Bleach propiedad de Kubo Tite.


Capítulo Segundo:

¿Cómo había mierda ocurrido algo así? Ichigo Kurosaki no dejaba de preguntárselo una y otra vez, mientras conducía por la calle principal de Karakura, festoneada de nieve. ¿Cómo rayos había vuelto a Karakura, donde nada parecía haber cambiado? Desde el aparcamiento en batería de Hollow Street hasta los arcos de hierro forjado que formaban un túnel a lo largo del bulevar. Los bancos eran verdes en vez de blancos como hace ocho años atrás, pero, por lo demás, poco había cambiado en el tiempo que había estado fuera. Excepto él. Había viajado haciendo auto-shop, de polizón y sin rumbo fijo por las partes menos respetables de casi todos los continentes del globo terráqueo, desde que diera la espalda a K.C.C y todo lo relacionado con la empresa de su familia. Se había lanzado a la búsqueda de lugares inhóspitos que a la mayoría de la gente en su sano juicio rehuía. Aquéllos que nadie visitaba. Él se había aventurado tan solo armado de su ingenio y curiosidad por descubrir los más hermosos parajes que alguien jamás hubiera visto. Desde el punto de vista de la gente era un loco. Pero más bien loco debería de estar para haber regresado a Karakura, tan sólo por el imbécil de su hermano.

Nada más oír la voz rota de su madre al teléfono había sido más que suficiente para entender que había problemas. Masaki Kurosaki viuda de Isshin Kurosaki había logrado dar con él de puro milagro. Pues se encontraba en el último rincón del mundo. Era algo impresionante. En los lugares que frecuentaba no era Ichigo Kurosaki, miembro de una importante empresa en telecomunicaciones, sino Kuro a secas, hombre sencillo que gustaba de viajar a través del mundo. Hombre que se había hecho a sí mismo desde que le diera la espalda a su papel de heredero y a la vieja cabra de su padre. Aunque lo cierto era que de loco no podía decirse que fuera, porque no había hombre con una ascendencia tan impecable como la del difunto Isshin Kurosaki II. Isshin para todos.

En cuanto a él, nada más lo apodaron Chigo. Mote que le molestaba con demasía. Si ni siquiera había tenido voz ni voto ¿Cómo esperaba a tener una vida? Isshin se había mostrado inasequible al desaliento de sus expectativas, presionándolo día a día. Salirse lo mas mínimo del tiesto de Isshin, significaba ser castigado; cuanto mayor el acto de rebeldía, más ejemplar era el castigo. Estaba escrito que su hermano Kaien Kurosaki haría lo que se tenía preparado por nacimiento, siempre el ejemplo a seguir por y para todos. ¿Qué ocurría cuando una fuerza irresistible chocaba contra un objeto inamovible? En el caso de Ichigo lo que ocurrió fue que se largó mandándolos al cuerno, con poco más que la ropa que llevaba puesta. Dijo váyanse al carajo las expectativas obligatorias depositadas en él, adiós a su familia y gustosamente desechó un fondo fiduciario de ocho cifras. Lo abandonó todo con el propósito de reinventarse a sí mismo.

No le había importado en lo más mínimo dejárselo todo a su hermano mayor, Kaien, al que siempre le había gustado la idea de ser el centro de atención. Pero al parecer su hermanito se había cavado un hoyo él solito, uno tan profundo que amenazaba con engullirlo completamente y, no sólo a él sino a su madre también. Menudo idiota. Había hecho una realidad el famoso dicho. Has cavado tu propia tumba. Ahora a él le tocaba exhumarla para tratar de salvar un poquito de lo que podía quedar. Puede que otro hombre hubiese hecho caso omiso de la llamada de auxilio, pero Ichigo no era de esos hombres. Siempre dispuesto a ayudar en lo que le pedía su preciada madre. El ser único que lograba crear milagros en él. Por duro que quisiera considerarse o le considerasen.

Sabía dios que volver a casa era lo último que quería hacer, de vivir aún su padre no lo habría hecho. De hecho nada de lo ocurrido hubiera pasado. Pero el viejo había fallecido y él sabía que su madre no podía ocuparse sola de ese embrollo, cortesía de su hermano. Puede que Masaki Kurosaki fuera la presidenta de la sociedad local Gotei Trece, capaz de organizar comidas para doscientos comensales con la eficacia de un general que planea una campaña militar, para hacer frente a un enemigo. Pero no era capaz de enfrentarse a las autoridades, pero sobre todo a la ruina familiar.

