Capítulo beteado por Jocelynne Ulloa, Betas FFAD
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Capítulo Segundo
— ¡Bella! ¡Bella, espera!
—Vete a la santa mierda, Cullen.
— ¿No me jodas? ¿Con la boa constrictor de Viveka Tunner, ahora Viveka Spencer? ¿Dónde está tu puto límite Cullen?"
— ¡Bella... joder! ¡Espera!
—Y una mierda, jodido gilipollas.
Su mano agarró mi codo e hizo volverme para encararlo. Maldito hijo de puta, había mejorado notablemente con el paso de aquellos años y en sus ojos, había una expresión de disculpa que no había visto en mi puñetera existencia.
—No es lo que crees... —susurró—. Ven, hablemos en la sala de juntas... está vacía, allí tendremos más intimidad.
Intentó sonreír, sí...aquella sonrisa desintegra bragas con la que se metía en el bolsillo a todas las mujeres del jodido planeta...
—No me importa a quien te follas, Cullen. Nunca me ha importado—. Joder...estaba chillando. ¿Que era aquello? Estaba perdiendo los nervios y el muy cerdo no me quitaba la mano de encima.
Aquella reacción de repulsión no había sido otra cosa que dolor.
Recordar a aquella odiosa y maléfica mujer, hizo que apareciese la imagen de Ben en mi cabeza, dejado la rabia y la impotencia vagar a sus anchas por mi cuerpo.
— ¡Suéltame! —siseé, moviendo el codo con fuerza, zafándome de su agarre. —Si estoy aquí es por mi abuelo, Cullen. Sólo por él y Dios sabe que he tenido que pagar a psicólogos para poder tratar de asimilar que tengo que verte todos los putos días. Para mí, eres peor que las cucarachas, pero como ellas eres casi inmune a todo... pero das autentico asco—. Lo miré de arriba abajo y giré mi cuerpo para volver a mi despacho, antes de posar la mano sobre la manilla de la puerta, su voz ronca me paralizó.
— ¿Es por él? ¿Todo esto es por Benjamín, verdad?
Cerré los ojos con fuerza y recargué la frente en la puerta del despacho. Escuchar su nombre en boca de otros, era aún más doloroso de lo que creía. La garganta se me secó y un sollozo se escapó de mi boca.
Antes de darme cuenta volvía a tener a Edward Cullen pegado a mi culo; literalmente.
—Bella...tenemos que hablar—. Su voz reconocible para mí en cualquier lugar, enriquecida en matices y vibrante me hizo negar repetidamente con la cabeza.
— ¿Qué quieres decirme? ¿Algo que tenga que ver con él? Si quiero saber algo tengo a Jake y él ni si quiera lo ha mencionado. Déjame Cullen y no me llames Bella, para ti soy señorita Swan... ni siquiera Isabella.
Agarré el tirador con fuerza y abrí la puerta, pasando olímpicamente de su cara de bastardo, cerrándola en sus putas narices.
Una vez dentro tiré el bolso Guess sobre la mesa, con rabia. Aquel individuo seguía sacándome de mis casillas, de una manera u otra. Paseé una mano por mi frente e intenté contar hasta diez, Edward Cullen no podía desmontar mi ordenada vida, no otra vez. No ahora.
— ¿Que hace señorita Swan, acaso se ha vuelto ahora católica, apostólica y romana?
Mierda, joder, puta...ostia. ¿Qué coño hacia allí, con su sonrisa de perro y su traje de Armani de más de 4000 dólares.
— ¡Este es mi espacio, Cullen! Me ratifico en mi pensamiento. —Eres una cucaracha de mierda. Te metes en todas partes.
Él elevó una ceja e hizo un ademán con las manos, fingiendo indiferencia.
—Las puertas interiores se comunican, recuérdelo señorita Swan —señaló a su espalda y caminó con ese andar felino hacia la mesa de trabajo. Allí apoyó su sexy culo y cruzó los brazos sobre su pecho, mirando hacia el suelo.
—Nunca me diste la oportunidad de darte mis condolencias por la muerte de Aro. Cuando me acerqué en el cementerio, te escabulliste entre la multitud, metiéndote en aquella limusina negra. Yo lo amaba. Era un viejo toca pelotas, pero las tocaba bien.
No pude reprimir una media sonrisa, él no la vio. Seguía mirando el suelo, parecía meditar cada palabra que salía de sus labios.
