El resto ya se lo saben…

Los personajes no me pertenecen son creación de Rumiko Takahashi


Capítulo 1

-Aunque sea conocerte-

Yo no creo en el amor.

Por lo menos no de la forma convencional que todos imaginan en la que debería, y me refiero al amor de pareja, porque el de familia lo llevo tatuado en mi ADN.

No, no creo en el amor ciego, pasional, que quema cada célula de tu cuerpo. No lo hago porque jamás lo he sentido. Desde que recuerdo he estado comprometida con este chico, un completo extraño en innumerables ocasiones aún cuando le conozco desde que mi mente puede recordar.

¿Qué puedo decir? ¿Me gusta ser la prometida del mejor artista marcial de Japón?

No tendría porque quejarme, también disfruto de los beneficios porque estoy a su lado, siempre lo he estado desde que él salvó mi vida cuando éramos pequeños, de ahí que mis padres y su abuelo se conocieran.

Así que de forma práctica que pueda explicar lo aprecio, le estoy agradecida, incluso me atrevo a decir que le quiero; siempre ha sido atento conmigo y me toma en cuenta. Pero de eso a que le ame ciegamente no estoy del todo segura.

Hay algo que no me cuadra en esta historia de prometidos, como si me faltara algo o tal vez es mi naturaleza de no sentirme forzada a un romance prefabricado.

-Estás muy distraída esta noche- me llama la atención Shinnosuke tomando mi mano para acariciar con suavidad mis dedos por debajo de la mesa.

-No me había dado cuenta- bajo la vista liberándome a discreción de su agarre con la excusa de subir ambas manos para tomar el plato de comida que estaba frente a mí.

-¿Quieres que nos vayamos?- me pregunta curioso –te veo muy cansada, tal vez venir a cenar no fue tan buena idea como yo creía.

Lo miro sin responder aún y él acaricia mi mejilla con el pulgar, acto que me provoca sonreírle.

No sé qué me pasa últimamente, me siento aburrida. Tal vez son solo los nervios por la boda, bueno no soy una chiquilla, tengo 29 años y estoy en edad para sentar cabeza, formar una familia, crecer.

-No es mala idea el irnos tengo trabajo que hacer aún- inclino la cabeza para sentir más la caricia sobre mi mejilla mientras cierro los ojos.

Debo sobreponerme, debo ser fuerte, este es mi destino y mi vida.

Shinnosuke alza la mano para hablarle a la mesera y pedir la cuenta, me ha llevado a cenar esta noche con el pretexto de intercambiar ideas respecto a los detalles de nuestra unión. Yo he mostrado cierto desencanto por el tema y todo lo he justificado por el exceso de trabajo. Ser su agente no es tarea fácil.

La mesera se acerca totalmente sonrojada con la cuenta, yo la miro indiferente, sé bien que mi prometido es un hombre apuesto que además es muy famoso y por obvias razones es acechado a veces por mujeres

–Disculpe mi atrevimiento pero ¿podría regalarme un autógrafo y tomarme una foto con usted?- pregunta la chica mientras Shinnosuke saca la cartera del bolsillo trasero de su pantalón para pagar.

Él la mira sonriente, es una persona muy amable con sus fans y eso me cautiva. Sabe ser agradecido con lo que ha logrado y con lo que tiene.

-Por supuesto que sí- responde automáticamente. No podría negarse, lo sé de sobra.

-Si quieres dame tu teléfono para tomarles la fotografía de frente- le ofrezco poniéndome de pie.

Shinnosuke me mira con una sonrisa encantadora, está bien, admito que cuando me mira así las piernas me tiemblan. Tampoco es que sea de piedra.

La chica me tiende el teléfono –solo tienes que tocar la pantalla- me explica y yo asiento con una sonrisa. Es buena publicidad ser amable con los fans, se atrapan más moscas con miel que con vinagre.

