"NOTICIAS INESPERADAS "
Capítulo 2 Por: Yadira Kuran (P. Y. J.)

Candy sentía que las piernas le fallarían en cualquier momento al entrar
en aquella habitación. Miro al fondo en un sillón sentado un hombre que dando la espalda hacia ella giro con suavidad al oír sus pasos. Candy quedo petrificada al ver el rostro de aquel hombre. Una especie de decepción y sorpresa era lo que sintió. Todo era tan diferente a como tantas veces lo había imaginado.

Absorta en sus fantasías no diferenciaba la situación actual y la que se hizo creer. Mas no obstante bajo de su nube para pisar la tierra con firmeza y rudeza. Reaccionando.

— ¿Albert, que haces aquí? ¿Cómo has entrado? — Dijo Candy al descubrir a Albert en el lugar donde se suponía estaría el "tío abuelo" — debes irte antes que alguien te vea.

— No Candy. Ya estoy cansado de huir todo el tiempo. — Respondió con tal serenidad Albert — Es tiempo que asuma mi responsabilidad.

— ¿Cual responsabilidad? ¿De qué hablas? — Candy miraba de un lado a otro mientras se acercaba a Albert — El Tío Abuelo no tarda en llegar. Vete — una preocupación inmensa invadió a la chica — Albert te meterás en problemas — trataba de hacer entender a su amigo.

— Mi niña — Albert se levantó de aquella silla para sujetar a Candy por los hombros y acerco su rostro al de ella. Reflejando sus miradas — Ha llegado la hora de que te cuente todo sobre mí.

Candy se estremeció ante aquellas palabras —De que hablas. Te has golpeado nuevamente la cabeza. Que pasa, no comprendo tu actitud.

— Para empezar mi nombre es "William Albert Andrey" — la voz del chico era dolosa al momento de pronunciar aquel nombre.

— ¡Qué! ¿Tú eres el Tío Abuelo? — la incredulidad se oía en las palabras de Candy y sus ojos se abrían como dos charolas.

— Si, Candy — Albert camino hacia la salita de estar de aquella magna oficina. Tomó asiento y luego ofrecer a su acompañante le imitara en el lugar a su derecha —Pero… Como supiste que estaba aquí.

— No sabía. George me trajo hasta aquí — ya sentada al lado de Albert todo parecía igual a cuando compartían ese cuarto — No entiendo muchas cosas que están sucediendo pero las puedo comprender. Menos una — Albert la miro temeroso — Porque lo has hecho. Por qué justo con él, al que sabes aborrezco. Eres injusto Albert puedo aceptar que tú seas mi benefactor, pero no acepto me obligues a casar con él — el llanto estaba a punto de asomar en los enormes ojos de la chica.

— ¿De qué hablas? ¿Casar con quién? — Ahora era el rubio quien era pillado — Yo no he ordenado nada. Explícame por favor que está sucediendo.

—Acaso no has sido tu quien ha ordenado que sea desposada por Neil — soltó furiosa.

—Ya veo — se rasco la sien — esto ha de ser artimaña de la tía abuela y los Legan — sonrió — no te preocupes yo me hare cargo.

Sin embargo en Chicago el periódico vespertino anunciaba:

COMPROMISO Y PRESENTACION

"No solo conoceremos al líder de la familia más poderosa de la ciudad, William Albert Andrey. Si no que este sábado se comprometerá la hasta hoy heredera. La señorita Candice White Andrey con el joven Neil Legan."

Elisa llegaba a donde su madre para mostrarle el periódico mientras sonreía muy triunfante — Madre lo hemos logrado. En cuanto el Tío Abuelo muera divorciaremos a Neil de esa huérfana. Nos quedaremos con todo.

