De paso actualizando esta historia...
Kung fu panda y sus personajes son propiedad de Dreamworks
Y la oscuridad cubrió al mundo
-Byakko…- le llamo, el miraba el amplio bosque, los frondosos arboles, sus grandes copas que tapaban el cielo y apenas permitían el paso de los rayos del sol, se sentía la frescura, el aire correr por su cuerpo, por todo el lugar, estaba sentado frente a la cabaña, dándole la espalda, meditando, pensando, ¿Qué había pasado?
-¿Sucede algo?- pregunto al salir por la puerta, felizmente se acerco al panda y se sentó a su lado, la miro con detenimiento, era curioso, verla vestida de pantalón negro y camisa blanca de mangas largas, un sencillo conjunto, con los mismo colores de su pelaje, sus ojos plateados brillaban con intensidad, llamaban mucho la atención, toda ella llamaba mucho la atención.
-¿Qué… que sabes de mi?-pregunto apartando su mirada de ella y dirigiéndola hacia arriba, como buscando ver atravez de las hojas, buscando ver el cielo.
-Tu nombre, Po, Xiao Po- apenas y podía recordarlo, no estaba seguro, dudaba, ¿en verdad ese era su nombre?, todo estaba en blanco, todo, solo podía recordar lo ultimo que vivió, ese ataque, esas dos sombras, esos ojos, se estremecía con solo pensar en ellos, pero era lo único que recordaba, lo único.
-Po…- susurro, como buscando convencerse a si mismo.
-¿En verdad no recuerdas nada?- pregunto Byakko acercándose un poco mas a él, posando una de sus patas en la cabeza del panda, donde llevaba algunas vendas.
-No, solo de lo ultimo que me paso, y aun así solo puedo ver sombras, es como si… mis recuerdos se volvieran cenizas, mi memoria esta en blanco- le abrazo, colocando su cabeza en su pecho, con fuerza, con ternura, sintió su calor, su cariño, buscando reconfortarlo, poco después se aparto de él, dejándolo sorprendido y sin habla.
-Perdóname, lamento no ser de ayuda, lamento no poder decirte quien eres-
-Ya es hecho bastante por mi, me has cuidado, mes curado, me has salvado la vida-
Aquel lugar era un desastre, estaba lleno de rollos y pergaminos por todas partes, el se movía de un lado a otro, buscando, investigando, mientras que Mantis solo lo miraba de reojo, observando a su maestro mientras que el no podía dejar de ver aquella pintura, quizá no sabia mucho de arte, pero podía saber que era muy antigua, el pergamino parecía estar por hacerse polvo y los colores se habían perdido casi en su totalidad, a una si miraba con detenimiento cada una de las figuras, de los animales, de los primeros "Furiosos".
-Lamento si le distraigo Maestro Shifu, pero… ¿Qué mas sabe de ellos?, ¿Qué mas le conto Oogway?, después de todo en el pasado usted fue un furiosos como nosotros- Shifu se giro y dejo a un lado los rollos que llevaba en la mano, acercándose a la mesa donde estaba mantis.
-Oogway no solía contarnos muchas historias, menos aun de aquella época cuando se fundo el Kung Fu, decía que eran poderosos como ninguno, sus habilidades iban mas allá de lo normal, se les consideraba dioses, pero sus corazones oscuros, sus crueles intenciones, terminaron por ser considerado demonios, bestias, "Furiosos", de los únicos que recuerdo un poco son de ellos dos- señalo al Tigre Blanco y al gran León, Mantis sintió como le recorría un escalofrió por todo su pequeño cuerpo al mirar a este ultimo.
-Ese sujeto me pone nervioso solo con verlo- expreso ante su maestro.
-Oogway lo menciono como el mas temible de los ocho, "No has de mirar en los ojos del león", eso fue lo único que el me dijo sobre él-
-¿A que se referiría el Maestro?, por la venda negra he de suponer que era ciego, ¿no?-
-No lo se, nunca me lo explico- dicho esto volvió a su labor, buscando entre los archivos.