-Muy bien, en uno, dos y tres- cuento antes de disparar, miro la foto y decido regalarle un par más –déjenme tomarles otra- anuncio haciendo la captura de otras tres fotos. Quiero que salgan bien ambos, es un lindo recuerdo para una fan.

-Muchas gracias- da pequeños brincos la chica cuando recibe de vuelta su teléfono.

Le sonrío honestamente como respuesta y luego Shinnosuke se pone de pie a mi lado.

-Espero que les haya gustado la comida- continua la chica.

-Sí, estuvo perfecto. Mis felicitaciones al chef- responde mi prometido haciendo que la chica se sonroje aún más.

Luego ambos sonreímos y Shinnosuke me toma de la mano, entrelazando nuestros dedos al salir del restaurante. La gente que está alrededor cotillea a nuestro paso, alcanzo a escuchar comentarios como "mira, es el famoso Ryugen" "ella es su novia ¿no es cierto?" "he escuchado que están comprometidos desde niños" "hacen una hermosa pareja"

Yo voy distraída, tan distraída que no escucho cuando Shinnosuke me dice que tenga cuidado y choco de golpe contra el brazo de un hombre alto.

-Lo lamento mucho- habla el sujeto contra quien he restregado mi cara.

-La distraída fui yo- doy un paso atrás tratando de enfocar la vista y mejorar mi equilibrio.

-¿Estás bien cariño?- pregunta Shinnosuke tomando mi mandíbula con una mano para inspeccionar mi rostro moviéndolo con cuidado de un lado a otro.

-Estoy bien, estoy bien- abro y cierro rápidamente los ojos tratando de sacar la molesta pestaña que se me ha enterrado por el choque dentro de uno de ellos.

Entonces el extraño se acerca y mi mundo tiembla por completo, la electricidad vuela a su tacto y eso que tan solo ha apartado un mechón de cabello de mi rostro.

-Un segundo- habla con voz profunda y deliciosa –creo que ya vi la pestaña que tienes ahí –anuncia acercándose de frente para tomar con la mayor delicadeza posible de entre mis agitadas pestañas la causante de mi irritación.

-Gracias- respondo en un hilo de voz ¿a dónde se me ha ido todo el oxígeno? Trato desesperada de jalar aire y miro con descaro sus ojos azul grisáceo, son tan bellos. Me sonríe en respuesta y mi corazón comienza a bombear tan deprisa que estoy segura se puede ver palpitar fuera de mi pecho.

De pronto escucho a Shinnosuke-¡Qué buena vista! Muchas gracias- le dice.

-No ha sido nada, ten más cuidado la próxima vez. Con permiso- habla de nueva cuenta el extraño de ojos azules y camina hacia el interior del restaurante, alejándose.

Yo no puedo evitar seguirle con la mirada.

-¿De verdad te sientes bien?- pregunta Shinnosuke. Su voz me regresa a la realidad y me giro con una amplia sonrisa en los labios.

-Sí, no pasó nada- miento. Claro que pasó algo, pasó todo, pasó que mis sentidos descubrieron que sí estoy viva.

-Voy a pedir la camioneta ¿me esperas aquí?

Asiento aún con la boba sonrisa en los labios. Cruzo los brazos atrás de mí tocándome con las manos los codos y balanceándome con los talones, estoy contenta, muy contenta. Me siento como una colegiala emocionada, como cuando Shinnosuke me besó por primera vez en el festival del templo que está cerca de la casa cuando teníamos 16 años.

Discretamente giro un poco el rostro, estirando la vista para ver si logro ver al extraño dentro del restaurante y entonces no solo lo veo sino que está exactamente a un lado mío.

-¡Oh cielos!- digo llevando ambas manos al pecho.

-Lo siento- me toca un brazo con la yema de los dedos y me empieza a hormiguear la piel con ese roce –no pretendía asustarte, es que escuche en el restaurante que el chico que te acompaña es Ryugen Shinonosuke.