Aparcó el coche de alquiler en una amplia avenida de un barrio residencial flanqueada a ambos lados por muros de piedra, y le sobrevino la conocida sensación de asfixia. Al otro lado de aquellos muros y árboles, se elevaban a intervalos las mansiones de la alta sociedad de Karakura, engalanadas todas ellas con los adornos típicos de las fiestas de la temporada. Navidad. Sintió un súbito impulso de continuar conduciendo. Se le ocurría una docena de cosas que prefería estar haciendo que estar allí. Pero antes tenía que remendar lo hecho por Kaien y tratar de terminar de una vez todo el embrollo en el que había metido a su familia. ¿Y quién sabe cuánto tiempo tendría que quedarse ahí? Imploraba por qué no fuera más de tres meses. Con un volantazo tan irritado, enfiló el sendero de entrada que conducía a la mansión Kurosaki. Al llegar ante las puertas de la entrada se detuvo y pulsó el botón del intercomunicador.

-Si ¿Quién es?- Era la voz de una criada, no le sonaba de nada, pero tampoco era de extrañar, llevando ocho años fuera de aquel reciento no era para menos. ¿Qué suponía tener que decir? Kuro, no les diría nada, porque para esa sociedad ese nombre no existía.

-Ichigo Kurosaki- dijo finalmente.

Las puertas se abrieron.

De no ser por la delicada situación que lo había hecho regresar, habría sentido expectación ante la idea de volver a ver a su madre. Curiosidad al menos. Ahora ese nombre sonaba lejos, pues llevaba a la persona que creía haber dejado atrás. La persona de la cual escapó. Estacionando frente a la entrada tomo una gran bocanada de aire y armarse de lo que tenia para enfrentar a su madre; ocho años sin verla. Demasiado tiempo. Tiempo que le reclamaría. Por ser un ingrato y no acordarse de ella. Camino unos pasos hasta llegar a la puerta; abierta mostrando el esplendido interior. Allí de pie en medio del recibidor se encontraba Masaki.

¿Chigo?- pronunciando ese molesto mote con su voz dulce.

Su madre se acercó a él hasta el marco de la puerta mirándolo. Ocho años habían añadido algunas arrugas a su rostro, pero por lo demás seguía siendo la misma mujer esbelta y elegante. Seguía llevando el cabello de castaño dorado con matices cenizos, sin duda su madre nunca cedería al gris. Exceptuando a su padre. Ella siempre había mantenido un firme control de su mundo. O tal vez no, pensó Ichigo al acercarse más y besar su mejilla y sentir el leve temblor de la mano que sostenía entre las suyas. Intensificado tras sentir ser envuelto en el abrazo más tierno que recordaba haber recibido de ella en toda su vida.

-Has venido- murmuró- No estaba segura que lo hicieras. Ha pasado tanto tiempo- el tampoco había estado tan seguro de hacerlo. Tan sólo se había metido en un avión sin tomar la decisión de forma consciente. Puede que no fuera algo tan ridículo después de todo. Cuando su madre se separó de él, vislumbro el fulgor de las lágrimas antes de que se apresurase a apartarlas con un rápido parpadeo.

-Eh- murmuró Ichigo.

-Creía que no volvería a verte nunca- dijo ella con voz queda- Ocho años sin saber de ti.

-Ahora estoy aquí.

-Ahora estas aquí- convino.

Había sido él quien había roto el silencio finalmente dos años atrás. Estaba inmovilizado en un campo de aviación olvidado de la mano de dios en Somalia se había encontrado por casualidad con la necrológica de su padre mientras se entretenía con una revista atrasada. El país entero llora su perdida, era el titular de dicha nota. Bien pues él no había llorado. Pero había pasado una noche muy larga barruntando sobre una botella de Whisky y, al amanecer, había llamado a su madre. Ni que decir sobre condolencias con tres meses de retraso, no se puede decir que son oportunas, pero mejor tarde que nunca. Tras aquello lo cierto es que lo había asaltado la extraña necesidad de llamar. Aún cuando lo asaltaran un par de conversaciones incomodas a veces, llenas de silencios, aunque siempre volvía a llamar. Y ante la necesidad su madre había sabido como dar con él.

-Deja el equipaje y ven a sentarte- le dijo Masaki- Pediré a Mizuho que nos traiga algo de beber.

El primer pensamiento que lo asaltó fue el de que la casa parecía distinta. Más luminosa, más clara. Parecía como si las habitaciones se hubieran desembarazado de la opresiva pesadez que él recordaba.

-La casa esta bonita, mamá- comentó al pasar a la sala de estar, un lugar mucho más acogedor y ventilado.

-Cambié algunas cosas tras la muerte de tu padre- dijo finalmente, tras una breve vacilación.

Interesante. Isshin se había rehusado a cambiar algo en la casa, siempre había insistido en mantener el hogar familiar en su estado original. Sin que nadie le dijera lo que tenía que hacer, su madre había revestido las paredes de tonos pastel y sustituido los gruesos cortinajes de terciopelo verde oscuro de las ventanas por cortinas de un tejido más ligero y más traslúcido. Lujoso, sí, incluso tradicional, pero resultaba mucho más acogedora. Desprovista del antaño hermetismo.