-¿Que buscamos realmente Maestro?-
-No lo se con exactitud, pero debe haber algo que nos diga que esta pasando-
La madera se quebraba entre sus patas, ante su fuerza, todo se desmoronaba y se hacia pedazos a su paso, y aun así, no era suficiente, no era suficiente para ella, tenia que entrenar mas, ser mas fuerte, romper sus limites, mejorar, superarse, solo así cumpliría su promesa de proteger a sus amigos, a su maestro; cuando se detuvo y miro hacia atrás pudo observar la destrucción causada por ella, el salón de entrenamiento estaba hecho un desastre, jadeaba y sudaba bastante, estaba exhausta, pero pensaba seguir.
-Si sigues así te destrozaras los huesos- se giro para ver quien era y se topo con Mono quien entraba al salón.
-Aunque me parta los huesos seguiré entrenando- contesto seria.
-Entonces creo que necesitara un oponente para hacerlo- el primate se coloco en posición de ataque.
-Venga, estoy listo-
-Aquí voy-
La luz se perdía en el horizonte, ocultando al gran astro y dejando paso a la oscuridad, pues ni la luna misma se atrevía a salir, el cementerio parecía vivir en una realidad aparte, en un lugar distante pues las leyes del tiempo no parecían tocarlo, era algo desquiciado y demencial… seria Magia, Brujería, ¿que clase de horror se ocultaba en aquel cementerio?
-Al fin encuentro tu tumba- exclamo el enorme León al abrir aquella tapa de madera, mirando lo que quedaba de lo que alguna vez fue un cuerpo vivo, mirando dentro del ataúd que había sacado de su entierro.
-Levántate, camina, que los muertos también andan, pues su almas me pertenecen, pues sus cuerpos polvo aun no son…- el polvo se levanto de su tumba por el viento helado que le rodeo, elevándolo frente al León, girando, tomando forma, Huesos fueron formados, y la carne apareció en ellos, la sangre roja le rodeo, buscando devolverle la vida, buscando armar su cuerpo, era grotesco ver aquella imagen pues los músculos estaban desnudos, los órganos estaban expuestos y la piel aun no los cubría, los ojos gelatinosos se formaron en las cuencas del cráneo y la masa amorfa y rosada paso a darle cerebro, la piel por fin recorrió su cuerpo, cubriéndolo, ocultando su interior, finalmente el cuerpo revivido cayo al piso, a los pies del gran Felino quien sonreía con satisfacción.
-Aun eres un envase, un jarrón vacío, tienes mente y cuerpo, tienes alma mas no espíritu…- de su cinturón desprendió un frasco de cristal con tapa de metal, un liquido azul oscuro pero brillante se encontraba en el, al abrirlo, la sustancia se transformo en humo, flotando en el aire, Asad lo atrapo en sus garras y acercándolo a su boca, soplo y lo dirigió hacia el cuerpo frente a el, sus ojos se iluminaron con un brillo amarillo y clavo su mirada en el felino.
-¿Quien… eres…?- su voz sonaba seca, como si tuviera polvo en la garganta, mas aun así, se escuchaba sorpresa en su voz.
-Mi amigo, soy aquel que te a traído de vuelta a la vida, eso es todo lo que deberías saber-
-¿Por qué… por que me has… traído… de nuevo…?- pregunto mientras se ponía de pie con dificultad.
-Necesito de tu fuerza, de tu poder… te tiendo la pata mi amigo… te pido que te unas a mi- extendió su pata hacia el, lo miro confundido, por la venda en sus ojos y su apariencia no sabia si podía confiar en él.
Extendió y estrecho pata con pata sin temor alguno, Asad sonrió como un demente.
-Bienvenido Tai Lung-
La soledad de aquel lugar, del inmenso bosque hacia cuestionarse a Po, no había nada ahí, nadie cerca, nadie con quien charlar, platicar, convivir, solo aquella cabaña, sola, nada mas que el viento, la tierra y los arboles como compañía.
-¿No te sientes sola aquí?- pregunto a la vez que la miraba recolectar algunos frutos de los arboles.
-A veces, pero los arboles me hacen compañía, el viento, la hierba, si escuchas con atención puedes escuchar al bosque, es el bosque quien me hace compañía-
-¿Cómo es que tu…?- no sabia como preguntárselo, como preguntar ¿desde cuando estaba sola?, ¿Por qué estaba aislada?, sentía que podía tocar un tema del que realmente ella no quería hablar.
