*Hace 10 años, en las cercanías del castillo Shuzen*
Moka paseaba con su vestido blanco por las cercanías del castillo. Al menos el escudo que protegía la zona ocupaba 10 kilómetros, así que dejaban a las niñas total libertad para moverse. La peliblanca pasaba junto a una roca, cuando se detuvo un momento, y dio un leve suspiro. Dio un paso adelante, cuando una pelirroja se lanzó a por ella desde detrás de la roca con una alabarda. Cinco segundos después, la pelirroja se encontraba llorando en el suelo bocabajo, mientras su hermana mayor apoyaba un pie sobre su espalda.
-¿Cuantas veces más vas a seguir intentándolo, Kokoa?-preguntó Moka.
-¡Hasta que te derrote, One-sama!-dijo la otra intentando levantarse sin éxito.
Moka quitó el pie, y se alejó de ella dándole la espalda. Kokoa aprovechó para volver a coger la alabarda, y lanzarse a por ella.
-Conoce tu lugar.
Se giró solo para darle una patada en el estómago a su hermana menor, mientras la alabarda en sus manos salía volando por los aires. Kokoa alzó la vista mientras se levantaba, para ver que su hermana veía sorprendida algo a sus espaldas.
-¿Qué ocurre?
Giró la cabeza, para ver la figura de un hombre. Llevaba ropa de abrigo de pieles de animal a pesar del clima moderado de la zona, y un símbolo con el dibujo de una serpiente alada adornando un lado de su chaqueta. Pero lo que más destacaba eran tres cosas. Su enorme tamaño, las cicatrices que recorrían toda su cara, como si algunos fragmentos de su rostro estuvieran desproporcionados, y la alabarda clavada en su hombro derecho. A pesar de ello, el hombre no se quejaba. Solo se acercó mirando detenidamente a las niñas con su ojo amarillento, y el otro azul.
-¿Vosotras sois las hijas de Issa Shuzen?-preguntó el gigante con su potente voz.
-Sí. ¿Quien es usted?-preguntó Moka mientras su hermana se ponía a su lado algo asombrada e intimidada.
El hombre no dijo nada. Solo se sacó la punta de la alabarda del hombro sin ninguna mancha de sangre, le dio la vuelta poniendo la punta hacía el suelo,y bajó el brazo que la sostenía rápidamente hacia donde estaban ellas. Quedó clavada en el suelo entre ambas hermanas. Ellas miraron hacía ahí, y luego al hombre.
-Sus padres no deberían dejarlas jugar con objetos punzantes.-dijo el gigante sin variar la expresión de su cara.
-Fue a hablar el hombre que lleva a su hijo a cazar lobos a los bosques.
Detrás de él, apareció una mujer vestida con un pantalón negro, chaqueta negra, y camiseta negra. Era morena, de ojos verdes, y llevaba unos lentes dorados. Su aspecto inspiraba bondad y pureza, y llevaba el mismo símbolo de la serpiente alada de colgante.
-Perdón por no presentarnos correctamente. Yo soy Anna, y el grandullón de aquí es Adam.-dijo la mujer con una sonrisa.
-Yo soy Moka, y ella es Kokoa. ¿Cómo han entrado aquí?
-Con nuestros propios medios, pequeña.-dijo Adam.
-Tú eres la hija de Akasha, ¿cierto?-le preguntó Anna.
-Sí, ¿usted conoce a mi madre?-le preguntó la niña curiosa y recelosa.
Por el otro lado, su hermana pequeña no apartaba la vista del gigante sin decir nada.
-Ella y yo somos viejas amigas. Y el grandullón detrás mía se ha ofrecido a acompañarme.-dijo la mujer.
-Sabes el motivo por el cual vine.-dijo Adam.
-Y yo ya te he dicho que quiero seguir en buenos términos con Akasha, y que le arranques la cabeza a su marido no creo que ayude.-dijo la mujer en voz baja, aunque las niñas escucharon.
Pero estaban tan acostumbradas a los ataques contra la vida de su padre, que ya no les sorprendía. Moka pensó que si las estaban engañando y atacaban a la familia Shuzen, dos personas poco podrían hacer. Además de que de algo así solo podría encargarse su padre.