-Me gusta- dijo Ichigo dirigiéndose a los sillones desde los que se divisaban los jardines- Has hecho una espléndida labor con la decoración.

-Ya era tiempo de un cambio.

Verdad tan cierta, aunque era una pena que tales cambios se vieran involucrados por acciones legales.

La criada les sirvió Té y, durante unos momentos la conversación se desvió al seguro tema de las preferencias a la hora de tomar la bebida. Si quería azúcar o tal vez leche, a lo que él contestó no en ambos casos.

-¿Qué tal el vuelo?- preguntó una vez que la criada se marchó.

-¿Cuál de todos?- ironizó con una sonrisa- Tuve que tomar cuatro- le dio un sorbo a su té.

-Cualquiera, todos supongo.

-Sin contratiempos. Supongo que bien- contestó él, teniendo en cuenta la clase de vuelos que solía tomar en la agitada vida que lleva. Le había tomado un par de días abrirse camino desde la selva hasta Karakura, sólo uno de los precios que tenía que pagar por llevar la vida que llevaba. Tan distinta. Se quedó mirando los jardines cubiertos con un ligero manto de nieve.

-Hace un par de días, se me echaron a perder dos rosales. El jardinero no les echó el mantillo a tiempo.

-¿No te enfadas cuando te pasa eso?

-¿Qué?- preguntó parpadeando.

-Tal vez los recuperes en la primavera.

-Puede. Entretanto, tenemos toda esta nieve. Aún no se cuando se va a cavar.

-¿Por qué? ¿Es que va a cambiar el tiempo?

-Durante unos días.

Los dos se quedaron mirando la nieve como si fuera la primera vez que la veían. Relativamente era una verdad a medias, tanto tiempo separados, les hacía creer esa posibilidad en sus mentes. Lo cierto era que no sabían qué decirse después de tantos años. Para Ichigo era peor que estar con una extraña. Con una extraña no importaría lo que dijera. Ahí al contrario, todo lo que dijera tendría sus repercusiones. Pasaron los segundos alargando el silencio de ambos, estirándolo hasta el límite. Ichigo se aclaró la garganta.

-Éste es…

-¿Es tu…?

Al unísono.

-Tú primero- dijo Masaki.

-Un té muy bueno…- con gestó convincente.

-Me alegra que te guste.

-Una de las cosas que hacen bien en los lugares a donde voy es el té y el café.

-No entiendo por qué insistes a ir a esos lugares tan peligrosos- dijo sacudiendo la cabeza.

-Sinceramente pienso que te puedes meter en problemas más graves en algunos barrios de la ciudad.

-Tampoco entiendo por qué querría nadie ir a ese lugar.

Ichigo reprimió el impulso de contestar lo obvio- ¿Qué tal el Gotei Trece?

-Bien. Estamos organizando la gala de Navidad, sólo quedan dos semanas.

-Mucho trabajo.

-Ya lo creo. Las flores, la disposición de los asientos, la música.

-Parece que vas a tener un montón de reuniones.

-Siempre. He tomado mas tazas de té y café en las últimas dos semanas de lo que podrías imaginar. Sobre todo café cargado.

-El café puede ser algo bueno ¿No?

-Puede. A ti siempre te gustó, incluso cuando eras más joven. Se me hace tan extraño tenerte aquí.

-Es extraño estar aquí.

-Eres un hombre- sacudió la cabeza- Se me hace extraño el verte de pronto así. Cuando te fuiste apenas y eras un adolescente.

-Lo sé.

-Te ves distinto. Supongo que el tiempo se encarga de cambiar las cosas.

-Normalmente- convino él.

-Me estoy yendo por las ramas ¿Verdad?

-Se te permite.

-No cuando has venido desde África para ayudarme. Lo siento no sabía a quién más acudir.

-¿Cuál es la situación?

-Te refieres a los problemas legales de Kaien.

-En realidad me refiero a los tuyos, vine por ti, no por él- pauso unos segundos- Se que es difícil, somos hermanos pero él fue quien inicio todo este embrollo. Por favor no pretendas que lo ayude a él mamá. Porque no lo hare.

Tardó un momento en contestar- Tenemos una cita con Urahara Kisuke mañana a las dos para hablar de los detalles. Urahara Kisuke había sido el abogado de sus padres desde que él podía recordar.

-¿Lleva él el caso?

-Se ha puesto en contacto con las autoridades y podrá decirnos lo que están haciendo para encontrar a Kaien.

-Supongo que ya habrás probado lo más evidente ¿No?