-¿Cómo es que termine aquí?- suspiro mientras dejaba aun lado la canasta donde recogía aquellos frutos, se acerco un poco a Po y le miro a los ojos.
-He estado sola desde niña, mi madre murió cuando aun era un bebé, y mi padre un día se fue y nunca… nunca regreso, realmente nunca entendí por que, pero papá siempre dijo que nunca debíamos ser vistos-
-¿Nunca pensaste en salir, en conocer que hay más allá del bosque?-
-Una vez, cuando tenia trece años, pero me aterro la idea, no logre llegar mas allá de los arboles que nos rodean-
-Byakko… ¿te gustaría conocer el mundo?-
-Quizá, quizá-
Tigresa y Mono ya estaban exhaustos, los huesos de todo el cuerpo les dolían hasta la medula, sentían que el aire que entraba a sus pulmones no era el suficiente, estaban sudados, sus ropas estaban desgarradas de algunas partes, estaban hechos un desastre y ni hablar del salón de los héroes, ahora si que era un buen momento para descansar, Tigresa había disfrutado del entrenamiento, el combatir con un amigo era algo muy diferente a golpear un muñeco, el espíritu, ese espíritu de lucha es lo que convierte una simple batalla, un enfrentamiento en una verdadera lucha, en un verdadero combate dos a dos, dos cuerpos, dos almas, dos espíritus, sus ideales, sus emociones, todo puede percibirse en un combate, es mostrar una esencia, es compartir mediante la lucha, una emoción, un sentimiento, conocimiento mismo, es danzar, y para danzar se necesita de dos o mas, uno no pude danzar solo.
-¡Que buen entrenamiento!, parece que… te la puse difícil ¿eh?- Mono sonreía con alegría, tenia mucho tiempo que no peleaba así, sin duda la emoción aun corría por su cuerpo.
-Si… me la pusiste difícil, mas aun así, yo gane, si no fueras mi amigo, créeme que no estarías de pie ahora- contesto burlona.
-JAJAJA ya lo creo Tigresa, ven, vayamos a comer algo, me muero de hambre- los dos salieron a paso lento y cansado con rumbo a la cocina, mas cuando llegaron recordaron una cosa.
-Cierto, no esta Po, lo había olvidado- Mono esbozo una mueca y entro en la cocina buscando algunas cosas que comer, subió a una de las vigas de madera y tomo su frasco de galletas.
-¿Quién cocinara ahora?- se pregunto Tigresa, busco cosas en los cajones y en la alacena, logro encontrar algo de Tofu, se sirvió en un plato y se sentó en la mesa mientras mono comía sentado sobre una de las vigas.
-¿Realmente estará bien?- Tigresa comenzó a comer, la pregunta que hizo la tenia en la cabeza desde muy temprano, ¿habría sido buena idea dejar ir a Po a una misión tan pronto?
-¿Qué?, ¿dejar que Po fuera a esa misión?, puede que no, pero aun así… ¡es Po!, será descuidado y flojo y todo eso, pero ya nos ha demostrado mas de una vez que no hay quien pueda con él- respondía mientras se atragantaba con galletas.
-No deberías preocuparte tanto por él, estará bien, ¿Qué podría sucederle?-
-Aun así, me siento incomoda con esta situación, el ataque de esa… pantera, ¿Qué significa?, ¿Por qué querría el Rollo del Dragón?-
-Si no sabia que Po tenia el Rollo, entonces no sabe donde esta Po, esta a salvo, relájate, toma, come una galleta- le arrojo una galleta a Tigresa la cual la atrapo en el aire, la miro por un momento, era extraño que Mono compartiera de sus dulces, cuando lo miro el solo le sonrió, un gesto generoso de su parte, sonrió levemente y la comió.
-El maestro Shifu a descubierto algo- entro informando Grulla.
-Vengan rápido, quiere hablar con todos- Tigresa y Mono acompañaron a Grulla hasta un apartado lugar del palacio, donde Shifu y Mantis habían estado buscando información sobre los "Primeros Furiosos", al parecer su trabajo había rendido frutos.
-Ya estamos todos reunidos maestro- exclamo Mantis al ver a todos sus compañeros en aquel lugar.
-Bien, lo que les voy a decir, es bastante alarmante- el panda rojo estaba muy serio y por su expresión, seriamente preocupado.
