- Estás preciosa, Narcissa.
- Muchas gracias, madre.
Narcissa Black se giró para mirarse en el espejo y sonrió, acariciando la tela de su vestido blanco con delicadeza. Recorrió su abdomen lentamente y bajó hasta la falda de seda.
- Serás la novia más hermosa de todo el mundo mágico. – Dijo la señora Malfoy. – Estoy segura de que mi hijo quedará muy complacido al verte.
- Eso espero, señora Malfoy. – Volvió a darse la vuelta y le dedicó una pequeña sonrisa a su futura suegra. – Solo quiero que Lucius sea feliz a mi lado.
- Abraxas y yo estamos seguros de que lo será.
La chica asintió. Llegar hasta ahí no había sido fácil. Lucius y ella se habían enamorado en Hogwarts y, aunque al principio a ambas familias les había parecido una idea magnífica, cuando Andromeda huyó de casa y se casó con un nacido de muggles todo se complicó. Los Malfoy le pidieron a su hijo que rompiera el compromiso con la pequeña de los Black ya que no querían emparentarse con un sangre sucia, pero él se había negado a hacerlo. Quería a Cissy y, aunque compartía los ideales de sus padres y también despreciaba a todo aquel que no fuera sangre pura, sabía que los Black jamás permitirían volver a Andromeda. La chica había sido desheredada y borrada del árbol por su osadía y, para ellos, jamás pertenecería de nuevo a la familia. Lograron convencerlos de que Narcissa era la apropiada para ser la próxima señora Malfoy y decidieron que los dos se casarían en cuanto terminaran Hogwarts, pero entonces llegó la noticia de que Andromeda había dado a luz a una niña. Los Black entraron en cólera. Una cosa era marcharse de casa y casarse con un sangre sucia y otra muy distinta mezclar sus sangres. Los Malfoy cancelaron la boda y Lucius y Narcissa tuvieron que dejar de verse mientras los padres de la chica trataban de llegar a un buen acuerdo con ellos. Y ahí fue cuando Bellatrix decidió intervenir. Fue a casa de los Malfoy junto a su esposo, Rodolphus Lestrange, y sus suegros y estos consiguieron hacerles entender que el comportamiento de la mediana de las hermanas no era culpa de Narcissa, que era una buena doncella de sangre pura, y que, si ellos habían podido aceptar a Bellatrix como nuera, ellos podían hacer lo mismo. La mayor de las Black les aseguró que su hermanita era la elección correcta y, finalmente, lograron convencerlos y fecharon la boda. Pero, debido a una misión a la que Lucius había tenido que acudir y en la que resultó malherido, tuvieron que retrasarla otra vez.
- Espero que esta vez podamos casarnos sin problemas. – Murmuró la rubia casi para sí misma mientras los elfos comenzaban a quitarle el vestido.
- No te preocupes por eso, Narcissa. Esta vez será la definitiva, apenas quedan ya un par de días, nada va a salir mal. – La señora Malfoy se puso de pie. – Debo marcharme ya, pero ha sido un placer poder ver tu vestido. El sábado estarás radiante, querida.
- Muchas gracias.
La mujer se desapareció y Narcissa se puso su túnica de estar por casa bajo la atenta mirada de su madre. Druella suspiró. Le costaba todavía creer que su hija pequeña fuera a casarse. Le señaló el hueco a su lado y ella se sentó.
- ¿Estás nerviosa? – Le preguntó, apartándole un mechón de pelo de la cara y acariciándole la mejilla con dulzura.
- Ansiosa más bien, madre.
- Todo saldrá bien, Narcissa. – Le aseguró. – Nada impedirá la boda esta vez.
- ¿Me ayuda a recoger mis cosas? – Le preguntó. – Los elfos se están encargando de ello, pero me gustaría que me ayudara a supervisarlo. Le dije a Lucius que mañana lo enviaría todo a la Mansión Malfoy.