-Móvil fuera de servicio, correo electrónico, no contesta- se removió en su asiento- Estoy segura de que hay una explicación razonable.

-Si hubiera una explicación razonable no se habría largado- replicó- Huir no lo hace parecer inocente.

-No puedo creer que Kaien haya hecho algo así… él solo… Seguro lo obligó esa chica- en palabras cargadas de menosprecio.

-¿Chica?, ¿Te refieres a su prometida? Creí que te agradaba, que encajaba en el molde, ya sabes.- pero tomaría muy en cuenta lo dicho por su madre. Así sería la última persona con la que querría tener algo que ver. Aunque aquélla no era su vida, no lo excomulgaba del hecho de que pronto se veía involucrado en el centro de todo ese jodido embrollo.

-Creo que no era buena para Kaien como pensé- Ichigo percibió la obstinada negación en sus palabras, sabía que su madre quería, por encima de todo, evitar creer lo peor de su hijo.

-Mamá- empezó él- No creo…

Masaki lo interrumpió con un gesto de mano- No tiene sentido especular. Esperemos a ver qué nos cuenta Kisuke. Las autoridades lo encontraran y pronto sabremos la verdad.- O no. De entre todas las personas Ichigo sabía lo fácil que era ocultarse si de verdad querías hacerlo. Mayor ejemplo era él en persona. Masaki se puso en pie indicando que la conversación había llagado a su fin.

-¿Qué tal si te enseño tu habitación?

Se puso en pie dispuesto a seguir a su madre. Subieron la escalera y atravesaron los conocidos pasillos hasta detenerse en la puerta de su antigua habitación.

-Espero que no te moleste. Es la única que está arreglada, exceptuando la de Kaien. Supongo que no querrás esa. Convertimos tu habitación en suite para invitados después de tu marcha- explicó, gesticulando hacia las paredes en verde pálido, el color de la primavera.

Ichigo entró despacio, sin prestar atención al nuevo mobiliario. Nuevos comienzos. Viejos recuerdos. Se dirigió hacía la ventana, siempre había sido su vista favorita, aun cuando lo encerraban allí como castigo. Y soñaba con escapar. Se veían los jardines y más allá, en la distancia, la lengua de color azul del mar resplandeciente bajo el sol. Siempre deseo poder traspasar los gruesos muros de piedra y poder correr libremente, sin las expectativas obligatorias a su espalda como la cruz de su calvario.

Masaki se acercó a él- Te eché de menos cuando te fuiste- dijo con voz queda en melancolía observando el horizonte- Es terrible para una madre saber al llegar a casa que su hijo a desaparecido.

Una acuchilladla de culpa- Mamá- empezó a decir con impotencia sin saber que decir en realidad. Tan sólo sabía que irse había sido su única opción.

-Solía preguntarme cada noche ¿dónde estarías? Si estarías en algún lugar, si querrías volver a casa…si estarías vivo… Albergué la esperanza que me lo dirías- el silencio cayó sobre ellos, Masaki apoyó la cabeza contra el frío cristal de la ventana- ¿Por qué lo hizo, Ichigo por qué? ¿Acaso le hicimos algo…? ¿Les hicimos algo a los dos?

Mierda. Extendió una mano con torpeza hacia la espalda de su madre.

-Tú no nos hiciste nada a ninguno de los dos.

-Deje que su padre los tratara, ya sabes. Obligándoles…obligándote.

-Él hizo lo que hizo. Yo hice lo que tenía que hacer. Kaien también tomó sus decisiones. Tú no podías haber evitado ninguna de las tres cosas.

-No sé si eso es cierto- se irguió y se volvió hacia Ichigo con los ojos secos, un alivio para él- Creo que sólo estás siendo amable, pero me alegro de que estés aquí.

-No digas nada- se sintió impelido a abrazarla porque era lo que le apetecía.

-Yo…yo no sabía qué hacer- dijo Masaki contra el hombro de su hijo.

-No te preocupes. Encontraremos a Kaien. Y arreglaremos este asunto. Todo va a salir bien.


N/A: Muchísimas Gracias a sus comentarios alentadores y saber que esta historia es de su completo agrado.

Pensé que habría represalias a tomar a Kaien como hermano de Kuro (me gusta cómo suena ese mote), sobre todo por tremendo papelazo que le he dado. Pero no sabía a quien más poner por la cabeza me pasó Grimm pero, no sé, tendría que ponerle otro padre y hacer que Masaki se hubiera quedado viuda por segunda vez o tal vez sólo separada. No me latió eso.

Espero poder captar más sus personalidades en este fic. Aunque no dejara de tener Ooc. Lo digo por ciertas escenas. Y se habrán dado cuenta que poseo una nula capacidad para nombrar empresas, calles y demás cosas… Hollow Street…no sé de donde ha venido eso XD