-¿Por qué?- pregunto Víbora.
-Tal parece que los "Primeros Furiosos", no fueron… del todo derrotados por Oogway en el pasado- respondió Mantis.
-Mantis tiene razón, entre los Rollos y viejos pergaminos, encontramos lo que parecen ser diarios, la mayoría explica vagamente quienes eran, por que se autodenominaban Furiosos y cuales eran sus posibles intenciones, pero nada claro hasta que leímos este ultimo- extendió un pergamino tan antiguo como las pinturas mostradas antes.
Tigresa lo tomo con cuidado y lo abrió, extendiéndolo sobre la mesa, dejando que los demás lo leyeran.
"No creo que este muerto, no después de todo lo sucedido, aun siento… aun siento su presencia… esa sensación me recorre el cuerpo, me pone tensa y alerta sin razón alguna, pude verlo caer, morir, pero siento su presencia, y si el esta vivo aun, el resto de los Furiosos también lo esta, hemos perdido tanto por su culpa, hemos sufrido tanto por ellos, todo el caos que causaron… ya no se que hacer.
Carmesí"
-¿Carmesí?, fue quien lucho alado de Oogway y de ese tal Takezo ¿cierto?- Tigresa no sabia quien era esa tal Carmesí, pero al verla en aquella pintura, sentía que tenia algo que ver con ella, una conexión, algo muy fuerte, un lazo.
-Si, al parecer muchos de los pergaminos y Rollos están escritos por ella- contesto Shifu.
El gong sonó, esta vez con motivo de alarma, alguien atacaba el pueblo, los cinco sintieron un escalofrió recorrerles el cuerpo, lo que sucedía escaleras abajo no era para nada bueno, rápidamente salieron y bajaron las escaleras, un sentimiento de angustia y preocupación les recorría el pecho, Tigresa y Mono aun no se recuperaban de su fuerte entrenamiento, ellos dos eran los mas preocupados, darían su mejor esfuerzo en caso de que sucediera lo peor, pero no estaban tan confiados, realmente estaban tensos.
Al detenerse en medio de una de las calles principales, los seis maestros quedaron impactados, boquiabiertos, y sintieron como la esperanza y su voluntad se marchaba de sus cuerpos.
-¡Hola Maestros de Jade!, que gran placer me brindan con su presencia, mi nombre es Asad y estoy aquí para probar la fuerza de los que se hacen llamar "Cinco Furiosos"-
La oscuridad no tardaría en llegar, el día llegaba a su fin, el frio viento de la noche comenzaba a soplar y mecer las ramas de los arboles del bosque, Po buscaba levantarse, caminar por si mismo, sin ayuda, pero cada vez que lo intentaba se caía y se golpeaba en el rostro contra el suelo.
-Po, ¿Qué intentas hacer?, puedes herirte- no escucho cuando Byakko llego, hacia unas horas que había salido a cortar un poco de leña para la fogata; se aproximo al panda y lo ayudo a levantarse.
-Estoy bien, tengo que poder yo solo, después de todo no estarás siempre cuidándome-
-Pero hasta que no mejores, no te quitare un ojo de encima- respondió con esa gran sonrisa en su rostro, le llevo hasta donde pudiera sentarse cómodamente y después recogió la leña.
-Byakko… sabes que yo…- durante el día Po reflexiono sobre su situación, su memoria en blanco, sin historia ni conocimiento de su persona, tenia que saber quien era y para ello, tendría que marcharse tarde o temprano y nuevamente dejar sola a aquella Tigre siberiana.
-Que yo tendré que… marcharme- la miro seriamente, no sabia como reaccionaria y eso le mortificaba, no quería ponerla triste, no quería que se deprimiera.
-Lo se…- dijo en un suspiro, tomo un poco de madera y se sentó a encender el fuego que les calentaría esa noche.
-No te detendré, se que debes… irte cuando tus heridas sanen, no te preocupes por mi- sonrió enormemente, buscando no mortificar a Po, pero él sabia que era falsa, esa sonrisa era completamente falsa.
-Ven conmigo Byakko, por que quedarte en este lugar cuando el mundo esta abierto a ti- quería convencerla, sacarla de la soledad del bosque.
-No- respondió de golpe.