Un silencio se hace presente. Me animo a hablar, a preguntarle su nombre o lo que sea para que siga ahí junto a mí.

-Bueno...- abro la boca, voy bien, voy bien. Me mira divertido, por supuesto debo parecer una tonta y seguramente estoy sonrojada hasta las orejas. -Sí- respondo cansinamente sin poder evitar rodar los ojos –el mismo.

-Entonces tú debes ser Akane Tendo ¿no es verdad?

Lo miro con la boca abierta, sé que he separado los labios para decir algo pero no hilo ideas dentro de mi cabeza ¿cómo me conoce?

-Pues sí, soy Akane Tendo pero ¿cómo sabes quien soy?

Ríe, seguro de mí.

-Bueno es de conocimiento público quien es la prometida de Shinnosuke- luego vuelve a mirarme con más cuidado –salvo que ya esté cometiendo una indiscreción y no seas ella.

-¿Lo creerías capaz?- pregunto curiosa entrecerrando los ojos.

-Francamente... si no eres ella lo entendería.

Yo me sonrojo, puse una trampa de la que no sabría salir. ¿Qué esperaba? El hombre que tengo frente a mí es demasiado guapo, de piel ligeramente bronceada, ojos de perdición, un cuerpo bien formado se marca a través de su playera y además tiene unas facciones de estatua griega. El cabello azabache lo tiene largo, es obvio porque lo lleva trenzado con elegancia. Y tiene una sonrisa que quita el aliento. Suspiro extasiada.

-¡Oh vaya!

Vuelve a reír, su risa es contagiosa y yo le acompaño. Luego se acerca un poco más y me dice –Soy muy amigo de Ryoga Hibiki.

-¡Ryoga! Ahora comprendo todo. ¿Pero entonces tú quien eres? ¿Por qué no te había conocido antes?- pregunto sin pensarlo mucho.

-Es que hace años que vivo en China, con mi esposa.

Adiós ilusiones y fantasías y mariposas en el estómago y felicidad. Es casado, tenía que serlo. Pero ¿por qué no lleva anillo? Eso es jugar sucio.

-Ryoga y yo solíamos vivir en el mismo barrio cuando niños, jamás hemos cortado comunicación y a la fecha seguimos llevándonos muy bien. A veces me visita, pero es la primera vez en casi 20 años que vengo a Japón.

-¿Y qué te trae exactamente al país?- pregunto casual, sin importancia ya de sus respuestas.

-Tu novio es lo que me trae al país.

Esperen un segundo, Shinnosuke va a participar en un par de meses en un nuevo torneo internacional que ayudamos a organizar para promover el turismo deportivo en Tokio.

-¿Quién eres?- vuelvo a insistir.

-Soy Ranma Saotome- responde orgulloso alzando la barbilla al mismo tiempo.

-¿Tú eres el caballo salvaje? Te imaginaba más... más...

-¿Viejo? ¿Solo porque tengo 31 años? ¡Qué injusta!- sonríe mostrando los dientes. Esa sonrisa suya debería ser prohibida.

No puedo evitar ser honesta así que asiento con la cabeza, y es que no pueden culparme de imaginarlo diferente porque sus hazañas son legendarias, es el líder más joven que han tenido los Dragones Rojos de Jusenkyo, lugar de las famosas pozas malditas. Dicen que han sido los únicos en lograr terminar el entrenamiento y sin maldiciones de por medio, o al menos eso cuenta la gente.

Sé que además es dueño de una empresa de seguridad privada, muy costosa. Y cuentan las malas lenguas que a veces ayuda al gobierno en misiones secretas, de esa parte no me fío nada. La gente de China lo enaltece demasiado para mi gusto.

-Había escuchado rumores de que era imposible conseguir tu participación en algún torneo oficial.

-Bueno, en esta ocasión tengo mis motivos.

Estoy a punto de continuar con mi interrogatorio cuando siento una mano sobre mi hombro, me giro y veo el desconcierto en Shinnosuke.