-Les podríamos acompañar hasta el castillo, si quieren.-dijo Moka.
-Eres muy amable, niña. Guíanos pues.-dijo la mujer.
Tsukune caminaba en dirección a la parada de autobús para volver a la academia Youkai. Tras volver allí por tercer año, había decido volver a su hogar un fin de semana para poder explicar detalladamente a su familia todo lo ocurrido, y su nueva condición como vampiro. Sería mejor no explicar ahora su reacción. Mientras pensaba en todo lo ocurrido, Alucard, Moka, y la revelación de los youkais ante el mundo, iba preparado para volver con sus amigos allí después de tres días. Pero había algo que le distraía. Un coche se movía despacio siguiéndole algo lejos. De no ser por sus sentidos de vampiro, a los que estaba comenzando a acostumbrarse, no lo habría notado. Decidió girar en una esquina, y cuando el coche que le seguía lo hizo también, descubrió que Tsukune había desaparecido. Del coche bajaron dos hombres vestidos de negro.
-Ha debido de darse cuenta de que le seguíamos.
-No ha podido ir muy lejos. Es un vampiro, no un hombre lobo.
-¿Pedimos refuerzos?
-No, si les ve podría tratar de huir.
Sobre un tejado Tsukune observaba con calma. ¿Pertenecerían a Fairy Tale? Sabía que algunos miembros habían vuelto a montar la organización por ellos mismos, y seguían su lucha contra los humanos. Pero no podían ser monstruos. Sus poderes de vampiro le permitían detectar estas energías. Y estos carecían por completo de ellas. A no ser que conocieran una forma de camuflarlas. Tan absorto estaba en sus pensamientos, que casi no nota el crujido a su espalda. Solo tuvo una milésima de segundo para saltar hacía delante, notar como el tejado se deshacía en pedazos a su espalda, mientras una honda de impacto le impulsaba hacía la casa de enfrente. Consiguió girar a tiempo, e impulsarse con los pies contra la pared, para aterrizar en el suelo, sobre el capó del coche. Los hombres a ambos lados no tardaron en reaccionar. Sacaron dos pistolas de sus chaquetas, pero estás no eran normales. No tenían un aspecto normal. Se movió del lugar antes de que dispararan, pero cuando volvieron a apuntarle, salieron dos rayos eléctricos de gran potencia. El trozo de suele donde antes estaban sus pies estalló como si en vez de cemento fuera dinamita. Después se plantó en el suelo, al ver que no volvían a disparar.
-¿Quienes sois y que buscáis de mi?-dijo con la guardia alta.
-No tenemos porque darte respuestas, traidor.-dijo uno con claro enfado.
-¿Traidor?
-¿Qué se siente al abandonar a tu propia especie, eh?
Antes de que pudiera volver a preguntarles quienes eran, notó el silbido de algo muy pesado cayendo. Alzó la vista, y observó a un hombre embutido en un traje acorazado negro y gris con un visor rojo sobre él. Solo tuvo ocasión de esquivarlo, lo que estuvo haciendo la mayor parte de la pelea.
-¡Ahora!
Fue lo último que escuchó. Sintió el impacto de los rayos eléctricos de lleno. Su cuerpo humeaba. Su sangre hervía.
Y sus instintos salvajes de vampiro entraron en acción.
-Oh, no.
El hombre de la armadura no se esperó a escuchar a su compañero. Intento volver a golpearle, para encontrarse con su puño acorazado atrapado en la palma de la mano de Tsukune.
La carne bajó el guantelete comenzó a dolerle.
Pero más le dolió el pecho, cuando sintió el impacto del golpe de Tsukune de lleno en él.
¿Quienes eran esta gente? No eran monstruos, pues no sentía youki alguno en ellos. A lo mejor habían encontrado una forma de anularlo. Pero si así fuera, el padre de Moka le habría enseñado a hacerlo.
-¿Quienes sois?
Se dirigió a los hombres trajeados, que dejaron caer sus armas asustados. Antes de que Tsukune pudiera decirles que no iban a hacerle daño, ocurrió.
