Cap. 2: A mi cama...

Las horas pasan y yo sigo aquí, sentado cómo un tonto. La veo. No puedo dejar de hacerlo. Es tan hermosa....

Se mueve con gracia, con elegancia, con una inocente sensualidad... totalmente desquiciante.
Se preguntarán ¿qué demonios hago yo aquí?, y más todavía, ¿qué hace ella aquí también? Bueno... creo que hay dos repuestas justificable.
Primero, ella ha evadiendo ágilmente todas mis proposiciones. Y segundo... he encontrado un exquisito placer en observarla. Sí, como un idiota, o mejor dicho, como todos los idiotas que están aquí hoy, como todos los días.

Ya ha pasado una semana desde que la vi por primera vez. Es una tortura y un placer recordar ese día. La frustración de mi cuerpo al no verse complacido casi me mató, pero es muy lindo recordar nuestro primer encuentro.

Su nombre, por si no lo saben, es Hinata. Hyuga Hinata, para ser más precisos. Ella pertenece al clan de los Hyuga, pero ha sido expulsada. Es ninja, sí, pero trabaja en sus días libre, o noches libre, en este bar. Según tengo entendido no tiene novio, esposo o prometido, cosa que, a decir verdad, me trae sin cuidado. Va a ser mía sea como sea. También cabe decir que vive en un apartamento cerca del mío. No. No es que la espíes, es sólo que... la vi de casualidad entrando. Su apartamento es lindo, huele a rosas, como ella, y está muy bien ordenado. No. Tampoco es que allá entrado a espiar, sólo quería ver si estaba en casa y no quise tocar la puerta. Es una chica fuerte, pero no por eso deja de ser delicada.

Por muy tonto que sea, de vez en cuando me dan ganas de cuidarla, de protegerla de todo y todos. Aunque, claro, eso nunca será, porque yo nunca protegería a nadie más que a mi mismo. Pero... podría protegerla por unos días, o el tiempo que dure calentando mi cama.

...//...

Está lloviendo, pero eso no me impide ir a verla. Naruto está insoportable, siempre preguntándome que dónde paso las noche, qué hago, y con quién. Me dice que no estoy igual que siempre, que estoy en el aire, y no recuerdo qué estupideces más. Pero sólo es que no estoy con él tanto como antes. El tonto seguramente piensa que quiero escapar de Konoha, pero... a decir verdad la idea está cada vez más lejos.

Entro al bar. Me sorprende mucho verlo vacío. ¡Ja! parece que los tontos le tienen miedo al agua... eso, o no tiene una obsesión tan grande como yo. Pero, sea como sea, esto es un punto a mi favor. Sí. Ella hoy es sólo para mí… sólo para mí.

Cuando me ve viene hacía mí con una toalla en las manos. Me la da y me acerca una silla para que me siente.

-E-estás empapado

Comenzó a flotar suavemente la toalla contra mi pelo y mi cuerpo se tensó al instante. Seguramente Hinata no sabía que sus pechos eran mi primer punto de visión o sino no hubiese estado haciendo eso.
Deseé tomar con mis manos su cadera y hacerla sentar con mis piernas entre las de ella, para luego besarla tan arrebatadamente hasta que me suplicará que la tomara allí mismo.

-N-no debiste venir -yo apenas escuchaba su voz en un leve susurró por encima de mi cabeza-. Hoy cerramos temprano porque se avecina una tormenta para mañana, ¿no lo has escuchado?

Me sorprendí un poco. La verdad es que no tenía idea de que hubiera una tormenta acercándose, pero tampoco me sorprende. Últimamente todo lo que ocupaba mi mente llevaba el nombre de "Hinata".

-No.

-Hump... Q-que despistado eres, U-uchiha-san -me reprochó.

Fue entonces que me di cuenta de que tenía toda la razón. Aunque despistado no era la palabra precisa. Era tonto. Me estaba volviendo tonto. En realidad Hinata me estaba volviendo tonto. Me doy cuenta de que beso tomarla. Marcarla como mía y luego liberarla. Esto me está afectando más de lo que debería. Mucho más. No puedo permitir que una hermosa bruja hechice mis sentidos.

-Bien, ¿a qué hora cierran?

Comencé a tramar todo muy cuidadosamente en ese momento.

"Lo siento, Hinata, pero hoy amanecerás en mi cama... aunque tampoco me importaría ser yo el que amanezca en tu cama".

-Y-ya, prácticamente, ¿por qué?

-Nos vemos juntos -"A mi cama".

-P-pero...

-Nada de peros, Hinata. Anda, cámbiate, yo te espero.

Ella no puso ninguna objeción. A decir verdad Hinata es demasiado confiada, o inocente, o tonta. No se cuál, pero sea cuál sea, necesita mucho que la protejan. Por mucho que sea fuerte hay cosas en la vida, que yo sé y ella no, de las que no se le ocurriría si quiera cómo defenderse. Y yo me odio por pensar en defenderla yo de estás cosas.

Cuando Hinata se alejó, me preparé mentalmente para todo lo que iba a hacer. Yo sabía perfectamente que Hinata era virgen. En realidad, dudo que a alguien con cerebro pudiera pasarle desapercibido aquella inocencia, así que tendría que hacer las cosas con sumo cuidado. Tratarla delicadamente.