-¿Lista?- pregunta notablemente celoso.

-Mira- ignoro olímpicamente su pregunta –él es Ranma Saotome.

-Mucho gusto, he escuchado cosas extraordinarias de ti- responde Shinnosuke ofreciéndole su mano.

Ranma lo mira algo receloso, serio. La amabilidad que había tenido conmigo parece no replicar para Shinnosuke. Extiende su increíblemente sexy mano de dedos largos para responder el saludo.

-El gusto es mío, también he escuchado cosas increíbles de tu parte.

-Pues fue un gusto conocerte– interrumpo tratando de sonar mediadora -seguro nos veremos pronto.

-El gusto ha sido mío- responde sonriendo.

No importa si es casado, es muy guapo como para no admirarlo. Su esposa es afortunada, que suerte tiene.

-Hasta luego- agrega Shinnosuke despidiéndose de mano de él. Luego pasa un brazo alrededor de mi cintura, sé lo que está haciendo, quiere marcar su territorio, dejarle claro que soy suya.

Me arrastra a su lado para llevarme sana y salva hasta la camioneta, me abre la puerta del copiloto y me ayuda a subir. Lo veo rodear el vehículo pero a la par busco a través del retrovisor la figura de Ranma, quien se ha dado media vuelta y a regresado al restaurante con ambas manos dentro de los bolsillos de los jeans que lleva.

-¿Te quedas conmigo esta noche?- me pregunta Shinnosuke cuando se termina de colocar el cinturón de seguridad, ni siquiera había notado que ya estaba a mi lado.

-Sí- respondo de forma mecánica.

Enciende el motor del vehículo y lo echa a andar, yo miro sin realmente poner atención al frente. Mi mente sigue recapitulando todo lo ocurrido.

-¿Lo conocías ya?- comienza el interrogatorio del novio celoso. ¡Qué risa!

-No.

-Te hablaba con demasiada familiaridad.

-Es que es amigo de Ryoga.

Shinnosuke se gira a verme, aprovechando un alto -¿Amigo de Ryoga?

-Sí, lo sé. A mí también me ha caído de sorpresa.

-¿Y porque no te comentaría nada antes Ryoga?

-¿Acaso yo le ando contando que amigos de la infancia tengo?

-Pero no estamos hablando de cualquier amistad, Ryoga conoce al famoso Caballo Salvaje y ¿jamás lo había mencionado?

-Eso no tiene importancia, no es de Ryoga estar presumiendo a quien conoce.

-Pero es el esposo de tu mejor amiga, es mi fisioterapeuta y uno de los entrenadores.

-¿Y eso que tiene de relevancia?

-Pues...- se queda callado regresando su vista al frente, enciende el reproductor de música intentando seguramente buscar una continuación a su protesta –creí que se contaban todo, son también muy buenos amigos.

–Tú y yo nos conocemos de toda la vida y te aseguro que no te cuento todo- respondo colocando mi mano sobre la suya.

Frunce los labios y lanza un suspiro derrotado. No le ha gustado lo que le he dicho.

-¿Y qué quería?- ataca de nuevo. ¿Jamás se va a rendir hasta quedar completamente satisfecho de que ese hombre tan apuesto no pretende robarme? ¡Lástima! Chasqueo la lengua sin darme cuenta haciendo que Shinnosuke me mire de reojo extrañado.

-Escuchó en el restaurante quien eras y quería presentarse, supongo- quito mi mano y me cruzo de brazos.

-¿Presentarse?

-Me parece extraño que te parezca extraño- le digo sin ocultar una carcajada. A veces peca de sencillo –cuando le confirmé quien eras me preguntó si yo era entonces Akane Tendo. Ya sé, a mí también me pareció una rareza su pregunta, soy tu agente y trabajo tras bambalinas, la gente que me conoce es del medio pero fue entonces cuando me explico su relación con Ryoga.

-¿Hace mucho que lo conoce?