—...Todos estos años he querido redimirme de mis actos, pero ha sido imposible. Teniéndote lejos, incluso llegué a pensar que había sido una locura transitoria por mi parte, dañándolos a ti a Ben y a mí mismo —me tensé de nuevo al oír el nombre de mi amor—, pero soy tan hijo de puta que al verte de nuevo con esa seguridad y esas enormes tetas... —fruncí el ceño. ¿Había oído bien? "¿Esas enormes tetas?" No me jodas Cullen.
Mordí con fuerza mi labio e ideé mil maneras de asesinarlo, pero el muy hijodeputa, proseguía esta vez con su mirada posada en mi cuerpo y acariciando su mandíbula con dos dedos.
—...todo se ha ido al carajo—. Valoré aquella mirada que finalmente había llegado a mis ojos y también la mueca que hicieron sus labios al ver como machacaba mi labio inferior con toda la fila de dientes superiores. ¡Maldito cabrón!, si hubiese sido un , le hubiera propinado una paliza de la que tardaría meses en recuperarse, pero no tenía ni su fuerza ni su altura y por supuesto, no podía luchar contra él de aquella manera, pero si de una muy distinta, la que Roxy me había obligado a aprender, llevándolo al límite y finalmente reírme de él.
Elevé una ceja y caminé contoneándome hacia el sexy más arrogante y presuntuoso que había conocido en toda mi jodida existencia, lo enfrenté a pocos centímetros de su cuerpo y sonreí de manera ladina.
—Lástima que me jodieras la vida, Cullen. Porque te juro que hasta mis bragas huyen de ti. Si vas a seguir por la misma directriz que hace cuatro años, espero que te pongas verde con ello, pienso tirarme a todo el edificio si es posible, ante mirarte si quiera el paquete.
Mis ojos volaron hacia aquella parte de su anatomía y él elevó un segundo las caderas, ofreciéndome lo que enorme, grande y ladeado se arrastraba como un gusano hacia la parte derecha de su cadera. El muy... ¡Arghhhh! estaba duro como una piedra.
Lo miré con ira e intenté apartarme de aquella cercanía que había tejido yo. Pero el muy arrastrado me agarró de la cintura para apretarme duramente junto a todo lo largo de su cuerpo, sintiendo por ende, su extremadamente dura y nada irrelevante polla como el acero.
— ¿Le gusta mascar chicle señorita Swan?
Asentí sin saber muy bien lo que hacía, me sentía desprotegida y anulada. ¿Qué coño me estaba ocurriendo? Aquel contacto me hizo estremecer y mis jodidos pezones, traidores, se empinaron como lanzas.
Una risa breve ronca y sensual brotó de sus labios, su boca se acercó a mi oído, acariciándome como aquel aliento caliente y perverso.
—Si le meto ahora mismo mi polla en la boca, parecerá que se está comiendo treinta chicles señorita Swan, ¿se imagina? ¿Podría tragársela, señorita Swan? Me muero por saberlo y creo... —volvió a reír de aquella manera aniquiladora de bragas empapadas, rozando un pezón traicionero con uno de sus dedos largos y finos de pianista —... que usted también.
Me soltó con fuerza, trastabillando sobre mis tacones de diez centímetros y se giró, caminando de nuevo hacia la puerta fantasma.
—Viveka me está haciendo chantaje —dijo antes de desaparecer detrás de aquella puerta blanca y sin relieves.
No vi a Edward en todo el día, pude escuchar su voz y sus alaridos, pero no coincidimos ni siquiera en el comedor con mis antiguos compañeros. Vi a Angela, a Mike y por supuesto, las miradas envenenadas de Jessica y Lauren.
Tanya y Jake me acompañaron a la hora de la comida y después de aquello, mantuve una charla sosegada con Tanya sobre Elizabeth y sus nuevos hobbies, éstos, claro está, se los había inculcado su tía Alice, que en aquellos momentos se hallaba en Italia organizando un pase de modelaje para una firma de moda, de la que era dueña.
Por supuesto, también supe por Tanya que Emmett y Rosalie seguían con su relación viento en popa y que en pocos meses, se casarían. Había perdido toda clase de relación con mi amiga desde mi marcha a la Universidad y sobre todo, después de desaparecer de Washington, sin decir nada a nadie.
Al salir de Cullen Ltda., me encontré a Jake en el hall y me esperó, para salir juntos, con una enorme sonrisa en los labios. Aquel chico era estupendo.