- Por supuesto, pero antes charlemos un poco más. – Cogió las manos de su hija y sonrió. – No tienes por qué preocuparte, Narcissa. Sé que serás una buena esposa y harás que nos sintamos orgullosos de ti.
- Eso espero. – Sintió un pequeño nudo en su estómago. No quería decepcionar a sus padres, no lo soportaría.
- Sé que ahora debes tener muchas dudas y que, probablemente, no querrás hablar de ellas conmigo, así que te recomiendo que vayas a ver a tu hermana Bellatrix. – Siguió diciendo. – Ella pasó por todo esto hace poco, te podrá aconsejar mejor que nadie.
- Lo haré, madre. No se preocupe.
- Mi pequeña Narcissa. – Volvió a acariciar su mejilla antes de ponerse de pie. – Supervisaré a los elfos, ve a hablar con tu hermana. Te vendrá bien.
Narcissa se apareció en la entrada de la casa de los Lestrange y un elfo se acercó rápidamente a ella.
- Señorita Black. – La saludó haciendo una reverencia. – ¿Viene a ver a la señora Lestrange?
- Sí.
- Iré a avisarla. – Hizo una nueva reverencia antes de salir corriendo.
La rubia se miró las uñas de forma distraída mientras esperaba. No tardó mucho en escuchar unos pasos y levantó la vista justo cuando su hermana mayor salía al vestíbulo. Llevaba la melena negra rizada recogida en la nuca y una túnica sencilla.
- ¡Cissy! – Le dedicó una sonrisa y la abrazó. – ¿Qué haces aquí? Creía que estarías ultimando los preparativos de tu boda.
- Está todo casi listo y madre me ha pedido que viniera. – Respondió, encogiéndose de hombros.
- ¿Necesita algo?
- No, quiere que hable contigo sobre la boda. – Se sonrojó sin poder evitarlo y Bellatrix sonrió de medio lado.
- ¿De qué quieres hablar, hermanita?
- De… de nada. – Dijo Narcissa, sonrojándose aún más. – Solo he venido para visitarte y para que madre no se pusiera pesada.
- Ya, claro. – La pelinegra negó con la cabeza. A ella no la engañaba. – Rodolphus está reunido en el salón con Rabastan y algunos otros mortífagos, pero podemos hablar en mi dormitorio. La reunión era bastante tediosa.
- De acuerdo.
La mayor de las hermanas encargó a un elfo que les subiera un poco de té y las dos chicas se dirigieron al dormitorio. Narcissa se sentó en el diván y la otra se dejó caer junto a ella. Le cogió las manos y le dedicó una sonrisa tranquilizadora.
- ¿Qué te preocupa?
- Yo… - Bajó la mirada, nerviosa. Ni siquiera se atrevía a decirlo en voz alta. – No sé si estoy preparada para ser una esposa, Bella. Me da un poco de miedo.
- Serás la mejor de las esposas, Cissy. Eres buena y recta y sabes perfectamente cómo comportarte en cada situación. – Contestó la otra.
- Sí, pero ser la señora Malfoy me suena tan enorme… - Suspiró y subió lentamente la cabeza, para mirar de nuevo a su hermana. – Quiero a Lucius con toda mi alma, pero me da miedo meter la pata y que él se arrepienta de esto.
- No vas a meter la pata y, desde luego, él no se va a cansar de ti.
- ¿Y si no puedo darle hijos? – Murmuró, asustada. Bellatrix apretó los labios, pero mantuvo una expresión neutra. No quería que la otra viera lo mucho que le afectaba aquel tema.
- ¿Y por qué no ibas a poder?
- No lo sé, a veces pasa. – Narcissa sabía que su hermana llevaba mucho tiempo intentándolo, pero no lograba quedarse embarazada.
- Si lo dices por mí, no deberías preocuparte. Andromeda ha tenido una hija y estoy segura de que en algún momento yo también tendré. – Sonrió un poco esperanzada. – Sé que le darás a Lucius un precioso heredero.