-Fueron amigos de la infancia, después él se mudo a China donde ha vivido desde entonces.

-Comprendo.

Veo que coloca ambas manos sobre el volante y le aprieta con más fuerza de la necesaria, como si quisiera destrozarlo. Un hombre ligeramente celoso puede resultar a veces enternecedor. Sonrío divertida, luego paso una mano por su mejilla y él se gira sonriendo para besar mi palma.

-Tranquilo, es casado.

-Yo no dije nada- responde rápidamente.

Es un chico listo, sabe que si me presiona demasiado puede que algún día lo mande muy lejos. Nos ha quedado, de siempre claro, que él me ama más a mí de lo que yo lo amo a él.

Lo sé, tampoco me hace gracia a mí esa horrible sensación que a veces me causa la culpa. Me siento como un monstruo sin corazón.

Retiro mi mano y la dejo sobre mi pierna, me giro un poco y entre busco en mi sudadera el teléfono.

-Voy a llamar a Nabiki para avisarle que me voy a quedar contigo esta noche- le explico cuando abro la pantalla del aparato para buscar el nombre de mi hermana.

Shinnosuke asiente.

-¿Nabiki?- pregunto estúpidamente cuando toma la llamada.

-Hola hermanita ¿Qué tal la cena?

-Bien, oye... solo quería avisarte que...- me detengo un instante porque siento como la sangre se apodera de mi rostro. Me da vergüenza admitir que duermo con mi prometido.

-¿Te vas a quedar con el cuñado esta noche?- pregunta animada.

-Sí.

-Tranquila sabes que papá no está en casa y por mí ni te preocupes, lo más seguro es que regrese muy tarde- se echa a reír al finalizar.

-¿Vas a salir?

-Estoy ya afuera querida, ando con las chicas.

-Avísame cuando regreses a la casa por favor.

-Siempre- luego hace una pausa, la escucho tomar aire antes de volver a hablar –Akane diviértete.

-¡Huy!- grito molesta y cuelgo.

Guardo el teléfono de nuevo y me cruzo de brazos, frunciendo el ceño. Es una tonta, me trata de hacer sentir mal pero ya no soy una niña, es natural que a mi edad y en esta época yo y mi prometido... yo y él... muevo la cabeza rápidamente de un lado a otro tratando de no pensar en nada.

-Jaja ¿qué haces? ¿Todo bien?- pregunta Shinnosuke girando el volante para entrar en el estacionamiento subterráneo del edificio donde vive.

-Sí, no hagas caso, cosas de mujeres- suavizo mi rostro y suspiro.

Cuando estaciona la camioneta me pide, como siempre lo hace, no bajar hasta que él vaya a abrirme la puerta. Adoro cuando tiene esa clase de detalles conmigo.

-Señorita- me ofrece su mano para apoyarme y poder bajar.

-Gracias.

-Me alegra que haya mejorado tu humor- comenta ofreciéndome su brazo mientras que con la mano libre cierra la puerta de un empujón y acciona el familiar clic de la alarma a distancia.

Yo me pongo algo seria, tiene razón había estado muy callada y distante toda la noche hasta que nos topamos con ese adonis.

-Es que ya quería llegar a descansar- explico.

-¿Solo vamos a descansar?

-Shinnosuke- hablo cariñosamente endulzando mi voz mientras entramos al ascensor y yo me suelto de su brazo, llevándome un par de dedos a la altura de la boca para jugar con mi labio inferior mientras le muestro esa mirada de inocente -¿Por qué dices cosas así?

-¿Qué cosas?- pregunta riendo cuando acciona el botón del piso donde esta su departamento.

Yo no respondo, solo me mezo de un lado a otro sin dejar de parecer tierna y vulnerable. No sé bien el motivo pero tengo ganas de pasar un rato agradable, cierro los ojos cuando Shinnosuke se acerca a mí y pasa sus manos por mi cintura, acorralándome contra una de las paredes del ascensor.