Su única advertencia, fue una sombra que le tapaba el sol. Luego su rostro fue enterrado contra la chapa metálica del coche de los hombres. Antes de recuperarse, sintió su cuerpo siendo atravesado.
Era una sensación muy desagradable. Pero en su condición de vampiro no debería serle un problema.
¿Entonces porque su cuerpo parecía paralizado?
-Os dije que me esperarais.
Giró la cabeza, y pudo distinguir al hombre de armadura roja que portaba la espada que acababa de atravesarle el tronco.
-Suerte tenéis de que estaba aquí mismo, y de que son tan alérgicos al ajo como siempre.
El hombre por fin sacó la espada, e hizo girar a Tsukune para verlo de frente.
Tsukune estaba mareado. Por eso no pudo evitar que volviese a clavarle la espada una vez más.
Y otra.
Y otra.
Y otra.
Solo pudo pronunciar una palabra antes de caer finalmente.
-Moka...
En el tercer año en la academia Youkai, los miembros del club de periodismo se encontraban reunidos. Allí estaban todos los miembros. Kurumu, Mizore, Kokoa, Yukari y Moka. A esta última, tras la desaparición de su otra personalidad, le costaba un poco adaptarse con el grupo. Pero solo un poco.
-Tsukune está tardando bastante, no es propio de él.-decía Kurumu aburrida.
-También faltó a clases.-dijo Yukari.
-Y en su habitación no está.-dijo Mizore con su habitual tono.
-¿Cuando has estado tú allí?-decía Kurumu mirándola raro.
-Moka, ¿a ti te dijo donde iba?-le preguntó Yukari.
-¿De que hablas? No le veo desde el Viernes, desde que se marchó a ver a sus padres.-dijo ella sin más.
-¿Sigue en su casa? ¿Y deja a mi hermana sola todo el día?-decía Kokoa fingiendo indignación.
-Que raro.-dijo Kurumu.-Estaba intentando llamarle ahora para que se apurara a venir, y no hay señal.
-O sea, que no está en la academia. Entonces supongo que seguirá en la casa de sus padres.-dijo Mizore.
-¿Pero porque seguirá allí?-decía Kurumu.
-Supongo que a sus padres les estará costando aceptar todo lo sucedido últimamente. Estará intentando calmarlos.-decía Moka intentando sonar despreocupada.
En eso escucharon un par de golpes a la puerta. La profesora Nekonome entró.
-Disculpad que os interrumpa, pero, ¿ha pasado Tsukune por aquí?
-No, no le hemos visto en todo el día.-respondió Yukari.-¿Porque?
-Han llamado sus padres preocupados. Al parecer les dio el número de la academia. Les dijo que llamaría a casa cada día, pero desde que se marchó el Domingo no han sabido nada de él.
En ese momento todas se preocuparon. Las chicas se preguntaban que antiguo integrante de Fairy Tale podría haberle atacado, ya que en ese momento era la única explicación que les venía a la cabeza. Mientras, Moka solo se preguntaba como cualquiera de ellos podría haberse preparado para atacar tan pronto, tras lo recientes que habían sido los sucesos de Alucard. No tenía sentido que se hubieran preparado para lanzar un ataque tan pronto. No depués de quedar claro que la familia Shuzen le protegía.
Tras clases, Yukari, Mizore, Kurumu y Moka se hallaban hablando a solas en la azotea de la academia. Habían acordado junto los demás miembros del club no informar a los demás, para no causar pánicos innecesarios.
-Tsukune ahora tiene el poder de un Shinzo. Él y Moka casi derrotan a Alucard ellos solos. ¿Quién podría plantarle cara ahora?-dijo Mizore.
-No lo sé. Pero no sabemos si hay otros monstruos más poderosos que Alucard. Tras lo de su ataque, todos los monstruos de Japón han quedado expuestos al mundo. ¿Y si ha llamado la atención de otros fuera del país?-dijo Yukari.
-¡Basta! No es el momento para hablar. Tsukune podría estar en peligro. Debemos actuar.-decía Kurumu decidida.
-Pero ni siquiera sabemos por donde empezar.-le contesto Mizore.
-Chicas, ¿dónde está Moka?-dijo Yukari.
Las otras dos alzaron la vista para ver que ya no se encontraba con ellas.