-Pero…-
-No, no, no Po, no quiero salir de aquí, no debo salir- respondió frunciendo el ceño, pero sin mirarlo, dándole la espalda.
-¿Por qué quedarte aquí sola?, ¿Por qué?-
-Por que así debe ser, por que así siempre será-
-No, no tiene que serlo, por favor escúchame, ven conmigo- Byakko le miro dudando, confundida.
-¿Que pasara si yo… si los demás… me rechazan?, por una razón estoy aquí, por una razón me dijeron que me quedara aquí y nunca saliera del bosque, por un razón Po, debe haber una razón por la que el mundo no debe verme, y realmente no quiero descubrir esa razón, no quiero saber ese por que- con esfuerzo se levanto de donde se encontraba, y se acerco por detrás sin que ella lo presintiera, y la abrazo por detrás, abrazándola por la cintura, presionando su cuerpo contra el de ella, con cariño, brindándole seguridad; al sentir su calor, su pelaje, su cuerpo, se sonrojo, el contacto, esa demostración de afecto, era aun extraña para ella, era extraño sentirlo, el brindar un abrazo, el darlo, era una cosa, pero recibirlo, recibirlo era distinto, sus mejillas se sonrojaron, sintió el calor acumularse en ellas, y el rubor se hizo visible por su blanco pelaje.
-Yo estaré contigo, estaré ahí, a que le puedes temer teniéndome a tu lado, andando contigo, después de todo yo tengo la memoria en blanco, ambos desconocemos lo mismo, ambos descubriremos el mundo, ambos nos asombraremos con lo que encontremos, no quiero que estés sola, y yo no puedo quedarme aquí contigo, así que dime, ¿Vendrás conmigo?-
Era algo que nunca habían enfrentado, respiraban agitados sin siquiera haberse movido, sudaban sin haber peleado, simplemente le miraban desconcertados, atemorizados por su simple presencia, por su simple esencia.
-Así que estos son los actuales "Furiosos", no se como Oogway logro transformar lo que éramos en el pasado en esto, en niños débiles y temerosos de su propia sombra-
-A quien llamas niños, nosotros somos los cinco Furiosos, héroes de China, el que debería estar temeroso eres tú- respondió Mono desafiante ante tales comentarios, no le gustaba para nada aquel felino.
-Entonces vengan a demostrármelo, por que yo no percibo que este temblando de miedo- respondió extendiendo sus brazos hacia los lados, invitándolos a golpearlo.
Mono y Tigresa fueron los primeros en lanzarse, corriendo a la par y dando un salto al mismo tiempo lanzaron una patada en el momento justo, impactándole de lleno en el pecho, causando un fuerte estruendo, pero sin causarle daño alguno, ni siquiera lograron moverlo.
-¿Eso es todo?- con ambas patas les tomo por el rostro, y les estrello la cabeza contra el suelo.
-¡Mono, Tigresa!- gritaron sus amigos al verlos caer ante tan devastador y cruel ataque, arremetieron contra su enemigo aprovechando su distracción.
-¡Deténganse!- grito Shifu en vano, pues de inmediato vio caer derrotados a sus estudiantes con suma facilidad, el estilo del León era muy fuerte y agresivo de una patada giratoria logro noquear a Mantis y a Víbora, y de un puñetazo logro derribar a Grulla, todo en tan solo segundos.
-Tú debes ser Shifu, el aprendiz de Oogway- dijo acercándose al panda rojo lentamente, dejando atrás a los cuerpos inconscientes de sus alumnos.
-¡¿Quién demonios eres?!- pregunto desesperado Shifu.
-¿Eres sordo o simplemente no pusiste atención?, me llamo Asad, soy el líder y fundador de los primeros "Furiosos", y ese titulo no es algo que se otorgue, es algo que se gana, y estos cinco no son dignos de merecer tal titulo, tal reconocimiento, por lo tanto vine para terminar con ustedes, su simple existencia me enferma, manchan nuestro nombre, nuestra reputación, así que maestro Shifu, prepárese, por que todo lo que conoce, esta por cambiar rotundamente-
-No te permitiré que hagas de las tuyas, te detendré por cualquier método posible- el panda rojo se coloco en posición dispuesto a morir de ser necesario.