-¡Ah! te refieres a esta clase de cosas- me susurró justo antes de mordisquear el lóbulo de mi oreja derecha.

Yo me estremezco cerrando los ojos y entonces en mi mente una imagen aparece asustándome por completo. Sí, el guapo extraño del restaurante, el amigo de Ryoga, el mejor artista marcial de China. Ranma Saotome.

Abro los ojos de golpe y alzo los brazos, acariciando en el camino el pecho de mi prometido, hasta llegar a sus hombros.

-Sí, esta clase de cosas- respondo sin salir de mi papel. Tengo que concentrarme en Shinnosuke.

Shinnosuke sonríe, me abraza con más fuerza y deja por la paz mi oreja para dedicarse a mi mandíbula con pequeños y subsecuentes besos.

-Esta clase de cosas, como tú le llamas, la gente le dice tener relaciones- me sonrojo con sus palabras, él siempre es honesto y muy abierto con el tema del sexo –y yo, mi querida Akane, yo le llamo hacer el amor porque es contigo.

Mis sentidos reaccionan, soy completamente suya con esa frase. Una vez leí que las mujeres somos auditivas y los hombres visuales, yo puedo garantizarlo por experiencia propia. Mi prometido ha cautivado mi razón y dejo la libido a un lado por ahora.

¿Porqué sentirme miserable de no tener al adonis del restaurante cuando tengo a Shakespeare en la cama?

Vuelvo a la realidad, para mi desgracia, cuando escucho el timbre del ascensor al llegar al piso que nos corresponde. Afortunadamente nadie espera por el servicio y de este modo no tenemos que separarnos abruptamente por causar daños a la moral o algo así.

Sin embargo Shinnosuke me suelta de mala gana y sin mirarme avanza para salir tomándome de la mano en el proceso para que le siga. Caminamos unos cuantos pasos por el corto pasillo que nos lleva a una de las cuatro puertas que hay. Una vez frente a la entrada del departamento saca las llaves y entramos, primero me cede el paso a mi aún tomados de las manos.

Escucho que cierra la puerta mientras yo prendo las luces de entrada, es un departamento bastante amplio de enormes ventanales y una vista espectacular, debe serlo por lo que costo.

Tiene tres recamaras, todas con baño propio; un enorme salón de estar, el comedor esta en un área más pequeña cerca de la cocina, un estudio y un cuarto de entretenimiento.

En la habitación principal, Shinnosuke acondicionó una parte para hacerla un vestidor para ambos, claro que de mis cosas hay muy poco aún.

Oficialmente no deberíamos vivir juntos, ideas de mi padre, por lo que en contadas ocasiones me quedo a dormir con él. Pero es que solo me tiene a mí, su abuelo falleció un par de años atrás.

-¿Quieres tomar algo?- me pregunta con voz ronca acercándose a mí por la espalda. Yo no me giro, solo trato de pescar algo de reojo.

-No ¿tú sí?- respondo bajando la voz.

-¿Por qué susurras?- pregunta con tintes de diversión en su voz que también ha bajado de nivel.

-No lo sé- respondo aún susurrando -¿porqué lo haces tú?

Le escucho tomar aire y me gira bruscamente pasando sus manos por mi cintura, ahora estamos frente a frente. Me vuelve a mirar de esa forma que me hace sentir amada.

-Akane- pronuncia mi nombre antes de besarme, tiernamente.

Yo dejo mis manos a ambos lados de sus brazos musculosos, aprieto un poco su camisa cuando profundiza el beso. Lo admito, tengo ganas de pasar la noche con él pero mi razón me explica en el instante que me sincero conmigo misma el motivo, las ganas que tengo de acostarme con alguien fueron provocadas por otra persona. Malditas hormonas.

Separo mis labios de los suyos para poder hablar -¿vamos a la habitación?- pregunto abriendo los ojos. Él me mira con una mezcla de curiosidad y lástima ¿qué le pasa?