Moka esperaba junto a la parada del autobús, apoyada en el espantapájaros. Pensaba en lo harta que estaba de tener que luchar constantemente. Parecía que cada día el destino de todos estuviera en la balanza. Y en la mayoría de las ocasiones ella era la única que podía marcar la diferencia. La única que podía salvar la papeleta. Y ahora parecía que la vida de Tsukune volvía a correr peligro por enésima vez. Ya estaba empezando a dudar de que mereciera la pena tanta lucha. Antes de darse cuenta, el autobús ya se había parado frente a ella. Esperaba ver al conductor con esa sonrisa que siempre mostraba, pero está vez mostraba algo de seriedad en su cara. Lo que la extrañó.
-No he visto a tu amigo desde hace días.-le dijo sin mirarla.
-Por eso voy a buscarlo.-dijo subiendo.
-Pues parece que tus compañeras han pensado lo mismo.
Miro al fondo del autobús, para ver a Kurumu, Mizore y Yukari.
-¿Cómo habéis llegado tan deprisa?-decía algo sorprendida.
-Si pensabas que no íbamos a buscar a Tsukune, te equivocabas.-dijo Kurumu echándose hacía atrás en su asiento.
-Bueno, ¿salimos ya?-preguntó Mizore.
La puerta del autobús se cerraba mientras Moka solo suspiraba, y se sentaba.
En una calle más del pueblo, unos pocos curiosos se observaban a unos empleados del ayuntamiento examinando un agujero en el cemento. Moka y las demás se encontraban entre la multitud.
-Esto seguramente ha tenido que ver con Tsukune.-decía Moka en voz baja.
-Ha tenido que ser obra de esos monstruos.-decía un hombre.
-¿A que te refieres?-decía otro.
-A todos esos monstruos que aparecieron hace apenas unos meses. ¿A que si no?
-Está claro que esas cosas vienen a acabar con todos nosotros.
-El gobierno debería hacer algo para acabar con ellos y darles caza.
Parecía que los ánimos se estaban calentando. Las chicas se estaban alejando poco a poco del lugar.
-Es increíble. Nosotros les salvamos la vida. ¿Porque nos tienen tanto miedo?-decía Kurumu.
-Porque los humanos temen lo que no comprenden.-dijo Moka.
Cuando estaban fuera de la vista de todos, Moka pegó un salto hasta el tejado de una casa.
-He visto algo ahí arriba.
Las demás le siguieron como pudieron. Observaban a la gente agrupada en la calle.
-Es como dijo el conductor. Ahora que nuestra existencia ha sido desvelada, será más difícil lograr la convivencia.-dijo Mizore.
Estaban sobre una casa junto a la calle de antes. Pero la mitad de las tejas estaban rotas, y las que no, simplemente no estaban. Como si algo muy pesado hubiera caído encima.
-¿Qué clase de youkai pudo dejar una marca así? ¿Y porque atacar a Tsukune?-decía Yukari.
-No lo se.-dijo Moka.-Pero al menos tenemos un rastro el cual seguir.-señaló en dirección a otras casas.
-¿Qué pasa?-decía Kurumu mirando sin decir nada.
-Hay zonas donde las tejas están rotas y agrietadas. Mirad bien.
Era cierto, en algunos parecía que hubiera quedado la huella de un pie impresa.
-Vaya. No se ha molestado en pasar desapercibido.-dijo Mizore.
-¿Pero que puede tener tanta fuerza para dejar esas marcas solo con su impulso?-decía Yukari.
Pero fue interrumpida cuando Moka saltó con facilidad al tejado de al lado, y empezó a seguir así. Kurumu dejo salir sus alas para seguirla, mientras la otras dos chicas la seguían también, ante la impaciencia que mostraban. Era normal, todas estaban preocupadas por Tsukune. Tan preocupadas que ninguna notó a la motorista con el traje, la harley y el casco negros que las observaba desde el suelo. En cuanto ellas se pusieron en movimiento, se puso en marcha, pasando a un lado de la multitud y los trabajadores, que al mirarla, solo vieron el símbolo que adornaba la espalda de su chaqueta: una serpiente alada.