-Supongo que Oogway no te lo dijo, esa tortuga escondió muchas cosas, guardo muchos secretos y ese fue su más grande error, "Aquellos que no conocen su historia, están condenados a repetirla"-
-¿De que hablas?-
-Oogway busco crear muchas maneras de mantener la paz, el titulo de "Guerrero Dragón" fue uno de ellos, el titulo de "Furiosos" también, incluso el Kung Fu mismo es una forma que el creo para mantener la paz, para evitar la sed de poder y mantener un orden para evitar que prevaleciera el caos, en el pasado la muerte y la sangre corrompieron las almas del mundo, llevándonos al caos primordial, el simple hecho de matar era tan cotidiano que a nadie le importaba, por ende Oogway creo el Kung Fu, un medio para la paz no solo del mundo, también interior… Sabes que… estoy diciéndote muchas cosas sin importancia alguna, realmente lo único que deberías saber, es que estamos aquí para destruir todo lo que ustedes representan, y el valle de la paz y el palacio de Jade pronto no serán mas que polvo y ceniza-
-Sera sobre mi cadáver- Shifu lanzo una patada contra el felino el cual atrapo al pequeño maestro entre sus patas, aprisionándolo entre sus garras.
-Terminemos rápido con esto Shifu…- levanto la venda de sus ojos, y pronto el pequeño panda sintió lo que era el miedo y el horror primordial recorriéndole todo el cuerpo, hasta lo mas profundo de su ser.
-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHH!-
Cayo al suelo, desecho mentalmente, espiritualmente, Asad sonrió al verlo así, derrotado, al momento escucho el sonido de la gente salir de sus hogares, aterrados, mirando con horror como sus grandes héroes, salvadores, habían caído ante solo un enemigo, solo un adversario, temblando totalmente, con el sudor frio recorriéndoles la espalda, todos derrotados, bueno, no todos.
-No… no te dejare…- balbuceaba, se levantaba con suma pesadez, su vista estaba nublada, aquel golpe en la cabeza le afecto mas de lo que creía pues ahora solo podía ver sombras borrosas, la oscuridad solo era alumbrada por pequeños destellos de luz blanca, fue donde se asusto, pues no mejoraba, no visualizaba nada con claridad, acaso había…
-Maestra Tigresa, una verdadera joya hoy en día, la verdad esperaba eso de usted- el gran felino se acerco a ella y se arrodillo, quedando frente a frente, Asad se coloco la venda nuevamente sobre sus ojos, no necesitaba ver para sentir el temor que ahora recorría el cuerpo de la Tigre de bengala la cual estaba en cuatro patas, desorientada, sin poder ver.
-Parece que ha perdido la luz de sus ojos, siempre exagero al usar mi fuerza- poso su pata en su mejilla y ella respondió con un sobresalto al sentir aquel contacto, de inmediato intento tomar la pata del león, cosa que no pudo, pues el se aparto rápidamente dejándola en el piso, totalmente confusa, indefensa, ciega.
-Mírese maestra, indefensa, débil, como una cachorra, como una cría que pide a su madre, claro que usted… nunca tuvo una madre-
-¡Cállate!- logro ponerse en pie, mirando hacia todos lados, aquellos destellos de luz era lo único que percibía, buscaba guiarse por su olfato y su audición, pero poco le servía.
-Aunque este en este estado… yo… yo puedo vencerte…- levanto sus brazos en alto colocándose en posición de ataque abriendo un poco el compas, sin saber donde estaba Asad, este aprovecho y comenzó a caminar alrededor de ella, confundiendo a sus oídos, causando que desconociera de que dirección provenía su voz.
-¿Cómo planea vencerme si no sabe donde estoy?, no sabe quien soy, no sabe ni siquiera quien es usted-
-¡Eso no tiene nada que ver!, ¡yo se quien soy!- grito furiosa.
-¿Enserio?, ¿de donde viene?, ¿Dónde esta su familia?, ¿Quiénes son sus padres?, ¿Cuáles son sus orígenes?-
-¡Eso no importa!- se lanzo contra él, fallando en el intento y terminando por golpear solo al aire.
