Disclaimer: Ningunos de los nombres que aparecen en esta historia me pertenecen (con excepción de unos cuantos), pertenecen a Stephenie Meyer. Toda la trama es mía
Summary: Dos años después Edward busca venganza de aquellos cuatro hombres que arruinaron su vida, y ha encontrado la manera perfecta de reclamar su venganza… Asesinando. Pero un personaje inesperado cambiara el rumbo de sus planes.
*Capitulo beteado por Cony Peña S., FFAD. www. facebook groups/ betasffaddiction /*
Capítulo 1: Pesares
Bella entró en el despacho donde estaba su marido, James Witherdale, pensó que era el momento adecuado para poder aclarar asuntos de su matrimonio. Llevaba dos años casada con el señor Witherdale y aunque el hombre tenía un carácter que daba razones para temerle, ella debía enfrentarlo. Su matrimonio estaba en decadencia y para una mujer con ganas de crear una hermosa y buena familia, eso no podía suceder.
—¿James? —dijo dudosa Bella mientras abría cautelosamente la puerta del despacho— ¿Puedo hablar contigo?
James alzó la mirada desde la silla detrás de su escritorio, donde estaba revisando unos papeles.
—Ahora no mujer, tengo mucho trabajo.
—Prometo no quitarte mucho tiempo —insistió Bella mientras terminaba de entrar a su despacho.
Con un suspiro James dejó a un lado sus papeles y prestó atención a su esposa, cosa que hacía muy poco.
—¿Qué pasa? —preguntó James, ansioso por escuchar las quejas de su mujer, para poder volver a su trabajo.
—Es irónico, porque esa es la pregunta que quiero hacerte —dijo Bella y dio un gran suspiro antes de continuar—. James, ¿qué te está sucediendo? Tú ya no eres el mismo hombre de antes… Cuando te veo, si es que acaso llego a verte, no hablamos, no compartimos nada más que la cama.
James se levantó de su asiento y rodeó su escritorio para acercarse a su esposa, años atrás este acercamiento le causaba cierta sensación a Bella, pero ahora, la magia de la cercanía de su esposo había desaparecido. Él la sostuvo por los hombros y recorrió su cuerpo con los ojos, mirándola como si fuera una prenda valiosa, que estuviera ansioso por usar.
—Bells, he estado muy ocupado, tenemos nuevos clientes, el negocio está creciendo, además querida, para seguir manteniendo nuestro estilo de vida necesito trabajar sin distracciones —se excusó—. No puedes quejarte de mí, te lo he dado todo, dinero, joyas, hasta tienes el negocio de la juguetería que tanto querías, cada uno de tus antojos los cumplo y no hay que hablar de la fundación para Familias con Escasos Recursos que inauguraste el mes pasado…
—Quiero tu atención —pidió Bella interrumpiéndolo y bajando la cabeza—. Quiero tener hijos, que pases tiempo conmigo, ser como toda familia tradicional. James, ni siquiera me tomas en cuenta para tomar decisiones James suspiró impaciente.
—Hablaremos después, tengo que volver a lo que estaba haciendo —dijo alejándose de vuelta a su escritorio.
—¡Siempre es lo mismo contigo, James! —dijo ella exasperada—. Acabaremos aburriéndonos de nuestra relación —concluyó, sabiendo que eso ya le había ocurrido.
—Yo jamás me aburriría de ti mujer —mencionó James lanzándole una mirada pícara.
Antes de que Bella pudiera decir algo más el teléfono sonó, James lo contestó y luego de saludar, su cara se tornó pálida y una mirada de terror se apoderó de su rostro, Bella se preguntaba que le habrían dicho para cambiar su expresión de esa manera.
—No puedo creerlo, iré para allá ahora mismo —indicó James con la voz ronca y baja a la persona del otro lado del teléfono y colgó.
—¿Qué sucede?, ¿por qué tienes esa cara? —se apresuró a preguntar Bella, al ver la expresión de horror del rostro de James.
—Llamó Laurent, encontraron a su esposa muerta, fue asesinada en su habitación —respondió casi en un susurro—. Tengo que ir Bells, el hombre está destrozado.
Bella se mareó al escuchar la noticia, Victoria Da Revin era una amiga de ella, sus esposos son grandes amigos y socios. Cuando Bella se casó con James, terminé siendo su amiga y también de las demás esposas de los otros socios de su marido.
—Pero, ¿cómo ha sucedido tal cosa? ¡Dios Santo! —exclamó Bella, sentándose en una silla al frente del escritorio para poder captar las cosas mejor.