En Nueva York un joven caminaba por las inmensas calles con dirección a la casa de su "novia". Metió su mano al bolsillo del pantalón con intención de sacar un cigarrillo cuando sintió el metal frío de la armónica que algún día su linda colegiala obsequiara en aquellos enormes jardines del San Pablo. Comenzó a tocar una suave melodía que le recordaron aquellos hermosos días, aquel inolvidable verano en Escocia. Pero todo acabo cuando llego a su destino. Guardo la armónica. Aun con la nostalgia a flor de piel toco la puerta de madera frente a él. Tras un par de golpecillos el picaporte giraba con señal de que pronto abriría.

— Buenas noches Terrece — saludo la señora Marlowe — Susy lo esperaba desde hace una hora.

— Buenas noches señora — saludo con fastidio Terry — Puede avisar a su hija de mi visita.

— Espere un momento. Enseguida le aviso — con el mismo humor trato a su "futuro yerno".

Minutos después Susana apareció más radiante que nunca, con el periódico en sus manos. Terry saludo muy suavemente dando un pequeño beso en la mano de la ojiazul pero esta rechazo el contacto y no pudiendo contener lo que tenía que decir a su "novio" hablo.

— Tú que no has querido dar una fecha para la boda —palabras calculadas salían de la boca de Susana — bueno ni siquiera anunciar nuestro compromiso — dolor y odio podían sentirse tras cada línea — Ves esto — mostraba el periódico — Si has dado largas porque aun tenías esperanza de que esa enfermera te buscara, es tiempo de que lo olvides — una mueca sarcástica dibujo sus rojos labios.

— De que hablas Susana. Estoy aquí contigo. Que más quieres de mi — frunció el ceño. Quería salir huyendo, dejarlo todo. Más no tenía el valor.

— Lo quiero todo de ti Terry. Incluso esta lástima que sientes por mí — dio el periódico — Mira. Ahora que vas hacer.

— ¿Cómo? — sus ojos cafés ancharon más de lo normal. A la vez que un escalofrió recorrió toda su espina dorsal — ¡No puede ser! ¿Tan pronto me ha olvidado? «Que digo, fui yo el que le pidió fuera feliz» — su mente voló un par de meses atrás.

—Adiós — se despedía Candy sin mirarlo.

— Te llevare a la estación.

— Será mejor que no.

—Candy te llevare a la estación — insistió a la vez que la sujetaba de una mano.

— ¡No! Dije que no. — lagrimas surcaban sus blancas mejillas — Eso hará las cosas más difíciles — se zafo y hecho a correr escaleras abajo.

— ¡Candy! — Corrió tras la chica rodeando su diminuta cintura con sus fornidos brazos — Candy. No quiero perderte — hundió su rostro en el cabello de ella — quisiera que el tiempo se detenga para siempre — lagrimas se hicieron presentes.

— Terry…

— No digas nada déjame estar así un momento. Candy vas hacer feliz ¿Verdad? Tienes que prometérmelo. Candy promételo.

— Tú también Terry. Tú también tienes que ser feliz.

—Es una calumnia — quería creer sus palabras — ¡Candy detesta a Neil! — salió corriendo de casa de Susana mientras ella le pedía que se quedara.

— Aun la ama. No ha podido olvidarla — lloraba desconsolada — no es su deber el estar conmigo.

Lejos de ahí un joven rubio de ojos azules se dirigía a la enfermera que lo cuidaba.

— Señorita podría traerme el diario y un poco de agua — pedía con amabilidad aquel chico.

— Por supuesto Joven amo.

Aquel chico se quedó hundido en sus pensamientos. Recordando mientras a sus oídos llegaba esa melodía "Moonlight Sonata" ese baile junto a la chica que adoraba. El solo volver a verla era lo único que le pedía a dios cuando el rechinar de la puerta lo hizo volver a la realidad.

— Joven, aquí está el periódico. También le dejo el agua —después de dejar la jarra en una mesita junto a la cama hizo una leve reverencia — se le ofrece algo más.

— No Carly — dedico una sonrisilla — es todo por el momento.