Asiente y se separa de mí, serio. Me toma de la mano y me conduce hasta la recamara principal, hasta nuestra recamara.

-Creo recordar que habías dicho que tenías trabajo y ahora que lo pienso bien mañana tengo práctica con Ryoga- habla de forma amable pero ni siquiera se digna a verme.

-Sí- respondo un poco confundida y decepcionada por su repentino cambio de planes. Ni modo, tendré que darme un baño frío mental –tengo que revisar unas propuestas, me cambiaré e iré a trabajar al estudio.

-Tal vez debamos dejar esto para otra noche ¿Te molesta si me retiro a dormir?- pregunta dándome un beso en la frente y soltándome la mano para dirigirse al baño.

Lo veo avanzar entre la penumbra del lugar, ahora la confundida por su cambio de actitud soy yo.

-¿Akane?- insiste en una respuesta.

-Bueno sí, digo no, no hay problema con que te duermas antes.

-Gracias-

Camino hasta el armario y saco una pijama de uno de mis cajones. Me quito la sudadera y la coloco dentro del cesto de ropa sucia que está en la entrada del baño. Shinnosuke se está lavando los dientes y se gira cuando me ve entrar, solo llevo el sostén puesto y los jeans.

Abre los ojos de par en par pero de inmediato parpadea regresando su vista al espejo que tiene enfrente.

Yo no puedo evitar gemir un poco. En definitiva está muy raro.

Me doy la vuelta para salir pero de inmediato siento su mano tomarme por un brazo, veo primero el agarre y alzo la cara para verlo a los ojos pero ni tiempo me da de eso porque me empuja con su cuerpo besándome con furia, tomándome con su mano libre por la cintura, acorralándome hasta llevarme de espaldas a la orilla de la cama haciendo que ambos caigamos sobre la suave superficie.

-Demonios Akane- comenta para sí mismo entre besos.

-¿Qué tienes?- pregunto como respuesta a sus palabras.

-No sabes cómo te deseo.

Puedo sentir su excitación, me sonrojo. Ya no le digo nada, al contrario, le respondo con mis acciones. Desabrocho su camisa acariciando sus pectorales mientras me deshago de ella, él se dedica a liberarme de los jeans que llevo aún puestos pero tiene dificultades para deshacerme de ellos.

Ríe.

-Tenemos pequeñas dificultades técnicas- sonríe bajando de mí.

Yo me acomodo con los codos para alzarme lo suficiente a verlo. Toma con cuidado la parte superior de los pantalones y los desliza por mis piernas para sacarlos por completo.

Alza sus preciosos ojos azules y me mira tranquilamente –¿Sabes lo mucho que amo tus piernas?

-Algo había escuchado la última vez que me puse una falda-

-Amo cuando usas falda- responde juguetón

-¿Más que cuando uso jeans ajustados?

-¿Crees que podría elegir?– dice sonriendo y vuelve a besarme. Coloco mis brazos por su cuello para acercarlo más a mí –no importa que uses de ropa, siempre te ves increíble.

-Shinnosuke- le llamo con voz baja haciendo que se separe de mí para verme a los ojos –acabo de cambiar de píldora y...

-Tranquila, iré por un preservativo entonces- se levanta dándome un ligero beso en los labios.

Casi no tarda nada, está de vuelta con el paquetito metálico en la mano. Se vuelve a acercar, esta vez se coloca a mi lado.

Sin hablar vuelve a tomarme por la cintura –eres tan hermosa- me dice antes de besarme en los labios –tengo suerte de que aún estés a mi lado.

Yo acaricio su cabello sin decir nada, lo miro a los ojos y le sonrió. Luego lo beso. Es cierto, no aclaro nada, no le aclaro que debe estar tranquilo porque jamás me iré de su lado. Pero es que eso ni yo misma lo sé.

