Capítulo 2

Durante los siguientes diez minutos, el carril se volvió un encuentro silencioso entre Riven y yo, cada uno enfocado en matar el mayor número posible de súbditos. Cada vez que mi espada acababa con uno, sentía como si su poder entrará en mi cuerpo, haciendo que mis ataques se volvieran más poderosos. Pero, a pesar de que ponía toda mi habilidad en seguir acumulando poder, la diferencia entre mi oponente y yo era muy notoria: Riven simplemente caminaba atrás de los súbditos, y ocasionalmente soltaba un elegante tajo. En cambio, yo me quedaba parado, tratando de adivinar cuándo el aura de los pequeños soldados era suficientemente baja como para acabarlo con un solo golpe. A veces tenía que correr para alcanzar a uno, otras, el súbdito moría justo antes de que lo golpeara, o tenía que atacarlo dos veces para asegurarme que estuviera muerto. Al final de los diez minutos estaba sudando, exhausto, mientras que parecía que Riven acababa de llegar a la línea.

Pero toda esa tranquilidad se vio interrumpida por un mensaje que retumbó por los bosques, "Primera sangre".

¿Quién acaba de obtener primera sangre?

Hmmm, la Sheriff de Piltóver, con el apoyo del Domador de Yetis y el Monje Ciego, acabó con la vida de la Arquera de Hielo.

Muy bien, eso nos pone en la delantera por el momento.

Sí, pero no te confíes, las cosas suelen ponerse mucho más agresivas después de que alguien obtiene la primera sangre.

Vigilaré que Riven no trate algo, tú mantenme actualizado en caso de que alguien decida abandonar su carril.

Después de dirigirle la última frase al Invocador, voltee a ver a Riven; su semblante había cambiado, ahora parecía mucho más peligrosa. Parecía que la paz y quietud del carril acababa de terminar.

Y efectivamente, noté como ella se enfocaba menos en los súbditos, y más en cada uno de mis movimientos. Su mirada me recordó a la de Katarina, buscando un punto débil, una abertura, para poder hundir esa espada en mi cuerpo. Y no pasaron ni dos minutos antes de que las cosas se calentaran.

Un súbdito estaba a punto de morir, pero se encontraba muy alejado de mí, así que corrí hacía él. Clavé la punta de mi espada en su pequeño cuerpo, tras lo cual cayó al suelo y desapareció en una nube roja. Pero cuando subí la mirada, noté que Riven también había emprendido carrera, pero no hacía un súbdito, sino hacía mí. Saltó hacía mí, haciendo un corte horizontal, así que bloquee hacía arriba, pero su espada no impactó en la mía, sino en el suelo, con tal fuerza que creó una onda que me empujó hacia atrás. Ella aprovechó mi momentánea perdida de equilibrio y realizó un corte ascendente en diagonal, pero logré esquivarlo sacrificando el poco equilibrio que me quedaba, haciéndome caer de lado. Riven realizó una estocada hacia el suelo, pero rodé hacia la derecha e inmediatamente me levanté, listo para pelear de vuelta. Cargó de nuevo hacía mí, haciendo otro tajo descendente, que esta vez sí chocó contra mi espada. Los metales chocaron, y durante unos segundos nuestras caras se encontraron, ninguno dispuesto a retroceder. Pero entonces vi como su cuerpo y espada empezaron a brillar en una tonalidad verdosa, antes de que ella exhalará un fuerte grito, y sentí como mi cuerpo dejo de responderme por medio segundo. Cuando volví en sí, lo único que vi fue la espada de Riven, viajando hacía mí en un corte horizontal. Lo único que pude hacer fue retroceder un poco y ladearme, lo que evitó mi muerte, pero no pudo evitar un profundo corte en mi brazo izquierdo. El dolor me hizo retroceder aún más y soltar mi espada, ya que mi mano izquierda no podía seguir sosteniéndola. Al revisar mi herida, solo pude ver un profundo corte y un río de sangre saliendo de él, tiñendo mi brazo entero de rojo. Y cuando volví a subir la mirada, vi como Riven se acercaba lentamente hacía mí, preparándose para darme el golpe de gracia…

¡No te rindas, sigue peleando! Una voz resonó en mi cabeza, pero era inútil.