Mi mente pervertida comenzó a planear un plan tras otro. Cosas que le podría hacer durante toda la noche... y el día. Podría enseñarla mucho. Es más, le enseñaría mucho. Después de todo, yo no sería el único amante de Hinata.

Hump.

La idea me enfureció. Pensarán que estoy loco pero me enfurece, me pone celoso el imaginar si quiera que algún hombre vuelva a ver a Hinata de esa forma.
De esa forma tan... tan mía. De esa forma en que sólo yo la puedo ver. Aunque descarte la idea lo más rápido que pude. Mientras menos pensará en estupideces, mejor,.

¡Ah! También le podría hacer eso, seguramente le encantaría...

-Ya estoy lista.

La voz me sacó de mis pensamiento. Hinata se había vestido. Llevaba un vestido azul con bordes negros hasta los muslos y unas medias largas negras un poco más arriba de las rodillas. Sus zapatos también eran negros y por encima de eso llevaba un impermeable que se iba abrochando a medidas, y yo le recorría con la mira, fascinado.

-Bien. Vamos -logré decir.

Caminamos en silencio todo el camino cosa, debo decir, que me ayudo mucho a poner todos mis sentidos en orden.

Cuando llegamos al frente de su casa (sin yo darme cuenta siquiera) ella me miró con una expresión en los ojos que no llegue a comprender pero que había visto muchas veces en ellos, aunque no llegaba a analizarla ya que siempre Hinata apartaba la mirada. Ahora tenía tiempo y ella estaba dispuesta a enfrentarme.

-B-bueno, y-yo ya llegue -miró en dirección a su casa y luego a mí-. H-hasta otra, Uchiha-san.

Era deseo. Lo que estaba escrito en sus ojos era deseo.
Eso me dio fuerzas y esperanzas para continuar.

-¿Quieres venir a mi casa a tomar algo para el frío? -Era una forma linda de pedirle que se acostará conmigo.

Ella captó la indirecta.

-Y-yo... l-lo s-siento, U-uchiha-san, pero t-tengo muchas cosas que h-hacer en mi casa y n-no puedo t-tomar nada.

A pensar del frío un intenso rubor cubría sus suaves mejillas, cosas que me hizo desearla más, si era posible eso.

Sin saber bien lo que hacía la atraje hacía mí rodeando su cintura con sus brazos y ella gimió de sobresalto. Ni siquiera deje que protestará y pegue mis labios sobre los suyos. Dios... era todavía mejor de lo que había imaginado. Los labios de Hinata eran suaves, carnosos, tiernos y estaban humanos y fríos por la lluvia.

Ella primero intento despegarse de mí, poniendo sus manos en mi pecho e intentando separarme, pero yo la pegue más fuerte contra mí y cuando sentí que intentaba apartar la cabeza coloque una mano bajo su nuca y la acerque más a mi cara.

Hinata se dio por vencida finalmente pero no hizo nada más. Su cuerpo quedó rígido contra el mío. Tal vez pensará que eso me detendría, pero estaba muy equivocada. En realidad, no podía estar más lejos de la realidad.
Suavicé un poco mis labios sobre los de ella y empecé a moverlos con suavidad, tiernamente para no asustarla. Hinata seguía igual se rígida. Entonces mi lengua chocó con su labio inferior y sentí como los apretaba, en un intento por contenerse. Una sonrisa se me escapó y tome entre mis dientes su labio inferior con cuidado y lo lamí, lo mordí suavemente, tentándola, incitándola a abrir la boca.
Finalmente sus labios aflojaron y yo comencé a abrirlo bajo los míos. El cuerpo de Hinata ya se había relajado y yo la apretaba contra el mío en un intento de tenerla cerca, además de que sabía que si la soltaba seguramente caería al suelo.

Cuando sentí a Hinata totalmente relajada en mis brazos moví mis labios con más destreza sobre los de ella, lamiéndonos y mordiéndolos de vez en cuando. Cuando se le escapó un gemido entrecortado aproveché para introducir mi lengua.
Su interior era suave, sedoso y caliente. Recorrí todo el espació que había allí, degustando toda la exquisitez que su boca me ofrecía. Sentí como tímidamente Hinata respondía a mi beso, rozando apenas su lengua con la mía. Junté nuestras bocas todavía más y profundice el beso.

Ella respondía a mis besos con una pasión que me dejo sorprendido. Mi lengua y la suya se encontraron en la pelea más satisfactoria de toda mi vida. Sentía como cociente o inconscientemente se pegaba a mi cuerpo y los gemidos que salían de su boca cuando mordía su labio inferir o succionaba su lengua.

Luego de no sé cuánto tiempo así, separe nuestras bocas y me deslicé en besos cortos y mojados hasta su garganta, recorriendo las gotitas de agua casuales que me encontraba. Hinata emitió un gemido de protesta cuando abandoné su boca.

-¿Entonces, vienes a mi apartamento?

Ella tardó en responder y cuando lo hizo, su voz fue apenas un susurro tembloroso.

-Sí...