— ¿Cansada? —preguntó, agarrándome de la cintura y caminando hacia la salida. Las puertas electrónicas se abrieron y lo poco que quedaba de sol, nos apuntó con sus dañinos rayos en los ojos. Ambos sacamos nuestras gafas para protegernos.
—No, sinceramente pensé que este primer día, iba a ser muchísimo peor —dije con total convicción.
Jake me miró de soslayo y perdió algo de aquella descarada sonrisa de dientes blancos y perfectos.
—Supongo que Edward no te habrá molestado mucho.
—Me ha molestado lo justo, me fastidia más saber qué dirán de nosotros mañana los diarios, los dejamos mas tirados que una puta colilla.
Jake puso los ojos en blanco.
— ¡Bah! no te preocupes, era de vital importancia para la vida social de Edward. En realidad querían saber de él — ¿No te diste cuenta que todas eran féminas? Nadie estaba enterado de que llegarías hoy, salvo algunos diarios de economía. Suerte tuviste que encontraras alguna muchacha objetiva con una buena pregunta, pero las demás.
Detuve el paso antes de llegar al parking donde estaba alojado de mi coche y Jake me imitó.
—Oye, ¿sabes algo de Viveka y… Edward? —pregunté, mirando su ojos negros con preocupación. No había parado de darle vueltas a lo que había dejado caer Edward, antes de desaparecer como Houddini.
Jake frunció el ceño y miró hacia otro lado, evitando mirar mis ojos.
— ¿Qué te ha dicho Edward? — su boca se convirtió en algo sórdido, rozando la mueca de asco.
—Él me ha dicho que ella lo está chantajeando.
Jake buscó mi mirada y suspiró pesadamente.
—Mi suegra es un auténtico demonio, Bella. Sólo puedo decirte eso.
— ¿Nada más? —Él prosiguió su camino y yo lo seguí a correntillas, ya que los zapatos no me dejaban avanzar mucho más rápido. — ¿Qué pasa entre Viveka y Edward? —volví a repetir. —Jake... sé lo de Ben.
Jake se detuvo en seco y se giró lentamente. Su mirada y sus facciones estaban más serias de lo que había visto jamás, sus brazos se habían cruzado sobre su pecho fuerte y su boca escupió un:
— ¿Desde cuándo lo sabes?
—Desde hace cuatro años.
La vuelta a casa fue tediosa. Un accidente había colapsado la carretera y cuando al fin llegué a mi hogar, los últimos rayos de sol se estaban perdiendo en el horizonte.
Tiré las llaves sobre la mesa de cristal tallado y ordené a Marco el mayordomo de toda la vida de mi abuelo que nadie me molestara. Iba a darme una prolongada ducha y no quería interrupciones.
No dejaba de darle vueltas a la cabeza a las palabras de Edward y a la huida de Jake, después de aquellas breves frases en el parking de la empresa. Él se había girado de nuevo hacia su coche, lo había arrancado y había pasado a mi lado, sin mirarme siquiera.
"Mi suegra es un autentico demonio", recordé.
Que me lo digan a mí, que me había hecho la vida conguitos.
Después de la larga ducha, me puse algo cómodo y bajé hacia el comedor, el timbre de la puerta sonó y yo misma abrí la puerta de entrada.
Al verla allí parada, recostada en el umbral de la puerta principal, con sus lentes de sol reposando en la nariz y su boca torcida, en una sonrisa puramente irónica, lancé un chillido que hizo que varias de las personas estiradas que vivían en aquella santa urbanización se giraran y elevaran una ceja, algo contrariados y avergonzados; seguramente.
— ¡Roxanne! ¡Roxanne! se me ha hecho eterno no tenerte aquí a mi lado —la abracé con fuerza y ella tiró la enorme maleta en el hall, haciendo un ruido estrepitoso.
—Yo también, Bella—. Llevó una de sus manos a mi cabeza y revolvió mi cabello como si fuera una niña de pequeña. Ojeó el hall elevando una ceja e hizo un silbido de admiración por todo lo que veían sus ojos. —Esto no tiene que envidiar en nada al apartamento de dos mil libras rentado de Londres... ¡vaya casoplón!
Agarré sus manos y estiré de ella, haciéndola pasar dentro del amplio comedor, instándola a subir las escaleras.
—Ven te enseñaré tu habitación.