No puedo seguir, estoy muy cansado y no aguanto el dolor en mi brazo.

¿Qué parte de que te voy a ayudar en todo lo que pueda no entendiste? Ahora sigue peleando…

De pronto sentí un viento a mi alrededor, que eliminó mi agotamiento y disminuyó el dolor en mi herida.

…Y más te vale que ganes.

Tch, está bien, solo para que dejes de molestarme.

Con mis fuerzas reestablecidas, tomé mi espada con un rápido movimiento y corrí a la derecha. Riven no reaccionó a tiempo para atraparme, sorprendida por el hecho de que aún podía oponer resistencia. Mi mano izquierda aún no podía soportar el peso de la espada, así que tuvo que asirla únicamente con la derecha. Me coloque en posición de combate, y en ese momento Riven volvió a cargar hacía mí. Pero esta vez no me preparé para recibir el impacto, sino que lo esquive con un rápido movimiento, que me coloco en la posición perfecta para golpear la espalda de Riven con el mango de mi espada. El impulso extra, junto con la fuerza que llevaba, hizo que cayera de cara en el suelo, momento que aproveché para dar un tajo horizontal hacia abajo, que Riven consiguió evadir al rodar, pero no por completo. Había logrado cortar la parte trasera de su pierna izquierda, y al parecer había cortado una arteria, ya que la sangre no espero ni un segundo antes de empezar a salir por el corte. A duras penas logro levantarse, pero yo ya estaba corriendo de nuevo hacia ella. Realice un corte descendente en diagonal, impulsándolo desde mi cintura, que ella logró bloquear por poco. Pero el peso de mi arma y de mi golpe fueron demasiado grandes para la suya, haciéndola perder la postura por un par de segundos, que yo aproveché para realizar otro tajo desde la posición en la que había terminado el último. El metal se encontró con una pieza de su armadura, que logró disminuir la fuerza del impacto, pero no pudo evitar la incisión en su pecho, que manchó de rojo sus ropas. Riven cayó en su rodilla, y apenas se podía sostener con su espada clavada en el suelo. Me acerqué para darle el último golpe.

-Excelente batalla, no esperaba que pudieras realizar semejante regreso. En verdad subestime a mi adversario esta vez –la voz de Riven mostraba cansancio, pero también honor al mismo tiempo-. No cometeré el mismo error en el próximo encuentro. Pero… ¡esta vez no voy a morir!

Sacando fuerzas de flaqueza, Riven realizó una rápida estocada hacia el frente, que me obligó a esquivarla moviéndome al lado. Aprovechando esto, corrió como mejor pudo hacía el gran arbusto que se encontraba a unos metros de nosotros.

-Oh no, tú no vas a escapar –dije entre dientes mientras perseguía a mi oponente.

Gracias a la herida en su pierna, acorte la distancia entre ella y yo antes de que pudiera entrar al arbusto. Pero cuando yo entre al arbusto encontré que no era tan fácil caminar dentro de él como pensaba. Los largos tallos de maleza impedían mi desplazamiento, y más de una vez mi pierna se atoró en una planta, entorpeciendo mis movimientos. Aun así, seguí mi camino a través del arbusto, y logre alcanzar a Riven justo al salir de él. Agarré su hombro y me preparé para atravesarla con mi espada, pero justo antes de hacerlo, noté la expresión en su cara: sorpresa, horror, miedo ante la muerte. Mi cabeza se llenó de dudas ante lo que iba a hacer y mi mano se detuvo por un segundo. En este segundo, vi una fuerte luz que me cegó, y cuando abrí mis ojos de nuevo, Riven estaba a punto de llegar a su torre.

¡Maldita sea, no puedo dejar que se escape! –grité, mientras levantaba mi mano derecha y enfocaba mis fuerzas en ella. Al instante, el portal se abrió de nuevo, pero esta vez alrededor de mi mano, y con un rápido movimiento saqué el rifle sin siquiera ver dentro. Lo levanté y coloqué la mira al nivel de mis ojos, apuntando a la cabeza de Riven, que se movía con el mismo patrón, lo que lo hacía un disparo fácil. Pero justo antes de presionar el gatillo, las dudas volvieron a mí e hicieron que titubeara, haciendo que la bala pasará justo a su lado, junto con mi última oportunidad para alcanzarla.