-Si importa, y mucho, el enemigo no soy yo maestra, el enemigo vive en usted, ¿y como piensa vencerse a usted misma si no se conoce?, mire a sus amigos, ellos conocen su historia, sus orígenes, el legado de su familia, pero usted, fue abandonada como una hija no deseada, abandonada a su suerte, sin nada para que recordara ni conociera su historia, ni siquiera le dieron un nombre, usted es solo quien cree que es, una mentira, una historia sin un principio claro, sin un destino real, sin un camino-
-Mi camino, mi vida y destino es el Kung Fu-
-Palabras vacías, solo se refugia en ellas, pero se que en el fondo sabe que yo tengo razón, tantas dudas en su mente desde que estaba en el orfanato, dudas e inseguridades que siguen presentes en su corazón y mente-
-¡Cállate!- trato de volver a atacarlo pero se adelanto a su movimiento, la tomo por el cuello y la levanto en el aire.
-El kung Fu ni siquiera es su destino, no era su destino convertirse en el "Guerrero Dragón" y por ello un panda se lo arrebato, por ello usted no es mas que una maestra que ni siquiera se merece el titulo de "Furiosa" pues le fallo en dos ocasiones a sus amigos y compañeros, ante Tai Lung los llevo a una muerte segura, ante Lord Shen también, incluso el panda estuvo apunto de morir dos veces por la mortal arma del pavorreal, si no hubiera tenido tanta suerte, ahora todos estarían bajo dos metros de tierra y unas lindas lapidas tendrían sus nombres, usted no es nadie, no tiene pasado, ni presente, ni futuro, solo es un punto en la Corriente del Tiempo, solo una piedra en el rio de la vida, una lagrima en un Mar, usted ya no representa nada- la soltó del cuello, quedo destrozada, había tocado recuerdos muy profundos, culpas, resentimientos, remordimiento, odio e ira, emociones que detestaba cada vez que recorrían su pecho cuando recordaba tales eventos.
-Lo ve, usted no es nada ni nadie, solo un estorbo que se cree un "Furioso" y apuesto a que tampoco sabe lo que significa serlo, solo es una gatita indefensa que llora por su padre y su madre, usted no puede vencerme, yo soy el miedo mismo, soy el miedo que vive en usted- pudo escuchar el sonido de sus garras salir, listo para cortar su piel y carne, para desgarrarle el cuello, y ella tan solo podía ver oscuridad y destellos, tan solo podía imaginar aquel momento.
-Hasta nunca Maestra Tigresa- sus garras se clavaron en su cuello con tanta fuerza que la estrello contra el suelo.
-Y los Ríos de Sangre corren de nuevo- exclamo al retirar sus garras, mirando la sangre brotar y regarse en el suelo,
-Esta todo listo- Nival apareció justo detrás de Asad, mirando los cuerpos de los maestros de Jade, mirando a la gente horrorizada, en shock, el león se giro, riéndose entre dientes, mostrando una sonrisa de victoria y burla, una sonrisa desquiciada, miro de frente a todos los habitantes ahí reunidos y hablo.
-El Kung Fu, la paz, el orden y la estabilidad, ya no representan nada en este mundo, al caer ellos, han caído la esperanza y la fe, ¡Todo lo que representaban ha muerto con ellos!, ahora no son nada, huyan mientras puedan habitantes, por que pronto, ya no tendrán a donde huir, ni piernas para correr JAJAJAJAJAJA- y así fue como el valle de la paz quedo sin un alma a la vista, el miedo los había ahuyentado, después de verlos caer, de ver derrotados a los protectores del valle y de china, solo quedaron los cuerpos de los que alguna vez fueron los mas grandes héroes de China, quizá del mundo, tendidos en el suelo, aparentemente muertos.
-¿Qué pasara si alguno de ellos sobrevive?- preguntaba Nival mientras subían las escaleras, Asad lucia tranquilo y despreocupado en su totalidad.
-Mi mayor preocupación era la Maestra Tigresa, pero después de todo no… fue nada de lo que esperaba que fuera, en cuanto a ese tal Po, a ese "Guerrero Dragón", dudo mucho que este vivo después del enfrentamiento que tuvimos Balam y Yo contra él, no creo que quede algo de él jajaja-
-No deberíamos confiarnos tanto- el comentario de Nival le hizo sospechar a Asad.
-¿Qué has visto?- pregunto.