Ella soltó una carcajada y me siguió no sin antes mirar hacia atrás, ya que una de las personas de servicio se estaba haciendo cargo de todo su equipaje.
— ¿Desde cuándo tienes gente que te limpia el culo, Bella?
Negué con la cabeza y abrí la puerta de la que iba a ser su habitación.
—Trabajaban para mi abuelo. No sería justo que los dejara sin puesto de trabajo, ¿no?
Ella elevó una ceja y asintió cerrando la puerta con el pie y mirando a la muchacha de servicio con mucho interés.
— ¿Lo dejo aquí señorita Swan? —preguntó la muchacha con una sonrisa en los labios.
—Si, déjalo ahí Teresa —contesté.
La muchacha se marchó y tanto Roxy como yo nos sentamos en la cama y suspiramos.
— ¿Lista para luchar contra el pirata, bucanera? —pregunté con una sonrisa de sarcasmo en mi rostro.
Ella elevó su dedo y negó en un gesto de lo más divertido.
—No, Bella no. "Capitán hijodeputa". Si no te importa, un pirata me evoca una melena al viento, ojos negros y hasta si me apuras, un pendiente. Decididamente, Edward Cullen es Capitán y aunque su madre no tenga la culpa, es un gran hijo de puta.
Nos miramos un momento a los ojos y comenzamos a reír como posesas, dando con nuestras espaldas en la cama, todo sería maravilloso ahora, teniendo a Roxanne a mi lado.
—Buenos días señorita Swan—. Jane me obsequió con una magnífica sonrisa e inmediatamente hizo lo mismo con mi acompañante.
—Ella es Roxanne Randall, Jane. A partir de ahora ella será como yo misma en la empresa, quiero que te encargues de hacérselo saber a todo el equipo de seguridad.
Jane sin perder la sonrisa asintió con la cabeza y saludó a Roxanne con la misma efusividad que hizo conmigo.
— ¿Estás segura que no es un robot?—. Me preguntó mi amiga mientras caminábamos hacia el elevador. —No ha parpadeado, Bella. ¿Tú la has visto salir de ese mostrador?
—No digas memeces Roxy, lleva años aquí y sí, si la he visto salir de ese mostrador.
Nos metimos ambas en el ascensor y antes de que éste se cerrara, un pie de calzado italiano irrumpió antes de que se cerraran las puertas, alcé la mirada y allí estaba él con el cabello revuelto, sus gafas Rayban y aquella mueca insolente que parecía no cambiar en años. Sin proponérmelo el tiempo marchó hacia atrás y recordé mi primer día en Cullen Ltda. y por supuesto, el primer y único corte de mangas de mi existencia.
—Buenos días—. Carraspeó antes de saludar y me observó como un animal en celo. De arriba abajo y con una meticulosidad pasmosa y pude sentir como mi rostro se ruborizaba, pero cuando su mirada buscó la mía, no lo di el gusto y giré el rostro para mirar a Roxanne.
Ella había ocultado parcialmente su rostro en un carpesano y solo quedaban sus ojos marrones al descubierto. Tenía una ceja alzada y por lo mucho que la conocía, sabía lo que significaba esa mirada.
Ella sabía quien era Edward, de su insolencia, de lo depredador y malvado que podía llegar a ser. Le había contado absolutamente todo lo que había sucedido hacia ya cuatro años y había creado una especie de odio hacia todos los hombres que eran tremendamente atractivos, argumentando que ninguno era digno de confianza y que sólo nos amaban para colarse entre nuestras piernas y si te he visto no me acuerdo.
— ¿Bella? —Pícara hasta lo disparatado, se apartó el foldier del rostro y comenzó a reír como si le hubieran contado un mal chiste. Miré a Edward. Parecía inquieto y no hacía otra cosa que tocarse en cuello y el nudo de la corbata. —Me han comentado que no muy lejos de aquí hay una boutique de lencería... ya sabes, esas que a t mí nos encantan— se acercó más a mí y puso su mano en la copa de mi pecho izquierdo. —Estas bonitas tetas han crecido demasiado de nuevo y necesitan algo más grande de lo que llevas. Además, este viernes tienes que enseñarme la ciudad y seguro que no nos faltan chicos que nos pregunten "Bonitas piernas, ¿a qué hora abren?"
El ring del ascensor hizo que las puertas se abrieran y Edward se dio la vuelta para marchar delante de nosotras.