¿Qué ocurrió? ¿Por qué titubeaste dos veces? ¿El dolor del corte no te permitió concentrarte? Toneladas de preguntas empezaron a surgir en mi cabeza, pero esta vez no era mi voz, sino la voz del Invocador.

Yo… no sé, algo ocurrió antes de que pudiera terminar con ella. Me entraron dudas justo antes de matarla.

Ah, ya veo. Sí, creí escuchar preguntas en tu cabeza, pero las ignoré ya que estaba muy enfocado en ayudarte en caso de que alguna situación se presentará.

Lo siento, de no haber pensado en estupideces, habría logrado matarla.

No te preocupes, eres nuevo en los Campos de la Justicia, y esta es tu primera batalla. Es normal que te entren dudas, en especial en lo que se refiere a matar a alguien. No todos somos capaces de tomar una vida ajena. Pero no te preocupes, cuando alguien muere aquí, no "muere" en realidad. Justo antes de fallecer, rescatamos el alma de su cuerpo, recreamos su avatar y volvemos a juntarlos, para que puedan volver a salir al campo. Con el tiempo, estoy seguro que podrás pelear sin dudar de tomar la vida de otro.

No estoy seguro que me quiera acostumbrar a eso, no quiere desensibilizarme al hecho de que alguien muera. Pero al parecer no tengo otra opción, ¿verdad?

No, por desgracia no la tienes. Solo piensa que al morir y matar aquí, evitas que alguien más muera afuera, en el mundo real. Estas batallas están hechas para evitar los conflictos en el exterior, para evitar que alguien más sufra la pérdida de un ser querido, o se vea obligado a matar a alguien.

Ahora estás haciendo que me sienta culpable. Rayos, prometo que la próxima vez no dudaré, no solo por mí o mi equipo, sino por toda la Liga.

Jaja, esa es la actitud. Si de verdad quieres otra oportunidad para probarte, el Invocador Alexander me dice que un poco de ayuda en el carril medio le vendría muy bien. Syndra le está dando algunos problemas a nuestra compañera.

¿El carril medio? ¿No es allí donde está Katarina?


Mis pasos resonaron en el bosque mientras caminaba a través del río, acercándome al arbusto que lo separaba del pedazo de tierra que era el carril que pasaba justo por en medio del campo. Después de pelearme con la maleza, pude hacer un pequeño agujero entre las plantas, desde donde pude ver el carril: Katarina tenía varios moretones mucho más oscuros de lo normal, casi negros, pero no los había recibido sin pelear, ya que Syndra tenía severos cortes en todo su cuerpo; a esta distancia no podía ver cuales heridas eran más graves.

Dile al otro Invocador que ya estoy en posición.

Enseguida.

Un par de segundos después, noté como Katarina miró de reojo el arbusto en el que me encontraba, en el lugar exacto en donde estaba agachado.

Espera un segundo, ¿ella me puede ver?

Claro que sí, ¿no había usado el hechizo de visión en ti todavía? Lo siento, mi error.

Entonces un aura, similar a la de los súbditos pero de color blanco, apareció alrededor de Katarina. Y atrás de ella, pero a la distancia, me pareció ver la figura de Lee Sin, peleando contra lo que probablemente eran lobos. Y aún más retirados, puede distinguir la figura de una mujer con un sombrero de copa y un yeti con un niño encima.

Ok, ya le comunique nuestra posición a Alexander, y él me dijo que esperes una señal de humo antes de atacar.

¿Una señal de humo? ¿Cómo se supone que Katarina va a hacer una señal de humo en medio de una pelea?

Ten paciencia y prepárate para salir.

Seguía sin entender lo de "señal de humo", pero no podía hacer otra cosa que esperar a que Katarina hiciera el primer movimiento.