-Nada concreto, después de la visión que tuve de Byakko luchando contra la maestra, todo ha sido muy confuso-
-La Maestra Tigresa ya esta muerta, o pronto lo estará, preocuparnos ahora por su enfrentamiento con Byakko seria… estúpido e incoherente, así que relájate, nada nos va a detener-
Llegaron al gran palacio de Jade en lo alto de aquella montaña, admiraron por un segundo aquel majestuoso lugar, mientras que Nival observaba, Asad percibía toda la energía que rodeaba aquel lugar. Los dos se dirigieron al Árbol de la sabiduría celestial.
Asad poso su palma sobre el tronco del árbol, sintiendo la madera y la energía que recorría todo el ambiente, sin duda estaban en el lugar correcto.
De su cinturón tomo un pequeño frasco con un líquido negro y viscoso, desagradable a la vista y con un olor repugnante y fuerte que recorrió todo el lugar, unto aquella sustancia en una de sus palmas, dejando que se impregnara con ella, manchando sus garras y su pelaje.
-¡Corrómpete!- Apuñalo con sus garras al árbol, atravesando su tronco, este empezó a tomar un color oscuro y podrido, negro corrompido, comenzando a moverse como si estuviera vivo, como si se estremeciera de dolor, sus ramas crujían al moverse de manera violenta como si fueran brazos que se agitan en lo alto, sus hojas se tornaron de un color rojo intenso, y esos duraznos que crecían en lo alto, se convirtieron en oscuros frutos de un color y olor putrefacto.
-Aquí es donde ya nada se puede hacer- las raíces del durazno brotaron de la tierra, creciendo y ensanchándose, comenzando a cubrir todo lo cercano a ellas, y una sombra cubrió la tierra y las nubes negras se formaron en el cielo, sumiendo todo el lugar en tinieblas y sombras, el palacio comenzó a ser rodeado por las raíces del árbol, y después de el le siguió el Valle, aquellas ramificaciones crecieron alrededor de las casas, cubriéndolos muros, perforando el suelo y llegando hasta los cimientos de las construcciones, la naturaleza oscura había cubierto todo el lugar y parecía comenzar a extenderse mas allá, el gran bosque que rodeaba al Valle sufrió lo mismo que el durazno, la naturaleza absorbió todo el lugar.
-La oscuridad rodeara a todo el mundo en cuestión de horas, avisa a los demás, nuestra tarea se cumplió, es momento de marcharnos- Nival asintió con la cabeza y salió volando de inmediato, Asad contemplo lo que había causado.
-Ni Oogway, ni Takezo, ni Carmesí, lograron detener lo inevitable, jajá- Asad saco el Rollo del Dragón, y lo abrió, permitiendo que su superficie dorada, brillara con la poca luz que había.
-Muy sabio de tu parte el crear este Rollo vacío, muy sabio fue el convertir los Emblemas del "Guerrero y el Dragón" en esto- poso una de sus garras sobre la superficie y un ligero destello apareció, dibujando sobre la superficie dorada del Rollo la imagen de un largo dragón que se movía macabramente, como si de un dibujo con vida se tratase, moviéndose sobre la superficie, y junto a el, un guerrero, vestido de armadura de hierro, con lanza y escudo, cazando a la bestia, ambos dibujos se movían y parecían querer matarse entre si, Asad sonrió sin verlo, sus ojos estaban cubiertos pero sabia lo que sucedía, pronto cerro el Rollo y lo volvió a guardar entre sus ropas.
-Dos partes de diez, dos partes que una vez fueron una sola, tengo las dos piezas principales, ¿donde estarán las otras?- y dicho esto empezó a reír y se marcho de ahí, a un rumbo desconocido, dejando atrás de si el caos mismo, dejando sin esperanzas al mundo, matando la fe.
Aquella sombra cubrió el bosque donde Byakko y Po se encontraban, los dos miraron extrañados aquel suceso, el bosque ahora perecía lúgubre y macabro, algo no andaba bien.
Byakko lo percibió en el aire, en la tierra, en todo, las nubes taparon el sol, y todo quedo en tinieblas, solo aquella fogata mantenía la luz encendida, parecía una vela, en medio de la oscuridad.
-¿Qué sucede?- pregunto Po.
-Nada bueno-
Espero les haya gustado...