— ¿O sea que este es el Capitán hijodeputa? —siseó, pero demasiado alto.
Edward se paró en seco y giró su rostro para mirarnos. Terriblemente serio, nos evaluó a ambas y volvió a retomar su paso, antes de llegar a su despacho, nos lanzó una mirada asesina y cerró la puerta con fuerza.
— ¡Menudo cabrón! —gritó Roxanne. —Aunque gana mucho al natural, Bella esta para comérselo lentamente, aunque cause indigestión, no se puede negar que el tio está como un queso.
Mi despacho estaba continuo al de Edward y al entrar pudimos oírlo maldecir en todos los idiomas que el muy bastardo sabía, Roxy no pudo evitar lanzar una carcajada y con ella, los improperios de Edward se detuvieron abruptamente.
ROXANNE'S POV
Mi nombre es Roxanne Lucinda Randall Stevens y aunque, por lo extenso de mi nombre y apellidos, parezca haber salido de una de esas novelas cursis de Jane Austin, soy todo lo contrario.
Tengo 32 años y en mi vida imperan tres cosas fundamentales, que recuerdo al levantarme y al acostarme todos los días.
—Mi trabajo.
—Ir perfectamente maquillada.
—Y mi amiga y casi hermana: Isabella Swan.
Trabajo para Cullen Ltda. hace varios años y tengo el honor de decir que aprendí del mejor: Aro Vulturi.
Soy hija de la Gran Bretaña y cuando terminé la carrera de Empresas y finanzas distinción de Honor, uno de los subalternos de Vulturi apareció por la Universidad Cambridge con una muy suculenta proposición totalmente decente, para mi desgracia; ya que el portento estaba como un Dios. El mismo Aro Vulturi, estaba interesado en hacerme una entrevista para llevar una de las sucursales de Cullen Ltda. en Londres.
Cuando aquel capullo con sonrisa de modelo me extendió un sobre y lo abrí, no pude contener un gritito de sorpresa. Era la caligrafía del mismo Aro Vulturi y su rúbrica la que me instaba o casi rogaba que acompañara a aquel individuo con cara de "fóllame" hasta donde él estaba alojado.
Tuve dudas, pero me gustan los retos y lo acompañé. El mojigato preguntó cosas sin sentido y casi le vomito encima cuando veladamente lo miré de soslayo, a el tio le gustaba "descolgar cuadros" (hurgarse la nariz con sus dedos) y seguidamente los dejaba secar como si fuera hormigón debajo del asiento.
Cuando el flamante Mercedes detuvo la marcha, alcé la mirada y la puerta trasera se abrió para poder bajar. La sonrisa amistosa del hombre me hizo imitarle y allí comenzó todo. El mismo Aro Vulturi fue quien me abrió la puerta, quien me acompañó hacia su habitación de hotel y el que me ofreció el puesto de trabajo que toda muchacha soñaría con tener después de acabar la carrera de finanzas: Directora Financiera de Cullen Ltda. en Londres.
Dedicada en cuerpo y alma a mi trabajo, poco tiempo tuve de labrar una vida propia, mi vida por repetitivo que suene, era la empresa y los consejos que me dictaba Aro por teléfono cuando viajaba a Londres, alrededor de un par de veces al mes.
El mojigato, que me pareció un modelo de revista, me pidió un par de veces salir en menos de un mes, poco tiempo después de mi primer año en la Empresa, pero después de haber descubierto aquella "afición" hormigonera en los coches, todo su atractivo se disipó como el humo.
Hasta que me llegó aquella llamada, años después. Sonaba tan cansado como desesperado.
—Roxanne, soy Aro. Necesito que me ayudes...
Había saltado de la cama, era demasiado temprano y un tio, de casi dos metros, gruñó a mi lado cuando le pateé el trasero para que saliese inmediatamente de mi cama.
— ¿Qué ocurre? ¿Estás bien? Sabes que puedes confiar en mí.
—Roxy cariño, no acudiría a ti si no lo supiera. Pongo lo que más amo en tus manos, para que lo cuides como si fuera una prolongación tuya. Es algo difícil, pero buena chica.
Volví a patear el trasero redondo y musculoso del hombre que me había hecho llegar al orgasmo en más de una ocasión aquella noche.
Estaba tan shockeada por la llamada de Aro y la presencia de Don culo musculoso en mi cama que pegué en un salto, agarrando la sabana y rodeando mi desnudez con ella. El hombre se dio la vuelta y abrió los ojos lentamente ofreciéndome una sensual sonrisa. Joder… estaba para comérselo, pero ahora no era turno de follar, si no de cumplir favores.