Su cara había cambiado en el momento en el que me había visto en el arbusto; obviamente no le gustaba el tener que confiar en mí para vencer a su oponente. Después de un largo suspiro, como si hubiera perdido una batalla en su mente, lanzó una daga con un complicado movimiento. La daga golpeó a un súbdito, que cayó al suelo, y después rebotó en tres súbditos más, matando a cada uno de ellos, para finalmente dirigirse hacia Syndra. Ella trató de evadirla, pero la daga logró cortar su hombro. Katarina soltó un "Ja", burlándose de su oponente, antes de caminar en dirección a su torre. Se detuvo unos metros antes de llegar y un rayo azul bajó repentinamente del cielo, envolviéndola y volviéndose más brillante poco a poco. La ira de su oponente se mostraba en su cara, e inmediatamente cargó contra Katarina cuando vio la luz azul. La distancia entre las dos se acortaba rápidamente y yo no sabía qué hacer. Pero entonces la figura de Katarina se esfumó, al igual que la luz que la envolvía, e inmediatamente una nube de polvo apareció atrás de un súbdito azul, de la que salió Katarina, cargando hacía Syndra con dagas en sus manos. Esa era señal.

Inmediatamente salté del arbusto en el que me encontraba, tratando de cortar la ruta de escape de Syndra hacía su torre. Katarina lanzó una daga, que Syndra esquivó, mientras flotaba a toda velocidad en dirección a su torre. Katarina seguía lanzando dagas, una tras otra, que fallaban por poco. Desesperada, tomó cuatro dagas al mismo tiempo y las lanzó todas con una increíble habilidad. Pero antes de que pudieran acertar en el blanco, Syndra desapareció en un destello, de la misma manera que Riven había escapado de mí, y apareció a un metro del lugar en donde se encontraba; pero a pesar de eso, yo aún podía alcanzarla.

-¡Acaba con ella! –escuche que Katarina gritó, ya casi sin fuerzas.

Y por tercera vez en el día, dudas surgieron en mi cabeza, nublando mi juicio. Recordé lo que el Invocador me había dicho, la razón de los encuentros en los Campos de la Justicia, pero también recordé la cara de Riven cuando sintió que estaba a punto de morir…

Lo único que pude hacer fue cerrar los ojos y cargar con la punta de mi espada. Corrí, y corrí, y seguí corriendo, lo que parecía una carrera interminable. Yo ya no controlaba mi cuerpo, mis piernas se movían por sí mismas y mi brazo derecho seguía sosteniendo mi espada, esperando el impacto contra un árbol o un muro.

Pero el impacto que sentí fue, para mi horror, contra algo mucho más blando.

Aún sin abrir mis ojos, sentí como mi espada se hundía, cada vez más, en la carne de alguien. Siguió hundiéndose hasta que mi mano sintió la sangre que emanaba de la herida fresca. Entonces reuní todo mi valor, abrí mis ojos y los alce para mirar lo que acababa de hacer. La espada se había enterrado por completo, hasta la empuñadura, y poco a poco se volvía roja. La solté, retrocedí un par de pasos, y miré la cara de mi víctima. Syndra observaba la empuñadura de mi espada saliendo de su abdomen, evaluando si había algo que pudiera hacer. Pero pronto se dio cuenta que la herida era letal y se rindió, cayendo en sus rodillas. Allí, de rodillas, me volteó a ver. Su mirada no era de miedo ante la muerte, sino de decisión, y hasta un poco de odio. Me observó unos segundos, antes de cerrar sus ojos y caer al suelo. De inmediato su cuerpo desapareció en una gran nube roja. Y en el suelo solo quedó mi espada, manchada de sangre.


Aquí Christian, continuando con la historia. Perdón por la tardanza, pero a partir de ahora empezaré a subir capítulos con más frecuencia (si es que la escuela me lo permite), ya que al parecer obtuve buenas impresiones del primero. Este capítulo se enfocó mucho en el combate, pero prometo que dentro de poco pasaremos a algo más calmado y sin tanta sangre (eso no significa que dejaré las peleas de lado). Esperen el final del encuentro en el siguiente capítulo.