–No lo sé, Laurent no me dijo mucho —le contestó James—. Voy para su casa ahora mismo. James se dirigía a la puerta del despacho, cuando Bella lo sostuvo del brazo, haciendo que se detuviera.
—Yo iré contigo.
—No Bella, no harías más que estorbar allí —dijo zafando su brazo y saliendo apurado de su despacho.
Edward se encontraba recostado de espaldas en su cama, miraba a su alrededor y se percataba una vez más de lo solo que estaba. Su casa era un abismo, más bien, se había convertido en uno cuando le arrebataron la luz de su vida.
Parpadeó varias veces para reprimir ese recuerdo y concentrarse en su siguiente víctima, no podía permitirse dejar escapar a ningunos de sus objetivos. Su venganza había comenzado y no iba a dar marcha atrás, ninguno de ellos sintió algún tipo de resentimiento cuando provocaron su tragedia, entonces él no lo sentiría tampoco.
Se levantó de su cama y se dirigió a la mesita que se encontraba al otro extremo de la habitación, abrió un cajón y extrajo unos papeles en un sobre, estos contenían toda la información que necesitaba para engatusar a su próxima víctima.
—Emily Uley —pronunció el nombre, mientras miraba la fotografía que había dentro del sobre—, tu esposo te ha de apreciar mucho, me temo que serás una gran pérdida —habló para sí mismo.
Edward dejó el sobre en su lugar y fue a darse una ducha. Mientras se bañaba, iba tramando el plan para conquistar a Emily y hacerla caer en sus redes. Aunque sería fácil, ninguna mujer se le había negado jamás y una vez caen en sus brazos se les es imposible escapar.
Al día siguiente, iban a enterrar a Victoria Da Revin. James acudió acompañado de su esposa. Primero le harían los ritos correspondientes de la Iglesia Católica en su gran mansión y luego partirían al cementerio donde finalmente enterrarían su cuerpo.
Bella vio la gran cantidad de personas que asistieron allí y supo identificarlas a primera vista, aquellas que expresaban de forma sincera su dolor en llantos, eran los familiares de Victoria; los más serios y reservados eran amigos de James y Laurent.
El viudo estaba parado frente al féretro donde se encontraba el cadáver de su esposa. El hombre estaba rígido y aunque lo disimulara, la pérdida le había dolido. Bella y James se acercaron a darle el pésame.
—Laurent, como lo siento —dijo James poniendo su mano en el hombro de su amigo, el cual tenía la vista fija en el ataúd.
—Señor Da Revin, mi más íntimo pésame —Bella le dio un abrazo de consuelo al viudo y después se retiró, dejando a su esposo hablando solo con él.
—James, le di todo a esta mujer —dijo el viudo con voz melancólica—. ¡Mataré al responsable! Juro que vengaré su muerte.
James se quedó hablando con Laurent, mientras Bella se dirigió al jardín de la casa, era tan enorme y hermoso como el de su hogar, aunque ambos estaban despoblados y señeros.
Bella pasaba mucho tiempo en su jardín, imaginándose como se vería si tuviera hijos corriendo por doquier, pero ni siquiera tenía una mascota. Los primeros 3 meses de su matrimonio fueron los mejores de todos los que llevaba casada. Aunque James era un hombre duro y gélido, la quería, sólo no sabía demostrarlo y Bella vino a darse cuenta de eso muy tarde.
Estando allí parada, recordó los motivos por los cuales se casó con James. Ella tenía 19 años, su padre estaba gravemente enfermo, su vicio al alcohol le había llevado a una hepatitis alcohólica y necesitaba un trasplante, a pesar de que encontraron al donante, la cirugía era muy costosa. Fue entonces cuando conoció a James, 9 años mayor que ella, él estaba en el hospital, le habían extirpado las amígdalas y se encontró con Bella, la cual estaba sollozando en la cafetería de dicho hospital. James se mostró muy amable con ella, aunque Bella casi sufre un espasmo con la primera impresión que tuvo de él, porque se veía como un hombre siniestro, aún sigue viéndose así, alguien que había cometido muchos crímenes. Después de varias salidas, Bella le presentó a su madre, esta quedó fascinada con el nuevo pretendiente de su hija.
James tenía y todavía tiene mucho dinero y le aseguró a la madre de Bella que iba a costear la cirugía del trasplante de su padre, si le permitía casarse con su hija. Bella le había dicho a su madre que no lo conocía bien como para aceptar tal cosa, pero su madre amaba a su papá a pesar de sus vicios e infidelidades, así que Bella no tuvo más opción que aceptar. Aunque su padre, después de todo, no sobrevivió a la cirugía.
—Hey, Bella —dijo Emily Uley, sacándola de sus recuerdos—. Tu esposo te busca, amiga.
