara a la hora de mirar con sus ojazos celestes a esos que se hacían llamar sus futuros compañeros de rango. Para ser solo una cría, su apariencia despertaba curiosidad, por no decir agrado, prometía ser atractiva cuando creciera.
—¡¿Por qué mierdas tienes que meterte donde no te llaman, pedazo de bruja? —Diavolo recuperó el habla antes que todos.
—Porque te dejan quince minutos y ya estás causando desastres —suspiró y volvió a fulminar a Zander con la mirada, aunque fuera unos años menor que él, logró intimidarlo—, no creí que el discípulo de Escorpio vendiera su orgullo tan barato, y más a un idiota como Diavolo.
—¡Yo no he vendido mi orgullo a este idiota! —replicó un enfadado Zander.
—¡Maldita perra!, ¡no hables como si no estuviera aquí!
—Cállate, imbécil, no te busco porque quiera, es tu maestro quien le pidió al mío que te localizara, y aquí me vez —espetó sin alzar la voz y con una firmeza envidiable a su edad, bastante sobrada. Diavolo se apaciguó al escuchar que era el mismo Máscara Mortal quien lo reclamaba, no podía ser bueno. —Y no me interesa, Zander, a quien le das o no tu orgullo, pero el que se lía a puños sin razones de peso con otro es tan estúpido como un cangrejo.
Zander quiso reírse en cara de Diavolo por esa humillación, pero las palabras de la chica sonaban demasiado serias como para tomárselas a juego. Su maestro le había enseñado a no enojar nunca a una mujer, y menos tentar su paciencia.
—¡Bah!, yo me voy de aquí —se giró el pelirrojo, dedicándole una mirada de advertencia a ambos—, a ti te voy a enseñar a no meterte donde no te llaman, sardina —eso fue con la chica, pasó a Zander—y tú, ajustaremos cuentas después.
—Ve a enterrar muertos, Diavolo —escupió Zander, permitiéndose una sonrisa satírica victoriosa.
Diavolo se hizo espacio a empujones para salir de ese círculo, la gente comenzó a dispersarse antes de que llegara algún caballero a reprenderles. Zander suspiró, sobándose la cabeza, reunió valor para atajar a quien en parte le había salvado de una paliza.
—Astarté —la llamó, y la aludida volteó a verle con ligera indiferencia—, erhm... —se rascó la parte dolida con ligero nerviosismo, se apoyó en el recuerdo de la mañana antes de entrenar para darse valor e ir al punto que le interesaba, el matiz serio que adquirió sirvió para que la aprendiza de Piscis le escuchara con atención—, necesito pedirte un favor, a ti y a Diavolo, aunque pues... a él es más difícil.
—¿Un favor?, ¿de qué se trata?
—Es para resolver una situación... delicada —no sabía como empezar, ni explicar lo de Pólux y Cástor, lo de Saga y Kanon, necesitaba ayuda, como la de Nikolai, alguien que supiera manejar situaciones de personalidad. —¿Tienes la tarde libre, como después de las tres?
—Tengo toda la tarde libre —respondió con naturalidad—¿quieres que le diga a Diavolo?
—Sí, supongo que es importante que venga... Ginebra lo pidió.
—Ginebra siempre anda pidiendo y disponiendo, ya se cree mandamás —sonrió con sorna, desenfadada—, esta bien, ¿dónde será el punto de reunión?
—Iremos a las ruinas del oeste, ahí casi nadie va —resolvió rápidamente.
—De acuerdo —asintió la chica—, haré lo que pueda para convencer a Diavolo.
—Vale, gracias de todas formas.
—Por cierto —frenó a Zander antes de que se fuera—, casi lo olvidaba, me pareció ver cuando venía aquí que el señor Camus regresaba con Nikolai.
Esa era la mejor noticia que había tenido en todo el día, y su rostro lo reflejó al instante sonriendo ampliamente. Agradeció la primicia y se despidió efusivo, recibiendo en respuesta una media sonrisa encantadora de parte de la niña de Piscis. Zander salió corriendo del coliseo a pesar del dolor y los agallones, mucho mas esperanzado que antes, con la ayuda de Nikolai seguro armarían una buena estrategia para acabar de una vez por todas con la pelea de los gemelos dorados, eso pensaba en su pequeña cabecita de niño en vías a la pubertad, que las soluciones estaban al alcance de sus manos y solo debía saltar un poco para alcanzarlas.
*Flips: marca de cereal, de cubierta de avena rellena de vainilla, chocolate o fresa según su tipo. El que no se haya deleitado jamás con un desayuno así no ha vivido u.u
Awsh, personalmente, me enternecí con estos niños, con Kanon y sobretodo con Milo haciéndole entrar en razón. Me di cuenta de que el pequeño escorpioncito protagonizó un poco, es un robacámaras, ¿de quién habrá aprendido? XD
En el siguiente capítulo, dorados y aprendices planeando la manera de reconciliar a los gemelos inadaptados favoritos del Santuario y la serie/manga de Saint Seiya ;D ¿lo lograrán? -suena la musiquita de misión imposible-
Estoy contenta, recuperé mi humor satírico que lo tenía dormitando en alguna parte, ¡jaja!
¡Hasta otra!
