Festividades a través del tiempo
por
Sakura
Sandri (Freya) muchas gracias por ser siempre mi primera lectora… este capítulo va dedicado para vos ) ¡qué tengas un excelente comienzo de año! (y que la resaca no haya sido gacha xD)
Saludos de Año Nuevo a todos mis lectores!!
Vísperas inesperadas
#03. Noche Buena
—Sigo sin entender… ¿para qué vas a llevar ese pino a la época de Kagome? —preguntó el pequeño zorrito youkai rascándose la cabeza.
Inuyasha frunció el ceño impaciente mientras talaba algunos de los troncos para fabricar leña. —Es parte de las costumbres de Kagome, por una fiesta que no recuerdo cómo se llama… es muy extraña —espetó deteniéndose mientras intentaba hilar algunas ideas. —…, se entregan obsequios unos a otros… y cubren el pino de unas cosas extrañas de colores en forma de bola, todavía no comprobé si son comestibles —comentó retomando su trabajo.
—¿Son dulces? —preguntó nuevamente el niño de ojos verdes con una brillante sonrisa.
—Ya te dije que no lo sé, solo vi una fotografía de un pino con esas cosas que Kagome mostró… —respondió de mala gana para luego tomar su tessaiga y terminar el trabajo en menos de medio segundo. —, y deja de ser goloso…—bufó molesto.
—¿Y qué vas a hacer en el tiempo de Kagome-sama? ¿pretendes quedarte allá varios días? —sonrió sugerente el monje pervertido.
La taijiya le lanzó una mirada desaprobadora al houshi. —Dile a Kagome-chan que venga a visitarnos pronto… estoy preparando un obsequio para ella —sonrió afablemente.
Inuyasha miró con el ceño levemente fruncido al monje. —Oe Miroku… ¿y a ti qué te interesa? Deja de pensar en esas cosas… no soy un hentai como tú, me sorprende que Sango siga a tu lado, podría buscarse alguien mejor —sonrió burlón.
—¡Inuyasha! —exclamó sonrojada la jovencita de cabellos castaños mirando hacia un lado. —Nosotros todavía… no… —murmuró bastante nerviosa sin prestar a la mano del monje que se aproximaba peligrosamente a cierta parte de su anatomía.
Luego de llevarse una buena cachetada el houshi se quejó en silencio acariciando su mejilla. De todas formas había valido la pena. Mucho.
Con una pequeña gotita en su frente Shippo caminó hacia el mitad demonio. —Al menos Miroku siempre le dice lo que siente a Sango, tú eres un cobarde… —se burló sacando la lengua.
—Mocoso maldito… —gruñó depositando un "leve" golpe en su cabeza para darle su merecido. —Ese bonzo no dice lo que siente, vive queriéndose aprovechar de Sango… o de cualquier mujer que se le cruce por el camino —comentó tomando el árbol que había reservado para la sacerdotisa del futuro.
—Es mi forma de demostrar mis sentimientos con Sango, ella aceptó tener veinte hijos conmigo hace un tiempo ¿no recuerdas? —sonrió libidinosamente. —, por lo tanto acepta mi persona…
Sango se limitó a curvar sus labios en una leve sonrisa intentando alejarse prudentemente del monje para evitar que siguiera con sus mañas.
Inuyasha y Shippo resoplaron resignados.
Hay cosas que nunca cambian.
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Al otro día…
Después de que Inuyasha ayudara a Kagome a instalar el árbol navideño en medio de la espaciosa sala, la jovencita de cabellos azabaches corrió graciosamente al armario para buscar las bolsas repletas de diversos adornos.
Sin entender muy bien el entusiasmo de la chica, el medio demonio la siguió para ayudarla a cargar con el peso y, de paso, a comprobar si aquellas cosas eran comestibles. Los colores eran muy llamativos.
—Inuyasha, iré a buscar las luces y guirnaldas... mamá debe haberlas guardado en otro lugar, fíjate si puedes colocar algunas cintas —guiñó un ojo encaminándose hacia el piso superior.
Asintiendo el muchacho de cabellos plateados vació una de las bolsas sobre la pequeña alfombra de la sala de estar. Varias bolitas rodaron en su dirección. —¿A qué sabrán? —sonrió enterrando su colmillo en una de ellas color rojo.
Fue en ese segundo cuando la sacerdotisa llegó para ver al hanyou tensando su expresión por el desagradable sabor de la pieza de adorno. —¿Qué estás haciendo? —preguntó sonriendo nerviosamente mientras recogía las bolitas que se habían esparcido por toda la sala.
—Pensé que eran dulces —rodó los ojos fingiendo demencia. —¿No hay más de ese dulce que me diste ayer? —preguntó entusiasmado.
—Después de la cena de Noche Buena habrá muchos… y un pastel delicioso —respondió Kagome colocando unas guirnaldas color doradas, rojas y verdes en el robusto pino. —Mañana llevaré otro para los chicos… ¿cómo están ellos? —preguntó mientras verificaba que todas las luces se colores se encendieran.