— Si es así, me retiro joven amo. Por cierto lo veo bastante mejor. Perdone mi atrevimiento. Me retiro.

En cuanto la chica se retiró el joven comenzó a leer el periódico sintiendo un poco de temor. No sabía lo que enfrentaría, así que dio inicio a su lectura viendo los triunfos y las derrotas de los aliados. Mientras seguía avanzando su lectura llego a la sección de sociales y un artículo lo hizo parar de golpe.

— ¡Dios Mío! — se dijo en voz alta — Que ha sucedido todo este tiempo. Dónde la podré encontrar — fue interrumpido por el llamado de la puerta — ¿Quién es?

— El doctor Smith — comunico — puedo pasar.

— Si — indico pero al ver quien llegaba con el doctor se quedó sin habla.

— Hola querido, no lo puedo creer — Saludaba una mujer anciana — Gracias Dios mío por darme esta alegría — mientras lloraba daba un beso en la frente del chico.

— Tía Abuela porque me hiciste esto —señalaba la cama.

— Por favor no me reproches. Jamás creí que te volverías a recuperar — exponía la mujer — Anthony. Mi querido Anthony. Por favor perdóname.

— Ella ¿Ha sido feliz? — fue lo primero que pregunto.

— ¡Claro! — Fingió alegría — ahora está comprometida con Neil. No debes preocuparte por eso. Ahora lo importante es que tu estas aquí nuevamente — esta vez la alegría era real — esta vez la alegría era real — Me voy por ahora. Tengo que preparar todo. Pronto regresaras a casa — salió de aquel lugar.

En Lakewood Albert le contaba su vida desde pequeño hasta hoy a Candy. Confesaba como realmente la había conocido en la colina de Ponny y no aquella vez en el río. Sacaba un tartán y una gaita para comenzar a tocar. Era imborrable esa tonada para Candy. Recordó lo dulce y mágica que era. Su mente solo pudo más que remembrar esos ayeres felices. Un pasado que jamás volvería.

— "Eres más linda cuando ríes, que cuando lloras".

— Albert ¿Tú? Tú eres el príncipe de la colina — sabía que era así pero quería oírlo de sus labios. Tantos años y hasta hoy entendía — recuerdo que Anthony me dijo un poco antes de su muerte. Cuando yo le confesaba que el príncipe se parecía a él — sonrió para si — Yo creía que Anthony era el príncipe — Añoranza reflejo su mirada — El me conto que recordaba a un chico muy parecido a él. Alguien que siempre estaba con su madre cuando era aún pequeño ¿Eras tú, verdad?

— Si Candy. La madre de Anthony era mi hermana mayor. Por ella decidí adoptarte.

— ¿Por qué?

— Tus ojos me recuerdan mucho a mi hermana — acomodo un bucle que se rebelaba — Toda tú me la recuerdas.

— Eso también me lo decía Anthony — de repente la tranquilidad se rompido con un enorme escándalo en la entrada. Candy y Albert salieron a ver lo que ocurría. Para descubrir a la Tía Abuela quien se sorprendió aún más.

— ¿William? En donde has estado querido sobrino — volteo a ver a la chica que estaba a su lado — ¿Tú? Qué haces aquí. A caso ella sabe quién eres.

— Sí tía y tienes muchas cosas que explicarme empezando por el compromiso entre Neil y Candy.

— Es por su bien — dijo en su defensa.

— No — protesto — Su bien no es Neil. Ella no lo ama ¿Entendiste?

— William no puedo retractarme. Los periódicos lo anunciaron esta mañana, el sábado se debe celebrar el compromiso.

Albert camina de un lado a otro más de repente se le ocurre una idea.

— Tía regresa inmediatamente a Chicago y sin dar detalles envía las invitaciones no para este tonto compromiso sino para mi presentación.

La Tía Abuela partió enseguida a Chicago no sin recordar las últimas palabras e Albert "No comentes nada de esto con los Legan no te lo pido te lo ordeno"