- ¿Crees que me engañará? – Se mordió el labio. No se había dado cuenta de todas las dudas que tenía hasta que había empezado a hablar. Su madre tenía razón, había hecho bien al ir a hablar con Bellatrix. – Creo que no podría soportarlo, Bella.
- Claro que no, él te quiere, Cissy. No pienses en ello si quiera – La pelinegra negó con la cabeza. – Rodolphus y yo nos casamos obligados, no pienses ni por un instante que Lucius será tan mal marido como es él.
- Me gustaría que Dromeda estuviera aquí y poder hablar de esto con ella… - Susurró sin pensar.
- Ni se te ocurre repetir eso. – Bellatrix la cogió de ambos brazos con fuerza y le dedicó una mirada enfadada. – Mucho menos delante de padre, madre o los Malfoy. Andromeda es una traidora y no va a volver a nuestras vidas, ¿lo entiendes?
- Lo sé, Bella, lo sé, pero no puedo evitar echarla de menos a veces. Además, estoy segura de que me comprendería. Ella también se casó por amor.
- Con un sangre sucia, no lo olvides. – Puntualizó. – ¿Tú lo habrías hecho? ¿Nos habrías abandonado a todos? ¿Habrías mancillado nuestro apellido?
- No, claro que no.
- Entonces no digas más tonterías.
- No te enfades, Bella. – Le pidió con una pequeña sonrisa. – Debe ser todo esto de la boda. Estoy muy sensible y es normal que eche en falta a Andromeda, era nuestra hermana al fin y al cabo.
- Pues deja de hacerlo, Narcissa. – Le dijo con severidad. – Eres una Black y nosotros no perdonamos a los traidores. No va a volver jamás.
- No la perdonaré, tranquila. Sé que ahora estamos solo nosotras dos y, bueno, el primo Regulus. – Suspiró. – Pobre tía Walburga, sigue tan avergonzada y furiosa por lo de Sirius...
- Otro simple traidor. – Negó con la cabeza. – Deja de mencionarlos, Cissy, ya no son nuestra familia.
Ninguna de ellas pudo decir nada más. La puerta del dormitorio se abrió y Rodolphus entró en el dormitorio.
- El Señor Tenebroso nos llama, Bellatrix. – Se limitó a decir, fijando su vista en ella e ignorando a su cuñada. – Cámbiate rápido, creo que tiene una misión para nosotros.
- Cissy, todo irá bien, ya verás. – Le dio un beso en la mejilla a su hermana y se puso de pie. – Lo mejor será que te marches. Mañana iré a verte.
- Sí, claro. – Se levantó también y se encogió de hombros. – Tened cuidado.
La rubia se desapareció y el matrimonio comenzó a cambiarse de ropa rápidamente. Nadie hacía esperar al Lord.
- ¿No te han dicho qué sucede? – Preguntó Bella rozando delicadamente la marca tenebrosa de su brazo.
- No, solo que debíamos acudir cuanto antes. – Respondió él con sequedad. – Nott ha venido a avisarnos.
- Vale.
- ¿Qué quería Narcissa?
- ¿A ti qué te importa? – Puso los ojos en blanco y terminó de arreglarse.
- ¿Crees que esa es la forma adecuada de hablarle a tu marido, Bella? – Se acercó a ella y la agarró del brazo con fuerza, pero ella no cambió el gesto. – Ya que no me das hijos, al menos compórtate como una buena esposa.
- Soy una mortífaga, Rodolphus, que no se te olvide. – Se soltó y le dedicó una sonrisa de superioridad. – Y ahora, vámonos. No me gustaría hacer enfadar al Lord.
- Sí, será lo mejor. Marchémonos.
Negó con la cabeza antes de salir del dormitorio, seguido de su esposa. El mundo mágico no iba a purificarse solo.