—Shippo estaba ansioso por probar los dulces —espetó con una media sonrisa. —Sango preparó un obsequio para ti… ellos te esperarán mañana —respondió intentando desenredar los lazos de un moño para ubicarlo en el árbol.
La joven sonrió viendo como el medio demonio comenzaba a fruncir el ceño al no poder desenmarañar los nudos del adorno. —Creo que estás dejándolo peor —rió divertida acercando sus manos para ayudar.
Las mejillas del hanyou se sonrojaron levemente al sentir el delicado contacto de su piel. Soltando el moño, impulsivamente tomó sus manos entre las suyas. Los cálidos ojos color chocolate de la muchacha lo observaron expectante, se veía algo confundida, pero un brillo especial iluminaba su mirada. —Kagome… es hora que yo…
La chica asintió esperando escuchar aquellas palabras que desde hacía tiempo estaba esperando. Todo que había comenzado como una aventura en la época de las guerras civiles, la Shikon no tama destruida en miles de fragmentos por causa de su inexperiencia con el arco y las flechas. Ahora solo estaban ellos dos, humana y medio demonio formando un melódico compás al ritmo del latir de sus corazones unidos a través del tiempo. De aquel pozo mágico y el árbol del tiempo, el sagrado Goshinboku.
Sus labios estaban a punto de rozarse cuando unos pasos llamaron su atención. —¿Inu no nii-chan? ¿Ibas a besar a mi hermana? —preguntó sonriente un pequeño niño de aproximadamente nueve años.
En menos de medio segundo los rostros de ambos se separaron, totalmente avergonzados. Kagome tosió nerviosa. —¡Souta! Nosotros… solo estábamos adornando el pino de Navidad —murmuró bastante avergonzada.
—¿Solo eso? ¿por qué no tomas la iniciativa, hermana? Yo tuve el valor de hacerlo con Hitomi-chan —sonrió sonrojándose levemente.
El hanyou no emitió una sola palabra, había perdido la capacidad del habla ante las sugerencias del muchachito. Después de unos segundos recompuso compostura poniéndose de pie. —¡Kuso! Es mejor que lo hagamos después, Kagome… es temprano… ¡y quiero ir a jugar a los videojuegos con Souta! —afirmó intentando modificar aquella situación.
—¡Genial! Tengo un nuevo juego de lucha que te va a gustar mucho… aunque estoy seguro que ninguno es tan fuerte como tú —comentó con un brillo de admiración en sus ojos.
—¡Keh! No es necesario que lo digas, lo sé muy bien —sonrió abiertamente el hanyou con el ego aumentado hasta inalcanzables límites por causa de la admiración pequeño niño.
La muchacha de cabellos azabaches asintió viéndolos desaparecer rápidamente por la puerta de la sala. Unos cuantos días de convivencia con el chiquillo y el ego del medio demonio no cabría ni siquiera en su espaciosa casa.
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Ya era de noche cuando toda la ciudad de Tokyo estaba iluminada por luces multicolores parpadeando. Los árboles del parque principal vestían orgullosos las múltiples luciérnagas plateadas que no dejaban de brillar por un solo instante. En torno a ellos en pequeñas bancas los enamorados se tomaban de la mano para disfrutar aquella espléndida noche, que a pesar de ser invernal, guardaba un calor especial para arrullar el corazón de los amantes.
En el Templo Higurashi todo estaba presto para comenzar la cena. Kagome había preparado todo tipo de platillos, salados y dulces para aquella especial cena. Sonriente, como de costumbre, su madre estaba a su lado muy dispuesta en los preparativos.
Souta jugaba en el suelo de la sala con el regordete felino junto al enorme árbol de navidad y el abuelo, a su lado, contaba interminables historias de Navidad de épocas remotamente antiguas, cuando todavía existían los youkais.
Inuyasha estaba muy concentrando mientras observaba un bol con barras de chocolate derretirse en pocos segundos en aquella máquina extraña que Kagome siempre utilizaba.
—Oe, Kagome… ¿por qué el dulce se puede derretir al girar dentro de esa caja? —preguntó extrañado. —No veo ninguna fogata ahí dentro… —frunció el ceño.
La sacerdotisa, que estaba finalizando de decorar el pastel navideño, giró sonriendo nerviosamente. Había estado más de tres horas preguntando por los objetos de la casa. —Es un microondas, no necesita una fogata para derretir el chocolate… —respondió afablemente.
—¿Y entonces cómo funciona? —preguntó nuevamente arqueando una ceja.
La muchacha apretó el puño impaciente. No terminaría jamás si seguía preguntándole todo el día. —Creo que Souta está aburrido, ve a jugar con él… —espetó acomodándose el delantal sonriendo heladamente. —En unos pocos minutos cenaremos —agregó volviendo a sonreír entusiasmada.
El medio demonio asintió un poco asustado por el cambio de expresiones de la mujer. A veces ella le causaba un poco de temor.