—Ejem... perdóname Aro, pero no comprendo nada. Son las...—miré el reloj despertador que descansaba en la mesita de noche y bufé —las cuatro de la mañana y me has sacado de la cama. Trata de ser más específico, por favor.
Oí su risa ronca, pero no podía engañarme. Aquella no era la risa que yo conocía, a Aro le ocurría algo y algo grave.
—Bella llega a Londres en un par de horas, Roxanne. Quiero que vayas a buscarla al aeropuerto de Gatwick y sigas todos mis órdenes.
Cerré los ojos y alcé las cejas, negando seguidamente.
— ¿Bella? ¿Esa nieta que te trae por la calle de la amargura? ¿Me la endosas? Mira Aro, no tengo tiempo para hacer de niñera; con todos mis respetos.
Otra vez aquella risa ronca, pero esta vez una tos demasiado cargada lo interrumpió y un mal presentimiento cruzó por mi mente.
—Creo que— la tos vovió a interrumpirlo y breves segundos después prosiguió. —Creo que he obviado decirte en varias ocasiones que mi Bella es poco menor que tú. Roxy, ayúdala. Algo ha ocurrido en su vida que no quiere contarme, aunque puedo imaginarlo. Se matriculará en tu misma Universidad. Tú misma te harás cargo de esto, ya sabes no hay nada que el dinero no puedo comprar. A partir de ahora, estás despedida de tu actual puesto en Cullen Ltda., para tener otro de mucho más relevancia. Serás la asistente de la futura presidenta y accionista de Cullen Ltda.
Me caí de culo, demasiada información. El buenorro que yacía en mi cama, mirándome con aquella sonrisilla de seguridad en su rostro, pegó un brinco, corriendo hacia mí e incorporándome como pudo, mientras magreaba mi culo en el proceso.
—Supongo que es una orden —musité—, pero dame algo de tiempo que ponga mis ideas en orden, esto es demasiada información.
—Algún día me lo agradecerás —sentenció.
—Cuando vuelva a verte te mataré con mis propias manos—. Amenacé con los dientes apretados, mirando al individuo desnudo que estaba listo para la acción de nuevo.
—No hará falta querida.
Colgó. Dejándome con aquel mal presentimiento.
— ¿Ocurre algo? —preguntó el mosquetero con su espada desenvainada.
—Nada que no puedas solucionar en diez minutos.
Me deshice de la sábana y me acoplé a aquel cuerpo de infarto. Si tenía que dar la bienvenida a la niña mimada Swan, más valía ir descargando tensiones.
El "trasero ven aquí y pellízcame", se portó bastante bien, aunque yo seguía soñando con aquel pirata que me hiciera suya en un barco, durante siete días perdidos en el mar. Era un viejo sueño de niña y por ridículo que parezca, todavía creía que algún día aparecería para romperme las bragas y comérselas de desayuno.
...Y allí estaba yo, con una fina chaqueta de raso negro, un frio que cortaba la cara y esperando fuera en la pista, porque en el puto hall del aeropuerto no se podía uno fumar un cigarrillo tranquila.
El vuelo procedente de Washington D.C. ya había llegado y los pasajeros recogían las maletas por la cinta, con una tranquilidad pasmosa.
Pero hubo una muchacha que me llamó terriblemente la atención, parecía albina por el blanco de su rostro y su castaña melena desgreñada, se alojaba en un roete en forma de moño en su nuca. Tiré el cigarrillo al asfalto y lo machaqué con mi pie derecho. Caminé hacia la puerta que conducía de nuevo al hall y sin despegar la mirada de la chica, pude ver como casi se ve arrastrada por la cinta trasportadora intentando agarrar la maleta.
Corrí en su ayuda, para impedir que se diera de bruces contra el suelo.
—Gracias —susurró.
Sus ojos me miraron y supe que era ella. La nieta de Aro.
Isabella Swan.
Continuará...
Gracias, gracias, gracias y cien mil veces gracias.
¿Mis vacaciones?
Fenomenales.
Y echándolas muchísimo de menos.
Ya estoy de nuevo aquí, el Viernes, si puede ser y espero que sí, Demon Prince.
Gracias a mi Jo por ser tan buena amiga y estupenda beta.