Se acerca más y sin dejar de besarme siento su peso sobre mi cuerpo, esta notablemente excitado. Va bajando los tirantes de mi sujetador con una mano, mientras que con la otra llega a la orilla de mis bragas. Yo quito mis manos de su cabello y las bajo para ayudarle.

Sé lo que vendrá, será una sesión como siempre, concreta. Dejo escapar un poco de aire, al inicio esa monotonía en nuestras relaciones no me incomodaba pero conforme han pasado los años, además de las pláticas con mis hermanas, me doy cuenta de que Shinnosuke será muy romántico pero nada pasional en lo que se refiere a la cama.

Antes de terminar con mis pensamientos ya me he quedado sin el sujetador y él se está quitando los boxers, por la oscuridad de la habitación no logro ver realmente nada. Escuchó que rompe el paquete metálico y luego el ruido del preservativo.

-¿Quieres que yo...?- pregunto con voz ronca.

-No, ya lo tengo- responde y vuelvo a sentir su peso sobre mí. Comienza a besar mi cuello, mi mandíbula y de nuevo el cuello. Paso mis manos por entre sus costados y acaricio su espalda.

Siento su piel frotando contra la mía. Sus manos están quietas en mi cintura, me gustaría que me tocara más, que acariciara mis senos o mis piernas, pero jamás me he atrevido a hablar de eso con él.

Luego comienza a abrirse paso entre mis piernas, frota su miembro con mis partes íntimas y no puedo evitar lanzar un gemido. Que para él funciona como señal de que estoy lista y en realidad no, en realidad me hubiera gustado jugar un poco más. Pero entonces comienza la batalla de las embestidas.

Reboto con cada subir y bajar que realiza mi prometido sobre mí, pero más expresamente dentro de mí. Me aferro más a su espalda con las manos.

-Más despacio- le susurro al oído.

-¿Te lastimo?- pregunta con la voz ronca.

-No, pero me gustaría que lo hicieras más despacio, no es una carrera.

Se detiene y me mira con el ceño fruncido.

-Creí que tenías trabajo que hacer, por eso...

-¿Por eso vas tan rápido? Me hubieras entonces avisado que esto solo era un acostón express y no te hubieras tomado la molestia de desvestirme– le digo furiosa.

-Akane- me llama serio.

-Sabes que, mejor dejemos esto para otra noche, tú me pediste que te dejara hacerme el amor y no replique nada porque también quería hacerlo pero si esta es tu idea mejor... mejor paso.

Me lo quito de encima, cuando sale de mí siento un dolor físico y sentimental. Un vacío. Me pongo de pie y tomo del piso su camisa, me cubro por encima los pechos y corro hasta el baño cerrando la puerta de golpe. Dejo resbalar la camisa al piso y no puedo evitar quitarme las lágrimas de furia que recorren mi rostro.

-Akane... discúlpame soy un idiota- le escucho decirme al otro lado de la puerta.

-Déjalo así, estamos los dos muy cansados y tu mañana tienes práctica y yo tengo trabajo que hacer- trato de sonar lo más normal posible.

Escucho que suspira y que apoya su cuerpo en la puerta –lo siento de verdad cariño.

Después se aleja de la puerta y sale de la habitación.

Yo me echo algo de agua en la cara, tomo una toalla limpia de la repisa y la remojo para limpiarme el sudor del cuerpo. Me coloco la bata de baño y salgo rumbo al vestidor donde dejé mi pijama en un inicio. Saco ropa interior de otra gaveta y me visto tan rápido como mis torpes manos me lo permiten.

Regreso a la habitación, recojo la ropa que esta regada por el piso, eso incluye mi ropa interior y nuestros jeans, y los deposito en el cesto de ropa sucia. Tomo una liga de cabello y me hago un recogido fácil.

Salgo de la habitación y lo veo con solo los boxers puestos, de espaldas a la sala, contemplando el paisaje.

Camino de largo rumbo al estudio pero me detengo cuando lo escucho decirme algo.

-Yo lo lamento Akane.

No le respondo y me encierro a trabajar.