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La mesa navideña estaba colmada de diferentes platos: había camarones fritos, panes de carne, sushi y algunas ensaladas muy coloridas. El pastel navideño era lo que más llamaba la atención de los presentes. Cubierto de crema chantilly con fresas decorando todo su diámetro, se veía absolutamente tentador. Un par de centros de mesa con velas rojas iluminaban los platillos.
Habían adornado prácticamente toda la casa. Muy cerca del pino en un rincón alguien había colgado en la esquinera un pequeño muérdago con un par de pelotitas rojas.
A pocos segundos de acabar con el decorado final, el teléfono sonó repentinamente. Sonriendo afablemente la madre de la sacerdotisa atendió el llamado.
Souta parecía preparado para salir, llevaba una mochila cargada de cosas y el abuelo lo ayudaba con algunas bolsas.
—¿Pretenden salir ahora? —preguntó extrañada la muchacha de cabellos azabaches.
El niño sonrió nervioso, al parecer se había adelantado a los hechos. A los pocos segundos apareció nuevamente la mujer llevando una cartera.
—Nosotros tenemos que salir… fuimos invitados a cenar por la tía de una amiga que vive en Kyoto… no volveremos hasta mañana —sonrió abiertamente.
—¿Recién acaba de avisarles? —preguntó Kagome con la ceja levemente arqueada.
—Eso no importa ahora… es mejor que aproveches esta noche con Inuyasha, después de todo la cena debe haber quedado estupenda… —sonrió con complicidad mirando a su primogénita. —Que tengan una muy feliz Navidad… —espetó radiante para luego estrechar entre sus brazos a su hija.
—Mañana regresaré para contarles la historia de cómo empezó a celebrarse la Navidad —sonrió entusiasmado el anciano cargando al pesado felino. A su lado, Souta sonrió animado acercándose al medio demonio para estrechar su mano.
—¡Keh! No entiendo nada… demo, mañana continuaremos con ese juego ¡ya estoy en el último nivel! —sonrió abiertamente estrechando con cuidado la mano del pequeño.
Kagome los acompañó hasta la puerta para luego cerrarla con cuidado. Bastante nerviosa suspiró cerrando sus párpados mientras apoyaba su espalda en esta. Estaba segura que habían planeado todo eso desde un inicio.
¿A solas con Inuyasha en Navidad? ¿Solos para cenar y pasar una velada de Noche Buena?
Si al menos él supiera del significado que guardaba esta época para los enamorados.
Levemente sonrosada abrió los párpados para encontrarse cara a cara con el hanyou que la miraba intensamente. Su mirada dorada traspasaba todas las barreras, parecía que con aquella seguridad podía observar su alma con mucha facilidad. ¿Qué pretendía?
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Continuará.
Glosario:
Youkai: demonio con poderes superiores a los humanos.
Tessaiga: espada de Inuyasha, heredada de su padre.
Taijiya: caza demonios.
Houshi: monje de categoría muy baja.
Oe: oye, hey.
Hentai: pervertido/a. También es usado por los japoneses para llamar a otro de extraño.
Hanyou: medio demonio. Hijo de humana y youkai.
Shikon no tama: perla de Shikon. Fue destruida por la inexperiencia de Kagome en el uso de arco y flechas a los pocos días de conocer a Inuyasha. Si se completara, puede cumplir el deseo del que la posea.
Goshinboku: árbol sagrado que existe tanto en el Sengoku-Jidai (época de las guerras civiles, Medioevo japonés) como en la modernidad en Tokyo, ubicado en el jardín de la casa de los Higurashi (familia que forma parte Kagome)
Inu-no-niichan: hermanito perro. Así le dice de cariño Souta a Inuyasha.
Kuso: mierda.
Keh: expresión que usa Inuyasha, no tiene significado en especial.
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Notas de la autora:
Para un mayor conocimiento sobre la Navidad japonesa les paso este par direcciones que explican el significado en este país ;)
h t t p / c u l t u r a j a p o n e s a . b l o g s p o t . c o m / 2 0 0 6 / 1 2 / n a v i d a d – n a v i d a d . h t m l (gracias por el link, Sandri ) en esta explica su lado comercial
h t t p / p j o r g e . c o m / 2 0 0 3 / 1 2 / 1 4 / n a v i d a d – e n – j a p o n / en esta el lado sentimental que tomé para el fanfic :)
Solo tienen que quitar los espacios de las direcciones, no permite dejar urls…
Espero que les haya gustado… ¿fui mala por cortarlo ahí? Mwehehe… para la próxima semana actualización! Gracias por leerme ;). Por favor, déjenme su comentario para saber si les gustó :)
Karina me podrías pasar tu mail? Siempre respondo los rws a través de esa vía o por MP ), muchas gracias por tus comentarios… saludos!
AniWitch te pido lo mismo que a Karina… ;) gracias por tu comentario… no conozco el animé Junni Kokki, pero el personaje que tenga la voz de Kappei debe rulear jeje : P y más si tiene ese parecido con nuestro cachorrito lindo… heheh… saluditos!!
Besos, y Feliz año para todos! D
Sakura
